Donald Trump exigió la reapertura total del estrecho de Ormuz, pero la realidad en la zona muestra un deterioro aún mayor, con menos tráfico marítimo y nuevas restricciones impuestas por Irán.
En mayúsculas y con tono de ultimátum, Donald Trump exigió la reapertura “COMPLETA, INMEDIATA y SEGURA” del estrecho de Ormuz como condición mínima para un alto el fuego con Irán. La advertencia llegó acompañada de amenazas extremas, incluyendo la posibilidad de “aniquilar” a la civilización persa, en una escalada verbal sin precedentes desde la Casa Blanca.
Sin embargo, a casi 48 horas de ese mensaje, la situación en Ormuz no solo no mejoró, sino que empeoró. El tránsito de buques cayó drásticamente: apenas cinco embarcaciones cruzaron el miércoles y solo tres hasta la tarde del jueves, muy por debajo de los niveles previos. Ni siquiera los petroleros y metaneros, clave para el suministro energético global, están atravesando con normalidad el paso marítimo.
Lejos de relajar el control, Irán endureció las condiciones. La Guardia Revolucionaria incluso delineó rutas alternativas con una amplia “zona peligrosa” de 920 km², mientras autoridades confirmaron que limitarán el paso a un máximo de 15 buques diarios durante el frágil alto el fuego. Analistas advierten que este volumen es insuficiente y prolongará la presión sobre los mercados de energía en Asia y Europa.
A la par, comienza a tomar forma un esquema de cobros por transitar el estrecho —hasta dos dólares por barril o millones por embarcación—, considerado por expertos como una práctica cercana a la piratería moderna. Mientras tanto, alrededor de 800 buques permanecen varados en el golfo Pérsico, incapaces de salir sin autorización de Teherán, en lo que ya se perfila como una de las mayores crisis logísticas y energéticas recientes.
Con información de El País.


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