Miles de aficionados tomaron el Paseo de la Reforma para celebrar la victoria del Tri sobre Sudáfrica. Un aguacero los dispersó, pero no los apagó.
El silbatazo final del árbitro encendió la ciudad. Eran las 15:03 horas del jueves cuando México venció dos goles a cero a los Bafana Bafana de Sudáfrica en el Estadio Ciudad de México. Con ese resultado, el Tricolor rompió una racha amarga: siete partidos inaugurales de Copa del Mundo sin ganar.
La Glorieta del Ángel de la Independencia no tardó en llenarse. Antes incluso de que terminara el partido, cientos de aficionados ya se apostaban en Paseo de la Reforma, vestidos de verde y listos para festejar. En cuanto cayó el pitido final, la multitud creció de golpe y el lugar se transformó en una fiesta masiva.
El ambiente era desbordante. Un grupo femenino de mariachis animaba desde el escenario montado por las autoridades al pie del Ángel. Se esperaban también bailarines de danza folclórica y más agrupaciones musicales. La celebración prometía durar horas.
Entonces llegó Tláloc. Un aguacero intenso cayó sobre la avenida antes de que pasara media hora del final del juego. La lluvia hizo lo que ningún rival había logrado: dispersó a la multitud. Los festejos oficiales se suspendieron y la gente corrió a buscar refugio en calles y comercios cercanos.
Pero la alegría resistió. Cuarenta minutos después, con el pavimento todavía mojado, los aficionados regresaron al Ángel. Llegaron con más energía que antes, empapados y felices, dispuestos a no dejar que nada les quitara el festejo.
Al pie de la Columna de la Independencia, entre la euforia colectiva, también había otras historias. Decenas de madres buscadoras y familiares de personas desaparecidas se manifestaron en silencio, con mantas y fotografías. Llegaron temprano y aguantaron la lluvia. Su presencia, discreta pero firme, recordó que la ciudad carga con alegrías y dolores al mismo tiempo.


Deja un comentario