Miles de argentinos salieron a protestar y el gobierno de Javier Milei respondió con gases, balas de goma y disparos entre autos. El saldo supera los mil 500 heridos en el Obelisco y alrededores. Familias enteras vivieron el terror de la represión.
Los vecinos del centro porteño aún recuerdan el ruido de los disparos. Una policía descontrolada avanzó entre los autos y golpeó a quien se cruzara. El gobierno de Javier Milei eligió la fuerza bruta contra ciudadanos que solo pedían ser escuchados.
Hombres y mujeres sangraban en las veredas. Un joven con anteojos quedó con el rostro destrozado. Otra persona se sujetaba la cabeza mientras el gas le quemaba los ojos. Madres corrieron con sus hijos entre el humo. El miedo se sentía en cada esquina.
Además, los agentes dispararon sin cuidado. Las imágenes muestran disparos cerca de vehículos y gente que huía. Nadie controló la violencia. El protocolo de seguridad se transformó en un ataque abierto.
Luego llegaron los números. Más de 1500 personas necesitaron atención médica. Algunos sufren lesiones graves. Otros todavía no pueden respirar bien por el gas. El gobierno minimiza el hecho. Pero las fotos y los testimonios hablan claro.
Al mismo tiempo, banderas argentinas ondeaban entre el caos. La gente no buscaba pelea. Quería protestar por decisiones que afectan su vida diaria. Milei, con su estilo ultraderechista, respondió con cascos y balas. Esa es la respuesta que elige para su pueblo.
Ahora las calles quedan marcadas. El dolor no se borra con un comunicado. Los heridos llevan cicatrices. Las familias guardan el recuerdo del miedo. Este gobierno sigue el camino de la represión y deja a los argentinos pagando el precio.


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