CCH Sur reabre tras crimen que exhibió la crisis de seguridad en la UNAM

Después de más de cuatro meses de suspensión, el regreso a clases presenciales ocurre sin resolver de fondo la violencia ni la descomposición institucional en los planteles universitarios.

Tras 134 días de cierre, alrededor de 12 mil estudiantes del CCH Sur regresaron a clases presenciales en la Ciudad de México, luego del asesinato del alumno Jesús Israel, un hecho que dejó al descubierto la grave crisis de seguridad, control y prevención que enfrenta la UNAM y su sistema de educación media superior.

El retorno a las aulas se dio en un ambiente marcado por el miedo, la incertidumbre y la desconfianza, sentimientos que contrastan con el discurso oficial de “normalidad”. Aunque algunos estudiantes mostraron entusiasmo por volver al plantel, otros ingresaron con temor, conscientes de que el crimen ocurrió dentro de un espacio que debía ser seguro y que, hasta ahora, no ha ofrecido garantías plenas de no repetición.

Desde temprana hora, el plantel implementó torniquetes con reconocimiento facial, una medida reactiva que evidencia que la seguridad llegó tarde, sólo después de un homicidio. Si bien el acceso fluyó sin mayores contratiempos, varios alumnos tuvieron que registrarse de forma manual, debido a fallas previas en el sistema o a la falta de registro fotográfico, reflejando improvisación y ausencia de planeación.

El caos en el exterior del CCH Sur fue evidente. Padres y madres de familia, preocupados por la integridad de sus hijos, acompañaron el ingreso ante la falta de confianza en las autoridades universitarias, generando problemas de movilidad y saturación vial por la inexistencia de protocolos claros.

Aunque directivos y personal celebraron el regreso, la realidad es que la UNAM no ha rendido cuentas claras, ni ha explicado cómo permitió que la violencia escalara hasta un asesinato. El anuncio del aumento de cámaras y botones de emergencia confirma que las medidas preventivas fueron insuficientes o inexistentes, y que la institución reaccionó cuando el daño ya estaba hecho.

El regreso a clases no cierra la herida. La UNAM enfrenta una crisis estructural de seguridad, atención psicológica y gobernabilidad, mientras estudiantes retoman actividades en un entorno donde la confianza está rota y las soluciones siguen siendo parciales.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *