La llegada de la IA: servidores que drenan recursos, secan ríos y sobrecargan redes eléctricas

Por Nathael Pérez

El auge de la inteligencia artificial (IA) no solo representa una revolución tecnológica, también viene acompañado de impactos ambientales crecientes que ya están chocando con comunidades locales y redes de recursos naturales. La infraestructura necesaria para entrenar y ejecutar modelos de IA consume cantidad extraordinaria de electricidad y agua.

Consumo insaciable de electricidad y agua 

Aunque solemos tener una imagen “virtual” o “invisible” de la IA, detrás de cada modelo hay un enorme aparato físico: centros de datos llenos de servidores que funcionan 24/7. Estos centros gigantes requieren gigavatios de energía eléctrica y millones de litros de agua para enfriarse y mantener temperaturas óptimas de operación.

  • A nivel global se proyecta que los centros de datos podrían triplicar su consumo de agua para 2027, superando los 6 mil 600 millones de metros cúbicos al año —más que el consumo anual de agua de Dinamarca entera—, solo para su refrigeración.
  • En Estados Unidos, los centros de datos consumieron unos 64 mil millones de litros en 2023, y se espera que esta cifra crezca significativamente.
  • Un centro de datos grande puede usar hasta 1.5 millones de litros de agua al día únicamente para enfriar sus sistemas.
  • En cuanto a electricidad, se estima que los centros de datos representan ya una proporción sustancial del consumo energético global y podrían duplicar su demanda hacia 2030.

La razón de este voraz apetito por agua y energía radica en el propio funcionamiento de los servidores: el hardware genera mucho calor y sin sistemas de enfriamiento —que suelen usar agua— la operación se vuelve inestable.

Comunidades locales ya están librando batallas reales

Las tensiones entre la expansión de infraestructura para IA y las comunidades no se quedan en datos abstractos, pues ya hay casos en que pueblos y regiones han protestado o detenido proyectos por sus impactos ambientales:

  • Monterey Park, California (EUA): Un proyecto de centro de datos del tamaño de cuatro campos de fútbol fue frenado por un movimiento ciudadano que logró una moratoria de 45 días, preocupados por el estrés sobre la red eléctrica, aumentos de tarifas y preocupaciones ambientales.
  • Imperial Valley, California: Una zona rural con altos índices de desempleo se ha convertido en campo de batalla legal por dos proyectos de centros de datos valorados en más de $15 mil millones, debido al miedo de residentes y grupos ambientalistas de que el consumo masivo de agua y energía degrade aún más su entorno.
  • The Dalles, Oregón (EUA): Este pueblo de unos 16 mil habitantes estuvo a punto de quedarse sin agua potable debido al enorme consumo de instalaciones de Google que soportan cargas de IA, impulsando protestas y llamados a limitar el uso de recursos hídricos para proteger a la comunidad y la agricultura local.
  • Tucson, Arizona: Un proyecto de centro de datos valorado en $3.6 mil millones enfrentó rechazo masivo por parte de la comunidad que argumentó que el uso de agua —especialmente en un desierto— pondría en riesgo el río local y agotaría recursos críticos.

En México, Querétaro ya muestra cómo la expansión de la infraestructura de IA puede agravar crisis locales, pues el gobernador panista Mauricio Kuri y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, celebraron la inversión de 4 mil 800 millones de dólares de la empresa estadounidense CloudHQ para construir un megacampus de centros de datos en el municipio de Colón, presentado como un proyecto de desarrollo y generación de empleo. Lo que omitieron explicar es que CloudHQ opera infraestructura para Apple, Google, Amazon y Facebook, y que este tipo de instalaciones requieren miles de servidores que consumen enormes cantidades de agua y electricidad para su enfriamiento.

El problema es que Querétaro enfrenta una severa crisis hídrica y el municipio de Colón padece escasez de agua desde 2024, pese a que la CONAGUA ha advertido desde 2015 que los acuíferos de la región están en déficit. Aun así, la trasnacional no ha transparentado cuánta agua utilizará, mientras las autoridades locales guardan silencio. Para las comunidades, el balance es claro: el impacto ambiental y el estrés hídrico se quedarán en Querétaro, mientras los beneficios del procesamiento de datos fluirán hacia el extranjero.

Residuos y huella de carbono

No es solo el consumo directo lo que preocupa. La infraestructura de IA también genera:

  • Desechos electrónicos tóxicos — la fabricación masiva de chips y hardware utiliza minerales raros y deja residuos con sustancias peligrosas.
  • Emisiones de carbono y contaminantes del aire, tanto durante la operación de los centros de datos como en su ciclo de vida completo.
  • Competencia por recursos hídricos en zonas donde ya hay escasez, agravando desigualdades ambientales.

Organizaciones ambientales han denunciado que las grandes tecnológicas no revelan completamente el uso real de agua y energía de sus operaciones, utilizando cláusulas de confidencialidad y reportes opacos que dificultan evaluar el verdadero impacto.
Esto no solo afecta la planificación pública, sino que deja a muchas comunidades sin información clara para defender sus recursos frente a proyectos de infraestructura masiva, como en el caso de Querétaro.

La inteligencia artificial, como herramienta, tiene el potencial de transformar economías y resolver problemas complejos. Pero esa promesa no puede ocultar la realidad física detrás de su funcionamiento: miles de millones de litros de agua siendo utilizados para enfriar servidores, redes eléctricas estresadas, explosión de demanda energética y comunidades cuestionando si el avance tecnológico vale el precio pagado en recursos naturales y calidad de vida.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *