Emmanuel Macron responsabilizó a las redes sociales de alimentar la violencia y los saqueos durante las protestas en Francia, pero sus declaraciones dejan de lado el aspecto fundamental de los hechos: ¿por qué resulta más fácil buscar a quiénes o a qué culpar antes que atender las demandas por el poder adquisitivo y la defensa de los servicios públicos?
El presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó este lunes que las redes sociales “dañan la democracia” porque polarizan a la sociedad y facilitan la movilización para cometer actos violentos. Desde Marsella, vinculó estas plataformas con los disturbios registrados el 17 de octubre, cuando manifestantes salieron a las calles para reclamar mejores condiciones económicas y defender los servicios públicos.
Macron señaló que jóvenes y adultos utilizaron las redes para coordinar actos vandálicos, destrozos a edificios y mobiliario público, así como saqueos a comercios. Sin embargo, concentrar el discurso en las herramientas utilizadas para organizar los disturbios no responde por qué miles de personas salen a protestar ni qué condiciones sociales alimentan el descontento.
Las redes sociales pueden amplificar la polarización, facilitar la organización de actos violentos y contribuir a difundir imágenes que exacerban los conflictos. Pero convertirlas en las principales responsables de la crisis también permite desplazar la discusión sobre el costo de vida, el deterioro de los servicios públicos y las exigencias de quienes se movilizan.
La postura de Macron corre el riesgo de reducir un conflicto social a un problema de comunicación y seguridad, mientras las demandas económicas quedan en segundo plano. Condenar los saqueos y los ataques contra bienes públicos no impide exigir respuestas a las reivindicaciones ciudadanas. Si el gobierno culpa a las redes, a los jóvenes y a la violencia, pero deja intactas las causas del malestar, se enfoca en las consecuencias sin resolver el problema de fondo.


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