Por Alexandro Guerrero
Iniciamos en esta columna una serie de artículos enfocados en conmemorar un sitio en el que de manera gratuita las y los jóvenes de la ciudad han creado comunidad y resistencia.

En 2006, Guillermo Briseño abrió la puerta en Chimalistac porque el país ya había castigado bastante al rock. Lo corrió de Avándaro a patadas, lo llamó ruido, lo confundió con delito. Él dijo: si es ruido, entonces hay que darle palabra. Y si es palabra, que corte. Que cure.

“Aquí el más pelón se hace trenzas” , espeta con orgullo al micro el maestro Briseño. Para él, este oficio no es para sonar bonito. Es para abrirle el pecho a alguien y meterle aire. Por eso en esta escuela no hacen técnicos de la distorsión; hacen colectivos que se entretejen ya entre las distintas generaciones de egresados y maestros, entre otras banderas, para que se sepa en la pedagogía del rock, que una guitarra sin frase que duela, es solo un mueble caro.
Por esa casa pasaron Betsy Pecanins y dejó su incendio intacto. Hebe Rosell, Felipe Souza, tantos otros que no fueron a dar clase: fueron a compartir la herida. Para Briseño, aquí el maestro no califica. Acompaña. Sangra con el alumno hasta que la rola dice lo que tiene que decir.
Veinte años y siguen en Av. de la Paz 26. Gratis. Con cédula SEP, sí, pero para Memo eso es papel. Lo que no es papel son los 138 que audicionaron por primera vez en aquel convulso año del fraude electoral perpetrado por el PRIAN, de la “otra campaña” y la represión de Atenco. Los que hoy tocan fuera del país y ya no piden permiso: los que regresan a dar clase porque entendieron que el rock también se hereda igual que las luchas, la poesía y la ideología.

Para los veinte años, Briseño no quiso pastel. Hubo unos ricos tacos y un sabroso y opíparo toquin. Entre tanto “fest” sobremoderno por el varo: aquí se treparon a incendiar con sonido su propio altar. El altar escuela y ahí nomás.
Mientras afuera el arte se cotiza por stream, él sigue defendiendo que el rock es derecho, no mercancía. Que tres acordes todavía pueden salvarte la vida. Pero hay que saber cuáles. Y hay que saber por qué.
Veinte años del Rock a la Palabra. Briseño no celebra números. Celebra que el ruido se sabe y se escribe bien. Y que la palabra, cuando va amplificada, todavía es la mejor enfermera.
La tarea, dice, sigue: curar. Raspar. No dejar morir.

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El lineup del 20 aniversario en donde nos brindaron una inmensa tocada: “SOLISTAS QUE NO ESTÁN SOLOS”. Este viernes 15 de mayo de 2026 sonaron en la celebración: Marica; Nay Stanfield; Rima Yamir; Verónica Ruiz; Marisol Portilla; Geo Equihua y Nacho Quirarte. Alucinantes y de alto nivel en cada propuesta.

Los Invitados de honor: IRAIDA NORIEGA: INFINITO. Con: Alex Otaola; Chema Arreola; Toto Merino; Christian Balderas.
Histórico es el Foro Betsy Pecanins ya de la EMRP, ahí precisamente en Av. De la Paz No 26 anexo, Chimalistac.
Con apoyo logístico y técnico de la Secretaría de Cultura del gobierno de la Ciudad de México.
Rockeando y palabreando, el festejo continuará.

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