Abelardo de la Espriella anunció un “banco de talentos” para incorporar a veteranos militares y policías a empleos en el Estado colombiano. La iniciativa, presentada como un reconocimiento a su trayectoria, abre el cuestionamiento sobre por qué quienes dedicaron décadas al servicio de la patria deben seguir trabajando en lugar de disfrutar de un retiro digno.
Después de 20 o 30 años de servicio, los veteranos de las Fuerzas Militares y de Policía merecen descansar, no recibir nuevas invitaciones para prolongar su vida laboral. El presidente Abelardo de la Espriella anunció la creación de un banco de talentos para vincularlos con puestos en distintas entidades estatales, una propuesta que vende como reconocimiento a su experiencia, pero que también exhibe una visión cuestionable: aprovechar sus capacidades hasta después de que concluyeron una carrera marcada por años de disciplina, exigencias y sacrificios.
La plataforma, coordinada con el Ministerio de Defensa y la Dirección de Veteranos y Rehabilitación Inclusiva (DIVRI), recibirá hojas de vida hasta el 31 de octubre, incluidas las de personas con discapacidad. Aunque los perfiles quedarán registrados para futuras vacantes, la iniciativa pone el énfasis en encontrarles más trabajo, en lugar de colocar en el centro su derecho a una jubilación tranquila, con seguridad económica y condiciones dignas. Haber servido durante décadas no debería convertirse en una razón para mantener a estas personas permanentemente disponibles para el mercado laboral.
De la Espriella aseguró que ningún veterano debe encontrarse con un Estado indiferente después de dedicarle buena parte de su vida a Colombia. Sin embargo, resulta contradictorio hablar de reconocimiento mientras la respuesta institucional consiste en ofrecer nuevas oportunidades para seguir trabajando.
Si el Gobierno realmente quiere evitar que quienes sirvieron a la patria queden desamparados, debería garantizar pensiones suficientes, atención médica, rehabilitación, apoyo psicológico y protección social, en lugar de presentar la reinserción laboral como una solución que pretende aprovechar al máximo la experiencia acumulada.
El retiro no borra los conocimientos de nadie, pero tampoco obliga a seguir produciendo ni a poner la experiencia al servicio de nuevas tareas. Quienes deseen trabajar voluntariamente deben tener esa posibilidad, pero no puede convertirse en la respuesta predeterminada para los veteranos.
El verdadero reconocimiento no consiste en encontrarles otro empleo, sino en asegurarles que los años de servicio fueron suficientes y que ahora pueden descansar sin preocupaciones económicas. Después de décadas de sacrificio, lo mínimo que merece esta población es disfrutar de una vejez digna, no recibir el mensaje de que todavía tiene que seguir trabajando para demostrar su utilidad.


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