Autor: Los Reporteros Mx

  • No, los programas sociales no son dinero tirado a la basura

    No, los programas sociales no son dinero tirado a la basura

    Hay una frase que se ha vuelto demasiado cómoda entre ciertos comentaristas, opinadores y sectores de la oposición: “los programas sociales son dinero tirado a la basura”. La repiten como si fuera una verdad económica, cuando en realidad es una vieja idea política clasista disfrazada de análisis.

    No, compañeras y compañeros: darle una pensión a una persona adulta mayor no es tirar dinero a la basura. Darle una beca a un joven tampoco. Apoyar a una persona con discapacidad no es desperdiciar recursos públicos. Y mucho menos es “regalar dinero”.

    En el periodo neoliberal durante décadas nos acostumbraron a pensar que el gobierno podía decidir quién recibía ayuda y quién no. Los programas sociales podían desaparecer, cambiar de nombre o convertirse en instrumentos de presión política dependiendo de quién estuviera en el poder.

    Porque cuando un gobierno le decía a una persona: “te doy esto porque yo quiero y porque me vas a apoyar con tu voto y activismo político”, el ciudadano terminaba dependiendo de la voluntad del político. Eso es precisamente lo que debería preocuparnos cuando hablamos de clientelismo y de administración de la pobreza.

    Hoy la lógica es distinta: los apoyos forman parte de una política de bienestar que busca garantizar derechos y reducir desigualdades. El propio CONEVAL ha señalado que la política social debe analizarse desde un enfoque de derechos y que los programas están vinculados con derechos sociales y bienestar económico.

    Entonces dejemos de hablar de los beneficiarios como si fueran una masa de personas esperando que el gobierno les aviente dinero. Hablemos de personas. La abuela que después de toda una vida de trabajo recibe una pensión y puede comprar sus cosas. La joven que puede continuar estudiando gracias a una beca. La persona con discapacidad que recibe un ingreso que le permite enfrentar parte de sus gastos. El campesino que obtiene apoyo para continuar trabajando su tierra. La familia que puede enfrentar un periodo complicado sin caer inmediatamente en una situación todavía más precaria.

    Por eso la discusión no debería reducirse a cuánto dinero se entrega. La pregunta correcta es: ¿qué está haciendo el Estado para que una persona pueda vivir con mayor dignidad?

    Y ahí entran muchas otras cosas: educación pública, salud, infraestructura, empleo, salario, vivienda, pensiones, becas, apoyo al campo, cuidados y desarrollo regional.

    Un programa social aislado jamás va a resolver la desigualdad. Pero tampoco podemos pretender combatir la desigualdad quitando los programas sociales. Es como decir que para combatir la pobreza hay que quitarle a los pobres los pocos mecanismos de protección que tienen. No tiene sentido.

    También resulta curioso que quienes hoy se escandalizan porque el Estado destina recursos a las personas en situación de vulnerabilidad rara vez hayan tenido la misma indignación frente a otros privilegios, rescates financieros o beneficios otorgados históricamente a grandes grupos económicos.

    Si los recursos públicos se utilizan para garantizar derechos, reducir desigualdades y ampliar oportunidades, estamos hablando de política social. Y si además esos programas tienen reglas, padrones, mecanismos de operación y procesos de evaluación, no estamos hablando de dinero aventado a lo loco. Estamos hablando de política pública.

    Redes sociales

  • Después de farmear aura

    Después de farmear aura

    En cuestión de semanas, cientos de adolescentes comenzaron a reunirse en plazas y parques para competir por algo que no existe. Frente a frente, caminan, posan, sostienen la mirada y ejecutan gestos que internet convirtió en códigos compartidos. El público decide quién tiene más “aura”. Parece absurdo, hasta que uno se pregunta qué lleva a una generación acostumbrada a encontrarse detrás del celular a salir para disputar reconocimiento en la calle.

    “Farmear aura” combina dos lenguajes. Farmear proviene de los videojuegos y significa repetir acciones para acumular recursos o puntos. Aura, en la jerga digital, representa carisma, seguridad o presencia. Así surgió una puntuación imaginaria: alguien puede ganar “+1000 de aura” por mostrarse imperturbable y perderla cuando se esfuerza demasiado por impresionar.

    La expresión circulaba desde 2024 en comunidades vinculadas con videojuegos, anime y redes sociales. En 2025 adquirió una imagen global con Rayyan Arkan Dikha, el niño indonesio que se volvió viral bailando con absoluta serenidad sobre una embarcación. Para agosto de 2026, el meme había dado un salto inesperado: abandonó momentáneamente la pantalla y ocupó plazas, parques y universidades de distintas ciudades latinoamericanas.

    En México la expansión fue vertiginosa. Hasta el 21 de agosto, el Observatorio de Medios Digitales del Tecnológico de Monterrey registraba más de 16 mil publicaciones y alrededor de 202 millones de visualizaciones asociadas con #farmearaura entre usuarios mexicanos. Otro análisis contabilizó más de 34 millones de impresiones alrededor de la conversación. Mientras algunos adultos calificaban las batallas como ridículas, otros encontraban algo paradójico: después de años preocupados por jóvenes encerrados en sus teléfonos, una moda nacida precisamente ahí estaba consiguiendo reunirlos físicamente.

    Especialistas de la UNAM, la Universidad Autónoma de Zacatecas, el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Anáhuac encontraron detrás del juego necesidades menos novedosas que sus gestos: pertenencia, reconocimiento, construcción de identidad y una soledad que la hiperconexión no necesariamente resuelve. Alejandro Zamudio, de la UNAM, lo interpreta como un ritual de reconocimiento mutuo; Jorge Zaruma habla de “encarnar al meme”: darle cuerpo a aquello que antes existía en la pantalla.

    Pero ocupar una plaza también significa entrar en un espacio compartido y sujeto a reglas. Hubo cancelaciones por falta de permisos, intervenciones policiales y hasta agresiones de terceros. Al mismo tiempo, universidades y programas públicos comenzaron a incorporar el lenguaje de la tendencia. Ahí aparece una tensión interesante: las instituciones pueden intentar comprender estas expresiones, regularlas o incluso apropiarse de ellas, pero difícilmente pueden dirigirlas al ritmo con el que nacen y desaparecen.

    Tampoco todos participan desde el mismo lugar. Tener tiempo, conectividad, un teléfono para grabar y acceso a espacios relativamente seguros recuerda que ninguna tendencia representa por sí sola a toda una generación. Incluso sus gestos revelan diferencias: buena parte del repertorio de miradas, mandíbulas marcadas y poses “sigma” proviene de códigos predominantemente masculinos. Detrás de un juego aparentemente sencillo también operan formas de inclusión, aprobación y estatus que conviene observar antes de generalizar.

    Existe, además, una contradicción que quizá explique tanto su éxito como su desgaste: para ganar aura hay que aparentar que no se intenta conseguirla. La autenticidad también se representa. Hay que esforzarse por parecer espontáneo frente a una audiencia que observa, graba y juzga. Es difícil encontrar una metáfora más precisa de una cultura digital que exige ser auténticos mientras convierte nuestra autenticidad en contenido.

    Apenas unas semanas después de su explosión, farmear aura parece haber dejado atrás su mayor impulso. No sería extraño. Antes estuvieron otras tendencias y después vendrán nuevas palabras, gestos y comunidades capaces de recorrer en días el camino entre un algoritmo y una plaza. Algunas desaparecerán sin dejar mayor huella; otras permanecerán como lenguaje, identidad o incluso nuevas formas de relacionarnos.

    Por eso el aprendizaje no consiste en decidir si debemos celebrar o despreciar esta moda. Tampoco en asumir que el próximo fenómeno significará lo mismo. Habrá que analizar cada uno por separado: quién participa, qué necesidad expresa, cómo utiliza el cuerpo y el espacio, qué riesgos genera y qué ocurre cuando instituciones, autoridades o marcas intentan intervenir.

    Farmear aura probablemente pasará. Lo importante será qué hagamos cuando llegue lo siguiente. Porque detrás del próximo gesto que parezca incomprensible puede haber solamente una moda, pero también una nueva manera de encontrarse, pertenecer u ocupar lo público. Antes de aplaudirla, prohibirla o ridiculizarla, quizá nuestra primera responsabilidad sea entenderla.

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  • Tecnofascismo: la nueva batalla por la libertad humana

    Tecnofascismo: la nueva batalla por la libertad humana

    Hay batallas que comienzan sin que nadie declare la guerra.

    No siempre llegan con tanques a las calles, soldados en las esquinas o discursos que anuncian abiertamente la supresión de las libertades. Algunas comienzan de manera mucho más silenciosa: con una aplicación que registra nuestros movimientos, un algoritmo que decide que información veremos, una cámara que identifica nuestro rostro o una inteligencia artificial capaz de fabricar una realidad que nunca ocurrió.

    La pregunta que debemos hacernos como sociedad no es si la tecnología es buena o mala. La pregunta es mucho más incómoda:

    ¿Quién controla la tecnología, para qué la utiliza y qué ocurre cuando ese poder deja de tener límites? Ahí comienza la discusión sobre el tecnofascismo. El concepto no debería emplearse como una simple consigna política ni como sinónimo de cualquier gobierno que utilice tecnología, concentración de poder, vigilancia, propaganda, manipulación de la información y debilitamiento de las libertades civiles-

    El fascismo del siglo XX necesitó controlar el territorio y los cuerpos. El poder contemporáneo puede aspirar a algo todavía más profundo: controlar la información que recibimos, los estímulos que determinan nuestras emociones y, eventualmente, anticipar nuestro comportamiento.

    La nueva frontera del autoritarismo puede no estar frente a nuestros ojos. Puede estar dentro de nuestros dispositivos.

    El poder ya no necesita tocar la puerta

    Durante décadas, las sociedades democráticas construyeron mecanismos para proteger al ciudadano frente al poder: constituciones, división de poderes, tribunales, elecciones, libertad de prensa y derecho a la privacidad. Pero la revolución digital modificó  la relación entre individuo y poder. Hoy producimos información constantemente. Cuando buscamos algo en internet, cuando nos desplazamos con un teléfono, cuando compramos, cuando publicamos una opinión o cuando interactuamos con una plataforma, dejamos rastros digitales. Individualmente pueden parecer insignificantes. Juntos pueden construir un mapa  extraordinariamente preciso de nuestra vida. Nuestros hábitos, preferencias, relaciones, intereses y comportamientos que pueden convertirse en datos susceptibles de ser analizados y utilizados para predecir conductas.

    Y cuando una sociedad comienza a clasificar a sus ciudadanos como objeto de medición, y a verlos como: confiables, sospechosos, útiles, inconvenientes. La tecnología deja de ser solamente una herramienta y se convierte en una infraestructura del poder. Y lo más peligroso en una vigilancia que aceptamos voluntariamente, tan sofisticada que la aceptamos hasta con gusto porque no parece control parece interés genuino por beneficiarnos.

    Nadie nos obliga a dar nuestros datos (no nos ponen una pistola y poco a poco, casi sin sentirlo bajamos aplicaciones, aceptamos términos y condiciones que rara vez leemos, descargamos una y otra vez app. Activamos permisos, compartimos fotos, ubicaciones, opiniones. Alimentando cada día sistemas capaces de aprender de nosotros. Nos ofrece velocidad, entretenimiento, conexión y personalización a cambio de información. El problema comienza cuando dejamos de preguntarnos cuánto estamos entregando y quién puede utilizarlo.

    El nuevo campo de batalla: nuestra mente

    A las plataformas digitales les hemos dicho qué nos interesa, qué nos indigna, qué nos provoca miedo y qué temas nos mantienen conectados. La información puede entonces convertirse en un instrumento de influencia extraordinariamente preciso.

    La inteligencia artificial profundiza el desafío. Un video falso puede parecer auténtico. Una voz puede ser clonada. Una fotografía puede ser fabricada…

    Las grandes plataformas digitales poseen datos, infraestructura, capacidad de comunicación y enormes cantidades de información sobre la población.

    La pregunta es ¿cómo evitamos que cualquier actor (políticos, empresas) acumulen un poder tan grande que pueda escapar de la supervisión democrática? Por otro lado la tecnología ha permitido documentar abusos, conectar comunidades, democratizar conocimientos y dar voz a personas que no tenían acceso a los grandes medios. Una cámara de teléfono puede convertirse en evidencia.

    La tecnología por si misma no tiene ideología.

    El problema no es la herramienta es la forma de utilizarla. Y el tecnofascismo se refiere a una forma de utilizar la inteligencia artificial que quiere controlar primero que nada nuestro pensamiento en aras del poder, y no es nuevo, solo cada vez más sofisticado.

    No vendamos nuestro pensamiento. Cuestionemos todo el tiempo, qué puede existir detrás, para qué y por qué.     

  • Colosio, vivir del erario

    Colosio, vivir del erario

    Las especulaciones acompañan a la política mexicana desde hace años. Los priistas cuando eran criticados calificaban a sus contrincantes de “agoreros del desastre” y el desastre, junto con el destino terminó por alcanzarlos.

    Sin embargo, las conjeturas que suelen no tener lógica llegan a convertirse en mitos. Basado sólo en supuestos a veces intentan de cambiar la historia, como es el hecho de considerar, desde la perspectiva conservadora y poco lógica que el malogrado candidato del PRI a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio, hubiera sido el mejor presidente de la historia, o que era de izquierda, o que tenía un ideario político ejemplar, cuando, en realidad nunca escribió ni un artículo periodístico ni un ensayo político ni un libro.

    Lo único que puede recuperarse como ideas políticas del sonorense fue el discurso al que le atribuyen no sólo lucidez política sino la causa de su muerte. Es decir, el discurso del aniversario de su partido de un lejano 4 de marzo, sirve para todo y finalmente tiene la intención de crear un mito a partir de una sola frase, que la candidata, su correligionaria Xóchitl Gálvez, distorsionó convirtiendo la tragedia en comedia sobre el hambre y la sed de los mexicanos.

    Luis Donaldo Colosio Murrieta, afiliado al PRI desde 1979, ni siquiera heredó a su hijo la posibilidad de que haya especulación a partir de sus palabras porque son de pena ajena como afirmar que Morena concentró el poder en 27 estados y el Congreso por voluntad propia, cuando en resultado de la votación popular que parece desconocer, es decir, todavía no tiene clara la realidad del país, ya sea por problemas producto de sus vicios o por ignorancia personal sobre un tema del que parece no ser un estudioso. Su padre, Colosio Murrieta fue cómplice del fraude electoral de 1988, como jefe de campaña de Carlos salinas de Gortari, cargo que muchos quieren hacer que el pueblo de México olvide.

    Cuando la especulación intenta formar parte de un mito se llega a excesos en las interpretaciones políticas, por ejemplo, creer que puede ganar las elecciones por el simple hecho de poseer un apellido que para algunos es ilustre. Sonora, en realidad, es su punto más frágil. Los jóvenes no lo conocen y los mayores le conocen demasiado. Es mejor conocido en Nuevo León, y por esa razón no tiene candidatura alguna en esa entidad.

    Quienes tenían derecho a voto en aquel 1994, en 2027 tendrán poco más de 53 años. Productores de series y películas se han preocupado más por mantener viva la memoria de Colosio Murrieta que su propio partido o su familia.

    Debe recordarse la evidente traición del padre de Colosio, Luis Colosio Fernández, presidente municipal de Magdalena de Kino de 1982 a 1985, que en el momento del homicidio era senador, y a pesar de los fuertes rumores de que el PRI había orquestado el crimen, se pronunció a favor de ese partido y nunca lo dejó.

    Colosio Fernández vivió del presupuesto desde 1958 hasta el día de su muerte, afiliado al PRI, desde 1949,un siglo de priismo en la familia.

  • Veracruz: luto, política y preguntas sin respuesta

    Veracruz: luto, política y preguntas sin respuesta

    Un fin de semana muy agitado y particularmente triste para Veracruz nos deja pérdidas, preguntas todavía sin respuesta y movimientos políticos que vale la pena observar con mucha atención.

    La noticia que sacudió primero al estado y después al ámbito político nacional fue la muerte del diputado federal Zenyazen Roberto Escobar García, quien fue localizado sin vida el viernes 4 de septiembre en el municipio de Puente Nacional, Veracruz. Escobar era diputado federal de Morena por el Distrito 16, con cabecera en Córdoba, y antes había sido diputado local y secretario de Educación de Veracruz durante el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez.

    Su muerte, por supuesto, no puede ni debe prestarse a conclusiones anticipadas.

    La Fiscalía General de la República atrajo la investigación debido precisamente al carácter federal del legislador, y hasta este momento será esa institución la que tendrá que establecer, mediante peritajes, necropsia y demás diligencias ministeriales, qué ocurrió y si estamos frente a un hecho criminal, un suicidio o cualquier otra hipótesis que pueda surgir de las investigaciones.

    La propia presidenta Claudia Sheinbaum pidió que sea la FGR la que informe sobre el caso, mientras que la gobernadora Rocío Nahle ha insistido en que existen distintas líneas de investigación y que hay que esperar los resultados oficiales.

    Y eso es precisamente lo que debemos hacer.

    Pero esperar no significa dejar de preguntar.

    Porque si las investigaciones llegaran a determinar que Zenyazen Escobar fue víctima de un crimen, estaríamos ante un hecho particularmente grave. Primero, y antes que cualquier cargo público, porque estamos hablando de la pérdida de una vida humana; pero además porque se trataba de un diputado federal en funciones, un personaje con una trayectoria importante dentro del grupo político que ha gobernado Veracruz durante los últimos años y alguien que conocía perfectamente la operación territorial y electoral de Morena.

    Zenyazen no era un desconocido dentro de ese movimiento. Había transitado del magisterio y la lucha sindical al Congreso local, posteriormente a la Secretaría de Educación y finalmente a la Cámara de Diputados. El Sistema de Información Legislativa lo registraba como diputado de mayoría relativa por el Distrito 16 de Veracruz desde agosto de 2024.

    Por eso la FGR tiene frente a sí una responsabilidad enorme: investigar sin especulaciones, pero también sin dejar ningún cabo suelto.

    La gobernadora Rocío Nahle acudió a despedir al legislador y expresó personalmente sus condolencias a la familia. En las exequias también apareció el exgobernador Cuitláhuac García, quien evidentemente se mostró afectado por la pérdida de quien durante años fue uno de sus colaboradores más cercanos.

    Y con mucha razón.

    Más allá de cargos y diferencias políticas, existía entre ambos una relación personal y política construida durante años. Fueron compañeros de proyecto, participaron en la consolidación de Morena en Veracruz y Zenyazen formó parte del primer círculo político del gobierno de Cuitláhuac.

    Aquí es donde entra esa mente conspirativa que de vez en cuando aparece en esta columna, pero precisamente por eso debemos marcar claramente la diferencia entre una pregunta y una acusación.

    Si algo debería preocupar en este momento es la seguridad de quienes han sido operadores políticos importantes, no solamente de Morena sino de cualquier partido. Los operadores territoriales, sociales y financieros conocen estructuras, campañas, recursos, acuerdos y personajes. En cualquier escenario de confrontación política o criminal son figuras particularmente sensibles.

    No estoy afirmando que la muerte de Zenyazen tenga relación con ello. Hasta hoy no existe información oficial que permita sostenerlo.

    Pero sí digo algo: hay que tener cuidado.

    Mucho cuidado.

    México no puede normalizar que un diputado federal aparezca muerto y que después simplemente pasemos a la siguiente noticia. Si fue un delito, queremos saber quién lo cometió y por qué. Si la investigación determina otra causa, también queremos conocerla. Lo importante es que exista una explicación técnica, transparente y convincente.

    Porque mientras no exista, las preguntas van a seguir ahí.

    Y mientras Morena enfrenta este momento doloroso, del otro lado del tablero político comenzaron también movimientos interesantes.

    En Veracruz se produjo una peculiar aproximación entre personajes del PRI, PAN y Movimiento Ciudadano para hablar de la posibilidad de construir un frente opositor rumbo a 2027. Alejandro Moreno ha planteado públicamente la posibilidad de una alianza amplia y en los últimos días se han producido encuentros entre personajes de estos partidos.

    El problema es que todavía no terminaban de sentarse cuando comenzaron a aparecer las diferencias.

    Movimiento Ciudadano tiene razones para sentirse en una posición distinta a la de hace algunos años. No puede afirmarse que sea ya la segunda fuerza política nacional, porque los números no dicen eso, pero tampoco puede tratarársele como un partido testimonial.

    En la elección presidencial de 2024, Jorge Álvarez Máynez consiguió para MC más de 6.2 millones de votos, equivalentes a poco más del 10 por ciento de la votación. En la elección de diputados federales, Movimiento Ciudadano alcanzó aproximadamente 10.9 por ciento de los votos emitidos para las listas de representación proporcional, quedando muy cerca del PRI y consolidando una base electoral propia.

    Eso cambia las negociaciones.

    MC gobierna además dos entidades económicamente importantes, Nuevo León y Jalisco, y ha construido una identidad política que busca diferenciarse tanto de Morena como de la vieja alianza PRI-PAN. Por eso resulta lógico que Dante Delgado y los dirigentes naranjas no quieran llegar a una eventual coalición simplemente para ocupar el tercer asiento de una mesa.

    Hay votos que negociar, candidaturas que repartir y, sobre todo, una elección intermedia de 2027 que será determinante para medir el verdadero desgaste o fortaleza del movimiento encabezado por Morena.

    En Nuevo León existe además un ingrediente que ningún estratega político debería despreciar: las redes sociales.

    Mariana Rodríguez ha demostrado una capacidad extraordinaria para generar exposición pública y conectar con segmentos de población que la política tradicional difícilmente alcanza. Se podrá estar de acuerdo o no con Samuel García y con su administración, pero negar el peso político y comunicacional de Mariana sería simplemente no entender cómo funcionan hoy las campañas.

    Y precisamente por eso hay que tener cuidado con la forma en que se desarrolla la competencia política.

    La confrontación es parte de la democracia. La crítica también. Se vale cuestionar gobiernos, candidatos, decisiones y resultados. Lo que no debería normalizarse es convertir la discusión política en insultos personales, y mucho menos cuando éstos se dirigen contra una mujer.

    Hay muchas maneras de defender una posición política sin perder el respeto.

    Las elecciones de 2027 todavía parecen lejanas, pero en política año y medio pasa volando. Los partidos ya están moviendo sus piezas y Morena sabe perfectamente que conservar la mayoría legislativa será una de sus grandes prioridades. PRI, PAN y MC, por su parte, tendrán que decidir si juntos realmente suman o si sus diferencias terminan convirtiendo cualquier alianza en una fotografía de ocasión.

    Y cuando parecía que Veracruz ya había recibido suficientes noticias tristes durante el fin de semana, este domingo 6 de septiembre partió también una verdadera referencia de la radiodifusión veracruzana: don Félix Malpica Valverde.

    Su fallecimiento ocurrió durante la madrugada después de permanecer hospitalizado en un delicado estado de salud.

    Hablar de Félix Malpica es hablar de una época fundamental de la radio en Veracruz.

    Durante más de cinco décadas estuvo vinculado a la industria radiofónica y fue una de las figuras fundamentales de Grupo FM Multimedios, empresa que participó en el desarrollo y expansión de la frecuencia modulada en nuestro estado. Su trayectoria estuvo ligada no solamente a la administración de estaciones, sino a la transformación de la forma de hacer radio en Veracruz.

    Fue empresario, comunicador, innovador y, sobre todo, un enamorado de su puerto.

    Bohemio, jarocho y orgulloso de Veracruz, Félix disfrutaba su ciudad y formó parte de una generación de empresarios que entendieron que los medios de comunicación también podían convertirse en instituciones de la vida cotidiana de una comunidad.

    Durante décadas, políticos, empresarios, periodistas y personajes de la sociedad veracruzana pasaron frente a los micrófonos de los proyectos radiofónicos en los que participó.

    Pero quienes lo conocieron saben que detrás del empresario existía también el hombre que disfrutaba Veracruz, sus amigos, su música, su conversación y esa forma tan particular que tenemos los jarochos de sentirnos orgullosos de nuestro puerto.

    Desde esta columna enviamos nuestro más sentido pésame a toda la familia Malpica y muy especialmente a sus hijos, familiares, amigos y colaboradores.

    Descanse en paz don Félix Malpica Valverde.

    Se nos fue un personaje importante de la radio veracruzana.

    Y así termina un fin de semana extraño: uno que nos deja dos despedidas, muchas preguntas y un tablero político que comienza a moverse rumbo a 2027.

    Sobre Zenyazen, que investigue la FGR y que informe.

    Sobre la oposición, que se ponga de acuerdo si realmente pretende competir.

    Y sobre quienes hoy participan activamente en la política nacional y veracruzana, sean del color que sean, que se cuiden.

    Porque la competencia política debe darse en las urnas, en las ideas y en el debate.

    Nunca en la violencia.

  • El divo de todes

    El divo de todes

    El año 2016 fue en particular tortuoso para mí. Concursé por una plaza de confianza en el IMSS que supuestamente era de técnico teatral, aunque en realidad era empleado como cargador y chalán de diversas actividades en las que francamente no tenía experiencia alguna. Eso, sumado al trato vejatorio por parte de las autoridades de prestaciones sociales de la época, me dio un año laboral terrorífico que me orilló a volver a mi base. Asimismo, recuerdo que ese año inició con el fallecimiento de David Bowie, y mientras me movía por la ciudad para dar clases de inglés escuchaba algunas de sus canciones, con el fin de paliar otro dolor: el que mi hermana Lucía permaneciera internada y al poco tiempo falleciera por una hepatitis fulminante.

    Para finales de agosto de ese mismo año, tuve que pedir permiso en el IMSS para abocarme a la traducción de 580 hojas de embalaje que se requerían como prueba en un litigio corporativo. La presión era tal, que experimenté vómito, diarrea y hasta llanto. Durante el inclemente proceso de captura de datos, comenzó a llegarme desde radio, televisión e internet, la información sobre el deceso de Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como Juan Gabriel. Aunque yo lo respetaba desde la distancia, y dada mi condición de mexicano, había escuchado su obra de una u otra forma toda mi vida, tampoco me consideraba seguidor suyo.

    La cobertura mediática fue muy intensa a partir de ese 28 de agosto y hasta días después. Logré salir del atolladero laboral con algunas secuelas, pero el tiempo lo fue curando todo. Y durante los años venideros fui descubriendo no solo más canciones suyas, sino también el alcance de su personalidad, su carisma y, sobre todo, su lucha, tácita, pero férrea, en contra del machismo y la homofobia, de la que indudablemente salió triunfador.

    Apenas dos días después de la muerte de Juan Gabriel, Nicolás Alvarado, un intelectual ya olvidado que creció al amparo del poder, publicó un artículo desafortunado sobre el fallecido. Vertía en él su menosprecio con sesgo de clase, que en el fondo fue el espíritu con el cual la élite intelectual de décadas pasadas trataba de guiar a la obnubilada población hacia la alta cultura. Se comenzaba entonces a gestar cada vez más el movimiento de despertar de conciencias catalizado por las redes. Alvarado fue de los primeros personajes públicos en experimentar lo que se denomina ‘funa’. Se le había otorgado la dirección de TV UNAM, y fue tal el repudio popular manifestado a través de redes, que terminó dimitiendo del prestigioso cargo. Juanga era demasiado grande.

    Juan Gabriel es tendencia en redes frecuentadas por jóvenes, porque se erige en estos tiempos como un pionero tácito de la lucha contra la homofobia, la discriminación y los prejuicios. Los estudiosos de la sociología descubren en él a una figura poderosa e inusitada que representa la caótica y al mismo tiempo festiva identidad mexicana, que es dual como muchas deidades primigenias; de ánimo desbordante y al mismo tiempo una subyacente melancolía. Los estudiosos de la música descubren a un intérprete pulcro y perfeccionista, y a un compositor ecléctico que con efectividad podría desenvolverse en la balada, el boogie, la ranchera, el R&B o incluso el rock.

    Capitalizó como una enorme ventaja el no ajustarse al arquetipo del cantante macho que para la industria siempre había sido una garantía.

    He visto a hombres machistas disfrutando su música sin ambages, a gente de todas las clases sociales cantando a todo pulmón alguna pieza que les despierta intensas emociones. Hasta que te conocí se convirtió en el épico himno de nuestra pueril ilusión mundialista en este 2026. He aplaudido y cantado de principio a fin su concierto del Palacio de Bellas Artes en una sala de cine junto a un elenco que incluía a fans de rock argentino, de metal y de pop. El nodo central es Juanga.

    Es muy interesante darnos cuenta cómo nuestra sociedad va experimentando un proceso tal de evolución en el que ya no resulta vergonzante el gusto por manifestaciones de la cultura popular y ancestral, que durante mucho tiempo fueron sobreexplotadas por el poder mediático. El legado de Alberto Aguilera sigue vigente. A veces sus canciones me recuerdan a ese doloroso 2016 en que perdí a una hermana, pero también redescubrí a una gran figura con quien compartir mis penas.

    X: @miguelmartinfe
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  • De gritos, sombrerazos, mentiras y otras chuladas

    De gritos, sombrerazos, mentiras y otras chuladas

    Si es violencia mentir y simular inteligencia para engañar sin escrúpulos buscando solamente la comodidad personal que puede provenir de complicidades, que de comprobarse serían terriblemente escandalosas.

    Por los gritos

    Un conocido periodista, del ala alternativa, a quien considero un amigo honrado y recto, preguntó en uno de esos videos que a veces atiendo en alguna red social en la que prefiero seguir a mis exalumnos, pero en la que también, a veces, lo veo a él.

    Decía que este compañero preguntaba cuál sería la razón por la que el diputado Monreal habrá ralentizado el proceso de desafuero del indeseable nuevo amigo del decrépito Fox Quezada; tengo mi teoría, que parte de una pregunta interesante que me quiero formular y que me gustaría tener la fuerza física para salir a buscar la respuesta; ¿Qué le sabe Alito a Monreal? Ahí la dejo.

    Por los sombrerazos

    Desde un altavoz, de esos que suenan horrible y a los que casi no se les entiende nada, alguien pegó de gritos durante la presentación del Informe que rendía la Presidenta Dra. Claudia Sheinbaum Pardo allá en Colima. La persona en cuestión intentó ser candidata de Morena, pero perdió la encuesta. Su ansia y hambre de poder, la hizo después buscar candidaturas en sendos partidos políticos chiquitos, con chance una pluri o alguna migajita así. Ahora se la vincula con el movimiento del sombrero, cuya filiación es abiertamente derechista y proto fascista.

    La del megáfono gritón y lastimero, podría estar buscando agregarse adeptos a partir de parecer valiente y arrojada. Todo pinta para que su estrategia le haya salido al revés, porque la Dra. Sheinbaum ofreció dialogar al terminar aquella reunión, pero la del escándalo no aceptó y entonces fue denunciada desde la mismísima Presidencia de la República como prianista o algo así. La escandalosa consiguió el repudio popular porque el grito de ¡Fuera, fuera, fuera! La gente la rechazó. Vaya numerito tan ridículo.

    De mentiras

    En búsqueda de una supuesta unidad frente a los retos que tenemos que enfrentar como país, especialmente esos venidos del Norte Cruel (cito a José Martí), Monreal calla y no procede, se estaciona y mira de soslayo los daños que, con relación a esas mismas condiciones creadas por el imperialismo, su ahora amigo de unidad, el infame Alito, le ha hecho al propio país al irle a chillar a Washington para que le quiten visas a no se cuántos mexicanos, en especial a los que pertenecen a los grupos más fuertes de la 4T, nomás eso faltaba, que un líder cameral de MORENA proteja a los que van a quejarse con el Gobierno de Estados Unidos en contra de nuestro país y del movimiento, que ni es tan de izquierda, que actualmente tiene el poder en México y lo tiene como producto de un respaldo popular que se manifestó en las urnas y que, además, es patente en cada encuesta de popularidad en las que se sigue mostrando una amplia preferencia electoral por MORENA y un respaldo de aprobación que promedia 70% para la Presidenta Sheinbaum.

    Valdría la pena investigar ¿Qué le sabe Alito a Monreal?

    Hasta hoy, no sé de ninguna empresa que ya esté funcionando con la Jornada de 40 horas y no parece haber instancia que las obligue a ello, por demás hay que aclarar que esto no ha garantizado lo que se daba como obvio, 2 días de descanso semanal y el abaratamiento de las horas extras, tampoco ha sido debidamente aclarado. Antes de la reforma, 3 horas en exceso de la jornada eran pagadas dobles hasta sumar 9 al final de 3 jornadas en una semana, a partir de la 10ª el pago obligado era triple. Ahora son 4 horas en exceso de la jornada que se pagan dobles y es hasta la 13ª que se pagarán triples y peor aún, el trabajador ya no puede negarse a trabajarlas, ¿Esclavitud moderna?

    Otras chuladas

    En Tabasco tenemos una crisis con el suministro de agua potable en muchas zonas de casi todos los municipios. Parte de ellas es por falta de suficientes plantas potabilizadoras y las fallas en la red eléctrica para dichas plantas. ¿No habrá recursos para que esas instalaciones tuvieran su propia capacidad de generación y no dependieran de la red de CFE que a duras penas, sus trabajadores logran mantener funcional en un estado en el que las tormentas eléctricas, a la par de trombas y vientos fuertes la mantienen en jaque?

    Los habitantes de Tabasco sufrimos inundaciones año con año, aunque no nos afecten directamente, el agua lo problematiza todo porque se encharcan calles y avenidas, a lo que en otras ciudades le llaman inundación, acá lo vemos como encharcamientos, porque sabemos lo que es tener tres cuartas partes del Estado bajo el agua por más de un mes y saber que muchísima gente lo ha perdido todo, aunque después se les entreguen algunos enseres que sirven para volver a empezar, en lo que llega la próxima inundación.

    Tiene que violentar a la población que se sufra esto y al mismo tiempo no haya agua en casa ni para limpiar el escusado, ya no digamos para beber, porque esa, hay que comprarla aparte. A ver quién es el guapo que se atreve a tomar el riesgo de beber la de algún pozo o de la llave.

    Para Javier May, Gobernador de Tabasco, tendría que ser prioritario echar a andar proyectos para que a nadie en el estado le falte el agua realmente potable en su casa, en vez de construir un nuevo centro de convenciones que solo ayudará a los grandes ricos del estado a incrementar sus fortunas y no necesariamente beneficiará a la gente, lo que en cambio, si ocurriría incrementando las plantas potabilizadoras y las plantas de tratamiento de aguas residuales, digo, para ir saneando los cuerpos de agua de este territorio.

    Quizás en vez de hacer puentes nuevos y pasos a desnivel para los autos, podría ocupar recursos en construir un nuevo hospital con instalaciones para alta especialidad y que lo opere el IMSS, ya con la unificación de los servicios de salud, beneficiará a todos, porque los hospitales en Tabasco, están todos completamente saturados y la salud de la gente parece ser un asunto que no es tan importante.

    Digo, yo nomás digo, diría el ilustre Tomás Mojarro. Valga de opinión,

  • DOS AÑOS DE UNA PRESIDENTA, OCHO AÑOS DE UN MÉXICO QUE CAMBIA

    DOS AÑOS DE UNA PRESIDENTA, OCHO AÑOS DE UN MÉXICO QUE CAMBIA

    Hay gobiernos que simplemente administran el calendario y hay momentos políticos que terminan por definir una época. México vive uno de esos instantes decisivos: por primera vez en más de dos siglos de historia independiente, una mujer encabeza el Poder Ejecutivo Federal. El dato sacude nuestra memoria histórica, pero su verdadero valor rebasa la anécdota biográfica o la fecha electoral; habla de un país que transformó la manera en que entiende el poder y, sobre todo, a quienes les pertenece ejercerlo. Para las mujeres que consagramos nuestra vida a la función pública y al servicio de la nación, este parteaguas marca una ruta sin retorno.

    La llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a la Presidencia de la República no fue un hecho aislado ni un regalo de quienes durante años concentraron las decisiones del país. Es parte de un cambio que comenzó hace ocho años y que puso en el centro otras prioridades y una idea distinta de gobierno: escuchar y atender a las mayorías. Durante décadas, los espacios donde se tomaban las decisiones más importantes estuvieron alejados de muchas mexicanas y mexicanos. Hoy, que una niña mexicana pueda crecer sabiendo que la Presidencia de la República también puede ser ocupada por una mujer, rompe con una idea que durante generaciones parecía inamovible. No se trata solamente de quién ocupa la banda presidencial, sino de que las nuevas generaciones sepan que ningún cargo, por importante que sea, tiene dueño y que las mujeres también pueden llegar a los lugares donde se decide el rumbo de México.

    Reconocer con orgullo que hoy una mujer ocupa la Presidencia de México no significa darle un cheque en blanco ni dejar de señalar lo que debe hacerse mejor. La igualdad no necesita elogios por el simple hecho de ser mujer; necesita mujeres capaces de gobernar con firmeza, tomar decisiones difíciles, rendir cuentas y responder ante quienes les dieron su confianza, sin olvidar jamás la verdad, la honestidad, el respeto y la lealtad al pueblo de México.

    A una Presidenta no se le demuestra lealtad con silencios ni con aplausos incondicionales, sino acompañando el proyecto de país, señalando lo que debe corregirse y exigiendo resultados. Al final, su legado no dependerá solamente de haber abierto una puerta que durante mucho tiempo estuvo cerrada para las mujeres, sino de lo que logre hacer desde ella: defender la soberanía de México, cuidar el dinero público y conseguir que las decisiones del gobierno se traduzcan en mejores condiciones de vida para las familias.

    Para entender si ese cambio existe, hay que mirar más allá de los discursos y revisar los resultados. De acuerdo con el Segundo Informe de Gobierno, entre 2018 y 2024 alrededor de 13.4 millones de personas salieron de la pobreza, mientras la población en situación de pobreza pasó de 41.9 a 29.5 por ciento. También 13 millones de mexicanos se incorporaron a la clase media. Estas son cifras que pueden parecer lejanas detrás de una pantalla, pero estas se traducen en familias que hoy tienen mayores posibilidades de cubrir sus necesidades y construir un patrimonio.

    El salario mínimo pasó de 248.93 pesos en 2024 a 315 pesos en 2026 y acumula, según el informe, un incremento real de 153% desde 2019. A ello se suma una red de programas de bienestar que en 2026 alcanza a 42 millones de personas y un sistema de becas que beneficia a 19.5 millones de estudiantes de escuelas públicas. Pero para millones de familias, esto representa un ingreso adicional, una oportunidad educativa o la posibilidad de que un hijo permanezca en la escuela.

    En cuanto hace a un aspecto económico, México registró una inversión extranjera directa de 41 mil millones de dólares en 2025, alcanzó 22.8 millones de empleos formales en julio de 2026 y mantuvo niveles de desempleo históricamente bajos. Las exportaciones llegaron a cerca de 665 mil millones de dólares en 2025 y el Plan México contempla 14 Polos de Desarrollo Económico para impulsar inversión, industria y empleo. El reto ahora es que ese crecimiento no se quede en los indicadores macroeconómicos y termine reflejándose en mejores salarios, más oportunidades y mayor bienestar para las comunidades.

    En el sector salud también existen avances, ya que durante estos dos primeros años se pusieron en operación 32 hospitales, además de nuevas obras y ampliaciones que buscan aumentar la capacidad de atención. De igual forma en cuanto hace a vivienda, se reportan 518 mil casas contratadas, así como la reestructuración de créditos que durante años resultaron prácticamente impagables para millones de familias. Estas son medidas que se toman para que el Estado vuelva a ser capaz de responder cuando una familia necesita atención médica, una vivienda o una oportunidad para salir adelante.

    Pero ningún proyecto de transformación puede considerarse completo si la gente no puede vivir tranquila. Por eso en el tema de seguridad, el Gobierno reporta una reducción de 51 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos entre septiembre de 2024 y julio de 2026, además de miles de personas detenidas y armas aseguradas. Y claro que son resultados importantes, pero no suficientes para un México, donde todavía hay regiones sometidas por la violencia y muchas familias que viven con temor. La seguridad no se mide únicamente en estadísticas: se mide cuando una madre puede dejar salir a su hija, cuando un comerciante puede abrir su negocio, cuando una persona puede regresar a casa sin preguntarse si llegará con vida, cuando la gente camina tranquila sin temor a ser violentada.

    Como jueza lo constato todos los días: la legitimidad de un régimen no se defiende con discursos ni con buenas voluntades, sino con hechos y resoluciones que transformen la vida diaria de la gente común. Detrás de cada expediente, de cada audiencia, de cada resolución, hay familias mexicanas que no piden favores ni dádivas, sino estricto debido proceso, respuesta pronta de sus autoridades y castigo efectivo a los culpables.

    El verdadero patriotismo dentro de la función pública exige que las garantías consagradas en el texto constitucional dejen de ser postulados teóricos y se conviertan en realidades materiales que protejan al débil frente al abusivo.

    Por eso, reconocer lo avanzado no significa cerrar los ojos frente a lo que falta. La violencia que persiste en distintas regiones, la impunidad, los delitos cometidos contra las mujeres y la necesidad de fortalecer nuestro sistema de justicia siguen siendo deudas que no pueden esperar. Una transformación verdadera necesita instituciones fuertes, operadores honestos y decisiones técnicamente sólidas. Necesita también ciudadanos que no renuncien a su derecho de exigir cuentas, incluso cuando coincidan con el rumbo del gobierno.

    Una mujer en Palacio Nacional adquiere su máxima dimensión histórica cuando ese liderazgo se traduce en ministerios públicos eficaces, en una disminución real de la violencia contra las mujeres, en acceso equitativo a la salud y la educación y en oportunidades que permitan a las familias vivir con dignidad. Porque el mayor triunfo de este tiempo histórico no radica únicamente en contar con una primera Presidenta, sino en lograr que, después de su sexenio, el ejercicio del poder en manos de una mujer se asuma como una normalidad democrática indiscutible.

    Sí, son dos años de una Presidencia firme, ocho años de una transformación que modificó la conversación pública y una patria que todavía tiene deudas históricas por saldar. Apoyar lo que ha funcionado no obliga a callar frente a lo que debe corregirse. Al contrario: exigir mejores resultados también es una forma de defender a México.

    Porque la verdadera transformación no termina cuando cambia quien ocupa la Presidencia. Apenas comienza cuando los ciudadanos pueden mirar a su gobierno y decir, mi vida ha cambiado para bien. Ya que como bien sentenció la jurista Ruth Bader Ginsburg: “Las mujeres pertenecen a todos los lugares donde se toman decisiones”.

  • México tiene memoria

    México tiene memoria

    No demerito el esfuerzo, la consistencia ni la determinación que ha mostrado Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, hoy senador de la República y dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, por recuperar votos y tratar de colocar nuevamente al PRI en una posición relevante dentro de la política mexicana. Se puede estar de acuerdo o no con él, pero sería injusto negar que está dando una batalla frontal. Ha documentado señalamientos de corrupción, ha llevado acusaciones contra el gobierno mexicano a instancias internacionales y ha elevado considerablemente el tono de su confrontación política. En agosto de 2026 informó que acudió ante la Organización de las Naciones Unidas para denunciar lo que considera violaciones de derechos y libertades en México, además de otras acciones emprendidas en Estados Unidos. Alejandro Moreno parece haberse decidido a jugar políticamente el todo por el todo y, cuando declara que incluso su propia seguridad está en riesgo, pretende dejar claro que no piensa retroceder. Como dirigente de oposición podrá ser cuestionado por muchas cosas, pero difícilmente puede decirse que esté escondido o que haya bajado la guardia.

    El problema para Alejandro Moreno es que su adversario más difícil quizá no sea Claudia Sheinbaum, Morena o el gobierno federal. Su adversario más complicado es algo que ningún dirigente puede derrotar desde una tribuna: la memoria de los mexicanos. Porque México tiene memoria, y ése es probablemente el mayor problema que enfrenta el PRI cuando intenta convencer a la sociedad de que representa nuevamente una alternativa de gobierno. Durante décadas el PRI no solamente gobernó México: prácticamente se confundió con el propio Estado. Controló la Presidencia de la República, la inmensa mayoría de las gubernaturas, congresos, organizaciones sindicales y buena parte de la estructura institucional del país. Por eso resulta imposible pedirle hoy al ciudadano que juzgue al partido únicamente por lo que dice su actual dirigente. Cuando el PRI pide otra oportunidad, inevitablemente aparecen los recuerdos de lo que ocurrió cuando tuvo prácticamente todo el poder.

    Las generaciones más jóvenes quizá conozcan las grandes crisis económicas mexicanas solamente por lo que les cuentan sus padres o sus abuelos, pero millones de mexicanos todavía recuerdan perfectamente lo ocurrido. En agosto de 1982 México informó a sus acreedores que ya no podía cumplir plenamente con el servicio de su deuda externa, episodio que el Fondo Monetario Internacional identifica como el comienzo de la gran crisis latinoamericana de deuda. José López Portillo terminó su gobierno en medio de devaluaciones, inflación, fuga de capitales y una economía profundamente deteriorada, y Miguel de la Madrid recibió un país que durante años padecería las consecuencias. Después vendrían nuevas turbulencias hasta llegar a diciembre de 1994 y la crisis de 1995, cuando el PIB mexicano se contrajo alrededor de 6.2%. Para quienes vivieron aquellos años no se trata de una gráfica económica: hubo familias que perdieron casas, negocios, automóviles, ahorros y patrimonios construidos durante décadas; las tasas de interés se dispararon, el poder adquisitivo se desplomó y miles de hogares quedaron atrapados en deudas que parecían imposibles de pagar. Esa generación difícilmente puede escuchar hablar del antiguo modelo mexicano sin recordar lo que le costó sobrevivirlo.

    Después llegó otro capítulo todavía más doloroso: la violencia. Y aquí debemos ser históricamente justos, porque sería absurdo responsabilizar exclusivamente al PRI de toda la violencia mexicana. La llamada guerra contra el narcotráfico se intensificó durante el gobierno de Felipe Calderón, del PAN, y fue precisamente durante esos años cuando organizaciones como Los Zetas alcanzaron niveles aterradores de poder en distintas regiones del país. Los mexicanos conocimos palabras que nunca debieron normalizarse: levantones, cuotas, casas de seguridad, decapitados, fosas clandestinas. Comerciantes que pagaban extorsiones para poder abrir sus negocios, familias que evitaban viajar de noche, balaceras en plena ciudad y ciudadanos que simplemente desaparecían. Morena ni siquiera existía todavía como partido político nacional; obtuvo su registro hasta 2014. Por eso resulta poco serio pretender que la violencia mexicana nació en 2018. Lo que hoy padecemos tiene raíces mucho más antiguas, construidas durante décadas de impunidad, corrupción institucional, expansión del crimen organizado y complicidades políticas de distintos colores.

    Los veracruzanos sabemos perfectamente de qué estoy hablando. Quienes vivimos aquellos años recordamos lo que significaba escuchar historias de secuestros, extorsiones, desapariciones y enfrentamientos. Y después llegó uno de los símbolos nacionales de la corrupción política: Javier Duarte de Ochoa, gobernador priista de Veracruz entre 2010 y 2016. Duarte terminó declarándose culpable en un proceso federal y en 2018 fue condenado a nueve años de prisión por operaciones con recursos de procedencia ilícita y asociación delictuosa. Su nombre dejó de representar únicamente a un exgobernador para convertirse en un símbolo de una época. ¿Cómo pedirle entonces a un veracruzano que simplemente olvide? Veracruz también recuerda los años de Fidel Herrera y la transformación que sufrió la seguridad del estado durante aquella época. Podemos discutir responsabilidades específicas y debemos evitar adjudicar delitos sin sentencia, pero lo que nadie puede borrar es la percepción y la experiencia de una sociedad que vio deteriorarse dramáticamente su entorno.

    Y Veracruz ofrece además otro ejemplo de las decisiones que durante años fueron presentadas bajo el lenguaje de la modernización. En 2015 se entregó por treinta años la operación del sistema de agua de Veracruz y Medellín a una empresa mixta en la que participaron capitales privados, entre ellos Odebrecht Ambiental y Aguas de Barcelona. La documentación del propio ORFIS acredita aquella estructura. Se nos dijo durante décadas que privatizar significaba modernizar, invertir y hacer más eficientes los servicios. La pregunta, después de años de controversias por tarifas, servicio e infraestructura, sigue siendo válida: ¿realmente mejoró la vida del ciudadano? Porque privatizar por sí mismo nunca fue garantía de eficiencia; cuando una concesión pública carece de suficiente competencia, vigilancia y rendición de cuentas, lo único que puede cambiar es quién cobra la factura.

    Lo mismo puede preguntarse sobre el modelo energético que durante años privilegió la participación de grandes compañías extranjeras. Iberdrola llegó a convertirse en uno de los actores privados más importantes del sector eléctrico mexicano y desarrolló numerosas centrales, particularmente de ciclo combinado. Sus defensores argumentarán, con razón, que la inversión privada aportó capacidad de generación, capital y tecnología. Pero el ciudadano común tiene derecho a hacer una pregunta mucho más sencilla: ¿esa transformación se reflejó proporcionalmente en tarifas eléctricas más bajas para las familias? Si el argumento era que abrir sectores estratégicos al capital privado necesariamente produciría mejores servicios y menores costos, entonces los resultados también deben evaluarse desde el recibo que llega a la casa y no solamente desde los estados financieros de las empresas.

    Pero el problema histórico del PRI es todavía más profundo porque la memoria mexicana tiene nombres y apellidos: Javier Duarte, Roberto Borge, César Duarte, Mario Marín, Tomás Yarrington, Humberto Moreira y otros personajes que, con situaciones jurídicas diferentes que deben distinguirse con rigor, terminaron asociados públicamente con escándalos, investigaciones o procesos que dañaron profundamente la imagen del partido. Tomás Yarrington, exgobernador priista de Tamaulipas, fue condenado en Estados Unidos en 2023 a nueve años de prisión después de declararse culpable de aceptar más de 3.5 millones de dólares en sobornos ilegales y utilizar parte de esos recursos para adquirir propiedades en Estados Unidos. César Duarte fue extraditado desde Estados Unidos a México en 2022 para enfrentar acusaciones relacionadas con peculado y asociación delictuosa. Mario Marín continúa vinculado judicialmente al caso de la periodista Lydia Cacho. Roberto Borge pasó años privado de la libertad y, aunque en 2026 fue absuelto del cargo de delincuencia organizada dato que también debe decirse continuó enfrentando otro proceso bajo prisión domiciliaria. Humberto Moreira fue durante años objeto de fuertes cuestionamientos relacionados con la deuda de Coahuila, aunque sería irresponsable convertir acusaciones políticas en condenas que jurídicamente no existen.

    Ésa es precisamente la diferencia entre memoria y propaganda. No necesitamos inventarle nada al pasado para entender por qué el PRI tiene dificultades para reconstruirse. Los tamaulipecos recuerdan a Yarrington; los chihuahuenses, a César Duarte; los poblanos, a Mario Marín; los quintanarroenses, a Roberto Borge; los veracruzanos, a Javier Duarte. Cada entidad conserva sus propias historias, y ésas pesan mucho más que cualquier espectacular de campaña. Alejandro Moreno puede recorrer el país denunciando los errores de Morena y seguramente encontrará muchos que señalar, pero antes de pedirle al ciudadano que vuelva a confiar en el PRI necesita responder una pregunta muchísimo más complicada: ¿qué hizo el PRI para garantizar que aquello no vuelva a ocurrir?

    Ahora bien, tampoco podemos convertir esta reflexión en propaganda para Morena. México no se transformó mágicamente en un país perfecto en diciembre de 2018. Sigue existiendo corrupción, siguen existiendo homicidios, extorsiones y desapariciones, existen regiones donde el crimen organizado conserva un poder intolerable, hay deficiencias graves en servicios de salud y existen decisiones del gobierno que merecen ser cuestionadas. La oposición tiene no solamente el derecho, sino la obligación de investigar y denunciar. México necesita contrapesos, instituciones fuertes, periodistas incómodos y partidos capaces de fiscalizar al poder. Si Alejandro Moreno presenta pruebas de corrupción, deben investigarse independientemente de quién resulte involucrado. Y si funcionarios de Morena cometen delitos, deberán responder exactamente igual que los funcionarios del PRI o del PAN. La memoria no puede ser selectiva.

    Pero tampoco puede ignorarse que el México actual presenta indicadores sociales que ayudan a explicar por qué una parte importante de la población continúa respaldando el proyecto político iniciado en 2018. El salario mínimo general pasó de 88.36 pesos diarios en 2018 a 315.04 pesos en 2026, mientras que en la Zona Libre de la Frontera Norte llegó a 440.87 pesos diarios. La CONASAMI calcula una recuperación acumulada muy importante del poder adquisitivo durante ese periodo. Asimismo, la medición de pobreza multidimensional reportó una reducción de 41.9% de la población en 2018 a 29.6% en 2024, equivalente a aproximadamente 13.4 millones de personas menos en condición de pobreza. Habrá quienes atribuyan esa reducción a los programas sociales, quienes destaquen el aumento salarial y quienes señalen otros factores económicos; probablemente exista una combinación de todos ellos. Lo importante es reconocer que para millones de mexicanos esos cambios son tangibles y tienen un peso político enorme.

    También existe una apuesta evidente por la infraestructura pública. El país ha vuelto a hablar de trenes de pasajeros, carreteras, hospitales, puertos, energía y grandes proyectos de inversión gubernamental. La administración de Claudia Sheinbaum anunció un programa de infraestructura pública y mixta de varios billones de pesos hacia 2030, así como decenas de proyectos hospitalarios y más de dos mil kilómetros de infraestructura ferroviaria proyectada. Naturalmente habrá que evaluar cuánto cuestan esas obras, si se terminan a tiempo, si funcionan, si los contratos fueron transparentes y si producen el beneficio prometido. Ésa es precisamente la tarea de una oposición responsable. Pero políticamente existe una diferencia importante: mientras durante décadas se dijo que el Estado debía retirarse de numerosos espacios económicos, hoy existe nuevamente una visión donde el Estado pretende ser un participante activo en infraestructura y desarrollo.

    Por eso, sinceramente, cuando observo al gobierno actual no veo aquella caricatura simplista que durante años algunos sectores han intentado vender de un México convertido inevitablemente en una economía socialista. Veo un país donde continúan operando bancos privados, constructoras privadas, industrias, comercios, desarrolladores inmobiliarios, inversión extranjera y grandes corporaciones, pero al mismo tiempo existe una política de incremento salarial, programas sociales y mayor participación gubernamental en determinados sectores estratégicos. Se puede estar de acuerdo o no con ese modelo, pero reducir toda discusión a “comunismo contra democracia” empobrece enormemente el debate.

    Y aquí es donde PRI y PAN enfrentan posiblemente su mayor problema hacia el futuro. No basta con decirle a México que Morena está equivocado. Tienen que explicar qué ofrecen ellos que sea mejor y, sobre todo, por qué el ciudadano debería creerles. El PRI obtuvo aproximadamente 11% de la votación en la elección federal de diputados de 2024, mientras Morena superó el 40%. Es una diferencia brutal para un partido que alguna vez gobernó prácticamente todo el territorio nacional. Ese resultado demuestra que la crisis del PRI no existe únicamente en las encuestas o en los comentarios de redes sociales: está escrita en las urnas.

    Alejandro Moreno puede denunciar, confrontar, viajar a Washington, acudir ante organismos internacionales y levantar la voz desde el Senado. Puede reconstruir estructuras territoriales y buscar candidatos competitivos. Puede incluso lograr que el PRI recupere algunos espacios. Pero su verdadera batalla no es contra Claudia Sheinbaum. Su batalla es contra las imágenes que aparecen en la mente de millones de mexicanos cuando escuchan las tres letras de su partido. Contra el padre que perdió un negocio durante una crisis, contra la familia que vio multiplicarse una deuda hipotecaria, contra el comerciante que pagó derecho de piso, contra el ciudadano que vivió los años más violentos de Tamaulipas o Veracruz, contra quienes vieron gobernadores salir de sus palacios de gobierno para terminar enfrentando tribunales y prisiones.

    Eso no significa que Morena tenga garantizado eternamente el respaldo popular. Sería un enorme error que sus dirigentes lo creyeran. Morena también está construyendo desde ahora la memoria con la que será juzgado mañana. Cada caso de corrupción que no investigue, cada acto de impunidad que tolere, cada familia víctima de violencia que no pueda proteger, cada hospital que no funcione, cada obra que desperdicie recursos públicos y cada abuso de poder que permita terminarán algún día formando parte de su propio expediente histórico. Ningún partido tiene derecho de propiedad sobre México y ningún gobierno puede escapar indefinidamente del juicio de sus ciudadanos.

    Por eso reconozco el esfuerzo de Alejandro Moreno. México necesita oposición y necesita dirigentes dispuestos a enfrentar al poder. Pero una cosa es reconocer su batalla y otra muy distinta pensar que los mexicanos están dispuestos a regresar automáticamente a lo que existía antes. El PRI y el PAN necesitan ofrecer algo más profundo que nostalgia, alianzas electorales o rechazo a Morena. Necesitan construir una propuesta para el México que viene y demostrar, con hechos y no únicamente con discursos, que entendieron las razones por las que millones de ciudadanos les dieron la espalda.

    Porque los gobiernos cambian, los presidentes terminan sus sexenios, los gobernadores dejan los palacios, los dirigentes nacionales eventualmente entregan sus cargos y hasta los partidos que parecían eternos pueden desaparecer. Lo que permanece es lo vivido por la gente. Alejandro Moreno puede librar muchas batallas políticas y quizá ganar algunas de ellas, pero la más difícil no se libra en el Senado, en Washington, en Nueva York ni frente a Claudia Sheinbaum. Se libra dentro de la memoria colectiva de un país que ha vivido demasiado como para olvidar fácilmente.

    Y México tiene memoria.

  • Hígado / La nueva ZMVM I

    Hígado / La nueva ZMVM I

    Escribo este análisis con mi amigo Pedro Rivera Cabreara,
    geógrafo (UNAM) y geomata especialista en MDM (INEGI).

    La Declaratoria de Modificación de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) se publicó en el Diario Oficial de la Federación hace apenas unos días, el 25 de agosto de 2026. El documento formaliza la nueva delimitación de la ZMVM, que ahora integra oficialmente a 84 municipios y demarcaciones territoriales: las 16 demarcaciones de la Ciudad de México, 59 municipios del Estado de México, ocho de Hidalgo y uno más de Morelos. Así que ahora la zona metropolitana mexicana más extensa ocupa una superficie de 9.2 mil kilómetros cuadrados.

    Hígado

    El polígono de la nueva ZMVM presenta una configuración irregular, compleja y de dilatada extensión territorial. Su morfología es predominantemente alargada en el sentido norte-sur, con expansiones lobuladas muy marcadas hacia el poniente que integran el sistema de valles occidentales, adoptando una silueta asimétrica y ramificada. Visto como una unidad morfológica (Gestalt), el polígono de la nueva ZMVM guarda una curiosa correspondencia visual con un hígado humano (visto desde su cara diafragmática). Podríamos describir las analogías entre la morfología metropolitana y la topografía hepática de la siguiente manera:

    • El lóbulo derecho. El cuerpo central y oriental —que comprende el vaso histórico del Valle de México, las demarcaciones centrales de la CDMX y los municipios mexiquenses de Ecatepec, Nezahualcóyotl y Texcoco— constituye el volumen macizo, denso y predominante del territorio, equivalente al voluminoso lóbulo derecho del hígado.
    • El lóbulo izquierdo. La extensión poniente, una marcada protuberancia hacia el oeste, hacia el Valle de Toluca, Lerma, Zinacantepec y Otzolotepec, se proyecta lateralmente con una forma alargada y aplanada, análoga al lóbulo izquierdo hepático.
    • El proceso caudado o la vena cava. La prolongación angosta y vertical hacia el vértice norte (en dirección a Jilotepec y Soyaniquilpan) actúa visualmente como el segmento superior o la zona de los grandes vasos que emergen del órgano.
    • El borde inferior y la fosa cística. Los contornos lobulados e irregulares del sur (la zona de los volcanes y los límites con Morelos) replican las escotaduras y muescas del borde inferior del hígado, donde la silueta se repliega orgánicamente.

    La ZMVM no es un simple rectángulo ni una mancha amorfa; la expansión territorial ha dibujado sobre el mapa una víscera metropolitana: un sistema circulatorio y metabólico complejo, con lóbulos muy definidos que ahora metabolizan una escala regional masiva.

    Ejes

    El extremo más septentrional de la ZMVM, al noroeste del polígono, se encuentra a las faldas del Cerro del Capulín, en su ladera este, en el extremo norte del municipio de Tula de Allende, Hidalgo, a unos 19 kilómetros en línea recta de la Zona Arqueológica de Tula.

    En la antípoda, el extremo meridional de la ZMVM se halla frente a Puebla…, no frente al estado de Puebla, claro, sino frente a la calle de Puebla, localizada ya en el municipio de Yecapixtla, Morelos. El vértice sur del polígono es un punto trino, ubicado a unos metros del IMSS Bienestar de San Juan Tlacotompa; ahí se topan los municipios morelenses de Ocuituco y Yecapixtla con el municipio mexiquense de Ecatzingo.

    Ahora, resulta que el punto más oriental de la ZMVM corresponde con el punto más oriental de todo el Estado de México. Se ubica en el municipio de Axapusco, haciendo frontera con los municipios hidalguenses de Tepeapulco y Tlanalapa.

    Finalmente, el punto extremo poniente de la ZMVM está a unos metros de una pequeña abarrotería, Loma Alta, localizada en el municipio de Villa del Carbón, Estado de México. El punto cae en una parcela, muy cerca de la colonia Emiliano Zapata, ubicada ya fuera del polígono, en el municipio también mexiquense de Jiquipilco.

    Centroide en el Cerro Gordo

    Si uniésemos los puntos más extremos Este-Oeste y Norte-Sur de la ZMVM por dos líneas diagonales imaginarias, la primera tendría una distancia de 110.85 kilómetros, mientras que la segunda sería la más grande: casi 155 kilómetros. Al generar el centro geométrico del polígono que delimita la ZMVM, el cruce de ambas líneas, este se ubica al suroeste del municipio de Tepotzotlán, Estado de México.

    Ahora, el centro de masa del polígono (donde se puede considerar concentrada toda la masa del objeto para efectos de análisis físico, mecánico o dinámico) se ubica en la ladera noroeste del Cerro Gordo, en el municipio mexiquense de Ecatepec de Morelos.

    @gcastroibarra