Categoría: Opinión

  • No, los programas sociales no son dinero tirado a la basura

    No, los programas sociales no son dinero tirado a la basura

    Hay una frase que se ha vuelto demasiado cómoda entre ciertos comentaristas, opinadores y sectores de la oposición: “los programas sociales son dinero tirado a la basura”. La repiten como si fuera una verdad económica, cuando en realidad es una vieja idea política clasista disfrazada de análisis.

    No, compañeras y compañeros: darle una pensión a una persona adulta mayor no es tirar dinero a la basura. Darle una beca a un joven tampoco. Apoyar a una persona con discapacidad no es desperdiciar recursos públicos. Y mucho menos es “regalar dinero”.

    En el periodo neoliberal durante décadas nos acostumbraron a pensar que el gobierno podía decidir quién recibía ayuda y quién no. Los programas sociales podían desaparecer, cambiar de nombre o convertirse en instrumentos de presión política dependiendo de quién estuviera en el poder.

    Porque cuando un gobierno le decía a una persona: “te doy esto porque yo quiero y porque me vas a apoyar con tu voto y activismo político”, el ciudadano terminaba dependiendo de la voluntad del político. Eso es precisamente lo que debería preocuparnos cuando hablamos de clientelismo y de administración de la pobreza.

    Hoy la lógica es distinta: los apoyos forman parte de una política de bienestar que busca garantizar derechos y reducir desigualdades. El propio CONEVAL ha señalado que la política social debe analizarse desde un enfoque de derechos y que los programas están vinculados con derechos sociales y bienestar económico.

    Entonces dejemos de hablar de los beneficiarios como si fueran una masa de personas esperando que el gobierno les aviente dinero. Hablemos de personas. La abuela que después de toda una vida de trabajo recibe una pensión y puede comprar sus cosas. La joven que puede continuar estudiando gracias a una beca. La persona con discapacidad que recibe un ingreso que le permite enfrentar parte de sus gastos. El campesino que obtiene apoyo para continuar trabajando su tierra. La familia que puede enfrentar un periodo complicado sin caer inmediatamente en una situación todavía más precaria.

    Por eso la discusión no debería reducirse a cuánto dinero se entrega. La pregunta correcta es: ¿qué está haciendo el Estado para que una persona pueda vivir con mayor dignidad?

    Y ahí entran muchas otras cosas: educación pública, salud, infraestructura, empleo, salario, vivienda, pensiones, becas, apoyo al campo, cuidados y desarrollo regional.

    Un programa social aislado jamás va a resolver la desigualdad. Pero tampoco podemos pretender combatir la desigualdad quitando los programas sociales. Es como decir que para combatir la pobreza hay que quitarle a los pobres los pocos mecanismos de protección que tienen. No tiene sentido.

    También resulta curioso que quienes hoy se escandalizan porque el Estado destina recursos a las personas en situación de vulnerabilidad rara vez hayan tenido la misma indignación frente a otros privilegios, rescates financieros o beneficios otorgados históricamente a grandes grupos económicos.

    Si los recursos públicos se utilizan para garantizar derechos, reducir desigualdades y ampliar oportunidades, estamos hablando de política social. Y si además esos programas tienen reglas, padrones, mecanismos de operación y procesos de evaluación, no estamos hablando de dinero aventado a lo loco. Estamos hablando de política pública.

    Redes sociales

  • Gobierno vs. algunos medios: la otra guerra por México

    Gobierno vs. algunos medios: la otra guerra por México

    Recientemente hemos visto y escuchado a periodistas de medios verdaderamente importantes lanzar críticas prácticamente todos los días contra el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, contra integrantes de su equipo político, contra el expresidente Andrés Manuel López Obrador, contra sus hijos y contra personajes identificados con el movimiento que hoy gobierna México. Y entonces surge una pregunta que me parece legítima: ¿por qué tanta insistencia?, ¿estamos viendo simplemente el ejercicio normal y necesario de un periodismo crítico frente al poder o, en algunos casos, estamos observando una confrontación política disfrazada de ejercicio periodístico?

    Aclaro algo desde ahora: no quiero periodistas paleros del gobierno. Nunca. El periodismo debe investigar, cuestionar, denunciar y señalar al poder; esa es precisamente una de sus funciones fundamentales dentro de una democracia. Pero una cosa es fiscalizar al gobierno y otra muy distinta convertir cada error, cada rumor, cada declaración y cada sospecha en una bomba política, mientras los resultados positivos reciben apenas unos segundos de cobertura. Y es ahí donde empieza mi preocupación, porque pareciera que en algunos espacios informativos ya no existe únicamente una línea editorial, sino una posición política perfectamente identificable.

    El problema tampoco es exclusivo de quienes critican al gobierno. También existen comunicadores, medios y creadores de contenido cuya simpatía por Morena y la llamada Cuarta Transformación resulta evidente. Precisamente por eso debemos exigir lo mismo para todos: ni periodismo subordinado al gobierno ni periodismo subordinado a la oposición. Periodismo.

    México vive hoy una verdadera batalla por el control de la narrativa pública y esa batalla importa mucho porque durante décadas se habló de la prensa como el “cuarto poder”. Hoy ese poder continúa existiendo, pero ya no está solo. Frente a él apareció otro monstruo comunicativo: las redes sociales. Facebook, TikTok, YouTube, Instagram y otras plataformas cambiaron completamente la manera en que millones de mexicanos reciben información. El Reuters Institute documentó en su Digital News Report 2026 que el 66 por ciento de los mexicanos consume noticias semanalmente mediante redes sociales, mientras que el alcance semanal de la televisión para informarse cayó al 34 por ciento. Hay otro dato todavía más revelador: solamente el 31 por ciento dice confiar en las noticias en general.

    Algo está pasando. La gente sigue consumiendo información, pero cada vez confía menos en quienes tradicionalmente se la proporcionaban, y eso representa un cambio político monumental. Antes, unos cuantos noticieros, periódicos y conductores tenían una capacidad enorme para decidir qué asunto dominaría la conversación nacional al día siguiente. Hoy cualquier ciudadano trae prácticamente una televisora en el bolsillo: puede grabar, transmitir, comparar, buscar otra versión o regresar diez años y encontrar un video donde un político decía exactamente lo contrario de lo que sostiene actualmente.

    Eso tampoco significa que las redes sociales hayan acabado con la manipulación. Simplemente la democratizaron. Hoy ya no solamente un gran medio puede construir una narrativa; también puede hacerlo un influencer, un político, un empresario, un partido, un creador de contenido o cualquier persona capaz de lograr que un video se vuelva viral. La tecnología no terminó con la mentira, la hizo más rápida, pero también hizo mucho más difícil monopolizar la verdad.

    Y ahí está una de las grandes diferencias entre el México actual y aquel México que conocimos hace algunas décadas. Recuerdo perfectamente la llegada de Vicente Fox. Nos vendieron “el cambio”. Fox se presentaba como un hombre diferente a los políticos tradicionales: las botas, la hebilla, el rancho, el lenguaje coloquial y la imagen de un hombre aparentemente alejado de los protocolos del viejo sistema. Millones de mexicanos de buena fe creyeron en aquello. Yo no. Nunca simpaticé particularmente con su proyecto político, aunque respeto a quienes sí lo hicieron.

    Lo cuento también desde mi propia historia. Nosotros veníamos de una formación esencialmente priista, no necesariamente por una cuestión doctrinaria, sino por la cercanía que durante muchos años tuvimos con funcionarios y personajes políticos del estado y de distintos municipios. Después llegaron los cambios, el PRI comenzó a hacerse pequeño, muchos amigos terminaron en el PAN y hoy muchos de ellos están en Morena. Así es la política mexicana. Algún día les contaré esas historias porque precisamente fue durante aquellos años, por ahí de los noventa y siendo yo todavía muy joven, cuando empecé a interesarme verdaderamente por la política.

    Pero volvamos al presente. Hoy vemos cosas que hace veinte o treinta años habrían parecido imposibles: Vicente Fox coincidiendo políticamente con el PRI y con personajes como Alejandro Moreno frente a un adversario común llamado Morena. La política mexicana tiene esas ironías. El hombre que llegó a Los Pinos representando la derrota histórica del PRI aparece décadas después compartiendo causas políticas con ese mismo partido. Hasta dónde hemos llegado en la política mexicana que aquello que antes parecía un chiste hoy aparece frente a nosotros como una fotografía perfectamente posible.

    Y no es solamente una anécdota. La oposición enfrenta una realidad electoral complicada y necesita encontrar discursos, personajes y estrategias capaces de disputar la conversación pública. Por eso considero que la verdadera elección de 2027 ya comenzó, y una parte fundamental de esa elección no se está disputando todavía en las urnas, sino en las pantallas, en los teléfonos, en las mañaneras, en los noticieros, en las columnas, en TikTok, Facebook, YouTube y X.

    Cada escándalo cuenta, cada error cuenta, cada fotografía cuenta, cada viaje cuenta, cada propiedad cuenta, cada declaración cuenta y también cada silencio cuenta. Por supuesto que resulta legítimo investigar el huachicol, la corrupción, la inseguridad, los contratos públicos, los posibles conflictos de interés y cualquier señalamiento contra funcionarios o familiares de políticos. Eso no solamente es válido, es indispensable. Pero el mismo rigor debería existir para contar lo que sí funciona.

    Cuando se inaugura un hospital, una carretera, un puente o una obra importante, cuando existe un resultado verificable en salud, infraestructura, empleo o seguridad, también es noticia. No porque deba hacerse propaganda al gobierno, sino porque informar significa presentar la realidad completa. Si un noticiero dedica diez minutos a un escándalo y apenas unos segundos a una obra pública importante está ejerciendo, por supuesto, su libertad editorial, pero también está construyendo una jerarquía informativa y las audiencias tienen derecho a preguntarse por qué.

    Del otro lado, el gobierno tampoco puede caer en la tentación de considerar enemigo a todo periodista que publique algo incómodo. Una democracia necesita prensa crítica y México, además, continúa enfrentando una realidad particularmente grave respecto a la seguridad de quienes ejercen el periodismo. Eso obliga a defender la libertad de expresión incluso cuando lo publicado nos moleste, porque una cosa es cuestionar la línea editorial de un medio y otra completamente distinta intimidar al periodista.

    Y aquí llegamos a la parte política. Presidenta Claudia Sheinbaum: creo que a su gobierno le hace falta fortalecer todavía más la operación política. No estoy hablando de comunicación social, estoy hablando de política. De aquella política que permite sentarse con adversarios, negociar sin rendirse, construir acuerdos, apagar incendios, abrir canales de comunicación y hacer respetar las instituciones aun frente a quienes piensan completamente distinto.

    México necesita en la Secretaría de Gobernación un enorme peso político. Lo digo sin demeritar la capacidad de la actual secretaria ni de quienes desempeñan responsabilidades dentro de su administración, pero considero que el momento exige operadores de muchísimo oficio, personajes capaces de hablar con aliados y adversarios y que conozcan perfectamente las entrañas del sistema político mexicano.

    Y voy a mencionar un nombre que seguramente provocará inmediatamente reacciones: Miguel Ángel Yunes Linares.

    Sí, Yunes.

    Sé perfectamente lo que representa ese apellido en Veracruz, conozco las controversias que lo han acompañado y sé que una propuesta de esta naturaleza recibiría ataques desde distintos frentes. Pero también conozco su trayectoria y una cosa no cancela la otra. Yunes Linares ha sido secretario general de Gobierno de Veracruz, funcionario de la Secretaría de Gobernación, director general de Prevención y Readaptación Social, subsecretario federal, secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, director general del ISSSTE y gobernador de Veracruz.

    Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con él, pero difícilmente puede argumentarse que desconoce cómo funciona el poder político mexicano. Conoce al PRI, conoce al PAN, conoce al gobierno federal, conoce al Congreso, conoce Veracruz, conoce los temas de seguridad y conoce personalmente a muchos de quienes hoy participan en la confrontación política contra el gobierno.

    ¿Sería necesariamente la persona indicada? Eso solamente podría decidirlo la presidenta. Yo simplemente lo planteo como una reflexión y una sugerencia política. Quizá ha llegado el momento de recuperar aquellos perfiles capaces de sentarse frente al adversario y decirle que podemos pensar diferente, podemos enfrentarnos electoralmente y podemos cuestionar al gobierno todos los días, pero existen instituciones e investiduras que deben respetarse.

    Criticar a Claudia Sheinbaum es absolutamente legítimo. Cuestionar sus políticas es democracia. Pero el insulto y la descalificación personal no mejoran a la oposición ni fortalecen al país. Cuando personajes como Alejandro Moreno o el propio Vicente Fox elevan el tono hasta convertir la discusión política en espectáculo, terminamos empobreciendo un debate nacional que debería estar concentrado en problemas muchísimo más importantes.

    He visto antes momentos políticamente complicados y regreso inevitablemente a Veracruz. Recuerdo perfectamente cuando Miguel Ángel Yunes Linares dejó las filas del PRI en medio del proceso político que llevaría a Fidel Herrera Beltrán hacia la candidatura al gobierno de Veracruz. Recuerdo incluso una conversación personal con él en el Hotel Fiesta Americana. Me dijo algo que nunca olvidé: “Vienen cosas difíciles para Veracruz”.

    Lo recuerdo bien.

    Pasaron los años y Veracruz efectivamente atravesó tiempos muy difíciles. Particularmente durante el gobierno de Javier Duarte, el estado vivió una profunda crisis de inseguridad, corrupción y violencia, incluyendo una etapa especialmente dolorosa para el periodismo veracruzano. Son heridas que todavía forman parte de nuestra historia reciente y que tampoco debemos olvidar cuando hablamos de la relación entre medios y poder.

    Por eso esta confrontación entre gobierno, oposición y algunos medios debe observarse con muchísimo cuidado. México está políticamente polarizado. La oposición necesita reconstruirse, Morena necesita evitar la soberbia que históricamente termina acompañando a los partidos dominantes, el gobierno necesita aceptar la crítica y los medios necesitan distinguir investigación de militancia. Y nosotros, los ciudadanos, necesitamos aprender a distinguir información de propaganda, venga de donde venga.

    Porque en esta nueva época existe algo quizá todavía más poderoso que el llamado cuarto poder: la capacidad individual de decidir qué creemos.

    Hoy millones de mexicanos tienen acceso inmediato a distintas versiones de una misma historia y, aunque algunos piensen lo contrario, eso cambia completamente las reglas del juego. Nuestros dedos índices quizá ya estén desarrollando musculatura de tanto mover Facebook, TikTok e Instagram de arriba hacia abajo, pero ojalá también estemos desarrollando algo muchísimo más importante: criterio.

    La democracia no consiste en creerle siempre al gobierno, pero tampoco consiste en creerle siempre al periodista que más grita. Consiste en escuchar, comparar, investigar, pensar y después decidir.

    La guerra política rumbo a 2027 ya comenzó y esta vez quizá la batalla más importante no se libre solamente entre Morena, PAN, PRI o Movimiento Ciudadano. Se librará por algo muchísimo más valioso: la credibilidad.

    Y ahí, señoras y señores, absolutamente todos tendrán que demostrar de qué lado están.

    No del gobierno ni de la oposición.

    De México y de la verdad.

  • Colosio, vivir del erario

    Colosio, vivir del erario

    Las especulaciones acompañan a la política mexicana desde hace años. Los priistas cuando eran criticados calificaban a sus contrincantes de “agoreros del desastre” y el desastre, junto con el destino terminó por alcanzarlos.

    Sin embargo, las conjeturas que suelen no tener lógica llegan a convertirse en mitos. Basado sólo en supuestos a veces intentan de cambiar la historia, como es el hecho de considerar, desde la perspectiva conservadora y poco lógica que el malogrado candidato del PRI a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio, hubiera sido el mejor presidente de la historia, o que era de izquierda, o que tenía un ideario político ejemplar, cuando, en realidad nunca escribió ni un artículo periodístico ni un ensayo político ni un libro.

    Lo único que puede recuperarse como ideas políticas del sonorense fue el discurso al que le atribuyen no sólo lucidez política sino la causa de su muerte. Es decir, el discurso del aniversario de su partido de un lejano 4 de marzo, sirve para todo y finalmente tiene la intención de crear un mito a partir de una sola frase, que la candidata, su correligionaria Xóchitl Gálvez, distorsionó convirtiendo la tragedia en comedia sobre el hambre y la sed de los mexicanos.

    Luis Donaldo Colosio Murrieta, afiliado al PRI desde 1979, ni siquiera heredó a su hijo la posibilidad de que haya especulación a partir de sus palabras porque son de pena ajena como afirmar que Morena concentró el poder en 27 estados y el Congreso por voluntad propia, cuando en resultado de la votación popular que parece desconocer, es decir, todavía no tiene clara la realidad del país, ya sea por problemas producto de sus vicios o por ignorancia personal sobre un tema del que parece no ser un estudioso. Su padre, Colosio Murrieta fue cómplice del fraude electoral de 1988, como jefe de campaña de Carlos salinas de Gortari, cargo que muchos quieren hacer que el pueblo de México olvide.

    Cuando la especulación intenta formar parte de un mito se llega a excesos en las interpretaciones políticas, por ejemplo, creer que puede ganar las elecciones por el simple hecho de poseer un apellido que para algunos es ilustre. Sonora, en realidad, es su punto más frágil. Los jóvenes no lo conocen y los mayores le conocen demasiado. Es mejor conocido en Nuevo León, y por esa razón no tiene candidatura alguna en esa entidad.

    Quienes tenían derecho a voto en aquel 1994, en 2027 tendrán poco más de 53 años. Productores de series y películas se han preocupado más por mantener viva la memoria de Colosio Murrieta que su propio partido o su familia.

    Debe recordarse la evidente traición del padre de Colosio, Luis Colosio Fernández, presidente municipal de Magdalena de Kino de 1982 a 1985, que en el momento del homicidio era senador, y a pesar de los fuertes rumores de que el PRI había orquestado el crimen, se pronunció a favor de ese partido y nunca lo dejó.

    Colosio Fernández vivió del presupuesto desde 1958 hasta el día de su muerte, afiliado al PRI, desde 1949,un siglo de priismo en la familia.

  • Tecnofascismo: la nueva batalla por la libertad humana

    Tecnofascismo: la nueva batalla por la libertad humana

    Hay batallas que comienzan sin que nadie declare la guerra.

    No siempre llegan con tanques a las calles, soldados en las esquinas o discursos que anuncian abiertamente la supresión de las libertades. Algunas comienzan de manera mucho más silenciosa: con una aplicación que registra nuestros movimientos, un algoritmo que decide que información veremos, una cámara que identifica nuestro rostro o una inteligencia artificial capaz de fabricar una realidad que nunca ocurrió.

    La pregunta que debemos hacernos como sociedad no es si la tecnología es buena o mala. La pregunta es mucho más incómoda:

    ¿Quién controla la tecnología, para qué la utiliza y qué ocurre cuando ese poder deja de tener límites? Ahí comienza la discusión sobre el tecnofascismo. El concepto no debería emplearse como una simple consigna política ni como sinónimo de cualquier gobierno que utilice tecnología, concentración de poder, vigilancia, propaganda, manipulación de la información y debilitamiento de las libertades civiles-

    El fascismo del siglo XX necesitó controlar el territorio y los cuerpos. El poder contemporáneo puede aspirar a algo todavía más profundo: controlar la información que recibimos, los estímulos que determinan nuestras emociones y, eventualmente, anticipar nuestro comportamiento.

    La nueva frontera del autoritarismo puede no estar frente a nuestros ojos. Puede estar dentro de nuestros dispositivos.

    El poder ya no necesita tocar la puerta

    Durante décadas, las sociedades democráticas construyeron mecanismos para proteger al ciudadano frente al poder: constituciones, división de poderes, tribunales, elecciones, libertad de prensa y derecho a la privacidad. Pero la revolución digital modificó  la relación entre individuo y poder. Hoy producimos información constantemente. Cuando buscamos algo en internet, cuando nos desplazamos con un teléfono, cuando compramos, cuando publicamos una opinión o cuando interactuamos con una plataforma, dejamos rastros digitales. Individualmente pueden parecer insignificantes. Juntos pueden construir un mapa  extraordinariamente preciso de nuestra vida. Nuestros hábitos, preferencias, relaciones, intereses y comportamientos que pueden convertirse en datos susceptibles de ser analizados y utilizados para predecir conductas.

    Y cuando una sociedad comienza a clasificar a sus ciudadanos como objeto de medición, y a verlos como: confiables, sospechosos, útiles, inconvenientes. La tecnología deja de ser solamente una herramienta y se convierte en una infraestructura del poder. Y lo más peligroso en una vigilancia que aceptamos voluntariamente, tan sofisticada que la aceptamos hasta con gusto porque no parece control parece interés genuino por beneficiarnos.

    Nadie nos obliga a dar nuestros datos (no nos ponen una pistola y poco a poco, casi sin sentirlo bajamos aplicaciones, aceptamos términos y condiciones que rara vez leemos, descargamos una y otra vez app. Activamos permisos, compartimos fotos, ubicaciones, opiniones. Alimentando cada día sistemas capaces de aprender de nosotros. Nos ofrece velocidad, entretenimiento, conexión y personalización a cambio de información. El problema comienza cuando dejamos de preguntarnos cuánto estamos entregando y quién puede utilizarlo.

    El nuevo campo de batalla: nuestra mente

    A las plataformas digitales les hemos dicho qué nos interesa, qué nos indigna, qué nos provoca miedo y qué temas nos mantienen conectados. La información puede entonces convertirse en un instrumento de influencia extraordinariamente preciso.

    La inteligencia artificial profundiza el desafío. Un video falso puede parecer auténtico. Una voz puede ser clonada. Una fotografía puede ser fabricada…

    Las grandes plataformas digitales poseen datos, infraestructura, capacidad de comunicación y enormes cantidades de información sobre la población.

    La pregunta es ¿cómo evitamos que cualquier actor (políticos, empresas) acumulen un poder tan grande que pueda escapar de la supervisión democrática? Por otro lado la tecnología ha permitido documentar abusos, conectar comunidades, democratizar conocimientos y dar voz a personas que no tenían acceso a los grandes medios. Una cámara de teléfono puede convertirse en evidencia.

    La tecnología por si misma no tiene ideología.

    El problema no es la herramienta es la forma de utilizarla. Y el tecnofascismo se refiere a una forma de utilizar la inteligencia artificial que quiere controlar primero que nada nuestro pensamiento en aras del poder, y no es nuevo, solo cada vez más sofisticado.

    No vendamos nuestro pensamiento. Cuestionemos todo el tiempo, qué puede existir detrás, para qué y por qué.     

  • De gritos, sombrerazos, mentiras y otras chuladas

    De gritos, sombrerazos, mentiras y otras chuladas

    Si es violencia mentir y simular inteligencia para engañar sin escrúpulos buscando solamente la comodidad personal que puede provenir de complicidades, que de comprobarse serían terriblemente escandalosas.

    Por los gritos

    Un conocido periodista, del ala alternativa, a quien considero un amigo honrado y recto, preguntó en uno de esos videos que a veces atiendo en alguna red social en la que prefiero seguir a mis exalumnos, pero en la que también, a veces, lo veo a él.

    Decía que este compañero preguntaba cuál sería la razón por la que el diputado Monreal habrá ralentizado el proceso de desafuero del indeseable nuevo amigo del decrépito Fox Quezada; tengo mi teoría, que parte de una pregunta interesante que me quiero formular y que me gustaría tener la fuerza física para salir a buscar la respuesta; ¿Qué le sabe Alito a Monreal? Ahí la dejo.

    Por los sombrerazos

    Desde un altavoz, de esos que suenan horrible y a los que casi no se les entiende nada, alguien pegó de gritos durante la presentación del Informe que rendía la Presidenta Dra. Claudia Sheinbaum Pardo allá en Colima. La persona en cuestión intentó ser candidata de Morena, pero perdió la encuesta. Su ansia y hambre de poder, la hizo después buscar candidaturas en sendos partidos políticos chiquitos, con chance una pluri o alguna migajita así. Ahora se la vincula con el movimiento del sombrero, cuya filiación es abiertamente derechista y proto fascista.

    La del megáfono gritón y lastimero, podría estar buscando agregarse adeptos a partir de parecer valiente y arrojada. Todo pinta para que su estrategia le haya salido al revés, porque la Dra. Sheinbaum ofreció dialogar al terminar aquella reunión, pero la del escándalo no aceptó y entonces fue denunciada desde la mismísima Presidencia de la República como prianista o algo así. La escandalosa consiguió el repudio popular porque el grito de ¡Fuera, fuera, fuera! La gente la rechazó. Vaya numerito tan ridículo.

    De mentiras

    En búsqueda de una supuesta unidad frente a los retos que tenemos que enfrentar como país, especialmente esos venidos del Norte Cruel (cito a José Martí), Monreal calla y no procede, se estaciona y mira de soslayo los daños que, con relación a esas mismas condiciones creadas por el imperialismo, su ahora amigo de unidad, el infame Alito, le ha hecho al propio país al irle a chillar a Washington para que le quiten visas a no se cuántos mexicanos, en especial a los que pertenecen a los grupos más fuertes de la 4T, nomás eso faltaba, que un líder cameral de MORENA proteja a los que van a quejarse con el Gobierno de Estados Unidos en contra de nuestro país y del movimiento, que ni es tan de izquierda, que actualmente tiene el poder en México y lo tiene como producto de un respaldo popular que se manifestó en las urnas y que, además, es patente en cada encuesta de popularidad en las que se sigue mostrando una amplia preferencia electoral por MORENA y un respaldo de aprobación que promedia 70% para la Presidenta Sheinbaum.

    Valdría la pena investigar ¿Qué le sabe Alito a Monreal?

    Hasta hoy, no sé de ninguna empresa que ya esté funcionando con la Jornada de 40 horas y no parece haber instancia que las obligue a ello, por demás hay que aclarar que esto no ha garantizado lo que se daba como obvio, 2 días de descanso semanal y el abaratamiento de las horas extras, tampoco ha sido debidamente aclarado. Antes de la reforma, 3 horas en exceso de la jornada eran pagadas dobles hasta sumar 9 al final de 3 jornadas en una semana, a partir de la 10ª el pago obligado era triple. Ahora son 4 horas en exceso de la jornada que se pagan dobles y es hasta la 13ª que se pagarán triples y peor aún, el trabajador ya no puede negarse a trabajarlas, ¿Esclavitud moderna?

    Otras chuladas

    En Tabasco tenemos una crisis con el suministro de agua potable en muchas zonas de casi todos los municipios. Parte de ellas es por falta de suficientes plantas potabilizadoras y las fallas en la red eléctrica para dichas plantas. ¿No habrá recursos para que esas instalaciones tuvieran su propia capacidad de generación y no dependieran de la red de CFE que a duras penas, sus trabajadores logran mantener funcional en un estado en el que las tormentas eléctricas, a la par de trombas y vientos fuertes la mantienen en jaque?

    Los habitantes de Tabasco sufrimos inundaciones año con año, aunque no nos afecten directamente, el agua lo problematiza todo porque se encharcan calles y avenidas, a lo que en otras ciudades le llaman inundación, acá lo vemos como encharcamientos, porque sabemos lo que es tener tres cuartas partes del Estado bajo el agua por más de un mes y saber que muchísima gente lo ha perdido todo, aunque después se les entreguen algunos enseres que sirven para volver a empezar, en lo que llega la próxima inundación.

    Tiene que violentar a la población que se sufra esto y al mismo tiempo no haya agua en casa ni para limpiar el escusado, ya no digamos para beber, porque esa, hay que comprarla aparte. A ver quién es el guapo que se atreve a tomar el riesgo de beber la de algún pozo o de la llave.

    Para Javier May, Gobernador de Tabasco, tendría que ser prioritario echar a andar proyectos para que a nadie en el estado le falte el agua realmente potable en su casa, en vez de construir un nuevo centro de convenciones que solo ayudará a los grandes ricos del estado a incrementar sus fortunas y no necesariamente beneficiará a la gente, lo que en cambio, si ocurriría incrementando las plantas potabilizadoras y las plantas de tratamiento de aguas residuales, digo, para ir saneando los cuerpos de agua de este territorio.

    Quizás en vez de hacer puentes nuevos y pasos a desnivel para los autos, podría ocupar recursos en construir un nuevo hospital con instalaciones para alta especialidad y que lo opere el IMSS, ya con la unificación de los servicios de salud, beneficiará a todos, porque los hospitales en Tabasco, están todos completamente saturados y la salud de la gente parece ser un asunto que no es tan importante.

    Digo, yo nomás digo, diría el ilustre Tomás Mojarro. Valga de opinión,

  • El divo de todes

    El divo de todes

    El año 2016 fue en particular tortuoso para mí. Concursé por una plaza de confianza en el IMSS que supuestamente era de técnico teatral, aunque en realidad era empleado como cargador y chalán de diversas actividades en las que francamente no tenía experiencia alguna. Eso, sumado al trato vejatorio por parte de las autoridades de prestaciones sociales de la época, me dio un año laboral terrorífico que me orilló a volver a mi base. Asimismo, recuerdo que ese año inició con el fallecimiento de David Bowie, y mientras me movía por la ciudad para dar clases de inglés escuchaba algunas de sus canciones, con el fin de paliar otro dolor: el que mi hermana Lucía permaneciera internada y al poco tiempo falleciera por una hepatitis fulminante.

    Para finales de agosto de ese mismo año, tuve que pedir permiso en el IMSS para abocarme a la traducción de 580 hojas de embalaje que se requerían como prueba en un litigio corporativo. La presión era tal, que experimenté vómito, diarrea y hasta llanto. Durante el inclemente proceso de captura de datos, comenzó a llegarme desde radio, televisión e internet, la información sobre el deceso de Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como Juan Gabriel. Aunque yo lo respetaba desde la distancia, y dada mi condición de mexicano, había escuchado su obra de una u otra forma toda mi vida, tampoco me consideraba seguidor suyo.

    La cobertura mediática fue muy intensa a partir de ese 28 de agosto y hasta días después. Logré salir del atolladero laboral con algunas secuelas, pero el tiempo lo fue curando todo. Y durante los años venideros fui descubriendo no solo más canciones suyas, sino también el alcance de su personalidad, su carisma y, sobre todo, su lucha, tácita, pero férrea, en contra del machismo y la homofobia, de la que indudablemente salió triunfador.

    Apenas dos días después de la muerte de Juan Gabriel, Nicolás Alvarado, un intelectual ya olvidado que creció al amparo del poder, publicó un artículo desafortunado sobre el fallecido. Vertía en él su menosprecio con sesgo de clase, que en el fondo fue el espíritu con el cual la élite intelectual de décadas pasadas trataba de guiar a la obnubilada población hacia la alta cultura. Se comenzaba entonces a gestar cada vez más el movimiento de despertar de conciencias catalizado por las redes. Alvarado fue de los primeros personajes públicos en experimentar lo que se denomina ‘funa’. Se le había otorgado la dirección de TV UNAM, y fue tal el repudio popular manifestado a través de redes, que terminó dimitiendo del prestigioso cargo. Juanga era demasiado grande.

    Juan Gabriel es tendencia en redes frecuentadas por jóvenes, porque se erige en estos tiempos como un pionero tácito de la lucha contra la homofobia, la discriminación y los prejuicios. Los estudiosos de la sociología descubren en él a una figura poderosa e inusitada que representa la caótica y al mismo tiempo festiva identidad mexicana, que es dual como muchas deidades primigenias; de ánimo desbordante y al mismo tiempo una subyacente melancolía. Los estudiosos de la música descubren a un intérprete pulcro y perfeccionista, y a un compositor ecléctico que con efectividad podría desenvolverse en la balada, el boogie, la ranchera, el R&B o incluso el rock.

    Capitalizó como una enorme ventaja el no ajustarse al arquetipo del cantante macho que para la industria siempre había sido una garantía.

    He visto a hombres machistas disfrutando su música sin ambages, a gente de todas las clases sociales cantando a todo pulmón alguna pieza que les despierta intensas emociones. Hasta que te conocí se convirtió en el épico himno de nuestra pueril ilusión mundialista en este 2026. He aplaudido y cantado de principio a fin su concierto del Palacio de Bellas Artes en una sala de cine junto a un elenco que incluía a fans de rock argentino, de metal y de pop. El nodo central es Juanga.

    Es muy interesante darnos cuenta cómo nuestra sociedad va experimentando un proceso tal de evolución en el que ya no resulta vergonzante el gusto por manifestaciones de la cultura popular y ancestral, que durante mucho tiempo fueron sobreexplotadas por el poder mediático. El legado de Alberto Aguilera sigue vigente. A veces sus canciones me recuerdan a ese doloroso 2016 en que perdí a una hermana, pero también redescubrí a una gran figura con quien compartir mis penas.

    X: @miguelmartinfe
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  • Veracruz: luto, política y preguntas sin respuesta

    Veracruz: luto, política y preguntas sin respuesta

    Un fin de semana muy agitado y particularmente triste para Veracruz nos deja pérdidas, preguntas todavía sin respuesta y movimientos políticos que vale la pena observar con mucha atención.

    La noticia que sacudió primero al estado y después al ámbito político nacional fue la muerte del diputado federal Zenyazen Roberto Escobar García, quien fue localizado sin vida el viernes 4 de septiembre en el municipio de Puente Nacional, Veracruz. Escobar era diputado federal de Morena por el Distrito 16, con cabecera en Córdoba, y antes había sido diputado local y secretario de Educación de Veracruz durante el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez.

    Su muerte, por supuesto, no puede ni debe prestarse a conclusiones anticipadas.

    La Fiscalía General de la República atrajo la investigación debido precisamente al carácter federal del legislador, y hasta este momento será esa institución la que tendrá que establecer, mediante peritajes, necropsia y demás diligencias ministeriales, qué ocurrió y si estamos frente a un hecho criminal, un suicidio o cualquier otra hipótesis que pueda surgir de las investigaciones.

    La propia presidenta Claudia Sheinbaum pidió que sea la FGR la que informe sobre el caso, mientras que la gobernadora Rocío Nahle ha insistido en que existen distintas líneas de investigación y que hay que esperar los resultados oficiales.

    Y eso es precisamente lo que debemos hacer.

    Pero esperar no significa dejar de preguntar.

    Porque si las investigaciones llegaran a determinar que Zenyazen Escobar fue víctima de un crimen, estaríamos ante un hecho particularmente grave. Primero, y antes que cualquier cargo público, porque estamos hablando de la pérdida de una vida humana; pero además porque se trataba de un diputado federal en funciones, un personaje con una trayectoria importante dentro del grupo político que ha gobernado Veracruz durante los últimos años y alguien que conocía perfectamente la operación territorial y electoral de Morena.

    Zenyazen no era un desconocido dentro de ese movimiento. Había transitado del magisterio y la lucha sindical al Congreso local, posteriormente a la Secretaría de Educación y finalmente a la Cámara de Diputados. El Sistema de Información Legislativa lo registraba como diputado de mayoría relativa por el Distrito 16 de Veracruz desde agosto de 2024.

    Por eso la FGR tiene frente a sí una responsabilidad enorme: investigar sin especulaciones, pero también sin dejar ningún cabo suelto.

    La gobernadora Rocío Nahle acudió a despedir al legislador y expresó personalmente sus condolencias a la familia. En las exequias también apareció el exgobernador Cuitláhuac García, quien evidentemente se mostró afectado por la pérdida de quien durante años fue uno de sus colaboradores más cercanos.

    Y con mucha razón.

    Más allá de cargos y diferencias políticas, existía entre ambos una relación personal y política construida durante años. Fueron compañeros de proyecto, participaron en la consolidación de Morena en Veracruz y Zenyazen formó parte del primer círculo político del gobierno de Cuitláhuac.

    Aquí es donde entra esa mente conspirativa que de vez en cuando aparece en esta columna, pero precisamente por eso debemos marcar claramente la diferencia entre una pregunta y una acusación.

    Si algo debería preocupar en este momento es la seguridad de quienes han sido operadores políticos importantes, no solamente de Morena sino de cualquier partido. Los operadores territoriales, sociales y financieros conocen estructuras, campañas, recursos, acuerdos y personajes. En cualquier escenario de confrontación política o criminal son figuras particularmente sensibles.

    No estoy afirmando que la muerte de Zenyazen tenga relación con ello. Hasta hoy no existe información oficial que permita sostenerlo.

    Pero sí digo algo: hay que tener cuidado.

    Mucho cuidado.

    México no puede normalizar que un diputado federal aparezca muerto y que después simplemente pasemos a la siguiente noticia. Si fue un delito, queremos saber quién lo cometió y por qué. Si la investigación determina otra causa, también queremos conocerla. Lo importante es que exista una explicación técnica, transparente y convincente.

    Porque mientras no exista, las preguntas van a seguir ahí.

    Y mientras Morena enfrenta este momento doloroso, del otro lado del tablero político comenzaron también movimientos interesantes.

    En Veracruz se produjo una peculiar aproximación entre personajes del PRI, PAN y Movimiento Ciudadano para hablar de la posibilidad de construir un frente opositor rumbo a 2027. Alejandro Moreno ha planteado públicamente la posibilidad de una alianza amplia y en los últimos días se han producido encuentros entre personajes de estos partidos.

    El problema es que todavía no terminaban de sentarse cuando comenzaron a aparecer las diferencias.

    Movimiento Ciudadano tiene razones para sentirse en una posición distinta a la de hace algunos años. No puede afirmarse que sea ya la segunda fuerza política nacional, porque los números no dicen eso, pero tampoco puede tratarársele como un partido testimonial.

    En la elección presidencial de 2024, Jorge Álvarez Máynez consiguió para MC más de 6.2 millones de votos, equivalentes a poco más del 10 por ciento de la votación. En la elección de diputados federales, Movimiento Ciudadano alcanzó aproximadamente 10.9 por ciento de los votos emitidos para las listas de representación proporcional, quedando muy cerca del PRI y consolidando una base electoral propia.

    Eso cambia las negociaciones.

    MC gobierna además dos entidades económicamente importantes, Nuevo León y Jalisco, y ha construido una identidad política que busca diferenciarse tanto de Morena como de la vieja alianza PRI-PAN. Por eso resulta lógico que Dante Delgado y los dirigentes naranjas no quieran llegar a una eventual coalición simplemente para ocupar el tercer asiento de una mesa.

    Hay votos que negociar, candidaturas que repartir y, sobre todo, una elección intermedia de 2027 que será determinante para medir el verdadero desgaste o fortaleza del movimiento encabezado por Morena.

    En Nuevo León existe además un ingrediente que ningún estratega político debería despreciar: las redes sociales.

    Mariana Rodríguez ha demostrado una capacidad extraordinaria para generar exposición pública y conectar con segmentos de población que la política tradicional difícilmente alcanza. Se podrá estar de acuerdo o no con Samuel García y con su administración, pero negar el peso político y comunicacional de Mariana sería simplemente no entender cómo funcionan hoy las campañas.

    Y precisamente por eso hay que tener cuidado con la forma en que se desarrolla la competencia política.

    La confrontación es parte de la democracia. La crítica también. Se vale cuestionar gobiernos, candidatos, decisiones y resultados. Lo que no debería normalizarse es convertir la discusión política en insultos personales, y mucho menos cuando éstos se dirigen contra una mujer.

    Hay muchas maneras de defender una posición política sin perder el respeto.

    Las elecciones de 2027 todavía parecen lejanas, pero en política año y medio pasa volando. Los partidos ya están moviendo sus piezas y Morena sabe perfectamente que conservar la mayoría legislativa será una de sus grandes prioridades. PRI, PAN y MC, por su parte, tendrán que decidir si juntos realmente suman o si sus diferencias terminan convirtiendo cualquier alianza en una fotografía de ocasión.

    Y cuando parecía que Veracruz ya había recibido suficientes noticias tristes durante el fin de semana, este domingo 6 de septiembre partió también una verdadera referencia de la radiodifusión veracruzana: don Félix Malpica Valverde.

    Su fallecimiento ocurrió durante la madrugada después de permanecer hospitalizado en un delicado estado de salud.

    Hablar de Félix Malpica es hablar de una época fundamental de la radio en Veracruz.

    Durante más de cinco décadas estuvo vinculado a la industria radiofónica y fue una de las figuras fundamentales de Grupo FM Multimedios, empresa que participó en el desarrollo y expansión de la frecuencia modulada en nuestro estado. Su trayectoria estuvo ligada no solamente a la administración de estaciones, sino a la transformación de la forma de hacer radio en Veracruz.

    Fue empresario, comunicador, innovador y, sobre todo, un enamorado de su puerto.

    Bohemio, jarocho y orgulloso de Veracruz, Félix disfrutaba su ciudad y formó parte de una generación de empresarios que entendieron que los medios de comunicación también podían convertirse en instituciones de la vida cotidiana de una comunidad.

    Durante décadas, políticos, empresarios, periodistas y personajes de la sociedad veracruzana pasaron frente a los micrófonos de los proyectos radiofónicos en los que participó.

    Pero quienes lo conocieron saben que detrás del empresario existía también el hombre que disfrutaba Veracruz, sus amigos, su música, su conversación y esa forma tan particular que tenemos los jarochos de sentirnos orgullosos de nuestro puerto.

    Desde esta columna enviamos nuestro más sentido pésame a toda la familia Malpica y muy especialmente a sus hijos, familiares, amigos y colaboradores.

    Descanse en paz don Félix Malpica Valverde.

    Se nos fue un personaje importante de la radio veracruzana.

    Y así termina un fin de semana extraño: uno que nos deja dos despedidas, muchas preguntas y un tablero político que comienza a moverse rumbo a 2027.

    Sobre Zenyazen, que investigue la FGR y que informe.

    Sobre la oposición, que se ponga de acuerdo si realmente pretende competir.

    Y sobre quienes hoy participan activamente en la política nacional y veracruzana, sean del color que sean, que se cuiden.

    Porque la competencia política debe darse en las urnas, en las ideas y en el debate.

    Nunca en la violencia.

  • Democracia de vitrina: el imperio nos vendió el insulto y nos quitó la soberanía

    Democracia de vitrina: el imperio nos vendió el insulto y nos quitó la soberanía

    Durante décadas nos repitieron que la grandeza de las democracias liberales consistía en poder insultar libremente a un presidente, publicar una caricatura ofensiva o cambiar de gobernante cada seis años mediante el voto. Ese fue el trofeo que se nos entregó a cambio de renunciar a preguntas más incómodas: quién decide realmente qué se produce, qué se exporta, qué deuda se contrae y bajo qué condiciones un país puede o no nacionalizar sus recursos. La libertad de insultar al poder visible se convirtió en la coartada perfecta para no cuestionar al poder invisible: los consorcios financieros, los organismos multilaterales diseñados en Bretton Woods, las calificadoras crediticias y los oligarcas locales que funcionan como franquicia regional de intereses extranjeros.

    El mecanismo tiene dos capas que se refuerzan entre sí. La primera es institucional: los verdaderos límites de la soberanía nacional no se negocian en el Congreso ni se deciden en las urnas, sino en tribunales de arbitraje internacional, en cláusulas de tratados de libre comercio y en las condiciones que imponen los organismos financieros a cambio de préstamos.

    La segunda capa es mediática: la construcción del sentido común. Cuando un gobierno intenta recuperar el control sobre un recurso estratégico o simplemente redistribuir la riqueza, aparece de inmediato una batería de columnistas, encuestas fabricadas y campañas de desprestigio financiadas por quienes tienen algo que perder. No hace falta un golpe militar cuando existe un batallón de voceros dispuestos a repetir, con distintos acentos, el mismo libreto.

    México ha vivido en carne propia esta historia, pero también ha sido, en distintos momentos, ejemplo de resistencia frente a ella. La expropiación petrolera de 1938 sigue siendo uno de los actos de soberanía más significativos del siglo XX en la región, no porque haya sido perfecta, sino porque demostró que un país del llamado Sur Global podía desafiar a las compañías extranjeras y sobrevivir al boicot que le siguió. Esa memoria incomoda a quienes prefieren una nación dócil, convencida de que su lugar en el mundo es el de proveedor de mano de obra barata y materias primas.

    Recuperar esa memoria no es nostalgia: es una herramienta política para el presente, cuando vuelven a plantearse debates sobre litio, agua, energía y control de fronteras.

    El error de muchos análisis liberales es tratar la democracia como un fin en sí mismo, medible únicamente por la existencia de elecciones limpias y libertad de prensa formal, sin preguntarse quién controla los márgenes reales de decisión. Una elección puede ser impecable en su procedimiento y, sin embargo, no alterar en nada la estructura de dependencia económica que determina el rumbo del país. La verdadera pregunta no es si se puede votar, sino si el resultado de ese voto puede modificar la relación de un país con el capital transnacional. Cuando la respuesta es no, el ejercicio democrático se vuelve un ritual de legitimación más que un instrumento de transformación.

  • “El hombre se educa para el bien”

    “El hombre se educa para el bien”

    En el capítulo uno de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes se aborda el tema de la educación para el bien y el respeto común y dice textualmente: “Esta educación y las doctrinas en que ella se inspira constituyen la moral o ética. (La palabra “moral” procede del latín; la palabra “ética” procede del griego).

    Todas las religiones contienen un cuerpo de preceptos morales, que coinciden en lo esencial. Pero el bien no sólo es obligatorio para el creyente, sino para todos los hombres en general. El bien no sólo se funda en una recompensa esperada. Se funda también en razones que pertenecen a este mundo.

    La conducta moral, esto es, movida por el bien, nos permite vivir en paz con nosotros mismos y en armonía con los demás. Por eso es importante.

    El bien es una cuestión de amor y de respeto. Es amor y respeto a lo que es bueno para todos y aversión a lo perjudicial. No todo está permitido. Lo excluido es aquello que está mal, que causa mal. El bien es benéfico, y el mal es maléfico.

    El bien no debe confundirse con nuestro interés particular en este o en el otro momento de nuestra vida. No debe confundírselo con nuestro provecho, nuestro gusto o nuestro deseo. El bien es un ideal de justicia y de virtud que puede imponemos el sacrificio de nuestros anhelos, y aun de nuestra felicidad o de nuestra vida. Pues es algo como una felicidad más amplia o que abarcase a toda la especie humana, ante la cual valen menos las felicidades personales de cada uno de nosotros.

    Algunos han pensado que el bien se conoce sólo a través de la razón, y que, en consecuencia, no se puede ser bueno si, al mismo tiempo, no se es sabio. Según ellos, el malo lo es por ignorancia. Necesita educación.

    Otros consideran que el bien se conoce por el camino del sentimiento y, como la caridad, es un impulso del buen corazón, compatible aun con la ignorancia. Según ellos, el malo lo es por mala inclinación. Necesita redención.

    La verdad es que ambos puntos de vista son verdaderos en parte, y uno a otro se completan. Todo depende del acto bueno de que se trate. Para dar de beber al sediento basta tener buen corazón, ¡y agua! Para ser un buen ciudadano o para sacar adelante una familia hay que tener, además, algunos conocimientos.

    Aquí, como en todo, la naturaleza y la educación se completan. Por fortuna, el malo por naturaleza es educable en muchos casos y, por decirlo así, aprende a ser bueno. Por eso el filósofo griego Aristóteles aconsejaba la “ejercitación en la virtud para hacer virtuosos”.”

  • Hígado / La nueva ZMVM I

    Hígado / La nueva ZMVM I

    Escribo este análisis con mi amigo Pedro Rivera Cabreara,
    geógrafo (UNAM) y geomata especialista en MDM (INEGI).

    La Declaratoria de Modificación de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) se publicó en el Diario Oficial de la Federación hace apenas unos días, el 25 de agosto de 2026. El documento formaliza la nueva delimitación de la ZMVM, que ahora integra oficialmente a 84 municipios y demarcaciones territoriales: las 16 demarcaciones de la Ciudad de México, 59 municipios del Estado de México, ocho de Hidalgo y uno más de Morelos. Así que ahora la zona metropolitana mexicana más extensa ocupa una superficie de 9.2 mil kilómetros cuadrados.

    Hígado

    El polígono de la nueva ZMVM presenta una configuración irregular, compleja y de dilatada extensión territorial. Su morfología es predominantemente alargada en el sentido norte-sur, con expansiones lobuladas muy marcadas hacia el poniente que integran el sistema de valles occidentales, adoptando una silueta asimétrica y ramificada. Visto como una unidad morfológica (Gestalt), el polígono de la nueva ZMVM guarda una curiosa correspondencia visual con un hígado humano (visto desde su cara diafragmática). Podríamos describir las analogías entre la morfología metropolitana y la topografía hepática de la siguiente manera:

    • El lóbulo derecho. El cuerpo central y oriental —que comprende el vaso histórico del Valle de México, las demarcaciones centrales de la CDMX y los municipios mexiquenses de Ecatepec, Nezahualcóyotl y Texcoco— constituye el volumen macizo, denso y predominante del territorio, equivalente al voluminoso lóbulo derecho del hígado.
    • El lóbulo izquierdo. La extensión poniente, una marcada protuberancia hacia el oeste, hacia el Valle de Toluca, Lerma, Zinacantepec y Otzolotepec, se proyecta lateralmente con una forma alargada y aplanada, análoga al lóbulo izquierdo hepático.
    • El proceso caudado o la vena cava. La prolongación angosta y vertical hacia el vértice norte (en dirección a Jilotepec y Soyaniquilpan) actúa visualmente como el segmento superior o la zona de los grandes vasos que emergen del órgano.
    • El borde inferior y la fosa cística. Los contornos lobulados e irregulares del sur (la zona de los volcanes y los límites con Morelos) replican las escotaduras y muescas del borde inferior del hígado, donde la silueta se repliega orgánicamente.

    La ZMVM no es un simple rectángulo ni una mancha amorfa; la expansión territorial ha dibujado sobre el mapa una víscera metropolitana: un sistema circulatorio y metabólico complejo, con lóbulos muy definidos que ahora metabolizan una escala regional masiva.

    Ejes

    El extremo más septentrional de la ZMVM, al noroeste del polígono, se encuentra a las faldas del Cerro del Capulín, en su ladera este, en el extremo norte del municipio de Tula de Allende, Hidalgo, a unos 19 kilómetros en línea recta de la Zona Arqueológica de Tula.

    En la antípoda, el extremo meridional de la ZMVM se halla frente a Puebla…, no frente al estado de Puebla, claro, sino frente a la calle de Puebla, localizada ya en el municipio de Yecapixtla, Morelos. El vértice sur del polígono es un punto trino, ubicado a unos metros del IMSS Bienestar de San Juan Tlacotompa; ahí se topan los municipios morelenses de Ocuituco y Yecapixtla con el municipio mexiquense de Ecatzingo.

    Ahora, resulta que el punto más oriental de la ZMVM corresponde con el punto más oriental de todo el Estado de México. Se ubica en el municipio de Axapusco, haciendo frontera con los municipios hidalguenses de Tepeapulco y Tlanalapa.

    Finalmente, el punto extremo poniente de la ZMVM está a unos metros de una pequeña abarrotería, Loma Alta, localizada en el municipio de Villa del Carbón, Estado de México. El punto cae en una parcela, muy cerca de la colonia Emiliano Zapata, ubicada ya fuera del polígono, en el municipio también mexiquense de Jiquipilco.

    Centroide en el Cerro Gordo

    Si uniésemos los puntos más extremos Este-Oeste y Norte-Sur de la ZMVM por dos líneas diagonales imaginarias, la primera tendría una distancia de 110.85 kilómetros, mientras que la segunda sería la más grande: casi 155 kilómetros. Al generar el centro geométrico del polígono que delimita la ZMVM, el cruce de ambas líneas, este se ubica al suroeste del municipio de Tepotzotlán, Estado de México.

    Ahora, el centro de masa del polígono (donde se puede considerar concentrada toda la masa del objeto para efectos de análisis físico, mecánico o dinámico) se ubica en la ladera noroeste del Cerro Gordo, en el municipio mexiquense de Ecatepec de Morelos.

    @gcastroibarra