Etiqueta: Emmanuel Soriano Flores

  • Los glow ups, el neoliberalismo y Byung Chul Han

    Los glow ups, el neoliberalismo y Byung Chul Han

    Según el pensador coreano Byung Chul Han, una de las consecuencias sociales del neoliberalismo son los llamados glows up, que son los cambios que nos vende la industria como necesarios para mejorar nuestra calidad de vida, e incluye cambios físicos, estéticos o de estilo de vida para “mejorar”. El glow up se vende como un producto (dietas, cirugías, cursos de productividad), reforzando la lógica de que el valor personal depende de la capacidad de transformarse y consumir. Por cierto, dichas mejoras son promovidos como proyectos de autosuperación y siempre implican dinero y consumo de la industria alimentaria y cosmética, como no podría ser de otra manera en el capitalismo ramplón en el que vivimos. Bajo el neoliberalismo, esta idea se convierte en una obligación social: ya no basta con ser, sino que hay optimizarse constantemente para ser “exitoso”, atractivo o relevante.

    Han criticado cómo el neoliberalismo nos convierte en “emprendedores de nosotros mismos”, donde la automejora se vive como una presión internalizada (ya no hay un jefe externo que nos obligue, sino nosotros mismos). Nos sentimos mal y culpables cuando nos relajamos fuera de los lugares y tiempos establecidos como correctos: las vacaciones, las pausas laborales puntuales y el descanso de casa. El resto del tiempo está prohibido no ser productivo de alguna manera ya no en lo económico, sino en lo personal, y eso degenera inexorablemente en trastornos psicológicos.

    Debido a las exigencias del día a día de un trabajador que vive enajenado y esclavizado para enriquecer al capitalista, aunado a los glows up que impone esta sociedad neoliberal, se puede concluir que vivimos en una sociedad del cansancio y agotamiento, es decir, un sistema que reemplaza la represión clásica (leyes externas) por la autoexigencia positiva. El mantra neoliberal nos hace creer que todo es posible a través de la meritocracia, ocultando que el fracaso se atribuye al individuo (no al sistema). Un glow up fallido se vive como culpa personal. La obsesión por mejorar lleva al burnout (síndrome del quemado), ya que nunca es suficiente. Las redes sociales amplifican esto al mostrar glow ups irreales que generan comparación patológica.

    Estamos inmersos en sociedades tóxicas de consumo y todo lo que se salga del estándar es visto como raro, diferente o extravagante. Vivimos en la dictadura de la positividad y la felicidad, donde ser exitoso es obligatorio, y escapar de la comparación es difícil por no decir imposible, generando sentimientos de frustración, impotencia e infelicidad crónicos.

    Lo normal y fácil es sobrellevar las cosas hasta el agotamiento o recurrir a las drogas (legales o ilegales) para la distracción y minimización del dolor y la miseria. La psicología clásica ofrece soluciones simples al alcance de todos para esta intoxicación, pero su puesta en práctica implica un proceso de reflexión profunda y plena disposición al cual es difícil de llegar en una sociedad en la que siempre se está ocupado y el tiempo libre es limitado.

    Han ofrece como alternativas la quietud y el arte, la vulnerabilidad y aspirar a pensar más en la comunidad y no tanto en el individuo. Estas ideas son similares a las que el filósofo alemán Schopenhauer describió en su libro “El mundo como voluntad y representación, cuya propuesta central para evitar la miseria y el dolor de vivir se basaba en la anulación de la voluntad y el deseo, y el disfrute del arte, la música y la naturaleza.

  • ¿Nos arrastrará Estados Unidos a su decadencia?

    ¿Nos arrastrará Estados Unidos a su decadencia?

    Trump apuesta por un reseteo mundial de la economía donde se comience desde cero en cuanto a la deuda y poderío del dólar se refiere, pero claro, en ese hipotético punto de partida, Estados Unidos partiría con ventaja tecnológica y militar que le permitiría volver a imponer sus condiciones al resto y trataría de evitar cometer los errores del pasado: confiar en la globalización subordinada de los países del tercer mundo y pensar que podrán desestabilizar políticamente otras regiones del mundo para evitar su desarrollo. El modelo les habría funcionado indefinidamente si países como China no hubieran sido capaces de crear, al día de hoy, mejores condiciones de vida para la población; y también si la globalización les hubiera garantizado estar siempre al frene de la cadena de valor empresarial, como lo mencionó el mismo vicepresidente de Estados Unidos JD Vance.

    Diversos líderes alrededor del mundo (Putin el más importante e ellos) han denunciado los riesgos de la emisión infinita de dólares y las burbujas especulativas que siempre acaban afectando a la clase trabajadora de los países occidentales, pero, a pesar de ello, Estados Unidos siguió y siguió abusando del modelo pensando que nunca sería sobrepasado en términos tecnológicos y de innovación, y se equivocó. Hoy tienen una deuda que supera con creces su PIB, y la forma de intentar solucionarlo no es pagando, como dignamente haría un deudor que se porta decentemente y honra su palabra; su apuesta es por romper la máquina que guarda las cuentas, no importando que se cargue la gobernanza global.

    El mundo se da cuenta de ello y la mayoría de países se deshacen de sus dólares lo más rápido posible y empiezan a acumular oro. México tiene una oportunidad importantísima con la planta y el litio porque, al ser el principal productor del mundo del primero y tener una de las reservas más importantes del segundo, puede desarrollar su economía y exportaciones en materias primas de alto valor, además su potente músculo industrial.

    ¿Logrará Trump el reseteo que se propone en la magnitud necesaria para conseguir los objetivos que se propone? No lo hará si, a pesar de los aranceles, se crean alianzas estratégicas que protejan parte del sistema comercial y financiero actual, y eso ya está ocurriendo. La alianza estratégica más importante a nivel global es la de Rusia con China, pero, recientemente, los tigres asiáticos (China, Corea del Sur y Japón) se han propuesto evitar los aranceles de Washington y comerciar entre ellos, lo que es un logro histórico e impensable en la geopolítica reciente. Es decir, Estados Unidos intentará matar el sistema que él mismo creo para beneficiarse y aprovecharse del resto, pero tal vez no lo logre porque los demás se organizan para que así sea y, hoy por hoy, juntos son más fuertes que el imperio norteamericano.

    ¿En dónde queda México en esta incertidumbre global? En un escenario altamente volátil por la gran dependencia comercial con Estados Unidos. La inversión necesaria para el desarrollo no se dará sino hasta que haya condiciones ideales, pero después de la tormenta, vendrá la calma y entonces será el momento de dar ese salto hacia adelante, y con mentalidad nacionalista y patriota, se debe apostar por un desarrollo sustentable e inclusivo, evitando caer otra vez en la trampa del aperturismo ramplón que nos llevó a caer en donde estamos el día de hoy.

  • Europa humillada, México en riesgo

    Europa humillada, México en riesgo

    Después de que Trump acabara la guerra con una llamada telefónica a Putin, Europa y Ucrania se confirman como los grandes perdedores y no habrá propaganda que disfrace esto. Rusia se apropia del territorio invadido e impide que Ucrania entre a la OTAN, Estados Unidos “se cobra” el favor de financiar el armamento con 500 billones de dólares en tierras raras y otros recursos estratégicos de Ucrania; y Europa va a pagar la reconstrucción sumado a los miles de millones de euros que se invirtieron en guerra y que no llegaron a hospitales y escuelas europeas.

    ¿Pero por qué Trump arriesga el prestigio bélico de Estados Unidos y aceptar que no puede ganar una guerra proxy contra Rusia a pesar de tener el apoyo de sus esbirros de la OTAN?

    Trump está pensando concentrar y usar sus recursos estratégicos porque presiente dos cosas, la primera; una inminente derrota económica y tecnológica ante China que llevará al desgaste máximo y ruptura de la democracia liberal como forma dominante de gobierno en Occidente, lo que ocasionará caos e inestabilidad en las principales potencias occidentales; y segundo, que es mejor controlar plenamente su zona geográfica de influencia en un mundo multipolar y no querer controlar todo el mundo con sus más de 800 bases militares distribuidas en los 5 continentes, además de que la creada de la divisa BRICS y un modelo alternativo al SWIFT es inminente.

    La idea de Trump es lo que en estrategia militar se llama repliegue táctico, que significa un pequeño retroceso en sus intenciones imperialistas globales para organizarse y fortalecerse en una zona geográfica menor y, con el tiempo, intentar volverá a dominar y atacar al que desafíe su poder. No le interesa tener frentes abiertos en Ucrania, Siria, Gaza, Sudán o el Congo. Su base militar llamada Israel en Medio Oriente es todo lo que necesita para hacer presión geopolítica a sus socios petroleros de la región.

    ¿Cuál es el problema de el repliegue táctico de Estados Unidos? Que probablemente los soldados que no vayan a los lugares antes mencionados en Europa, Medio Oriente y África, puedan desplegarse en Groenlandia, Canadá, parte de Sudamérica y, específicamente, en México. A Trump y a Estados Unidos le conviene un gran despliegue militar en nuestro país porque cumpliría grandes objetivos estratégicos. El primero de ellos, mostrar que tiene suficiente poderío militar para acabar con el problema de los cárteles y la migración, y que su retirada de Ucrania fue una decisión táctica y no una derrota militar como tal. El segundo, enfocarse en asegurar el suministro de petróleo de Venezuela, lo que implica un posible derrocamiento de Maduro para, de una vez por todas, poner un gobierno títere.

    El tercero, asegurarse el control total de Groenlandia y sus incontables recursos minerales estratégicos. Y finalmente, arrodillar a Canadá tal como lo hizo con Europa para asegurarse gobernabilidad y estabilidad de ambos lados de su frontera.

    La soberanía mexicana será puesta a prueba, y esperemos salir lo mejor librados posibles.

  • El oligofrénico de la Casa Blanca no acabará bien

    El oligofrénico de la Casa Blanca no acabará bien

    Trump piensa que reventar la gobernanza global e intimidar a todos es la mejor estrategia para conseguir sus objetivos. No lo es. El mundo se está dando cuenta que Estados Unidos ya no es un socio confiable, que es mejor vender, o, al menos, diversificar las monedas de reserva en bancos centrales. Por eso es que el oro ha alcanzado niveles históricos. Nadie se fía ya de la política al estilo matón barriobajero y muchos se están deshaciendo del papel moneda.

    Lo paradójico y divertido es que el gobierno gringo se ha gastado, durante muchos años, miles de millones de dólares en propaganda contra el comunismo, el socialismo, China, Rusia y los no alineados a Occidente; y en muy pocos meses de locura Trumpiana, hasta el más despistado y despolitizado se da cuenta que Estados Unidos salva al mundo en las películas, pero en la vida real hay que salvarse de Estados Unidos; que Putin es más sensato y mucho mejor líder que Trump, y que la nueva formación económica con orientación socialista que dirige con éxito el partido comunista de China es, de lejos, la mejor opción desarrollista, evidenciando las grandes y graves fallas del capitalismo anglosajón.

    La última declaración nauseabunda de Trump fue con relación a Gaza. Dijo que Estados Unidos tomará control del territorio bombardeado y, sobre los cadáveres de niños, mujeres y civiles inocentes, construirá un desarrollo inmobiliario tipo Riviera para satisfacer a sus amos, los judeo masónicos que controlan el mundo a través de empresas de capital como Blackrock, Vanguard, State Street y Berkshire. No conforme con ello, quiere imponer a Jordania y Egipto el que reciban a casi dos millones de palestinos, como si de ganado animal se tratara.

    Como una muestra más de su arrogancia colonial, sigue insistiendo en que Groenlandia servirá como suministro energético y de recursos para Estados Unidos, que Ucrania será su reservorio de granos y tierras raras, que tomará posesión del Control de Panamá para favorecer su comercio y bloquear a China, que Canadá debería ser un estado más de su país y, finalmente, decidió cambiarle el nombre al Golfo de México, que siempre será Golfo de México.

    Esta historia ya la hemos visto antes. Alguien que quiso pasar por encima de los demás, que quiso imponer una supremacía, que quiso eliminar a sus enemigos de la forma más cruel, que quiso eliminar cualquier rastro de humanidad hacia los débiles o los desposeídos, que quiso culpar a otros de los problemas, que eran tan cínico como cruel en su discurso, y que acabó humillado. Y es que Trump encarna perfectamente el espíritu fascista e imperialista del anticristo alemán de apellido Hitler.

    Intimida a todos con aranceles, que por cierto, la mayoría de estadounidenses ignora que esos impuestos los paga el consumidor, no los vendedores. Gobierna por decretos con el pretexto de la seguridad nacional, pasando por encima de las instituciones y destruyendo acuerdos y tratados históricos. Declara abiertamente que atacará a Irán en específico y a cualquiera que se oponga a sus designios, pero como buen cobarde, prefiere el “diálogo” con Rusia y China.

    Trump representa todo lo que está mal en la política y en el mundo, y la prospectiva geopolítica indica que acabará mal. Tal vez no humillado como los gringos humillaron a Gadafi o a Hussein, pero la historia lo pondrá en su lugar, como lo peor que ha existido en política, y los estadounidenses se avergonzarán -la mayoría- como los alemanes se avergüenzan de Hitler.

    La innovación china, el poderío militar ruso, la resistencia latinoamericana y la lucha digna en el medio oriente son los puntos de partida para derrotar al Trumpismo, solo falta que Europa recobre un poco la dignidad y plante cara al “socio” que le ha puesto el pie en el cuello y debilitado a cambio de una falsa seguridad. Por su parte, México debe seguir plantando cara con dignidad y esperar con paciencia a que Trump y su discurso de odio se devore a sí mismo.

  • USAID: sicarios mediáticos a sueldo

    USAID: sicarios mediáticos a sueldo

    Hace un par de años, el presidente López Obrador denunció injerencismo de la USAID y acusó inacción de la embajada de Estados Unidos en México. Concretamente, mostró recibos de transferencias a medios golpistas como Latinus de Madrazo y Loret de Mola; y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, de Claudio X. También, se sabía ya que el turismo de guerra en Ucrania que hizo la informante de la CIA y odiadora a tiempo completo de la 4T, Denisse Dresser, había sido pagado por una organización adscrita a la USAID. En México, afortunadamente ya teníamos un poco de idea de qué era la USAID y a qué intereses servía, pero no todo el mundo.

    El escándalo sale cuando el gerente de recortes presupuestales del gobierno estadounidense, Elon Musk, decide abrir la caja de pandora de la USAID y se da cuenta que había corrupción y opacidad al estilo de un gobierno tercermundista. Es de tal magnitud el desfalco y perversas las intenciones en una supuesta organización de ayuda humanitaria que, en vez de desaparecerla, que sería lo obvio, deciden delegar provisionalmente al halcón Marco Rubio su gestión para decidir qué hacer al respecto antes de que explote la bomba mediática y dañe más a un ya desprestigiado gobierno gringo.

    La USAID y su dinero sucio hacían pensar que representaban el periodismo libre e independiente. Nada más lejos de la realidad. La USAID sigue siendo una de las formas de presión de organismos supranacionales que impidieron la llegada de gobiernos populares y colocar títeres neoliberales al estilo Milei o Noboa, dóciles al imperio y destructores de lo público.

    La USAID, en países occidentales, opera al margen de congresos y gobiernos democrática y legítimamente electos, y su supuesta labor humanitaria era realmente un caballo de troya para que servicios de inteligencia en colaboración con determinadas ONGs como la Open Society de Soros haga atrocidades de diverso tipo. Desde experimentos humanos y hasta tráfico de migrantes, la USAID financió cualquier barbaridad en países del tercer mundo con el pretexto del periodismo libre y la ayuda humanitaria.

    El partido demócrata de Estados Unidos promovió su agenda a través de la USAID. El feminismo ramplón, la ideología de género llevada al extremo y el globalismo destructor de sociedades son los claros y grandes ejemplos de ingeniería social en países Occidentales, y cuyo objetivo real siempre fue favorecer al capital, poniendo al centro de las agendas de izquierda estos temas y relegando a un segundo plano los derechos de los trabajadores, la defensa de la soberanía nacional y el valor de la familia como base de cualquier sociedad. También sirvió para presionar a países africanos para que aplicaran sanciones contra Rusia a cambio de supuesta ayuda humanitaria y, sobre todo, para blanquear a la OTAN en sus intenciones expansionistas, cuya real intención era rodear a Rusia para someterla. Otro uso no menos perverso fue blanquear cantidades ingentes de dinero de actividades ilícitas porque quién iba a dudar de una ONG y el buenondismo de la progresía mediática y sus sicarios que nunca iban a investigar a sus propios financiadores.

    La lección debe ser aprendida: no se debe permitir nunca más que organismos como la USAID, con la careta de ayuda humanitaria o periodismo independiente entre a operar a Estados soberanos, y si lo hacen porque Estados Unidos lo impone, siempre se debe denunciar cuáles son sus intenciones e informar a la sociedad permanentemente, como lo hizo el presidente López Obrador. Es la única vacuna para el injerencismo disfrazado de periodismo.

  • Hacernos respetar: amenaza nuclear

    Hacernos respetar: amenaza nuclear

    En su conocido libro “el arte de negociar” Trump enfatiza que al débil se le aplasta y con el fuerte se negocia. Este mantra lo ha aplicado en su vida empresarial y política, y los ingenuos siguen insistiendo en la diplomacia o, en muchos casos vergonzosos, en arrodillarse.

    El resultado será el mismo: humillación. Desde un Trudeau que terminó defenestrado, hasta un Milei que solo le falta tener correa para ser la perfecta mascota, muchos personajes de la política siguen empecinados en agradar al mesías naranja, pero no funcionará porque Trump solo respeta a los fuertes.

    En el caso de México, hemos contado, afortunadamente, con liderazgos fuertes e inteligentes. Andrés Manuel López Obrador supo plantar cara y mostrar dignidad discursivamente hablando, aunque luego tuvo que poner mano dura a los migrantes centroamericanos además de renegociar un tratado menos conveniente que el TLCAN; y Claudia Sheinbaum es tan inteligente como moderada, siempre hablando de soberanía y dignidad, aunque falta ver las decisiones incómodas que deberá tomar para satisfacer a Trump. Todo bien, pero, ¿cómo podríamos hacernos respetar en un mundo utópico, entendiendo que, en el real, seguiremos siendo la piñata favorita de Trump a menos que algo inusual pase? Por inusual, entendamos algo como un atendado, un ataque o un descubrimiento importante que cambie el rumbo del mundo.

    El llamado eje del mal (China, Irán, Corea del norte y Rusia, principalmente) tienen algo en común con los principales aliados europeos de Estados Unidos: tienen bombas nucleares, y en el caso de Rusia, misiles hipersónicos. Y no podría ser de otra manera, porque, para que el bully del colegio respete a sus compañeros de clase, estos necesitan mostrar que son capaces de plantarle cara de una manera creíble, y en el caso de países funciona exactamente igual.

    ¿México debería enriquecer uranio y tener un programa nuclear que amenace la supremacía de Washington? Evidentemente no. Estados Unidos nos aplastaría en el momento en que México representara una amenaza para su seguridad (real, no como los migrantes), pero sí es cierto que es la única forma en que Estados Unidos, y en específico, Trump, respeta a otros.

    ¿Por qué países como Francia, Reino Unido e Israel tiene bombas nucleares? Porque, además de ser aliados subordinados incondicionales al imperio estadounidense -dígase la OTAN-, hay una distancia geográfica importante que impide cualquier sorpresa en caso de rebelión, y también porque esos arreglos nucleares se dieron en otro momento del tiempo cuando, se supone, había menos gobernanza global. Reino Unido y Francia tienen más desarrollo y autonomía, en contraste con Israel, que es, directamente, una base militar estadounidense en el Medio Oriente para controlar sus intereses.

    ¿Podrían otros países, lejos de la zona de seguridad de Estados Unidos, hacerse respetar mediante el enriquecimiento de uranio y la generación de ojivas nucleares capaces de generar destrucción masiva con misiles a larga distancia? Sí, totalmente, pero deberán esperar a que se consolide un sistema financiero alternativo al SWIFT lo suficientemente fuerte que les permita aguantar las sanciones de Washington y sus aliados, o lo que es lo mismo, abandonar el dólar como moneda de intercambio, que es el gran objetivo de los BRICS. Cuando se logre esto, entonces, y solamente entonces, los países negociarán entre iguales y se respetarán mutuamente, como debe ser, con dignidad y mirando de frente buscando el beneficio de los pueblos, no como se hace actualmente desde el trono imperial de Estados Unidos.

  • El objetivo es balcanizar a México

    El objetivo es balcanizar a México

    Después de las declaraciones incendiarias de Trump respecto a Groenlandia, el Canal de Panamá, Canadá y el Golfo de México; el mundo se prepara para su segundo mandato, que contrario a lo que muchos creen, representa el mismo proyecto político imperialista de Estados Unidos a pesar de lo grotesco y poco diplomático de su discurso: pro-Israel, pro guerra, pro OTAN, pro sanciones a Cuba, Venezuela, Irán, etc; neoliberal, anti inmigrante y anti unión; pero hacia el futuro, hay otros planes expansionistas y balcanizadores que afectan a México.

    Divide y vencerás es la máxima de la estrategia militar en el arte de la guerra de Tzun Tzu, y el imperio anglosajón lo ha usado históricamente para impedir, mediante golpes de estado y desestabilización política, que Latinoamérica se una en una sola para ser una región competitiva, que se logre una unión africana (proyecto que lideraba Gadafi y por el cual fue asesinado), que Oriente Medio siempre esté en conflicto teniendo como protagonista a su base de guerra y portaaviones llamado Israel, que China tenga soberanía sobre Taiwán (por lo cual se vislumbra ya la siguiente guerra proxy), y, probablemente, su mayor éxito es haber ganado la guerra fría contra la ex URSS, que implicó, entre otras cosas, la disolución y balcanización de la misma.

    En un contexto más nacional, a México ya lo han ultrajado antes, cuando se apoderaron de más de la mitad de nuestro territorio nacional en el que están grandes reservas de oro, minerales y, si juntáramos la cantidad de petróleo del viejo Cantarell, el Golfo de México y los territorios usurpados a los que Sheinbaum le llamó la América Mexicana aludiendo a un mapa del siglo XVI, estaríamos hablando de la reserva petrolífera más grande del mundo, por encima de Venezuela, Rusia y Arabia Saudita. Pero los planes que tienen para México no acaban con el Golfo de México. Estados Unidos se plantea, no abiertamente pero sí en su proyecto expansionista, balcanizarnos para controlar y ampliar su zona de seguridad, y ya hay tontos útiles (y financiados) que se prestan para ello.

    Similar al protectorado que mantiene pobre y miserable a Puerto Rico, Estados Unidos pretende administrar los pedazos de un posible México fracturado, y lo haría para beneficio exclusivo de su clase trabajadora al norte de río Bravo, jamás para el sur.

    Por un lado, quiere control total de las reservas de Petróleo del Golfo de México, que, por cierto, se comparten con Cuba. Hacia el norte, le interesa controlar las reservas de Litio y las grandes manufactureras que hay en esa zona plenamente industrial, y al mismo tiempo, les interesaría que sirvieran de muro de contención para la migración, algo así como una primera barrera que diluya y desmotive a las caravanas provenientes del sur. Estados Unidos estaría encantado de que los recursos acuíferos del sur mexicano sirvan de reserva para tiempos de escasez en su territorio, y lo mismo aplicaría para Centroamérica, que al fin y al cabo representan otro cúmulo de recursos naturales a explotar con mano de obra semi esclavizada incluida para, finalmente, hacerse de facto con el Canal de Panamá.

    Dada la poca validez y credibilidad de las instituciones internacionales y sin un sistema de gobernanza global que ponga algún límite a las grandes potencias, Estados Unidos, si quisiera (y quiere), podría invadir México de la misma manera descarada y violenta que Israel lo hace con Palestina en la franja de Gaza (o un apartheid de facto en Cisjordania), y nadie en el mundo haría nada por nosotros, solo habría un realineamiento de fuerzas, como históricamente ha habido. Todos voltearían hacia otro lado y el imperio, en nombre de la seguridad, el narcotráfico, la democracia o la chorrada que se les ocurra, justificaría tal atrocidad. Al día siguiente, todos los medios hegemónicos, de forma alineada y en coro, estarían blanqueando y validando los actos de quienes los financian y amedrentan al mismo tiempo.

    Vende patrias como el cómico involuntario Gilberto Lozano (sin ninguna relevancia política, afortunadamente) y panistas excitados con la idea de una invasión suave (o incluso con una violación grave a nuestra soberanía nacional) fomentan esta idea, que ojalá no prospere porque, por más unión que haya en México, cuando Estados Unidos lo decida, pasaremos a mejor historia como mexicanos.

  • Estados Unidos: el imperio moribundo

    Estados Unidos: el imperio moribundo

    Ningún imperio ha sobrevivido a lo largo de la historia, porque, después de todo, no hay mal que dure 100 años. En la era antigua, desde las grandes civilizaciones mesoamericanas, pasando por las grandes dinastías asiáticas, los califatos árabes y hasta el imperio romano, todos cayeron, dejando un caos inicial que fue el principio de un nuevo orden aprovechado por nuevas potencias.

    Estados Unidos no es la excepción, y para beneplácito de muchos, caerá. En tiempos modernos, el imperio español dominó los mares en el siglo XIV, luego lo hizo Portugal, con quien se dividió el mundo; pero a la caída de ambos, vinieron los holandeses, y una vez que terminó su dominio, dieron paso al segundo imperio más sangriento y violento de la historia: el inglés. Cuando Estados Unidos y sus aliados ganaron la segunda guerra mundial, impusieron su nuevo orden, que vino a reafirmarse en la guerra fría con la Unión Soviética; pero ahí no acaba la historia, afortunadamente.

    No está claro si habrá un claro vencedor antagónico al dólar, al capitalismo salvaje y al protestantismo blanco anglosajón que hoy domina el mundo; o si, por el contrario, habrá un mundo multipolar post capitalista, cuyos equilibrios se repartan en diferentes latitudes geográficas; pero, lo que es un hecho, es que ya hay señales de que el mundo unipolar no lo será más.

    Decadencia en valores y fracaso de su propio modelo económico, incapaces de derrotar a los rusos, sobrepasados por los chinos, provocando guerras en Medio Oriente, perdiendo influencia en África y sometiendo a Europa, los estadounidenses muestran signos de decadencia como imperio, pero hay un problema con ello: cuando caiga, lo hará con toda la violencia posible, y es que Estados Unidos y sus gobernantes serían capaces de cargarse a civilizaciones completas si eso los acerca a una victoria global pírrica.

    La historia muestra que, en su decadencia, un imperio es capaz de lo que sea, y Estados Unidos todavía tiene mucho poder, armas y control sobre el sistema económico y financiero con el que castigan e invaden países sin miramiento alguno. El problema es que tienen cada vez menos credibilidad y obediencia perenne de otros gobiernos, incluso los aliados, y lo saben.

    Antes, eran menos obvios y trataban de tener cierta congruencia a partir de una falsa superioridad moral rubricada en sus instituciones y propagada en sus poderosos medios. Ahora, son descarados e incongruentes, y hasta el ciudadano de a pie más desinformado se da cuenta que cometen grandes atrocidades no en nombre de la democracia o un supuesto orden, sino para mantener el poder sobre los demás.

    Un imperio depredador tan violento como el estadounidense se mantiene apoyado en guerras y sometimiento, nunca con grandeza cultural o valores, a diferencia de otros imperios como el griego, que cayó ante el romano, pero el primero perduró en el tiempo por sus grandes pensadores y aportaciones a la humanidad.

    En un futuro, a Estados Unidos se le recordará más como la versión con esteroides del imperio británico, que como los que dieron gloria civilizatoria a partir de su modelo. Se sabrá que mataron a diestra y siniestra y provocaron el sufrimiento de millones solo por imponer su mundo basado en reglas, y que no permitían la disidencia, porque se sabían temerosos de un despertar moral y cultural que los superara.

    A los mortales de hoy no nos alcanzará la vida para ver el desplome del peor imperio de la historia, pero nuestros descendientes, en algún punto, lo harán, y será épico.

  • El “héroe” llamado Luigi Mangione y los riesgos de la privatización de la salud

    El “héroe” llamado Luigi Mangione y los riesgos de la privatización de la salud

    Los grandes empresarios tienen como misión principal enriquecerse a toda costa, no importa cuánto ni cómo se quiera romantizar con discursos vacíos y superfluos lo contrario, y para lograrlo, ponen en el cargo de director general a las personas más eficaces para ello, que, en el caso de la salud, significa evitar mediante todos los medios que los usuarios de pólizas de seguro que las adquieren, la usen.

    Así como a las empresas tabacaleras no les es importa en lo absoluto el cáncer de pulmón y otros daños a la salud que sus productos generan en millones de sus clientes, a las aseguradoras de salud no les importa, sobre todo, la salud de los pacientes. En cambio, el común denominador en ellas es que buscan ganar más dinero.

    El caso de Luigi Mangione, ciudadano norteamericano que asesinó a un director de una empresa aseguradora, es paradigmático. El hecho en sí es condenable e injustificable, pero ha provocado gran revuelo a nivel social, sobre todo porque en redes sociales y medios no corporativos ha sido elevada su imagen a nivel de héroe, lo que claramente es una muestra de inconformidad con el estado actual de las cosas, sobre todo en la sociedad estadounidense.

    Para contextualizar la situación en ese país, es importante decir que, según datos del gobierno, mueren unas 60 mil personas al enfermarse de gravedad por no acudir a servicios de salud debido a los altos costos. En la misma línea, 35 millones de personas (un 10% de la población) carecen de seguro médico porque no tienen para pagarlo, pero lo más doloroso a nivel social y de salud pública, es que 100 mil personas mueren por sobredosis de droga, principalmente jóvenes blancos de las grandes ciudades.

    Sin duda, esto puede considerarse como una herencia del neoliberalismo depredador que ve en todo una mercancía y posibilidad de hacer negocio. El capitalismo tecno-financiero hoy en boga beneficia cada vez menos a las grandes mayorías y empuja a la gente a la desesperación, como el caso de Mangione, que sufría dolores crónicos de espalda y enfrentó argucias legales que le impidieron recibir la atención que necesitaba, generando resentimiento mal enfocado.

    Por eso, a los que solo hablan de recortes y desregulación hay que enfrentarlos con valentía. En España, Ayuso, la presidenta del gobierno de la comunidad de Madrid, ha beneficiado a hospitales privados en detrimento de la salud pública; en Argentina, un loco con motosierra se vanagloria de recortar como nunca el presupuesto, afectando a sectores vulnerables; y en Estados Unidos, el recién ungido presidente, Donald Trump, amenaza con ser el más despiadado de todos los neoliberales.

    En el caso de México, no podemos permitir que este discurso contamine el pensamiento humanista y popular que ha implantado la 4T, cuyo propósito es ofrecer salud y medicamentos a todos. Queda mucho por mejorar, queda claro, pero jamás el camino debe ser la privatización.


    ¡Viva la salud pública, gratuita y de calidad!

  • Crimen en México y en Medio Oriente: semejanzas y diferencias

    Crimen en México y en Medio Oriente: semejanzas y diferencias

    El cártel de Sinaloa extiende sus tentáculos en el mundo, llegando hasta España. Fue noticia que el pasado 17 de noviembre se detuvo a 14 miembros de esta organización, acusados del secuestro y asesinato de una víctima en Cataluña.

    A esta organización se le conoce en todo el mundo y se ha hecho apología de sus integrantes, especialmente de Joaquín Guzmán Loera. Gracias a series tipo Netflix y canciones de artistas famosos, su popularidad aumenta, así como, aparentemente, sus negocios y beneficios.

    Parece ser que no ha habido una organización criminal tan fuerte e internacional como esta, excepto el Estado Islámico, en medio Oriente.

    ¿Cómo es posible que una organización de estas características, lejos de debilitarse, parece crecer día con día a pesar de que, en teoría, la persiguen autoridades de México, Estados Unidos y otras partes del mundo?

    Igual que el Estado Islámico, el cartel de Sinaloa parece siempre salirse con la suya. Aparentemente, desafían a los gobiernos y aterrorizan a la población. Tienen una estructura jerárquica tipo empresarial y mucho poder de fuego. Para el ejército mexicano, el cártel de Sinaloa no es rival en términos de presupuesto, tamaño y armamento; no son comparables y definitivamente no vale la pena intentar hacer el mismo ejercicio con el ejército más poderoso del mundo. La diferencia es tan grande como un elefante aplastando a una hormiga, pero, aun así, el cártel de Sinaloa es imbatible a través de los años en ambos lados de la frontera.

    Supuestamente se les persigue no solo en México, sino también en Estados Unidos, el país que tiene los mejores satélites y radares del mundo, aquel que ha descubierto otras galaxias, que ha puesto un pie en la luna, que sabe lo que hace cada humano cada minuto del día y con drones capaces de destruir milimétricamente blancos tan fuertes como un tanque o tan grandes como una empresa, ese país que presume de control y vigilancia internacional de cada punto del planeta, no ha logrado desarticular ni debilitar a esta organización criminal.

    En la sospecha puede encontrarse la respuesta más absurda o más obvia: el cártel de Sinaloa puede ser colaborador y aliado del gobierno estadounidense, al igual que el Estado Islámico. Ambos, supuestos enemigos de Occidente, del progreso, de la democracia, de la paz y del bien común; realmente se comportan (y de hecho son) como brazos armados para cumplir los objetivos de Washington.

    El Estado Islámico ha cometido actos terroristas en todos los países europeos y del medio oriente que intentaron rebelarse o no siguieron los mandatos de Washington en algún momento, pero nunca ha intentado nada con Israel o con los mismos Estados Unidos; el cártel de Sinaloa es capaz de desestabilizar a México con una masacre para poner en cintura al gobierno y pedirle que endurezca sus políticas migratorias, pero sus productos se venden perfectamente en Estados Unidos, desde Wall Street hasta el barrio más pobre de Filadelfia; el Estado Islámico es el pretexto perfecto para hacer todas las invasiones militares que se le den la gana a Estados Unidos: Irak, Libia, Afganistán, por mencionar las más recientes; y el Cártel de Sinaloa puede ser el pretexto perfecto para que Trump cumpla su promesa de campaña: declarar organizaciones terroristas a los cárteles para intervenir México en detrimento de nuestra soberanía.

    Fox les tenía miedo y no intentó absolutamente nada, Calderón fue el tonto que intentó aliarse con ellos para disminuir el resto de cárteles en México, y López Obrador intuía sobre la alianza Cártel de Sinaloa-Estados Unidos, o al menos no le parecía una locura improbable, por ello su apuesta fue a no enfrentarlos y atender las causas para tener gobernabilidad.