Etiqueta: Germán Castro

  • Generalizaciones matonas

    Generalizaciones matonas

    Atizada por la prensa y los medios conservadores, nacionales e internacionales, propagada incansablemente por la enfurecida mendacidad comentócrata y la cantaleta prianista, la narrativa pública en México sobredimensiona un riesgo y minimiza otros. Desde hace años, en el debate público suele referirse a los homicidios como una amenaza omnipresente en todo nuestro país, como una enorme sombra que oscurece a todos y todas por igual, a hombres y mujeres, a niños, jóvenes, habitantes del norte y del sur del país… Sin embargo, los datos muestran otra cosa, muestran que, para amplios grupos de edad, para las mujeres, para los habitantes de la mayor parte del territorio nacional, el riesgo dominante está en los accidentes y no en los asesinatos.

    Los homicidios, a nivel nacional, no aparecen entre las cinco principales causas de muerte de las defunciones registradas durante el primer semestre de 2025; los accidentes, tampoco: quedaron ubicados en sexta posición, pero apenas por debajo de las enfermedades del hígado: 19,292 y 19,517, respectivamente, y por agresiones (homicidios) se registraron 14,488 defunciones. En otras palabras, durante los primeros seis meses del año pasado, murieron en México 4,804 personas más por accidentes que por homicidios, lo que equivale a que los accidentes causaron aproximadamente un 33% más defunciones que la violencia homicida. Expresado en términos diarios, durante el primer semestre de 2025 ocurrieron en promedio alrededor de 106 muertes por accidentes frente a 80 por homicidios, lo que significa 26 muertes más al día por causas accidentales.

    Los accidentes aparecen entre las diez primeras causas de muerte de mujeres en México durante el primer semestre de 2025 (lugar 8); los homicidios, no. En el caso de los hombres, los accidentes aparecen como cuarta causa de muerte, mientras que los homicidios, con 12,781 registros se ubican como sexta causa. En términos porcentuales, los hombres concentraron alrededor del 88% de las defunciones por homicidio, frente a apenas el 12% correspondiente a mujeres, o sea prácticamente 9 de cada 10 personas asesinadas eran varones.

    La violencia letal no se distribuye de manera homogénea a lo largo del ciclo vital: es un fenómeno etariamente acotado. Los homicidios aparecen entre las cinco principales causas de muerte entre las personas de 10 a 54 años de edad; en cambio, los accidentes, entre las personas de menos de un año a 54 años de edad. En el grupo de 65 años y más, los homicidios ya no figuran ni siquiera entre las 10 principales causas de muerte. En contraste, los accidentes aparecen como la novena causa, con 4,416 defunciones. 

    Dato clave: durante el primer semestre de 2025, en casi 7 de cada 10 entidades federativas de la República Mexicana, los homicidios no aparecen entre las cinco principales causas de muerte. Los asesinatos se colocaron entre las cinco principales causas de muerte en 10 estados:

    ESTADORANGO QUE OCUPA LAS AGRESIONES (HOMICIDIOS) COMO CAUSA DE MUERTE
    Baja California4
    Colima4
    Chihuahua4
    Guanajuato4
    Guerrero4
    Michoacán5
    Morelos4
    Sinaloa4
    Sonora4
    Tabasco4

    Un par de apuntes al margen: 1) de los seis los estados de la República Mexicana que hacen frontera con Estados Unidos, cuatro de ellos aparecen en el listado anterior, y ellos concentran el 80% de la superficie de los diez estados en conjunto; 2) de los diez estados que aparecen en la lista anterior, seis tienen costa con el océano Pacífico. 

    Mientras en diez estados los homicidios fueron una de las cinco principales causas de muerte, en el mismo período, en 16 entidades federativas los accidentes aparecen entre las cinco principales causas de muerte, es decir, en uno de cada dos.

    Tan sólo dos estados del país, 6% del total, se registraron 17% de los homicidios registrados durante el primer semestre de 2025: Guanajuato y Chihuahua, con 1,592 y 852 registros, respectivamente. De los 14,488 homicidios registrados en México durante el primer semestre de 2025, uno de cada nueve ocurrió en Guanajuato, con un total de 1,592 víctimas. Y conviene recordar que Guanajuato no es una de las entidades con mayor superficie del país, su territorio ocupa menos del 2% del total nacional. En una entidad que representa apenas una cincuentava parte del territorio mexicano, se registró casi una novena parte de todos los homicidios ocurridos en el país en ese periodo.

    En México, lo que mata más no siempre es noticia. Hablar de los homicidios como una amenaza generalizada en nuestro país encubre la realidad: los riesgos cambian sustancialmente según edad, sexo y lugar en el que te tocó vivir.

  • El oligarca y su pobre plutócrata

    El oligarca y su pobre plutócrata

    ¿Quién será realmente el malo de la película?

    Este jueves 22 de enero el dólar gringo amaneció a 17.47 pesos. No traigo a cuento el dato para burlarme de los Chuecos, los Chumeles, los Zuckermans y compañía, lo apunto para preguntarle a usted ¿qué tal le caería que, de la nada, le entregaran 4,368 pesos? Son 250 dólares al tipo de cambio actual. Quizá, y para usar la consabida cantaleta de la aburrida retahíla conservadora mexicana, esa suma no vaya a sacar de pobre a nadie, pero estará de acuerdo conmigo al menos en dos cosas: a usted mal no le caerían —¿cenita de lujo?, ¿pago de la tarjeta?, ¿una colegiatura pendiente?— mientras que a mucha gente, a la mayoría, le cambiarían el futuro inmediato, para bien, drásticamente. Quizá a usted no le caigan nada mal, pero para cientos de millones de personas 250 dólares harían la diferencia entre comer o no comer varios días. Bueno, ahora imagine que mañana le lleguen 250 dólares no sólo a usted sino a todos y todas, o sea, no a los más de 130 millones que habitamos México, sino a los más de 8,270 millones de hombres y mujeres que vivimos en el mundo…

    Cuesta trabajo dimensionar la monstruosa concentración de la riqueza que el sistema capitalista ha generado. Es cuestión de escala. Más difícil resulta comprender la velocidad a la que se sigue acumulando el dinero en las manos de menos personas. Quizá este dato ayude:

    La cantidad de riqueza ganada por los multimillonarios en el último año es suficiente para darle a cada persona en el mundo 250 dólares estadounidenses y aún dejar a los multimillonarios más de 500 mil millones de dólares más ricos.

    Subrayo: para repartir 250 dólares a cada uno de los más de ocho millardos de personas que plagamos la Tierra sería suficiente, no la fortuna de los multimillonarios, sino nada más lo que incrementaron sus haciendas durante 2025.

    Oxfam no se anduvo por las ramas a la hora de titular su más reciente reporte anual, dado a conocer esta misma semana: Resisting the Rule of the Rich, Protecting freedom from the Billionaire power / Resistiendo el gobierno de los ricos, protegiendo la libertad del poder multimillonario.

    Lo dice clarito, con todas sus letras: el gobierno de los ricos, luego, el gobierno no es de la gente común y corriente, de la mayoría de la población: el gobierno es de los ricos, el gobierno les pertenece a los ricos… Ahora, ¿qué gobierno? ¿Todos los gobiernos del mundo? Sí, prácticamente todos. Gobiernos que representan a sus pueblos, como el de México desde 2018, son insólitas excepciones. Y en cuanto al resto: así como hay de ricos a ricos, hay de gobiernos a gobiernos, y Oxfam no esconde ni su postura ni a quiénes está señalando. En el texto de presentación de su reporte anual apuntan —traduzco—:

    Desde la elección de Donald Trump en noviembre de 2024, las fortunas de los multimillonarios han crecido a un ritmo tres veces superior al de los cinco años anteriores. Mientras los multimillonarios estadounidenses han registrado el mayor crecimiento de sus fortunas, los del resto del mundo también han experimentado aumentos de dos dígitos. El número de multimillonarios ha superado por primera vez los 3.000, y el nivel de riqueza de los multimillonarios es ahora mayor que en cualquier momento de la historia. Mientras tanto, una de cada cuatro personas en el mundo se enfrenta al hambre.

    Y nada más para que no quede duda: “el nivel de riqueza de los multimillonarios es ahora mayor que en cualquier momento de la historia” significa, en pocas palabras, que nunca antes en la historia de la Humanidad la concentración de la riqueza había sido tanta.

    Los oligarcas apañan cada vez más riqueza. Los oligarcas poseen cada vez más gobiernos. Con dinero, los más ricos compran gobiernos. Con sus gobiernos, los más ricos apañan más riqueza. Una espiral desenfrenada, mejor: una desquiciada fuerza centrípeta cuya tendencia se frasea fácil: la tendencia sistémica se dirige a que uno tenga todo.

    Elon Musk se convirtió en el primer ser humano que acumula una fortuna por encima de los 500 mil millones de dólares —más de medio billón de dólares—. Mientras tanto, una de cada cuatro personas en el mundo sufre hambre.

    Ahora, le ruego que medite usted: ¿quién será el hombre más poderoso del orbe? Considere usted que si está pensando en quien se supone que gobierna al país más poderoso del mundo —el que tiene la economía más grande y más poderío militar—, esto es, el Mega-Anómalo Megalómano, estará de acuerdo en que para el míster anaranjado el dinero vale o vale todo o casi todo… Bueno, se estima que la fortuna de Trump asciende a 6.7 mil millones de dólares… Un dineral, por supuesto, pero una suma que seguramente no le quita el sueño al señor Musk. Piénselo… Si Trump gastara 1 millón de dólares al día, tardaría unos 18 años en quedarse sin dinero; si Musk hiciera lo mismo, tardaría más de 1,300 años. 

    Pienso que los oligarcas no ejercen desde sus oligarquías, los oligarcas compran plutocracias (del griego ploutos, “riqueza”, y kratos, “poder” o “gobierno”). Como suele pasar, los sistemas plutocráticos no sean formales, es decir, todavía no existe una constitución que diga “gobiernan los ricos”, sino que operan de facto. Por lo demás, no necesitan cambiar la legislación, pueden comprar los gobiernos o incluso ocuparlos: “Los multimillonarios tienen más de 4,000 veces más probabilidades de ocupar cargos políticos que las personas ordinarias.”

    Hoy el planeta pende de los caprichos absurdos, pueriles, irracionales de un puñado de hombres —no de hombres y mujeres, sólo de hombres—: los doce multimillonarios más acaudalados del mundo tienen más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad (aproximadamente 4,600 millones de personas). Las distancias son absolutamente insalvables: si un trabajador, ya no digamos en Sur global, sino un trabajador estadounidense con salario mínimo ($7.25/hora) tendría que trabajar unos 1.05 millones de años para igualar la fortuna del plutócrata Trump, la condición y poderío del oligarca sudafricano es de otra dimensión: para igualar la de Musk, ese mismo trabajador necesitaría unos 78 millones de años (desde la época de los dinosaurios hasta hoy). Y así, millones votaron por Trump, millones admiran a Musk… 

  • Trump-etas apocalípticas

    Trump-etas apocalípticas

    El presuntuosamente llamado “orden internacional” tronó y la ONU está estancada en la inutilidad ridícula. Amaneció 2026 y, puntual, su secretario general, António Guterres, nos hizo saber que, con certeza lo que se dice certeza, quién sabe… El poco funcional funcionario tuiteó: “No podemos predecir lo que nos deparará este nuevo año, pero sí sabemos esto: el mundo necesita a la ONU más que nunca”. Para el señor que trabaja de cabeza de la ONU la historia es un guion ya escrito o que están escribiendo otros, un guion al cual no nos queda más que someternos. Para el señor que debería encaminar coordinadamente los destinos de la geopolítica la historia es algo que se padece, no algo en que lo que se intervenga. Aceptémoslo: decir “no sabemos qué pasará” desde una postura de liderazgo internacional es una forma de cinismo. Después, el consabido bla-bla-bla: “Siempre defenderemos la paz, el desarrollo sostenible y los derechos humanos. Nunca cederemos en nuestros principios. Nunca nos rendiremos.” Ajá…

    Dos días después, ya sabemos, fuerzas norteamericanas agredieron militarmente a Venezuela, mataron a un centenar de seres humanos —tan humanos como Renee Good, la ciudadana estadounidense asesinada hace unos días por el ICE en Minneapolis—, destruyeron infraestructura y viviendas de Caracas, una ciudad de un Estado Nación con el cual los gringos no están en guerra y sobre el cual no tienen ninguna jurisdicción, y luego secuestraron al presidente Maduro y a su esposa… Trump, por sus pistolas, por sus misiles, por sus dólares, por sus gónadas, mandó ejecutar un acto que mostró al orbe que, de manera palmaria, a él y a la oligarquía capitalista les importa un carajo la ley, el derecho internacional y también, de entrada, las leyes de su propio país. Eso ya lo sabíamos, pero ahora también sabemos que entramos a una fase en la cual el tecno-capitalismo fascista norteamericano actuará descaradamente.

    Luego, el ecuánime y cauto secretario general de Naciones Unidas se tomó su tiempo, dos días, para fijar postura: “En situaciones tan confusas y complejas como la que enfrentamos en Venezuela…” ¡Qué! ¿Confusas y complejas? Mire, amigo Guterres, si un grupo de personas durante días, en diferentes idiomas, desde distintos bagajes culturales, se sientan a hacerse saber mutuamente sus respectivos intereses y a tratar de que las divergencias puedan solucionarse de la mejor manera para todos, evitando sacar las pistolas para dirimir los asuntos a balazos, entonces sí podemos hablar de una situación compleja… Pero si un megalómano mega-anómalo decide bombardear a un país soberano y secuestrar a su presidente, pues la situación no es ni compleja ni confusa, es evidente y sencilla. 

    Trump ya violó el marco legal por todos sus cantos, de tal suerte que eso que escribió usted enseguida, don António, resulta muy ingenuo, demasiado, tanto que resulta estúpido: “Respeto a la Carta de la ONU. Respeto a la soberanía, la independencia política y la integridad territorial de los Estados. Prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza”. ¡Por favor! Peor, usted le hizo el caldo gordo al gordo y ayudó a justificar lo injustificable… No publicó usted una condena, un repudio, un llamado a liberar de inmediato a la pareja secuestrada por el ejército más poderoso del planeta, ¡no!, escribió: “El derecho internacional contiene herramientas para abordar cuestiones como el tráfico ilícito de narcóticos…” ¿También se tragó ese cuento? Un cuento que, horas después EU se encargó de mostrar como eso, como un cuento: que el cartel de Los Soles jamás ha existido… Peor quedó usted parado, señor secretario de la ONU, cuando el propio Trumpetas declaró que la cosa no iba de drogas, que lo que realmente les interesa es el petróleo. 

    Y por esta desvergüenza grosera ahora resulta que muchos comentócratas proyanquis e incluso gente no tan enfermita se han ido con la finta del meta-engaño. Me explico. Escucho a un montón de gente decir cosas como esta: “Al menos hay que agradecerle la sinceridad. Trump ya dijo que lo del narcotráfico es puro cuento, que llevar la democracia a Venezuela no le interesa, que lo único que quiere es robarse el petróleo venezolano”. Es decir, sí es un un gorila, pero es un gorila bien sincero. Pues no. Trump engaña montando un engaño sobre otro. Ciertamente, no le importa en lo más mínimo combatir el consumo de drogas en su país —si le importara combatiría el consumo de drogas en su país—, pero tampoco el petróleo, mucho menos le interesa la democracia… ¿Entonces? ¿Por qué ordenó el ataque a Venezuela? Por lo mismo que en cualquier momento puede invadir Groenlandia. No por soberanía, no por seguridad nacional, tampoco por recursos… Declara que actúa impulsado por “A” y luego acepta que lo hizo por “B”, pero lo hace por otra cosa. ¿Qué otra cosa? Trump sólo actúa por impulsos pulsionales primitivos. Freud etiquetó esto como “racionalización”. En su libro Psicología de las masas, advirtió cómo algunos líderes usan argumentos ideológicos para encubrir impulsos pulsionales agresivos o libidinosos. El megalómano anaranjado quiere pasar a la historia como el macho alfa del mundo, como el más gandalla de todos los tiempos. No más. No hay más racionalidad atrás. Ningún gran plan subyace a la estrategia de tapar hoy con una estupidez la estupidez que cometió ayer.

    ¿Tendrá algún límite? Con la transparencia del orate, ya lo dijo: su único límite es su propia moral. Así que estamos todos en serios problemas: no tiene moral, no tiene límites. 

  • No es increíble

    No es increíble

    El 4 de enero de 2026, un día después del secuestro en Caracas de Nicolás Maduro y su esposa, tres días antes de que el ejército norteamericano invadiera Nuuk, capital de Groenlandia, y tres días antes de que los marines gringos tomaran por asalto Palacio Nacional, aquí en la Ciudad de México, la presidenta Claudia Sheinbaum estuvo en la Refinería “Miguel Hidalgo”. ¿Se entiende? Quizá así:

    El 2 de enero de 2026, Qiu Xiaoqi, representante de China para Latinoamérica y el Caribe, realizó una visita a Venezuela y entabló un diálogo con el presidente Maduro, quien quizá esa noche se fue a dormir tranquilamente. Durante la madrugada del día 3, a las 2:00 a.m., el presidente venezolano fue capturado ilegalmente por militares estadounidenses en Caracas. La operación, ordenada por Trump, fue denominada Absolute Resolve, Resolución Absoluta, un nombre que tendría que recordarnos el nombre que le dieron los nazis a su plan de exterminio sistemático de la población judía: Solución Final. La operación yanqui en Caracas incluyó bombardeos y ataques aéreos que mataron a casi cien venezolanos, buena parte de ellos civiles. Horas después, Trump declaró: “Después de esto que hicimos anoche, podemos hacerlo de nuevo. Nadie puede detenernos”.

    Tres días después, durante las primeras horas del 7 de enero, unidades de élite del Comando Norte de Estados Unidos, con apoyo aéreo y naval, tomaron el control de Nuuk y aseguraron los puntos estratégicos de Groenlandia. El asalto se desarrolló sin una declaración de guerra y encontró una resistencia heroica pero inútil por parte de las reducidas fuerzas locales. Fuentes del Pentágono justifican la acción como “una medida de seguridad nacional”. El gobierno danés ha convocado una sesión de emergencia de la OTAN, calificando el acto como “una-violación-flagrante-de-la-soberanía-de-Dinamarca-y-del-derecho-internacional”. 

    Ahora, el despacho de la agencia AF acerca de lo sucedido en México, ese mismo día…: CDMX/Palenque, Chiapas, 7 de enero de 2026. En una acción bélica de gran escala, fuerzas estadounidenses ejecutaron dos operaciones simultáneas en México en las horas previas al nuevo día. En la CDMX, un intenso bombardeo redujo a escombros todas las instalaciones militares, incluido el aeropuerto militar de Santa Lucía, dejando la capital mexicana totalmente indefensa. Las bombas devastaron calles, comercios, infraestructura urbana. Hay más de mil muertos. Imágenes satelitales muestran enormes áreas afectadas. Minutos después, un escuadrón de helicópteros Apache y Black Hawk aterrizó en el Zócalo. Cientos de marines aniquilaron a un grupo de militares mexicanos, así como a un contingente de policías y civiles armados que intentaron defender el corazón del país con armas ligeras e, incluso, con piedras. Fue una masacre. Comandos estadounidenses ingresaron a Palacio Nacional, donde capturaron a la presidenta Sheinbaum, quien fue transportada a bordo de un V-22 Osprey a Nueva York, donde se le presentarán cargos por narcotráfico y complicidad con el gobierno de Venezuela. Casi simultáneamente, en Palenque, Chiapas, otro grupo de élite aterrizó en las afueras del poblado y asaltó el rancho “La Chingada”, en donde radicaba el expresidente López Obrador. La operación fracasó: el objetivo, es decir, el líder más importante del llamado humanismo mexicano, no se encontraba en el lugar. La desaparición del expresidente y el secuestro de la jefa de Estado sumen a México en un vacío de poder. La Casa Blanca justificó las acciones señalando que el depuesto gobierno mexicano se negaba a devolver los recursos petroleros “robados a Estados EU e Inglaterra en 1938 por el zurdo Lázaro Cárdenas”. Trump posteó en su red: “AMLO, entrégate. Tampoco te mando un abrazo. Ja, ja”.

    Resulta significativo que un día después del ataque a Caracas y dos días antes de que fuera secuestrada por los norteamericanos, la presidenta Sheinbaum haya encabezado una visita a la refinería de Tula. Durante el evento, la mandataria reseñó cómo los gobiernos de la 4T lograron revertir la destrucción de Pemex. Habló de los cambios legales que permitieron la recuperación de la capacidad de producción de Pemex. Destacó que las ocho refinerías mexicanas producen ya más de un millón de barriles diarios de petrolíferos, y subrayó su importancia en términos de soberanía. 

    China, Rusia y la UE emitieron sendos comunicados alusivos a la invasión de Groenlandia y al ataque a México, externando su preocupación por la “violación-flagrante-al-derecho-internacional”. La ONU y la OEA también se pronunciaron y se dijeron “profundamente-alarmadas”.

    En cuanto a la situación en México, la cuenta en X de a la periodista Carmen Aristegui posteó una fotografía en la que se observa a la presidenta Sheinbaum momentos antes de ser apresada por las fuerzas norteamericanas: “¿No podría haberse vestido con algo más apropiado para la ocasión?” El líder panista Ricardo Anaya celebró la intervención yanqui y aseguró que el futuro es promisorio porque en México hay mucho petróleo. El líder del PRI celebró el fin del “narcogobierno morenista” y sugirió a Trump “pegarle sus chingadazos” a todos los zurdos. La senadora Téllez, en inglés, en entrevista con Azteca, se declaró lista para asumir el gobierno provisional durante los próximos años. Trump, declaró desde su club de golf en Florida que ya es hora de que se entienda que el Golfo de México se llama Golfo de América… Agregó: “There’s no Mexico anymore; from now on is Ex-Mex”.

    Por supuesto, lo que he leído hasta aquí, quitando el ataque a Caracas y el secuestro ilegal de Maduro, es una ficción, una ficción distópica, un horror. No la escribí con el afán de hacer reír a nadie. La escribí para vislumbrar un escenario que ya no es increíble. El propio Trump, horas después de la agresión en Caracas, amenazó a nuestro país, a nuestro gobierno, a nosotros. Escribo esto para que quede claro qué quiere la derecha mexicana: quieren lo peor para todos. No es tiempo ni de reírnos ni de minimizar las estupideces que profiere el conservadurismo, sus HT machacones, narco esto y narco lo otro, sus amenazas, sus improperios y falsas acusaciones. Aplaudieron lo que sucedió en Caracas porque ellos, ahora sí, quieren que nos convirtamos en Venezuela.

  • Salación

    Salación

    Para solaz de su exclusivísima audiencia, la cual evidentemente goza horrores de que la mantengan bien y frecuentemente surtida de sal sobre sus múltiples heridas, la docta Denisse Dresser, vaya usted a saber si más furibunda que compungida o más pesarosa que endiablada, aparcada en la mesa plural —digo, los panelistas convocados eran dos— de dizque análisis transmitida por Latinus —but of course—, muy a su gusto acompañada de Héctor Aguilar Camín —igual él: quién sabe si más frenético que afligido o más desolado que rabioso— profirió el siguiente cuestionamiento: 

    Va a llegar Hugo Aguilar Ortiz [como ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación]…, ¿no hubiera sido más barato, más fácil y más democrático que ella [la presidenta Claudia Sheinbaum] lo postulara en una terna y que el Senado discutiera su trayectoria y que después los partidos votaran…?

    Aquí el novelista chetumaleño la atajó para con toda contundencia recordarle: “Ese mundo ya se acabó”, una afirmación de pe a pa post-apocalíptica, así que seguro el novelista lo espetó adolorido, porque se acabó el aludido mundo, y gozoso, porque lleva años cantando el Apocalipsis. Y ni cómo contradecir al antes orgánico y ahora desaforadamente apocalíptico, perdón, post-apocalíptico, cabecilla del grupo Nexos: efectivamente, ese mundo, el neoliberal prianista, se acabó.

    Pero volvamos con la dDD: “¿no hubiera sido más barato, más fácil y más democrático” hacerlo como antes se hacía, esto es, no cambiar nada? Es decir, ¿no hubiera sido más barato, más fácil y más democrático mandar al diablo el proyecto de Nación triunfante en las urnas, específicamente la reforma judicial y la magistral jugada política de AMLO conocida como Plan C? ¿Neta la afamada docente del ITAM requería respuesta? Quiero pensar que no, que fue una pregunta retórica, de esas que soltamos para afirmar algo y luego poder decir que uno no dijo lo que dijo, que nomás lo preguntó. Porque, disculparán ustedes la perogrullada, pero lo que la señora afirmó es simple y sencillamente que lo mejor hubiera sido seguirle como estábamos, o sea, no moverle al status quo, o sea, conservar las cosas como estaban… Puro y duro conservadurismo, pues. 

    El recurso retórico que usó la politóloga echada de Televisa —¡eso también quedó en el mundo que se acabó!— no es nuevo, más bien es un ardid tradicional del conservadurismo; van algunos ejemplos emblemáticos: ¿Acaso no hemos vivido siempre así?, musitaban los cortesanos franceses cuando el pueblo pedía pan y Constitución; ¿qué sería del país sin el orden y la autoridad del rey?, exclamaban con temblor pomposo los viejos lores cada vez que alguien osaba mencionar la palabra “república”; ¿no están los negros mejor aquí que en África?, decían los esclavistas con una sonrisa cargada de látigo; ¿de verdad queremos que cualquiera pueda ser médico, juez o presidente?, preguntaban los guardianes del mérito hereditario y de los exámenes de admisión ante cualquier intento de democratizar el acceso a la educación; ¿no es esto una forma de dividir al país?, musitan hoy los mismos de siempre —eso sí, más sensibles que nunca— cada vez que se habla de justicia social o memoria histórica. Así funcionan estas preguntas: se disfrazan de preocupación racional para encubrir una nostalgia por la desigualdad que antes no había que justificar. Son trampas del discurso: no buscan respuestas, buscan obediencia.

    Por lo demás, también conviene que flote —está de moda el verbo— como evidencia que la dDD defiende una sandez: opina que hubiera sido más democrático que una sola persona, la presidenta, eligiera a los miembros de la SCJN que, como ocurrió el domingo pasado, lo hayamos hecho entre los trece millones de ciudadanas y ciudadanos que salimos a votar.

    Por cierto, el dueño del otro extremo del falso bicolor —en realidad siempre fueron del mismo color—, Enrique Krauze se aventó la puntada —también en Latinus, dónde más— de querer convencer de que lo mucho es poco y de que la vacuidad plena es más que algo:

    … después de todo, bueno, la democracia es el gobierno de la mayoría con respeto a la minoría. Pero ahora estamos en una variante: Morena ha movilizado y acarreado al electorado de manera, digamos, sin los frutos que esperaban, y no se logró aquí el consenso o el voto de la mayoría, sino de la muy importante minoría. Entonces estamos ante una decisión en donde se impondrá una minoría, sin respetar a la mayoría, porque en este caso específico la mayoría es el 90% que no votó.

    ¡Sic, sic y recontra-sic!… Pareciera que el ingeniero no entiende que para que un voto cuente es indispensable emitirlo, votar. Yo, como por no pecar de omisión, en X traté de explicarle de la manera más rudimentaria que pude: oiga, un no voto no cuenta como voto. Lo que pude haber apostillado así: N no votos nunca son más que un voto. Ya no lo hice, no tanto por flojera sino porque en realidad aquello de “pareciera que el ingeniero no entiende” es pura retórica: el hombre entiende y más que hacerse el tonto pretende confundir y entontar a quien se deje. Con todo, no hace falta ser un exegeta consumado para comprender que la alocución de Krauze se suma al autoflagelo discursivo que se está dando la derecha mexicana. Lo muestro enseguida…

    1. Se desvivieron gritoneando que la 4T quería “apoderarse” del Poder Judicial. 
    2. Proclamaron desde siempre y más después de ocurrido que el proceso electoral del domingo pasado fue un fracaso, porque “sólo” participaron 13 millones de mexicanas y mexicanos.
    3. Ahora lamentan, lloran, claman que, después del susodicho “fracaso” la 4T se apoderó del Poder Judicial… ¡y se acabó el mundo!

    No le busque la lógica, no tiene.

  • Contrapesismo sin peso

    Contrapesismo sin peso

    Comienzo por la conclusión: el contrapesismo mexicano contemporáneo es el camuflaje de una nostalgia oligárquica. No es un argumento: es una coartada que no convence ni encubre. No alcanza.  

    El próximo domingo vamos a comenzar a concretar en las urnas el Plan C, y eso para los conservadores se traduce en que se les apareció el diablo… o mejor, se traduce en que comienzan a desaparecer los diablos que estaban a su servicio. Exorcismo mediante el sufragio popular. ¡Ya no habrá de Piña, señoritos, señoras de la derecha! Y claro, andan vueltos locos: Krauze ya publicó en el Trastorna que se acaban dos siglos de republicanismo, Aguilar Camín se grabó a sí mismo anunciando muy compungido lo que todo mundo ya sabía, que él no va a votar el domingo porque esta elección ya está ganada por las antidemocráticas fuerzas oscuras de… ¡la mayoría democrática! Las huestes de la inteligencia prianista, desde Fox y Paty Chapoy, pasando por Crespo y los Chumel, llevan días en chapoteo sincronizado tratando de convencer a la ciudadanía de que lo más democrático es no votar.

    Fiel a su maña de degradar el debate político al nivel de lastimero lamento de cantina, Claudio X. González peroratea en X que la reforma judicial “inició como una venganza y se ha convertido en una farsa”. Despotricando contra el proceso, Ricardo Anaya y Carlos Alazraki se muestran como realmente son: igualitos, tan profundo, tan inteligente y tan racional el uno como el otro. En plan descarado, Alito Moreno y Lorenzo Córdova espetan las mismas sandeces: ¡el autoritarismo de Morena quiere imponer en México… la voluntad popular! El docto Diego Valadés y Leo Zukermann advierten que si a ellos, tan sabios y leídos, no les alcanzan los estudios y la inteligencia para saber por quién y cómo votar, ¡mucho menos al pueblo menso e ignorante! La parvada de loros emplumados de zopilotes que en Azteca leen la consigna que su patrón les manda vociferar con enjundia: ¡se nos viene la dictadura! ¡Qué horror, quieren cambiar a los jueces y ministros para obligarnos a pagar impuestos a los pobres pobres multimillonarios! Y, por supuesto, todos alertan: se acabaron los contrapesos.

    ¿Qué es entonces el dichoso contrapesismo? El contrapesismo no llega a ideología, tampoco a discurso, es sólo una faramalla, es decir, pura charla artificiosa encaminada a engañar —RAE, dixit—, nada más que gesticulación exagerada, aparatosa y de poca sustancia —El Comex, dixit—…

    ¿Qué dice? Simple: la faramalla contrapesista pretende demonizar a la mayoría democrática. ¡Chusma satánica! ¡Mayoría perversa! Además, con su cantaleta lastimosa, trata de hacer parecer una víctima de un supuesto absolutismo democrático (¡!) al conjunto de los grupos de poder que perdieron el gobierno federal en julio de 2018 y han ido perdiendo prácticamente todo lo demás en el ámbito público de entonces para acá. El desvergonzado señor Quadri se tira al piso y escribe: “Tienen la presidencia, el Congreso, el INE, los órganos de regulación, los medios de comunicación (¡!), fiscalías, casi todos los gobiernos estatales y municipales, congresos estatales, y el lunes (sic), tendrán el Poder Judicial. La gente, feliz. México se acabó, señores.” O sea, quién sabe qué signifique México en la cabecita del señor, porque “la gente” no es.

    Mañosamente el conservadurismo también se esfuerza por contar como parte de sus agraviadas huestes, a una entelequia rosa a la que les encanta llamar La sociedad civil. Porque, en efecto, el contrapesismo difunde la palmaria locura de que la mayoría del electorado es algo malo y opuesto a la buena y noble sociedad civil.

    Así que más vale dejar por escrito un par de obviedades:

    1. Si una fuerza política gana la mayoría mediante el voto popular el resultado NO es antidemocrático. 
    2. El acuerdo democrático mayoritario NO es un problema, por el contrario, es una situación ventajosa para un país.

    El acuerdo colectivo mayoritario logrado democráticamente no sólo no es malo, es deseable. Conviene recordarlo porque el contrapesismo se ancla en una falacia, la falacia de que mayoría democrática es igual a totalitarismo. 

    Ahora, ¿quién profiere la faramalla contrapesista? La faramalla contrapesista es enarbolada y difundida machaconamente por el PRIAN y demás grupos político-empresariales que durante el proceso electoral federal próximo pasado se agruparon en torno al señorito X. Ellos y sus voceros mediáticos, medios y opinócratas, son sus principales jilguerillos. Al contrapesismo se adhieren el aspiracionismo rosita clasemediero, claro, y los buenaonditas que no son ni de derecha ni de izquierda, sino objetivos como la Inmaculada Concepción.

    El contrapesismo no expresa una postura política, es una pataleta de ahogado. El contrapesismo en México, hoy por hoy, es un discurso vacuo hasta la ingravidez. La ingravidez contrapesista.

    En resumen, el contrapesismo no es más que el berrinche de quienes confunden la democracia con su control del poder. Lo llaman dictadura porque ya no mandan; lo llaman autoritarismo porque el pueblo decidió sin pedirles permiso. Se les viene encima, dicen, un país gobernado por la mayoría… y ese, por fortuna, es precisamente el país que ya está aquí.

  • Trastornados

    Trastornados

    Agraviosa y maltrecha, monstruosa y contrahecha, a la derecha estrecha de este gran país ya no le queda más margen de acción que festejar tragedias. Los conservadores mexicanos quieren que a la mayoría de la gente le vaya mal, nos vaya mal. Su flamante Proyecto de Nación puede expresarse con nueve palabras: que todo se vaya al carajo para poder celebrarlo. Eso es lo único que le queda de sustancia a su ideología: el goce por el fiasco ajeno, el rechazo al bienestar colectivo, la esperanza de que la desilusión cunda, la negación sistemática del cambio… ¿Cómo llamar a este raquítico ideario?

    • Si la intención es enfatizar la falta de proyecto y su descarriada pulsión de muerte: conservadurismo nihilista. Aunque, ojo, bien podría decirse que es un oxímoron: se venden como defensores del orden, pero su práctica es el sabotaje. Así, más que desventaja tendría la prerrogativa de resaltar la hipocresía esencial de la derecha gacha. Ahora que si preferimos esquivar la aparente contradicción podemos usar conservadurismo tanático —el filósofo español Miguel Morey ya usó tanatopolítica para hablar de los regímenes que administran la muerte, como los fascistas—. El término subraya el hecho incuestionable de que, en lugar de proponer, su obsesión es destruir, negar o paralizar…
    • Si quisiéramos aludir esa actitud que no propone, sino que castiga: reaccionarismo punitivo, etiqueta que, aceptémoslo, podría ser tachada de pleonasmo, porque, efectivamente, toda postura reaccionaria es esencialmente punitiva y todo castigo, cualquier venganza es, necesariamente, reaccionaria.
    • Rencorismo: destaca que se trata de una ideología que se alimenta del enojo hacia los avances ajenos y captura la esencia de una posición política basada en el resentimiento, la nostalgia agria y la celebración del fracaso comunitario. Tiene algunas ventajas: precisión emocional, porque evoca el odio como motor ideológico —no sólo desacuerdo, sino gozo malintencionado—; resonancia histórica: resuena al ressentiment de Nietzsche —el rencor como política de los débiles que idealizan el pasado para negar el presente—; y evidencia la condición de una élite que, al sentirse desplazada, abandona cualquier proyecto y se dedica a sabotear el ajeno.
    • Derecha entrópica o ya de plano entropismo prianista: proyecta que solo se intenta generar desorden, caos o regresión. Combina Física —entropía, caos irreversible— con Política para describir una corriente que no sólo intenta oponerse al cambio, sino que se esfuerza por impulsar el desánimo y la degradación social.
    • Considerando que la oposición y sus esbirros atacan cualquier programa social de la 4T no porque lo consideren ineficaz, sino porque destruye su relato de que México debe seguir siendo el país del eterno sacrificio: miserabilismo hostil. Recalca la agresividad activa contra el bienestar ajeno, sobre todo el de los estratos sociales más desprotegidos.

    Llamémosla como la llamemos, la insatisfecha derecha mexicana ansía desdichas: que míster Trumpetas imponga aranceles, que se devalúe el peso, que el PIB se estanque, que nos pegue feo otro huracán, que se pare el metro, que los gringos impongan un impuesto a las remesas, que mañana maten a más gente, que haya recesión… Extasiados, celebraron el accidente que sufrió el Buque Escuela Cuauhtémoc en Nueva York y, claro, echaron culpas: antes nunca había pasado, luego entonces es culpa de la 4T o de Morena o de la presidenta… Insaciable de ruinas, la derecha facha desea con toda el alma que ocurran infortunios para poder parar el dedo y señalar culpables. Accidentes, fenómenos naturales, efectos dominó, pero sobre todo la enorme cauda de saldos que seguimos pagando como inercia de los pésimos gobiernos neoliberales, de todo hay que pasarle la factura a los morenacos y sus gobiernos de quinta… Así que también cabría tildar su ideología como catastrofismo inculposo, frase que destaca su adicción al apocalipsismo crónico discursivo y su compulsión por culpar al adversario. Así que, bien pensado, no estaría mal diagnosticarlos: la oposición de este país sufre de Trastorno de Catastrofización Inculposa (TCI):

    • Delirio de atribución omnidireccional
      • creencia patológica de que todo evento adverso (desde la inflación hasta los huracanes) es culpa exclusiva del gobierno en turno.
      • incapacidad para reconocer variables estructurales o herencias históricas.
    • Sesgo de confirmación catastrófica
      • sólo tienen capacidad de registro para las noticias negativas que validen su narrativa.
      • desarrollan una capacidad alquímica de transformar las buenas en pésimas noticias.
      • amnesia selectiva institucional: borrado de memoria histórica.
    • Neurogoce patriófobo crónico o Placer del Patriota Invertido: placer neuroquímico al presenciar fracasos ajenos, sobre todo cuando perjudican al país y pueden dar pie a acusar de causante al “mexicano típico”.
    • Examen de laboratorio (retórico): prueba de proyección: “Lo que usted llama ‘fracaso de la 4T’, ¿no será en realidad la metástasis de sus propias políticas fallidas o quizá la proyección delirante de sus deseos?”

    Coda

    En un aquelarre convocado por Latinus, rodeado de otros odiadores exintegrados y ahora apocalípticos a rabiar, Héctor Aguilar Camín, refiriéndose al asesinato de los funcionarios del gobierno de la CDMX, se aventó esta alhaja: “… esta ciudad ya no es más una excepción, por más que la hayamos imaginado. Es algo que sucede todos los días en otras ciudades de México. O sea, nos estamos mexicanizando en la Ciudad de México”. ¡Sopas aztecas! No es posible escatimar el logro: al chetumaleño novelista se le salió una de las expresiones más extremas del malinchismo conservador. Si alguna ONG financiada por el gobierno norteamericano otorgara la Medalla Cum Laude al Malinchismo, ya la estarían presumiendo en la portada de Nexos.

    • @gcastroibarra
  • Cedí yo

    Cedí yo

    Yo iba a escribir de otro asunto, lo juro, pero se me atravesó un tecnócrata. En realidad, no se me atravesó a mí, se nos atravesó a todos. Sin una pringa de vergüenza, brincó al ágora. Más que un tecnócrata podríamos referirnos al fantasma de otra época. El caso fue que por alguna razón que convendría averiguar, propulsado por un resorte oculto, al expresidente Zedillo le pareció una buena idea salir del silencio público en el que se hallaba para criticar a la 4T. En el espacio público se percibió el evento como una especie de aparición… Y para que la raza educada del otro lado del Bravo me entienda: Who thought it was now convenient to open that coffin?

    La lealtad del señor Zedillo

    ¿Sería un exceso especulativo de mi parte afirmar que no había absolutamente ninguna posibilidad de que el ex Politécnico Zedillo Ponce de León llegara a Los Pinos sin la decisión correspondiente, no de él ni tampoco de la mayoría del electorado mexicano, sino de un tal Carlos Salinas de Gortari? Y otra pregunta: ¿sería un juicio demasiado alejado de la realidad histórica señalar que el aludido señor Zedillo traicionó al otro economista evocado?

    Las circunstancias democráticas del señor Zedillo

    Quien hoy se expresa tan preocupado por la democracia mexicana llegó a la Presidencia como candidato del Partido Revolucionario Institucional. Eso, de por sí, no es que diga mucho, dice todo: es priísta. Es más, me temo que el recién extinto Mario Vargas Llosa lo consideraba el último de los muchos presidentes de la “dictadura perfecta”, de hecho, con el que terminó de descomponerse aquel modelito. Y perdonarán la puntualización: tomó posesión del Poder Ejecutivo no sólo como priísta, también como salinista.

    Ahora, ¿cómo estuvo la cosa para que el señor Zedillo fuera postulado como el abanderado tricolor? Para dar respuesta, permítanme citar enseguida, textualmente, a Wikipedia: “tras el asesinato de Colosio en 1994, Zedillo Ponce de León fue designado por el presidente Salinas (ratificado por el Consejo Político del PRI) como candidato sustituto”. ¿Y eso fue porque del grupo que conformaban los miembros del gabinete él, Zedillo, era el mejor posicionado, digamos, el mejor alfil de Salinas, quien podía presumir mayor popularidad? La respuesta es no. Ernesto Zedillo no era el mejor posicionado ni el más popular del gabinete salinista. Su designación como candidato sustituto del PRI no se debió a su popularidad ni a su pericia política ni, como veremos, a su experiencia en lides electorales. ¿Entonces? Bueno, es que tuvieron que considerar un detallito: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su Artículo 82, fracción VI, establece que no pueden ser electos presidente los secretarios o subsecretarios de Estado que no se hayan separado de su cargo al menos seis meses antes del día de la elección.

    Las credenciales democráticas del señor Zedillo

    Bueno, y antes de ese proceso electoral, ¿en cuántas elecciones había participado el señor Ernesto como candidato ya sea a senador, a diputado, a presidente municipal o a cualquier otro puesto de elección popular?, ¿cuántos sufragios había ganado en las urnas? La contestación puntual, precisa, sin redondear, para ambas preguntas es la misma: cero. En efecto, Zedillo Ponce de León no había sido candidato a ningún puesto de elección popular antes de 1994. No había sido antes ni ha sido después. Disculparán también ustedes la perogrullada pero conviene explicitar la obvia conclusión de lo anterior: el señor Zedillo se convirtió en primer mandatario de la Nación sin tener ninguna experiencia previa de gobierno.

    ¿Y qué tal le fue en la campaña? ¿Por cuánto ganó el día de los comicios? En la jornada electoral del 21 de agosto de 1994, resultó elegido presidente de México con 17 millones de votos, el 49.69% del padrón, es decir, sólo redondeando podemos decir que, con la mitad de los votos, la mitad, pero no con una mayoría, ni chiquita. Quizá las comparaciones duelan, pero ni modo, sea solamente por refrescar… la memoria: el presidente AMLO llegó a Palacio Nacional gracias a un tsunami de más de 30 millones de votos, los cuales, esos sí, significaron más de la mitad: 53.2% del padrón.

    Las raras apariciones del señor Zedillo

    Seguramente para la gran mayoría de quienes me estén escuchando le resulte del todo familiar la ausencia del expresidente Zedillo. Digo, el hombre lleva lo que va de los dosmiles viviendo ausente de México. ¿En el autoexilio? ¿En retiro? ¿Dándose una vida que él considera mejor fuera del país que gobernó? Muy ocasionales veces ha levantado la voz para decir cualquier cosa a todo lo largo del último cuarto de siglo. Es más, ahora que lo pienso, qué curioso es que los mismos que ahora reclaman el silencio de Andrés Manuel, un retiro y un silencio advertidos a tiempo por él mismo, no hayan jamás usado sus mismos micrófonos para exigirle declaraciones y pronunciamientos de Zedillo. Bueno, ¿quién ha oído alguna vez a Gómez Leyva o algún otro de los comentócratas que tanto extrañan a AMLO exigirle a Zedillo o a Salinas que se apersonen de vez en cuando en un estadio, en una plaza pública, en un cine…? Nadie, ¿verdad?

    En fin, que el señor Zedillo andaba ocupado en otros businesses. Durante muchos años mantuvo un perfil ya no digamos bajo sino francamente mudo en cuestiones alusivas a la política mexicana. De la banalización infame de la vida pública impulsada por el primer presidente del PRIAN no dijo nada. De la guerra contra el narco declarada irresponsablemente por Calderón no dijo nada. De la corrupción generalizada durante el sexenio de Peña no declaró nada. Sin embargo, de poco más de un año para acá ha hecho algunas declaraciones públicas, en realidad pocas y al mismo tiempo ya demasiadas, y más que significativas, diría yo, escandalosas.

    • Enero de 2024; Foro Actinver en Ciudad de México. Zedillo reapareció en un evento privado en Polanco, but of course, donde expresó su preocupación por una “regresión democrática” en México, y criticó el “populismo”, señalando que algunos líderes buscan erosionar la democracia una vez en el poder. O sea: atacando al humanismo mexicano, a AMLO, a la doctora Claudia Sheinbaum, entonces candidata de Morena a la Presidencia, y muy particularmente a la reforma al Poder Judicial que ya se les venía encima.
    • Septiembre de 2024; Conferencia de la Asociación Internacional de Abogados. De lejitos, en un video difundido por la IBA, Zedillo destacó que la debilidad del Estado de derecho es uno de los principales obstáculos para el desarrollo en México.
    • Septiembre de 2024; críticas a la reforma judicial. Zedillo criticó la reforma al Poder Judicial impulsada por la 4T, argumentando que destruirá la democracia y el Estado de derecho en México. Afirmó que la reforma es “una venganza del presidente” por no poder controlar a la Suprema Corte. Y sí, así lo dijo el mismo señor que, durante su mandato, removió al total de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para designar él mismo a los entrantes.
    • Enero de 2025; Foro de Perspectivas Económicas 2025. Durante este foro, celebrado no en el Poli ni en la UNAM sino en el ITAM, Zedillo expresó que México ha dejado de ser un país democrático, refiriéndose a la reforma judicial y a la consolidación de un partido dominante como señales de una autocracia emergente. Tal cual: un expresidente priísta vino a extendernos la carta de defunción de la democracia.
    • Abril de 2025; publicación en Letras Libre y luego entrevista en Nexos. Zedillo acusa al gobierno actual de Claudia Sheinbaum y al anterior de López Obrador de canjear la democracia por una “tiranía sucia”, criticando la reforma judicial que propone elegir jueces por voto popular.

    Los regaños del señor Zedillo

    Del Plan A no dijo nada, del B tampoco, quizá porque menospreció la capacidad de movilización que, desde Palacio Nacional, pudo concitar el primer gobierno de izquierda electo democráticamente en México. Pero al parecer, el Plan C lo enfurece, lo aterra.

    Lo irónico —por no decir cínico, porque pobres cínicos— es que sea precisamente Ernesto Zedillo quien venga ahora a regañar a la mayoría democrática por, según él, allanar el camino hacia una tiranía. El mismo expresidente que no ganó una sola elección antes de llegar a Los Pinos, que fue ungido como candidato del PRI por el sofisticado método del dedazo tras el asesinato de Colosio, y que durante su sexenio ejecutó una limpia total en la Suprema Corte para conformarla a modo, se presenta hoy como guardián del Estado de derecho y paladín de la democracia. ¿Qué clase de autoridad moral cree tener un exmandatario que gobernó con el PRI hegemónico y que, durante años, mantuvo un silencio casi absoluto sobre la vida pública del país? En sus regaños van más bien los reproches de quien añora un orden en el que las mayorías no decidían… democráticamente. 

    El error de diciembre y el Fobaproa

    El error de diciembre tuvo/tiene impacto trans-sexenal, trans-generacional. Vulneró y vulnera. Aquel enjuague dejó familias en la calle, mató sueños, achicó a la clase media, incluso fue antesala de suicidios. Pero el horror de diciembre y el Fobaproa no son cosa del pasado: conforman un mismo atajo, una pesada carga que seguimos, todas y todos, llevando en la espalda.

    Coda: gracias, señor Zedillo

    ¿Va a conseguir que le hagan una auditoría a AMLO? Ni de chiste. En cambio, tal vez consiga que le hagan juicio político a él. Eso sí, hay que agradecerle al expresidente que con su actual intervención nos haya hecho recordar las cosas y contárselas a quienes en su momento no las sufrieron.

  • ¿Concentrados o dispersos?

    ¿Concentrados o dispersos?

    El sapientísimo Perogrullo dice: la manera en la que la gente se distribuye en nuestro país no es homogénea.

    Por ejemplo, pensemos en términos de concentración urbana. Resulta que en las diez zonas metropolitanas (ZM) más pobladas de este país radican 45.4 millones de seres humanos —estoy echando mano de datos censales a 2020—, lo cual significa que, de cada 100 habitantes de México, 36 viven en cualquiera de las siguientes ZM:

    • Valle de México, CDMX, Edomex e Hgo. (21.4 millones)
    • Monterrey, NL (5.3 millones)
    • Guadalajara, Jal. (5.1 millones)
    • Puebla-Tlaxcala (3.5 millones)
    • Toluca, Edomex (2.6 millones)
    • Tijuana, BC (2.2 millones)
    • León, Gto. (2.1 millones)
    • Ciudad Juárez, Chih.
    • La Laguna, Coah. y Dgo. (1.6 millones)
    • Querétaro (1.4 millones).

    Ahora, si tomamos en cuenta que, independientemente de la continuidad urbana en términos territoriales —entre ambas se encuentra el Bosque de la Marquesa y algunos terrenos agrícolas, localidades rurales y zonas naturales protegidas—, las dinámicas socioeconómicas de las ZM del Valle de México y de Toluca están esencialmente conectadas, y consideramos así mismo la ZM de Cuernavaca, Mor. (1.1 millones de habitantes), resulta entonces que en esta enorme megalópolis vivimos prácticamente dos de cada diez habitantes de México (19.8%). Aquí, en la enorme megalópolis que se ha expandido a partir de la Ciudad de México, en la de Monterrey y en la de Guadalajara, en conjunto, residen más de 35.3 millones de personas, 28% de la población total.

    En México —1.9 millones de km²— vivimos hoy alrededor de 134 millones de personas —este año que el INEGI levante la Encuesta Intercensal 2025 se podrá precisar el dato, mientras tanto uso la proyección de CONAPO—, lo cual se traduce en que nuestro país presenta una densidad de 67 habitantes por kilómetro cuadrado (hab/km²). Bien sabemos que el dato de población relativa, como cualquier media aritmética, puede resultar muy engañoso. 

    La mayor parte de las personas a quienes tocó en suerte radicar en este país vive en su franja central. Del Pacífico al Atlántico, en el cinturón que forman las doce entidades federativas centrales habitamos más de la mitad de la población total de México: Jalisco, Colima, Michoacán, Guanajuato, Querétaro, Estado de México, Ciudad de México, Hidalgo, Morelos, Tlaxcala, Puebla y Veracruz. En total, 71.3 millones de los 129.5 millones —ahora uso los resultados de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2023, los más frescos que disponemos—, es decir 55 de cada cien habitantes. En conjunto, esta franja territorial tiene una superficie de 344.8 mil kilómetros cuadrados, de tal modo que en promedio la densidad poblacional en ella es muy superior a la nacional (67): 207 hab/km2.

    Ahora bien, en el núcleo de dicha franja central, en el polígono de 28.7 mil km2 que conforman la CDMX y los dos estados que la rodean, el Estado de México y Morelos —una superficie algo más pequeña que la que ocupa Guanajuato, con 30.6 mil km2—, radicamos un total de 28.8 millones de personas, es decir, una quinta parte de la población total del país. Y, por supuesto, la densidad poblacional aquí es mucho más alta que en el resto del país: 1,002 hab/km2.

    Dado que sólo vamos a echar mano de datos desagregados a nivel entidad federativa, asumamos que “el norte del país” lo conforman los estados más septentrionales del país, estos son, los que hacen frontera con Estados Unidos. Seis de las 32 entidades federativas que conforman México hacen frontera con la nación más acaudalada del orbe; de oeste a este: Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En ellas viven 23.6 millones de personas, 18.2% de la población total del país —ojo: tan sólo los dos estados que circundan la Ciudad de México, Morelos y el Estado de México, tienen una población conjunta de 19.5 millones de habitantes, 6.75% más que la población total de los seis estados de la República que hacen frontera con Estados Unidos—. Claro, en este grupo se hallan los estados más grandes de la República, así que no sorprende que en conjunto integren nada menos que 37% del total del territorio nacional (722.8 mil km2). Consecuente, la población relativa promedio en las entidades fronterizas del norte es muy baja: 33 hab/km2, justo la mitad respecto a la nacional. Al norte, si algo abunda es territorio.

    Bien sabemos que la región que llamamos “el sureste” no es tan austral como suele creerse. Por ejemplo, Cancún, Quintana Roo, está más al norte que la Ciudad de México, o incluso Mérida, que se encuentra más o menos a la misma latitud que San Miguel Allende, Guanajuato. Con todo, si damos por buena la tradición que entiende a la península de Yucatán como parte del sur del país, diremos que en los estados sureños —Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán— viven 21.4 millones de personas —5.4 millones menos que los que vivimos en el Estado de México y la Ciudad de México—. La superficie que abarcan estos siete estados es de 397.1 mil km2. Así las cosas, resulta pues que la densidad poblacional en esta región es menor que la del promedio nacional: 54 hab/km2.

    La población relativa a nivel nacional es de 67 hab/km2, mientras que en la franja central se eleva a 207 hab/km2, y en el núcleo de ella (CDMX, Estado de México y Morelos) aumenta dramáticamente a 1,002 hab/km2. En el conjunto de los estados del norte, la densidad es de apenas 33 hab/km2, mientras que en el grupo sureño es de 54 hab/km2, esto es, todavía por debajo del promedio nacional.

    Entonces, ¿cómo ve, vivimos concentrados o dispersos?

  • Escasos

    Escasos

    Con una superficie de 17 millones de kilómetros cuadrados (km2), Rusia es actualmente el país más extenso del mundo. Es nueve veces más grande que México. Por supuesto, los ha habido más grandes: la propia Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, sin considerar todo el Bloque del Este, llegó a tener 22 millones de km2. En su apogeo, sumando la superficie de los países satélites del Bloque del Este, la influencia territorial de la URSS se extendía por más de 23 millones de km2. Para darnos una idea de la inmensidad de esta superficie, podríamos recordar que la Corona española en su mayor auge, estamos hablando del siglo XVII, extendía su poderío por cuatro continentes:

    • América: Prácticamente toda América Central y del Sur, gran parte de América del Norte (actual México y más de una quinta parte de lo que es hoy Estados Unidos) y el Caribe.
    • Europa: España, parte de los Países Bajos e Italia (como Nápoles, Sicilia), y el Reino de Portugal durante la Unión Ibérica (1580-1640).
    • Asia: las Filipinas, que fueron una colonia española desde 1565 hasta 1898.
    • África: territorios en el norte africano como Marruecos, Ceuta, Melilla, y parte de Guinea Ecuatorial.

    Ciertamente, durante algún tiempo en los territorios españoles nunca se ocultaba el Sol. Bien, ¿qué extensión sumaban todos estos territorios? Alrededor de 14 millones de km2…, contra los 17 millones de km2 por los que hoy se extiende Rusia. Por cierto, los territorios que hoy disputa Rusia en Ucrania —Donetsk, Luhansk, Zaporizhzhia y Kherson— suman poco menos de 110 mil km².

    Con todo, Rusia, ni siquiera en el período de la URSS, ha sido la organización política con más extensión territorial. El imperio Mongol, en torno al año 1280, alcanzó una superficie de 24 millones de km2, y al término de la I Guerra Mundial, hace apenas 105 años, el Imperio Británico llegó a tener 35 millones de km2,

    Canadá, con casi 10 millones de km2 es hoy el segundo país más vasto del orbe, seguido de China y Estados Unidos, cada uno con poco más de 9.5 millones de km2. Nuestro país es el más pequeño de América del Norte. No está entre los diez países más espaciosos del mundo: se halla en el decimotercer sitio, entre Arabia Saudita —2.1 millones de km2— e Indonesia —1.9 millones de km2—.

    La extensión territorial de México, el Estado nacional que surgió hace 204  años, ha sufrido decenas de modificaciones. Al declarar su independencia, el naciente Estado se integraba por la provincia de Chiapas, la Capitanía de Yucatán, y lo que fue la Nueva España, con lo que alcanzaba una superficie de 4.4 millones de km2. Al año siguiente, 1822, cuando Iturbide se proclamó emperador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica se anexaron, de modo que el territorio mexicano alcanzó su mayor extensión: 4.9 millones de km2. Así que, en aquel momento, el Imperio Mexicano ocupaba el cuarto lugar en el ranking de los países más grandes del mundo. 

    • Imperio Ruso (22 millones de km²).
    • Dinastía Qing (China) (14 millones de km²).
    • Imperio Portugués (incluyendo Angola, Mozambique y varias lugares más en Asia y África, y también Brasil hasta septiembre de 1822, 10 millones de km²).
    • Imperio Mexicano (4.9 millones de km²).

    Pero se encadenarían después una serie de cambios en el sur: las provincias centroamericanas se separaron definitivamente (1823), en tanto que, más de una vez, el Soconusco y Yucatán se escindieron y se reincorporaron a la República Mexicana. En 1848, luego de la guerra con Estados Unidos, México fue despojado de más de la mitad de su territorio, para quedarse con dos millones de km2. Ocurrirían otros cambios menores; cuyo resultado es la actual superficie continental del país: 1,959,248 de km2 —a la que podríamos sumar los 5,127 km2 que en conjunto alcanza nuestro territorio insular—.

    Con todo, considerando la población que lo habita y en comparación a otras naciones, México es enorme. Según las Proyecciones de la población de México y de las entidades federativas 2020 a 2070 de CONAPO, a mediados de 2025 la República Mexicana estará poblada por 133 millones de seres humanos. Con este monto, el nuestro se ubica en el decimoprimer puesto entre los países más poblados del planeta, superando a Japón (123 millones) y justo atrás de Etiopía (135.5 millones), y muy distante de los dos primeros lugares, India y China, en donde, en conjunto, residen 2.88 mil millones de hombres y mujeres, poco más de un tercio de todos los habitantes del planeta (35%).

    Ahora, el 30% de la tierra emergida del planeta es asiático y allá viven seis de cada diez seres humanos. La densidad demográfica en ese continente es mucho mayor, claro, respecto a la que presentan los demás: en territorio asiático viven alrededor de 150 personas por km2, mientras que en África 50, en Europa 34, en América 24 y en Oceanía apenas cinco.

    Bulgaria, con una población que ronda los 6.7 millones de habitantes, presenta una densidad poblacional similar a la de México (61 hab/km²), aunque su territorio (110,994 km²) es ligeramente menor que el del estado de Durango (123,451 km²). 

    Aunque México (1.9 millones de km²) y Groenlandia (2.1 millones de km²) poseen extensiones territoriales similares, sus realidades poblacionales son diametralmente opuestas. Contra los 67 hab/km² de nuestro país, Groenlandia —la mayor isla del mundo, bajo soberanía danesa— tiene una población de apenas 56 mil personas, resultando en una densidad demográfica de 0.03 habitantes por km².

    En contraste, por ejemplo, la densidad de población de Francia y Polonia casi duplica a la de México: 119 y 124 habitantes por km², respectivamente; en Japón asciende a 330 hab/km²; en India, 440 hab/km²; en Corea del Sur, 510 hab/km²; en Bangladés supera los 1,170 hab/km², y en Hong Kong alcanza casi 6,600 hab/km². Para que en México viviéramos con la misma densidad poblacional que India, nuestro país tendría que albergar a 864 millones de personas, o bien, los 134 millones actuales tendríamos que concentrarnos todos únicamente en los estados de Chihuahua y San Luis Potosí, dejando el resto del territorio de la República Mexicana vacío, sin un alma.

    Dicho de otra forma, seguimos siendo un país enorme y escasamente poblado… aunque nada que ver con Rusia, donde la densidad es de 9 hab/km², o Canadá y Australia, con 4 y 3.3 hab/km², respectivamente.