Etiqueta: Cambio Climático

  • CDMX pone al ecofeminismo en el centro de su agenda climática

    CDMX pone al ecofeminismo en el centro de su agenda climática

    Por: Luis Piña

    La Ciudad de México abrió este lunes la Semana de Acción por el Clima y la Naturaleza 2026, un encuentro que reunirá del 5 al 9 de octubre a gobiernos, especialistas, organizaciones sociales, empresas y ciudadanía para discutir y plantear soluciones frente a la crisis ambiental.

    Durante la inauguración, realizada en el Papalote Museo del Niño, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, planteó que enfrentar el cambio climático también implica combatir las desigualdades sociales y las brechas de género, por lo que llamó a impulsar una transformación con perspectiva ecofeminista.

    Foto: LosReporterosMX / Sebastián Juárez

    La mandataria sostuvo que problemas como la desigualdad, la discriminación hacia las mujeres y el deterioro ambiental tienen un origen común en modelos de dominación y explotación. Bajo esta visión, afirmó que la defensa del medio ambiente no puede separarse de la búsqueda de justicia social.

    Foto: LosReporterosMX / Sebastián Juárez

    “No hay justicia climática sin justicia social, y no hay justicia social sin justicia de género”, señaló.

    Foto: LosReporterosMX / Sebastián Juárez

    Brugada consideró que la capital se ha convertido en un punto de encuentro internacional para discutir la emergencia climática y, sobre todo, para pasar de los compromisos a acciones concretas. En ese sentido, advirtió que ya no hay tiempo para postergar decisiones frente al deterioro ambiental.

    La Semana de Acción Climática contempla más de 250 actividades y la participación de más de 6 mil personas en espacios como las Utopías, el Parque Ecológico de Xochimilco y el Papalote Museo del Niño. Entre los temas que estarán sobre la mesa se encuentran la calidad del aire, energías renovables, biodiversidad, movilidad sustentable, economía circular, agua, financiamiento verde y participación de las juventudes.

    Como parte de los resultados ambientales de su administración, Brugada informó que la Ciudad de México busca reducir 35 por ciento la contaminación mediante acciones coordinadas entre el gobierno y el sector privado. La estrategia contempla, entre otras medidas, la recuperación y reforestación del Bosque de Agua y del suelo urbano, el impulso al transporte sustentable y el fortalecimiento del reciclaje.

    De acuerdo con la jefa de Gobierno, durante el último año se evitó la emisión de más de un millón de toneladas de gases de efecto invernadero. También destacó la instalación de ecotecnologías en 19 mil viviendas, con la meta de superar las 50 mil en los próximos años.

    Otro de los avances mencionados fue el programa “Transforma tu Ciudad”, con el que, aseguró, los niveles de reciclaje aumentaron 45 por ciento en siete meses.

    La administración capitalina también analiza alternativas para acelerar la sustitución de combustibles fósiles en la generación de energía. El objetivo, explicó Brugada, es reducir emisiones y costos, atender la pobreza energética y, al mismo tiempo, generar empleos e incentivar nuevas inversiones.

    Desde el Gobierno federal, la secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena, advirtió que los efectos del cambio climático ya forman parte de la realidad cotidiana y se reflejan en fenómenos como lluvias extraordinarias, inundaciones y sequías, cuyos impactos suelen ser mayores para las comunidades más vulnerables.

    Bárcena reconoció las acciones impulsadas en la capital, principalmente en materia de transporte público, recuperación de cuerpos de agua, áreas verdes, captación de lluvia y uso de calentadores solares. Señaló que las políticas ambientales también pueden contribuir a mejorar la calidad de vida de la población y no significan necesariamente sacrificar bienestar.

    Foto: LosReporterosMX / Sebastián Juárez

    Por su parte, Julia Álvarez Icaza, secretaria de Medio Ambiente de la Ciudad de México, destacó que la Semana de Acción Climática es resultado de un año de colaboración entre gobierno, sociedad civil y sector privado. También señaló que los gobiernos locales tendrán un papel cada vez más importante en la agenda internacional rumbo a la COP31.

    La coordinadora residente de la ONU en México, Allegra Baiocchi, y la representante de México por el Clima, Ericka Valencia, coincidieron en la importancia de convertir los compromisos ambientales en acciones que involucren a las comunidades y permitan avanzar hacia una transición justa.

    Con esta edición de la Semana de Acción por el Clima y la Naturaleza, la capital busca colocar nuevamente en el centro de la discusión la relación entre medio ambiente, desigualdad y calidad de vida, con la apuesta de que las políticas climáticas también sirvan para construir una ciudad más habitable y con mayores condiciones de justicia.

  • México marca el paso contra el hambre y la ONU lo pone de ejemplo

    México marca el paso contra el hambre y la ONU lo pone de ejemplo

    El jefe en funciones del Programa Mundial de Alimentos visitó el país y asegura que sus desayunos escolares, sus compras a productores locales y su etiquetado frontal sirven de guía para otras naciones.

    Mientras el hambre aguda golpea a 300 millones de personas, un récord mundial, México se coloca como ejemplo para el resto del planeta. Así lo afirma Carl Skau, director ejecutivo en funciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU.

    Skau habló con La Jornada y puso la lupa en los programas sociales y en los desayunos escolares, fríos y calientes. También elogió las compras directas a pequeños productores locales. Además, recordó que la regulación de los productos que se venden en las escuelas y el etiquetado frontal enfrentan resistencia: “hay muchas fuerzas en contra”.

    El elogio llega en un momento difícil. Entre 2020 y 2025, el hambre aguda se triplicó y pasó de 100 a 300 millones de personas. Skau culpa a las guerras, a los problemas del comercio marítimo, como los del estrecho de Ormuz, y al cambio climático. Sobre este último, advirtió que “El Niño” podría alargar la crisis hasta 18 meses, sobre todo en las zonas más pobres y marginadas.

    América Latina y el Caribe también sienten el golpe. La región alimenta a buena parte del mundo, pero 41 millones de sus habitantes pasan hambre. Además, ahí cuesta más que en cualquier otro lugar comer sano: solo una de cada cuatro personas puede pagar una dieta saludable. Por eso, explicó Skau, el reto ya no se limita a producir comida, sino a que la gente llegue a alimentos nutritivos.

    Skau, con más de 25 años de experiencia en diplomacia y ayuda humanitaria, visitó México la semana pasada. Quiso reforzar el diálogo con las autoridades y destacó el papel del país en las soluciones multilaterales. Sobre la alimentación escolar, fue claro: “En este tema (México) tiene un papel de liderazgo, porque han empezado temprano”.

    Los niños reciben cada mañana leche, cereales y fruta. En las escuelas de tiempo completo comen, además, un plato caliente con verduras, proteínas, agua simple y tortillas. Las cocinas preparan todo con poco aceite y sin azúcares añadidos.

    El funcionario subrayó el trabajo de las comunidades, sobre todo el de las mujeres en las cocinas escolares. Ellas conservan la comida tradicional de cada región y, a la vez, encuentran empleo sin salir de su tierra.

    “El ejemplo de México es muy importante”, subrayó Skau. De hecho, algunas de estas experiencias ya viajan a Colombia y Perú. El PMA organiza misiones de aprendizaje y talleres de varios días, en los que especialistas de un país comparten su práctica con funcionarios y expertos del otro.

    Durante sus reuniones con el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, y con autoridades de la Secretaría de Salud, ambas partes identificaron áreas de colaboración. Quieren impulsar una agenda común en la Celac, el G-20 y la ONU.

    Skau también lanzó una alerta: los organismos internacionales no tienen dinero suficiente para atender tantas crisis. El PMA perdió 40 por ciento de su presupuesto en dos años, unos 4 mil millones de dólares.

    Por ello, la relación con México se centra en la cooperación técnica, el intercambio de conocimientos y el fortalecimiento de políticas públicas. Además, el país aporta granos, legumbres y otros alimentos básicos para las emergencias en las que trabaja el PMA.

  • Sinaloa impulsa acciones contra el cambio climático para proteger al sector pesquero

    Sinaloa impulsa acciones contra el cambio climático para proteger al sector pesquero

    Fuente: Coordinación General de Comunicación Social del Estado de Sinaloa. Este contenido no fue elaborado por la redacción de Los Reporteros MX. 

    SEBIDES coordina un programa estatal con seis ejes para fortalecer la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático en la pesca y la acuacultura.

    La Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable (SEBIDES) impulsa la coordinación entre dependencias para fortalecer al sector pesquero y acuícola de Sinaloa frente a los efectos del cambio climático. Los trabajos se realizan a través de la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático.

    Durante una sesión de la Comisión, se presentó el Programa Estatal de Acción Climática para el sector del mar, que fue aprobado por unanimidad. El instrumento contempla seis ejes relacionados con pesca, adaptación climática, acuacultura, gobernanza, fortalecimiento institucional y políticas transversales.

    Francisco Javier Barrón Aguayo, en representación de la gobernadora Graciela Domínguez Nava, explicó que el programa se construyó con la participación de distintas dependencias estatales y EDF México, así como de la Secretaría de Pesca y Acuacultura, encabezada por Flor Emilia Guerra Mena.

    Como parte de la estrategia, se contempla impulsar seis acciones a corto plazo para atender las necesidades del sector. SEBIDES señaló que la coordinación busca proteger los recursos naturales, mantener la productividad pesquera y acuícola y fortalecer el bienestar de las comunidades que dependen de estas actividades.

  • Cambio climático agravó avalancha en Nepal, revela estudio

    Cambio climático agravó avalancha en Nepal, revela estudio

    Un análisis de World Weather Attribution señala que el aumento de temperaturas, el deshielo de glaciares y del permafrost agravaron las condiciones que favorecieron el desastre, aunque no fueron la causa directa.

    El cambio climático agravó las condiciones que favorecieron la devastadora avalancha de rocas, hielo y lodo ocurrida el pasado 26 de agosto en el norte de Nepal, de acuerdo con un estudio de la red científica World Weather Attribution (WWA).

    Los investigadores señalaron que el desastre fue resultado de un “evento compuesto” en el que coincidieron el aumento de las temperaturas, el adelgazamiento de los glaciares, el deshielo del permafrost y debilidades geológicas preexistentes. La avalancha se originó tras el desprendimiento de una masa glaciar en la montaña Langtang Lirung, a más de 5 mil 100 metros de altitud.

    El estudio indica que los glaciares de la región se han adelgazado aproximadamente medio metro al año, lo que puede debilitar las fracturas existentes y aumentar la inestabilidad de las laderas. Hasta ahora, el desastre ha dejado mil 403 cuerpos y restos humanos recuperados y 6 mil 150 personas desaparecidas en Nepal, mientras que en el Tíbet se reportan 43 muertos y 519 desaparecidos.

    Los especialistas aclararon que no determinaron si la avalancha habría ocurrido sin el cambio climático provocado por actividades humanas. Sin embargo, señalaron que el aumento acelerado de las temperaturas incrementa la probabilidad y gravedad de este tipo de desastres en el Himalaya. 

  • China le apuesta al bambú para desterrar el plástico

    China le apuesta al bambú para desterrar el plástico

    El gigante asiático impulsa una estrategia que sustituye bolsas y platos plásticos por bambú, un material que crece rápido y desaparece sin dejar rastro.

    China avanza en un plan ambicioso contra la contaminación plástica. El gobierno chino, junto con la Organización Internacional del Bambú y el Ratán, puso en marcha la iniciativa “El bambú reemplaza al plástico”. Esta apuesta busca sustituir productos de un solo uso por alternativas hechas de bambú.

    El programa nació en 2022 y desde entonces gana fuerza en distintas regiones del país. Fábricas chinas ya producen bolsas, vasos y vajilla a partir de esta planta de crecimiento acelerado. El bambú puede crecer hasta un metro por día, mucho más rápido que cualquier árbol tradicional.

    Los productos resultantes ofrecen una ventaja clara frente al plástico convencional. Se degradan por completo sin dejar microplásticos en el ambiente. Además, su fabricación demanda menos energía y genera menor impacto en el planeta.

    La iniciativa no se limita a bolsas y platos desechables. También contempla el uso del bambú en construcción, decoración y fabricación de papel. China busca posicionar este material como una opción duradera y viable para distintas industrias.

    El plan incluye varias líneas de acción concretas. Por un lado, promueve la investigación científica en colaboración con instituciones internacionales. Por otro, impulsa la creación de estándares técnicos para estos productos. También trabaja en la expansión de mercados globales para el bambú.

    Esta estrategia responde a un problema urgente a nivel mundial. Cada año, las fábricas producen cientos de millones de toneladas de plástico. Gran parte de ese material termina contaminando océanos, suelos y ecosistemas completos.

    China posiciona así al bambú como una herramienta clave contra el cambio climático. La iniciativa se suma a los objetivos globales de desarrollo sostenible planteados para 2030. El país asiático apuesta por transformar un recurso ancestral en una solución moderna.

  • Europa occidental enfrenta su periodo más caluroso registrado en junio y julio

    Europa occidental enfrenta su periodo más caluroso registrado en junio y julio

    Europa occidental vivió durante junio y julio de 2026 su periodo más caluroso registrado, en medio de olas de calor, sequía e incendios. El fenómeno, reportado por Copernicus, también estuvo acompañado por temperaturas oceánicas récord a nivel mundial.

    Europa occidental experimentó su periodo de junio-julio más caluroso jamás registrado, de acuerdo con el Servicio de Cambio Climático Copernicus. La temperatura media combinada durante ambos meses alcanzó 21,62 °C, superando el anterior récord establecido en 2022. El resultado se produce tras varias olas de calor que han golpeado al continente durante el verano.

    Julio registró una temperatura media de 22,48 °C, es decir, 2,53 °C por encima de los valores normales del periodo 1991-2000. Aunque julio de 2006 fue ligeramente más cálido, con 22,54 °C, el dato de 2026 se suma a un escenario excepcional: desde mayo, Europa occidental ha enfrentado cuatro episodios de calor extremo, dos de ellos durante julio.

    Las altas temperaturas también han agravado la sequía en Francia, España, algunas regiones de Alemania y Reino Unido, aumentando las condiciones propicias para incendios y afectando las reservas de agua. A escala global, los océanos alcanzaron en julio una temperatura media de 20,96 °C, la más elevada registrada para ese mes, mientras que julio de 2026 empató con 2024 como el segundo julio más cálido de la historia, solo por debajo de 2023.

    Para Carlo Buontempo, director de Copernicus, se trata de condiciones climáticas extraordinarias que no tienen precedentes dentro de la experiencia de las generaciones actuales. El organismo atribuye el fenómeno a la combinación del calentamiento climático provocado por la actividad humana y factores naturales como El Niño, en una señal más de la creciente intensidad de los extremos de temperatura que enfrenta Europa.

  • ONU: Incendios forestales consumen casi 6 millones de hectáreas en 2026

    ONU: Incendios forestales consumen casi 6 millones de hectáreas en 2026

    La ONU advierte que el cambio climático está haciendo más intensos y frecuentes los incendios forestales; la actividad humana provoca cerca de nueve de cada 10 siniestros.

    La temporada de incendios de 2026 ya ha consumido cerca de seis millones de hectáreas en Europa y América del Norte. De acuerdo con la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE-ONU), más de 434 mil hectáreas han sido afectadas en Europa, mientras que Estados Unidos registra alrededor de 1.85 millones y Canadá 3.8 millones de hectáreas quemadas.

    Francia reporta cerca de 42 mil hectáreas destruidas en la región de Gironda, mientras España ha superado las 200 mil hectáreas, el doble de su promedio anual histórico. La ONU señaló que alrededor de nueve de cada 10 incendios forestales son provocados por actividades humanas, ya sea por negligencia o de manera intencional, por lo que llamó a fortalecer la prevención, la vigilancia y el manejo sostenible de los bosques.

    El cambio climático también está aumentando el riesgo y la intensidad de estos siniestros debido a las altas temperaturas, sequías prolongadas, olas de calor y cambios en las lluvias. Entre 2001 y 2023, las emisiones mundiales relacionadas con los incendios aumentaron cerca de 60%, mientras que las provenientes de los bosques boreales de Europa, América del Norte y Asia Central casi se triplicaron, generando un círculo en el que el calentamiento favorece los incendios y estos agravan el cambio climático.

    La ONU advirtió que los incendios tienen efectos que van más allá de las zonas afectadas, pues destruyen viviendas, infraestructura y ecosistemas, además de que el humo puede recorrer cientos de kilómetros y afectar la salud. Ante este escenario, la CEPE-ONU plantea aumentar las inversiones en prevención, sistemas de alerta temprana, vigilancia satelital, inteligencia artificial y restauración de zonas afectadas para reducir el impacto de los megaincendios.

  • Cambio climático amenaza producción de café en Chiapas

    Cambio climático amenaza producción de café en Chiapas

    Productores advierten que el aumento de las temperaturas está reduciendo la calidad del grano, favoreciendo plagas y obligando a cultivar en zonas cada vez más altas.

    El cambio climático ya está afectando la producción de café en Chiapas, principal estado productor del país. El aumento de las temperaturas durante los últimos años ha obligado a los caficultores a trasladar sus plantaciones a mayores altitudes, por encima de los mil 800 metros sobre el nivel del mar, para encontrar las condiciones que antes existían en zonas más bajas, según una investigación de Diario del Sol.

    Productores de la región aseguran que el calor ha adelantado la maduración del fruto, disminuido el tamaño y peso del grano y provocado pérdidas de entre 40 y 50% en algunas cosechas. Además, enfermedades como la roya y la broca, que antes no sobrevivían en las zonas altas por las bajas temperaturas, ahora también afectan esos cultivos.

    Investigaciones de especialistas y del Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) advierten que, si la temperatura continúa aumentando, las áreas aptas para cultivar café arábigo podrían reducirse de manera importante en las próximas décadas. Esto pondría en riesgo una actividad económica de la que dependen miles de familias en la Sierra Madre y la región del Soconusco.

    Ante este panorama, los productores han comenzado a sembrar variedades de café más resistentes al calor y las enfermedades, aunque reconocen que estas ofrecen una menor calidad. También pidieron mayores apoyos para renovar cafetales, establecer viveros, recibir capacitación y desarrollar estrategias que permitan enfrentar los efectos del cambio climático sin perder el prestigio del café chiapaneco en los mercados nacionales e internacionales.

    La preocupación también alcanza a los exportadores, quienes aseguran que compradores internacionales ya han reportado una disminución en la calidad del café de Chiapas. Los productores coinciden en que, sin medidas de adaptación y apoyo al campo, el cambio climático seguirá afectando tanto la producción como la economía de miles de familias dedicadas a la cafeticultura.

  • Zapatos derretidos, ecoansiedad y la trampa de la resiliencia

    Zapatos derretidos, ecoansiedad y la trampa de la resiliencia

    Ese sentirse arrastrado hacia el abismo, el agitarse inútilmente.
    La impotencia. […] ¿Qué será de nosotros en un hipotético futuro?
    ¿Qué herencia dejaremos a las generaciones posteriores?»

    Henning Mankell, Arenas movedizas.

    Hace apenas un par de días, mi hija AM, que vive en París desde hace varios años, me mandó unas fotografías que mostraban algo grotesco que, además, desafía cualquier manual de urbanismo civilizado: sus zapatos se derritieron. Resulta que salió de trabajar, caminó unas cuantas cuadras sobre un asfalto que parecía emanación reciente de lava y luego tomó una bicicleta para llegar a su departamento. Después de pedalear un rato, el calor brutal acumulado en el metal hizo que la suela sintética de su calzado se adhiriera de tal forma a los pedales que, al intentar bajar, los zapatos simplemente se deshicieron, convertidos en una masa plástica inservible. La estampa es tan grotesca como sintomática de este verano de 2026, en el que las olas de calor han azotado a Europa con una furia inusitada, cobrando vidas humanas por miles y desatando voraces incendios forestales, históricos, que ya han devorado miles y miles de hectáreas en España y Francia, y obligado a la evacuación de cientos de miles de personas. Ya no hablamos de anomalías estacionales o de una exageración mediática, sino del paisaje cotidiano de un planeta que parece decidido a decirnos, a golpe de termómetro y registros históricos pulverizados, que la breve tregua climática de 10 mil años que permitió las civilizaciones está llegando a su fin…, con nuestra ayuda.

    De esta asfixia atmosférica al colapso mental hay solo un paso, el mismo que recorre a diario la creciente ecoansiedad. Como ya apuntaba recientemente al revisar los indicios de malestar emocional que arrojan tanto las mediciones estadísticas nacionales —como la ENBIARE 2025— como el pulso global de la salud mental, el dolor psíquico contemporáneo no surge en el vacío; es el reflejo de un entorno convulso donde, entre guerras y pavores tecnológicos bien fundamentados, la crisis climática ocupa un lugar estelar y terrorífico. Los estudios internacionales más recientes —incluyendo los amplios sondeos publicados en The Lancet Planetary Health y los informes periódicos de la Asociación Psicológica Americana (APA)— confirman con datos duros y escalofriantes lo que ya es una obviedad para quienes tengan oídos para escuchar al prójimo: una abrumadora mayoría de la población mundial, con especial incidencia entre los jóvenes y las nuevas generaciones, experimenta altos niveles de ansiedad, miedo, tristeza y profunda impotencia ante la aceleración del cambio climático.

    Ya no se trata de una preocupación abstracta por los osos polares en placas de hielo lejanas, sino de la certeza cotidiana de que el futuro se achica, de que el soberbio sapiens está devastando los recursos naturales y de que las instituciones globales observan el incendio planetario mientras debaten sobre tecnicismos mercantiles.

    La ecoansiedad no es una neurosis caprichosa ni una debilidad de carácter que se resuelva con aromaterapia, meditación guiada o buenos propósitos de reciclaje doméstico. Es, antes bien, una respuesta perfectamente racional, lúcida y proporcionada ante un mundo profundamente irracional. Cuando los jóvenes ven que sus zapatillas se derriten en pleno centro de París, o que las sequías prolongadas vacían presas y campos de cultivo tanto en México como en el sur de Europa, lo verdaderamente psicótico no sería estar angustiado, sino permanecer plácidamente indiferente ante el panorama. Sin embargo, en lugar de revisar las causas estructurales y políticas de este desastre ecológico, el sistema ha ideado un sofisticado y cínico mecanismo de defensa para seguir operando como si nada ocurriera: la coartada de la resiliencia.

    En los últimos años, el concepto de resiliencia se ha vuelto omnipresente. Ha colonizado los discursos oficiales de los organismos multilaterales, las políticas de gestión urbana, los manuales de autoayuda y las matrices de riesgo institucionales. Se nos convoca permanentemente a ser “ciudades resilientes”, “sociedades resilientes” e “individuos resilientes”, como si la supervivencia civilizatoria dependiera exclusivamente de nuestra capacidad elástica para soportar los golpes sin rechistar.

    Dicho en corto, la dichosa resiliencia, en su acepción más difundida y mercantilizada, constituye una trampa monumental. ¿Por qué? Porque la resiliencia sistémica no cuestiona el modelo económico extractivista y fósil que nos trajo hasta el borde del abismo; únicamente busca hacerlo más tolerable y soportable para el capital.

    La gran trampa consiste en desplazar arteramente la responsabilidad de la catástrofe desde los grandes corporativos petroleros, los gobiernos omisos y los arquitectos del despojo ambiental en el que se soporta el leviatán del consumismo hacia las frágiles espaldas del ciudadano de a pie. Si una tormenta extrema destruye tu casa o una ola de calor asfixia tu ciudad, la culpa nunca es de la especulación inmobiliaria, de la desregulación industrial o de la inacción climática, sino de que tú no separas bien la basura y de tu supuesta falta de resiliencia para adaptarte a las nuevas condiciones. Se nos entrena sistemáticamente para resistir el daño en lugar de impedir que nos dañen. Nos venden la resiliencia como una virtud heroica y moderna, cuando en realidad opera como el anestésico perfecto para que el sistema siga extrayendo, quemando y contaminando sin que nadie se atreva a mover una sola viga del edificio central. Nos quieren flexibles como el caucho para aguantar mejor los latigazos, mientras los dueños del circo siguen cobrando la entrada en primera fila.

    De ahí que la falacia de la resiliencia conduzca, de forma inexorable, a su opuesto más corrosivo: la ansiedad. La resiliencia deporta necesariamente a la ansiedad porque parte de un postulado intrínsecamente derrotista, sombrío y macabro: asume como axioma ineludible que en el futuro nos irá peor que ahora, que el desastre es inevitable y que lo único que podemos hacer es agachar la cabeza y apretar los dientes. Nos prepara para un mañana catastrófico, obligándonos a vivir en un perpetuo estado de culpa difusa y alerta defensiva, midiendo los daños venideros y calculando cuántas suelas de zapatos nos quedan antes de que el asfalto termine por tragarnos por entero. Mientras sigamos celebrando la resiliencia institucional en lugar de exigir justicia climática, redistribución y una transformación radical del modelo, lo único que seguiremos cultivando en los campos de la salud mental será el miedo. Y unos zapatos, claro está, cada vez más difíciles de calzar.

    @gcastroibarra

  • Blanquear nubes podría debilitar a El Niño, según un estudio basado en modelos

    Blanquear nubes podría debilitar a El Niño, según un estudio basado en modelos

    Científicos proponen blanquear nubes marinas para reflejar más luz solar y reducir la fuerza de El Niño, aunque advierten que la técnica aún es experimental y podría tener efectos imprevisibles sobre el clima.

    El blanqueamiento de nubes marinas es una técnica de geoingeniería que busca aumentar el brillo de las nubes sobre el océano para que reflejen una mayor cantidad de radiación solar hacia el espacio. La idea consiste en inyectar diminutas partículas de aerosoles en la atmósfera baja, favoreciendo la formación de nubes más densas y reflectantes.

    De acuerdo con un estudio encabezado por investigadores de la Universidad de California en San Diego, aplicar esta técnica de manera temprana en el sureste del océano Pacífico podría reducir el calentamiento superficial del mar que alimenta el desarrollo del fenómeno de El Niño. Los resultados provienen de simulaciones climáticas y representan una prueba de concepto, no una aplicación en el mundo real.

    Los modelos sugieren que, si el blanqueamiento de nubes comienza antes de que El Niño se fortalezca y se mantiene durante un periodo prolongado, podría interrumpir parte de los procesos atmosféricos que impulsan el fenómeno, debilitando su intensidad. La investigación se inspiró en los efectos observados tras los incendios forestales de Australia de 2019 y 2020, cuyos aerosoles alteraron temporalmente la circulación atmosférica.

    No obstante, los científicos advierten que esta estrategia también podría generar consecuencias imprevistas, como modificar el momento o la intensidad de La Niña. Además, subrayan que el estudio se basa en un solo modelo climático y que cualquier prueba en condiciones reales implicaría riesgos difíciles de predecir, por lo que se requiere mucha más investigación antes de considerar su aplicación.