¿A quién le gustaba la historia en la escuela? Sobre todo la historia de México, un montón de fechas y nombres de héroes que te tienes que aprender, una cantidad inmensa de lugares y acontecimientos que en la mayoría de los casos no nos dicen nada cuando somos niños. Acabamos de conmemorar la batalla de Puebla, una gesta heroica que, de no ser porque va acompañada siempre de un día de asueto, nunca lo consideraríamos como algo relevante.
Sin embargo, para los mexicanos que viven en el extranjero es un acontecimiento que conmemoran con mucho orgullo, el símbolo de que nuestro país ha ganado soberanía gracias a la valentía y fuerza de su pueblo. Pero escribirlo así todavía nos resulta muy lejano, sin alma, ¿qué es eso que últimamente está muy en boca de los políticos denominados pueblo? Diría Adolfo Gilly, somos esos seres humanos, que nos involucramos en la conformación de un proceso histórico que conforma una sociedad particular.
En esta entrega quisiera invitar a nuestros seguidores a que lean “Historia a contrapelo. Adolfo Gilly y el oficio de historiar” Un libro publicado por la Secretaría de Cultura, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y la UNAM. El pasado jueves 23 de abril, en el marco de la Fiesta del libro y la rosa de la UNAM, mi muy estimada Tatiana Pérez Ramírez, junto con José Antonio Albarrán e Israel Jurado Zapata; presentaron el libro de una forma emotiva. Los participantes realizaron una reconstrucción del docente, académico, activista e historiador que fue Gilly. Un gran lector de poesía, pero también un pensador y formador de la sensibilidad del estudiante a través de ese género literario.
Gilly, nos dice Tatiana, decía que “la historia se construye de pequeños datos, historias breves que sufren, viven y sienten convulsivamente las personas”. ¿No nos sentimos así de interpelados cuando escuchamos, vemos o leemos las noticias? Me pregunto si ustedes como yo, sintieron esa efervescencia cuando salimos a la calle a exigir cosas, a gritar, a acompañar a nuestros jóvenes que defendían sus escuelas. Eso nos formó, yo como otros crecí en medio de las crisis económicas, de los fraudes electorales de la venta indiscriminada del territorio, de una guerra contra el narco que no cede; de las crisis de derechos humanos, de los movimientos sociales, las huelgas y de los despidos masivos, conformaron este sentimiento de agravio” que nos muestra Gilly. El agravio construyó nuestra subjetividad.
La subjetividad, continúa Tatiana, “se construye a partir del contexto social; y la vida, obra, activismo y docencia de Gilly, nos da una idea de este proceso maravilloso y complejo”. Estoy disfrutando mucho el texto, sobre todo la parte donde nos describen la cotidianeidad del historiador, porque me hace recordar a mis profesores, esos que no se opacan si no antecede a su nombre el grado académico, esos que te obligan a trabajar por tu propio deseo de aprender, esos que se quedan en el camino y un día hablamos de ellos y les hacemos homenajes. Que ese interés por la historia, por el otro y que el diálogo con el mundo, pueda gestar las decisiones colectivas que nuestro momento histórico requiere.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

Deja un comentario