El gobernador de MC reconoce una crisis que vecinos llevan meses denunciando y ahora anuncia hasta seis meses de servicio rotado, mientras admite que durante años se dejaron de hacer inversiones en la infraestructura.
Después de meses de denuncias por agua sucia, turbia y con malos olores, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, finalmente reconoció la gravedad del problema en Guadalajara y anunció una medida que pegará directamente a los usuarios: reducir hasta 2.5 metros cúbicos por segundo el suministro durante al menos seis meses.
El gobierno estatal plantea dejar de utilizar temporalmente el agua de la presa Las Pintas y del antiguo sistema Chapala-Guadalajara, donde se han detectado descargas irregulares. La consecuencia será un esquema de tandeos o rotación del servicio, es decir, menos agua disponible para una ciudad que consume entre 10 y 11.5 metros cúbicos por segundo.
Lo llamativo es que Lemus admitió que durante años se omitieron inversiones necesarias para actualizar la infraestructura de potabilización. Sin embargo, al hablar de esas omisiones evitó señalar a la administración de Enrique Alfaro, también de Movimiento Ciudadano y gobernador de Jalisco entre 2018 y 2024. La crisis, mientras tanto, ya provocó protestas y bloqueos de ciudadanos que exigen agua limpia.

Y no se trata de una emergencia que haya aparecido de la noche a la mañana. Desde meses atrás especialistas y habitantes habían advertido sobre el deterioro de la calidad del agua. En julio, incluso, especialistas cuestionaron el plan presentado por el gobierno estatal por carecer de cronogramas claros y certeza sobre los recursos para ejecutar las obras.
Como solución de largo plazo, Lemus anunció que enviará al Congreso de Jalisco una iniciativa para construir un nuevo acueducto Chapala-Guadalajara, cuya edificación tardaría alrededor de dos años. También aseguró que la Federación financiará las obras pendientes de El Zapotillo y prometió que no habrá deuda pública, aumento de tarifas ni privatización del SIAPA.
Mientras llegan las obras prometidas, los habitantes de Guadalajara tendrán que enfrentar la consecuencia inmediata de años de rezago: menos agua y por turnos. Para miles de familias, la pregunta es inevitable: si el problema llevaba meses, ¿por qué el gobierno de Lemus esperó hasta que el agua sucia llegara a las casas y las calles se llenaran de protestas para actuar?

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