Francia y Alemania acordaron una flexibilización de las metas europeas para reducir las emisiones de los automóviles nuevos hacia 2035, pues ven difícil que se pueda lograr. La decisión evidencia que la transición hacia los vehículos eléctricos enfrenta obstáculos industriales y económicos, lo que contrasta con la afirmación de Ricardo Anaya de que México dejaría de utilizar gasolina y automóviles de combustión en 2030.
Francia y Alemania anunciaron un acuerdo para flexibilizar la ruta europea hacia la eliminación de las emisiones de CO₂ de los automóviles nuevos prevista para 2035. La propuesta plantea reducir del 100% al 90% el objetivo de disminución de emisiones, sin exigir medidas compensatorias adicionales, lo que abriría un margen para que continúen comercializándose ciertos vehículos con motores de combustión. El cambio responde, en buena medida, a las presiones de la industria automovilística aleman.
¿Qué significa esto? Que Europa no está planteando una desaparición inmediata de todos los automóviles de gasolina, sino una regulación sobre las emisiones de los vehículos nuevos que se comercialicen. La flexibilización propuesta permitiría conservar alternativas tecnológicas y dar más tiempo a los fabricantes para adaptarse, e incluso emplazar el año. Además, los gobiernos buscan incrementar gradualmente el porcentaje de componentes fabricados en Europa para proteger la industria, estimular inversiones y reducir la dependencia de cadenas de suministro externas.
El acuerdo también refleja las dificultades de una transición que no depende únicamente de anunciar fechas: hacen falta infraestructura de carga, electricidad suficiente, baterías, inversión industrial y vehículos asequibles. Aunque Francia y Alemania presentan su propuesta como una estrategia para avanzar en la descarbonización sin debilitar la competitividad, la necesidad de revisar las metas demuestra que incluso las economías europeas encuentran dificultades para abandonar los motores de combustión al ritmo previsto. La transición energética es un proceso complejo, no un cambio que pueda decretarse a una fecha o año específicos.
En ese contexto, resulta especialmente cuestionable la afirmación atribuida al panista Ricardo Anaya de que México dejaría de utilizar gasolina y automóviles de combustión en 2030. Si las principales potencias industriales europeas están buscando flexibilizar sus objetivos incluso para 2035, o después, haber presentado el fin de la gasolina en México para 2030 como una certeza resulta, cuando menos, absurdo y desconectado de la realidad del país.
Una cosa es impulsar la electromovilidad y otra muy distinta haber prometido que en doce años desaparecerían los autos de gasolina: ni siquiera en europa, todos los vehículos de combustión.


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