Etiqueta: Cambio Climático

  • China le apuesta al bambú para desterrar el plástico

    China le apuesta al bambú para desterrar el plástico

    El gigante asiático impulsa una estrategia que sustituye bolsas y platos plásticos por bambú, un material que crece rápido y desaparece sin dejar rastro.

    China avanza en un plan ambicioso contra la contaminación plástica. El gobierno chino, junto con la Organización Internacional del Bambú y el Ratán, puso en marcha la iniciativa “El bambú reemplaza al plástico”. Esta apuesta busca sustituir productos de un solo uso por alternativas hechas de bambú.

    El programa nació en 2022 y desde entonces gana fuerza en distintas regiones del país. Fábricas chinas ya producen bolsas, vasos y vajilla a partir de esta planta de crecimiento acelerado. El bambú puede crecer hasta un metro por día, mucho más rápido que cualquier árbol tradicional.

    Los productos resultantes ofrecen una ventaja clara frente al plástico convencional. Se degradan por completo sin dejar microplásticos en el ambiente. Además, su fabricación demanda menos energía y genera menor impacto en el planeta.

    La iniciativa no se limita a bolsas y platos desechables. También contempla el uso del bambú en construcción, decoración y fabricación de papel. China busca posicionar este material como una opción duradera y viable para distintas industrias.

    El plan incluye varias líneas de acción concretas. Por un lado, promueve la investigación científica en colaboración con instituciones internacionales. Por otro, impulsa la creación de estándares técnicos para estos productos. También trabaja en la expansión de mercados globales para el bambú.

    Esta estrategia responde a un problema urgente a nivel mundial. Cada año, las fábricas producen cientos de millones de toneladas de plástico. Gran parte de ese material termina contaminando océanos, suelos y ecosistemas completos.

    China posiciona así al bambú como una herramienta clave contra el cambio climático. La iniciativa se suma a los objetivos globales de desarrollo sostenible planteados para 2030. El país asiático apuesta por transformar un recurso ancestral en una solución moderna.

  • Europa occidental enfrenta su periodo más caluroso registrado en junio y julio

    Europa occidental enfrenta su periodo más caluroso registrado en junio y julio

    Europa occidental vivió durante junio y julio de 2026 su periodo más caluroso registrado, en medio de olas de calor, sequía e incendios. El fenómeno, reportado por Copernicus, también estuvo acompañado por temperaturas oceánicas récord a nivel mundial.

    Europa occidental experimentó su periodo de junio-julio más caluroso jamás registrado, de acuerdo con el Servicio de Cambio Climático Copernicus. La temperatura media combinada durante ambos meses alcanzó 21,62 °C, superando el anterior récord establecido en 2022. El resultado se produce tras varias olas de calor que han golpeado al continente durante el verano.

    Julio registró una temperatura media de 22,48 °C, es decir, 2,53 °C por encima de los valores normales del periodo 1991-2000. Aunque julio de 2006 fue ligeramente más cálido, con 22,54 °C, el dato de 2026 se suma a un escenario excepcional: desde mayo, Europa occidental ha enfrentado cuatro episodios de calor extremo, dos de ellos durante julio.

    Las altas temperaturas también han agravado la sequía en Francia, España, algunas regiones de Alemania y Reino Unido, aumentando las condiciones propicias para incendios y afectando las reservas de agua. A escala global, los océanos alcanzaron en julio una temperatura media de 20,96 °C, la más elevada registrada para ese mes, mientras que julio de 2026 empató con 2024 como el segundo julio más cálido de la historia, solo por debajo de 2023.

    Para Carlo Buontempo, director de Copernicus, se trata de condiciones climáticas extraordinarias que no tienen precedentes dentro de la experiencia de las generaciones actuales. El organismo atribuye el fenómeno a la combinación del calentamiento climático provocado por la actividad humana y factores naturales como El Niño, en una señal más de la creciente intensidad de los extremos de temperatura que enfrenta Europa.

  • ONU: Incendios forestales consumen casi 6 millones de hectáreas en 2026

    ONU: Incendios forestales consumen casi 6 millones de hectáreas en 2026

    La ONU advierte que el cambio climático está haciendo más intensos y frecuentes los incendios forestales; la actividad humana provoca cerca de nueve de cada 10 siniestros.

    La temporada de incendios de 2026 ya ha consumido cerca de seis millones de hectáreas en Europa y América del Norte. De acuerdo con la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE-ONU), más de 434 mil hectáreas han sido afectadas en Europa, mientras que Estados Unidos registra alrededor de 1.85 millones y Canadá 3.8 millones de hectáreas quemadas.

    Francia reporta cerca de 42 mil hectáreas destruidas en la región de Gironda, mientras España ha superado las 200 mil hectáreas, el doble de su promedio anual histórico. La ONU señaló que alrededor de nueve de cada 10 incendios forestales son provocados por actividades humanas, ya sea por negligencia o de manera intencional, por lo que llamó a fortalecer la prevención, la vigilancia y el manejo sostenible de los bosques.

    El cambio climático también está aumentando el riesgo y la intensidad de estos siniestros debido a las altas temperaturas, sequías prolongadas, olas de calor y cambios en las lluvias. Entre 2001 y 2023, las emisiones mundiales relacionadas con los incendios aumentaron cerca de 60%, mientras que las provenientes de los bosques boreales de Europa, América del Norte y Asia Central casi se triplicaron, generando un círculo en el que el calentamiento favorece los incendios y estos agravan el cambio climático.

    La ONU advirtió que los incendios tienen efectos que van más allá de las zonas afectadas, pues destruyen viviendas, infraestructura y ecosistemas, además de que el humo puede recorrer cientos de kilómetros y afectar la salud. Ante este escenario, la CEPE-ONU plantea aumentar las inversiones en prevención, sistemas de alerta temprana, vigilancia satelital, inteligencia artificial y restauración de zonas afectadas para reducir el impacto de los megaincendios.

  • Cambio climático amenaza producción de café en Chiapas

    Cambio climático amenaza producción de café en Chiapas

    Productores advierten que el aumento de las temperaturas está reduciendo la calidad del grano, favoreciendo plagas y obligando a cultivar en zonas cada vez más altas.

    El cambio climático ya está afectando la producción de café en Chiapas, principal estado productor del país. El aumento de las temperaturas durante los últimos años ha obligado a los caficultores a trasladar sus plantaciones a mayores altitudes, por encima de los mil 800 metros sobre el nivel del mar, para encontrar las condiciones que antes existían en zonas más bajas, según una investigación de Diario del Sol.

    Productores de la región aseguran que el calor ha adelantado la maduración del fruto, disminuido el tamaño y peso del grano y provocado pérdidas de entre 40 y 50% en algunas cosechas. Además, enfermedades como la roya y la broca, que antes no sobrevivían en las zonas altas por las bajas temperaturas, ahora también afectan esos cultivos.

    Investigaciones de especialistas y del Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) advierten que, si la temperatura continúa aumentando, las áreas aptas para cultivar café arábigo podrían reducirse de manera importante en las próximas décadas. Esto pondría en riesgo una actividad económica de la que dependen miles de familias en la Sierra Madre y la región del Soconusco.

    Ante este panorama, los productores han comenzado a sembrar variedades de café más resistentes al calor y las enfermedades, aunque reconocen que estas ofrecen una menor calidad. También pidieron mayores apoyos para renovar cafetales, establecer viveros, recibir capacitación y desarrollar estrategias que permitan enfrentar los efectos del cambio climático sin perder el prestigio del café chiapaneco en los mercados nacionales e internacionales.

    La preocupación también alcanza a los exportadores, quienes aseguran que compradores internacionales ya han reportado una disminución en la calidad del café de Chiapas. Los productores coinciden en que, sin medidas de adaptación y apoyo al campo, el cambio climático seguirá afectando tanto la producción como la economía de miles de familias dedicadas a la cafeticultura.

  • Zapatos derretidos, ecoansiedad y la trampa de la resiliencia

    Zapatos derretidos, ecoansiedad y la trampa de la resiliencia

    Ese sentirse arrastrado hacia el abismo, el agitarse inútilmente.
    La impotencia. […] ¿Qué será de nosotros en un hipotético futuro?
    ¿Qué herencia dejaremos a las generaciones posteriores?»

    Henning Mankell, Arenas movedizas.

    Hace apenas un par de días, mi hija AM, que vive en París desde hace varios años, me mandó unas fotografías que mostraban algo grotesco que, además, desafía cualquier manual de urbanismo civilizado: sus zapatos se derritieron. Resulta que salió de trabajar, caminó unas cuantas cuadras sobre un asfalto que parecía emanación reciente de lava y luego tomó una bicicleta para llegar a su departamento. Después de pedalear un rato, el calor brutal acumulado en el metal hizo que la suela sintética de su calzado se adhiriera de tal forma a los pedales que, al intentar bajar, los zapatos simplemente se deshicieron, convertidos en una masa plástica inservible. La estampa es tan grotesca como sintomática de este verano de 2026, en el que las olas de calor han azotado a Europa con una furia inusitada, cobrando vidas humanas por miles y desatando voraces incendios forestales, históricos, que ya han devorado miles y miles de hectáreas en España y Francia, y obligado a la evacuación de cientos de miles de personas. Ya no hablamos de anomalías estacionales o de una exageración mediática, sino del paisaje cotidiano de un planeta que parece decidido a decirnos, a golpe de termómetro y registros históricos pulverizados, que la breve tregua climática de 10 mil años que permitió las civilizaciones está llegando a su fin…, con nuestra ayuda.

    De esta asfixia atmosférica al colapso mental hay solo un paso, el mismo que recorre a diario la creciente ecoansiedad. Como ya apuntaba recientemente al revisar los indicios de malestar emocional que arrojan tanto las mediciones estadísticas nacionales —como la ENBIARE 2025— como el pulso global de la salud mental, el dolor psíquico contemporáneo no surge en el vacío; es el reflejo de un entorno convulso donde, entre guerras y pavores tecnológicos bien fundamentados, la crisis climática ocupa un lugar estelar y terrorífico. Los estudios internacionales más recientes —incluyendo los amplios sondeos publicados en The Lancet Planetary Health y los informes periódicos de la Asociación Psicológica Americana (APA)— confirman con datos duros y escalofriantes lo que ya es una obviedad para quienes tengan oídos para escuchar al prójimo: una abrumadora mayoría de la población mundial, con especial incidencia entre los jóvenes y las nuevas generaciones, experimenta altos niveles de ansiedad, miedo, tristeza y profunda impotencia ante la aceleración del cambio climático.

    Ya no se trata de una preocupación abstracta por los osos polares en placas de hielo lejanas, sino de la certeza cotidiana de que el futuro se achica, de que el soberbio sapiens está devastando los recursos naturales y de que las instituciones globales observan el incendio planetario mientras debaten sobre tecnicismos mercantiles.

    La ecoansiedad no es una neurosis caprichosa ni una debilidad de carácter que se resuelva con aromaterapia, meditación guiada o buenos propósitos de reciclaje doméstico. Es, antes bien, una respuesta perfectamente racional, lúcida y proporcionada ante un mundo profundamente irracional. Cuando los jóvenes ven que sus zapatillas se derriten en pleno centro de París, o que las sequías prolongadas vacían presas y campos de cultivo tanto en México como en el sur de Europa, lo verdaderamente psicótico no sería estar angustiado, sino permanecer plácidamente indiferente ante el panorama. Sin embargo, en lugar de revisar las causas estructurales y políticas de este desastre ecológico, el sistema ha ideado un sofisticado y cínico mecanismo de defensa para seguir operando como si nada ocurriera: la coartada de la resiliencia.

    En los últimos años, el concepto de resiliencia se ha vuelto omnipresente. Ha colonizado los discursos oficiales de los organismos multilaterales, las políticas de gestión urbana, los manuales de autoayuda y las matrices de riesgo institucionales. Se nos convoca permanentemente a ser “ciudades resilientes”, “sociedades resilientes” e “individuos resilientes”, como si la supervivencia civilizatoria dependiera exclusivamente de nuestra capacidad elástica para soportar los golpes sin rechistar.

    Dicho en corto, la dichosa resiliencia, en su acepción más difundida y mercantilizada, constituye una trampa monumental. ¿Por qué? Porque la resiliencia sistémica no cuestiona el modelo económico extractivista y fósil que nos trajo hasta el borde del abismo; únicamente busca hacerlo más tolerable y soportable para el capital.

    La gran trampa consiste en desplazar arteramente la responsabilidad de la catástrofe desde los grandes corporativos petroleros, los gobiernos omisos y los arquitectos del despojo ambiental en el que se soporta el leviatán del consumismo hacia las frágiles espaldas del ciudadano de a pie. Si una tormenta extrema destruye tu casa o una ola de calor asfixia tu ciudad, la culpa nunca es de la especulación inmobiliaria, de la desregulación industrial o de la inacción climática, sino de que tú no separas bien la basura y de tu supuesta falta de resiliencia para adaptarte a las nuevas condiciones. Se nos entrena sistemáticamente para resistir el daño en lugar de impedir que nos dañen. Nos venden la resiliencia como una virtud heroica y moderna, cuando en realidad opera como el anestésico perfecto para que el sistema siga extrayendo, quemando y contaminando sin que nadie se atreva a mover una sola viga del edificio central. Nos quieren flexibles como el caucho para aguantar mejor los latigazos, mientras los dueños del circo siguen cobrando la entrada en primera fila.

    De ahí que la falacia de la resiliencia conduzca, de forma inexorable, a su opuesto más corrosivo: la ansiedad. La resiliencia deporta necesariamente a la ansiedad porque parte de un postulado intrínsecamente derrotista, sombrío y macabro: asume como axioma ineludible que en el futuro nos irá peor que ahora, que el desastre es inevitable y que lo único que podemos hacer es agachar la cabeza y apretar los dientes. Nos prepara para un mañana catastrófico, obligándonos a vivir en un perpetuo estado de culpa difusa y alerta defensiva, midiendo los daños venideros y calculando cuántas suelas de zapatos nos quedan antes de que el asfalto termine por tragarnos por entero. Mientras sigamos celebrando la resiliencia institucional en lugar de exigir justicia climática, redistribución y una transformación radical del modelo, lo único que seguiremos cultivando en los campos de la salud mental será el miedo. Y unos zapatos, claro está, cada vez más difíciles de calzar.

    @gcastroibarra

  • Blanquear nubes podría debilitar a El Niño, según un estudio basado en modelos

    Blanquear nubes podría debilitar a El Niño, según un estudio basado en modelos

    Científicos proponen blanquear nubes marinas para reflejar más luz solar y reducir la fuerza de El Niño, aunque advierten que la técnica aún es experimental y podría tener efectos imprevisibles sobre el clima.

    El blanqueamiento de nubes marinas es una técnica de geoingeniería que busca aumentar el brillo de las nubes sobre el océano para que reflejen una mayor cantidad de radiación solar hacia el espacio. La idea consiste en inyectar diminutas partículas de aerosoles en la atmósfera baja, favoreciendo la formación de nubes más densas y reflectantes.

    De acuerdo con un estudio encabezado por investigadores de la Universidad de California en San Diego, aplicar esta técnica de manera temprana en el sureste del océano Pacífico podría reducir el calentamiento superficial del mar que alimenta el desarrollo del fenómeno de El Niño. Los resultados provienen de simulaciones climáticas y representan una prueba de concepto, no una aplicación en el mundo real.

    Los modelos sugieren que, si el blanqueamiento de nubes comienza antes de que El Niño se fortalezca y se mantiene durante un periodo prolongado, podría interrumpir parte de los procesos atmosféricos que impulsan el fenómeno, debilitando su intensidad. La investigación se inspiró en los efectos observados tras los incendios forestales de Australia de 2019 y 2020, cuyos aerosoles alteraron temporalmente la circulación atmosférica.

    No obstante, los científicos advierten que esta estrategia también podría generar consecuencias imprevistas, como modificar el momento o la intensidad de La Niña. Además, subrayan que el estudio se basa en un solo modelo climático y que cualquier prueba en condiciones reales implicaría riesgos difíciles de predecir, por lo que se requiere mucha más investigación antes de considerar su aplicación.

  • Mundial a medias

    Mundial a medias

    Esta obligada prisa que inexorablemente
    quiere entregarme el mundo con un dato pequeño.

    Carlos Pellicer, Nocturno.

    Es muy probable que en estos días mucha gente en Europa esté pensando que el fin del “mundo” se aproxima, al menos, una mayor proporción respecto a quienes ahora en México puedan creer eso mismo. Lo creo así porque no es difícil sentir la proximidad del fin cuando acabas de sufrir una terrible ola de calor que nunca antes habías vivido. Las cifras que acompañan este desastre dotan de realidad a ese temor: desde el 21 de junio, se han vinculado a esta ola de calor en el continente más de mil 300 muertes en exceso, con Francia reportando cerca de mil decesos en apenas unos días. No se trata solo de estadísticas, sino de termómetros que marcaron picos históricos —como los 41.7°C en Alemania o los 43.7°C en España— desafiando los límites físicos de una población que, en su mayoría, no cuenta con los recursos básicos, como el aire acondicionado, para enfrentar tal asfixia. Imaginen ustedes noches enteras durante las cuales los termómetros se mantienen rondando los 30°C. Los análisis climáticos más recientes sugieren que este fenómeno no debe leerse como una anomalía aislada, sino como un “ensayo general” de lo que está por venir. Europa, que se está calentando al doble del promedio global, enfrenta una vulnerabilidad estructural crítica: sus ciudades y viviendas, históricamente diseñadas para retener el calor ante inviernos gélidos, se han convertido en trampas térmicas frente a un clima que ya no responde a los modelos de adaptación previos. Lo que hoy día millones de europeos pueden estar percibiendo como el fin de un mundo conocido no es sólo una sensación apocalíptica, sino la confrontación material con un sistema climático que, con la forma de olas de calor cada vez más severas, frecuentes y prolongadas, está reescribiendo la cotidianidad y desafiando la capacidad de respuesta de nuestras sociedades modernas.

    Pero subrayo: seguramente el fin del “mundo” no se siente igual en todo el orbe. Pongamos por caso: para la mayoría de mis conciudadanos, supongo, la noche del martes 30 de junio, después de que la selección nacional mexicana derrotara a Ecuador y asegurara así el ansiado quinto partido en el Mundial, la idea del fin de los tiempos estaba muy lejos de sus pensamientos.

    Mundo y mundial, así como global, son palabras que expresan poderosas abstracciones, abstracciones inmensas más o menos apuntaladas en parte de la realidad concreta. El lenguaje no sólo nombra y describe la realidad, sino que la construye y, en este caso, la delimita. Así que es perfectamente pertinente preguntarse qué tan realmente mundial es nuestra concepción del mundo. Por ejemplo, pensemos en el dichoso “Mundial” de Futbol… En esta edición no participaron las selecciones de los dos países más poblados del planeta, India y China —de hecho, China únicamente ha participado en una ocasión, en 2002, en la Copa del Mundo Corea-Japón, la primera que tuvo lugar en suelo asiático, mientras que jamás hemos visto al equipo de India, el país con más habitantes de todo el mundo, jugar en el torneo—. Recordemos que, en conjunto, en India y China viven 2.9 mil millones de seres humanos, de tal suerte que en el Mundial México 2026, sólo considerando la ausencia de indios y chinos, no tienen representación uno de cada tres habitantes del mundo. Además, deberíamos sumar otras ausencias importantes. Ningún ciudadano de los países que ocupan las posiciones 4, 5, 6 y 8 en la tabla de las naciones más pobladas —Indonesia, Pakistán, Nigeria y Bangladesh— está viendo jugar a su selección en este campeonato. Más relevante en términos geopolíticos resulta la falta del equipo del país más extenso del planeta, Rusia —noveno en la tabla en cuanto a cantidad de habitantes—. Y dado que tampoco participa Etiopía, resulta que ocho de los diez países más poblados del mundo no están convidados al Mundial: en ellos radica nada menos que el 49% de todos los hombres y mujeres vivos en la actualidad, es decir, prácticamente la mitad de todos los seres humanos.

    Al final, tanto el colapso climático que calcina a Europa como la algarabía de nuestra celebración futbolística nos revelan una misma verdad: nuestra mundialidad es un espejo que sólo refleja parcialidades, usualmente lo que nos conviene mirar. Mientras Europa enfrenta un fin del mundo tangible, físico y dolorosamente local, con todo y los amenazantes tambores de guerra sonando, nosotros disfrutamos por ahora un clima lluvioso, templado, y el “Mundial” en casa, un mundial que, por diseño, excluye a la mitad de la humanidad. Quizás el peligro de estas abstracciones es que nos reducen: nos hacen creer que el mundo es sólo aquello que cabe en nuestras pantallas, ocultando que, más allá de ese encuadre, existe una realidad mucho más vasta y diversa.

    Éxito a la selección el próximo domingo.

  • Océanos registran récord de calor durante junio y preocupan a científicos

    Océanos registran récord de calor durante junio y preocupan a científicos

    Las temperaturas de la superficie del mar alcanzaron un nuevo récord en junio, reflejo del cambio climático y del fortalecimiento del fenómeno de El Niño, lo que podría intensificar eventos climáticos extremos en los próximos meses.

    Las temperaturas de la superficie de los océanos rompieron un nuevo récord durante junio, de acuerdo con datos del programa europeo Copernicus. El pasado 21 de junio se registraron 20.86 °C, superando las marcas alcanzadas en 2023 y 2024, mientras que otro sistema de monitoreo elevó el registro hasta los 21 °C, el nivel más alto para esta época del año.

    Especialistas advirtieron que este calentamiento sin precedentes responde tanto al cambio climático como al fortalecimiento del fenómeno de El Niño, cuya intensidad podría alcanzar niveles no vistos en décadas. Además, señalaron que el océano global ha mantenido temperaturas muy por encima del promedio durante los últimos tres años.

    El incremento en la temperatura de los mares favorece una atmósfera más cálida, aporta mayor energía a tormentas, incrementa la evaporación y eleva el riesgo de lluvias extremas e inundaciones. También acelera el aumento del nivel del mar, el deshielo en las regiones polares y genera una creciente presión sobre los ecosistemas marinos.

  • Unión Europea y México en vías de firmar nuevo acuerdo

    Unión Europea y México en vías de firmar nuevo acuerdo

    Ursula von der Leyen y António Costa llegan a México para fortalecer la cooperación y el comercio en la región.

    Este miércoles, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, aterrizaron en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Su visita marca el inicio de una serie de reuniones con la presidenta Claudia Sheinbaum, programadas para el viernes, donde firmarán el Acuerdo Global Modernizado México-Unión Europea.

    A su llegada, los dignatarios fueron recibidos por el canciller Roberto Velasco. Von der Leyen expresó su entusiasmo en redes sociales, destacando a México como “uno de los socios más cercanos de Europa en América Latina”. En sus palabras, el nuevo acuerdo promete ampliar la colaboración en diversos temas, incluyendo derechos humanos, igualdad de género, y cambio climático, además de impulsar el comercio y la inversión entre ambas partes.

    Durante su estancia, Von der Leyen visitará el Bosque de Chapultepec y el Museo Nacional de Antropología. También tiene programado reunirse con mujeres indígenas para escuchar sus experiencias y desafíos. Por su parte, António Costa visitará el Congreso de la Unión, explorará Chapultepec, y sostendrá encuentros con empresas europeas.

    El viernes, después de la firma del acuerdo en Palacio Nacional, ambos líderes se reunirán con empresarios. Posteriormente, ofrecerán una conferencia de prensa para compartir los resultados de su reunión y los beneficios del nuevo acuerdo. La llegada de estos líderes europeos representa una etapa prometedora en las relaciones entre México y la Unión Europea.

  • El fotógrafo mexicano César Rodríguez triunfa en World Press Photo 2026

    El fotógrafo mexicano César Rodríguez triunfa en World Press Photo 2026

    Por: Frank Alvarado

    La obra de César Rodriguez documenta el impacto del cambio climático en Tabasco y fue elegida entre más de 57 mil fotografías a nivel mundial.

    El fotógrafo mexicano César Rodríguez fue reconocido en el World Press Photo 2026 gracias a su obra“México, un clima cambiante”, que resultó ganadora en la categoría de Proyectos a largo plazo para Norteamérica y Centroamérica.

    La imagen, captada en 2021 en Villa Sánchez Magallanes, Tabasco, muestra a un hombre rodeado por el mar sobre un rompeolas invisible, como reflejo del avance del nivel del mar en la región, que ha erosionado más de 500 metros de litoral desde 2005.

    “Mediante imágenes poéticas y de cuidada composición, el fotógrafo transmite el impacto combinado de las presiones ambientales, las decisiones políticas y la falta de apoyo social. Al centrarse en las comunidades pesqueras y las poblaciones vulnerables de las zonas urbanas, la obra ofrece una visión matizada de cómo el cambio climático está transformando la cultura y la vida cotidiana en la región”, señaló el jurado.

    Rodríguez, originario de Tepic, Nayarit, fue seleccionado entre más de 57 mil fotografías de 141 países. Se trata de un fotógrafo que centra su trabajo en temas como migración, derechos humanos y cambio climático. Ha publicado en medios internacionales como Time Magazine, The New York Times, National Geographic y The Guardian. Es director de cortometrajes documentales y autor de los fotolibros Montaña Roja y Hoja Dorada, ambos finalistas en premios internacionales.