Mientras organizaciones internacionales mantienen cuestionamientos por autoritarismo, censura y violaciones a derechos humanos en El Salvador, TV Azteca optó por presentar una versión casi perfecta del gobierno de Nayib Bukele.
La televisora de Ricardo Salinas Pliego volvió a demostrar que cuando se trata de gobiernos afines a la derecha, el espíritu crítico puede desaparecer de la pantalla. En un reportaje sobre los siete años de gobierno de Nayib Bukele en El Salvador, TV Azteca destacó los avances en seguridad, salud e infraestructura, pero omitió profundizar en las denuncias de organizaciones nacionales e internacionales que han señalado prácticas autoritarias, restricciones a libertades civiles y una creciente concentración de poder en manos del mandatario salvadoreño.
Durante la cobertura, la televisora resaltó que miles de salvadoreños afirman sentirse más seguros gracias a la estrategia implementada por Bukele contra las pandillas. También presumió la construcción y modernización del Hospital Nacional Rosales, así como cifras oficiales que aseguran que El Salvador ha acumulado más de 1,200 días sin homicidios en distintos periodos desde 2019. Sin embargo, la narrativa fue presentada prácticamente sin contrastes ni cuestionamientos.
El reporte incluso reprodujo la estrategia mediática del propio Bukele, quien decidió realizar un recorrido televisado por el hospital en lugar de rendir un informe tradicional ante el Congreso. Para la administración salvadoreña, las obras son la mejor carta de presentación. No obstante, críticos del gobierno sostienen que detrás de la imagen de eficiencia existe un modelo político cada vez más centralizado y con menores contrapesos democráticos.

Lo llamativo no fue que se informara sobre los logros reportados por el gobierno salvadoreño, sino el tono empleado por la televisora del usurero, que pareció más cercano a un promocional turístico que a un ejercicio periodístico. La cobertura evitó profundizar en las críticas formuladas por organismos de derechos humanos sobre detenciones masivas, restricciones institucionales y el debilitamiento de mecanismos de vigilancia democrática.
La actitud de TV Azteca resulta aún más paradójica considerando que suele presentarse como defensora de la libertad y crítica de los gobiernos progresistas de América Latina. Sin embargo, cuando se trata de Bukele, la línea editorial parece transformarse en aplausos y elogios. Para muchos observadores, el reportaje terminó evidenciando cómo algunos medios pueden abandonar la distancia crítica cuando el personaje en cuestión coincide con sus afinidades ideológicas.
Más allá de los resultados en materia de seguridad, que incluso sus detractores reconocen como un factor relevante en la popularidad de Bukele, el debate sigue abierto: ¿es posible combatir la violencia sin debilitar las instituciones democráticas? Esa es la pregunta que TV Azteca prefirió dejar fuera de cuadro mientras convertía un informe gubernamental en una pieza de promoción política.

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