El alza en boletos, consumo y servicios ha convertido la experiencia de ir al estadio en un gasto de miles de pesos, alejando a la afición y transformando al fútbol en un espectáculo cada vez menos accesible.
Por Neri Torres
Te encuentras sentado en la mesa de tu comedor mientras disfrutas de una comida casera preparada por tu abuela, mamá o esposa. De pronto, ves que anuncian los precios de los boletos para un partido de tu equipo favorito en el “renovado” Estadio Banorte. Entras a revisarlos y descubres que el boleto para estar “más cerca” de tus ídolos cuesta lo equivalente a un mes de sueldo (en términos de salario mínimo). Apagas el celular y llamas a tus amigos para organizarse y verlo en casa.
Esta es la realidad que hoy enfrentan miles de aficionados en la Ciudad de México.
En Los Reporteros MX te detallamos cuánto costaría asistir, por ejemplo, al partido de este sábado entre América vs Cruz Azul.
En el sitio oficial de la boletera Fanki, que ahora administra los eventos del Estadio Banorte, las entradas más baratas disponibles —que ya se agotaron— tenían un costo de 683 pesos en cabeceras altas (zonas 400, 500 y 600, Sur y Norte). Al ingresar, se observa que los boletos más accesibles se terminaron a dos días del encuentro, mientras que los de más de mil pesos aún tienen amplia disponibilidad, algo que antes no ocurría.

En la final de 2024, el Club América, principal equipo del Estadio Banorte, anunció un “sold out” tres días antes, con boletos que alcanzaban un máximo de 4 mil pesos. Hoy el panorama es distinto: a tres días de un partido de liga, cerca del 80% de los lugares siguen sin venderse. ¿Se ha convertido el fútbol en un lujo de élites?

Si se suman los gastos, el panorama es aún más claro: un jersey original del Club América cuesta alrededor de 1,800 pesos; el transporte desde el Centro implica 5 pesos del Metro más 3 del Tren Ligero; o si decides ir en auto, el estacionamiento cuesta 1,139 pesos. Dentro del estadio, una cerveza vale 190 pesos, un hot dog 180 y una bolsa de papas 120. El gasto total se eleva rápidamente.

En el caso del Mundial 2026, los precios podrían duplicarse o incluso triplicarse, dependiendo de la relevancia del partido.
Asistir a un partido en el Estadio Banorte ya no es para cualquiera. Considerando todos los costos, el gasto promedio por persona ronda los 3,429 pesos.
Pero más allá de las cifras, el fenómeno revela una transformación profunda: el fútbol, históricamente considerado el deporte del pueblo, parece alejarse de sus raíces. La experiencia en el estadio, que durante décadas fue un espacio de convivencia accesible para familias trabajadoras, hoy comienza a segmentarse en función del poder adquisitivo.
Este encarecimiento no solo impacta el bolsillo, sino también rompe el vínculo entre el equipo y su afición, esa que construyó la identidad de los clubes desde las gradas populares. Un estadio con lugares vacíos en zonas costosas no necesariamente refleja desinterés, sino una barrera económica cada vez más evidente.
Ante este escenario, muchos aficionados han optado por alternativas más económicas, como adquirir jerseys pirata que en lugares como Tepito se venden desde 350 pesos, o utilizar transporte público para evitar riesgos y el alto costo del estacionamiento. A esto se suma el encarecimiento de alimentos y bebidas dentro del estadio, donde gastar al menos 500 pesos es prácticamente inevitable para consumir algo durante el partido.

La pregunta queda en el aire: si el fútbol deja de ser accesible para la mayoría, ¿seguirá siendo realmente el deporte del pueblo o se convertirá, definitivamente, en un espectáculo reservado para unos cuantos?

Deja un comentario