Donald Trump calificó como un “precio muy pequeño a pagar” el encarecimiento de los combustibles por la guerra en Irán, pese a que la gasolina promedia 4.17 dólares por galón en Estados Unidos. Sus declaraciones minimizan el impacto económico que enfrentan millones de ciudadanos y reabren el debate sobre la responsabilidad de su gobierno.
Durante un mitin en Dubuque, Iowa, el presidente estadounidense Donald Trump defendió el aumento de los precios de los combustibles provocado por la guerra en Irán, al afirmar: “Es un precio muy pequeño a pagar por la seguridad de este país y del mundo”. El mandatario aseguró que la situación terminará pronto, aunque los costos siguen presionando el bolsillo de los consumidores.
Según la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA), el precio promedio de la gasolina alcanzó los 4.17 dólares por galón, mientras que el diésel llegó a 6.30 dólares. En lugar de asumir la dimensión económica de estas cifras, Trump culpó a los demócratas por los problemas de asequibilidad y rechazó las encuestas que muestran una caída en su aprobaci†cón.
No puede ser permitido que un presidente minimice de esa manera el impacto de una guerra sobre la economía cotidiana de su población. Llamar “precio muy pequeño” al encarecimiento de un combustible esencial significa restar importancia al gasto de millones de familias y trabajadores, que deben ajustar sus presupuestos para transportarse y cubrir sus necesidades. La seguridad nacional no debería utilizarse como argumento para desestimar esas consecuencias.
Además, Trump amenazó con volver a atacar Irán: “La única razón por la que aún no he terminado con Irán es porque quiero ser amable”, declaró, antes de advertir que podría dar a Teherán “un golpe contundente”. Sus palabras se produjeron a dos días de las elecciones legislativas de medio término, en una coyuntura en la que el costo de vida y el control del Congreso representan asuntos centrales para su partido.


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