Aficionados denuncian que asistir al “clásico joven” se vuelve un lujo inaccesible tras aumentos desmedidos en boletos y servicios.
Por Neri Torres
La remodelación del Estadio Azteca, ahora bajo el nombre comercial de Estadio Banorte, ha venido acompañada de un incremento desproporcionado en precios que golpea directamente a la afición.
Para el partido entre Cruz Azul y América, estacionarse costará mil 139 pesos, una cifra que ha generado críticas en redes sociales.

El costo, revelado por la boletera Fanki, representa casi cuatro veces más que el promedio anterior, que rondaba los 350 pesos.
Ahora bien, si analizamos cuánto cuesta estacionar un auto en estadios de clubes de las cinco grandes ligas de Europa, el resultado es sorprendente.
En Alemania, el Bayern Múnich ofrece “reservas” de estacionamiento y asegura que, con su sistema, aparcar en el Allianz Arena es más fácil y cómodo. El proceso consiste en registrar la matrícula y pagar una tarifa que puede alcanzar los 15 euros (305 pesos mexicanos) por partido de la Bundesliga.

En España, tanto el Estadio Santiago Bernabéu, del Real Madrid, como el Spotify Camp Nou, del Fútbol Club Barcelona —actualmente en remodelación—, no cuentan con estacionamiento propio accesible, por lo que al buscar opciones aparecen aparcamientos cercanos.
En estos, los precios van de 12 euros (244 pesos mexicanos) a 26 euros (529 pesos mexicanos) por día en los más próximos, mientras que los más económicos rondan los 2 euros (40 pesos mexicanos) por hora.



Si al costo del estacionamiento en el Estadio Banorte se suma el encarecimiento de los boletos, que alcanzan hasta 9 mil pesos, convierte la experiencia en un gasto que fácilmente supera los 5 mil pesos por persona, incluso en un plan austero.
Para muchos seguidores, el problema no es solo económico, sino de desconexión con la afición.
En redes sociales, usuarios han señalado que el espectáculo ya no corresponde al precio. “No es si te alcanza, es la falta de empatía”, reclaman, evidenciando el malestar por una política de precios que parece priorizar la rentabilidad por encima del acceso popular al futbol.
El aumento coincide con las obras de modernización rumbo al Mundial 2026, financiadas por Grupo Ollamani, ligado a Emilio Azcárraga, que ha adquirido millonarios créditos para cubrir los costos. Sin embargo, la carga económica parece trasladarse directamente a los aficionados.
Lo que alguna vez fue una tradición accesible hoy se perfila como un espectáculo exclusivo. El fútbol mexicano enfrenta el reto de no alejar a su base, pues decisiones como estas ponen en duda si el negocio está dejando atrás a quienes le dan vida: la afición.

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