El presidente de EUA, Donald Trump, volvió a poner en duda la celebración de las elecciones legislativas de noviembre de 2026 al insinuar que podrían cancelarse si considera que no existen “condiciones honestas”, en medio de encuestas adversas para el Partido Republicano.
A nueve meses de los comicios intermedios, Trump ha intensificado su discurso sobre un supuesto “fraude masivo” cometido por inmigrantes sin derecho a voto, pese a que no existen pruebas que respalden esa acusación y el nivel de irregularidades documentadas en elecciones federales ha sido mínimo. El mandatario incluso ha planteado que el proceso podría ser puesto bajo control federal en estados gobernados por demócratas.
Entre sus propuestas más polémicas está la de “nacionalizar” los comicios, enviar a la Guardia Nacional a vigilar casillas en territorios adversos y exigir comprobantes estrictos de ciudadanía para votar. También ha insistido en eliminar el sufragio por correo y limitar el voto anticipado, medidas que podrían reducir la participación electoral y alterar las reglas tradicionales del sistema estadounidense.
El discurso del presidente ocurre en un contexto históricamente desfavorable para el partido en el poder en elecciones intermedias. Más allá de la viabilidad legal de cancelar unos comicios que la Constitución deja en manos de los estados, el tono de amenaza y desconfianza anticipada vuelve a encender alarmas sobre la estabilidad democrática en lo que por décadas fue presentado como el “faro” institucional de Occidente.


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