El veto del gobernador Mauricio Kuri a la Ley de Identidad de Género en Querétaro y el silencio del PAN durante el Mes del Orgullo refuerzan las críticas por la postura conservadora del partido frente a los derechos de la diversidad sexual.
La decisión del gobierno de Querétaro de frenar la Ley de Identidad de Género colocó al PAN en el centro de los señalamientos por su postura frente a los derechos de la comunidad LGBT+. Aunque la reforma había sido aprobada por el Congreso Local a finales de abril, el gobernador Mauricio Kuri optó por vetarla, dejando en pausa un cambio que buscaba facilitar el reconocimiento legal de las personas trans.
La iniciativa planteaba que las personas trans mayores de edad pudieran hacer un cambio de nombre y de género en el acta de nacimiento mediante un trámite administrativo ante el Registro Civil, sin recurrir a procesos judiciales largos ni a requisitos médicos que organizaciones civiles consideran innecesarios y discriminatorios.
Como argumento para rechazar la reforma, Kuri sostuvo que la redacción podía dar paso a modificaciones relacionadas con menores de edad y que ello podría afectar la integridad de las familias. Sin embargo, colectivos de la diversidad sexual señalaron que esa interpretación desvió el objetivo original de la iniciativa, que estaba dirigida única y exclusivamente a personas adultas.
La controversia se suma al silencio que mantuvo el PAN durante el Mes del Orgullo, lapso en el que la dirigencia nacional evitó pronunciarse sobre las demandas de la Comunidad LGBT+. La ausencia de mensajes de respaldo fue interpretada por diversos sectores como una muestra más de la distancia que el partido mantiene respecto a las causas de la diversidad sexual.
Con ello, los blanquiazules vuelven a reforzar la imagen de un partido identificado con ideologías y posiciones conservadoras en temas de derechos civiles. Mientras otras fuerzas políticas impulsan reformas para ampliar el reconocimiento de las diversidades. El PAN continúa siendo señalado por privilegiar una política tradicional, que mantiene rezagados los avances en materia de inclusión e igualdad.

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