El presidente colombiano Abelardo de la Espriella apareció portando una pistola durante su recorrido por Santa Marta, en medio del paro armado atribuido a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. La imagen generó fuertes cuestionamientos sobre la manera en que el mandatario enfrenta una crisis de seguridad.
En medio de la crisis provocada por el paro armado de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, Abelardo de la Espriella recorrió el martes 22 de septiembre distintos sectores de Santa Marta acompañado por policías, militares y su esquema de seguridad. Sin embargo, las imágenes difundidas por el propio mandatario dejaron una escena difícil de ignorar: el presidente apareció con una pistola al cinto y chaleco antibalas mientras recorría las calles de una ciudad bajo fuerte despliegue militar.
De la Espriella no estaba solo ni desprotegido: caminaba acompañado por un amplio dispositivo de seguridad, con integrantes de la Policía y del Ejército. Aun así, decidió exhibirse armado durante un recorrido que el Gobierno presentó como una demostración de autoridad frente a los grupos criminales. El mensaje político es evidente pero, ¿se trata de una necesidad de seguridad o de una puesta en escena para proyectar una imagen de presidente intimidante?
De acuerdo con información publicada por Cambio, el arma sería una Glock 19 Gen5 de uso personal, aunque esa identificación se ha presentado como información de fuentes y no como una confirmación oficial del Gobierno. La legislación colombiana permite el porte de armas cuando existe un permiso vigente; de hecho, el Decreto 1368 de 2026, firmado por el propio De la Espriella el 8 de septiembre, levantó la suspensión general de esos permisos, aunque mantuvo los requisitos y controles correspondientes.
Colombia necesita instituciones capaces de enfrentar a las organizaciones criminales, no convertir la imagen presidencial en la de un hombre armado patrullando con música épica y escoltas detrás. La seguridad pública no debería ser vista como una exhibición personal de fuerza, y mucho menos utilizarse como escenario para alimentar una imagen de dureza mientras una ciudad entera enfrenta el miedo provocado por grupos armados.


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