La Corte exhibe estrategia del usurero para frenar investigaciones financieras; sus intentos de apartar ministras fueron desechados por entorpecer la justicia.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) volvió a poner un alto a Ricardo Salinas Pliego, luego de desechar dos recursos con los que el usurero pretendía apartar a ministras del análisis de su amparo contra la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF). El máximo tribunal concluyó que dichos recursos tenían como único objetivo “dilatar o entorpecer” la resolución del caso.
El asunto, identificado como amparo en revisión 492/2023, será discutido en el pleno con un proyecto que propone sobreseer el recurso del dueño de Grupo Salinas. De aprobarse, la UIF conservará sus facultades para acceder a información financiera y patrimonial en labores de supervisión y combate a delitos como lavado de dinero y financiamiento al terrorismo.
En los hechos, esto permitiría a la UIF mantener el análisis de las cuentas bancarias de Salinas Pliego hasta por 10 años, información solicitada desde diciembre de 2021 a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, tras su mención en los Pandora Papers, escándalo global relacionado con empresas offshore y posibles esquemas de evasión.

Lejos de colaborar con la justicia, el evasor fiscal ha optado por una estrategia que parece más cercana al berrinche jurídico que a la defensa legal. La Corte ya contabiliza al menos 10 intentos de recusación contra ministros, incluyendo a Loretta Ortiz y María Estela Ríos, todos bajo el mismo guion: cuestionar imparcialidades sin sustento sólido.
Pero la SCJN no compró el espectáculo. En su resolución fue clara: los argumentos de Salinas Pliego carecen de viabilidad y evidencian un uso abusivo de los recursos legales. No es la primera vez; el empresario ha promovido más de un centenar de recursos para frenar litigios fiscales, muchos ya desechados por su carácter dilatorio.
Así, mientras el dueño de Grupo Salinas insiste en jugar al “estratega” judicial, la Corte le recuerda que la justicia no es un reality show ni un negocio más. Y aunque le incomode, esta vez tampoco pudo comprar tiempo… ni la paciencia del máximo tribunal.

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