Por Nathael Pérez
Un día como hoy, 18 de septiembre de 1970, Black Sabbath publicó Paranoid, el álbum que terminó de consolidar el sonido que la banda había comenzado a construir meses antes con su debut homónimo. Sus riffs pesados y atmósferas oscuras ayudaron a establecer las bases del metal moderno.
Tan solo unos meses después de haber publicado Black Sabbath y haber cambiado el juego, la banda de Birmingham regresó en 1970 con un disco que iría todavía más allá de lo establecido. El 18 de septiembre de 1970 apareció Paranoid, un álbum cuyo sonido se convirtió en, lo que muchos consideran, el establecimiento del heavy metal. Los riffs pesados de Tony Iommi, el bajo pesado de Geezer Butler, la batería explosiva de Bill Ward y la voz de Ozzy Osbourne terminaron por definir al género.
Black Sabbath consiguió hacer que la pesadez dejara de ser únicamente una característica del rock y se convirtiera en un género a parte. Canciones como “War Pigs”, “Paranoid”, “Iron Man” y “Electric Funeral” condensaron agresividad, distorsión y letras relacionadas con la guerra, la paranoia, la muerte y la alienación. La producción consiguió un sonido crudo que hace que el disco siga sonando amenazante, lejano al rock contemporáneo de su época.

Paranoid ayudó a cimentar los elementos que posteriormente serían desarrollados por generaciones de bandas de metal, pues el sonido de Sabbath se convertiría en referencia para el heavy metal y, posteriormente, para géneros como el doom, el thrash y otras vertientes. Lo que inició su álbum debut dejó de ser una anomalía dentro del rock y se convirtió en el nacimiento de un género.
Más de medio siglo después, Paranoid es uno de esos discos que no solamente representan una época, sino que ayudaron a consolidar un género nuevo. Black Sabbath retomó la experimentación y oscuridad de su primer álbum y las convirtió en algo más directo y poderoso.



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