Ni una más. Un eco de dolor…

Una historia que se repite al infinito. Eso sentimos como si el tiempo en un eterno retorno (Nietzsche) nos condenara a escuchar la misma historia.

Una réplica constante que se apodera del cuerpo femenino, lo cosifica, y lo desvaloriza de su dignidad humana. Y las Autoridades de las Agencias del Ministerio Público a pesar de los discursos de nuestros políticos/cas siguen prácticamente igual. ¡Los cambios se quedan en el papel!

Tratar cada desaparición con el respeto y la rapidez: sigue sin hacerse. A nadie de los que están para procurar la justicia parece realmente importarles.

Las carpetas de investigación son un remedo de análisis profesional. La obligación de atender con perspectiva de género es letra muerta, igual que las mujeres que sufren la violencia de género.

¿Por qué las matan? Porque pueden, porque a ninguna autoridad parece realmente importarle. Porque los feminicidas, los tratantes, los que se apropian de una mujer. Están en todas partes, porque están dentro de las mismas autoridades que debieran proteger a los ciudadanos/nas. Porque forman parte de un sistema patriarcal donde la mujer es un satélite que gira en torno a otros. Hoy es un nombre de mujer, mañana otro, pasado mañana otro y otro. 

Ayer fue Chihuahua, Ciudad Juárez. Las maquiladoras. Todo parece que es propicio. Un trabajo: una oferta laboral. Pasado mañana el novio, el esposo, el ex, el jefe, enojado, furioso porque jamás podrá apoderarse de la individualidad de una mujer.

Todavía en este siglo existen quiénes nos siguen considerando una propiedad; una mula de trabajo. Y nos despojan de nuestra humanidad. También puede ser un tratante que nos ve como una posesión, como un negocio. El eco de dolor se repite en cada confín del planeta. ¡Ni una más! 

Como una herida que desgarra a cada familia que lo vive. Sucede en todo el mundo: sí. Pero me atrevo a decir que es un catalizador: la pobreza, la vulnerabilidad educativa, la corrupción.

Necesitamos no sólo leyes, sino impartición de justicia que las haga valer. No caer en ese juego verbal profundamente superficial. Que dice también antes desaparecían. Y que cae en un círculo de injusticia que invisibiliza a las madres buscadoras, y que las señala y revictimiza ahora como mujeres que quieren lucrar con su dolor y acusar a un gobierno. Y esta forma de ver el asunto, claro que se queda en la periferia y no ahonda, ¡no ayuda! Por favor. No se trata de atacar o defender a un gobierno X.

Se trata de abrir la mente, si no se puede el corazón. Y hacer que se cumpla la ley. ¿Cómo? Para empezar atender rápido, en serio. 

Sin desestimar una sola desaparición. Y capacitar al personal (profesionalizarlo) que atienda los reportes. Tener drones que peinen las zonas. Es un gran trabajo – claro – pero qué harías tú si piensas en que mañana puede ser alguien de tu familia. Hasta cuándo el dolor de los demás realmente podremos sentirlo como propio…

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