El mitómano Simón Levy culpa a Morena de las trampas en examen de la UNAM

El mitómano aseguró, sin presentar una sola prueba, que el 91% de los estudiantes de la UNAM hizo trampa con ChatGPT y responsabilizó a Morena de haberles “enseñado” a copiar.

Simón Levy volvió a generar polémica en redes sociales al lanzar una afirmación que rápidamente fue cuestionada por su falta de sustento. El violentador y mitómano aseguró que el 91% de los estudiantes de la UNAM utilizó ChatGPT para hacer trampa y remató culpando a Morena, al afirmar que el partido les enseñó “a hacer trampa, copiar y robar”. Todo ello, sin citar un solo estudio, encuesta o investigación que respalde semejante declaración.

Levy incluso calificó el supuesto uso de ChatGPT como “el mayor fraude académico en la historia de México“, una frase tan escandalosa como carente de evidencia. Sin embargo, nunca explicó de dónde salió el 91%, quién realizó la medición o bajo qué metodología se obtuvo ese dato.

La declaración deja más preguntas que respuestas. ¿En qué momento Morena impartió cursos sobre inteligencia artificial en la UNAM? ¿Cómo llegó Simón Levy a la conclusión de que una herramienta tecnológica tiene color partidista? El razonamiento parece sacado más de una publicación para generar polémica que de un análisis serio.

Lo cierto es que el uso de ChatGPT y otras herramientas de inteligencia artificial representa un desafío para universidades de todo el mundo, incluida la UNAM, que han comenzado a establecer lineamientos para promover un uso ético de estas tecnologías. Convertir un debate académico internacional en un ataque político no aporta soluciones ni responde al verdadero problema.

Una vez más, Simón Levy optó por los reflectores antes que por los hechos. Porque una cosa es debatir sobre los retos que plantea la inteligencia artificial en la educación y otra muy distinta es inventar cifras y responsabilizar a un partido político sin presentar una sola prueba. Si algo quedó claro con sus declaraciones, es que la imaginación de algunos personajes públicos parece correr mucho más rápido que la evidencia.

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