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  •  Derechos digitales

     Derechos digitales

    En el capítulo doce de la Cartilla de Derechos de las Mujeres se trata el tema del espacio digital. Dice textualmente: “¿Sabías que tienes derecho al acceso a Internet? En nuestro país el 63% de las mujeres no usan internet porque no tienen los conocimientos para hacerlo.

    El espacio digital es un punto de encuentro virtual, donde se interactúa a través de plataformas o aplicaciones. Sin embargo, para acceder a este espacio es necesario contar con equipos tecnológicos, calidad de conexión, habilidades de interacción y más herramientas que marcan una exclusión al espacio digital. A esto se le llama brecha digital.

    Estar conectada y saber cómo usar las herramientas digitales de manera segura te permite tener acceso a la información y a estar en contacto con personas que te ayudan a generar redes de apoyo para tu vida. Tenemos derecho a navegar por los espacios digitales sin vivir violencia y a expresarnos sin miedo ni censura; a recibir protección en caso de que vivamos acoso digital, extorsión, amenazas de difusión de imágenes tuyas o de que éstas sean utilizadas sin tu consentimiento.

    Tanto las plataformas de redes sociales como las autoridades tienen la obligación de poner a tu alcance formas de reporte accesibles en caso de que vivas violencia digital. Tienes derecho a la privacidad en internet y a que se respeten tus comunicaciones privadas y no sean reveladas públicamente, también a que tus datos personales estén protegidos por cualquier plataforma que uses, como redes sociales (Facebook, Instagram, X, TikTok, entre otras) o portales de tiendas electrónicas. Es tu derecho controlar cómo se recopilan, almacenan y utilizan tus datos en línea, por eso hay que leer muy bien antes de aceptar cualquier término en dichos espacios.

    Para tener acceso a internet gratuito, los gobiernos tienen la obligación de generar la infraestructura necesaria en lugares públicos como plazas, parques o escuelas. La violencia digital está reconocida en la Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia en el Artículo 20 Quáter y en la Ley Olimpia, vigente en los Códigos Penales de todos los estados del país, que reconoce y sanciona cualquier violencia ejercida en el espacio digital.”

  • La soberanía del sujeto / Magnifica Humanitas III

    La soberanía del sujeto / Magnifica Humanitas III

    Dediqué mis dos entregas previas —Intemperie espiritual y Datismo— a una panorámica del malestar civilizatorio que expone Magnifica Humanitas, la encíclica del Papa León XIV. Cierro este tríptico analizando la propuesta que el pontífice ofrece al orbe. Tras el diagnóstico —la fractura antropológica, la fragmentación de Babel y la erosión del trabajo humano—, los capítulos finales del documento presentan una ruta hacia la reconstrucción de la dignidad humana. Se trata de una propuesta ética de resistencia frente a la hegemonía de la automatización.

    La soberanía de la persona

    El corazón doctrinario de la encíclica late en su cuarto capítulo. León XIV eleva el tono y marca una línea roja que, más nos vale, el avance tecnológico no debería cruzar. El Papa articula una defensa contundente de lo que podríamos denominar el “santuario interior” de cada ser humano. En un mundo donde el perfilado predictivo de la gente —la capacidad de los algoritmos para anticipar nuestras decisiones antes de que nosotros mismos las tomemos— se ha normalizado, el jerarca católico reivindica el derecho a la imprevisibilidad. Usted tiene derecho a cambiar de gustos. Todos debemos resguardar la posibilidad de escapar de la predicción algorítmica. En la era de la datamancia, la excentricidad deja de ser un capricho y se convierte en una necesidad cívica.

    La manipulación algorítmica ataca la estructura misma de la conciencia. Cuando nuestras opciones se limitan a lo que ya nos gusta, filtradas y presentadas por sistemas que persiguen la rentabilidad de nuestra atención, la libertad se convierte en una ilusión óptica. El Papa sostiene que hay ámbitos que deben permanecer, por ley y por ética, fuera del alcance del procesamiento de datos: la salud, la educación, la justicia y, sobre todo, la intimidad de la conciencia. Es una crítica frontal al “capitalismo de vigilancia” que intenta convertir el pensamiento humano en un denso input informativo para la máquina. Al declarar que la persona no es una variable, el Papa invoca la soberanía que trasciende lo jurídico: es una soberanía ontológica. Para la teología y la filosofía, el ser humano debe resguardar un “residuo” de misterio que ninguna potencia computacional podrá jamás descifrar. Proteger este misterio es, en última instancia, el acto de resistencia política más urgente de nuestro tiempo.

    Hacia una pedagogía del asombro

    León XIV diagnostica el agotamiento del modelo educativo occidental, el cual ha sucumbido a la lógica de la eficiencia: aprender para producir, aprender para ser un dato más de la maquinaria económica. Frente a esto, el Papa propone la recuperación de las humanidades como herramientas de supervivencia mental.

    El “asombro” al que se refiere el pontífice es una facultad cognitiva que nos permite detenernos, valorar la falta, desear… La sobreinformación nos impide ver el bosque tras los árboles, el asombro es el freno de emergencia. Es la capacidad de mirar al otro —al vecino, al extraño, al que piensa distinto— y reconocer en él no una categoría sociológica ni un perfil de usuario, sino una alteridad radical que exige hospitalidad. El otro tampoco es un número. El Papa sugiere que debemos educar en la “lentitud contemplativa”. Mientras el algoritmo acelera el pensamiento para eliminar la duda, la pedagogía del asombro la cultiva, pues es en la duda donde germina el pensamiento crítico y la capacidad de amar. En esencia, el Papa aboga por el rescate de la subjetividad frente a la objetivación técnica, invitándonos a ser sujetos activos y no meros receptores pasivos de información algorítmica.

    La caridad en la era de los datos

    La encíclica evita caer en el tecnopesimismo burdo o en la nostalgia reaccionaria, y cierra con una conclusión que amarra todas las piezas. Su propuesta es pragmática y esperanzadora: la tecnología no debe ser demonizada, pero sí debe ser gobernada por la caridad. En el lenguaje papal, la caridad no es caridad entendida como filantropía, sino como amor político: el compromiso con el bien común que sitúa al prójimo en el centro de todas las decisiones técnicas.

    Urge un nuevo contrato social digital, una gobernanza global de la inteligencia artificial que sea transparente, auditable y, sobre todo, responsable ante la dignidad humana. El Papa propone que la IA no sólo se mida por su eficiencia o rentabilidad, sino por su capacidad para fomentar la fraternidad humana. La conclusión es una síntesis brillante: la técnica debe volver a ser un instrumentum, un medio subordinado a un fin humano, y nunca un telos, un fin en sí mismo. El futuro no es un destino inevitable, sino una construcción abierta: si no somos capaces de humanizar la tecnología, seremos irremediablemente tecnificados nosotros.

    Magnifica Humanitas es un documento de época. León XIV desmantela la pretensión de neutralidad de los algoritmos y activa el debate en el terreno donde siempre debió estar: en la ética, en la política y en la innegociable dignidad de la persona. 

    El datismo no caerá por decreto papal ni por una ley técnica; caerá, si es que llega a caer, cuando decidamos que nuestra vida vale más que la suma de nuestros clics. En la intemperie espiritual que habitamos, la encíclica nos ofrece, al menos, una luz de esperanza: la confirmación de que, incluso en la saturación de los datos, el ser humano sigue siendo el único capaz de darle significado al mundo. Esa, precisamente, es nuestra mayor responsabilidad y nuestra libertad más profunda.

    @gcastroibarra

  • Autopercepción autopercibida

    Autopercepción autopercibida

    Vivir en tiempos de autopercepción es una ventaja histórica que, afortunadamente,  ha impregnado todas las esferas de nuestra existencia. La legolización identitaria —el que una realidad compleja se fragmente en bloques modulares intercambiables, diseñados para ensamblarse de múltiples formas, a costa de simplificar o estandarizar su contenido— no es ajena al quehacer político de nuestra noble y siempre honesta clase dirigente. Basta con que un gobierno se autoproclame de izquierda, para que ese gobierno sea de izquierda. Que su actuar dice otra cosa, ¿a quien le importa? Son de izquierda porque dicen que son de izquierda.

    Sólo así se entiende lo que sucede en México con el Mundial de Fútbol, no es la ley de la FIFA, es justicia social. Pintar de morado la infraestructura urbana en lugar de arreglarla, la renovación del AICM, la modernización de la línea 2 del Metro y del Tren Ligero, y la puesta en marcha del tren Buenavista–AIFAno son parte de parte de las “garantías gubernamentales” que la FIFA exige expresamente, son actos de justicia social (Brugada dixit). Igual que lo es la exención total de impuestos que México (Estados Unidos y Canadá negociaron esquemas limitados) otorgó a la FIFA. Justicia social que apuesta por la derrama económica neoliberal, que no entra en un pleito con la FIFA para no correr el riesgo de dejar de ser sede mundialista.

    Izquierda que se doblega ante el capital extranjero no deja de ser izquierda, reza el manual de autopercepción gubernamental, y Topolobampo con su planta de amoniaco y metanol es otra muestra de ello. El capital extranjero manda y el gobierno de izquierda considera que no hay nada socialmente más justo que poner en riesgo la vida humana, los ecosistemas y la cultura de los pueblos originarios.

    Entrados en gastos

    El que la CNTE sirva a la derecha, con bloqueos de infraestructura, plantones, toma simbólica de espacios y acciones de presión de alto impacto, no es autopercepción identitaria. La CNTE de  izquierda era diferente, realizaba bloqueos de infraestructura, plantones, toma simbólica de espacios y acciones de presión de alto impacto. La Coordinadora derechizada, que exige a Morena gobernar como un gobierno de izquierda, lucha por privilegios: pensiones, reforma educativa, democracia sindical, mejora salarial y de condiciones laborales; la Coordinadora, cuando era de izquierda e increpaba al PRIAN, luchaba por derechos: pensiones, reforma educativa, democracia sindical, mejora salarial y de condiciones laborales. El cambio es innegable. Pero no todo es malo, mientras la CNTE se recorrió a la derecha, el SNTE se autopercibe de izquierda, en especial Alfonso Cepeda Salas (otrora colaborador de la camarada Elba Esther Gordillo), secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y senador por Morena, el magisterio está en buenas manos.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • El Mundial de los Mexicanos

    El Mundial de los Mexicanos

    En política existen momentos que parecen pequeños, pero que terminan enviando mensajes poderosos. La inauguración de la Copa Mundial de la FIFA en México fue uno de ellos.

    Mientras algunos esperaban una ceremonia cargada de simbolismos políticos, protagonismos innecesarios o disputas partidistas, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por una ruta distinta: dejar que el evento fuera de los mexicanos y para los mexicanos. No buscó reflectores adicionales ni convirtió una celebración deportiva en una plataforma política. En tiempos donde muchos gobernantes consideran indispensable aparecer en el centro de cualquier acontecimiento relevante, la decisión resultó significativa.

    Más aún cuando existían llamados a manifestaciones y protestas en los alrededores del estadio. La presidenta decidió mantenerse al margen de cualquier confrontación mediática y observar el evento desde otro espacio, privilegiando la prudencia política sobre el espectáculo. Fue una señal de serenidad institucional en un momento donde cualquier incidente habría sido utilizado para alimentar la polarización.

    Y el resultado fue evidente

    La ceremonia fue un recorrido emotivo por la identidad nacional. La representación de las culturas originarias, las referencias a las raíces prehispánicas y la riqueza cultural de México recordaron al mundo que nuestro país es mucho más que noticias sobre violencia, migración o disputas políticas. México es historia, tradición, creatividad y orgullo.

    La participación de los artistas invitados estuvo a la altura del escenario. La interpretación del Himno Nacional por Alejandro Fernández aportó solemnidad y sentimiento a un momento que millones de mexicanos siguieron dentro y fuera del país. No fue solamente una interpretación musical; fue una expresión de identidad nacional que conectó con una audiencia que lleva años esperando que el mundo vea también la mejor cara de México.

    Mención aparte merece la cobertura televisiva. Los narradores y comentaristas lograron transmitir el significado emocional de una nación que vuelve a colocarse ante los ojos del planeta. En varios momentos, la narrativa dejó de ser deportiva para convertirse en una reflexión sobre lo que significa ser mexicano. Más de uno terminó con un nudo en la garganta.

    Porque al final, más allá del fútbol, lo que estaba en juego era algo mucho más importante: la capacidad de un país de mostrarse unido, orgulloso de sus raíces y consciente de su potencial.

    Sin embargo, el entusiasmo de una celebración nacional no debe hacernos olvidar las asignaturas pendientes.

    Mientras millones celebraban, existen miles de madres y padres que continúan buscando respuestas sobre el paradero de sus hijos desaparecidos. Su dolor no desaparece porque haya un Mundial, ni porque exista crecimiento económico, ni porque se inauguren grandes obras. Su lucha sigue siendo una deuda moral del Estado mexicano.

    Por ello resulta indispensable que las instituciones responsables actúen con firmeza. Cada expediente debe investigarse, cada denuncia debe atenderse y cada servidor público que incumpla con su obligación debe asumir las consecuencias. La justicia no puede depender de la presión social ni de la capacidad de las víctimas para organizar manifestaciones. La ley debe funcionar por sí misma.

    La credibilidad de cualquier gobierno, sin importar su origen partidista, se fortalece cuando demuestra que nadie está por encima de la ley y que las instituciones responden a los ciudadanos. Las manifestaciones relacionadas con desapariciones no deberían existir porque la autoridad tendría que haber cumplido previamente con su obligación. Cuando una madre sale a las calles para exigir respuestas, es porque alguien en alguna oficina dejó de hacer su trabajo.

    En ese mismo contexto se inscriben las demandas de la CNTE y las movilizaciones sociales que han marcado las últimas semanas. La respuesta de la presidenta durante su conferencia matutina fue clara: diálogo, apertura y disposición para escuchar, pero también respeto al marco institucional y a la viabilidad financiera del Estado. Gobernar implica escuchar, pero también tomar decisiones.

    Y hablando de política, la noche anterior tuve oportunidad de observar el programa Tercer Grado, donde se abordaron diversos temas de la actualidad nacional y regional. Particularmente me pareció interesante el análisis de Denise Maerker, una periodista cuya trayectoria se ha distinguido por la precisión de sus observaciones y por la capacidad de separar los hechos de las pasiones partidistas.

    Dentro de la discusión surgió nuevamente el nombre del gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas. Algunos panelistas plantearon la posibilidad de que, en algún momento, pudiera asumir una responsabilidad de mayor alcance dentro del PRI nacional.

    La idea no parece descabellada

    El PRI atraviesa una de las etapas más complejas de su historia. Pasó de ser la fuerza política dominante durante décadas a enfrentar una profunda crisis de identidad, liderazgo y representación. En ese contexto, figuras con resultados de gobierno, cercanía con la ciudadanía y capacidad de diálogo podrían convertirse en activos importantes para la reconstrucción partidista.

    Manolo Jiménez ha mantenido una relación institucional con el gobierno federal, particularmente con la presidenta Sheinbaum, entendiendo que la colaboración entre distintos niveles de gobierno beneficia más a los ciudadanos que la confrontación permanente. Esa actitud refleja algo que la política mexicana necesita con urgencia: madurez democrática.

    La política moderna no debería basarse en el enfrentamiento constante, el elitismo o las divisiones artificiales entre mexicanos. Debe enfocarse en resolver problemas, construir acuerdos y generar beneficios tangibles para la población. Los ciudadanos esperan resultados, no espectáculos. Esperan soluciones, no discursos interminables. Esperan gobiernos que funcionen, independientemente de los colores partidistas.

    México todavía enfrenta enormes desafíos en seguridad, justicia, salud, educación e infraestructura. Nadie puede afirmar que el trabajo está terminado. Pero también sería injusto negar los avances cuando estos existen.

    Quizá esa fue la verdadera enseñanza de la inauguración mundialista: cuando México decide trabajar unido, cuando deja a un lado los intereses de grupo y pone por delante un objetivo común, demuestra de qué está hecho.

    Durante una jornada que cruzó husos horarios y fronteras, mientras algunos países despertaban, otros terminaban su día y muchos más seguían el evento entrada la noche, el protagonista no fue un partido político, ni un gobierno, ni una oposición.

    El protagonista fue México

    Y ese, más que cualquier discurso, fue el mejor mensaje que pudo enviarse al mundo.

    México todavía enfrenta enormes retos. Las familias que buscan a sus desaparecidos merecen respuestas, los ciudadanos exigen mejores condiciones de seguridad, los trabajadores demandan oportunidades y las nuevas generaciones esperan un país cada vez más justo y competitivo. Pero también es válido reconocer los momentos que unen, inspiran y recuerdan que, por encima de nuestras diferencias, compartimos una misma identidad.

    El Mundial apenas comienza. Vendrán partidos, emociones, triunfos y derrotas deportivas. Pero la inauguración dejó algo más importante que un espectáculo de primer nivel: recordó que cuando México se presenta ante el mundo con orgullo, cultura, historia y dignidad, difícilmente existe escenario más poderoso.

    Porque al final, más allá del fútbol, de la política y de las diferencias ideológicas, hay algo que sigue latiendo con fuerza en millones de personas dentro y fuera de nuestras fronteras: el orgullo de ser mexicano.

  • La derecha quiere golpe, no liderazgo

    La derecha quiere golpe, no liderazgo

    La polarización originada por la amenaza de un golpe de estado ha reducido las alternativas políticas. Estar contra la Presidenta es estar a favor del golpe de Estado y estar a favor del gobierno de Claudia Sheinbaum, significa alejar esa posibilidad.
    Reducir alternativas no es una elección que fortalezca la democracia; sin embargo, estamos en tiempo de guerra.

    Para la embestida de la ultraderecha con rostro de mujer, con discursos engañabobos, que contrata Salinas Pliego como hostes de importación, Estados Unidos, no es una amenaza para nadie, negando no sólo la historia sino la lucha de los pueblos oprimidos en el mundo entero.

    La visión de los conservadores tiene un faro que terminó por convertirse en mito, el poderío de Estados Unidos. Llaman imperio a un país que sólo porque dice serlo le creen. Ha perdido todas las guerras, su pueblo vive en la miseria, la quinta parte de sus habitantes son adictos y está endeudado con su peor enemigo.

    Con una democracia inexistente, que, con sólo dos partidos dice representar a 338 millones de ciudadanos. La política colonialista del vecino del norte que no pesa ya, ni pisa fuerte. Está en decadencia.

    Al evidenciarse un golpe de Estado en proceso con la presencia de espías de la CIA en México, a quienes abrió la puerta la panista Maru Campos, ahora la derecha tiene la consigna de negar que existe, por lo menos en proceso. En medio de una política externa radical del delirante Trump, y una convulsión mundial por los energéticos, sería muy ingenuo pensar que los espías eran turistas y las armas de juguete.

    A la oposición, los medios y Estados Unidos les urge reducir la aceptación de la Presidenta Claudia Sheinbaum aunque sea de manera artificial, porque en la medida que se reduce su aprobación popular, aumentan las posibilidades de un golpe de Estado. Es esa proporción la que ha detenido, una embestida mayor.

    El nado sincronizado inició con un lapsus de Azucena Uresti, creyendo que el porcentaje de rechazo de Trump era aceptación y tenía mayor popularidad que Claudia Sheinbaum, fue el banderazo de salida para iniciar la batalla por la descalificación de su apoyo popular.

    Después apareció la encuesta de El Universal que difundía una reducción tan rápida como ilógica en la aceptación de Morena y de la Presidenta. Sorprendió a todos menos a la oposición. Después publicó El País y W Radio, una encuesta realizada por Enkoll, con el título tendencioso: “La aprobación de Sheinbaum cae siete puntos tras la crisis de Sinaloa y Chihuahua”.

    Llama poderosamente la atención el hecho de que hayan sido medios de comunicación los que mandaron a elaborar dichas encuestas, en tiempos que no son previos a elecciones.

    Así, la narrativa de los medios ofrece su propia interpretación: “Su respaldo sigue siendo alto (70.1 por ciento), pero buena parte de esa calificación continúa sostenida por los programas sociales”.

    La lectura de los medios muestra el desconocimiento de la asimilación de la población sobre sus derechos, que, desde hace años, sabe que los programas sociales son un derecho, elevados a rango constitucional, no parte de la publicidad electoral. El derecho en México ahora tiene destinatario pero no remitente.

  • La izquierda se impone en Perú y frena el regreso del fujimorismo

    La izquierda se impone en Perú y frena el regreso del fujimorismo

    La segunda vuelta presidencial de Perú de 2026 volvió a mostrar la profunda polarización política que vive el país. En una elección sumamente cerrada, el candidato de izquierda Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, consiguió una ligera ventaja sobre Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, consolidando un resultado que fue interpretado por amplios sectores sociales como un rechazo al retorno del fujimorismo al poder y una apuesta por un proyecto político orientado hacia mayores transformaciones sociales.

    Con más del 95 por ciento de las actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Roberto Sánchez mantenía una ventaja mínima sobre Fujimori, en una de las contiendas más disputadas de la historia reciente peruana. El respaldo al candidato de izquierda se concentró principalmente en las regiones rurales y en los sectores populares, mientras que la ex primera dama encontró sus principales apoyos en Lima y entre los votantes residentes en el extranjero.

    La victoria de la izquierda representó para millones de peruanos la posibilidad de impulsar cambios estructurales en un país marcado por la desigualdad, la inestabilidad política y el descontento con las élites tradicionales. Roberto Sánchez centró su campaña en propuestas para fortalecer los programas sociales, promover una mayor participación del Estado en la economía y abrir el debate sobre una reforma constitucional que permita responder a las demandas de los sectores históricamente excluidos.

    El resultado electoral también significó un nuevo revés para Keiko Fujimori, quien llegó a esta elección con el peso de un apellido que continúa generando fuertes divisiones en la sociedad peruana. Hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado por corrupción y violaciones a los derechos humanos, la líder de Fuerza Popular enfrentó nuevamente un elevado rechazo entre los votantes, quienes asociaron su candidatura con prácticas autoritarias y con una clase política señalada por escándalos de corrupción.

    Más allá del estrecho margen, la ventaja obtenida por Roberto Sánchez fue vista por sus simpatizantes como una victoria popular y un mensaje de rechazo al retorno del fujimorismo. La elección de 2026 volvió a demostrar que el apellido Fujimori continúa siendo uno de los factores más polarizantes de la política peruana.

  • El país que encontró el Mundial 2026

    El país que encontró el Mundial 2026

    A unos días de la inauguración de la Copa Mundial FIFA 2026, México vuelve a convertirse en el centro de atención del planeta. El Estadio Azteca abrirá por tercera ocasión una Copa del Mundo, un hecho sin precedentes en la historia del fútbol. Sin embargo, detrás de la cuenta regresiva, las ceremonias y la expectativa deportiva, emerge una pregunta más interesante que cualquier pronóstico: ¿qué país encontró el Mundial cuando llegó a México en 2026?

    La respuesta comienza con una mezcla de orgullo y contraste. México llega a esta cita global con ciudades modernizadas, experiencia organizativa y una enorme expectativa económica. Al mismo tiempo, llega acompañado de debates que reflejan la realidad nacional. Los boletos para algunos partidos han sido percibidos como inaccesibles para amplios sectores de la población, mientras que completar el tradicional álbum Panini puede representar varios miles de pesos para una familia. El fútbol sigue siendo el deporte más popular del país, pero la experiencia mundialista parece cada vez más distante para quienes históricamente le dieron vida en las calles, los barrios y las canchas.

    Ese contraste no se limita al ámbito económico. Las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación han coincidido con la recta final de los preparativos y han colocado nuevamente el debate social bajo los reflectores. Aunque sus demandas tienen origen propio, su aparición en vísperas del torneo recuerda un patrón recurrente de la historia mexicana. Ocurrió antes de los Juegos Olímpicos de 1968 y volvió a manifestarse en los Mundiales de 1970 y 1986. Cuando México se convierte en escaparate internacional, distintos sectores buscan aprovechar esa visibilidad para colocar sus causas en la conversación pública. Más que una excepción, parece una constante de nuestra vida política.

    Las ciudades sede también muestran otra cara de esta fotografía nacional. En la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey continúan obras de movilidad, rehabilitación urbana e infraestructura asociadas al torneo. Algunas responden a rezagos acumulados durante años; otras buscan garantizar que el país llegue listo a la cita mundialista. Como ha ocurrido en otros eventos de esta magnitud, la discusión gira alrededor de una pregunta sencilla: si las inversiones realizadas para recibir visitantes terminarán mejorando la vida cotidiana de quienes habitan permanentemente esas ciudades.

    La expectativa económica es igualmente significativa. Diversas estimaciones proyectan una derrama de entre 1,800 y 3,000 millones de dólares, con escenarios más optimistas que incluso superan esa cifra. Millones de visitantes, ocupación hotelera, actividad comercial y promoción internacional alimentan la esperanza de que el torneo deje beneficios duraderos. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que el verdadero legado de un Mundial rara vez se mide durante los partidos. Se mide años después, cuando se evalúa si la infraestructura, la inversión y la atención global lograron convertirse en desarrollo sostenido.

    En la cancha, el optimismo también convive con la prudencia. Analistas deportivos coinciden en que avanzar de la fase de grupos parece el escenario más probable para la Selección Mexicana y que alcanzar nuevamente los cuartos de final representaría un resultado destacado. Más allá de los números, una actuación sólida del Tri podría convertirse en un factor de cohesión emocional para millones de mexicanas y mexicanos que vivirán el torneo como anfitriones.

    Pero quizá el activo más importante de México no aparezca en ningún presupuesto, proyección económica o análisis deportivo. En un Mundial compartido con Estados Unidos y Canadá, nuestro país aporta algo que no puede construirse con inversión pública ni comprarse en el mercado: una cultura futbolera profundamente arraigada. La hospitalidad, la gastronomía, la música, la capacidad de celebrar colectivamente y la pasión por el fútbol siguen siendo ventajas competitivas que distinguen a México ante el mundo. Si existe un corazón emocional para este Mundial, probablemente latirá de este lado de la frontera.

    Algún día, cuando México aspire a organizar una cuarta Copa del Mundo, volveremos inevitablemente a mirar hacia 2026. Entonces comprenderemos que el legado más importante de aquel torneo no estuvo únicamente en los goles, las obras o la derrama económica. Estuvo en la oportunidad de observarnos como nación. Porque los Mundiales funcionan como espejos: revelan lo que somos, exhiben lo que aún debemos resolver y muestran aquello que queremos llegar a ser. Y cuando las futuras generaciones busquen entender cómo era México en este momento de su historia, probablemente no encontrarán la respuesta en una tabla de posiciones. La encontrarán en el país que recibió al mundo y que, durante unas semanas, también se vio reflejado en él.

  • Mundial 2026: cuando la pelota se convierte en mercancía

    Mundial 2026: cuando la pelota se convierte en mercancía

    El reloj avanza y la cuenta regresiva ya comenzó. Dentro de poco, México volverá a ser sede de una Copa del Mundo junto con Estados Unidos y Canadá. Los anuncios se multiplican, las marcas afinan sus campañas publicitarias y los gobiernos preparan eventos para recibir una de las industrias más lucrativas del planeta.

    Porque sí, aunque nos guste romantizarlo, el Mundial ya no es solamente futbol. Es negocio. Y uno enorme.

    Desde hace décadas, la FIFA ha perfeccionado un modelo donde la pasión de millones de personas se convierte en una mercancía global. Cada partido, cada camiseta, cada transmisión, cada patrocinio y cada fotografía termina formando parte de una maquinaria económica que mueve miles de millones de dólares.

    El futbol sigue siendo del pueblo, pero el Mundial hace mucho tiempo que dejó de pertenecerle.

    Los boletos son cada vez más inaccesibles para las clases populares. Los paquetes turísticos se diseñan para quienes pueden pagar miles de dólares. Los estadios se convierten en espacios donde el aficionado tradicional es desplazado por consumidores de alto poder adquisitivo.

    Paradójicamente, el deporte más popular del planeta se ha convertido en uno de los espectáculos deportivos más elitizados del mundo. Lo que alguna vez fue la celebración de barrios, colonias y comunidades termina subordinado a intereses corporativos que poco tienen que ver con el juego.

    En estos meses hemos visto cómo empresas privadas, cadenas televisivas, marcas internacionales y grupos económicos han intentado apropiarse del discurso mundialista. Nos dicen que todos somos parte de la fiesta, aunque para millones de personas el acceso real a esa fiesta sea prácticamente imposible.

    Sin embargo, la crítica no debe dirigirse al futbol. Sería un error enorme.

    Porque el futbol también es una expresión cultural profundamente popular. Es el partido en la cancha de tierra. Es el torneo del barrio. Es la cascarita después de la escuela. Es la familia reunida frente a una televisión para celebrar un gol.

    El problema no es el futbol. El problema es cuando el mercado transforma una pasión colectiva en un producto exclusivo. Desde la izquierda, la aspiración no es eliminar el futbol ni despreciarlo como hacen ciertas élites intelectuales. Todo lo contrario.

    La aspiración es recuperar su dimensión social. Hablar de un futbol accesible para todas y todos. De espacios deportivos públicos dignos. De canchas en las colonias populares. De actividades físicas como herramientas de salud, convivencia y prevención de la violencia.

    Por eso resulta interesante que, paralelamente a la organización del Mundial, existan planteamientos desde los gobiernos de la Cuarta Transformación para impulsar actividades comunitarias, torneos barriales, recuperación de espacios públicos y programas de activación física vinculados al evento.

    La verdadera herencia de un Mundial no debería medirse únicamente en derrama económica o en estadísticas turísticas. Debería medirse en cuántos niños encontraron una cancha donde jugar. En cuántas comunidades recuperaron espacios deportivos. En cuántos jóvenes encontraron una alternativa frente a la violencia. En cuántas personas pudieron ejercer su derecho al deporte.

    Porque cuando las luces del espectáculo se apaguen y los patrocinadores se marchen, eso será lo que realmente quede. El Mundial pasará. Las ganancias cambiarán de manos. Los contratos terminarán. Pero el futbol seguirá siendo del pueblo.

    La pregunta es si tendremos la capacidad de arrebatárselo, al menos un poco, a quienes llevan años intentando convertirlo únicamente en una mercancía.

    Redes sociales

  • El Caso Thomas Crown

    El Caso Thomas Crown

    Si alguien tuvo la oportunidad de ver la película El Caso Thomas Crown, recordará la historia de un hombre inmensamente rico que no necesitaba robar. Lo hacía por el desafío, por el placer de demostrar que podía hacerlo, por la satisfacción de ejecutar una operación perfecta aun cuando no existía necesidad alguna. Guardando toda proporción, algo parecido me vino a la mente al observar lo ocurrido en Coahuila.

    Estamos hablando de un estado que durante años ha destacado por mantener niveles de seguridad superiores al promedio nacional, atraer inversión, desarrollar infraestructura y conservar una estabilidad política que pocos pueden negar. Independientemente de las preferencias partidistas de cada quien, resulta difícil ignorar que Coahuila ha mantenido indicadores positivos en distintos rubros y que buena parte de la ciudadanía reconoce avances importantes en la entidad.

    Por eso llama la atención el debate que surgió después de la reciente jornada electoral. Diversos actores políticos denunciaron presuntas irregularidades, compra de votos y operaciones electorales indebidas. Las acusaciones existen y forman parte de la discusión pública. Sin embargo, también es importante recordar que en un Estado de derecho las responsabilidades no se determinan desde las redes sociales, los medios de comunicación o las tribunas políticas. Corresponde a las autoridades electorales, a las fiscalías especializadas y a los tribunales hacer su trabajo y determinar si existieron o no conductas ilegales.

    Personalmente me cuesta trabajo creer que una operación de esa naturaleza haya surgido directamente de Manolo Jiménez. Un político que llega con niveles importantes de aceptación ciudadana, resultados visibles de gobierno y una estructura política consolidada simplemente no necesitaba recurrir a prácticas que pudieran poner en duda una victoria que parecía estar ampliamente encaminada.

    Si existió alguna irregularidad, si alguien decidió cruzar líneas que no debían cruzarse o si hubo operadores que actuaron fuera de la legalidad, serán las autoridades quienes deban determinarlo. Pero tampoco sería la primera vez en la historia política de México que dirigentes partidistas, operadores electorales o personajes que buscan demostrar lealtad a sus liderazgos terminan tomando decisiones por cuenta propia, generando más problemas de los que pretenden resolver.

    Porque muchas veces el problema no está en quien aparece en la boleta o en quien gobierna un estado. El problema suele estar en quienes desde las estructuras políticas creen que ganar no es suficiente y buscan obtener resultados aplastantes para fortalecer proyectos personales o partidistas. Son esas conductas las que, de comprobarse, terminan dañando la credibilidad de procesos que pudieron haber sido perfectamente legítimos.

    Y ahí es donde aparece la analogía con Thomas Crown. Cuando alguien tiene la victoria prácticamente asegurada, cuando tiene reconocimiento público, resultados de gobierno y respaldo ciudadano, el exceso deja de ser una necesidad y se convierte en un riesgo. La diferencia entre una victoria histórica y una victoria cuestionada muchas veces depende de quienes rodean al poder y de las decisiones que toman creyendo que le hacen un favor a sus líderes.

    Por eso resulta indispensable que las instituciones hagan su trabajo. Si no hubo irregularidades, que se aclare y se cierre el debate. Y si las hubo, que se sancione a los responsables sin importar su cargo, partido político o nivel de influencia. Lo que México necesita no son especulaciones permanentes, sino certeza jurídica y confianza en sus procesos democráticos.

    Mientras tanto, en otro frente, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó uno de los proyectos tecnológicos más interesantes de los últimos meses: el desarrollo de un automóvil eléctrico mexicano. Más allá de simpatías o diferencias políticas, resulta positivo que México busque participar en una industria que marcará buena parte de la economía mundial durante las próximas décadas. La transición energética ya no es una discusión del futuro; es una realidad que está transformando mercados, industrias y formas de movilidad en todo el planeta.

    Sin embargo, también existen desafíos cotidianos que requieren atención. Basta recorrer la Ciudad de México para observar el crecimiento acelerado del uso de motocicletas. Son prácticas, económicas y representan una alternativa de transporte para millones de personas, pero también han traído nuevos retos en materia de seguridad vial.

    No es raro observar motocicletas transportando tres o incluso cuatro personas, incluidos menores de edad. Muchas familias lo hacen por necesidad y sería injusto ignorar esa realidad. Cuando el ingreso apenas alcanza para cubrir los gastos básicos, cualquier ahorro en transporte representa una diferencia importante. Pero la necesidad tampoco elimina los riesgos.

    Probablemente uno de los empresarios que mejor entendió este fenómeno fue Ricardo Salinas Pliego. Durante años, las motocicletas comercializadas a través de sistemas de financiamiento accesibles encontraron un mercado enorme en México. Seguramente alguien observó lo que ocurría en países como India y entendió que existía una oportunidad comercial importante. Los resultados están a la vista.

    Lo interesante es que buena parte de esas motocicletas forman hoy parte de la economía cotidiana de miles de familias trabajadoras. Muchas veces los pagos salen de hogares donde también llegan becas, apoyos sociales o pensiones para adultos mayores. Las abuelas ayudan a los nietos, los padres apoyan a los hijos y las familias hacen lo posible por salir adelante. Esa es la realidad del México popular.

    Sin embargo, también es frecuente escuchar críticas sobre los métodos de cobranza y las altas tasas de interés asociadas a ciertos productos financieros. Es un tema que aparece constantemente cuando uno conversa con taxistas, comerciantes o trabajadores. Las opiniones son diversas, pero existe una percepción recurrente de que algunas prácticas de cobranza pueden resultar excesivamente agresivas para sectores económicamente vulnerables.

    Gobernar un país es muy distinto a dirigir una empresa. Una empresa tiene como prioridad generar utilidades. Un gobierno tiene la obligación de equilibrar crecimiento económico con bienestar social. Son responsabilidades distintas y requieren sensibilidades distintas.

    Y es precisamente ahí donde muchas veces se marca la diferencia entre quienes conocen el país desde una oficina y quienes lo recorren caminando. México no se entiende desde un helicóptero. México se entiende recorriendo calles, visitando colonias, escuchando a las personas y comprendiendo las dificultades que enfrentan diariamente millones de familias.

    Recientemente también llamó la atención una reunión organizada por la American Society en la que participaron empresarios, figuras políticas de oposición y representantes de distintos sectores económicos. El encuentro generó debate porque evidenció algo que ya resulta evidente: existe una parte importante de la élite económica y política mexicana que no comparte la visión de gobierno impulsada por la actual administración.

    Eso no significa necesariamente conspiraciones ni acuerdos ocultos. Significa simplemente que existen intereses distintos y visiones diferentes sobre cómo debe administrarse el país. Algunos consideran que el modelo actual fortalece a los sectores históricamente olvidados. Otros sostienen que genera incertidumbre para ciertos sectores económicos.

    La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿Qué país queremos construir? ¿Uno donde el crecimiento económico beneficie únicamente a quienes ya tienen ventajas o uno donde el desarrollo alcance también a quienes durante décadas permanecieron excluidos de muchas oportunidades?

    Lo cierto es que México de 2026 es muy diferente al México de hace veinte o treinta años. El viejo sistema político que dominó durante décadas ya no existe en la misma forma. Los actores cambiaron, las reglas cambiaron y la ciudadanía cambió. Hoy existe una sociedad mucho más informada, más participativa y más crítica.

    Eso no significa que los problemas hayan desaparecido. La corrupción sigue existiendo. Los abusos de poder siguen apareciendo. Los intereses económicos siguen presionando. Y los partidos políticos continúan cometiendo errores. Pero también es cierto que hoy existen más herramientas para fiscalizar, denunciar y exigir rendición de cuentas.

    Por eso resulta indispensable fortalecer auditorías, órganos de fiscalización, unidades de investigación financiera y todas aquellas instituciones capaces de detectar irregularidades antes de que se conviertan en escándalos mayores. La transparencia no debe depender de la buena voluntad de los funcionarios, sino de instituciones sólidas capaces de supervisar el ejercicio del poder.

    Nos queda un largo camino por recorrer. Todavía existen enormes desafíos en materia de seguridad, salud, educación y desarrollo económico. Pero también es cierto que México continúa avanzando y aprendiendo de sus propios errores.

    Los tiempos cambian. La política cambia. Las generaciones cambian. Y la obligación de vigilar al poder, sin importar quién lo ejerza, debe seguir siendo exactamente la misma.

    Porque al final, como en la historia de Thomas Crown, la verdadera pregunta nunca es quién ganó. La verdadera pregunta es si alguien creyó que demostrar poder era más importante que preservar la confianza de los ciudadanos. Y esa es una pregunta que solamente las instituciones, la ley y el tiempo podrán responder.

  • De presupuestos y simulaciones

    De presupuestos y simulaciones

    El Poli y la UPN

    Estudiantes de muchas escuelas del Instituto Politécnico Nacional presentaron un pliego petitorio que llevaría a una profunda reforma de la institución. La respuesta institucional tiene el mismo estilo que la que recibieron los jóvenes de la UPN. Una taza con atole y el dedo batido en ofrecimiento; nada y eso es lo mismo. 

    Todo para intentar que la coyuntura del mundial no sea aprovechada para entrarle a estos asuntos con responsabilidad política y valentía para continuar con fuerza con lo que se inició el sexenio pasado, la Cuarta Transformación, que ahora, bajo los intereses del capital representados por Altagracia Gómez metida hasta el tuétano en la conciencia del Gobierno Federal y de MORENA, especialmente en la persona de quien estudiara bajo las alas del Centro Wilson que es financiado por la CIA, se muere de inanición, ignorada y llena de simulaciones y gastos que se vuelven negocios de algunos, léase programa de vivienda.

    La CNTE

    Llenos de provocadores, golpeados, vilipendiados por todos lados, difamados y desestimados hasta la burla desde el poder, los Maestros más dignos del país, combaten en favor de un futuro mejor y contra la acumulación de capitales provenientes de las aportaciones obreras que enriquecen a los dueños de las AFORES, que “no tienen llenadera”. Presupuesto y dinero hay, pero está enriqueciendo a unos cuantos privados.

    Si la SEP, la SHCP, el ISSSTE y demás dicen que carecen de los recursos necesarios para derogar la ley que el neoliberalismo impuso a los Trabajadores del Estado y anteriormente, en 1997 al resto de la Fuerza Laboral “formal” de este país, sería buen momento para recuperar, por la fuerza del Estado y con todo el apoyo de esa misma Fuerza, todos los recursos con que se enriquecen esos entes privado a quienes el neoliberalismo entregó las pensiones que condenan a una vejez en precariedad a quienes movemos a la Nación Mexicana y tristemente, a quienes dedican su vida a formar y educar a las futuras generaciones.

    Aquí vale la pena tocar el asunto de la NEM (Nueva Escuela Mexicana), a la que han satanizado y no dejan avanzar porque despierta conciencias y propicia el pensamiento profundo y el cuestionamiento de las estructuras y relaciones laborales que solo favorecen al capitalismo, al que evidentemente la cuarta simulación favorece con descaro e incongruencia con el discurso dizque revolucionario con que inició el sexenio de CSP. 

    La 4T ha muerto y sus personeros pretenden que creamos que el Humanismo Mexicano es la base teórica de su accionar, pero está claro que es una renovación del neoliberalismo y la protección del capitalismo salvaje asociado con los peores intereses del mundo, aclaro que no hablo del crimen organizado, llámese narcotráfico o extorsión o lo que sea, sino del fascismo que está invadiendo a Palestina, que secuestró al Presidente Maduro, que quiere ahogar en la miseria a Cuba, que se adueñó de la valentía del Pueblo Argentino y se queda con sus recursos, que pretende conservar a Ucrania y a Venezuela y Colombia, para saquear sus recursos. Esa que no ha podido contra el Heroico pueblo Boliviano y tampoco podrá contra el Pueblo Peruano, ni contra los Hermanos Nicaragüenses.

    La acción decidida de los Compañeros Maestros de la CNTE debe ser respaldada por todos los trabajadores de México y soportada por todos los colectivos que combaten desde su propia trinchera social y política para formar una nueva organización política nacional que sí represente una alternativa de izquierda para gobernar con verdadero AMOR por el Pueblo a nuestro país y sea capaz de aliarse con todos los trabajadores de Norteamérica para evitar los ataques del imperialismo. Eso, en verdad sería una Cuarta Transformación de la República. La lucha sigue y sigue.

    Las Pensiones del IMSS

    A pesar de las mejoras, todavía insuficientes en el IMSS y de la generosa y humana atención de la inmensa mayoría de sus Trabajadores, Médicas, Médicos, Asistentes, Técnicos, Personal de Administración, Farmacéuticos, etc., pero especialmente de quienes se ocupan de las áreas de Atención a Derechohabientes, al menos en Tabasco y Yucatán, hay que consignar que las Pensiones del IMSS han perdido mucho valor adquisitivo, pues se incrementan solamente con el porcentaje de inflación que declaran el INEGI y el Banco de México, que sólo contemplan una parcialidad de productos necesarios, pero no toman en cuenta todo lo que una persona necesita, desde calzones, hasta artículos para el mantenimiento y conservación de sus viviendas. Uno sabe dónde vive un pensionado porque el deterioro de su casa es cada vez mayor y tiene que buscar trabajo dónde no ponga en riesgo perder su pingüe pensión, a pesar de enfermedades, avanzada edad, falta de fuerzas y con menor motivación interior cada día, producto de sus propias condiciones. 

    México será un país de viejos en muy poco tiempo y viviremos en condiciones cada vez más precarias, o el sistema de salud nos dejará morir pronto porque “no hay dinero”. Esa excusa define qué tan neoliberal es el actual Gobierno de la República. No son prianistas, pero los imitan a la perfección.