Etiqueta: Venezuela

  • El Senado frena a Trump: Exige aval del Congreso para nuevas acciones militares contra Venezuela

    El Senado frena a Trump: Exige aval del Congreso para nuevas acciones militares contra Venezuela

    La resolución, impulsada por la minoría demócrata y apoyada por cinco republicanos, limita el uso unilateral de la fuerza tras la incursión que derivó en la captura de Nicolás Maduro.

    El Senado de Estados Unidos aprobó una resolución de poderes bélicos para impedir que Donald Trump lance nuevos ataques militares contra Venezuela sin autorización del Congreso, en un revés político tras la operación ordenada el fin de semana pasado.

    La medida fue avalada con 52 votos a favor y 47 en contra, con el respaldo unánime de los demócratas y de los republicanos Rand Paul, Todd Young, Lisa Murkowski, Josh Hawley y Susan Collins.

    La iniciativa, presentada por el senador Tim Kaine, obliga a la Casa Blanca a solicitar permiso legislativo previo para cualquier acción armada contra Venezuela. El debate se intensificó luego de que fuerzas especiales estadounidenses realizaran una incursión en Caracas que culminó con el traslado del presidente Nicolás Maduro a Nueva York, sin notificación previa al Capitolio. Trump justificó la omisión al alegar que “el Congreso tiende a filtrar información”.

    La respuesta fue inmediata. Legisladores de ambos partidos calificaron la operación como ilegal y advirtieron el riesgo de arrastrar a Estados Unidos a un conflicto prolongado. “Tras las acciones del Gobierno, el Congreso debe dejar clara su postura ante la opinión pública”, sostuvo Kaine desde la tribuna.

    La resolución busca contener la escalada iniciada meses atrás, cuando Trump autorizó ataques aéreos contra embarcaciones frente a las costas venezolanas, bajo el argumento de combatir el tráfico de drogas. Esos operativos habrían causado al menos 110 muertes, cifras que expertos cuestionan, al igual que la versión oficial sobre el fentanilo. La controversia creció tras conocerse que dos sobrevivientes de un ataque fueron abatidos en lugar de detenidos.

    Aunque intentos previos para limitar los poderes bélicos fracasaron por márgenes estrechos, esta votación marca un punto de inflexión y envía un mensaje claro: el Congreso reclama su papel constitucional frente a decisiones militares unilaterales.

  • Trump impone compra exclusiva de productos “Made in EUA” a Venezuela con dinero del petróleo

    Trump impone compra exclusiva de productos “Made in EUA” a Venezuela con dinero del petróleo

    Washington supervisará las ganancias petroleras de Venezuela y obligará a que se destinen únicamente a bienes fabricados en Estados Unidos, bajo un nuevo esquema de control económico.

    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que Venezuela sólo podrá comprar productos “Made in EUA” con los recursos obtenidos por la venta de petróleo, en un acuerdo que contempla supervisión directa de Washington sobre las ganancias generadas por el crudo venezolano.

    A través de su red Truth Social, Trump afirmó que Caracas destinará esos ingresos a la adquisición de productos agrícolas, medicamentos, dispositivos médicos y equipos energéticos estadounidenses, con el argumento de fortalecer la infraestructura eléctrica y petrolera del país sudamericano.

    El anuncio se da en un contexto de bloqueo petrolero y control político sobre Venezuela. Con Nicolás Maduro encarcelado en Nueva York, el gobierno venezolano confirmó negociaciones con Washington para vender “volúmenes de petróleo”, recurso que la administración estadounidense asegura controlará de manera indefinida.

    Trump calificó el acuerdo como “una decisión inteligente” y lo presentó como parte de su estrategia de reindustrialización de Estados Unidos, eje central de su política económica basada en aranceles, presión comercial y relocalización de cadenas productivas.

    El planteamiento ha generado críticas internacionales al considerar que profundiza la dependencia económica de Venezuela y consolida el uso del petróleo como herramienta de presión geopolítica, al limitar la soberanía comercial del país sudamericano.

    Analistas advierten que el esquema refuerza el control económico de Washington sobre América Latina, mientras empresas estadounidenses se perfilan como las principales beneficiadas del nuevo orden petrolero impuesto por la Casa Blanca.

  • Venezuela no es una excepción, es el mensaje

    Venezuela no es una excepción, es el mensaje

    La intervención de Estados Unidos en Venezuela bajo el gobierno de Donald Trump no fue un acto de “liberación”, ni una cruzada ideológica contra la izquierda, fue como tantas otras veces en la historia de Estados Unidos una operación al margen de los pueblos y del derecho internacional. Fue una operación de control con varios objetivos y un solo beneficiario, el poder hegemónico.

    El bombardeo en Caracas, los ataques a lanchas, la narrativa del narcotráfico y las drogas son pretextos, etiquetas útiles para criminalizar a un país, justificar acciones ilegales y convertir una intervención en “operativo de seguridad”.

    Bloqueos, amenazas, bombardeos y operaciones encubiertas no son gestos humanitarios, son actos de fuerza que violan la soberanía de un país y normaliza que las potencias decidan quién gobierna y quién no. El derecho internacional, una vez más, fue pisoteado sin consecuencias reales.

    Muchos festejan las arbitrariedades de Trump, les da gusto el secuestro de Maduro, les digo que esto no los hace demócratas, ni patriotas, ni defensores de la libertad, los convierte en cómplices de una lógica imperial que no distingue colores políticos, solo intereses, porque cuando se trata de control, la ideología es lo primero que se sacrifica.

    Que Trump no nos venda cuentos cuando nosotros sabemos de historias, no es apoyo al pueblo venezolano, el guion es viejo, presión económica, asfixia financiera, amenaza constante y luego “negociación” bajo bombardeos.

    Lo sabemos, no es solo el petróleo, es una pieza clave no se pone en duda pero no es el tablero completo, es control financiero, territorial, geopolítico y simbólico, es demostrar que ningún país que se salga del guion establecido puede hacerlo sin pagar un precio muy alto. Es enviar un mensaje a toda América Latina, te digo Juan para que entiendas Pedro.

    Quien esté pensando que Estados Unidos busca justicia, democracia, o reparación histórica, o terminar con el narcotráfico no ha entendido cómo funciona el poder. El libreto es conocido, si no te pueden llamar dictadura, te llaman narcoestado, si no te pueden invadir, te asfixian, si no pueden justificar la guerra, la fragmentan en “incidentes”.

    Así se hizo en Chile, cuando la economía fue estrangulada antes del golpe. Así se hizo en Irak, con el cuento de las armas inexistentes que dejó un país destruido, así se hizo en Libia, donde derrocaron al gobierno y entregaron el país al caos permanente. El patrón se repite, primero control, luego fragmentación, después silencio. La soberanía es la primera víctima.

    Esto no va de derechas ni de izquierdas, esa “discusión” es para distraer, el verdadero juego se mueve entre élites que se reparten territorios, recursos y silencios, mientras el derecho internacional se arroja al basurero. ¡Ojo! Esto no es una excepción. Es un ensayo general.

    Les mando un abrazo fraterno

  • Petróleo como contraste; México con Peña Nieto y Venezuela bajo presión de Trump

    Petróleo como contraste; México con Peña Nieto y Venezuela bajo presión de Trump

    El gobierno de Venezuela entregará hasta 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad a EUA y será vendido a precio de mercado. Los ingresos generados estarán bajo la administración del presidente estadounidense Donald Trump.

    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mencionó que el gobierno de Venezuela otorgará entre 30 a 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad al gobierno estadounidense. La venta será a precio de mercado, mientras que los ingresos serán utilizados para el beneficio del pueblo de Venezuela y Estados Unidos. Además de ser administrados por el mandatario estadounidense.

    El gobierno de EUA ha manifestado que la presidenta de Venezuela en cargo, Delcy Rodríguez, autorice el acceso total de la industria petrolera a  empresas privadas estadounidenses. El costo de exportación, en un acuerdo entre Caracas y Washington, tiene un valor de más de 2 mil millones de dólares.

    La importancia económica del petróleo es fundamental, como fuente de energía ha tomado un papel muy importante en tiempos actuales al ser uno de los productos más comercializados, generando estabilidad financiera global.

    Mientras México y Venezuela comparten una histórica dependencia del petróleo, las trayectorias de ambos países muestran contrastes marcados cuando se habla de los años del gobierno de Enrique Peña Nieto y la política impulsada por Donald Trump hacia Caracas.

    Durante el sexenio del expresidente Enrique Peña Nieto, México estuvo marcado por la reforma energética, la cual dio apertura al sector de la inversión privada que buscó frenar la caída petrolera y la reducción de la presión financiera sobre Petróleos Mexicanos (PEMEX). Esto provocó que la producción de petróleo se posicionara en niveles históricamente bajos, perdiera peso y la producción de importaciones de combustibles limitara su capacidad de incurrir en los precios internacionales.

    Mientras México vivía un proceso interno de reforma, no logró revertir la caída petrolera; Venezuela enfrenta una intervención donde su principal riqueza energética es utilizada como palanca de negocio y conflicto.

    El contraste entre México y Venezuela es claro, aunque son dos modelos distintos, comparten un fin común: el petróleo va más allá de ser un recurso natural y es utilizado como instrumento de presión política para un impacto económico a largo plazo.

  • Canciller cubano desmiente a Trump y niega un “colapso” de la isla

    Canciller cubano desmiente a Trump y niega un “colapso” de la isla

    El gobierno de Cuba rechazó las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que la isla “está a punto de caer”. Calificó dichos señalamientos como parte de una “agenda de mentiras” impulsada por políticos cubanoamericanos y grupos de interés.

    Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, negó que el país atraviese un colapso y acusó a Trump de repetir narrativas falsas tras sus recientes amenazas a distintas naciones, entre ellas la isla caribeña, luego de la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela.

    A través de su cuenta en X, Rodríguez afirmó que las declaraciones de Trump buscan encubrir una “política criminal de asfixia y guerra económica recrudecida contra Cuba”, la cual, dijo, ha provocado daños y desesperación en las familias cubanas.

    El canciller subrayó que el pueblo cubano defenderá su soberanía frente a “cualquier agresión imperialista”, como lo ha hecho históricamente, y reiteró que Cuba no se someterá a presiones externas.

  • Brasil acusa en la OEA que secuestro de Maduro por EUA sienta un precedente global peligroso

    Brasil acusa en la OEA que secuestro de Maduro por EUA sienta un precedente global peligroso

    La delegación brasileña advirtió que la operación militar en Venezuela vulnera la soberanía nacional y debilita el sistema multilateral en el continente.

    Brasil hizo una severa denuncia contra Estados Unidos durante una sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), al calificar como “extremadamente peligrosa” la operación militar ejecutada en Venezuela que derivó en el secuestro del presidente Nicolás Maduro. Para el gobierno brasileño, se trata de una grave afrenta a la soberanía que amenaza con normalizar la intervención armada entre Estados.

    El representante permanente de Brasil ante la OEA, Benoni Belli, sostuvo que la soberanía nacional y el respeto a las instituciones multilaterales son pilares indispensables para garantizar la autodeterminación de los pueblos y mantener relaciones internacionales basadas en la igualdad y la justicia. Alertó que avalar este tipo de acciones abre la puerta a abusos que ponen en riesgo la estabilidad regional y global.

    Durante la misma sesión, el secretario general de la OEA, Albert Ramdin, afirmó que el organismo puede respaldar una transición democrática amplia y apoyar reformas institucionales en Venezuela, aunque reconoció que la región se encuentra profundamente dividida frente a la intervención estadounidense. Llamó a los países miembros a mantener un compromiso colectivo para evitar una escalada mayor.

    Aunque se escucharon múltiples discursos en contra del ataque de Estados Unidos, varias delegaciones optaron por no fijar postura, mientras otras expresaron su satisfacción por la captura de Maduro, evidenciando la fractura política al interior del organismo.

    Cabe recordar que Venezuela anunció su salida de la OEA en 2017, decisión posteriormente desconocida por la Asamblea Nacional controlada por la oposición. Pese a ello, la organización con sede en Washington sigue considerando al país como miembro, aun cuando Caracas dejó de participar activamente.

    Además, el Consejo Permanente desconoció las elecciones presidenciales de 2024, respaldando —sin pruebas concluyentes— las acusaciones de fraude promovidas por la oposición y apoyadas por Estados Unidos y la Unión Europea.

  • Venezuela: más preguntas que banderas

    Venezuela: más preguntas que banderas

    En cuestión de horas, Venezuela pasó de ser una crisis prolongada y aparentemente inmóvil a convertirse en el epicentro de una sacudida internacional. La captura de Nicolás Maduro por una operación directa del gobierno de Estados Unidos rompió un equilibrio precario que llevaba años sosteniéndose entre sanciones, aislamiento, retórica y desgaste interno. No fue una transición negociada, ni una revuelta interna, ni una decisión multilateral. Fue un acto abrupto que desordenó el tablero, aceleró los tiempos y colocó a millones de personas frente a una avalancha de versiones, juicios inmediatos y exigencias de tomar partido. Mientras los titulares hablaban de invasión o liberación, de justicia o saqueo, en casas, trabajos y sobremesas se repetía una sensación común: nadie tenía del todo claro qué pensar.

    La primera pregunta apareció casi de inmediato. ¿Esto fue bueno o malo?

    La respuesta honesta es que no cabe en una sola palabra. Para una parte importante de la población venezolana, el régimen que cayó había cerrado todas las salidas internas: elecciones sin credibilidad, instituciones erosionadas y una crisis social que expulsó a millones. Desde ahí, el fin de ese poder se siente como un alivio. Pero al mismo tiempo, la forma en que ocurrió introduce una grieta inquietante. Las reglas que existen para proteger a los países más débiles fueron quebradas por una potencia que decidió actuar por fuera de los mecanismos tradicionales. El hecho puede aliviar y preocupar al mismo tiempo. Ambas cosas pueden ser ciertas sin anularse.

    Luego vino la siguiente duda. ¿Estados Unidos hizo lo correcto?

    Planteada así, la pregunta exige una respuesta moral que la política internacional rara vez ofrece. Estados Unidos no actúa como héroe ni como villano de película. Actúa como potencia. Las potencias intervienen cuando consideran que el costo de no hacerlo es mayor que el de actuar. En este caso, el colapso venezolano ya generaba efectos regionales reales: migración, economías ilícitas, presión sobre mercados y una inestabilidad que dejó de ser manejable con sanciones y discursos. Comprender esa lógica no equivale a justificarla, pero sí evita caer en lecturas ingenuas.

    La sospecha siguiente fue inevitable. ¿Lo hizo por ayudar o por petróleo?

    La respuesta tampoco es binaria. Venezuela es estratégica por sus recursos energéticos y eso nunca es irrelevante. Negarlo sería ingenuo. Pero reducir todo al petróleo es igual de simplista. Durante años, esos recursos estuvieron ahí sin ser plenamente aprovechables por sanciones, deterioro e incapacidad operativa. El verdadero interés no está solo en el recurso, sino en lo que viene después: quién decide cómo se reconstruye el país, bajo qué reglas, con qué controles y con qué nivel de autonomía real. El petróleo no explica todo, pero atraviesa todo.

    Conforme bajó el ruido inicial, apareció la pregunta más importante. ¿Qué va a pasar ahora, en serio?

    En el corto plazo, lo urgente es evitar el vacío. Mantener servicios básicos, algo de seguridad y una mínima continuidad administrativa. En el mediano plazo, se abrirá la disputa real: si habrá una transición democrática profunda o solo un reacomodo del poder con nuevos rostros y viejas estructuras. En el largo plazo, la pregunta será más dura: si Venezuela logra reconstruir instituciones propias o entra en una nueva forma de dependencia, ahora con respaldo externo. Nada de esto es automático. Ninguna captura sustituye la tarea de reconstruir un Estado.

    Entonces surge otra inquietud, cargada de memoria. ¿Esto ya lo ha hecho antes Estados Unidos?

    Sí. Y América Latina lo sabe. Por eso la región reaccionó con cautela. No por ideología, sino por experiencia. Las intervenciones suelen prometer soluciones rápidas, pero dejan consecuencias largas. La historia regional está llena de episodios donde la excepción se volvió regla y el costo lo pagaron las sociedades locales, no quienes tomaron la decisión.

    Así, la historia vuelve al punto de partida. Venezuela no es solo un país en transición. Es un espejo incómodo de un mundo que está probando límites sin consenso claro. El fin de un régimen no garantiza el inicio de un orden justo. Romper una regla puede parecer necesario en el momento, pero nunca es neutral para el futuro. Entre la soberanía que falló y el rescate que irrumpe, el sistema internacional avanza sin certezas compartidas. Por eso, más que celebrar o condenar de inmediato, este episodio exige algo menos espectacular y más urgente: comprender que lo ocurrido no solo redefine el destino de Venezuela, sino que anticipa las reglas bajo las cuales muchas otras naciones podrían verse juzgadas mañana. Y esa historia apenas comienza.

  • No es increíble

    No es increíble

    El 4 de enero de 2026, un día después del secuestro en Caracas de Nicolás Maduro y su esposa, tres días antes de que el ejército norteamericano invadiera Nuuk, capital de Groenlandia, y tres días antes de que los marines gringos tomaran por asalto Palacio Nacional, aquí en la Ciudad de México, la presidenta Claudia Sheinbaum estuvo en la Refinería “Miguel Hidalgo”. ¿Se entiende? Quizá así:

    El 2 de enero de 2026, Qiu Xiaoqi, representante de China para Latinoamérica y el Caribe, realizó una visita a Venezuela y entabló un diálogo con el presidente Maduro, quien quizá esa noche se fue a dormir tranquilamente. Durante la madrugada del día 3, a las 2:00 a.m., el presidente venezolano fue capturado ilegalmente por militares estadounidenses en Caracas. La operación, ordenada por Trump, fue denominada Absolute Resolve, Resolución Absoluta, un nombre que tendría que recordarnos el nombre que le dieron los nazis a su plan de exterminio sistemático de la población judía: Solución Final. La operación yanqui en Caracas incluyó bombardeos y ataques aéreos que mataron a casi cien venezolanos, buena parte de ellos civiles. Horas después, Trump declaró: “Después de esto que hicimos anoche, podemos hacerlo de nuevo. Nadie puede detenernos”.

    Tres días después, durante las primeras horas del 7 de enero, unidades de élite del Comando Norte de Estados Unidos, con apoyo aéreo y naval, tomaron el control de Nuuk y aseguraron los puntos estratégicos de Groenlandia. El asalto se desarrolló sin una declaración de guerra y encontró una resistencia heroica pero inútil por parte de las reducidas fuerzas locales. Fuentes del Pentágono justifican la acción como “una medida de seguridad nacional”. El gobierno danés ha convocado una sesión de emergencia de la OTAN, calificando el acto como “una-violación-flagrante-de-la-soberanía-de-Dinamarca-y-del-derecho-internacional”. 

    Ahora, el despacho de la agencia AF acerca de lo sucedido en México, ese mismo día…: CDMX/Palenque, Chiapas, 7 de enero de 2026. En una acción bélica de gran escala, fuerzas estadounidenses ejecutaron dos operaciones simultáneas en México en las horas previas al nuevo día. En la CDMX, un intenso bombardeo redujo a escombros todas las instalaciones militares, incluido el aeropuerto militar de Santa Lucía, dejando la capital mexicana totalmente indefensa. Las bombas devastaron calles, comercios, infraestructura urbana. Hay más de mil muertos. Imágenes satelitales muestran enormes áreas afectadas. Minutos después, un escuadrón de helicópteros Apache y Black Hawk aterrizó en el Zócalo. Cientos de marines aniquilaron a un grupo de militares mexicanos, así como a un contingente de policías y civiles armados que intentaron defender el corazón del país con armas ligeras e, incluso, con piedras. Fue una masacre. Comandos estadounidenses ingresaron a Palacio Nacional, donde capturaron a la presidenta Sheinbaum, quien fue transportada a bordo de un V-22 Osprey a Nueva York, donde se le presentarán cargos por narcotráfico y complicidad con el gobierno de Venezuela. Casi simultáneamente, en Palenque, Chiapas, otro grupo de élite aterrizó en las afueras del poblado y asaltó el rancho “La Chingada”, en donde radicaba el expresidente López Obrador. La operación fracasó: el objetivo, es decir, el líder más importante del llamado humanismo mexicano, no se encontraba en el lugar. La desaparición del expresidente y el secuestro de la jefa de Estado sumen a México en un vacío de poder. La Casa Blanca justificó las acciones señalando que el depuesto gobierno mexicano se negaba a devolver los recursos petroleros “robados a Estados EU e Inglaterra en 1938 por el zurdo Lázaro Cárdenas”. Trump posteó en su red: “AMLO, entrégate. Tampoco te mando un abrazo. Ja, ja”.

    Resulta significativo que un día después del ataque a Caracas y dos días antes de que fuera secuestrada por los norteamericanos, la presidenta Sheinbaum haya encabezado una visita a la refinería de Tula. Durante el evento, la mandataria reseñó cómo los gobiernos de la 4T lograron revertir la destrucción de Pemex. Habló de los cambios legales que permitieron la recuperación de la capacidad de producción de Pemex. Destacó que las ocho refinerías mexicanas producen ya más de un millón de barriles diarios de petrolíferos, y subrayó su importancia en términos de soberanía. 

    China, Rusia y la UE emitieron sendos comunicados alusivos a la invasión de Groenlandia y al ataque a México, externando su preocupación por la “violación-flagrante-al-derecho-internacional”. La ONU y la OEA también se pronunciaron y se dijeron “profundamente-alarmadas”.

    En cuanto a la situación en México, la cuenta en X de a la periodista Carmen Aristegui posteó una fotografía en la que se observa a la presidenta Sheinbaum momentos antes de ser apresada por las fuerzas norteamericanas: “¿No podría haberse vestido con algo más apropiado para la ocasión?” El líder panista Ricardo Anaya celebró la intervención yanqui y aseguró que el futuro es promisorio porque en México hay mucho petróleo. El líder del PRI celebró el fin del “narcogobierno morenista” y sugirió a Trump “pegarle sus chingadazos” a todos los zurdos. La senadora Téllez, en inglés, en entrevista con Azteca, se declaró lista para asumir el gobierno provisional durante los próximos años. Trump, declaró desde su club de golf en Florida que ya es hora de que se entienda que el Golfo de México se llama Golfo de América… Agregó: “There’s no Mexico anymore; from now on is Ex-Mex”.

    Por supuesto, lo que he leído hasta aquí, quitando el ataque a Caracas y el secuestro ilegal de Maduro, es una ficción, una ficción distópica, un horror. No la escribí con el afán de hacer reír a nadie. La escribí para vislumbrar un escenario que ya no es increíble. El propio Trump, horas después de la agresión en Caracas, amenazó a nuestro país, a nuestro gobierno, a nosotros. Escribo esto para que quede claro qué quiere la derecha mexicana: quieren lo peor para todos. No es tiempo ni de reírnos ni de minimizar las estupideces que profiere el conservadurismo, sus HT machacones, narco esto y narco lo otro, sus amenazas, sus improperios y falsas acusaciones. Aplaudieron lo que sucedió en Caracas porque ellos, ahora sí, quieren que nos convirtamos en Venezuela.

  • Intervención en Venezuela, pero no en Groenlandia

    Intervención en Venezuela, pero no en Groenlandia

    Por: Frank Alvarado

    Países europeos rechazaron una posible incursión en Groenlandia, pese a no confrontar la intervención en Venezuela.

    Macron, de Francia, Merz, de Alemania, Meloni, de Italia, Tusk, de Polonia, Sánchez, de España, Starmer, de Reino Unido y Frederiksen, de la propia Dinamarca lanzaron un comunicado en conjunto donde rechazaron cualquier intento de intervención en Groenlandia por parte de Estados Unidos, pese a que algunos mandatarios no condenaron lo ocurrido en Venezuela.

    “Necesitamos Groenlandia por seguridad nacional, es muy estratégico ahora mismo”, declaró el presidente Trump a bordo del Air Force One después de que su operación militar atacará Caracas y capturará al presidente venezolano, Nicolás Maduro. Un hecho que despertó tensiones internacionales y llevó a la redacción del documento.

    “Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde únicamente a Dinamarca y a Groenlandia decidir sobre los asuntos que conciernen a Dinamarca y Groenlandia”, se puede leer en la declaración de este 6 de enero. Aunque dicha posición dista mucho de cómo tomaron los dirigentes de Francia e Italia lo ocurrido en Venezuela.

    “El pueblo venezolano está hoy liberado de la dictadura de Nicolás Maduro y no puede sino celebrarlo”, escribió Emmanuel Macron, el presidente de Francia, en su cuenta de X, para después formar parte de los que llamaron a respetar “los principios de la Carta de la Naciones Unidas, entre ellos la soberanía, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras”, como dice en el documento.

    Mientras que la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, que también firmó el documento a favor de Groenlandia, en el caso del país latinoamericano dijo que “la acción militar exterior no es la vía para acabar con los regímenes totalitarios, pero al mismo tiempo considera legítima la intervención defensiva contra ataques híbridos a su seguridad”.

    Frierich Merz, el canciller alemán, de forma cauta sobre la nación caribeña señaló que “la clasificación jurídica de la intervención estadounidense es compleja. Nos tomaremos nuestro tiempo para ello. La referencia sigue siendo el derecho internacional”. En el caso de Reino Unido, Keir Starmer, dijo: “consideramos a Maduro como un presidente ilegítimo y no derramaremos lágrimas por el fin de su régimen”.

    En el caso de Donald Trusk, sólo se refirió a Venezuela al calificarlo como un duro golpe y decir que “un evento como el ataque estadounidense de hoy contra Venezuela afecta al mundo entero”. Fue Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, quien se mostró más tajante al condenar el ataque y decir que “viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo”

    Mientras que el gobierno de Dinamarca se dedicó a decir que “dramáticos son los acontecimientos en Venezuela, que seguimos de cerca. Necesitamos retomar el camino hacia la desescalada y el diálogo. Se debe respetar el derecho internacional”.

    Es ante estas declaraciones, que no muestran una postura firme condenando la intervención en Venezuela y que algunas incluso condonan el suceso, donde se marca una disparidad con el discurso que tienen al reprobar una posible acción de EUA con Groenlandia, pese a que en ambos casos existiría un ataque a la soberanía y autodeterminación de las naciones.