Autor: Los Reporteros Mx

  • Trump no se desmiente

    Trump no se desmiente

    Como sucede con quienes van perdiendo espacios políticos Trump se asemeja al PAN; mientras las derrotas los definen, más grita triunfos del pasado y amenazan con ganar más espacios en el futuro, pero sólo los obtiene en los medios.

    Otra de las similitudes es su adicción a la mentira, Trump declaró que estaba rodeado de gente tonta, por lo que no sólo se refería a los integrantes de su gabinete, sino a los asistentes de la reunión del Escudo de la Américas, quienes le hacen comparsa en cada decisión sobre Latinoamérica.

    Trump ha perdido la memoria, la dignidad, las simpatías de su pueblo (31 por ciento de aceptación), la guerra, la cordura, y puesto al descubierto el espectáculo del desmentido.

    Sus amenazas no son avisos sino deseos incumplidos y frustraciones reiteradas. Ahora, hundido en la derrota desde dentro de su país, con una manifestación de más de 8 millones de estadounidenses en las calles, que exige su renuncia, en una revuelta que intentó convertir en guerra civil, en su país el rechazo se vuelve una rebelión contra su mandato. No es la rebeldía contra un sistema caduco, aunque sea la primera expresión de un descontento generalizado a futuro, sino contra una sola persona.

    Ni siquiera la Revolución Mexicana tuvo como fin principal la salida de Porfirio Díaz sino del sistema que lo sostenía. A Trump no lo soporta ni el sistema del que dice ser parte, tampoco lo quiere en sus filas el partido que lo postuló.

    La decadencia de un país que se dice democrático, cuyas elecciones son campo de batalla de sólo dos partidos, sin diferencias sustanciales, no puede llamarse democracia; sin embargo, el descontento no es por la necesidad de diversificar ideas políticas en las urnas sino porque el actual emperador se sale de su propio guion y no se vuelve un transgresor sin control.

    Olvida que la consigna esencial de la política estadounidense es el control individual y social, en el pensamiento y la acción. Desde el cine hasta las conferencias de prensa de la Casa Blanca, tienen como objetivo el control de la población.

    El control de la voz popular, la censura en los medios, la manipulación en la información, la implementación del miedo con sus diferentes fantasmas, los extraterrestres, los terroristas, los narcotraficantes, los comunistas, los árabes, etc.

    La creación de fake news estructuradas en una estrategia política tiene su origen en Estados Unidos, y surge con mayor auge en tiempos de guerra, no es gratuito que la teoría de la comunicación de los nazis haya surgido en la Segunda Guerra Mundial con Joseph Goebells. Pero el tercer Reich duró sólo 12 años, una vez descubierta la gran mentira.

    La contraparte del bulo, o fake news es el desmentido. Se sabe, que, incluso hasta en el momento en que se desmiente una mentira, se está hablando de ella. Es una especie sofisticada de tergiversación de la realidad en favor de una causa conservadora.

    El simple hecho de desmentir crea dudas, sobre todo en un mundo con multiplicidad de formas de información, donde cada día se suman elementos que diversifican la interpretación de la realidad y no la realidad.

    Pero es control al fin y al cabo, cada mentira requiere de un desmentido y desde que existe el desmentido se está ocupando tiempo y espacios en descartar de la realidad una falsedad, en cuyo proceso también existe un control.

    Nunca la labor de los medios ha sido otra que manipular, la función periodística se creó para dar a conocer el mundo que los propietarios de los medios conviene dar a conocer.

  • NO al fracking

    NO al fracking

    Desde FUDEMAH sostenemos una convicción que no debería escandalizar a nadie: respaldar a la presidenta Claudia Sheinbaum no significa renunciar al pensamiento crítico. Al contrario, quienes creemos en un gobierno democrático, popular y transformador, estamos seguros de que la pluralidad no puede reducirse al consentimiento automático y menos para un gobierno emanado de la lucha popular. Por eso, frente a la reapertura del debate sobre el fracking en México, nuestra postura es clara: no estamos de acuerdo con esa ruta por más que se le agregue el adjetivo calificativo de “sustentable”. 

    Aquí el problema de fondo es que el llamado “fracking sustentable” merece ser puesto bajo sospecha porque al igual que otras voces verdaderamente críticas, nosotros sostenemos que el solo hecho de fracturar la roca, inyectar fluidos a presión y gestionar residuos tóxicos sigue entrañando riesgos ambientales, sanitarios y territoriales de enorme magnitud.

    En Mendoza, Argentina, el discurso dominante presentó al fracking como una necesidad inexorable del desarrollo y a toda resistencia social como irracionalidad o atraso, sin embargo, un estudio publicado en Perfiles Latinoamericanos resultó revelador porque exhibió cómo, en estos casos, el lenguaje del progreso terminó funcionando como dispositivo de presión política en el que se trató como enemigos del bienestar colectivos a quienes cuestionaron los costos sociales, ambientales o territoriales de esa práctica.

    Hay que decirlo con claridad: por donde se mire no existe el “fracking responsable”, baste con recurrir a la literatura crítica sobre la geopolítica del fracking que ha documentado la presión severa que ejerce esta práctica sobre abastos locales de agua, los riesgos de contaminación por químicos peligrosos y efluentes tóxicos, así como una huella climática que no puede minimizarse de ninguna manera como no pueden minimizarse los trastornos reproductivos vinculados a exposición a compuestos del fracking. Hagamos una analogía sencilla: El fracking “sustentable” es tanto como querer sanar un cuerpo humano perforándole órganos vitales con la promesa de que ahora la aguja es más fina. Aquí el problema no desaparece porque el instrumento sea más sofisticado pues si se fuerza al organismo, si se le inyectan sustancias agresivas, si se alteran sus equilibrios internos y después se le obliga a procesar desechos peligrosos, el cuerpo termina resintiendo el procedimiento, aunque el médico jure que esta vez la técnica es de última generación. Lo mismo sucede con la tierra, pues también tiene venas, presiones, fluidos, ciclos y límites y cuando se rompen sus equilibrios, el daño no se queda abajo del suelo, sube al agua, al aire, a la salud y a la vida comunitaria. 

    Ahora bien, sostenemos que es acertado que la UNAM, la UAM y el IPN trabajen de manera coordinada para revisar costos y beneficios pues nadie sensato podría estar en contra del conocimiento científico serio, pero también hay que ser conscientes que dicho esfuerzo sólo será valioso si se apega al rigor, a la independencia y a la honestidad intelectual y no termina por convertirse en un instrumento técnico de legitimación pues eso no va, de ninguna manera acorde a lo que representa este gobierno.

    Por otra parte, estamos de acuerdo con el argumento de fondo pues México consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos diarios de gas natural y produce apenas una fracción, por lo que depende fuertemente de importaciones, sobre todo de Estados Unidos. El dato es real y el problema estratégico existe. Pero precisamente por eso hay que discutirlo con seriedad: sustituir una dependencia externa por una dependencia tecnológica, hídrica, territorial y climática también atenta contra la soberanía. Si para producir más gas comprometemos acuíferos, exponemos comunidades, extendemos la vida de los combustibles fósiles y aplazamos la transición energética, lo que se fortalece no es la soberanía, sino una lógica extractiva que termina subordinando la política energética al corto plazo.  

    • Luis Tovar
      Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH

  • Contra la misoginia de grada y el machismo de escritorio

    Contra la misoginia de grada y el machismo de escritorio

    Todavía hoy, en los abismos de las redes sociales y en las gradas, se intenta sostener por la fuerza el eco rancio de que “el fútbol es un deporte de hombres”. Esta narrativa está secuestrada por dos frentes cobardes.

    Por un lado, la misoginia de la tribuna y el teclado; hombres que, desde la inmovilidad de su sofá, intentan denigrar a las mujeres que hoy reclaman la cancha.

    Son el retrato vivo de la genial cumbia de Grupo G: “Te pasas todo el día viendo la televisión / Comiendo lo que sea mientras empieza el futbol… Eres revoltoso cuando estás en las tribunas / Pero ya en la cancha casi siempre no das una”. Un himno al cinismo que remata con una verdad lapidaria: “Tan criticón, pero te falta destreza / No cabe duda que lo tuyo es la cerveza”. Esa es la furia del sedentarismo intentando dictarle las reglas a una atleta de clase mundial.

    Pero hay un segundo frente, aún más cínico: los “opinólogos” de élite. Esos analistas de traje y escritorio que comparten el mismo machismo del “viejo panzón”, pero aderezado con un profundo clasismo. Desprecian a la mujer en la cancha y, al mismo tiempo, desprecian a la sociedad que paga sus salarios; a esos aficionados de a pie que gastan gran parte de sus ingresos para subir hasta donde se posan las águilas en el Estadio Azteca, consumiendo sus cervezas y comida chatarra, víctimas del bombardeo implacable de sus marcas comerciales.

    La hipocresía de este sistema quedó al descubierto recientemente en el duelo entre Pumas y Mazatlán. Un sector de la crítica quiso centrar el debate en una decisión calificada de errónea, pero la trampa era utilizar un pretexto técnico para descalificar su presencia como mujer y como tomadora de decisiones en el terreno de juego. El machismo no descansa; día tras día, Katia Itzel se enfrenta a una violencia de género asfixiante en las redes, en los medios, en la cancha y con los directivos. Sin embargo, su respuesta no es el repliegue. Ella es el claro ejemplo de la perseverancia absoluta y abandera en primera línea la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Su presencia en el centro de la cancha es un liderazgo inigualable que neutraliza toda frustración machista; no está pidiendo permiso, está conquistando el último gran bastión del patriarcado en México.

    La trascendencia de su figura va mucho más allá de las líneas de cal. Su presencia se alinea perfectamente con el momento sísmico que vive nuestro país. Hoy, el temple y el éxito de Katia en el ojo público la convierten en un referente irrefutable para las niñas y mujeres del mundo entero. Como bien lo sentenció nuestra Presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum: “Podemos ser lo que queramos ser y cumplir nuestros sueños, sin prejuicios. Las mujeres podemos ser ingenieras, doctoras, científicas, deportistas o presidentas de la República”. Katia es ese espejo en el que hoy se mira el futuro.

    Frente a esta violencia sistemática, el silencio institucional es complicidad. La FIFA debe asumir, de una vez por todas, una posición irrestricta de respeto a los derechos humanos y de defensa hacia nuestra árbitra. El fútbol mexicano ya vivió el rigor de las sanciones cuando, por el grito homofóbico, se castigó a la élite directiva jugando a puerta cerrada. Hoy, la misoginia exige sanciones igual de ejemplares.

    El tablero político nacional ha cambiado para siempre. En la Ciudad de México de Clara Brugada, el “Tiempo de Mujeres” es una realidad innegable: tenemos Presidenta, tenemos Jefa de Gobierno, y tenemos a una gran “Árbitra” con “A”, como lo exige la historia. Por ello, la llegada del Mundial 2026 no puede ser solo una fiesta comercial. El Estado debe ejercer la reparación del daño histórico levantando un mural monumental a las puertas del Estadio Azteca en honor a Katia Itzel y a las pioneras del deporte. Un recordatorio visual, permanente e imborrable, de que el territorio también les pertenece a ellas.

  • Artemis II y SpaceX: quién llevó a la humanidad a la Luna… y quién controlará lo que sigue

    Artemis II y SpaceX: quién llevó a la humanidad a la Luna… y quién controlará lo que sigue

    En abril de 2026 se confirmó el regreso humano al entorno lunar, cuando la misión Artemis II volvió a colocar a la humanidad en el espacio profundo tras más de medio siglo, demostrando que la exploración ya no responde solo a gestas heroicas, sino a procesos cuidadosamente diseñados para sostener presencia fuera de la Tierra. Ese regreso, sin embargo, no solo reactivó la ambición científica, sino que también reveló una transición silenciosa sobre quién podría conducir el futuro.

    Artemis II no fue una misión de conquista, sino de validación. No se trató de aterrizar, sino de comprobar que es posible vivir, operar y regresar en condiciones reales. Durante cerca de diez días, cuatro astronautas recorrieron una trayectoria de retorno libre alrededor de la Luna, probando sistemas de soporte vital, navegación y comunicaciones en un entorno donde la distancia impone autonomía. Más que un espectáculo, la misión representó un ensayo técnico indispensable para lo que vendrá después.

    Si algo distingue esta nueva etapa, es el lugar que ocupa el cuerpo humano. Ya no basta con diseñar cohetes más potentes; es necesario comprender cómo reaccionan las personas ante la radiación, el aislamiento o la microgravedad. La misión incorporó estudios sobre sueño, estrés, sistema inmunológico y adaptación fisiológica, convirtiendo a la tripulación en parte activa del experimento. La exploración dejó de centrarse solo en la máquina para enfocarse en la vida.

    Pero explorar también implica habitar. La cápsula Orion no solo transporta astronautas; funciona como un sistema de vida en miniatura. En ella se ponen a prueba aspectos esenciales como el aire respirable, la gestión de residuos o la organización del espacio. Incluso fallas menores evidencian que lo cotidiano puede convertirse en un factor crítico. En el espacio, la comodidad deja de ser un lujo para convertirse en una condición operativa.

    Al mismo tiempo, la misión refleja un cambio en la narrativa. La integración de una tripulación diversa, con representación internacional y la participación histórica de una mujer en una misión lunar, amplía el sentido de pertenencia global. La exploración ya no se presenta como una competencia entre potencias, sino como un esfuerzo con legitimidad más amplia. La inclusión, en este contexto, no es solo un valor social, sino una estrategia política.

    Sin embargo, mientras el mundo miraba hacia la Luna, otro proceso avanzaba con menor visibilidad: la reconfiguración del liderazgo en la exploración espacial. Artemis II fue ejecutada bajo un modelo estatal tradicional, sin participación directa de SpaceX en sus sistemas principales. Pero ese dato no define el futuro. Define el pasado de la arquitectura con la que fue concebida la misión.

    A partir de las siguientes fases del programa Artemis, la participación del sector privado se vuelve cada vez más relevante. Para el alunizaje tripulado, la NASA ha seleccionado a SpaceX para desarrollar el sistema de descenso lunar, y se evalúan escenarios donde tecnologías privadas podrían sustituir sistemas tradicionales en ciertas etapas del programa. La reducción de costos, la reutilización y la velocidad de innovación comienzan a inclinar la balanza hacia un modelo donde lo público y lo privado no solo coexisten, sino que se complementan y, en ciertos casos, compiten.

    El resultado no es un reemplazo inmediato del Estado por la industria, sino la consolidación de un ecosistema híbrido. La NASA mantiene el liderazgo en misiones de alta complejidad y riesgo, mientras que el sector privado impulsa innovación, reducción de costos y capacidad de expansión. El control del futuro no dependerá de un solo actor, sino de la interacción entre ambos.

    Artemis II nos recordó que la humanidad aún puede llegar lejos. Pero el verdadero desafío ya no es alcanzar la Luna, sino definir quién tendrá la capacidad de construir el camino para quedarse. Entre la capacidad del Estado y la velocidad del mercado, la exploración espacial entra en una nueva etapa donde el poder se disputa más allá de la órbita terrestre. Entender esa transición no es solo mirar al cielo, es comprender el futuro. Y eso es, precisamente, lo que busca seguir haciendo Ingeniería Política.

  • Claudia va a España

    Claudia va a España

    La participación de Claudia Sheinbaum en la reunión de líderes progresistas que se celebrará este fin de semana en España no es un hecho menor ni protocolario. Es, en realidad, una señal política que rebasa fronteras: México busca posicionarse en una conversación global donde se está disputando el rumbo del mundo.

    En un contexto internacional marcado por el avance de las derechas, el resurgimiento de discursos autoritarios y la profundización de las desigualdades, los espacios de articulación entre proyectos progresistas adquieren una relevancia estratégica. No se trata solo de encuentros diplomáticos; se trata de construir narrativas, alianzas y, sobre todo, horizontes comunes.

    La presencia de Sheinbaum en este tipo de foros refleja algo más que una agenda internacional activa. Refleja la intención de insertar el proyecto político mexicano —surgido de la Cuarta Transformación— en una red más amplia de experiencias que, con matices y diferencias, comparten una preocupación central: cómo gobernar en favor de las mayorías en un sistema global que tiende a concentrar riqueza y poder.

    Hoy, las decisiones económicas, las políticas energéticas, los modelos de bienestar e incluso las estrategias de comunicación política están profundamente interconectadas. Lo que ocurre en América Latina dialoga con el mundo entero; lo que se decide en un país tiene efectos en otros. En ese escenario, la construcción de una agenda progresista internacional deja de ser opcional para convertirse en una necesidad.

    El progresismo global no es homogéneo. Existen diferencias en torno a temas clave como la política económica, la relación con los mercados, la transición energética o el papel del Estado. Sin embargo, hay un punto de coincidencia que articula estos esfuerzos: la necesidad de disputar el modelo dominante.

    Sheinbaum llega a este encuentro con una narrativa que ha sido central en la política nacional reciente: la idea de que es posible combinar estabilidad económica con políticas sociales, crecimiento con redistribución, Estado con participación popular. Esa experiencia —con sus aciertos y sus críticas— forma parte del debate internacional sobre las alternativas al modelo neoliberal.

    Por supuesto, también habrá quienes minimicen el encuentro o lo reduzcan a un gesto simbólico. Pero sería un error subestimar la dimensión política de estos espacios. En un mundo donde las derechas han logrado articularse con eficacia a nivel global, la construcción de redes progresistas es, también, una forma de disputa.

    La pregunta de fondo es si estos encuentros lograrán traducirse en acciones concretas o si quedarán en el terreno de las declaraciones. Esa es, quizás, la gran prueba para el progresismo internacional: pasar del diagnóstico compartido a la coordinación efectiva.

    Finalmente México, a través de Sheinbaum, se sienta en una mesa donde se discute el futuro. Y en esa mesa no solo se intercambian ideas; se definen posiciones frente a los grandes temas de nuestro tiempo en hora buena. 

    Redes sociales

  • Fracking y soberanía

    Fracking y soberanía

    Estamos en guerra, y no hay lugar para la neutralidad. Son momentos en los que no matar es suicida.

    Si en una guerra alguien muere, está cediendo, con su vida, parte de la soberanía, entonces el sometimiento y la sumisión se aproxima y anuncia una derrota.

    Si actualmente el fracking aparece como una contradicción con el gobierno anterior, acusa un desconocimiento de la visión general del problema. La oposición es superficial y simplista, incluso llega al extremo de adoptar las noticias falsas, aclarados puntualmente, como hechos concretos y repetirlos como si fueran balas de salva contra el gobierno. Ejemplos hay muchos que hacen evidente su falta de argumentos sobre la realidad concreta del país.

    Nadie olvida la condena del expresidente López Obrador hizo sobre este método de extracción del gas. Imposible olvidarlo, pero debemos tener en cuenta la inherente evolución y los cambios inherentes al tiempo que se vive en la historia que en todo momento existen.

    En materia de gas la producción nacional crece de manera más lenta de la necesaria y hay que adoptar medidas que en tiempos normales serían rechazadas, pero no sin antes reconocer que el método del fracking se ha vuelto menos agresivo que hace un par de años. Hay cambios sustanciales en la matriz energética de los químicos que intervienen en la extracción del gas a través de este método, que todavía no es tan amigable con la naturaleza como se desea, pero es una alternativa en tiempos difíciles para mantener la soberanía y la dignidad ante las políticas depredadoras del vecino.

    Esta transformación habla de la larga vida que todavía tienen los minerales fósiles como fuente de energía esencial, por lo que se busca que cada día sea más amigables con el ambiente. La utilización el agua, que fue uno de los cuestionamientos más sólidas en su momento, ahora puede reciclarse, y puede ser agua tratada para la extracción de gas.

    A pesar de que los cambios no son difíciles de encontrar en la información que acompaña la decisión de la Presidenta de México de utilizar el fracking ante el peligro de que el delirante vecino del norte intente cerrar la llave del gas de cuyo suministro depende México en poco más del 80 por ciento de su consumo, paralizando al país, la oposición cambia de visión sobre el fracking que antes defendía para advertir una aparente contradicción entre los presidentes de la 4T. La simple dependencia actual vuelve vulnerable a México ante un demente que se cree Dios. Peligro real que no existió el sexenio anterior.

    La inversión privada necesaria para realizar esta extracción a través de una contribución mixta tampoco es la misma que hace un par de años, ahora la rectoría del estado en la producción de energía es clara y precisa.

    Denuncian en la falta de concordancia la ruptura entre López Obrador y Sheinbaum Pardo, tan esperada por una oposición que sólo puede basar en la difusión de los errores del contrincante su existencia.

    Es preferible sutilizar el fracking, aprovechado su evolución, antes que colocar en el campo de batalla el suministro de gas para México. No es el momento de sacrificar la congruencia por la soberanía y fortalecer la dignidad. El mundo cambia y la oposición no lo advierte.

  • La Tuvieron y la Dejaron ir…

    La Tuvieron y la Dejaron ir…

    En la evaluación del gobierno actual que ya rebasa un sexenio en continuidad política, es necesario separar la percepción de los hechos. Existen resultados tangibles, particularmente en materia social y energética, así como en la construcción de una narrativa de cercanía con amplios sectores de la población. Negarlo sería caer en un análisis incompleto.

    Los programas sociales han tenido un efecto directo en el consumo interno: hay más dinero circulando en los hogares de menores ingresos, lo que se traduce en mayor dinamismo en el comercio local. Este fenómeno, aunque debatido en términos de sostenibilidad fiscal, es visible en la vida cotidiana de millones de familias. En términos prácticos, sí ha existido un impacto.

    En materia de desarrollo económico y energético, el debate ha sido constante. Si bien persisten retos importantes para consolidar un crecimiento sostenido con inversión productiva, también es cierto que existe una visión distinta sobre el rumbo que debe tomar el país. Hoy, voces del Partido Acción Nacional critican la falta de avances y señalan una supuesta pérdida de evolución en el sector energético. Sin embargo, vale la pena recordar posturas dentro de la propia oposición: figuras como Ricardo Anaya llegaron a señalar que el petróleo pertenecía a una era pasada, apostando por una transición acelerada hacia energías limpias, mientras que Xóchitl Gálvez ha expresado ideas en una línea similar respecto al futuro energético.

    Ese contraste deja ver una diferencia de fondo: más que una crítica técnica, se trata de visiones opuestas sobre el modelo de desarrollo. Mientras unos promueven una transición inmediata hacia energías modernas, otros han optado por fortalecer sectores tradicionales como parte de una estrategia de soberanía. Bajo esta lectura, también cabe cuestionar si ciertos sectores políticos apostarían a evidenciar rezagos para sostener su narrativa de cambio y reposicionarse ante la ciudadanía.

    Sin embargo, el país sigue arrastrando rezagos estructurales en tres ejes críticos: educación, seguridad pública y desarrollo económico de largo plazo. En educación, la falta de consistencia en políticas públicas sigue siendo una deuda pendiente.

    Pero es en seguridad donde la realidad golpea con mayor crudeza.

    Hoy no solo se habla de la presencia del crimen organizado, sino de su normalización dentro del tejido social. Es cada vez más frecuente escuchar que conflictos personales escalan mediante amenazas vinculadas a grupos criminales. La utilización del nombre de cárteles como herramienta de intimidación refleja un fenómeno más profundo: la infiltración del crimen en la vida cotidiana.

    Sectores como el entretenimiento nocturno, los restaurantes, los gimnasios, spas y muchos giros más no están exentos de esta problemática. En muchos casos, estas actividades operan bajo esquemas donde la línea entre lo legal y lo ilícito es difusa.

    A esto se suma un fenómeno particularmente preocupante: individuos que, tras haber tenido vínculos con estructuras delictivas, hoy operan bajo una narrativa de supuesto respaldo o protección de autoridades extranjeras, utilizándola como escudo para continuar con actividades ilícitas en México y, aún más grave, para amedrentar y amenazar de muerte a quienes consideran sus adversarios. Esta distorsión de la autoridad y del estado de derecho no solo genera impunidad, sino que profundiza la percepción de vulnerabilidad en la sociedad.

    La frase popular “dime con quién te juntas y te diré quién eres” cobra aquí una dimensión estructural.

    En contraste, también existen episodios que reflejan capacidad política y manejo institucional. La reciente reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum ante una manifestación durante una visita a un desarrollo de viviendas del bienestar mostró control, atención directa y disposición al diálogo. Este tipo de respuestas abonan a la gobernabilidad.

    Además, el modelo de vivienda presentado en estos proyectos evidencia una planeación técnica adecuada: configuraciones funcionales, enfoque social y viabilidad constructiva. Son aciertos que, en su escala, impactan positivamente en la percepción ciudadana.

    México vive una dualidad compleja: avances palpables en lo social y una cercanía política inédita, frente a desafíos profundos en seguridad y desarrollo estructural. El poder, cuando se ejerce con continuidad, exige no solo resultados visibles, sino soluciones de fondo.

    Porque al final, el verdadero reto del poder absoluto no es mantenerse… es transformarse en resultados sostenibles para todos.

  • El fútbol y los idiotas

    El fútbol y los idiotas

    Por estos días, en que el aparato mediático intenta infructuosamente revivir las viejas glorias de los mundiales pasados, vienen a mi mente los recuerdos de la selección mexicana de fútbol coronándose en la final de la Copa Oro 1993, celebrada en el entonces estadio Azteca, frente a una selección estadounidense con mucho entusiasmo, pero que en esos tiempos era amateur. Recuerdo también las imágenes de Carlos Salinas de Gortari festejando en el palco con los brazos en alto, y después en el vestidor con los jugadores.

    Salinas no era aficionado al fútbol, pero se mostró cercano a la selección y reforzó, junto con Televisa, la noción de que los once de verde eran poco menos que un símbolo patrio más. Igualmente, no era católico, y sin embargo otorgó el reconocimiento a la iglesia católica como institución en 1992. También había traído a Juan Pablo Segundo a oficiar misa en medio del entonces marginal Valle de Chalco Solidaridad en 1990. Ese sí que era populismo.

    Pero en esta ocasión no me centrare en las “bondades” del gobierno neoliberal tan anhelado por algunos pocos, sino que he querido sentar el antecedente de cómo empezó el manejo de masas a través del fútbol en México. Y aunque vendrá quien me diga que en realidad la pasión comenzó a suscitarse en la segunda mitad de los 50, con el ‘campeonísimo’ Chivas, la realidad es que, con el neoliberalismo se empezó a explotar de manera más consciente la cultura de masas. Para muestra, está Ronald Reagan metiendo una cita de Volver al futuro en un discurso de 1986.

    Desde esos ingenuos años 90 en México, se buscó promover a la selección de fútbol como fuente de pasión y nacionalismo exacerbado. Mucho de esto se logró a través de las pantallas de Televisa y con la mediación de Luis de Llano, quien ya había sido productor de las transmisiones y promocionales durante el mundial de 1986, celebrado en México, donde la selección incluso grabó un tema musical. Sin embargo, el alcance de la televisión no era tan masivo en esos momentos, aparte de que estaba abierta la herida social del terremoto del 85.

    En 1990, un fraude con las edades de los jugadores en selecciones inferiores causó que México fuera marginado de participar en Italia 90 a manera de sanción. La generación de los 90 sucumbió a la expectativa creada por Televisa a través de su cobertura del paso de una selección que ciertamente comenzaba a obtener resultados decentes. Se vivió un bien llevado romance entre el representativo y la afición durante varios mundiales, aunque siempre se fracasaba, pero la narrativa mediática era eficaz en el control de daños, siempre ensalzando el pundonor, el carácter y demás chapuzas que mantenían viva la puesta en escena.

    Pasaron los años. La Federación Mexicana de Fútbol, junto con Televisa, Azteca y demás empresas que la manejaban, cayeron en el mismo error que les pasó factura a políticos y empresarios en 2018: subestimar la capacidad de las masas para politizarse. Cada vez es menos la gente que concibe a la selección nacional como un elemento de nacionalismo. Muchos creadores de contenido, no solo en materia política, sino también de fútbol, han contribuido a que el fútbol profesional por fin sea visto como el negocio que realmente es; un negocio más soportado por la publicidad que por los resultados.

    En el marco del mundial que se realizará este año en EEUU, Canadá y México (solo 10 partidos de los 104), hay voces que quisieran que volviera la euforia de antaño. Al parecer, solo los más despolitizados e indiferentes a toda problemática social están metidos actualmente en la euforia mundialista. Y para muestra las entrevistas con los asistentes al amistoso México vs. Portugal; opiniones lamentables y total desconexión con la realidad. Y se trataba, por cierto, de un sector de gran poder adquisitivo.

    En lo particular, me quedo con el fútbol como práctica que me mantiene en forma y como mi fuente de endorfinas. Que los descerebrados se queden cantando el Cielito lindo mientras la politización del país avanza.

  • El Derecho a la Ciudad: Diplomacia, territorio y el futuro de la transformación

    El Derecho a la Ciudad: Diplomacia, territorio y el futuro de la transformación

    La diplomacia global sienta sus bases en el reconocimiento de nuestros pueblos, costumbres y raíces, reconociendo la política social como un instrumento del desarrollo local, nacional e internacional que hoy se forja en el territorio. La semana pasada, la Ciudad de México albergó el Buró Ejecutivo de la CGLU (Ciudades y Gobiernos Locales Unidos), la red mundial más grande e influyente de alcaldes, metrópolis y gobiernos regionales.

    Este encuentro internacional no es menor: representa el espacio donde las ciudades definen las soluciones reales a las crisis globales, trazando la agenda estratégica que culminará con los grandes acuerdos de la próxima Cumbre Mundial en Tánger. 

    ​En este marco de cooperación, el próximo Mundial de fútbol adquiere un significado profundo. Más allá de la justa deportiva, el Mundial hermana a nuestros pueblos, junta a las naciones e imprime alegría, fraternidad y paz en la gente. Esta efervescencia quedó plasmada en la camaradería del foro, destacando momentos de diplomacia viva, como cuando el copresidente de CGLU y representante de Sudáfrica bromeó amistosamente apostando a favor de su equipo contra nuestro majestuoso Teatro Esperanza Iris para el partido inaugural. Ese es el espíritu: una fiesta global que nos une en un mismo diálogo de respeto.

    ​Esa autoridad moral para entablar un diálogo global sobre el espacio público no es casualidad; es el resultado de una vida entera de militancia. Durante su intervención, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, hizo un recorrido histórico que es, en sí mismo, la radiografía del municipalismo transformador: desde sus inicios como jefa de manzana y dirigente de barrio en las zonas más humildes de Iztapalapa, hasta su consolidación como gobernante de la capital. Esa es la verdadera escuela de la política pública. 

    ​No es fortuito que este mensaje retumbe ante el mundo justo en abril, mes que marca el 21 aniversario del desafuero de Andrés Manuel López Obrador, el episodio histórico que detonó la gran “revolución de las conciencias”. Aquel embate autoritario le enseñó a nuestro pueblo a luchar, a resistir y a vencer. Hoy, más de dos décadas después, esa misma semilla de dignidad es la que le permite a la Ciudad de México exportar su modelo de transformación. 

    ​Y en ese diálogo, nuestra ciudad marca la pauta. Sariha Moya, Ministra de Economía y Planificación, definió el municipalismo con una precisión milimétrica: “A nosotros nos junta cuidar el territorio, a la gente, lo público”. Este es el verdadero “Derecho a la Ciudad”, un concepto que Clara Brugada ha materializado al poner la política de cuidados al centro de la agenda y construir Utopías que son vehículos de justicia territorial. Como ella misma sentenció: “Nuestra brújula es gobernar desde el territorio, no desde el escritorio”.

    ​Sin embargo, el verdadero peso histórico de este foro llegó con su posicionamiento global frente a las tensiones geopolíticas actuales. En un contexto donde el orden multilateral cruje, Brugada lanzó un mensaje contundente contra quienes apuestan por “la ley del más fuerte” y recurren a la amenaza en las relaciones internacionales. “Se equivocan quienes pretenden arrastrarnos de regreso a la guerra”, advirtió con firmeza. 

    ​Este no fue el mensaje de una gobernante local; fue el posicionamiento inquebrantable de una mujer de Estado defendiendo la soberanía, la paz y la dignidad de nuestro pueblo frente a cualquier presión externa. Una visión de altura que deja muy claro quién tiene el temple, la narrativa internacional y el liderazgo indiscutible que los nuevos tiempos de nuestra nación demandan.

  • Ya nos llovió

    Ya nos llovió

    Más mayores / menos menores

    Según los resultados de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) realizada por el INEGI en diciembre de 2024 y dados a conocer esta semana, en México hay una población de 32 millones de personas de 50 años y más. Tomando como referencia las proyecciones más recientes del Consejo Nacional de Población (CONAPO) y los resultados de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023, para finales de 2024, la población total de nuestro país se estima en 132.3 millones de habitantes. De lo anterior se desprende que 1 de cada 4 (24.2%) tenemos una edad de 50 años o más. Somos un montón y cada vez seremos más: el grupo de personas mayores seguirá creciendo a un ritmo acelerado, mientras que los grupos de menores de 15 años continúan su tendencia a la baja: actualmente representan alrededor del 22% de la población total. O sea: ya hay más gente mayor que menores de edad en México. La base de la pirámide poblacional se está encogiendo. Históricamente, México era un país de niños; hoy, el abultamiento de la pirámide se desplaza hacia el centro y la parte superior. México está agotando la ventana de oportunidad donde la mayoría de su población está en edad de trabajar. La razón de dependencia está cambiando: antes la carga económica eran los hijos; ahora, empieza a ser el cuidado y la salud de los adultos mayores.

    Feminización del envejecimiento

    La pirámide poblacional comienza siendo mayoritariamente masculina —en México nacen aproximadamente 104 niños por cada 100 niñas— y sufre una inversión a medida que la población avanza en el ciclo de vida: entre los 20 y los 24 años, hay prácticamente la misma cantidad de varones que de féminas, y a partir de los 25 años las mujeres comienzan a ser mayoría de forma irreversible. La misma ENASEM reporta que, de la población de personas de 50 años y más, 52.8 % correspondió a mujeres y 47.2 %, a hombres. La vejez en México tiene rostro de mujer. Esto implica retos específicos, pues muchas de ellas llegan al medio siglo con trayectorias laborales informales o dedicadas a los cuidados de la familia, lo que impacta su seguridad económica en la etapa final de su vida.

    Al tiempo

    La principal causa de muerte en México es el tiempo. Chequen ustedes si no: la misma ENASEM reporta que para diciembre de 2024, los 32 millones de personas de 50 años y más, se distribuye así: entre los 50 y 59 años se concentró el porcentaje más alto y la proporción se reduce gradualmente conforme aumenta la edad. En absolutos, gente en sus cincuentas debe de haber poco más de 14.2 millones, en sus sesentas unos 9.6 millones, en los setentas alrededor de 5.4 millones, y de 80 años y más ya sólo 2.7 millones. Y, claro, ellas son mucho más longevas que nosotros: en el grupo de 80 años y más por cada 100 hombres suele haber alrededor de 130 a 140 mujeres.

    El contexto

    La proporción de la población de 50 años y más en nuestro país es ya ligeramente mayor que la del promedio mundial (~23%). Sin embargo, en el contexto latinoamericano, México se presenta más envejecido que el promedio regional (~2%). En cambio, la población estadounidense está significativamente más avejentada (~36%) que la nuestra. Claro que la situación en Europa y Japón es mucho más preocupante: por ejemplo, en países como Francia y Alemania la participación relativa supera los 40 puntos porcentuales (~40% y ~46%, respectivamente), mientras que en Japón apenas una de cada dos personas tiene menos de medio siglo de vida.

    Con todo, la cifra que arroja la ENASEM —32 millones de personas de 50 años y más— es impactante porque, aunque el porcentaje (24.2 %) parece manejable comparado con la situación en otros países, el ritmo de crecimiento de este grupo en México es de los más veloces del mundo. Lo que a Francia le tomó 100 años transformar en su pirámide demográfica, a México le está tomando apenas 30. Como sea, ya nos llovió…