Etiqueta: Teléfonos celulares

  • Sin palabras

    Sin palabras

    ¡qué despiadados son
    en su callar los muertos!
    con razón
    todo mutismo trágico y glacial,
    todo silencio sin apelación
    se llaman: un silencio sepulcral.

    Amado Nervo, ¡Cómo callan los muertos!

    Intercambiamos mensajes con miles, pero cada vez hablamos menos con quienes tenemos enfrente. El silencio se propaga en medio del escándalo. Vivimos instalados en una paradoja comunicacional de proporciones inéditas, y de consecuencias difíciles de prever. Por un lado, estamos cada vez más interconectados, las bocinas zumban perpetuamente, las bandejas de entrada rebosan de mensajes y el tsunami digital atiborra todas las pantallas con un volumen titánico de signos gráficos, fotos, infografías, videos, iconos, memes… Nunca antes habíamos emitido tantos caracteres por segundo. Sin embargo, en el plano de la oralidad viva, de la palabra hablada, de la vibración directa de la voz en el espacio compartido, la marea humana está retrocediendo de manera sigilosa. Nos estamos quedando mudos o, al menos, muy callados.

    Aldo recibe cientos —literalmente, cientos— de mensajes en su celular a lo largo del día. La mayoría son memes, reenvíos, noticias que no le interesan y chistes bobos. No contesta casi nunca. Sin embargo, invariablemente responde los que le envía su jefe, aunque pertenezcan a la misma categoría. Casi siempre se limita a escribir: «Ja, ja, ja…», o envía una carita carcajeándose. Esa mañana se encontró con él en el elevador, en la planta baja. Buenos días. Buenos días. Aldo presionó el botón del PH. Ninguno volvió a decir una palabra hasta que llegaron arriba. Durante el trayecto, ambos permanecieron absortos en sus teléfonos.

    Un reciente estudio publicado en la revista Perspectives on Psychological Science —liderado por los investigadores Valeria Pfeifer, de la Universidad de Misuri-Kansas City, y Matthias Mehl, de la Universidad de Arizona— pone cifras rigurosas a este fenómeno. A partir del análisis de datos de audio ambiental procedentes de 22 estudios recopilados entre 2005 y 2019, con la participación de más de 2,000 participantes en Estados Unidos, México, Australia y Europa, los científicos pudieron evidenciar un descenso constante, medible e implacable en la cantidad de palabras que pronunciamos en nuestra vida cotidiana.

    Los datos son contundentes. En 2005, el promedio diario de palabras pronunciadas en persona, cara a cara, oscilaba entre las 16,000 y 17,500 vocablos; hacia 2019, esa cifra se derrumbó hasta situarse entre 12,000 y 12,700. Dicho en términos dinámicos: cada año transcurrido durante ese periodo significó un promedio de 338 palabras por persona menos al día. Si acumulamos la disminución, esto representa una caída global del 28% en nuestro intercambio verbal cotidiano, lo cual equivale a pronunciar más de 120,000 palabras menos cada año en comparación con el precedente. ¡120,000 palabras menos cada año!

    ¿Qué ha ocurrido para que nuestra voz pierda tanta presencia? Los autores del estudio advierten que esta merma no responde a un acontecimiento dramático o a una gran ruptura comunicativa, sino a la suma microscópica de pequeños momentos cotidianos que hemos ido desterrando de nuestras rutinas.

    En primer lugar, tenemos que referirnos, claro, a la mutación tecnológica. El desplazamiento de la llamada telefónica o la charla cara a cara hacia la mensajería instantánea y las redes sociales ha transformado el vínculo. Hoy los oficinistas se mandan mensajes estando a unos metros de distancia entre sí. Aunque el texto escrito es ágil, los especialistas recuerdan que carece de la riqueza prosódica, de los matices emocionales y de la lectura gestual inmediata que sólo la oralidad humana es capaz de sostener. El pulso del afecto se empobrece cuando se reduce a una burbuja digital. Lo peor, quizá, sea que esa pobreza comunicativa pasa desapercibida para los comunicantes y suponen que un “OK” significa siempre exactamente lo mismo, aunque es frecuente escuchar: “¡Sólo me contestó ‘OK’!”, como queja, como prueba indiscutible de falta de interés o como reporte tranquilo y confiado del fin de una “conversación”.

    En segundo lugar, la obsesión contemporánea por la eficiencia productiva ha rediseñado el entorno urbano. Las cajas de autoservicio en los supermercados, los menús digitales accesibles mediante códigos QR y las plataformas de pago sin contacto han eliminado casi por completo la necesidad de interactuar con cajeros, meseros o personal de mostrador. Imaginen ustedes cuántas conversaciones casuales han sido borradas del mapa cotidiano por las compras solitarias en línea. Cada plataforma automatizada es una aduana que nos exime de saludar, preguntar o negociar la breve fricción de la alteridad.

    A ello se suman los nuevos hábitos laborales y sociales, marcados por el teletrabajo y la reclusión doméstica, el intercambio de información vía correos electrónicos o chats corporativos. ¿Se han dado cuenta? Los teléfonos cada día repican menos en las oficinas. Todo eso reconfigura las dinámicas de convivencia presencial. Por supuesto, el impacto generacional de esta tendencia no es homogéneo. Si bien el declive afecta a todos los grupos etarios —lo que muestra que estamos ante una transformación social estructural—, la caída es significativamente más pronunciada entre los menores de 25 años. Este sector, plenamente habituado a los códigos de la digitalización nativa, registró una pérdida anual de 451 palabras, un 44% superior a la observada en los participantes de 25 años o más.

    Los crujidos en la vida diaria que provoca esta sequía verbal se escuchan más allá de la estadística. Esta pérdida constante se asemeja a la erosión geológica provocada por el agua: gota a gota, el silencio va minando los cimientos de nuestra sociabilidad. Menos palabras habladas equivalen, de forma directa, a una menor conexión humana, alimentando los vapores de esa epidemia de soledad que las autoridades de salud pública llevan años señalando como un problema prioritario. El aislamiento no sólo lacera el bienestar subjetivo, sino que tiene derivaciones somáticas y psicológicas científicamente comprobadas. Más allá de las graves consecuencias sociopolíticas que indiscutiblemente tiene el fenómeno, no hablar entre nosotros deteriora la salud mental.

    Frente a esta inercia colectiva hacia el mutismo digital, la solución no demanda reformas faraónicas ni batallas tecnológicas imposibles. La salida se halla en el rescate de lo micro. Recuperar siquiera 300 palabras adicionales al día —un intercambio amable con el vecino en el pasillo, un comentario con un colega, una respuesta menos esquemática a la pregunta elemental sobre cómo transcurrió nuestra jornada— constituye un acto de micropolítica afectiva. Volver a hablar, en definitiva, para recordarnos que existimos en la voz del otro.

    @gcastroibarra

  • SEP pone a votación entre docentes el futuro del celular en las aulas

    SEP pone a votación entre docentes el futuro del celular en las aulas

    La Secretaría de Educación Pública consultará a maestros y maestras de todo el país sobre el uso de dispositivos electrónicos en las escuelas, anunció el titular de la dependencia, Mario Delgado, en la Mañanera del Pueblo.

    La consulta se llevará a cabo los días 24 y 25 de agosto, durante la semana de consejo técnico intensivo, justo antes del inicio de clases, en ella participarán más de un millón de docentes de más de 200 mil escuelas en todo el país.

    El objetivo es que los consejos técnicos escolares debatan sobre el uso de teléfonos celulares en los planteles; actualmente 16 estados cuentan con alguna regulación al respecto, y la meta del gobierno federal es extenderla a nivel nacional.

    La presidenta Claudia Sheinbaum señaló que, tras esta primera etapa, el debate se ampliará a cómo evitar el uso excesivo de redes sociales, el acceso de menores a contenidos no solicitados, incluyendo abusos sexuales o contacto de adultos con niñas y niños.

    Comparó la falta de regulación de las plataformas digitales con la que existe para la construcción de edificios, afirmó que los algoritmos están diseñados para fomentar la adicción. Insistió en que la solución no debe imponerse desde el gobierno, sino construirse entre partidos políticos, sociedad, familias y los propios adolescentes.

    Consultada sobre si se exigirá a las plataformas modificar sus productos, evitó plantearlo en esos términos para no dar pie a acusaciones de censura, y prefirió enmarcarlo como una discusión colectiva. También reconoció como “problemático” prohibir por completo el acceso de adolescentes a redes sociales, dado que es difícil verificar su cumplimiento.

  • Caída de celulares a vías satura paros en Metro de CDMX

    Caída de celulares a vías satura paros en Metro de CDMX

    El Sistema de Transporte Colectivo Metro alertó que la caída de teléfonos móviles a las vías representa la causa más recurrente de interrupciones en el servicio.

    -Mateo Segura

    El Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro de la Ciudad de México informó el 17 de julio de 2026 que el descuido de los usuarios al sostener sus teléfonos móviles en los andenes se ha convertido en el origen principal de los retrasos y paros en las líneas. La constante caída de celulares a las vías ferroviarias obliga a la activación inmediata de protocolos de emergencia y cortes de corriente eléctrica para rescatar los dispositivos.

    De acuerdo con los reportes oficiales de la dirección del STC, cada incidente de este tipo requiere suspender el avance de los trenes por lapsos que varían entre tres y cinco minutos, lo que genera un impacto en cadena que afecta a miles de pasajeros. Las autoridades explicaron que los objetos metálicos provocan cortocircuitos al hacer contacto con la barra guía que energiza los convoyes, comprometiendo la seguridad vial.

    Ante esta problemática recurrente en la Capital de México, el personal operativo del área de transportación del Metro hizo un llamado enérgico a la ciudadanía para resguardar sus pertenencias antes de abordar. Asimismo, recordaron que bajo ninguna circunstancia los usuarios deben intentar descender a la zona de vías por su cuenta para recuperar un objeto, debiendo notificar de inmediato a los policías de estación.

    El organismo descentralizado puntualizó que, además de los teléfonos, otros objetos comunes rescatados de las vías incluyen audífonos, llaves, paraguas y carteras. No obstante, los dispositivos electrónicos con baterías de litio representan un riesgo mayor debido al peligro potencial de ignición o explosión si son aplastados por las ruedas de los trenes en circulación.

  • Descubren narcotúnel en Tijuana que conecta con Estados Unidos

    Descubren narcotúnel en Tijuana que conecta con Estados Unidos

    Agentes de la FGR hallan un túnel con instalaciones de seguridad en un cateo en la colonia Nueva Tijuana.

    En Tijuana, Baja California, elementos de la Fiscalía General de la República (FGR) encontraron un narcotúnel sorprendente. Este túnel mide aproximadamente 265 metros y tiene una profundidad de 6.30 metros. Lo más inquietante es que cuenta con iluminación y ventilación. Además, posee un sistema electrónico que permite el paso en ambas direcciones entre México y Estados Unidos.

    El hallazgo se llevó a cabo durante un operativo en un domicilio de la colonia Nueva Tijuana. Este cateo formó parte de una indagación por violaciones relacionadas con el uso de armas y drogas. Durante la revisión, los agentes encontraron cartuchos, metanfetamina, mariguana, teléfonos celulares y documentación sospechosa. Todo sugiere que la propiedad podría haber estado operando como un centro de almacenamiento y logística para el tráfico de sustancias y armas.

    Las investigaciones indican que este túnel podría estar conectado a una calle en San Diego, California. Este descubrimiento representa un duro golpe a las organizaciones criminales que operan en la región. Las acciones de la FGR fortalecen la lucha contra el tráfico de drogas y mejoran las capacidades institucionales para enfrentar estos delitos.

    Los objetos encontrados y la propiedad ahora están bajo el resguardo del Ministerio Público Federal en Baja California, que continuará con las investigaciones pertinentes.