Autor: Los Reporteros Mx

  • “El hombre se educa para el bien”

    “El hombre se educa para el bien”

    En el capítulo uno de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes se aborda el tema de la educación para el bien y el respeto común y dice textualmente: “Esta educación y las doctrinas en que ella se inspira constituyen la moral o ética. (La palabra “moral” procede del latín; la palabra “ética” procede del griego).

    Todas las religiones contienen un cuerpo de preceptos morales, que coinciden en lo esencial. Pero el bien no sólo es obligatorio para el creyente, sino para todos los hombres en general. El bien no sólo se funda en una recompensa esperada. Se funda también en razones que pertenecen a este mundo.

    La conducta moral, esto es, movida por el bien, nos permite vivir en paz con nosotros mismos y en armonía con los demás. Por eso es importante.

    El bien es una cuestión de amor y de respeto. Es amor y respeto a lo que es bueno para todos y aversión a lo perjudicial. No todo está permitido. Lo excluido es aquello que está mal, que causa mal. El bien es benéfico, y el mal es maléfico.

    El bien no debe confundirse con nuestro interés particular en este o en el otro momento de nuestra vida. No debe confundírselo con nuestro provecho, nuestro gusto o nuestro deseo. El bien es un ideal de justicia y de virtud que puede imponemos el sacrificio de nuestros anhelos, y aun de nuestra felicidad o de nuestra vida. Pues es algo como una felicidad más amplia o que abarcase a toda la especie humana, ante la cual valen menos las felicidades personales de cada uno de nosotros.

    Algunos han pensado que el bien se conoce sólo a través de la razón, y que, en consecuencia, no se puede ser bueno si, al mismo tiempo, no se es sabio. Según ellos, el malo lo es por ignorancia. Necesita educación.

    Otros consideran que el bien se conoce por el camino del sentimiento y, como la caridad, es un impulso del buen corazón, compatible aun con la ignorancia. Según ellos, el malo lo es por mala inclinación. Necesita redención.

    La verdad es que ambos puntos de vista son verdaderos en parte, y uno a otro se completan. Todo depende del acto bueno de que se trate. Para dar de beber al sediento basta tener buen corazón, ¡y agua! Para ser un buen ciudadano o para sacar adelante una familia hay que tener, además, algunos conocimientos.

    Aquí, como en todo, la naturaleza y la educación se completan. Por fortuna, el malo por naturaleza es educable en muchos casos y, por decirlo así, aprende a ser bueno. Por eso el filósofo griego Aristóteles aconsejaba la “ejercitación en la virtud para hacer virtuosos”.”

  • Democracia de vitrina: el imperio nos vendió el insulto y nos quitó la soberanía

    Democracia de vitrina: el imperio nos vendió el insulto y nos quitó la soberanía

    Durante décadas nos repitieron que la grandeza de las democracias liberales consistía en poder insultar libremente a un presidente, publicar una caricatura ofensiva o cambiar de gobernante cada seis años mediante el voto. Ese fue el trofeo que se nos entregó a cambio de renunciar a preguntas más incómodas: quién decide realmente qué se produce, qué se exporta, qué deuda se contrae y bajo qué condiciones un país puede o no nacionalizar sus recursos. La libertad de insultar al poder visible se convirtió en la coartada perfecta para no cuestionar al poder invisible: los consorcios financieros, los organismos multilaterales diseñados en Bretton Woods, las calificadoras crediticias y los oligarcas locales que funcionan como franquicia regional de intereses extranjeros.

    El mecanismo tiene dos capas que se refuerzan entre sí. La primera es institucional: los verdaderos límites de la soberanía nacional no se negocian en el Congreso ni se deciden en las urnas, sino en tribunales de arbitraje internacional, en cláusulas de tratados de libre comercio y en las condiciones que imponen los organismos financieros a cambio de préstamos.

    La segunda capa es mediática: la construcción del sentido común. Cuando un gobierno intenta recuperar el control sobre un recurso estratégico o simplemente redistribuir la riqueza, aparece de inmediato una batería de columnistas, encuestas fabricadas y campañas de desprestigio financiadas por quienes tienen algo que perder. No hace falta un golpe militar cuando existe un batallón de voceros dispuestos a repetir, con distintos acentos, el mismo libreto.

    México ha vivido en carne propia esta historia, pero también ha sido, en distintos momentos, ejemplo de resistencia frente a ella. La expropiación petrolera de 1938 sigue siendo uno de los actos de soberanía más significativos del siglo XX en la región, no porque haya sido perfecta, sino porque demostró que un país del llamado Sur Global podía desafiar a las compañías extranjeras y sobrevivir al boicot que le siguió. Esa memoria incomoda a quienes prefieren una nación dócil, convencida de que su lugar en el mundo es el de proveedor de mano de obra barata y materias primas.

    Recuperar esa memoria no es nostalgia: es una herramienta política para el presente, cuando vuelven a plantearse debates sobre litio, agua, energía y control de fronteras.

    El error de muchos análisis liberales es tratar la democracia como un fin en sí mismo, medible únicamente por la existencia de elecciones limpias y libertad de prensa formal, sin preguntarse quién controla los márgenes reales de decisión. Una elección puede ser impecable en su procedimiento y, sin embargo, no alterar en nada la estructura de dependencia económica que determina el rumbo del país. La verdadera pregunta no es si se puede votar, sino si el resultado de ese voto puede modificar la relación de un país con el capital transnacional. Cuando la respuesta es no, el ejercicio democrático se vuelve un ritual de legitimación más que un instrumento de transformación.

  • Resistencia Alessandra

    Resistencia Alessandra

    Cada vez que la derecha organiza un evento sin gente no sólo se trata de un Movimiento sin bases, sino de un distractor que entretiene tanto a autoridades como a la gente mientras la derecha planea algo contundente y agresivo contra el gobierno de la 4T.

    Con un discurso eminentemente fascista la alcaldesa de Cuauhtémoc, convoca a la gente a algo que pareciera una convocatoria contra un imaginario “narcogobierno”, de ahí que lo demás pareciera simple, frágil, débil, pero efectivo a la hora de llamar la atención.

    Entre frases como “México no le pertenece a ningún gobierno y México no le pertenece a una sola persona; “México es de todos”, o “”Cada reunión deberá terminar en una acción, cada compromiso tendrá un responsable”.

    Es decir, el inicio de una revuelta, como proyecto paralelo, según su discurso, aunque en el momento del encuentro distractor sólo haya 20 personas. Dos eventos con el mismo fin, uno inofensivo pero escandaloso; el otro, peligroso y discreto, que podría ser el nombramiento del sustituto de Cerimedo, o la designación del líder del golpe de estado suave, o quién será el candidato a la presidencia de la república de la derecha, o el nuevo Mecenas, o simplemente, quién encabezará a la oposición sin candidaturas ni liderazgo. Es decir, de manera soterrada pero en una articulación de fuerzas diferente más allá del aburrido rompecabezas de declaraciones sin coherencia ni congruencia que todavía no termina de armar el conservadurismo.

    Rojo de la Vega, encabezó la celebración a un año de la marcha La Resistencia y convocó a la organización social para defender el voto y vencer a lo que llamó “narcogobierno”.

    Este 31 de agosto de 2025, siempre un día antes del informe de la Presidenta, algunos ciudadanos recorrieron calles de la alcaldía Cuauhtémoc en una movilización convocada por la alcaldesa. Desde las 11 de la mañana, contingentes a pie y en motocicletas, avanzaron desde la Diana Cazadora, hasta llegar al Parque México, donde se pronunció un discurso de rancio conservadurismo.

    Los asistentes portaron pancartas con frases como “México no se vende” y “No vamos a ser Cuba”.

    No ubo mucha asistencia ni recorrido amplio, ni difusión extensa, simplemente un acto con acarreados y desinformados temerosos de que México se convierta en Cuba o Venezuela. Esta vez el tema fue el narcogobierno, y seguramente habrá un nuevo objetivo y una nueva consigna el próximo año, cuando Alessandra esté a punto de dejar el cargo, ante la derrota electoral.

    La proximidad de las elecciones y la falta de proyectos propios obligaron a la alcaldesa a rascar en el pasado lo que considera añejas glorias y lánguidas batallas. Debe activar simpatías si quiere competir para reelegirse, pero, al mismo tiempo, hacerle el juego a una ultraderecha, donde es peón, cada vez más desesperada porque el poder se aleja cada día más.

    La oradora única, a un año de su primera pasarela, amenazó con más encuentros para capacitarse y proponer acciones en esta organización. Es decir, toda una revolución de relanzamiento a su candidatura y distraer a medios y la población de lo que se hace en lo oscurito para tomar el poder, a sangre y fuego.

  • La cosecha de AMLO y los resultados a dos años de Claudia; Segundo Informe

    La cosecha de AMLO y los resultados a dos años de Claudia; Segundo Informe

    Nuestra Presidenta llegó a dar su Segundo Informe no solo en representación de sí misma y de su gobierno, sino también de un proyecto político que comenzó a tomar forma con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia en 2018. Se paró en el Patio de Honor para informar, sí, sobre los resultados de sus dos años de gobierno, pero también para hacer la cosecha de un modelo de Estado que sembró nuestro expresidente López Obrador.

    La baja en homicidios dolosos de más del 51% es el resultado conjunto de una estrategia de seguridad que ha puesto el fortalecimiento de las instituciones, la coordinación entre las fuerzas de seguridad y principalmente la atención a las causas de la violencia en el centro de la política pública.

    El énfasis en atender las causas, como quitarles a los jóvenes de las manos al crimen organizado, está dando una gran cosecha después de ocho años de transformación. Pensemos, por ejemplo, en aquellos jóvenes que pudieron continuar sus estudios de secundaria a partir de 2018 gracias a los programas sociales, en lugar de quedar expuestos a la falta de oportunidades y a las redes de reclutamiento del crimen organizado. Son generaciones que hoy están llegando a la juventud y cuyos efectos, entre muchos otros factores, también comienzan a reflejarse en las cifras de seguridad nacionales.

    Esto, por supuesto, sumado a la gran estrategia de seguridad e inteligencia que está llevando a cabo el actual gobierno, con una visión que combina la prevención, la atención de las causas y el combate frontal a quienes generan violencia.

    Otros logros, como el crecimiento del salario mínimo, la reducción de la pobreza, la ampliación de los programas sociales, la construcción de infraestructura estratégica y el fortalecimiento de la inversión pública, muestran que esta transformación es una combinación de 8 años de estrategia de desarrollo, de un sexenio y dos años que están constantemente demostrando que el camino era el correcto.

    Durante estos ocho años de continuidad se ha construido una forma distinta de entender la responsabilidad del Estado, priorizando así uno que recupera su capacidad de invertir, que amplía derechos sociales, que fortalece el ingreso de los trabajadores y que utiliza los recursos públicos para generar bienestar.

    Y aquí es donde los dos años de Claudia Sheinbaum adquieren una dimensión particular. No se trata simplemente de continuar lo que ya existía, sino de demostrar que el proyecto puede mantenerse, profundizarse y producir nuevos resultados bajo una nueva administración, que la ruta está siendo viable debido a los resultados que ya son tangibles y que seguir por ahí nos seguirá fortaleciendo como Patria.

    Porque la cosecha no es únicamente de un gobierno o un informe de lo que se está haciendo más, hablamos de la cosecha de un proyecto que comenzó a sembrarse en 2018 y que hoy, bajo el liderazgo de nuestra Presidenta, sigue dando resultados.

  • En la izquierda luchamos por la riqueza

    En la izquierda luchamos por la riqueza

    Hay algo profundamente revelador en algunas de las campañas mediáticas que, una y otra vez, buscan convertir a los hijos de Andrés Manuel López Obrador en protagonistas de una especie de novela negra nacional.

    A Andy lo persiguen con una intensidad que pocas veces se observa cuando se trata de otros apellidos de la política mexicana. Fotografías, viajes, restaurantes, ropa, amistades, propiedades, visas y hasta detalles de su vida personal terminan convertidos en titulares que parecen tener un objetivo más político que periodístico: construir la idea de que todo aquel que provenga de la izquierda debe vivir en la austeridad absoluta o, de lo contrario, será acusado de hipócrita.

    Y aquí hay que hacer una precisión fundamental: si existe una conducta ilegal, corrupción o tráfico de influencias, que se investigue y se sancione. Nadie debería estar por encima de la ley por ser hijo de un expresidente, militante de Morena o integrante de cualquier otro partido.

    Pero una cosa es investigar y otra muy distinta es construir una narrativa donde el pecado parece ser simplemente tener dinero. Porque ahí aparece uno de los argumentos más tramposos de la derecha: decir que quienes somos de izquierda queremos que la gente sea pobre.

    No. La izquierda no romantiza la pobreza. La izquierda quiere acabar con ella. La diferencia es enorme.

    Romantizar la pobreza sería decirle a una familia que debe conformarse con no tener agua potable, con una vivienda precaria, con un salario que no alcanza, con una escuela sin condiciones o con servicios de salud deficientes porque “así vive el pueblo”.

    Eso no es izquierda. Eso sería crueldad. Lo que históricamente hemos planteado desde la izquierda es exactamente lo contrario: que todas las personas tengan derecho a vivir bien. Que una familia trabajadora pueda comprar una casa digna. Que una joven pueda estudiar en una buena universidad. Que un campesino pueda vivir de su tierra. Que un trabajador tenga un salario suficiente.

    Que una persona pueda viajar, conocer el mundo, comer bien, vestir bien y tener acceso a la tecnología sin que todo eso sea patrimonio exclusivo de quienes nacieron en una familia privilegiada. Queremos riqueza.

    Pero aquí está la diferencia fundamental: queremos una sociedad rica, no una sociedad con unos cuantos multimillonarios rodeados de millones de personas empobrecidas. Queremos que la prosperidad se democratice.

    Y por eso resulta tan curioso cuando algunos sectores conservadores intentan presentar cualquier aspiración material de la izquierda como una contradicción. ¿Acaso alguien que defiende la justicia social debe pedir perdón por querer vivir bien? ¿Acaso defender a los trabajadores significa que los trabajadores tienen que permanecer pobres para demostrar que son auténticos? ¿Acaso luchar contra la desigualdad significa que nadie puede aspirar a tener una casa bonita, un buen automóvil, viajar o construir un patrimonio?

    Por supuesto que no. El problema nunca ha sido que una persona tenga dinero. El problema es cómo se obtiene ese dinero, si existe corrupción, si hay abuso del poder, si se utilizan recursos públicos para beneficio privado o si las reglas son distintas para unos y para otros. Y eso debe aplicarse a todos.

    Lo mismo para un hijo de López Obrador que para un hijo de cualquier empresario, gobernador, expresidente o dirigente político. Porque si de verdad queremos combatir la corrupción, necesitamos reglas universales, no campañas selectivas.

    Redes sociales

  • De sancionar a restaurar: la nueva ley Ambiental (LGEEPA)

    De sancionar a restaurar: la nueva ley Ambiental (LGEEPA)

    Hay daños ambientales que ninguna multa puede deshacer. Un río contaminado no se limpia con una transferencia bancaria. Un acuífero afectado no recupera su calidad porque una empresa pague una sanción. Y un ecosistema destruido puede tardar décadas en volver a funcionar, si es que alguna vez lo consigue. Esa realidad explica el cambio más importante detrás de la nueva legislación ambiental que el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum puso sobre la mesa: pasar de castigar después del daño a prevenirlo y, cuando ocurra, obligar a repararlo.

    La iniciativa, presentada a finales de agosto, busca sustituir el marco de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, vigente desde 1988, y será discutida por el Congreso en el periodo ordinario que comienza en septiembre. La LGEEPA construyó buena parte de la arquitectura ambiental moderna de México: impacto ambiental, ordenamiento ecológico, áreas naturales protegidas, inspección y sanciones. Pero después de casi cuatro décadas, sus instrumentos enfrentan problemas ambientales mucho más complejos.

    Uno de ellos está en los incentivos. Cuando reparar el daño resulta más costoso que pagar una sanción, la multa corre el riesgo de convertirse en un costo más de operación. La nueva propuesta intenta romper esa lógica: que contaminar y pagar dejen de ser, en la práctica, operaciones equivalentes.

    La Manifestación de Impacto Ambiental, conocida como MIA, seguirá siendo una pieza central. Antes de desarrollar determinadas obras, un proyecto debe identificar qué impactos podría provocar y cómo pretende prevenirlos o mitigarlos. La nueva lógica busca mirar además los efectos acumulativos, regionales y de largo plazo e incorpora la Evaluación Ambiental Estratégica para introducir las variables ambientales desde la planeación y no cuando prácticamente todo está decidido.

    Eso puede parecer técnico hasta que una autoridad ambiental ordena detener una operación.

    Las facultades de inspección, seguridad y sanción permiten que un incumplimiento serio tenga consecuencias inmediatas: medidas urgentes, clausuras temporales o definitivas e incluso suspensión o revocación de autorizaciones. En hidrocarburos, minería, infraestructura o industria, eso puede significar detener una instalación completa. La regulación ambiental no es un requisito periférico: puede determinar si una inversión continúa operando.

    Ahí aparece el cambio de fondo. La reparación gana terreno frente a la sanción económica. Siempre que sea posible, deberá privilegiarse recuperar el ecosistema afectado; la compensación quedaría como mecanismo excepcional cuando reparar directamente resulte imposible o desproporcionado. El principio parece sencillo, pero modifica el cálculo económico: pagar por contaminar no debería ser una alternativa frente a reparar.

    También adquieren relevancia los convenios de reparación o compensación. Una empresa podría comprometer acciones concretas antes de concluir el procedimiento sancionador, pero no bastaría con promesas. Las medidas deberán acreditar resultados medibles y equivalencia ecológica, además de mantener indicadores de seguimiento que, en determinados casos, se extenderían por al menos diez años. Restaurar deja así de ser solamente una obligación jurídica para convertirse en un compromiso técnico, financiero y operativo de largo plazo.

    Por eso los regulados deberían comenzar a prepararse antes de que concluya la discusión legislativa. Revisar sistemas de gestión ambiental, actualizar riesgos, fortalecer seguros y garantías, verificar compensaciones existentes y documentar mejor las medidas preventivas no tendría que esperar a la entrada en vigor. Quienes se anticipen enfrentarán una transición menos complicada; quienes sigan viendo el cumplimiento ambiental como un expediente por completar probablemente descubrirán que el nuevo estándar exige mucho más.

    El reto para el Estado será igual de grande. Evaluar impactos acumulativos, determinar responsabilidades, valorar daños y supervisar restauraciones durante años requiere especialistas, presupuesto y coordinación entre Semarnat, PROFEPA, ASEA, estados y municipios. Una legislación ambiciosa sin instituciones capaces de aplicarla puede terminar convertida en una colección de buenas intenciones. La discusión, entonces, no debería reducirse a multas más altas o nuevos trámites. Lo que está en juego es el sistema de incentivos con el que México protegerá su patrimonio natural durante las próximas décadas.

    Durante años medimos la fortaleza ambiental del Estado por cuántas inspecciones realizaba, cuántas multas imponía o cuántas instalaciones clausuraba. Quizá sea momento de medir algo más importante: cuántos daños consiguió evitar y cuánto de lo destruido logró recuperar. Porque una política ambiental moderna no demuestra su fuerza cuando encuentra a quién cobrar después del daño. La demuestra cuando consigue que prevenir sea más conveniente que destruir y restaurar sea más importante que pagar.

  • Alessandra contra la cultura y la comunidad

    Alessandra contra la cultura y la comunidad

    Nadie con sentido común puede exigirle a la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo, un mínimo conocimiento sobre cultura.

    El retiro de las estatuas de Fidel Castro y Ernesto Guevara, no sólo es una falta de respeto a la historia, además de ser un símbolo mundial, es una expresión artística que la burócrata de poca monta no entiende.

    El arte y la voluntad popular están muy lejos de Alessandra Rojo de la Vega no sólo no entiende de esto, se niega a entenderlo, y cae en el delito de robo y secuestro contra la sociedad y extrae su legado en nombre de las ideas delirantes que le caracterizan.

    Ahora, le alquila, presta o vende a la empresa privada de Similares la Casa Cultura Alfonso Reyes, que fue entregada a la comunidad durante la construcción del metro, para convertirla en un dispensario, provocando la ira de los vecinos de la colonia Vista Alegre, quienes se organizan contra tal disposición unilateral de Alessandra Rojo de la Vega sobre los cambios que tiene previsto efectuar en el recinto que por 52 años ha mantenido actividades.

    La educación es otro de los temas que desconoce la alcaldesa porque para ella un reciento de aprendizaje, arte, cultura y comunidad, no es nada.

    Contrario a la transparencia que promueve, en esta ocasión la alcaldesa no transmitió por sus redes sociales y tampoco emitió comunicado alguno de forma oficial. Sólo se difundió una tarjeta informativa que fue criticada por los residentes porque menciona que ha construido alianzas para “ampliar las actividades y servicios que puedan ofrecerse en la casa de cultura una vez concluidos los trabajos”.

    Esto representa una manera de imponer ala sociedad mexicana una población hipocondriaca, imposición que sistemáticamente ha introyectado a la derecha para someterla al miedo permanente. Laboratorios farmacéuticos, el PRIAN, empresarios, el clero, prefieren una sociedad temerosa a la enfermedad que a cualquier otro problema social, porque así pueden cambiar de bando.

    La enfermedad es dúctil a la hora de colocarla el cualquier partido político como trinchera, como sucedió durante la pandemia, desde luego con la complicidad d ellos medios convencionales que han hecho de la sociedad un sector obsesivamente preocupado por la salud. Un segmento de la clase media al que siempre le duele algo, otro que sólo tiene la enfermedad como tema de conversación, otro del precio de los medicamentos, otro de la escasez, etc. En realidad, están enfermos de aburrimiento.

    La salud es un tema que fue introducido en la parte más porosa de la sociedad para ser manipulada y conducirla a través del miedo al manejo de su voluntad.

    Cinco de cada 10 comerciales de la televisión abierta corresponden a productos medicinales, es decir, una evidente convocatoria a la automedicación en nombre de una salud cuyos síntomas son impuestos desde la televisión.

    Es en ese panorama de Alessandra consideró que manejar temas de salud le daría las simpatías populares que tanto le hacen falta, resultó al revés.

    Las arbitrariedades de la alcaldesa de Cuauhtémoc llegan a extremos de delito, que finalmente se revierte a la hora de votar, porque entre sus delirios considera que la gente la quiere y la admira, por lo que intenta reelegirse.

  • IR DETRÁS DEL DINERO

    IR DETRÁS DEL DINERO

    En un mensaje enviado por la red social X el embajador de los Estados Unidos en México Ronald Johnson menciona el ataque por parte de sus autoridades a un “supuesto” caso de lavado de dinero mediante transferencias con identidades falsas en Minnesota, pertenecientes al CJNG creado en el sexenio de Felipe Calderón, cuando se declaró la guerrera contra los cárteles distintos al de Sinaloa, cuando contaba con Genaro García Luna como secretario de seguridad pública, sentenciado en Estados Unidos por narcotráfico.

    También señala que el monto aproximado es de 750,000 dólares, un monto menor si tomamos en cuenta las incautaciones de los últimos meses por parte de las autoridades en nuestro país.

    Lo que sorprende es el señalamiento de Johnson cuando declara que “hay que ir detrás del dinero”. Al parecer el embajador ignora las estrategias por parte de las agencias de su gobierno, tanto la DEA como la CIA cuentan con el control a nivel interno e internacional en todos los procesos, en el negocio más lucrativo para su país, después del de la guerra.

    Las ocurrencia del embajador al hacer mención de que “hay que ir detrás del dinero” solo lo compromete, porque de ser así, al final del camino solo se encuentra La Casa Blanca.

  • “Regresar a la normalidad”

    “Regresar a la normalidad”

    De acuerdo con una reportera en la Mañanera del Pueblo de la semana pasada, es una frase que pronunció Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México en alguna conferencia.

    La reportera le preguntó a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a qué podría referirse el Secretario, la respuesta, como en otros casos, resultó vaga o poco directa con referencia al tema y le explicó a la reportera todo lo que se hace cotidianamente en el Gabinete de Seguridad para la construcción de la paz y se refirió a varias acciones, que van desde las acciones de las fuerzas armadas, hasta la aplicación de los Programas Sociales, mejoramiento del Sector Salud, aunque en Educación se sigue golpeando a los maestros y a las instituciones educativas de todos los niveles. Todo esto es cierto aunque todavía falte mucho para lograr la meta necesaria.

    Recuerdo el tema de “regresar a la normalidad” durante la pandemia de Covid 19 y su significado era bastante claro y fácil de entender, pero en lo que se refiere a seguridad, habría que hacer otro tipo de precisiones en la pregunta y, por supuesto, en la respuesta.

    Tristemente hoy, la normalidad es la violencia y la aparición de nuevos tipos y formas de delinquir, aunque las antiguas siguen vivas, como el asalto al transeúnte, el robo a casa habitación, el robo de auto y demás cochinadas de las que hay que cuidarse a diario. Nosotros sin armas y ellos con muchas muy grandotas.

    Se nota la acción del Gabinete de Seguridad y de algunas fuerzas policiacas en los estados y municipios, pero para lograr la ansiada paz, falta mucho por hacer. Eso, lograr la paz tendría que ser la normalidad, pero en tanto sigamos viviendo bajo el yugo del capitalismo, se ve un tanto difícil.

    Sin embargo, hay una respuesta a la pregunta de la joven reportera, que refirió haber estado muy pequeña cuando ocurrió el fraude electoral que llevó al espurio Felipe Calderón (pura materia FE CAL) y quiero adelantarme a responder un poquito lo que era “la normalidad” en los tiempos en que yo tenía la edad de la citada compañera reportera, y procedo.

    En mi infancia y adolescencia, a pesar de vivir bajo el yugo de un estado represor, con el PRI de López Mateos, Diaz Ordaz y Echeverría, los niños en la Ciudad de México, entonces México, Distrito Federal, esa que Carlos Fuentes llamó “La región más transparente del aire”, podíamos salir a la calle y jugar a las patadas (eso no era futbol) o tochito y cuidarnos solamente de los coches, que siempre se paraban y esperaban a que nos hiciéramos a un lado al grito de “¡coche, coche!

    También podíamos salir a “andar en bici”, los que la teníamos y visitar a otros cuates para en bola andar juntos en las bicicletas o visitando a alguna niña cuyos encantos nos tenían embobados, o tal vez simplemente a sentir el aire en la cara soltando el manubrio y dirigiendo la bici con el movimiento del tórax, la cadera y las piernas para evadir algún obstáculo en el pavimento, o tal vez inventar una pista de obstáculos en algún terreno baldío con montículos de cascajo. Al final, regresar a casa a obscuras, quizás rapados o muy sucios, pero felices y sin nada que lamentar.

    Se podía ir a pie al parque cercano o a dónde hubiera una chancha de básquet para jugar un rato y organizar las retas sin preocuparnos de otra cosa que de aprender y divertirnos, tal vez simplemente a ir al cerro a mirar la ciudad desde allá. No había mucho por lo que preocuparse, eso sí, de preferencia siempre con uno o dos cuates más, o el hermano menor o mayor y ya.

    Éramos capaces de tomar agua de las fuentes de riego de algunos parques. Siempre salir después de hacer la tarea y de comer, regresar cuando ya casi no había luz natural; cuando empezaba a encenderse la “luz mercurial” dónde la había. El miedo que podíamos tener, era a perder el juego, a que se ponchara una llanta de la bici, o a que empezara a llover y llegáramos a casa empapados con el consiguiente regaño de mamá y a la regadera.

    La normalidad era no tener miedo y saber que el país podía ser bueno si los gobiernos y los dueños del dinero pagaban lo justo a la gente, pero eso no pasó y también era parte de la normalidad.

    Luego lo cotidiano fue saber que aquello se había terminado cuando el Estado Mexicano, usando a su Ejército y a sus policías, golpeaba, encarcelaba y asesinaba a trabajadores, ya fueran ferrocarrileros, electricistas o maestros y a estudiantes o a cualquiera que los cuestionara. El Estado se volvió represor, asesino de su Pueblo, dictatorial, antidemocrático, opresor, puramente violento y demás maldades capitalistas y esa fue la normalidad, así que la violencia tiene una historia más lejana que el neoliberalismo, viene del Estado Burgués, defensor del capital y sus personeros desclasados, pero se generaliza con la estupidez de Calderón con su declaratoria de guerra, que además de recursos económicos, se ha llevado demasiadas vidas y terminó con la pingüe paz que alguna vez, fue la normalidad en casi todo el país, excepto siempre, para los más pobres y desfavorecidos de la Patria, a los que el capitalismo ve como fuerza de trabajo barata para deprimir los sueldos de los ocupados.

    La normalidad tendría que ser que las infancias vivieran esa niñez de cuento que algunos tuvimos el privilegio de disfrutar y tendría que ser igual para todos, además, tendría que ser una en la que los padres pudieran disfrutar de ver a sus hijos educarse y crecer en paz y con cercanía. La normalidad tendría que ser una en la que a los jóvenes les llamara el corazón para tener hijos y formar familias, lo que ya rara vez hacen porque saben que sus ingresos a muy duras penas les alcanza para sí mismos. Y no, esa no fue la normalidad de la que habló la Doctora Sheinbaum, per estoy seguro de que es la que ella y la mayoría de los mexicanos queremos construir. Al carajo, como dijo AMLO, con los dueños del dinero, que sea la fuerza laboral de México la que construya y venza. Es un ideal y todo es mi humilde opinión.

  • Business Book Fair: ¿y si el conocimiento también fuera una forma de construir al país?

    Business Book Fair: ¿y si el conocimiento también fuera una forma de construir al país?

    ¿De qué está hecho el crecimiento de un país? ¿De cifras? ¿De grandes inversiones? ¿De tratados y negociaciones? Sí, pero también de algo mucho más sencillo y poderoso, personas preparadas para imaginar, crear y hacer realidad nuevas posibilidades. Y aquí es donde les quiero hablar de Business Book Fair y que conozcan una historia mexicana.

    En 2025, Benjamin Curley, Valeria Díaz, y Julia Calzada convirtieron una idea en un proyecto que reunió en ciudad de México a cientos de líderes, CEOs, emprendedores y autores.

    ¿El punto de partida? Algo tan sencillo como un libro. ¿El objetivo? Mucho más grande, conectar conocimiento, experiencia y comunidad para convertir las ideas en herramientas que puedan aplicarse en la vida real.

    Porque, seamos honestos, ¿De qué sirve leer un gran libro si aquello que aprendimos nunca se convierte en una decisión? ¿De qué sirve hablar de emprendimiento en nuestro país si los jóvenes no encuentran espacios para relacionarse, aprender y abrirse camino? ¿Y qué pasaría si una persona que apenas comienza puede sentarse frente a alguien que ya recorrió ese camino?
    Ahí aparece el verdadero valor de esta comunidad.

    La segunda edición de Business Book Fair se realizará del 3 al 5 de septiembre de 2026 en El Cantoral, Ciudad de México. No es solamente una feria. Es un punto de encuentro.

    Y quizá eso sea lo que más necesitamos, lugares donde las ideas puedan encontrarse con las personas capaces de convertirlas en realidad.

    México tiene talento. Muchísimo. La cuestión es… ¿Estamos haciendo lo suficiente para que nuestros jóvenes lo sepan? ¿Les estamos diciendo que pueden crear empresas desde México para el mundo? ¿Qué pueden competir, negociar, innovar y liderar? ¿Qué sus sueños empresariales no tienen por qué quedarse en una libreta?

    Porque el desarrollo de un país también se construye así, con una emprendedora que se atreve a crecer, con un estudiante que encuentra una nueva perspectiva, con un empresario que aprende a dirigir mejor, con un joven que descubre que su idea sí puede convertirse en una empresa, y ahí está lo entrañable de esta historia.

    Business book fair no nació en Silicon Valley, ni en Londres, ni en Nueva York. Nació en México. Fue imaginada y construida por tres juventudes mexicanas que decidieron apostar por el conocimiento y por su capacidad para crear. Por eso me atrevo a hacerles extensiva esta invitación…

    Presidenta Claudia Sheinbaum, secretario de Economía Marcelo Ebrard, dense la oportunidad de conocer lo que estos jóvenes están construyendo. Porque entre libros, grandes voces, conversaciones y encuentros aparece una pregunta todavía más importante… ¿Qué México podemos construir si apostamos por el talento, las ideas y la imaginación de nuestros jóvenes?

    Quizá ahí esté una de las respuestas que más necesitamos escuchar, un México que no espera oportunidades, sino que las crea; que no mira al mundo desde la banca, sino que se atreve a competir, innovar y liderar desde aquí. Porque cuando un joven descubre que sí puede, no solo cambia su propia historia. También empieza a cambiar la historia de México.

    Les mando un abrazo fraterno.