El conductor arremetió contra el gobierno de Claudia Sheinbaum tras denunciar la censura. Esto mientras él es la representación del comentocracia conflictivo.
El trabajador del usurero Ricardo Salinas Pliego Manuel López San Martín, como es costumbre, vuelve a estar en el centro de la polémica luego de acusar a la presidenta Claudia Sheinbaum de intentar censurar a TV Azteca. A través de redes sociales, el conductor aseguró que el gobierno federal busca “intimidar” y “silenciar” . Sin embargo, estas acusaciones pierden su sentido cuando se trata de un comentócrata, que en su papel de opositor, más que periodista, realiza una difusión alarmista y llena de sesgo.
López San Martín ha protagonizado múltiples confrontaciones políticas, particularmente contra figuras de la Cuarta Transformación. Durante el proceso electoral de 2024, Morena, PT y PVEM solicitaron ante el INE retirarlo como moderador del primer debate presidencial al considerar que mantenía una postura abiertamente contraria al oficialismo. La controversia se desató luego de que calificara como “apestado” al exsubsecretario de Salud Hugo López-Gatell e informara de modo alarmista durante la pandemia de COVID-19.
Aunque el INE decidió mantenerlo como moderador. Desde entonces son reacias las críticas de López San Martín, con un estilo confrontativo y constantes choques con legisladores y funcionarios de Morena. Sus espacios informativos han dejado de priorizar el ejercicio periodístico para convertirse en plataformas de opinión política y ataque permanente contra el gobierno federal. Además, de que es perpetuador de la línea de su medio, bajo el yugo de Ricardo Salinas Pliego.
Las polémicas también alcanzaron sus coberturas sobre seguridad, violencia y economía, donde maneja narrativas “alarmistas” y “sesgadas”. Aunque no existen resoluciones formales que acrediten desinformación deliberada, sus críticas constantes y el tono de confrontación que utiliza lo han convertido en una de las voces más polares del escenario mediático mexicano.
Para sus críticos, López San Martín representa el modelo del comentócrata que, bajo el discurso de la libertad de expresión, privilegia el enfrentamiento político sobre el análisis periodístico objetivo.

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