Volkswagen pasó de estar vinculada con la industria nazi durante la Segunda Guerra Mundial a evaluar participar en la fabricación de componentes vinculados al sistema de defensa israelí Iron Dome, en una posible alianza con Rafael Advanced Defense Systems. El eventual giro hacia la industria militar ocurre mientras Israel comete un genocidio en Gaza, lo que vuelve polémico el interés de la compañía por esta alianza.
Volkswagen podría dejar de ser, al menos parcialmente, sinónimo de automóviles para convertirse también en proveedor de material destinado a la industria militar israelí. La empresa analiza una posible colaboración con Rafael Advanced Defense Systems para fabricar en Alemania componentes de apoyo al sistema antimisiles Iron Dome y otros equipos de defensa.
La propuesta contempla que una planta de VW en Osnabrück pueda participar en la fabricación de camiones pesados para transportar misiles y lanzadores, además de generadores eléctricos. Para hacer viable el proyecto se estudia incluso separar la operación de Volkswagen y crear una empresa conjunta en la que participe Rafael, debido a las reservas de Qatar, principal accionista del fabricante alemán.
El posible acuerdo resulta particularmente incómodo por la historia de Volkswagen, creada durante el régimen nazi y posteriormente integrada en la maquinaria industrial de la Alemania de Hitler. Que una empresa nacida en aquel contexto pueda terminar vinculándose nuevamente con la producción de equipamiento militar para un Estado que comete genocidio en Gaza constituye, cuando menos, una hipcoresía histórica difícil de ignorar.
Mientras las denuncias internacionales el genocidio en Gaza continúan, resulta cuestionable que una compañía alemana con semejante pasado considere involucrarse en la producción de material militar para el estado (ilegítimo) de Israel. Si la alianza se concreta, Volkswagen quedará, indudablemente, como una empresa sin responsabilidad histórica y sin ética.


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