Por: Frank Alvarado
El 10 de junio de 1971, el grupo paramilitar Los Halcones, entrenado y financiado por el gobierno priista, atacó a estudiantes que marchaban en la Ciudad de México.
Este 10 de junio se cumplen 55 años del Halconazo o Matanza del Jueves de Corpus, uno de los episodios más violentos de la Guerra Sucia en México. En 1971, miles de estudiantes de la UNAM, el IPN y otras instituciones salieron a las calles de la Ciudad de México para manifestarse en favor de la autonomía de la Universidad Autónoma de Nuevo León y exigir mayores libertades democráticas. La movilización, que avanzaba de manera pacífica, fue brutalmente atacada por el grupo paramilitar conocido como “Los Halcones”.
Los Halcones fueron una organización de choque creada y financiada por el gobierno durante el régimen priista. Diversas investigaciones históricas han documentado que la mayoría de sus integrantes eran jóvenes de escasos recursos reclutados y entrenados con disciplina militar. Testimonios y documentos señalan que incluso recibieron capacitación especializada por parte de instructores militares mexicanos y extranjeros (estadounidenses), con el objetivo de actuar como fuerza represiva contra movimientos sociales y estudiantiles.

La agresión comenzó en las inmediaciones de la Calzada México-Tacuba y San Cosme. Armados con varas de bambú, palos, pistolas y rifles, los paramilitares persiguieron a estudiantes, transeúntes y periodistas. Los ataques se extendieron incluso a hospitales donde eran atendidos los heridos. Aunque el gobierno intentó minimizar la magnitud de la matanza, estimaciones independientes calculan que alrededor de 120 personas fueron asesinadas, además de registrarse decenas de desaparecidos y cientos de lesionados.
Las investigaciones revelan que la cadena de mando del “halconazo” está vinculada directamente al PRI. Entre los principales responsables se encuentra Luis Echeverría Álvarez, entonces presidente de la República; Mario Moya Palencia, responsable de la política interior; Alfonso Martínez Domínguez, regente de la capital; y el coronel Manuel Díaz Escobar, identificado como uno de los organizadores y coordinadores del grupo paramilitar. También ha sido mencionado el teniente coronel Edilberto Gil Cárdenas.
A más de medio siglo, el Halconazo continúa siendo símbolo de la represión ejercida por el Estado contra la disidencia política y estudiantil. Organizaciones de derechos humanos y sobrevivientes sostienen que la justicia sigue pendiente, pues la mayoría de los responsables nunca enfrentó una sentencia firme. Cada aniversario renueva la exigencia de verdad, memoria y reparación para las víctimas de una masacre que marcó la historia contemporánea de México y evidenció el uso de grupos paramilitares por parte del gobierno priista.

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