Protestas masivas tras el asesinato de Alex Pretti a manos de agentes federales forzaron a la Casa Blanca a modificar su estrategia en Mineápolis, en medio de críticas políticas y fracturas internas en agencias de seguridad de EUA.
La creciente resistencia popular en Mineápolis y otras ciudades de EUA obligó al gobierno de Donald Trump a ajustar su estrategia tras el asesinato de Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos, abatido por un agente federal durante una operación migratoria. Lejos de contener la indignación, los hechos avivaron protestas y un debate nacional adverso a la Casa Blanca.
Videos difundidos ampliamente muestran que Pretti fue sometido, rociado con gas pimienta y asesinado a quemarropa, pese a no representar una amenaza. Aunque autoridades federales insistieron en justificar el uso de la fuerza, las imágenes contradijeron la narrativa oficial y detonaron comparaciones con el caso de Renee Good, quien fue asesinada semanas antes en la misma ciudad.
Ante la pérdida de control del discurso público, Trump designó al llamado “zar fronterizo” Tom Homan como mediador con autoridades estatales y municipales, además de ordenar el retiro parcial de agentes federales desplegados en Mineápolis, de acuerdo con reportes de medios estadunidenses.
Las reacciones también alcanzaron al Congreso y a las propias agencias de seguridad, donde funcionarios activos y retirados cuestionaron las tácticas empleadas. Gobernadores, alcaldes y legisladores demócratas exigieron el retiro total del operativo antimigrante, mientras organizaciones sociales reforzaron la movilización no violenta a escala nacional.
La consigna “ICE fuera” se replicó en distintos estados, consolidando un movimiento que ya no sólo denuncia los asesinatos, sino que pone en entredicho la estrategia migratoria del gobierno de Trump y su impacto en derechos civiles.
Con información de La Jornada.


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