Etiqueta: Clasismo

  • ¿Quién es Agustín Dorantes, el panista para el que trabaja Natalia Torres?

    ¿Quién es Agustín Dorantes, el panista para el que trabaja Natalia Torres?

    El senador del PAN por Querétaro ha construido su carrera entre cargos públicos, polémicas por violencia política de género, declaraciones calificadas como clasistas y señalamientos que han marcado su trayectoria política.

    El nombre de Agustín Dorantes Lámbarri volvió a colocarse en la conversación pública luego de que Natalia Torres fuera identificada como colaboradora cercana del senador panista.

    Aunque en el discurso Acción Nacional suele presentarlo como uno de sus principales perfiles rumbo a la gubernatura de Querétaro, la trayectoria de Dorantes también está marcada por sanciones, controversias y episodios que han generado fuertes críticas.

    Licenciado en Derecho y con estudios de maestría en Gestión e Innovación Pública por la Universidad Autónoma de Querétaro, Dorantes ha desarrollado prácticamente toda su carrera dentro de gobiernos emanados del PAN.

    Fue asesor legislativo en el Senado entre 2012 y 2015; posteriormente ocupó la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno estatal en dos periodos (2015-2018 y 2021-2024), además de ser diputado local de 2018 a 2021. Actualmente es senador de la República, donde participa en comisiones de Energía, Seguridad Pública, Comunicaciones, Recursos Hídricos e Inteligencia Artificial.

    Sancionado por violencia política de género

    Uno de los episodios más delicados de su carrera ocurrió en 2021, cuando el Congreso de Querétaro lo amonestó por ejercer violencia política en razón de género contra la entonces diputada de Morena, Laura Polo Herrera.

    El procedimiento derivó de una resolución del Instituto Electoral del Estado de Querétaro (IEEQ), posteriormente confirmada en la vía jurisdiccional, que estableció la existencia de la conducta. Aunque la Contraloría del Congreso calificó la falta como “levísima” y únicamente impuso una amonestación que permaneció en su expediente durante un año, la legisladora morenista rechazó la sanción al considerarla insuficiente e incluso sostuvo que debió ser separado del cargo.

    El caso representó uno de los pocos antecedentes en Querétaro donde un dirigente panista fue sancionado formalmente por este tipo de violencia.

    El comentario que desató acusaciones de clasismo

    En 2026, cuando ya competía por convertirse en el candidato del PAN a la gubernatura de Querétaro, Dorantes volvió a ocupar titulares por una declaración que generó una ola de críticas.

    Durante una entrevista comparó a los municipios con las “sirvientas” de Querétaro al hablar de los servicios públicos, una expresión que rápidamente fue considerada clasista y discriminatoria por diversos sectores.

    Las críticas recordaron incluso la frase pronunciada por Enrique Peña Nieto en 2012, cuando respondió que él “no era la señora de la casa” al ser cuestionado sobre el precio de la canasta básica.

    Tras la polémica, Dorantes ofreció disculpas públicas y aseguró que sus palabras habían sido mal interpretadas; sin embargo, el episodio volvió a colocar sobre la mesa cuestionamientos sobre la visión que algunos cuadros del PAN mantienen respecto a los trabajadores y los sectores populares.

    Señalamientos durante campañas

    Durante el proceso electoral de 2024, la entonces candidata Alicia Colchado denunció presuntos actos de intimidación por parte de personas que, según dijo, estaban vinculadas al equipo de campaña de Agustín Dorantes.

    El hoy senador negó categóricamente las acusaciones y exigió que se presentaran pruebas para sustentar los señalamientos, asegurando que su campaña siempre se condujo con propuestas y sin actos de violencia.

    Denuncias sobre uso político de programas sociales

    En 2025 también circularon denuncias anónimas relacionadas con el programa “Juntos Contigo”, donde se señaló a Laura Angélica Dorantes, esposa del senador, de presuntamente utilizar brigadas del programa para promover políticamente a Agustín Dorantes y desacreditar a otros aspirantes panistas.

    Las denuncias también hablaban de presunto acoso laboral y exigencias excesivas hacia brigadistas. Sin embargo, estos señalamientos fueron difundidos de manera anónima y no existe, hasta el momento, una resolución oficial que los confirme.

    Señalado por presuntas operaciones políticas para frenar a Morena

    La carrera de Agustín Dorantes también ha estado acompañada por señalamientos sobre su operación política al interior del PAN queretano.

    En diciembre de 2020, el periodista Sergio Arturo Venegas publicó en Plaza de Armas una columna en la que aseguró que, como entonces dirigente estatal del blanquiazul, Dorantes sostenía reuniones con políticos del PRI para ofrecerles “lo que necesitaran”, incluyendo presuntos apoyos económicos y logísticos, con el objetivo de evitar el crecimiento electoral de Morena en Querétaro.

    Según la publicación, estas presuntas negociaciones contrastaban con el compromiso público del entonces gobernador panista Francisco Domínguez Servién, quien había asegurado que su administración no intervendría en el proceso electoral.

    La columna incluso advertía que, de confirmarse ese tipo de prácticas, tanto quienes ofrecieran como quienes aceptaran esos apoyos podrían incurrir en responsabilidades electorales. No obstante, estas afirmaciones nunca derivaron en una resolución de autoridad que acreditara dichos señalamientos, aunque el episodio alimentó las críticas sobre la forma en que el PAN operaba políticamente en Querétaro.

    Un perfil que divide al PAN

    A pesar de las polémicas, Agustín Dorantes continúa siendo uno de los principales cuadros del PAN en Querétaro y uno de los aspirantes más visibles para buscar la gubernatura del estado.

    Su carrera refleja el respaldo que ha recibido del grupo político que gobierna Querétaro desde hace más de una década, pero también acumula episodios que han alimentado críticas por violencia política de género, declaraciones consideradas clasistas y diversas controversias que han acompañado su ascenso dentro del blanquiazul.

    Hoy, con Natalia Torres formando parte de su equipo político, el historial del senador vuelve a cobrar relevancia, pues detrás de la imagen del aspirante panista existe una trayectoria marcada por decisiones y polémicas que continúan siendo motivo de escrutinio público.

  • Hasta 1.7 mdp cuesta que Natalia Torres, quien dijo que no todos deberían votar, te dé clases en la UP

    Hasta 1.7 mdp cuesta que Natalia Torres, quien dijo que no todos deberían votar, te dé clases en la UP

    Estudiar Derecho en la institución privada donde imparte clases implica una inversión que puede superar los 1.5 millones de pesos.

    Las recientes declaraciones de Natalia Torres, abogada panista y docente de la Universidad Panamericana (UP), desataron una ola de críticas en redes sociales luego de que cuestionara el sufragio universal al sostener que “no todas las personas deberían votar” e incluso afirmara que preferiría “una dictadura con las personas correctas” antes que una democracia con un electorado mal informado.

    Mientras sus dichos siguen generando debate, también ha llamado la atención el costo de estudiar en la universidad donde imparte clases.

    De acuerdo con las cuotas oficiales vigentes hasta diciembre de 2025 para la licenciatura en Derecho de la Universidad Panamericana, el primer pago semestral asciende a 30 mil 436 pesos, mientras que cada crédito cuesta 3 mil 480 pesos. El primer semestre contempla 45 créditos, además de otros conceptos obligatorios.

    Las colegiaturas, correspondientes a los pagos del 2 al 6, son de 31 mil 320 pesos mensuales, a lo que se suman cargos por incorporación a la SEP, seguros e, incluso, el programa de inglés.

    En cifras generales, cursar la licenciatura en Derecho en la UP representa una inversión aproximada de 31 mil 320 a 33 mil pesos mensuales, además de una inscripción semestral cercana a los 30 mil pesos.

    Considerando la duración de la carrera y los costos oficiales, estudiar Derecho en la Universidad Panamericana implica desembolsar entre 1.5 y 1.7 millones de pesos, dependiendo de la carga académica y otros conceptos administrativos.

    Asimismo, la inversión inicial para el primer semestre puede ubicarse entre 170 mil y 185 mil pesos, al contemplar inscripción, créditos y cuotas complementarias.

    Con una carrera que puede costar hasta 1.7 millones de pesos, la pregunta queda sobre la mesa: ¿pagarías esa cantidad para que te diera clases una profesora que ha defendido públicamente la idea de restringir el derecho al voto, una postura que choca con el principio constitucional del sufragio universal que rige la democracia mexicana?

    Las declaraciones de Natalia Torres han reavivado el debate sobre el elitismo, la democracia y el acceso al voto, mientras usuarios en redes sociales cuestionan que una profesora de una de las universidades privadas más costosas del país sostenga públicamente que el derecho al sufragio no debería ser universal.

  • Ricardo Salinas Pliego llamó “monos” a personas pobres; desata ola de indignación

    Ricardo Salinas Pliego llamó “monos” a personas pobres; desata ola de indignación

    Ricardo Salinas Pliego provocó una fuerte polémica al comparar con “monos” a personas nacidas en condiciones de pobreza. Sus declaraciones fueron señaladas como clasistas y han reavivado el debate sobre la desigualdad en México.

    Ricardo Salinas Pliego provocó una fuerte polémica al comparar con “monos” a personas nacidas en condiciones de pobreza. Sus declaraciones fueron señaladas como clasistas y han reavivado el debate sobre la desigualdad en México.

    El deudor fiscal y propietario de Grupo Salinas utilizó la palabra “monos” para referirse a personas que nacen en entornos de pobreza, como Ecatepec, al intentar explicar las diferencias de oportunidades entre quienes crecen en zonas marginadas y quienes nacen en sectores privilegiados o incluso en otros países.

    Las declaraciones provocaron una inmediata reacción en redes sociales. Usuarios cuestionaron el lenguaje empleado por el empresario, mientras analistas, periodistas y ciudadanos señalaron que sus palabras reflejan una visión profundamente clasista. La controversia no solo giró en torno al término utilizado, sino a la idea de que el origen social define el destino y el valor de las personas.

    Uno de los aspectos más comentados fue la distinción que hizo el propio Salinas Pliego al excluir de esa categoría a sus hijos y a quienes nacen en zonas de alta plusvalía como Interlomas. El mensaje fue interpretado por muchos como una confirmación de una visión donde la cuna marca quién merece oportunidades y quién debe conformarse con sobrevivir a las carencias.

    La polémica cobró todavía más fuerza al recordar que el empresario mantiene una larga disputa fiscal con el Servicio de Administración Tributaria (SAT) por miles de millones de pesos. Por ello, para muchos resultó contradictorio escuchar discursos sobre desigualdad de alguien que ha sido señalado por resistirse a aportar recursos al mismo Estado que financia educación, salud e infraestructura para millones de mexicanos. 

    La frase terminó retratando más la visión de quien la pronunció que la realidad de quienes pretendía describir, porque mientras millones de mexicanos han demostrado que el talento y el trabajo no dependen del código postal, las palabras del magnate recordaron que parte de la élite económica sigue observando la pobreza desde la comodidad del privilegio y no desde la realidad de quienes la padecen.

  • Canelo Álvarez y su dura visión de la pobreza

    Canelo Álvarez y su dura visión de la pobreza

    Saúl “Canelo” Álvarez generó fuerte polémica tras afirmar que “el pobre va a ser siempre pobre porque quiere”. Muchos ven en sus palabras una postura clasista que ignora las dificultades reales de la gente humilde. Su mensaje contrasta con la imagen cercana que proyectaba el legendario Julio César Chávez.

    “Canelo” Álvarez creció en una familia humilde de Guadalajara. Él mismo vivió momentos difíciles cuando era joven. Aun así, ahora declara en un podcast que la pobreza se mantiene por decisión propia. Sus palabras dejaron a muchos seguidores con un sabor amargo.

    El boxeador explicó que se refería a la falta de educación financiera. Sin embargo, su frase principal sonó directa y dura. “El pobre va a ser siempre pobre porque quiere”, dijo sin rodeos. Esta idea encendió las redes sociales.

    Muchos criticaron que Canelo olvida los obstáculos reales. Factores como la falta de oportunidades, acceso a la educación y las desigualdades económicas afectan a millones de mexicanos. No todos parten con las mismas herramientas para avanzar.

    Además, algunos recuerdan que Canelo alcanzó la fama y la fortuna en un deporte donde las críticas sobre sus peleas y su imagen pública nunca faltan. De origen humilde como muchos, hoy parece distante de esa realidad cotidiana.

    En cambio, Julio César Chávez representa para millones la sencillez y la cercanía. El gran campeón mexicano siempre mostró empatía con la gente de barrio. Su trayectoria inspira por el esfuerzo y también por su conexión humana con los más necesitados.

    Canelo, por su parte, proyecta ahora una visión más individualista. Él insiste en la disciplina y en saber manejar el dinero. Aun así, sus declaraciones duelen porque minimizan el sufrimiento de quienes luchan cada día sin llegar a fin de mes.

    Esta polémica revela dos formas de ver el mundo. Una pone el peso en el esfuerzo personal. La otra reconoce que el sistema también influye en las oportunidades. Canelo eligió la primera.

    Al final, sus palabras invitan a reflexionar. Muchos mexicanos de origen humilde sueñan con un futuro mejor. Ellos merecen comprensión, no juicios simplistas. El boxeo une a la gente, pero frases como esta dividen. 

    La discusión continúa abierta en las calles y en las redes. Canelo Álvarez, el campeón multimillonario, ahora enfrenta el reto de explicar mejor su pensamiento a un público que aún recuerda sus raíces.

  • Gutiérrez y Córdova: La polémica de las burlas a indígenas resurge

    Gutiérrez y Córdova: La polémica de las burlas a indígenas resurge

    El legislador por Morena confronta al exconsejero del INE sobre comentarios despectivos hacia comunidades indígenas.

    En un reciente debate en Enfoque Noticias, el legislador Sergio Gutiérrez Luna puso en el centro de la discusión un escándalo que involucra al exconsejero Lorenzo Córdova. Gutiérrez recordó un episodio en el cual Córdova se burló de un líder indígena, lo que reavivó el tema de la discriminación en el ámbito político.

    Durante el encuentro, Gutiérrez criticó la aparente doble moral de Córdova. Por un lado, lo acusó de hablar de democracia y igualdad en público, mientras en privado desprecia a las comunidades más vulnerables. El legislador consideró que esta actitud refleja un clasismo y racismo que ha existido en el Instituto Nacional Electoral (INE) bajo la dirección de Córdova.

    Córdova, por su parte, defendió su postura. Negó ser parte del llamado PRIAN y aseguró que su defensa del INE es objetiva. Declaró que quienes respaldan la autonomía del órgano electoral son, erróneamente, tildados de opositores al gobierno actual. Córdova también coincidió con la oposición en su rechazo a una reforma que, según él, afectaría el funcionamiento del sistema electoral.

    El exconsejero intentó justificar las palabras que lo involucraron en la polémica. Afirmó que no se burló de las comunidades indígenas en general, sino de un líder que, a su juicio, había intentado chantajearlo pidiendo recursos y diputaciones a cambio de no boicotear las elecciones. Aunque admitió que sus frases fueron desafortunadas, aseguró que fueron una respuesta a lo que él consideraba extorsión política.

    Este enfrentamiento pone de manifiesto la tensión entre las élites políticas y las comunidades marginadas en México. A medida que el debate sobre la representación y la igualdad avanza, el recuerdo de estos incidentes se convierte en un recordatorio de los desafíos que enfrenta la democracia en el país.

  • Lorenzo Córdova quiere tapar su racismo

    Lorenzo Córdova quiere tapar su racismo

    El exconsejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello, se anda queriendo esconder bajo las piedras, después de que exhibiera su racismo hacia los pueblos indígenas, en un libro de texto gratuito.

    El descarado clasista pidió a la Secretaría de Educación Pública, a través de un amparo, que se retire y se rehaga el libro de texto gratuito de sexto de primaria “Proyectos Comunitarios“, en donde se hace referencia a su acto de racismo contra un grupo indígena en el año 2015, del cuál se filtró un audio de una llamada telefónica entre este ignorante y Edmundo Jacobo, ex secretario ejecutivo de Instituto Nacional Electoral, en la que se expresó de esta manera:

    “No voy a mentirte, te voy a decir cómo hablaba ese cabrón: ‘Yo jefe gran nación chichimeca; vengo Guanajuato. Yo decir a ti: O diputados para nosotros o yo no permitir tus elecciones’”.

    En dicho audio hacía referencia a Hipólito Arriaga Pote, quien se desempeñaba como Gobernador Nacional de los Pueblos y Comunidades Indígenas, y/o del jefe supremo de la Tribu Chichimeca en Guanajuato.

    Yadira Medina, la jueza federal que otorgó el amparo al racista Córdova, demanda que la SEP y la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg), dejen de distribuir el libro, que se elimine la referencia hacia su acto discriminatorio de las nuevas ediciones y de la versión digital. Este caso ya pasó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en donde se decidirá si son editados los libros.

  • El clasismo también vota

    El clasismo también vota

    Apenas se planteó que el pueblo podría elegir a jueces y ministros por voto popular, la élite puso el grito en el cielo. Decían que se acabaría la democracia, que habrá autoritarismo, “la gente no sabe”. Pero lo que realmente les espanta no es la reforma en sí, sino la posibilidad de perder el control del aparato judicial que siempre ha sido su trinchera.

    Tras la retórica de la defensa de la República, también se esconde el miedo al cambio. No temen un ámbito judicial que pueda llegar a ser peor; sí temen uno que puede no ser ya el suyo. Porque, en efecto, durante más de una década el Poder Judicial fue su refugio; donde se cobijan, donde aquí frenan reformas populares, donde aquí se disfrazan de legalidad todos sus privilegios.

    Impunidad es la palabra que mejor define al viejo Poder Judicial. Ministros que liberan a criminales de cuello blanco, jueces que bloquean derechos laborales, magistrados que protegen a empresarios y políticos corruptos. ¿Y ahora resulta que les indigna que la gente quiera elegirlos? No es indignación democrática, es puro clasismo con toga.

    Tantos años proclamando que la justicia debe estar “alejada de la política”, pero es un “alejada del pueblo” lo que realmente reclaman. No quieren que una trabajadora decida sobre un juez, pero sí que un juez decida sobre su salario, su sindicato o su pensión. Quieren justicia técnica, sí, pero solamente cuando les interesa. Esa doble moral ha quedado evidenciada desde el momento del anuncio de la reforma. Dicen que el pueblo no tiene formación, pero callan de frente a un ministro que cobra más que el presidente. Hablan de independencia, pero no mencionan los vínculos con despachos de abogados privados, empresas, o partidos de la derecha. Lo que les duele es perder poder.

    Antes elegían a dedo. Hoy podrían ser electos por el voto. Esa es la gran diferencia. Y no es menor: significa que los jueces le deben su cargo al pueblo, no a la cúpula. Significa que la justicia se construye desde abajo, con legitimidad, y no desde los pactos de arriba.

    Ellos lo disfrazan de preocupación por la técnica, por la razón, por la República; pero el verdadero miedo es que los que esta vez están por debajo dejen de acatar sentencias que no les representan y dicten las normas de la competición. Ojalá se entienda bien: esto no va de populismo, va de justicia. Va de romper con la herencia de un Poder Judicial que siempre ha sido un poder de los poderosos. Y si el pueblo decide cambiarlo, en todo caso no será un paso atrás en el proceso democrático, será por fin el comienzo de la auténtica justicia popular. 

  • José Ramón López Beltrán exhibe el clasismo y racismo de Jaques Audiard, director de Emilia Pérez

    José Ramón López Beltrán exhibe el clasismo y racismo de Jaques Audiard, director de Emilia Pérez

    El cineasta francés Jacques Audiard, director de Emilia Pérez, ha vuelto a generar controversia en México, esta vez por sus declaraciones sobre el idioma español.

    Durante una entrevista en Francia, Audiard afirmó que el español es un “lenguaje de países modestos, de países en desarrollo, de pobres y migrantes”, palabras que no tardaron en generar indignación en redes sociales y en la opinión pública mexicana.

    Uno de los primeros en responder fue José Ramón López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien calificó al director de clasista y racista. “Aunque al parecer no se dé cuenta”, añadió.

    Emilia Pérez: polémica y fracaso en taquilla

    Esta no es la primera vez que Audiard y su película Emilia Pérez enfrentan el rechazo en México. Desde su estreno, la cinta ha sido criticada por su representación de la cultura mexicana, la falta de investigación y la ausencia de actores mexicanos en los papeles principales.

    El desinterés del público también se ha reflejado en la taquilla. En su primer fin de semana en México, Emilia Pérez recaudó solo 9.4 millones de pesos, quedando en octavo lugar, por debajo de reestrenos como Interstellar y otras producciones como Flow y Mufasa: El Rey León.

    A pesar de su desempeño comercial, la película sigue siendo tema de conversación, aunque no precisamente por sus méritos cinematográficos, sino por las controversias que la rodean.

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  • Usuarios reaccionan al comentario clasista de Laisha Wilkins sobre los Polymarchs en la CDMX

    Usuarios reaccionan al comentario clasista de Laisha Wilkins sobre los Polymarchs en la CDMX

    Laisha Wilkins, ex actriz de Televisa y conductora, provocó una intensa polémica en redes sociales tras publicar un comentario a todas luces clasista. En su cuenta de X, antes conocida como Twitter, Wilkins escribió: “La música de los Polymarchs horrenda, pero llenó y prendió. Lo que nos dice que somos muy nacos en la CDMX. Es todo el tuit.”

    El mensaje no tardó en generar una ola de críticas. Muchos usuarios cuestionaron el tono despectivo de su publicación. Entre las respuestas más destacadas, hubo quienes señalaron la aparente contradicción entre su comentario y su carrera en la televisión. Un usuario comentó: “Esa misma gente a la que tú llamas ‘naca’ es la que consumía tus telenovelas de 3 pesos y, por lo tanto, te daba de tragar. Nena, escupiste al cielo y toda tu vasca te cayó en la geta, mi locura de amor.”

    Otros aprovecharon para reflexionar sobre cómo los gustos y costumbres están moldeados por el entorno social y las condiciones económicas. Una de las respuestas resaltó: Cuando vivías en Prado Norte (Las Lomas) y tenías tú Cherokee negra y la gente aún te reconocía, quizás nunca te diste una vuelta por Iztapalapa o por Ecatepec, menos aún caminando, ya que te habrías dado cuenta que aquellos a los que llamas “nacos” no tenían el capital para poder acceder a los antros a los que tú acostumbrabas a ir.

    También hubo quienes se enfocaron en la falta de respeto hacia las expresiones culturales populares. Un usuario mencionó: “Tú viviste muchos años de participar en novelas que iban dirigidas a esa gente “muy naca”.. y gracias a esa gente “muy naca” viviste muchos años y te diste a conocer, creo q deberías empezar el año aprendiendo a respetar los gustos de la gente que “no es como tu”. Es todo el tuit”

    Otros comentarios señalaron la ironía de emitir juicios sobre algo que se desconoce o se rechaza de manera superficial. Una de las críticas concluyó: “Criticar lo que desconocen… la ‘virtud’ de los que se sienten más que otros.”

    La publicación de Wilkins toca fibras más profundas y deja en evidencia cómo es que el derecho a la cultura y el espacio público sigue siendo, para algunos sectores privilegiados, un tema que perpetúa el clasismo y el racismo. Tal como Sandra Cuevas alguna vez intentó hacerlo, Laisha Wilkins se descubre como una figura que, mediante estgimas y descalificativos, pretenden quitarle al pueblo derechos fundamentales.

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  • El clasismo: una discriminación que atraviesa el pensamiento colectivo

    El clasismo: una discriminación que atraviesa el pensamiento colectivo

    El clasismo es una forma de discriminación basada en la pertenencia o percepción de una clase social específica, la cual implica prejuicios, estereotipos y acciones que favorecen a ciertos grupos sociales. Es algo que todos hemos ejercido alguna vez, incluso sin darnos cuenta.

    Este chip es algo que se acentuó durante el proceso neoliberal y que, como tal, hemos arraigado tan profundamente que, de manera inconsciente, lo reproducimos sin detenernos a reflexionar sobre ello. Se trata de un mecanismo social que atraviesa nuestras decisiones, juicios y comentarios cotidianos, consolidando la desigualdad y normalizando la exclusión.

    Con la llegada de la Cuarta Transformación (4T), el humanismo mexicano y el proceso de cambio que nuestro país ha llevado en lo económico y cultural, estas estructuras mentales chocan con los nuevos paradigmas. El clasismo, como forma de control y división social, se enfrenta a la propuesta de una visión más igualitaria, donde se busca derribar barreras históricas que han mantenido a ciertos sectores marginados.

    Un ejemplo claro es el turismo como derecho social. La idea de que todas las personas puedan acceder a experiencias culturales y recreativas, sin importar su condición económica, golpea directamente en lo más profundo de nuestro pensamiento capitalista. Sin embargo, en lugares como la Ciudad de México, esta visión comienza a abrirse paso, desafiando las nociones de privilegio exclusivista que durante décadas dominaron la narrativa pública.

    Bajo esta nueva perspectiva, eventos culturales masivos han suscitado fuertes críticas, evidenciando el clasismo arraigado en nuestra sociedad. Por ejemplo, la reciente contratación de Polymarchs, un reconocido colectivo de música electrónica popular, para la clausura del año en el Ángel de la Independencia. Más allá del costo —12 millones de pesos—, el debate se centra en el estigma que rodea a un “sonidero” como representante de la cultura nacional, obviando su trayectoria y alcance internacional.

    En contraste, no habría cuestionamientos si el Gobierno hubiera contratado a figuras hegemónicas de la industria cultural tradicional, como lucero, a un costo incluso mayor. El problema no es el talento ni la capacidad de convocatoria, sino el lugar desde donde se observa: un lente clasista que valora más lo asociado a élites que a expresiones populares. Polymarchs representa un sector históricamente excluido del reconocimiento oficial, y su elección incomoda porque desafía las jerarquías sociales que hemos naturalizado.

    El clasismo no es una simple preferencia estética o artística; es un acto político. Cada comentario que descalifica lo popular refuerza estructuras de poder que perpetúan desigualdades. La crítica a la música, la danza o la moda de sectores populares no solo revela un prejuicio, sino un profundo desconocimiento de la riqueza cultural que emana de esos espacios.

    Si aspiramos a una sociedad más justa, es imprescindible revisar las ideas que reproducimos. Cuestionar el clasismo es más que un ejercicio intelectual: es una tarea ética. Reconocer y valorar las expresiones culturales diversas no solo enriquece nuestro panorama, sino que construye puentes en lugar de muros.

    El clasismo se combate aceptando que todos formamos parte de un mosaico único y complejo. La cultura no debe ser vista desde el privilegio, sino desde su capacidad para unirnos, celebrando lo que somos en nuestra diversidad. Si dejamos de lado las etiquetas impuestas por la desigualdad, descubriremos que lo popular no solo es digno, sino esencial para entendernos como nación. El futuro de México no se construirá desde las cimas elitistas, sino desde el reconocimiento de nuestras raíces compartidas.