Etiqueta: Selección Mexicana de Fútbol

  • El mundial que nos hizo creer

    El mundial que nos hizo creer

    Mi primer recuerdo de una Copa del Mundo no es un gol. Es una derrota.

    Era Estados Unidos 1994 y México acababa de quedar eliminado en penales frente a Bulgaria. Yo era demasiado pequeño para entender cómo funcionaba un Mundial o qué tan lejos estaba nuestra selección de las grandes potencias. Lo único que comprendí aquella tarde fue que el fútbol podía doler. Descubrí, quizá por primera vez, la tristeza de ver terminar un sueño que apenas comenzaba.

    Desde entonces el fútbol ha estado presente en momentos muy específicos de mi vida. No soy de quienes viven cada jornada o siguen todas las ligas del mundo. Mi pasión despierta cuando juegan los Pumas o cuando la Selección Mexicana representa al país. Entonces el fútbol deja de ser un deporte y se convierte en un sentimiento compartido.

    He visto a México campeón del mundo en categorías juveniles, campeón olímpico y ganador de la Copa Oro. Cada uno de esos triunfos produjo la misma sensación: por un instante parecía que todo estaba bien. Dejábamos de discutir sobre política, inseguridad o economía para celebrar algo mucho más simple: que México había ganado.

    Quizá por eso el fútbol resulta tan difícil de explicar.

    No cambia la economía ni resuelve los problemas del país. Sin embargo, pocas cosas tienen la capacidad de modificar el estado de ánimo de millones de personas como un balón rodando sobre el césped. Durante noventa minutos desaparecen las diferencias políticas, económicas y sociales. Solo permanece una idea profundamente humana: la posibilidad de que David vuelva a derrotar a Goliat.

    Eso fue exactamente lo que ocurrió durante este Mundial.

    Después de una fase de grupos impecable, de avanzar sin recibir un solo gol y de eliminar con autoridad a Ecuador, apareció una pregunta que comenzó a repetirse en todas partes.

    ¿Y si sí?

    Tres palabras bastaron para resumir el estado de ánimo de un país entero.

    ¿Y si sí podíamos competir con cualquiera?

    ¿Y si sí era posible romper la historia?

    ¿Y si sí dejábamos de ser la selección que siempre se quedaba cerca?

    Durante algunas semanas esa ilusión consiguió algo extraordinario: unir a México.

    Cantamos el Himno Nacional con un orgullo difícil de explicar. Personalmente tuve el privilegio de hacerlo cinco veces, siempre de pie y con la emoción de quien sabe que representa mucho más que un partido de fútbol. Nos abrazamos con desconocidos después de cada gol, suspendimos reuniones para seguir los encuentros y volvimos a sentir que, por encima de cualquier diferencia, existía algo capaz de reunirnos bajo los mismos colores.

    Eso también es identidad nacional.

    Por eso la eliminación frente a Inglaterra dolió mucho más de lo que explica un marcador.

    Nunca compartí aquella frase de que “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Esta vez vi algo distinto. México compitió de tú a tú frente a una de las mejores selecciones del mundo. La diferencia no estuvo en la entrega ni en el compromiso. Estuvo en esos pequeños errores que, frente a los grandes equipos, suelen decidir una Copa del Mundo. La victoria estuvo al alcance de las manos y terminó escapándose un gol a la vez.

    Cuando sonó el silbatazo final sentí que el Mundial había terminado, aunque el torneo siguiera para los demás. Porque para millones de mexicanos el verdadero objetivo nunca fue conocer al próximo campeón del mundo. Era ver a nuestra selección escribir la página más importante de su historia.

    No ocurrió.

    Todavía no.

    Pero sería profundamente injusto reducir este Mundial a una eliminación.

    México encontró una selección que volvió a competir sin complejos. Julián Quiñones hizo suyo el escudo con cada carrera; Gilberto Mora confirmó que el futuro ya comenzó; Raúl Rangel transmitió seguridad bajo el arco, y Rafa Márquez consiguió algo que parecía incluso más difícil que ganar partidos: devolverle credibilidad a la camiseta nacional.

    Esa, quizá, sea la mayor victoria de este verano.

    Porque México necesita crecimiento económico, instituciones más fuertes y mayor seguridad. Pero también necesita algo que ningún indicador puede medir y que, sin embargo, sostiene a cualquier sociedad que aspira a ser mejor: la capacidad de creer.

    Durante unas semanas olvidamos nuestras diferencias para compartir una misma ilusión. Descubrimos que todavía somos capaces de emocionarnos, de abrazarnos con desconocidos y de imaginar que lo imposible puede ocurrir.

    No levantamos la Copa del Mundo.

    Pero esta Selección nos recordó algo que vale mucho más que un resultado.

    Los Mundiales terminan.

    La esperanza de un país no debería hacerlo.

  • ¿Por qué perdió México ante Inglaterra?

    ¿Por qué perdió México ante Inglaterra?

    La selección mexicana mostró algo que durante muchos años no había tenido: carácter. Peleó, compitió, hizo sufrir a uno de los favoritos incluso cuando el marcador parecía sentenciado. Pero el fútbol de élite no premia el esfuerzo; premia los proyectos bien construidos. Y ahí es donde México volvió a fracasar.

    En la cancha hubo errores evidentes. Faltó imaginación para romper una defensa ordenada. El ataque dependió demasiado de impulsos individuales y nunca encontró variantes cuando el rival cerró espacios. Tácticamente el equipo tardó en reaccionar y defensivamente hubo desconcentraciones imperdonables en la marca que terminaron costando goles. Esos errores existen y deben señalarse.

    Pero quedarse únicamente con el análisis del partido sería engañarnos otra vez. México no perdió este Mundial por noventa minutos malos. Lo perdió durante años. Lo perdió cuando el fútbol dejó de ser un proyecto deportivo para convertirse exclusivamente en un negocio.

    Porque mientras las grandes potencias invierten en formación, infraestructura, desarrollo de talento y competencia, aquí seguimos administrando un mercado cautivo.

    La abolición del ascenso y descenso fue quizá el golpe más duro para la competitividad del fútbol mexicano. Se eliminó el miedo al fracaso. Se acabó la urgencia por mejorar. Muchos clubes entendieron que ya no era indispensable competir para permanecer; bastaba con cumplir los requisitos administrativos y financieros.

    ¿Para qué invertir en fuerzas básicas si el descenso ya no existe? ¿Para qué arriesgar con jóvenes si es más sencillo traer futbolistas extranjeros de nivel mediocre que, además, generan comisiones para representantes y directivos?

    Nadie discute que los extranjeros enriquecen una liga cuando elevan su nivel. El problema es que en México llegan demasiados jugadores que no son mejores que el talento nacional. Ocupan plazas, frenan procesos y reducen oportunidades para futbolistas mexicanos que necesitan minutos para desarrollarse.

    Después nos preguntamos por qué en la Selección faltan laterales, centrales o extremos capaces de competir al máximo nivel. La respuesta juega todos los fines de semana… sentado en la banca. 

    Y mientras eso ocurre, las televisoras y los grupos empresariales siguen controlando buena parte del ecosistema del fútbol mexicano. Durante décadas el balón dejó de ser solamente un deporte para convertirse en un producto televisivo. Los horarios responden al rating. Los calendarios a los contratos. Las decisiones deportivas a los intereses comerciales. Los dueños poseen varios equipos. Los conflictos de interés se normalizan. Las multipropiedades sobreviven.

    Y la Federación Mexicana de Fútbol parece mucho más preocupada por vender derechos comerciales que por construir un modelo deportivo capaz de competir con las mejores selecciones del mundo.

    Cada fracaso mundialista promete una “reestructuración histórica”. Cambian nombres, cambian entrenadores, cambian directores deportivos; pero nunca cambia el modelo. Porque tocar el modelo significa afectar negocios y eso nadie quiere hacerlo.

    Resulta mucho más sencillo culpar al entrenador de turno o al delantero que falló una oportunidad que preguntarse quién diseñó este sistema donde la rentabilidad importa más que la competencia.

    Mientras Argentina exporta futbolistas formados en una estructura competitiva y Europa convierte a sus ligas en laboratorios de desarrollo, México presume estadios llenos, contratos millonarios y balances financieros saludables.

    El negocio funciona. El fútbol, no. Quizá por eso este Mundial deja una sensación distinta, no porque México estuviera cerca de eliminar a Inglaterra, sino porque quedó claro que los jugadores pelearon con las herramientas que tenían.

    El problema no fueron únicamente ellos, el problema empieza mucho antes de que ruede el balón. Empieza en las oficinas donde se decidió cancelar el ascenso y descenso, empieza cuando se privilegió el espectáculo sobre la formación, empieza cuando se entendió al aficionado como consumidor y no como parte de una cultura deportiva, empieza cuando la Federación olvidó que el objetivo de una liga profesional no es únicamente producir ganancias, también debe producir futbolistas.

    Y mientras esa lógica no cambie, seguiremos haciendo lo mismo cada cuatro años: cambiar de entrenador, buscar culpables en la cancha y convencernos de que el próximo Mundial será diferente. No lo será, porque México no necesita otro director técnico, necesita recuperar el fútbol de quienes hicieron del negocio su cancha favorita.

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  • Coca-Cola lanza latas coleccionables por los triunfos de México

    Coca-Cola lanza latas coleccionables por los triunfos de México

    La marca rinde homenaje al desempeño del equipo nacional en la Copa Mundial de la FIFA 2026 con una edición especial que captura la emoción de cada victoria.

    -Mateo Segura

    Tras la destacada participación de la Selección Mexicana en la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026, Coca-Cola México anunció el lanzamiento de una serie de latas coleccionables. Estos diseños buscan conmemorar los triunfos obtenidos por el equipo nacional en el torneo, transformando cada partido ganado en un objeto de colección para los aficionados.

    Hasta el momento, la serie incluye latas conmemorativas por las victorias frente a las selecciones de Sudáfrica, Corea del Sur y Chequia, las cuales ya se encuentran disponibles en los diversos puntos de venta a nivel nacional. La compañía informó que el diseño dedicado a la victoria contra Ecuador llegará al mercado durante la segunda semana de julio.

    Al respecto, Carmen Méndez, vicepresidenta de Mercadotecnia de Coca-Cola México, destacó el propósito de la iniciativa: “A través de las experiencias que hemos desarrollado durante todo el año para los consumidores, hoy queremos conmemorar el esfuerzo, la entrega y el camino que ha construido la Selección Mexicana con estas latas de colección”. Con este lanzamiento, la marca busca dejar un legado que trascienda la cancha, celebrando el sentimiento de unidad que genera el futbol en el país.

  • Gilberto Mora, segundo futbolista titular más joven en fase eliminatoria, solo detrás de Pelé

    Gilberto Mora, segundo futbolista titular más joven en fase eliminatoria, solo detrás de Pelé

    El mediocampista mexicano Gilberto Mora se convirtió en el segundo futbolista más joven de la historia en ser titular en un partido de eliminación directa de una Copa del Mundo. 

    Originario de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Gilberto Rafael Mora Zambrano nació el 14 de octubre de 2008. Su buena actuación en la fase de grupos frente a Chequia convenció al cuerpo técnico de darle la titularidad en el duelo eliminatorio ante Ecuador.

    El jugador de los Xolos de Tijuana debutó en el once titular de Javier Aguirre para el duelo de dieciseisavos de final ante Ecuador en el Estadio Azteca.

    Con 17 años y 259 días, Gilberto Mora se convirtió en el segundo futbolista más joven de la historia en ser titular en un partido de eliminación directa de una Copa del Mundo. Solo lo supera el brasileño Pelé, quien logró la hazaña en 1958 con 17 años y 239 días.

    Al haber disputado minutos en el partido inaugural del Mundial frente a Sudáfrica, Gilberto Mora se había convertido en el futbolista más joven en representar a México en una Copa del Mundo, superando una marca que por décadas perteneció a Manuel Rosas.

    En 2025 se convirtió en el jugador más joven en disputar y ganar una final internacional avalada por la FIFA, tras levantar el título de la Copa Oro con la Selección Mexicana.

    Varios clubes europeos siguen de cerca su evolución, y se contemplan ofertas una vez concluya su participación en el Mundial, lo que podría marcar su salida de Xolos rumbo al fútbol del Viejo Continente.

  • Sheinbaum abandera a la selección mexicana rumbo al Mundial

    Sheinbaum abandera a la selección mexicana rumbo al Mundial

    Guillermo Ochoa, seis veces mundialista, portó la bandera en una ceremonia de 10 minutos en el Centro de Alto Rendimiento.

    La presidenta Claudia Sheinbaum entregó este lunes la bandera nacional a los 26 jugadores que representarán a México en la Copa del Mundo. La ceremonia se celebró en el Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Futbol, con presencia de dueños y directivos de la Liga MX, y bajo un amplio dispositivo de seguridad del Ejército y la Guardia Nacional.

    El técnico Javier Aguirre eligió a Guillermo Ochoa como abanderado de la delegación. El portero, que disputará su sexto Mundial, recibió el tricolor frente a sus compañeros, todos ataviados con traje y corbata.

    Desde una tarima instalada detrás de las canchas de entrenamiento, Sheinbaum dirigió sus palabras al equipo. “Encomiendo a su patriotismo esta bandera, que simboliza su independencia, el honor, las instituciones, nuestro pueblo y la integridad de su territorio”, dijo la mandataria. Los jugadores respondieron al unísono: “Sí, protesto”.

    Al cierre, la presidenta apuntó directo a los más jóvenes del grupo. Mediocampistas como Gilberto Mora, Obed Vargas y Brian Gutiérrez escucharon atentos sus palabras finales: “Que su ejemplo inspire a millones de mexicanas y mexicanos a creer en la fuerza del deporte y en el poder de sus sueños. Les deseamos el mayor de los éxitos. Que viva la selección”.

    La ceremonia concluyó con la entonación del Himno Nacional y el grito colectivo de “¡Viva México!”.