Indignación del alma herida

“…Reyes los hombres son — y su reinado
Este hondísimo abismo complicado; —
Este mundo de enérgicas pasiones
Desatados leones, —
Estos ríos de lágrimas calientes
En que estallan las almas dolientes. —
Esta águila altanera
Que rumbo al cielo tiende el alma fiera; —…”

José Martí

(tomado de Obras Completas José Martí Tomo 21 Febrero de 1967 p.149 Cuaderno 4) 

Abierta el alma, se junta el género de muerte e infortunio entre nosotros, fría dejando desolación, ausencia. Se presenta en los lugares donde lo que más se ha amado es la vida, donde lo lúgubre no existía, dónde había esperanza, lucha, continuidad, mucha verdad y mucha pasión, trabajo y bondad, libertad y pensamiento puro.

Ahí aparece generando desdicha, dolor, falta de paz y dan ganas de arrancarlo todo, de romperlo todo, de irse al norte y empezar a romperlo todo ahí, porque es el norte el que genera esta crueldad, el norte donde quién manda es el dinero, donde la lucha de los pueblos se vuelve solamente drogas en las calles, tristeza, pobreza, miseria, destrucción espiritual, desarraigo y humanidad destrozada.

Ahí el espíritu humano se muere, odia y transita contra todo, buscando solo el beso horrendo de la corrupción verde, solo la oscuridad terrible que provoca la avaricia la lujuria el egoísmo y la soberbia, ahí en ese norte cruel, habitan quienes mandan en el mundo; el príncipe del mundo para destruirlo todo, bloqueando, bombardeando, destruyendo al amor, rompiendo cualquier posibilidad de crecimiento para otros, asesinando a la esperanza.

El egoísmo llena su esfera, el egoísmo es su destino y por eso será su muerte y su destrucción ¡ay de nosotros! porque esa destrucción será muy larga, tardará mucho más de lo que queremos, de lo que esperamos, de lo que la vida necesita para que el príncipe de la oscuridad y de la tiniebla que los gobierna sea derribado a tierra, sea derribado al fondo donde el fuego del centro del núcleo los devore y los destruya.

No hay muerte más dolorosa que aquella que se da en las manos de quienes debieran ser fuente de la vida porque así nacieron, porque así fueron concebidos, como fuente posible de vida y de amor de vida y de lucha por la vida misma para la lucidez, para la luz para el amor, pero han decidido matar, han decidido destruir, han decidido que es el dinero y la riqueza material lo que más les conviene. Se olvidaron de lo que era amar sin destruir, porque fueron destruidos desde niños, porque destruyeron la niñez de otros y de otras porque no sabían amar, porque nunca fueron verdaderamente amados, siempre abusados por el mismo sistema que hoy recrean en cada terrible acción.

Tienen que destruir lo que no comprenden, lo que no aceptan, porque quieren todo para sí porque se creen dioses y no son sino viles demonios y así habrán de morir, y así serán destruidos y al fuego eterno serán condenados porque han matado la vida la esperanza, el amor, la verdad.

Nada en la tierra de los descorazonados los volverá a recordar, simplemente serán ejemplo de lo que no hay que hacer, de lo que es la muerte.  Reconstruir al mundo para convertirlo en algo bueno para generar al verdadero ser humano nuevo, bueno, humano verdadero; en el que aparezca todo aquello que es vida, la mujer como símbolo de engendradora, de creadora, de humana real, con fortaleza, valentía y razón, como símbolo de lucha de trabajo de sabiduría de dignidad y el hombre como signo de lo mismo; iguales y con la fuerza del amor por la vida. 

La fuerza del trabajo nos ha de convertir en verdaderos humanos, siendo la fuerza del trabajo el origen del amor repartido igualitariamente dando a cada quien lo correspondiente por su esfuerzo. La vibrante humanidad creando, produciendo, recreando para vivir en la verdadera libertad, no en la que venden los Milei, los Netanyahu, los Trump, los Musk, los Salinas, los Pinochet, los Putin y los que falten, sino en la libertad de la vida útil y feliz.

El espíritu humano debe salir de su escondite, debe surgir de nuevo a la vida para presentar un frente fuerte y serio a los destructores, iluminado e inspirado por la verdadera luz. El espíritu humano triunfará contra ellos. Pero a esa victoria habrá que agregarle nuestras voluntades y nuestro propio amor.

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