El partido blanquiazul cierra filas con su gobernadora mientras evade cuestionamientos y lanza ataques contra el gobierno federal, en medio de señalamientos por seguridad y vínculos incómodos.
El PAN salió en defensa de su gobernadora en Chihuahua, María Eugenia Campos, con un comunicado que intenta justificar lo injustificable: evadir comparecencias y convertir una crisis en propaganda política.
Bajo el pretexto de “priorizar información”, el partido respalda que Campos no rinda cuentas de inmediato, mientras presume acciones contra el crimen como si fueran trofeos personales.
En su posicionamiento, el blanquiazul presume el desmantelamiento de un narcolaboratorio en “El Pinal” y la creación de una unidad especial. Pero más que resultados verificables, lo que ofrecen es narrativa y control de daños, intentando desviar la atención hacia ataques contra Morena y el gobierno federal.

El PAN incluso se da el lujo de exigir “no politizar” el tema, mientras politiza cada línea de su comunicado. Acusan persecución, pero no responden a los cuestionamientos de fondo. La estrategia es clara: victimizarse, culpar a otros y evitar cualquier costo político.
Lanzan insinuaciones sobre otros actores políticos y casos mediáticos, en un intento desesperado de repartir culpas. Una táctica vieja: si todos son culpables, nadie lo es. El problema es que eso no sustituye la rendición de cuentas.
El discurso de “defender a México” se queda corto cuando se trata de transparencia. Más que defensa de la soberanía, parece defensa de intereses partidistas, con un tono que raya en lo absurdo y lo oportunista.
Al final, el PAN no responde: ¿por qué no comparecer? ¿qué se oculta? En lugar de aclarar, prefieren el show. Y luego se indignan cuando se les llama lo que parecen: vendepatrias con discurso reciclado.

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