Machado descubre que Venezuela necesita “mucho más que dinero” tras entregar el país a Trump

María Corina Machado cuestionó desde el exilio el acuerdo petrolero entre Estados Unidos y el chavismo, después de haber apostado por el respaldo de Washington, y ahora advierte que Venezuela necesita legitimidad, democracia y transparencia, no solamente intervención gringa.

Desde el exilio, María Corina Machado salió a matizar el entusiasmo que durante meses rodeó la expectativa de un respaldo estadounidense a la oposición venezolana. Tras el acuerdo anunciado por Donald Trump con el régimen chavista para explotar petróleo, Machado reconoció que Venezuela “necesita mucho más que dinero” y que la reconstrucción del país requerirá inversiones colosales y cambios institucionales.

El problema para Machado es que Estados Unidos ya está negociando con el poder que ella busca desplazar. El acuerdo anunciado por Trump contempla el control estadounidense de 65 mil millones de barriles de petróleo en 17 campos, equivalentes a alrededor del 20% de las reservas venezolanas. Ante ello, la opositora sostuvo que “el patrimonio de nuestro suelo no le pertenece a un régimen ilegítimo”, sino al pueblo venezolano.

Machado defendió, sin embargo, una sociedad con Estados Unidos y pidió que cualquier inversión se base en transparencia, legalidad y eficiencia. El contraste resulta evidente: la dirigente confió durante años en que Washington podía convertirse en el gran respaldo externo para provocar un cambio político en Venezuela, pero ahora enfrenta una realidad mucho más pragmática, en la que los intereses petroleros estadounidenses pueden pesar más que las simpatías políticas.

Así, la oposición venezolana queda ante una incómoda lección de realpolitik: confiar en que Estados Unidos actuaría principalmente como aliado de la democracia podía ser una apuesta demasiado ingenua. Washington puede defender la democracia cuando le conviene, pero también puede sentarse a negociar con quien controla el petróleo; mientras tanto, Machado reclama legitimidad y un gobierno democrático para administrar una riqueza que otros ya están negociando.

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