Etiqueta: Germán Castro

  • Hablando se engaña a la gente

    Hablando se engaña a la gente

    ¿Qué tan distinto era el mundo hace un cuarto de siglo? Llegamos al año 2000, el último del siglo XX, con mucho miedo a un cero, y finalmente no pasó nada. Aquel miedo tenía nombre: el efecto Y2K: dado que muchos sistemas informáticos representaban las fechas con dos dígitos para el año, cundió el temor de que, al llegar el sábado 1° de enero de 2000, muchos sistemas interpretarían el “00” como 1900 en lugar de 2000 u otros despropósitos, lo que habría de provocar fallos críticos en bancos, servicios públicos y redes de transporte… A la mera hora, no pasó nada. Si bien el dichoso efecto Y2K no colapsó la dimensión digital de la Humanidad, sí que mostró a las claras que tecnología no mata ansiedades, más bien al contrario.

    Aunque no hay cifras oficiales de la Organización Mundial de Salud (OMS) para el año 2000, se estima que alrededor de un 2% de la población global padecía trastornos de ansiedad —trastornos mentales, del comportamiento o del neurodesarrollo caracterizados por miedo o ansiedad excesivos que persisten durante un período prolongado, son desproporcionados respecto al contexto y provocan un deterioro significativo en el funcionamiento de la gente—. Estudios independientes calculaban que en 2015 los trastornos de ansiedad afectaban al 2.5% de las personas en todo el orbe. Según la OMS, hace veinticinco años, el 4% de la población total del mundo padecía depresión —un trastorno mental común que implica un estado de ánimo deprimido o una pérdida de placer o interés en actividades durante largos períodos de tiempo—. A la fecha, el mismo organismo de Naciones Unidas estima que ha habido un aumento de un punto porcentual, tanto en la ansiedad como en la depresión. Y quizá de 4 a 5% no suene mucho, pero considere usted que la población mundial, a lo largo del último cuarto de siglo, aumentó de 6,145 millones a 8,185 millones, es decir, ¡33%! Luego entonces el contingente de seres humanos en depresión pasó de 210 millones de hombres y mujeres a más de 410 millones. Ese volumen de gente ya no se aprecia menor, ¿cierto? Estamos hablando de todos los hombres y mujeres que habitamos México… ¡triplicados!

    En el año 2000 la globalización era entendida como el feliz puerto de destino al que toda la humanidad estaba llegando, con el acelerador a fondo y con unas ganas locas de generar riqueza y sobre todo de consumir sin medida. Impulsado por la digitalización, internet y el inicio de la expansión vertiginosa de la telefonía móvil, el acercamiento de culturas —o su disolución en el mainstream occidental— y la expansión de las economías neoliberales —en realidad la aceleración bestial de la polarización de los recursos— se veía como un sino inevitable. La velocidad con que todo se movía en la llamada “súper carretera de la información” todavía inspiraba optimismo. Con todo, la burbuja de las punto-com estallaba, revelando que los viejos y conocidos riesgos del destrampe capitalista no se iban a controlar por obra y magia de los microchips, sino más bien al contrario. Geopolíticamente, Estados Unidos mantenía la ilusa ilusión de permanecer por los siglos de los siglos como la única superpotencia tras la Guerra Fría. En Europa, el euro comenzaba a circular, y la integración continental parecía una ruta que nadie abandonaría.

    Hace veinticinco años, el mundo vio la llegada de los teléfonos con cámara, que revolucionaron la forma de capturar momentos cotidianos, y el auge de internet como herramienta de comunicación y acceso a información personal. La pandemia de exhibicionismo/voyerismo comenzó a propagarse, a meterse en las habitaciones, los baños, las mesas, la intimidad de todas y todos: tan sólo trece años después, la palabra selfie fue elegida como Palabra del Año por el Oxford English Dictionary: el rostro de una persona posando para sí misma y retratada por sí misma, se convirtió en un fiel icono del hiper individualismo.

    El ánimo social colectivo apuntaba más hacia una renovada fe en el progreso. Avances científicos como el Proyecto Genoma Humano atizaban la esperanza. Mucha gente celebraba el nuevo milenio con fiestas globales, pero cierta sensación difusa de que el futuro sería más complejo de lo imaginado comenzaba a permear, a sentirse en el aire… El cambio climático preocupaba más bien poco y a pocos, era algo que el gran público percibía distante y no había aún sentido en carne propia.

    Justo en el año 2000, Jimmy Wales y Larry Sanger lanzan Nupedia, una enciclopedia en línea con artículos revisados por expertos. Un año después nace Wikipedia, y con ella el espejismo de la universalización de la sabiduría empieza a propagarse a la velocidad de la luz. 

    Según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y el Banco Mundial, en el año 2000, aproximadamente 6.7% de la población mundial tenía acceso a Internet. Eso equivalía a unos 413 millones de usuarios —la enorme mayoría de ellos habitantes de países desarrollados— de un total de 6,100 millones de personas en el planeta. En términos relativos, pues, muy poca gente estaba conectada a la red. Con todo, no recuerdo que nadie se quejara. La falta de información, la desinformación o la mala información no eran tema. Desde entonces, el acceso a Internet ha crecido exponencialmente: para 2015, el 43% de la población mundial estaba conectada —3.2 mil millones de usuarios—. En 2025, se estima que el 68% de la población mundial tiene acceso a Internet, lo que equivale a 5.560 millones de personas. 

    Es innegable, pues, que hoy día muchísimas más personas que antes pueden estar informadas. Nunca antes a lo largo de toda la historia de la humanidad tanta gente estuvo en contacto con tanta gente, claro, no en términos absolutos, pero tampoco en términos proporcionales. Nunca habíamos estado tan comunicados. ¿Con qué resultado? Medite usted un momento en lo siguiente: en el año 2000 ni la desinformación ni mucho menos las fake news eran preocupaciones globales. Vale recordar que el término fake news comenzó a popularizarse a nivel mundial en 2016, especialmente durante la campaña electoral para la presidencia de Estados Unidos: irónicamente, la palabra se popularizó cuando Donald Trump utilizó este término para referirse a noticias que consideraba negativas o falsas sobre su persona y sus acciones. Resulta pues que uno de los mayores generadores de noticias falsas fue quien popularizó el vocablo. Y agregue usted esto otro: ¿sabe usted cuál es el principal riesgo a corto plazo al que se enfrenta el mundo en 2025, según el Foro Económico Mundial? Pues según leo en su The Global Risks Report 2025, publicado a principios de año, no es ni el cambio climático ni la guerra arancelaria ni la guerra a bombazos y misiles ni una nueva pandemia… El principal riesgo al que hoy por hoy nos enfrentamos globalmente según los casi mil expertos consultados por el Foro es ni más ni menos que la misinformation, es decir, la información falsa o incorrecta difundida sin intención de engañar, y la disinformation, o sea la información falsa difundida a propósito, con la intención de manipular o engañar. La conclusión me parece evidente: es imposible tomarle el pelo a alguien con el cual no haya manera de comunicarse. Hace años, quizá más de veinticinco, había una campaña de publicidad de Teléfonos de México cuyo slogan era Hablando se entiende la gente, y es cierto, tan cierto como que hablando se engaña a la gente…

  • Democratizar el ahorro

    Democratizar el ahorro

    El dinero es mejor que la pobreza,
    incluso cuando sólo sea por razones financieras.

    Woody Allen

    Hace unos días se dieron a conocer los resultados de la más reciente Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF). Entre tantos dimes y diretes y jaloneos, lamentablemente el tema pasó casi desapercibido. Digo que es una pena porque esta encuesta es un ejercicio estadístico que revela cambios significativos en el acceso y uso de servicios financieros en México, cambios que, en general, deberían ser motivo de satisfacción. Veamos por qué.

    La ENIF, realizada por el INEGI en colaboración con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, proporciona información clave para evaluar el estado de la inclusión financiera en el país. Expresado de manera sencilla, mide qué tan accesibles son los servicios financieros formales para la población y qué tan extendido está su uso en todo México. Dicho acceso depende no sólo de la capacidad económica de las personas (es decir, de que tengan dinero para utilizar estos servicios), sino también de la infraestructura disponible: sucursales bancarias, cajeros automáticos, corresponsales bancarios y otras herramientas que facilitan la intermediación financiera.

    En cuanto a los servicios financieros evaluados, se consideran los más relevantes en la vida cotidiana: cuentas de ahorro, tarjetas de crédito y de débito, seguros, fondos de inversión y de retiro y métodos de pago electrónicos, entre otros.

    La ENIF se ha aplicado en cinco ocasiones: 2012, 2015, 2018, 2021 y la más reciente, realizada entre el 24 de junio y el 16 de agosto de 2024. Sus resultados tienen representatividad nacional y pueden desagregarse según el tamaño de la localidad (menos de 15 mil habitantes o más de 15 mil habitantes), así como por regiones. La encuesta toma en cuenta a la población de entre 18 y 70 años, grupo en el que se concentra la mayor parte de la actividad económica y financiera del país.

    Los datos de la ENIF 2024 muestran un avance considerable en la inclusión financiera en México. Hace menos de un decenio, en 2015, sólo el 68.4% de la población tenía al menos un producto financiero contratado. Estamos hablando de una cuenta o una tarjeta de ahorro, un crédito, un seguro o una cuenta de ahorro para el retiro o afore. Bien, repito, en 2015, el 68.4% de la población tenía al menos un producto financiero contratado. Para 2024, esta proporción ha aumentado casi diez puntos porcentuales, para pasar a 76.5%, lo que implica que más personas tienen acceso a herramientas que pueden facilitar su estabilidad económica y su planificación financiera con un poco más de tranquilidad.

    Ahora, considerando únicamente un producto financiero específico, la cuenta de ahorros formal, el cambio es mucho más notorio. Hace diez años apenas el 44% de la población contaba con una cuenta de ahorro formal. Tres años después, la proporción aumentó ligeramente, a 47.1% Sin embargo, el salto que podemos observar seis años después es impresionante: aumenta más de 15 puntos porcentuales, para ubicarse en 63% 

    ¿Cómo explicar un cambio tan pronunciado? Me parece que no hay que echar a volar la imaginación para hallar la respuesta. Además, la propia ENIF provee pistas muy claras. Por ejemplo: resulta que el 24.1% de las primeras cuentas de ahorro en localidades de menos de 15 mil habitantes, es decir, prácticamente una de cada cuatro, fueron generadas por la entrega de algún apoyo gubernamental, claro, en primerísimo lugar, los programas de bienestar.

    Otro dato que me parece destacable es el siguiente: mientras que según la ENIF 2021 el 33.9% de la gente no tenía ningún tipo de ahorro, ni formal ni tampoco informal, sólo tres años después, en 2024 ese porcentaje se redujo más de seis puntos porcentuales. Hoy pues en México más gente puede ahorrar. Se dice fácil, ¿no?

  • Feliz, feliz, feliz…

    Feliz, feliz, feliz…

    La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos.

    Marco Aurelio, Meditaciones.

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    ¡Albricias, albricias! Más limón en la profunda herida de la enclenque oposición mexicana, más dolor para el conservadurismo lastimero, más sal en la llaga gacha de la derecha facha. El apócrifo apocalipsis que un día sí y al otro igual se la pasan alertando nomás no llega. ¡Sufran, reaccionarios!: la gran mayoría de la gente en México está feliz, feliz, feliz…

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    Con la novedad de que, por primera vez desde que se realiza el Informe mundial sobre la felicidad, el principal estudio global sobre el bienestar, México se ubica entre los diez países del mundo en donde mejor declara vivir la gente.

    El Informe mundial sobre la felicidad da cuenta de la situación en 147 países. Se trata de una indagación anual realizada por el Centro de Investigación sobre el Bienestar de la Universidad de Oxford, en colaboración con Gallup, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU y un Consejo Editorial, entre quienes están académicos como John F. Helliwell, profesor emérito de la Universidad de British Columbia, y Jeffrey D. Sachs, director del Centro de Desarrollo Sustentable de la Universidad de Columbia. Esta clasificación global de la felicidad se basa en una pregunta del Gallup World Poll, derivada de la Escala de Esfuerzo Autoanclada de Cantril (Escalera de Cantril):

    Por favor, imagine una escalera con peldaños numerados del 0 en la parte inferior al 10 en la parte superior. El peldaño más alto representa la mejor vida posible para usted, y el más bajo representa la peor vida posible. ¿En qué peldaño de la escalera diría que se encuentra en este momento?

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    ¿En qué países del orbe la gente dice hallarse en los peldaños más altos de la escalera? En su última edición, dada a conocer esta semana, el Informe mundial sobre la felicidad ubica en primer lugar a Finlandia, con 7.736 puntos (Life evaluation). Le siguen en el ranking otros tres países nórdicos: Dinamarca (7.521), Islandia (7.515) y Suecia (7.345) —por cierto, y para el solaz de quienes encuentran todavía en el determinismo geográfico una explicación suficiente de la complejidad social, nórdico se deriva de norden, que en las lenguas escandinavas significa “el Norte”—. En quinto lugar, se sitúa otro país europeo: Países Bajos (7.306). Enseguida aparece uno de los dos países de América que se colaron en el top ten: Costa Rica (7.274). En séptimo lugar, otro escandinavo: Noruega (7.262). Después, el único país asiático entre los diez mejor posicionados: Israel (7.234) y a continuación otro europeo, el pequeñísimo Luxemburgo (7.122). Finalmente, y, por primera vez desde que se mide (2012) entre los diez primeros, México (6.979).

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    Así que en el World Happiness Report 2025, México se encuentra mejor posicionado que —o dicho más fácil: en México nos sentimos más felices que en…— Suiza (lugar 13), Canadá (18), Alemania (22), Estados Unidos (24), Francia (33), Brasil (36), España (38), Argentina (42) y Chile (45), por no mencionar a Japón (55), Colombia (61) y Venezuela (82).

    En el extremo opuesto de la tabla, tristemente, los países en donde las personas se reportaron menos felices fueron Zimbabue (lugar 143, con 3.396 puntos), Malawi (144, 3.260), Líbano (145, 3.188), Sierra Leona (146, 2.998) y Afganistán (147, 1.364).

    El país más poblado del planeta, India, se encuentra en el lugar 118 (4.389). En cuanto al segundo más habitado, China, se halla en una mejor posición, pero en a media tabla: lugar 68 (5.921).

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    En los diez países más felices del mundo según el Informe mundial sobre la felicidad 2025 vivimos apenas 193.5 millones de personas…, que podrán parecer muchas, pero en realidad representan solamente el 2.4% del total de la población mundial: ni siquiera tres de cada cien personas. En promedio, en cada uno de esos diez países habitan 19.35 millones de seres humanos. Más drástico: en los nueve países más felices, es decir, descontando a México, el promedio de habitantes es de sólo 6.8 millones de habitantes, menos gente que la que radica en el estado de Veracruz.

    En conjunto, la población total de los cinco países en los que viven los hombres y mujeres que se autorreportan más felices en todo el mundo —Finlandia, Dinamarca, Islandia, Suecia y Países Bajos— asciende a poco menos de 41 millones, esto es, el 0.5% de la Humanidad.

    Por supuesto, nuestro país es el más poblado, con mucho, del top ten. Si usted suma la población de los nueve países más felices del orbe, y luego multiplica por dos esa cifra llegará apenas al 93% de la población total de México. El primer país que aparece en la ranking de los más felices con más habitantes que el nuestro es Estados Unidos, y se halla como vimos en un distante lugar 24.

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    Quizá convenga apuntar algunos datos más para justipreciar que México se ubique por primera vez en el top ten del World Happiness Report 2025: considerando los casi 25 años que lleva realizándose la investigación, en esta ocasión tuvimos el aumento más importante, pasando del sitio 25 en la edición anterior al 10. De hecho, a lo largo de toda la serie histórica, en promedio hemos ocupado la posición 24. También es importante recordar tiempos difíciles: el peor lugar lo reportamos en plena pandemia, en 2021, cuando caímos hasta el sitio 46. Y de entonces para acá, una pendiente en franco ascenso… Sean felices. 

  • Europa bárbara

    Europa bárbara

    Guerroso entrometido

    ¡ADVERTENCIA!: el nivel de patetismo de la siguiente imagen podría revolverle el estómago a cualquier persona decente:

    Fecal posteó en X un fragmento de la perorata que acaba de espetar en la Plaza del Sol de Madrid, España, ante un puñado de españoles fachosos durante un acto que se anunció como “de solidaridad con Ucrania” y en realidad fue un acto en favor del armamentismo y la guerra, una sociopatía que bien conoce Europa. El michoacano que tanta violencia desató en México ahora fue a gritonear que “¡El mundo global en que vivimos… tiene una sola frontera, una sola frontera de defensa del mundo entero, la defensa de la libertad, de la justicia se llama Ucrania!”

    Al parecer en “el mundo global en que vivimos” no está México, porque el señor se cuida mucho de apersonarse por acá. ¿Se lo imaginan tirándose ese mismo rollo en el Zócalo? En fin: quede claro quiénes están a favor de la locura de rearmar hasta los dientes a Europa occidental. Quede claro quiénes impulsan la dunda narrativa de que Rusia es una amenaza para Europa occidental. ¿Dunda? Pues sí, es necia, carente de razón. Y si no, a los hechos… ¿Quiénes han sido y son una amenaza para quiénes? ¿Qué países han comenzado las guerras más sangrientas de la historia de la humanidad? ¡Memoria, memoria!

    Europa invasora

    Cualquiera puede constatarlo. A lo largo de la historia, varias potencias europeas han intentado invadir Rusia, con resultados desastrosos en la mayoría de los casos. Va una lista de las principales invasiones:

    1. Invasión de los Caballeros Teutónicos (1242)

    • Agresor: Orden Teutónica y la Orden Livona.
    • Objetivo: Expansión territorial y cristianización forzada de Rusia.
    • Resultado: Derrota en la Batalla del Lago Peipus contra Alejandro Nevski.

    2. Invasión de la Confederación Polaco-Lituana (1605-1618)

    • Agresor: Mancomunidad Polaco-Lituana.
    • Objetivo: Aprovechar el “Periodo Tumultuoso” ruso e imponer un monarca polaco.
    • Resultado: Expulsión de las tropas polacas en 1612 tras la revuelta liderada por Kuzmá Minin y Dmitri Pozharski.

    3. Invasión de Carlos XII de Suecia (1708-1709)

    • Agresor: Reino de Suecia.
    • Objetivo: Derrotar a Pedro el Grande y consolidar el dominio sueco en el Báltico.
    • Resultado: Derrota sueca en la Batalla de Poltava (1709), marcando el declive del Imperio Sueco.

    4. Invasión napoleónica (1812)

    • Agresores: Francia y un montón de aliados: Confederación del Rin, Gran Ducado de Varsovia, Reino de Italia, Reino de Nápoles, Reino de Prusia, Suecia, Dinamarca y Noruega.
    • Objetivo: supuestamente, el objetivo principal de Napoleón al invadir Rusia fue someter al Imperio Ruso para obligarlo a cumplir con el bloqueo continental contra Gran Bretaña y consolidar su hegemonía en Europa.
    • Resultado: Desastre logístico, retirada en el invierno ruso y derrota final de Napoleón en 1814.

    5. Guerra de Crimea (1853-1856)

    • Agresores: Reino Unido, Francia, Imperio Otomano y Cerdeña.
    • Objetivo: Detener el control ruso de las rutas comerciales en los Balcanes.
    • Resultado: Derrota rusa, pero sin invasión en su territorio.

    6. Intervención extranjera en la Guerra Civil Rusa (1918-1922)

    • Agresores: Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Japón y otros.
    • Objetivo: Apoyar al Ejército Blanco para quitar el poder a los bolcheviques.
    • Resultado: Retirada de las fuerzas extranjeras; consolidación del poder soviético.

    7. Invasión alemana en la Primera Guerra Mundial (1914-1918)

    • Agresores: Imperio Alemán y Austria-Hungría.
    • Objetivo: Desestabilizar a Rusia y sacarla de la guerra.
    • Resultado: Alemania pierde la guerra.

    8. Operación Barbarroja en la II Guerra Mundial (1941)

    • Agresores: Alemania nazi y aliados del Eje.
    • Objetivo: Coquistar la Unión Soviética y apoderarse de sus recursos.
    • Resultado: Derrota alemana tras las batallas de Moscú, Stalingrado y Kursk; inicio del colapso del Tercer Reich.

    ¿Rusia invasora?

    Rusia, como Estado (Imperio Ruso, Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, Confederación Rusa), no ha invadido Europa occidental en ninguna ocasión. Sus conflictos históricos con potencias europeas (por ejemplo, con Francia en el siglo XIX, y con Alemania en el siglo XX) fueron en territorio centroeuropeo o del este. La idea de una “invasión rusa a Europa occidental” corresponde más a narrativas geopolíticas de tensión (v.g.: Guerra Fría) que a hechos consumados.

    Bases militares

    ¿Quién es una amenaza para quién? 

    Actualmente, Rusia no tiene bases militares en Europa occidental. Ninguna, cero. Tras la disolución de la URSS en 1991, las tropas rusas se retiraron de los países de Europa Central y Oriental. Por ejemplo, la retirada completa de las fuerzas rusas de Alemania se completó en agosto de 1994.

    En cambio, se estima que Estados Unidos posee al menos 275 bases militares y emplazamientos en territorio europeo. Por ejemplo, en Alemania, tiene emplazados cerca de 40 mil soldados, además de la Base de Entrenamiento de Grafenwöhr, centro clave para el entrenamiento de las fuerzas de la OTAN, ubicada en Baviera. En Italia, hay más de 12 mil soldados estadounidenses y en Reino Unido cerca de diez mil.

    Además, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) mantiene una presencia militar significativa en Europa oriental, especialmente en países que se unieron a la alianza después de la Guerra Fría. Aunque la OTAN no divulga públicamente el número exacto de sus bases militares en esta región, se sabe que existen varias instalaciones clave en países como Polonia, Rumanía y los Estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania). Por ejemplo, en Rumanía se encuentra la base aérea Mihail Kogălniceanu, que alberga unos cinco mil efectivos.

    Guerra espuria

    Así que no es difícil llegar a una conclusión: la campaña belicista que está impulsando ferozmente Europa occidental, sobre todo Francia y la Unión Europea, tiene tanto sentido como la guerra contra el narcotráfico que declaró el señor Fecal.

  • ¿Somos muchos?

    ¿Somos muchos?

    Supongamos que a usted le brincó una interrogante. Supongamos que quiere saber cuántas personas viven hoy en México. Sería bastante lógico que usted acudiera al sitio web del INEGI para hallar el dato, pero me temo que un montón de gente acudirá primero a Wikipedia. Si es el caso, es probable que muchos lleguen a la entrada “Países y territorios dependientes por población”. Ahí, hallarán en las alturas de la tabla, en el sitio diez, a México, con 130 millones 536 mil habitantes. ¿A qué fecha se refiere el dato? En el cabezal de la tabla, la columna se titula “Proyección exponencial de la población al 1/1/2025”. Ahora que si usted llega a la misma entrada, pero en idioma inglés, encontrará a nuestro querido país en la misma posición, décima, pero con un poquito menos de gente: 130,294,079 habitantes.

    En el sitio especializado Statista encontré la página Twenty countries with the largest population in 2025. Aquí México, aunque con más habitantes, 131.4 millones, ya no aparece entre los diez países más poblados del orbe, sino debajo de Etiopía en la posición 11. El mismo lugar en la tabla ocupamos según los números del robusto sitio worldometer, entre Etiopía y Japón, y acá con 131.6 millones.

    A quienes los algoritmos de Google los hayan llevado a la página U.S. and World Population Clock, alojada en el sitio en internet del U.S. Census Bureau, verán que, según la oficina encargada de las estadísticas oficiales del gobierno norteamericano, en México radicamos 131.7 millones de personas, mientras que a Etiopía la ponen atrás de nosotros, con 121.3 millones. Curiosamente, la CIA, la agencia de inteligencia del mismo gobierno de Estados Unidos, informa que somos un millón menos —¿la CIA no tendrá bajo vigilancia al Census Bureau?—.

    Pero ¡bueno!, supongamos que por fin alguien se dirige a donde puede encontrar información oficial y confiable para despejar la aludida duda. Quien así lo haga, en el homepage del sitio del INEGI, justo debajo de la barra del menú, arriba a la izquierda, verá un recuadro blanco en el cual, en tres renglones, podrá leer: Población / 126,014,024 / personas. ¿Asunto solucionado? No, porque en un cuarto renglón en el mismo recuadro, con letra más chiquita, dice: 2020. En efecto, habitábamos este país poquito más de 126 millones de hombres y mujeres justo hace cinco años, cuando se llevó a cabo el más reciente Censo de Población y Vivienda —el operativo de levantamiento de la información ocurrió del 2 al 27 de marzo, justo al inicio de la pandemia—. Para darse uno una idea, quizá podría servir saber que cinco años antes, es decir, en 2015, según la Encuesta Intercensal realizada también por el INEGI, éramos 119.5 millones. Redondeando, de 2015 a 2020 aumentó la población total de México en 6.5 millones de personas. Si a lo largo de los últimos cinco años nuestra población hubiera aumentado exactamente la misma cantidad de habitantes, ahora seríamos 132.5 millones. ¿Será? Mejor, ¿seremos? 

    Por más tosca que sea la estimación anterior, mantiene cierta lógica con la cifra a la que llegó el INEGI para 2023: según los resultados de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica levantada hace un par de años, entonces éramos 129.5 millones. También en el sitio web del INEGI quien dedique un poco de tiempo para encontrarlas podrá conocer las estimaciones de población total para el país que aporta la ENOE: al cuarto trimestre de 2023, 129.6 millones, y 130.3 un año después. Ahora, según las estimaciones de la ONU a mediados de 2025 seremos un poco menos, 131.9 millones. Con todo, conviene recordar que en México, así como el INEGI es el organismo oficialmente encargado de aportar los datos censales, las estimaciones de población son responsabilidad del Consejo Nacional de Población. Bien, pues el CONAPO calcula que somos más. Según su Conciliación Demográfica de 1950 a 2019 y Proyecciones de la población de México y de las entidades federativas 2020 a 2070, a mediados de 2025 la República Mexicana estará poblada por 133.4 millones de seres humanos. 

    Tomando por buena la proyección de CONAPO, para tratar de dimensionar ¿qué tantos somos, digamos que esos 133.4 millones de personas son solamente una persona? Dada esa proporción —población total de México = 1— ¿cuántos seres humanos pueblan el planeta Tierra? Bueno, además del mexicano… o mexicana mejor, que es hoy tiempo de mujeres, el mundo tendría 60 habitantes más, la gran mayoría de ellos, 36, pululando en un continente, Asia —en la conflictiva Europa, y considerando toda Rusia como parte de ese subcontinente, en la proporción población de México igual a un habitante, viven poco menos de seis personas—. De las 61 personas que hay en el mundo, 21, más de un tercio (35%), viven en India y China. ¿Y cuántas personas habitan hoy en Estados Unidos? 2.56 

    Actualmente la alianza económica y política conocida por las siglas de los primeros países que la formaron, los BRICS, se integra por diez miembros: Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán. Si igualamos el total de habitantes de México a una persona, en los BRICS viven casi 27, mientras que en los tres países que integran el tratado de libre comercio que Trump está dinamitando cuatro solamente.

    Siempre conviene tomar cierta perspectiva para calarle el agua a los frijoles, más cuando las cosas se ponen color de hormiga.

    • @gcastroibarra
  • Lesiones autoinfligidas intencionalmente I

    Lesiones autoinfligidas intencionalmente I

    We do not suffer by accident.

    Jane Austen, Pride and Prejudice

    Hace unos días con un grupo de estudiosos del alma humana comentaba un texto de la psicoanalista británica Jane Temperley alusivo al concepto de posición depresiva construido por Melanie Klein (1882-1960). El tema llevó fatalmente al asunto del suicidio. Algunos mencionaron determinadas tendencias; por ejemplo, que es más común que los hombres atenten contra su propia vida que las mujeres, y algo se dijo también dijo acerca de la manera diferenciada en la que se presenta el fenómeno en los diferentes tramos de la vida: ciertamente, ahora es más raro que se suicide la gente mayor y más común que lo hagan los jóvenes. Causalidades de la vida, ese mismo día, pero muy temprano por la mañana, el INEGI dio a conocer las cifras preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas correspondientes al período que va de enero a septiembre de 2024. ¿Qué dicen los datos duros más recientes?

    En principio hay que decir que afortunadamente el suicidio —“lesiones autoinfligidas intencionalmente” se denomina oficialmente— no aparece como una de las principales diez causas de muerte en este país. Las tres primeras causas de muerte son las mismas tanto para hombres como para mujeres: en un primerísimo lugar están las enfermedades del corazón: de enero a septiembre de 2024 se registraron casi 145 mil fallecimientos debido a ellas. En segundo sitio está la temible diabetes mellitus, con poco más de 84 mil registros, y enseguida, con 71.3 mil muertes, los tumores malignos, el pérfido cáncer. En el cuarto peldaño encontramos a las enfermedades del hígado (30,263 muertes registradas). Hasta aquí, pues, las principales procedencias de la mortalidad en nuestro país son enfermedades no transmisibles.

    Sin embargo, la quinta causa de muerte en México se clasifica como “externa” y corresponde a eventos que, por definición, no debieron haber ocurrido: accidentes. De enero a septiembre del año pasado se registró que 29,585 hombres y mujeres dejaron este mundo en México accidentalmente. No estoy afirmando, claro, que dichos óbitos ocurrieron sin que existieran las condiciones respectivas —quien murió porque se rompió la cabeza porque se cayó de un caballo, andaba a caballo en un sitio en el cual la ley de la gravedad manda—, retrotraigo sólo lo obvio: un accidente es precisamente un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas, y andar a caballo no tiene por esencia romperse la crisma. Aplica aquí una frase que tristemente uno escucha muchas veces en los velorios: No debió ocurrir. Por lo demás cualquiera puede intuir que en la enorme mayoría de dichos accidentes no estuvo involucrado un equino ni cualquier otro cuadrúpedo, sino, seguramente, un automóvil de combustión interna. No sólo, me temo que quien esté leyendo esto tendrá el prejuicio de que, tratándose de accidentes, los varones somos mucho más propensos a cometerlos que las damas. Si es su caso, permítame decirle que su prejuicio es certero: 78 de cada 100 muertes por accidente tuvieron como víctima a un masculino. 

    Las dos siguientes causas de muerte, sexta y séptima, son también enfermedades: influenza y neumonía —estas sí transmisibles— y padecimientos cerebrovasculares. En octavo lugar —no debería estar en ninguno— se ubican los asesinatos: 23,334, 88% de los cuales fueron perpetrados en contra de un hombre. Finalmente, en los dos últimos sitios de las diez principales causas de muerte se hallan las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas y la insuficiencia renal.

    Únicamente hasta que segmentamos el total de las defunciones registradas por grupos de edad aparece, lamentabilísimamente, el suicidio. Si bien no encontramos este flagelo entre las diez primeras causas de muerte en los grupos etarios hasta los nueve años, en el grupo de niños y niñas de 10 a 14 años las lesiones autoinfligidas intencionalmente se posicionan como la cuarta causa de muerte. En el siguiente grupo de edad, 15 a 24 suben un escalón, para quedar sólo por debajo de los accidentes y los homicidios: estamos hablando de 1,443 jovencitas y jovencitas que se quitaron la vida. En adelante, el suicidio va desplazándose: entre la gente de 25 a 34 años fue la quinta causa de muerte; de 35 a 44 años, la séptima; de 45 a 54, la décima, y después de los 55 ya no aparece entre las diez primeras. Y vale la pena subrayarlo: en cambio, no hay un solo momento de la vida en la cual los accidentes no estén ubicados entre las diez principales causas de muerte en México —de hecho, de 0 a 54 años, siempre entre las cinco primeras—.

    En fin, hay que cuidarse; de por sí, estar vivo siempre es mortal.

    • @gcastroibarra
  • La increíble y exorbitante hacienda del oligarca pretoriano y su jefe descocado

    La increíble y exorbitante hacienda del oligarca pretoriano y su jefe descocado

    Un africano inmigrante en un país de América, Estados Unidos, seguramente él sí con papeles, posee una fortuna estimada en casi 385 mil millones de dólares. Hablamos de cinco veces más dinero que lo que ha amasado el mexicano Carlos Slim. Se escribe fácil, pero 385 millardos de dólares es una cifra estratosférica, fuera de nuestra perspectiva. Intentemos aterrizarla… o “interiorizarla”, como dijo el oligofrénico sudamericano.

    Yo me muevo cotidianamente en bicicleta. Ocasionalmente, para algunos trayectos largos o cuando está lloviendo, uso el metrobús o el metro, pero prefiero andar sobre dos ruedas o incluso caminando. No tengo bici propia, uso las ecobici, el sistema de bicicletas públicas compartidas del gobierno de la Ciudad de México. Por eso, la mayor parte de mi gasto de transporte lo pago en una anualidad. Hoy sigue costando lo mismo que pagué la última vez: 545 pesos. Considerando que, en promedio, realizo 14 viajes a la semana en bici, esto es, 728 al año, cada viaje me cuesta 75 centavos de peso. Si usara siempre el metro, que cuesta 5 pesos por viaje, e hiciera el mismo número de trayectos, gastaría 3,640 pesos al año, y si usara el metrobús, que cuesta un peso más que el metro, gastaría anualmente 4,368 pesos.

    Bueno, ¿y si me comprara un auto? El Renault Kwid es uno de los autos nuevos más baratos en México, quizá el más barato. Es un auto compacto que se promociona como una opción “eficiente en el consumo de combustible, ideal para la ciudad”. Su precio inicial en agencia ronda los 230,000 pesos. Si el auto me durara cinco años, sin contar gasolina, servicios, reparaciones, estacionamientos, mantenimientos, seguros, tenencia, en fin, cada trayecto me costaría 63 pesos…, contra los 75 centavos de la ecobici. Nada más 8,300% de diferencia.

    Pero, bueno, quedémonos con el “eficiente” Renault Kwid. Su costo, 230 mil pesos, con los cuales me alcanzaría para pagar 422 años de ecobici, es ridículo respecto al costo de un Tesla es el Model S Plaid, que alcanza un precio base de 2,630,000 pesos. Usted podría comprarse once Renault Kwid con ese dinero, y le sobrarían más de cien mil pesos para sus chuchulucos. Ahora, tampoco se vaya usted de espaldas con el costo de un Tesla S Plaid, porque si de viajar en la CDMX se trata y uno quiere evitarse el tráfico y el contacto con el resto de los mortales, pues nada mejor que un helicóptero. Un helicóptero Bell 206 Jet Ranger III cuesta sólo 850 mil dólares, así que usted nada más necesitaría la cantidad de dinero que le costaría el Tesla S Plaid 6.6 veces. No es tanto, échele ganas. Ahora, si pensamos que usted puede pagarse un helicóptero muy probablemente sus trayectos no tengan nada que ver con los míos. Seguramente usted se mueva alegremente por el mundo, mínimo CDMX-NY, NY-Miami, Miami-Monterrey…, en fin. Entonces usted requiere no un helicóptero, sino un avioncito. Mire, un avión ejecutivo ligero Embraer Phenom 100 le costaría apenas unos 4.5 millones dólares, es decir, unos 400 carritos Renault Kwid.

    Bueno, dese usted una idea: el señor africano aludido, dueño por cierto de Tesla, podría gastarse su fortuna comprando 42 mil avioncitos Embraer Phenom 100, 125 mil helicópteros Bell 206 Jet Ranger III, 200 mil Tesla S Plaid, un millón de Renault Kwid, pagarnos cinco años de anualidades de ecobici a cada uno los 9.2 millones de habitantes de la CDMX, y le quedarían poquito más de 51 mil millones de dólares para ir pasándola. El magnate, quien, por cierto, se llama Elon Reeve Musk, tiene 53 años cumplidos, Si suponemos que además de dinero, el pretoriano —nació en Pretoria— tiene buena genética y suerte, y alcance los cien años con vida, pues le quedan 47, así que en promedio podría gastar, sin necesidad de hacerse un céntimo más, 1,094 millones de dólares por año, casi 3 millones de dólares… al día.

    En suma, míster Musk tiene un océano de dinero. El tipo es tan rico que, al parecer, ya se compró una casa blanca con todo y la voluntad de su inquilino actual. En fin… El hombre más rico del planeta, quien ahora se divierte troleando al gobierno de Estados Unidos desde el gobierno de Estados Unidos, anda muy apurado corriendo gente de la burocracia gringa, y además ya le quitó todo el dinero a los programas de ayuda e intervención disfrazada y descarada, todo para ahorrar. Dijo hace un par de días que lo hace para combatir a la burocracia y reinstalar la democracia. Mientras tanto, míster Trump, ¿su jefe?, en su red social —en la de él, no en la de Musk— posteó un mensaje el día 19 de febrero que terminó con la leyenda LONG LIVE THE KING!, así, en gritonas mayúsculas. Por cierto, el actual presidente de Estados Unidos en junio cumplirá 79 años. Ojalá todavía pueda andar en bicicleta, es muy disfrutable.

    • @gcastroibarra
  • Sumar ceros

    Sumar ceros

    Si bien el dinero no puede comprar la felicidad,
    ciertamente te permite elegir tu forma de miseria.

    Groucho Marx

    No sé si fueron ellos quienes acuñaron la palabrita, pero en su más reciente reporte anual, publicado hace apenas unos días, los investigadores de Oxfam echan mano del término milmillonario. Cualquiera puede deducir su significado: un milmillonario es un sujeto que posee al menos mil millones. ¿Mil millones de qué? De lo que sea: piedras, burros, piñatas, yuanes… En el caso concreto del informe de Oxfam —El saqueo continúa. Pobreza y desigualdad extrema, la herencia del colonialismo—los milmillonarios aludidos son los dueños de al menos mil millones de dólares estadounidenses.

    Milmillonario no es un vocablo que aparezca en el diccionario de la RAE, pero no estaría mal que lo incluyeran. Abonaría en favor de la claridad y en contra de la confusión que suele provocar la falsa cognación que existe entre el inglés billion y el español billón. Recuerden: para los angloparlantes one billion, es igual a mil millones, mientras que para nosotros un billón es igual a un millón de millones. No hace mucho la propia RAE incorporó una palabra para traducir al español el inglés billion: millardo, es decir, mil millones. Así, por ejemplo, la población total del mundo asciende a 8.2 millardos de seres humanos, eight point two billion inhabitants.

    Un milmillonario, pues, es el feliz dueño de al menos mil millones de algo, de un millardo de algo, de libros, de pesos, de dólares… Milmillonario —y no billonario— corresponde a la palabra billionaire en inglés.

    Mil millones es una cifra que usted y yo entendemos, digo, sabemos qué un millón de millares es igual a diez millones de cientos… o a diez cientos de millones… o a cien millones de decenas, y que un millón son diez mil cientos o cien mil decenas, por ejemplo. De acuerdo, podremos saber todo eso, podemos escribir los guarismos correspondientes con el número correcto de ceros a la derecha, incluso podemos realizar operaciones aritméticas con magnitudes enormes, pero difícilmente dimensionamos los montos. Tratándose de cifras abultadas, el brinco del dígito —del concepto matemático— a lo analógico no lo pega cualquiera. Comprender grandes números no es un problema de algunos sino una condición de todos: los humanos en general batallamos para asimilar cantidades ingentes, sencillamente porque son abstracciones que se refieren a realidades que están muy por encima de nuestra propia escala. Usted y yo tenemos dos manos, cada una con cinco dedos, así que podemos vislumbrar muy bien qué son dos gatos jugando en un departamento o seis manzanas sobre una mesa o siete cubetas llenas de agua que hay que subir tres pisos por las escaleras, incluso no nos cuesta mucho trabajo visualizar que si uno compra un kilo de huevo usualmente se llevará unas 18 piezas. Pero, a ver, qué tanto podemos dimensionar esto: más de 3,500 millones de personas hoy por hoy viven por debajo del umbral de pobreza establecido por el Banco Mundial. Trate de visualizarlo: 3.57 millardos de hombres y mujeres tienen que sobrevivir con 6.85 dólares al día. ¿O qué tal así? En la actualidad, el número de pobres que se las tiene que arreglar con 140 pesos diarios es igual a la población total de nuestro país… multiplicada 27.5 veces. ¿O así? Mientras usted lee, hay en el mundo más gente por debajo del umbral de la pobreza que la población total de África, Europa, América y Oceanía, en conjunto.

    Hace unos cuantos días, el martes 28 de enero pasado, un afamado compatriota nuestro cumplió 85 años. El aniversario fue motivo de una nota de la revista Forbes, una nota por la cual pude enterarme de lo siguiente: “el multimillonario Carlos Slim suma una fortuna de 77,400 millones de dólares”. Es decir, 77.4 mil millones de dólares, 77.4 millardos de dólares.

    — Ah, bien por él.

    — Uy, ¡cuánta lana!

    Ahora, más allá de la reacción de rebote, ¿realmente dimensionamos que un solo mortal, un semejante, tenga una hacienda de 77 mil millones de dólares? Nada más para que las cuentas resulten muy sencillas, imaginemos que el afortunado ingeniero Slim haya comenzado a embarnecer su riqueza desde muy chavito, a los ocho años. Si hubiera sido así, de 1948 para acá, en promedio amasó un millardo de dólares cada año. Un millardo, mil millones de dólares por año. Lo anterior se traduce en que el individuo amaneció cada día, todos y cada uno de los días, durante 77 largos años, con 2.74 millones de dólares más en la bolsa. En fin, seguramente no comenzó a los ocho años y no creo que haya juntado su capital en forma constante, sin altibajos. Como haya sido, si existieran billetes de a millardo de dólares, Carlos Slim tendría 77 de esos.

    ¿Y qué tanto es un solo millardo? Confronte usted: las estimaciones de los científicos sugieren que la Tierra seguirá siendo habitable para la especie humana durante un millardo de años, un millardito nada más. ¿Poco tiempo? ¿Tiene entonces razón míster Musk en andar tan apurado por llegar a Marte y colonizarlo? Me parece que no, no si consideramos que la esperanza de vida de una especie de mamífero típico en este planeta ha sido de apenas un millón de años —y si acaso usted se quedó con la duda, le recuerdo que los sapiens llevamos por acá si acaso 300 mil años—.

    Cierro con una recomendación: bien podríamos llamar al paisano más rico que tenemos en México no sólo multimillonario o milmillonario, sino también billonario. ¿Por qué? Porque resulta que a un tipo de cambio de 20.45 pesos por dólar, el guardadito del ingeniero Slim llega a un número de trece dígitos, asciende a 1,582,830,000,000 de pesos: 1.58 millones de millones de pesos, es decir, 1.58 billones de pesos. Con todo, sospecho que por más dinero que cualquier persona pueda atesorar, con dos manos se queda, y que, naturalmente, incluso en los billonarios perdura la limitación humana de descifrar grandes cifras. Quizá, a final de cuentas, da igual cuántos ceros hayan quedado en la cuenta, todos tenemos diez dedos para hacer la suma… y, con suerte, llegar a los tres dígitos.

    • @gcastroibarra
  • México, su músculo, su corazón y su cerebro

    México, su músculo, su corazón y su cerebro

    El 2024 cerró con excelentes noticias para el mercado laboral de México. Lo anterior se desprende del panorama dado a conocer por el INEGI el 29 de enero de 2025. En concreto, me refiero a los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Los datos muestran un panorama positivo: 

    • Aumento en la Población Económicamente Activa (PEA)
    • El porcentaje de la PEA que está empleada tuvo un incremento
    • Una disminución importante en la tasa de desocupación, sin aumento de la tasa de informalidad
    • La tasa de condiciones críticas de ocupación presentó una disminución significativa

    En pocas palabras, en nuestro país cada vez hay más gente trabajando, menos en situación de desempleo y mejores oportunidades para aquellos que buscan chamba. Todo esto se ha traducido en mayor bienestar para las familias mexicanas y un impulso para la economía del país. En concreto, un aumento en la PEA indica que más personas están participando en el mercado laboral, ya sea porque han encontrado un empleo o porque están buscando activamente uno con esperanza de hallarlo. Esto suele ser un indicador de una economía en crecimiento. Además, una mayor participación laboral puede generar un mayor dinamismo económico y un aumento en la producción de bienes y servicios.

    La dichosa PEA

    Metafóricamente, la PEA —integrada por la gente de 15 años y más que, durante la semana de referencia, realizó o tuvo un vínculo con una actividad económica (población ocupada) o buscó activamente hacerlo (población desocupada en las últimas cuatro semanas)— es el músculo laboral de una economía. Ciertamente, además de ese músculo, se precisan otros factores, como la tecnología, la infraestructura, las instituciones y las políticas públicas, pero sin trabajadores, ninguno de esos ingredientes genera riqueza, en tanto que los seres humanos, los hombres y mujeres que conforman la PEA, son quienes desarrollan esos otros factores. Mientras que todos los demás componentes son herramientas y marcos de acción, son los hombres y mujeres de la PEA quienes les dan vida y propósito. Decir que la mayor riqueza de México es su gente no queda en frase retórica: la PEA no solo es el “músculo laboral” de la economía, sino también su corazón y su cerebro, ya que, sin ella, ningún otro factor puede funcionar ni generar riqueza. Incluso —y voy a proferir una herejía para la fe neoliberal—, sin los hombres y mujeres que conforman la dichosa PEA, no hay dinero que alcance para generar más riqueza. Suele olvidarse una tremenda obviedad: la riqueza no surge de manera espontánea, es el resultado del esfuerzo humano y su capacidad transformadora. Sin trabajadores, no hay producción, no hay servicios y, por lo tanto, no hay riqueza.

    Durante el año pasado, la PEA de México aumentó en 66 mil personas, en comparación con el mes de diciembre de 2023, para alcanzar así un gran total de 60.8 millones de personas.

    Sólo para comparar: mientras que México tiene una PEA de casi 61 millones de personas, la PEA de Alemania difícilmente asciende a 46 millones. En el caso de Francia, la PEA apenas suma 32 millones de personas, mientras en España se sitúa por debajo de los 26 millones. 

    Un ejemplo interesante es Japón. Nuestro país se ubica hoy en la posición 11 entre los más poblados del orbe, con poco más de 130 millones de habitantes, enseguida de Etiopía, que nos superó hace poco y tiene ahora una población total de 132 millones, y justo por arriba de Japón, cuya población ha disminuido últimamente. A pesar de que el país asiático tiene una población total un poco menor que México —unos seis millones de habitantes menos, en números redondos—, su PEA es mayor: 61 contra 67 millones. La diferencia de tamaño refleja contrastes estructurales significativos, derivados de sus diferencias demográficas, económicas y sociales.

    • Estimación de la PEA japonesa a diciembre de 2024: 67 millones de personas, aproximadamente el 55% de su población total. 
    • PEA mexicana en el mismo periodo: 60.8 millones, 46% de su población total.

    El margen de crecimiento de ambas PEA es radicalmente diferente, considerando que más del 30% de la población japonesa tiene 65 años o más, mientras que en México este mismo grupo etario representa el 10% de la población total. Aunque no tienen el mismo nivel de envejecimiento que Japón, Estados Unidos y la Unión Europea también experimentan un drástico aumento en su población mayor:

    • Estados Unidos: 17% de su población total tiene 65 años y más.
    • Unión Europea: 21% de su población total tiene 65 años y más.

    La estructura demográfica de la PEA mexicana, además de en su composición por edad, presenta en su composición por sexo un importante margen de crecimiento. Mientras que en economías como la de Estados Unidos, la Unión Europea y la japonesa la participación laboral de las mujeres ha aumentado en los últimos años para hacerse mayoritaria, 57.5, 68 y 53%, respectivamente, la tasa de participación femenina en México es de 46.0%, esto es, muestra un margen importante para crecer. Claro, más ahora que en México es tiempo de mujeres.

    • @gcastroibarra
  • ¿De qué nos morimos?

    ¿De qué nos morimos?

    Desde esta playa inútil, y desierto,
    a donde me han traído mis antojos,
    mirando estoy el mar de mis enojos,
    la cierta muerte y el camino incierto.

    Lope de Vega

    1

    Se acaban de dar a conocer las cifras preliminares de las estadísticas de defunciones registradas en nuestro país. La información más reciente corresponde al primer semestre de 2024. Los datos los integra el INEGI y provienen de casi 4.4 mil fuentes informantes repartidas en todo México —registros administrativos de los certificados de defunción del Registro Civil y los Servicios Médicos Forenses, además de las actas de defunción del Registro Civil y los cuadernos estadísticos de las Agencias del Ministerio Público—.

    2

    En total, de enero a junio del año pasado se registraron 417,408 defunciones: un promedio de 2,293.45 muertes registradas por día, casi 96 por hora, 1.6 por minuto. Dese usted una idea de la cantidad que son esas 417.4 mil defunciones: en la demarcación territorial Miguel Hidalgo de la Ciudad de México —en la que se encuentran colonias emblemáticas como la Escandón, Polanco, Lomas de Chapultepec y la Pensil e Irrigación— tiene una población total de 414.4 mil habitantes. Ahora, en términos de crecimiento natural de la población, ¿son muchas o pocas defunciones? Bueno, a todo lo largo de 2023 se registraron 1.820.9 millones de nacimientos, un promedio semestral de 910.4 mil…, es decir, más del doble que las defunciones registradas durante los primeros seis meses de 2024.

    Poco más de la mitad de las muertes registradas, 55.6%, fueron de varones. Claro, la sabiduría popular no falla porque el mes durante el cual se registraron más defunciones fue enero (18.9%)…, o falla poco, porque el segundo mes con más casos no fue febrero, sino mayo (17.6%).

    Verdad de Perogrullo: quienes más fallecen son las personas mayores. Si uno observa las tasas específicas por cada 100 mil habitantes, entre la gente menor de 35 años la muerte se presenta poco: tasas inferiores a 94 por millar. Entre las personas de 35 a 54 las tasas se ubican entre 135.9 y 260.6, de 55 a 64 aumenta significativamente a 568.4 al millar, pero que la vida tiene un límite fatal se hace evidente a partir de los 65 años: a partir de esa edad, la tasa específica por cada 100 mil habitantes se dispara a 2,313.

    3

    Descontando el tiempo —porque en estricto sentido la principal causa de muerte es su imbatible paso—, como en todo el mundo, actualmente la principal causa de muerte en México son las enfermedades del corazón: 100.7 mil muertes se registraron atribuyéndose a ellas. En el siguiente peldaño sí que hay diferencia: mientras que la diabetes mellitus ocupa actualmente el quinto lugar entre las principales causas de muerte en todo el mundo —datos de la Organización Mundial de la Salud—, en nuestro país se encuentra en segundo lugar, con 57.9 mil muertes registradas en el primer semestre de 2024. Con 47.4 mil muertes registradas de enero a junio de 2024, como tercera causa de muerte en México se ubicó el cáncer, tumores malignos —en todo el orbe es la segunda causa de muerte—. Enlisto enseguida, en orden, las siguientes causas de la cuarta a la décima: enfermedades del hígado (20 mil), accidentes (19.8 mil), influenza y neumonía (19.7 mil), enfermedades cerebrovasculares (18 mil), homicidios (15.2 mil), enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (10.5 mil) e insuficiencia renal (8.7 mil).

    Las cosas se presentaron distintas, muy distintas, para hombres y mujeres. Las diferencias se aprecian después de las tres primeras causas de muerte: mientras que para ellas como cuarta causa de muerte se colocaron la influenza y la neumonía, para ellos fueron los accidentes —seguramente la mayoría accidentes en los que tuvo que ver uno o varios vehículos automotores y el alcohol—. En cuanto a los asesinatos, en el caso de las mujeres no se aparece como una de las diez principales causas de muerte en México durante el primer semestre del año pasado, en tanto que con 13.4 mil registros —88% del total—, los homicidios se localizaron como la sexta causa de muerte de hombres.

    De igual modo, las principales causas de muerte varían drásticamente dependiendo de la edad de la persona fallecida. No sorprende que la principal causa de defunción antes del primer año de vida sean ciertas afecciones originadas en el período perinatal. De 1 a 4 años, las malformaciones congénitas, deformidades y anomalías cromosómicas son la principal causa de muerte, y muy lamentablemente entre los niños y jóvenes, hombres y mujeres, de 5 a 24 años de edad, los accidentes se ubicaron como principal causa de óbito. Peor todavía: la principal causa de muerte entre la gente de 25 a 44 años fueron los homicidios. A partir de los 45 años, las enfermedades del corazón y la diabetes se disputan los dos primeros sitios en la tabla. Tristemente, tampoco debemos dejar de ver que la desnutrición y otras deficiencias nutricionales siguen matando mexicanos y mexicanas, sobre todo entre los más pequeños: como causa de muerte, la desnutrición se ubicó en décimo, noveno y octavo lugar como principal causa de muerte entre los infantes de 5 a 9, de 1 a 4 y de menos de un año, respectivamente.

    Las lesiones autoinfligidas intencionalmente, es decir, el suicidio, no se halla entre las principales diez causas de muerte de los más pequeños, pero aparece muy pronto: de enero a junio del año pasado, el suicidio es la quinta causa de las muertes registradas de niños y niñas de 10 a 14 años, y asciende al tercer lugar entre el siguiente grupo de edad (15 a 24 años). Entre los muchachos y muchachas de 25 a 34 años, las lesiones autoinfligidas intencionalmente fueron la quinta causa de muerte, la séptima entre los adultos de 35 a 44 años y la décima para la gente de 45 a 54 años. A partir de los 55 años, el suicidio deja de ser una de las principales causas de muerte.

    4

    El homicidio aparece entre las cinco principales causas de muerte registradas durante el primer semestre de 2024 en diez estados: Baja California (4ª), Colima (3ª), Chihuahua (4ª), Guanajuato (4ª), Guerrero (4ª), Michoacán (4ª) y Morelos (4ª), Quintana Roo (5ª), Sonora (5ª) y Tabasco (5ª). Las enfermedades del corazón se presentan como principal causa de muerte en todas las entidades federativas del país, tanto en general como para el caso particular de las mujeres y en casi todo México en el caso de los hombres, sin embargo, en Colima, la principal causa de muerte es otra, los asesinatos.

    Curioso, los accidentes se cuelan como una de las cinco principales causas de muerte registradas en varios estados de la República: Aguascalientes (4ª), BCS (4ª), Campeche (4ª), Colima (5ª), Durango (4ª), Guanajuato (5ª), Hidalgo (5ª), Estado de México (5ª), Michoacán (5ª), Nayarit (4ª), SLP (4ª), Sinaloa (4ª), Tabasco (4ª), Tlaxcala (4ª) y Zacatecas (4ª).

    Coda

    Haciendo a un lado la megalómana locura de perseguir la cancelación del envejecimiento y en última instancia de la muerte misma, me animo a decir que a la luz de los números alguien debería estar estudiando las llamadas causas externas de defunción —no sólo los homicidios, también los suicidios y accidentes, por ejemplo— para tratar de abatir tanta muerte prematura.

    • @gcastroibarra