Tania Larios ha construido una carrera política sobre mentiras y exámenes robados. La legisladora priísta no tiene cédula profesional y ella misma confiesa haber copiado en exámenes.
La polémica política, de entrada, presume una ficha curricular donde asegura contar con una licenciatura en Relaciones Comerciales Internacionales (UIC).
Sin embargo, el Registro Nacional de Profesionistas de la SEP —la plataforma digital pública que permite verificar la validez de cédulas profesionales y títulos académicos en México— arroja un resultado nulo.

Es decir: no existe ningún rastro de que la legisladora priísta haya cursado realmente una licenciatura.
O dicho de otro modo: Tania Larios no tiene cédula profesional, ni título profesional, de acuerdo con la Dirección General de Profesiones (DGP).

Cabe mencionar que, en el marco jurídico mexicano, ostentarse con un grado académico inexistente para ocupar cargos de decisión no es solo una falta ética, sino una potencial simulación administrativa.
Pero la evidencia no termina en la ausencia de una cédula. Al rastrear la etapa formativa de Tania Larios, se puede observar que la política priísta no solo ha mentido en el tema de su cédula y título profesional, sino que ha hecho de la trampa un artilugio normalizado.
Y es que, en una serie de publicaciones en redes sociales, se puede observar que, el 20 de febrero de 2013, una usuaria llamada Andy Leyva le pasa las respuestas de un examen a Tania Larios, mientras la futura legisladora respondía, en medio de risas: “Esto es secreto de estado”.

Esto quiere decir que, desde que era estudiante, Tania Larios acostumbraba a vulnerar los sistemas de evaluación académica. Y mentía.
Y, en esta parte, la ética y la sociología son muy claras al explicar que si una persona aprende que la trampa es un mecanismo de ascenso válido, sin duda podría trasladar esas mismas artimañas a las instituciones del Estado.

Y eso es precisamente lo que Tania Larios parece haber hecho.
Lamentablemente, cuando el éxito o el ascenso político se desacoplan de los medios legítimos (esfuerzo y preparación académica), asoma una estructura de incentivos donde la trampa y la astucia sustituyen a la competencia.
Y ojo: no se trata de una simple gracejada estudiantil. En realidad, sorprende —y preocupa— que una persona que miente y copia sin pudor esté dictando leyes en el Congreso de la CDMX. Y es que, cuando el engaño se normaliza, la democracia se enferma.
Tania Larios no tiene título ni cédula y, al parecer, tampoco vergüenza. Y si el origen de una carrera política es la mentira, el destino final es la corrupción.

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