La presidenta de Perú, hija del mandatario que gobernaba durante la guerra con Ecuador, presume una hermandad con Noboa mientras ambos gobiernos de derecha se unen para hablar de seguridad y negocios petroleros.
Perú y Ecuador libraron en 1955 la guerra del Cenepa, el último conflicto armado entre países de América del Sur, y hoy sus presidentes de derecha posan juntos como si nada. Keiko Fujimori y Daniel Noboa firmaron la Declaración de Lima 2026 y encabezaron el XVII Gabinete Binacional. Fujimori soltó que “nuestros países se enfrentaron, pero hoy estamos aquí como hermanos, cosechando esa paz”.
Los antiguos adversarios, hoy gobernados por la misma derecha, descubrieron que se llevan muy bien: firmaron un memorando de cooperación pesquera y otro entre Petroecuador y Petroperú para “integración energética”. Noboa le pasó a Fujimori la presidencia de la Comunidad Andina, y ella prometió enfrentar la criminalidad transnacional. Cuando hay petróleo, pesca y una agenda de mano dura de por medio, la rivalidad histórica de pronto se vuelve fraternidad.
La hipocresía es evidente. La hija del Fujimori que gobernó durante aquella guerra, que habla de “paz” elogió en la ceremonia a un militar del comando Chavín de Huántar como “héroe” por su papel en la guerra, y su partido logró aprobar este año una ley para que policías y militares acusados de abusos sean juzgados por tribunales castrenses y no por la justicia civil. Del otro lado, Noboa predica la unidad, pero su “paz” consiste en invocar un “conflicto armado interno” para justificar medidas excepcionales que, según Human Rights Watch, debilitan garantías de derechos humanos. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se contabilizaron 15.561 homicidios en Ecuador, así que la paz que presumen en Lima no es la que viven en sus países.
Así, dos gobiernos que ayer podían haberse visto como adversarios hoy se declaran hermanos porque comparten el mismo libreto: más militares, más excepciones y menos controles. La “hermandad” suena menos a reconciliación histórica que a una alianza de gobiernos de derecha que se necesitan entre sí. Fujimori dijo a los países andinos: “Cuenten con el Perú para liderar este proceso”. Queda por ver si ese liderazgo ofrecerá seguridad y derechos, o solo más fotos y más mano dura.

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