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  • LOS SAPOS DEL PRIAN

    LOS SAPOS DEL PRIAN

    Han pasado ya 8 días desde que la presidenta rindió su informe al pueblo de México, en este acto tan solemne, pero a la vez tan festivo, se basó en 4 ejes:

    Economía y Salarios

    El salario mínimo subió a 9,282 pesos mensuales (13,409 en la frontera norte) y el salario medio formal alcanzó un máximo histórico de 20,212 pesos.

    Seguridad

    Se reportó una reducción histórica del 53% en homicidios dolosos a dos años de gobierno.

    Programas de Bienestar:

    La pensión para mujeres de 60 a 64 años beneficia a casi 3 millones de personas, y los programas sociales en conjunto inyectan un billón de pesos a la economía.

    Tipo de Cambio

    Se destacó la estabilidad financiera con un tipo de cambio por debajo de las 17 unidades.

    Como era de esperarse, la reacción de la comentocracia y adversarios políticos no se hizo esperar, tratando de menospreciar a toda costa lo dicho por la Presidenta. Los dichos van desde afirmaciones de que los datos ahí expuestos son falsos hasta que les pareció aburrido; así de básicos son para sus análisis.

    Lo más cómico ha sido que todos los que hablan mal de lo expuesto el 1 de septiembre, la mayoría, por no decir todos estos sapos, han sido captados a lo largo del tiempo en diferentes informes de gobiernos del PRIAN, pero la gran diferencia es que, como los maiceaban, ahí aplaudían como focas y sonreían como hienas, pues sus plumas estaban más que pagadas para hablar bien de gobiernos que destazaban año con año al país.

    Como todo sapo que crota en la oscuridad, ahora la Oposición se encuentra en lo oscuro, pactando con gobiernos extranjeros para crear narrativas negativas en contra de nuestro país. El claro ejemplo es la muy activa participación del Departamento de Estado de EU, que últimamente lanza dardos calumniosos y llenos de mentiras que la oposición utiliza como pruebas irrefutables, sin que tengan la menor validez. Tal es el caso de la senadora Julieta Ramírez, en donde N+ muestra un documento con faltas de ortografía, sin rúbricas y con múltiples signos que sugieren falsedad.

    Pero todo esto es parte de una historia que pretenden contar con miras al 2027, ya que las últimas encuestas dan resultados abrumadores para la oposición, en donde MORENA y sus aliados ARRASARÍAN con un 58 a 60% de preferencia electoral, o sea, sería una nueva paliza para estos sátrapas que prefieren vender la soberanía del país al mejor postor, con el único fin de intentar recuperar privilegios y robar el presupuesto que ahora está destinado a los programas sociales, porque desde su óptica es dinero mal gastado, aun cuando la población se ha beneficiado con estos programas.

    Ellos prefieren entregar a México, así como lo está haciendo Colombia con EU con sus tierras raras, antes de aceptar que vamos avanzando con paso firme hacia el desarrollo.

    ¡Que viva la 4T!

  • Hay encuentros que pasan por nuestra vida y otros que despiertan nuestra conciencia

    Hay encuentros que pasan por nuestra vida y otros que despiertan nuestra conciencia

    Asistí al evento Business Book Fair y ahí tuve la oportunidad de conocer a Eufrosina Cruz Mendoza, de escuchar su ponencia “origen no es destino”, pude charlar con ella y que me firmara su libro… “Los sueños de la niña de la montaña”. Su historia y su lucha tocaron algo muy profundo en mí. Tal vez porque soy chiapaneca, y desde muy niña conocí una realidad que, aunque no siempre comprendía entonces, con los años pude dimensionar en toda su crudeza.

    Vi niñas indígenas llegar a las casas para trabajar, niñas que eran prácticamente vendidas o entregadas para realizar labores domésticas, cuidar hijos ajenos y servir a los adultos.

    Quizá por eso, al escuchar a Eufrosina decir que “origen no es destino”, yo no solamente escucho una frase política o social, me lleva a preguntarme, ¿cuántas niñas en México siguen viviendo hoy un destino que nunca eligieron?

    Hablar de los llamados usos y costumbres es entrar en un terreno delicado. México es un país profundamente diverso, nuestros pueblos originarios poseen lenguas, conocimientos, tradiciones y formas de organización que son parte fundamental de nuestra riqueza cultural.

    Respetar esa diversidad es indispensable, pero respetar una cultura jamás debe significar aceptar la violencia contra sus niñas y mujeres.

    Ahí no hay debate posible, porque los derechos de una niña no pueden estar sujetos a negociación.

    El problema no es una cultura, el problema es cualquier estructura que permita que un adulto tenga poder sobre una niña y que la sociedad permanezca callada.

    La historia de Eufrosina Cruz es justamente la historia de una niña que decidió cuestionar esas estructuras. Mujer indígena zapoteca, creció en Oaxaca y desde su niñez se enfrentó a las limitaciones impuestas a las mujeres de su comunidad. Su lucha por los derechos de las mujeres indígenas llegó al ámbito político y legislativo, donde impulsó cambios para fortalecer sus derechos y para dejar claro que los sistemas normativos indígenas deben respetar los derechos humanos.

    “Origen no es destino”, y hoy necesitamos decirlo todavía más fuerte… Ser niña indígena no es destino. Nacer en una comunidad pobre no es destino. Nacer mujer no es destino.

    Haber nacido dentro de una determinada tradición no significa renunciar a tus derechos.


    Una niña tiene derecho a imaginarse y ser lo que quiera, ser, maestra, escritora, científica, ingeniera, artista. presidenta, y madre, si algún día ella lo decide.

    Porque una niña no nació para cumplir el destino que otros escribieron para ella, nació para escribir el suyo.

    Eufrosina, tu historia me recordó que a veces una conferencia no termina cuando termina la ponencia, y esta nota es mi manera de continuar esa conversación que tuvimos.

    Necesitamos escuchar a las mujeres indígenas, escuchar a las niñas, trabajar con las autoridades comunitarias.

    Fortalecer la enseñanza en las escuelas. Seguir creando oportunidades económicas para las familias.

    Y hacer que la justicia llegue hasta los lugares donde durante décadas no llegó. Porque prohibir una práctica en una ley es importante.

    Pero cambiar las condiciones que permiten que esa práctica sobreviva es indispensable.

    Y hay preguntas que me parecen todavía más dolorosas…
    ¿Qué pasa con las niñas que ya vivieron todo esto?
    ¿Quién les devuelve la infancia?
    ¿Quién repara el miedo?
    ¿Quién sana los golpes?
    ¿Quién repara los años de silencio?
    ¿Quién les dice que aquello que les hicieron no fue culpa suya?
    Porque muchas veces hablamos de erradicar una práctica, pero olvidamos a las mujeres que llevan décadas cargando sus consecuencias.

    Porque una niña no debería heredar el destino de su madre simplemente porque su madre tuvo que vivirlo.

    No debería repetir la historia de su abuela. No debería aprender demasiado pronto que su cuerpo, su tiempo y su vida pertenecen a los demás.

    Ninguna niña nace para servir. Ninguna niña nace para ser esposa. Ninguna niña nace para ser mercancía.

    Nace para descubrir quién es.
    Para jugar.
    Para aprender.
    Para imaginar.
    Para equivocarse.
    Para estudiar.
    Para soñar.

    Y algún día, cuando sea adulta, decidir por sí misma qué quiere hacer con su vida. No podemos mirar hacia otro lado, no podemos decir “así son sus costumbres”.


    Las tradiciones que nos dan identidad debemos preservarlas, pero las prácticas que lastiman, someten y destruyen la vida de una niña deben ser cuestionadas y transformadas.

    Gracias, Eufrosina, por recordármelo, gracias por ponerle palabras a una lucha que muchas mujeres han librado en silencio.

    Y gracias, también, por provocar esta pregunta que hoy quiero dejar sobre la mesa…


    ¿Qué clase de sociedad queremos ser si somos capaces de defender una tradición, pero no somos capaces de defender a una niña?

    Ninguna niña debería necesitar convertirse en heroína para poder ejercer el derecho más elemental de todos, vivir una infancia plena.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Medicina históricamente castigada

    Medicina históricamente castigada

    Por mucho tiempo la vocación de la medicina se vio truncada por la falta de espacios en las universidades, la lenta apertura de matrícula, apoyada por instituciones privadas no es suficiente para cubrir las necesidades de salud, que es prioridad en cualquier sociedad del mundo.

    La política educativa en México no vive su mejor momento en cualquiera de los niveles que quiera observarse. Con un secretario de Educación con más dudas sobre su honestidad que aciertos pedagógicos, no cubre las necesidades elementales de su responsabilidad.

    El apoyo que en materia de salud pueden ofrecer las universidades privadas ante un problema que exige urgente solución no puede condicionarse a trámites burocráticos.

    Tampoco se trata de dejar de no tener registro o control de calidad pero no rechazar propuestas para la apertura de espacios educativos en el rubro de la salud sistemáticamente, como se hace todos los días en esa perversa combinación de la SEP y el sector salud para dar de alta carreras, materias, especialidades, etc. Que no sólo truncan vocaciones de los jóvenes mexicanos sino que retrasan una actividad de por sí castigada históricamente en el país, como es la salud.

    Los médicos que trabajan en el sector, están inconformes, los aspirantes a la medicina están vetados, las instituciones de salud sin presupuesto, los enfermos se multiplican y quieren llegar al nivel de la prevención sembrando hospitales a lo largo y ancho del territorio nacional sin especialistas, sin enfermeras, sin médicos, sin paramédicos, sin instalaciones adecuadas.

    A pesar de que el sector Salud ha sido determinado por la oposición como el punto más frágil de las administraciones de la 4T, no hay poder humano que tenga voluntad de transformar esta responsabilidad vital.

    Todavía se desconoce si las responsabilidades del sector salud forman parte de los tentáculos del contrincante político que ataca desde adentro a la 4T.

    Es decir, cómo en un país donde la salud es el principal problema tienen casi un siglo obstaculizando este tipo de estudios, actividades, incluso avances. La medicina es un buen negocio para laboratorios farmacéuticos transnacionales, para clínicas privadas, para médicos sin escrúpulos, en medio de una sociedad sin la tención necesaria sobre todo en el campo de las especialidades.

    El abuso de favoritismos y corruptelas ha llegado a los extremos que se conformó un grupo de instituciones educativas para denunciar una crisis en la Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud, dependiente del Sector Salud, que encabeza David Kershenobich Stalinikowitz.

    La Dra. Magdalena Bernal Delgado, –responsable de la Dirección de Educación en Salud que se encarga de autorizar las Opiniones Técnicas Académicas, las asignaciones de plazas para internado de pregrado, el servicio social– ha sido acusada por el desorden administrativo, falta de seguimiento normativo y trato inequitativo dentro del organismo. Mientras los enfermos prolongan su enfermedad o su agonía.

    Desde intentos de monopolios de hospitalización privada hasta ambulancias pirata que cobran por recoger un accidentado en las calles, la salud requiere de atención especial y especializada.

  • Con Paulo García, Morena CDMX por fin tiene al dirigente que la ciudad necesitaba

    Con Paulo García, Morena CDMX por fin tiene al dirigente que la ciudad necesitaba

    Después de semanas de incertidumbre, Morena en la Ciudad de México volvió a tener rumbo. Paulo Emilio García González, hasta entonces diputado local por Coyoacán, asumió la presidencia del Comité Ejecutivo Estatal del partido en la capital, y hay razones de sobra para recibir el relevo con optimismo. No se trata de un nombre improvisado ni de una cuota política más: es alguien que se formó dentro del movimiento, que conoce el territorio porque lo caminó, y que llega con el respaldo claro de la dirigencia nacional y del gobierno de la ciudad.

    El nombramiento lo confirmó la propia Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, y la jefa de gobierno, Clara Brugada, no tardó en celebrarlo públicamente. Ese respaldo conjunto no es un detalle menor: manda un mensaje de cohesión entre los distintos niveles del movimiento justo cuando más se necesita, a las puertas del proceso electoral de 2027.

    García, por su parte, pidió licencia a su curul para dedicarse por completo a la tarea, una decisión que habla de compromiso más que de cálculo: prefirió soltar una posición ya ganada para asumir el reto de reconstruir la estructura partidista desde cero.

    Y es que su perfil es, precisamente, el que la dirigencia capitalina necesitaba. A sus 31 años, García representa a una generación que se involucró en la política pública gracias a la convocatoria de Andrés Manuel López Obrador, gente que probablemente no habría entrado a la vida partidista de no ser por ese llamado a construir un proyecto distinto para el país. Es politólogo por la UNAM y cursa una maestría en Políticas Públicas Comparadas en la FLACSO, pero su trayectoria no se quedó en las aulas: fue concejal en Coyoacán, secretario técnico del gabinete de seguridad de esa alcaldía, Servidor de la Nación durante la transición de gobierno y coordinador de las Becas para el Bienestar Benito Juárez, uno de los programas que más ha transformado la vida cotidiana de miles de familias capitalinas.

    Ya en el Congreso, se ganó la confianza de la bancada como su vocero. Ese recorrido importa porque significa que quien hoy dirige Morena en la capital no llega a aprender el oficio: llega sabiendo cómo se organiza una brigada, cómo se atiende a un comité vecinal y cómo se traduce un programa social en bienestar real para la gente. Es la combinación exacta que el partido necesita para encarar 2027 con la fuerza territorial que lo ha caracterizado desde su fundación.

    García ha sido claro en su mensaje de arranque: nadie sobra en el movimiento. En una ciudad tan grande y con tantas expresiones internas, esa actitud de apertura es exactamente lo que se requiere para cerrar filas después de un periodo sin dirigencia formal.

    En lugar de imponer una sola línea, propone escuchar, incorporar a las nuevas generaciones y fortalecer el trabajo de base, la fórmula que históricamente le ha dado a Morena sus victorias más contundentes en la capital.

    Tampoco hay que perder de vista el contexto: la Ciudad de México sigue siendo el bastión más importante del proyecto de la Cuarta Transformación, y lo que se juegue aquí en 2027 —alcaldías, diputaciones, el rumbo mismo de las políticas de vivienda y bienestar que impulsa Clara Brugada— tendrá un peso simbólico enorme para todo el movimiento a nivel nacional. Tener al frente a alguien joven, con experiencia real en territorio y con el respaldo unánime de las principales figuras del partido, es una ventaja que otras fuerzas políticas en la ciudad simplemente no tienen.

    El camino no será sencillo, ninguna reconstrucción lo es. Pero con Paulo García al frente, Morena CDMX tiene algo que no tenía hace apenas unos días: certeza, unidad y un dirigente que entiende que gobernar y organizar un partido son, al final, la misma tarea de estar cerca de la gente.

  • Después de farmear aura

    Después de farmear aura

    En cuestión de semanas, cientos de adolescentes comenzaron a reunirse en plazas y parques para competir por algo que no existe. Frente a frente, caminan, posan, sostienen la mirada y ejecutan gestos que internet convirtió en códigos compartidos. El público decide quién tiene más “aura”. Parece absurdo, hasta que uno se pregunta qué lleva a una generación acostumbrada a encontrarse detrás del celular a salir para disputar reconocimiento en la calle.

    “Farmear aura” combina dos lenguajes. Farmear proviene de los videojuegos y significa repetir acciones para acumular recursos o puntos. Aura, en la jerga digital, representa carisma, seguridad o presencia. Así surgió una puntuación imaginaria: alguien puede ganar “+1000 de aura” por mostrarse imperturbable y perderla cuando se esfuerza demasiado por impresionar.

    La expresión circulaba desde 2024 en comunidades vinculadas con videojuegos, anime y redes sociales. En 2025 adquirió una imagen global con Rayyan Arkan Dikha, el niño indonesio que se volvió viral bailando con absoluta serenidad sobre una embarcación. Para agosto de 2026, el meme había dado un salto inesperado: abandonó momentáneamente la pantalla y ocupó plazas, parques y universidades de distintas ciudades latinoamericanas.

    En México la expansión fue vertiginosa. Hasta el 21 de agosto, el Observatorio de Medios Digitales del Tecnológico de Monterrey registraba más de 16 mil publicaciones y alrededor de 202 millones de visualizaciones asociadas con #farmearaura entre usuarios mexicanos. Otro análisis contabilizó más de 34 millones de impresiones alrededor de la conversación. Mientras algunos adultos calificaban las batallas como ridículas, otros encontraban algo paradójico: después de años preocupados por jóvenes encerrados en sus teléfonos, una moda nacida precisamente ahí estaba consiguiendo reunirlos físicamente.

    Especialistas de la UNAM, la Universidad Autónoma de Zacatecas, el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Anáhuac encontraron detrás del juego necesidades menos novedosas que sus gestos: pertenencia, reconocimiento, construcción de identidad y una soledad que la hiperconexión no necesariamente resuelve. Alejandro Zamudio, de la UNAM, lo interpreta como un ritual de reconocimiento mutuo; Jorge Zaruma habla de “encarnar al meme”: darle cuerpo a aquello que antes existía en la pantalla.

    Pero ocupar una plaza también significa entrar en un espacio compartido y sujeto a reglas. Hubo cancelaciones por falta de permisos, intervenciones policiales y hasta agresiones de terceros. Al mismo tiempo, universidades y programas públicos comenzaron a incorporar el lenguaje de la tendencia. Ahí aparece una tensión interesante: las instituciones pueden intentar comprender estas expresiones, regularlas o incluso apropiarse de ellas, pero difícilmente pueden dirigirlas al ritmo con el que nacen y desaparecen.

    Tampoco todos participan desde el mismo lugar. Tener tiempo, conectividad, un teléfono para grabar y acceso a espacios relativamente seguros recuerda que ninguna tendencia representa por sí sola a toda una generación. Incluso sus gestos revelan diferencias: buena parte del repertorio de miradas, mandíbulas marcadas y poses “sigma” proviene de códigos predominantemente masculinos. Detrás de un juego aparentemente sencillo también operan formas de inclusión, aprobación y estatus que conviene observar antes de generalizar.

    Existe, además, una contradicción que quizá explique tanto su éxito como su desgaste: para ganar aura hay que aparentar que no se intenta conseguirla. La autenticidad también se representa. Hay que esforzarse por parecer espontáneo frente a una audiencia que observa, graba y juzga. Es difícil encontrar una metáfora más precisa de una cultura digital que exige ser auténticos mientras convierte nuestra autenticidad en contenido.

    Apenas unas semanas después de su explosión, farmear aura parece haber dejado atrás su mayor impulso. No sería extraño. Antes estuvieron otras tendencias y después vendrán nuevas palabras, gestos y comunidades capaces de recorrer en días el camino entre un algoritmo y una plaza. Algunas desaparecerán sin dejar mayor huella; otras permanecerán como lenguaje, identidad o incluso nuevas formas de relacionarnos.

    Por eso el aprendizaje no consiste en decidir si debemos celebrar o despreciar esta moda. Tampoco en asumir que el próximo fenómeno significará lo mismo. Habrá que analizar cada uno por separado: quién participa, qué necesidad expresa, cómo utiliza el cuerpo y el espacio, qué riesgos genera y qué ocurre cuando instituciones, autoridades o marcas intentan intervenir.

    Farmear aura probablemente pasará. Lo importante será qué hagamos cuando llegue lo siguiente. Porque detrás del próximo gesto que parezca incomprensible puede haber solamente una moda, pero también una nueva manera de encontrarse, pertenecer u ocupar lo público. Antes de aplaudirla, prohibirla o ridiculizarla, quizá nuestra primera responsabilidad sea entenderla.

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  • No, los programas sociales no son dinero tirado a la basura

    No, los programas sociales no son dinero tirado a la basura

    Hay una frase que se ha vuelto demasiado cómoda entre ciertos comentaristas, opinadores y sectores de la oposición: “los programas sociales son dinero tirado a la basura”. La repiten como si fuera una verdad económica, cuando en realidad es una vieja idea política clasista disfrazada de análisis.

    No, compañeras y compañeros: darle una pensión a una persona adulta mayor no es tirar dinero a la basura. Darle una beca a un joven tampoco. Apoyar a una persona con discapacidad no es desperdiciar recursos públicos. Y mucho menos es “regalar dinero”.

    En el periodo neoliberal durante décadas nos acostumbraron a pensar que el gobierno podía decidir quién recibía ayuda y quién no. Los programas sociales podían desaparecer, cambiar de nombre o convertirse en instrumentos de presión política dependiendo de quién estuviera en el poder.

    Porque cuando un gobierno le decía a una persona: “te doy esto porque yo quiero y porque me vas a apoyar con tu voto y activismo político”, el ciudadano terminaba dependiendo de la voluntad del político. Eso es precisamente lo que debería preocuparnos cuando hablamos de clientelismo y de administración de la pobreza.

    Hoy la lógica es distinta: los apoyos forman parte de una política de bienestar que busca garantizar derechos y reducir desigualdades. El propio CONEVAL ha señalado que la política social debe analizarse desde un enfoque de derechos y que los programas están vinculados con derechos sociales y bienestar económico.

    Entonces dejemos de hablar de los beneficiarios como si fueran una masa de personas esperando que el gobierno les aviente dinero. Hablemos de personas. La abuela que después de toda una vida de trabajo recibe una pensión y puede comprar sus cosas. La joven que puede continuar estudiando gracias a una beca. La persona con discapacidad que recibe un ingreso que le permite enfrentar parte de sus gastos. El campesino que obtiene apoyo para continuar trabajando su tierra. La familia que puede enfrentar un periodo complicado sin caer inmediatamente en una situación todavía más precaria.

    Por eso la discusión no debería reducirse a cuánto dinero se entrega. La pregunta correcta es: ¿qué está haciendo el Estado para que una persona pueda vivir con mayor dignidad?

    Y ahí entran muchas otras cosas: educación pública, salud, infraestructura, empleo, salario, vivienda, pensiones, becas, apoyo al campo, cuidados y desarrollo regional.

    Un programa social aislado jamás va a resolver la desigualdad. Pero tampoco podemos pretender combatir la desigualdad quitando los programas sociales. Es como decir que para combatir la pobreza hay que quitarle a los pobres los pocos mecanismos de protección que tienen. No tiene sentido.

    También resulta curioso que quienes hoy se escandalizan porque el Estado destina recursos a las personas en situación de vulnerabilidad rara vez hayan tenido la misma indignación frente a otros privilegios, rescates financieros o beneficios otorgados históricamente a grandes grupos económicos.

    Si los recursos públicos se utilizan para garantizar derechos, reducir desigualdades y ampliar oportunidades, estamos hablando de política social. Y si además esos programas tienen reglas, padrones, mecanismos de operación y procesos de evaluación, no estamos hablando de dinero aventado a lo loco. Estamos hablando de política pública.

    Redes sociales

  • Gobierno vs. algunos medios: la otra guerra por México

    Gobierno vs. algunos medios: la otra guerra por México

    Recientemente hemos visto y escuchado a periodistas de medios verdaderamente importantes lanzar críticas prácticamente todos los días contra el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, contra integrantes de su equipo político, contra el expresidente Andrés Manuel López Obrador, contra sus hijos y contra personajes identificados con el movimiento que hoy gobierna México. Y entonces surge una pregunta que me parece legítima: ¿por qué tanta insistencia?, ¿estamos viendo simplemente el ejercicio normal y necesario de un periodismo crítico frente al poder o, en algunos casos, estamos observando una confrontación política disfrazada de ejercicio periodístico?

    Aclaro algo desde ahora: no quiero periodistas paleros del gobierno. Nunca. El periodismo debe investigar, cuestionar, denunciar y señalar al poder; esa es precisamente una de sus funciones fundamentales dentro de una democracia. Pero una cosa es fiscalizar al gobierno y otra muy distinta convertir cada error, cada rumor, cada declaración y cada sospecha en una bomba política, mientras los resultados positivos reciben apenas unos segundos de cobertura. Y es ahí donde empieza mi preocupación, porque pareciera que en algunos espacios informativos ya no existe únicamente una línea editorial, sino una posición política perfectamente identificable.

    El problema tampoco es exclusivo de quienes critican al gobierno. También existen comunicadores, medios y creadores de contenido cuya simpatía por Morena y la llamada Cuarta Transformación resulta evidente. Precisamente por eso debemos exigir lo mismo para todos: ni periodismo subordinado al gobierno ni periodismo subordinado a la oposición. Periodismo.

    México vive hoy una verdadera batalla por el control de la narrativa pública y esa batalla importa mucho porque durante décadas se habló de la prensa como el “cuarto poder”. Hoy ese poder continúa existiendo, pero ya no está solo. Frente a él apareció otro monstruo comunicativo: las redes sociales. Facebook, TikTok, YouTube, Instagram y otras plataformas cambiaron completamente la manera en que millones de mexicanos reciben información. El Reuters Institute documentó en su Digital News Report 2026 que el 66 por ciento de los mexicanos consume noticias semanalmente mediante redes sociales, mientras que el alcance semanal de la televisión para informarse cayó al 34 por ciento. Hay otro dato todavía más revelador: solamente el 31 por ciento dice confiar en las noticias en general.

    Algo está pasando. La gente sigue consumiendo información, pero cada vez confía menos en quienes tradicionalmente se la proporcionaban, y eso representa un cambio político monumental. Antes, unos cuantos noticieros, periódicos y conductores tenían una capacidad enorme para decidir qué asunto dominaría la conversación nacional al día siguiente. Hoy cualquier ciudadano trae prácticamente una televisora en el bolsillo: puede grabar, transmitir, comparar, buscar otra versión o regresar diez años y encontrar un video donde un político decía exactamente lo contrario de lo que sostiene actualmente.

    Eso tampoco significa que las redes sociales hayan acabado con la manipulación. Simplemente la democratizaron. Hoy ya no solamente un gran medio puede construir una narrativa; también puede hacerlo un influencer, un político, un empresario, un partido, un creador de contenido o cualquier persona capaz de lograr que un video se vuelva viral. La tecnología no terminó con la mentira, la hizo más rápida, pero también hizo mucho más difícil monopolizar la verdad.

    Y ahí está una de las grandes diferencias entre el México actual y aquel México que conocimos hace algunas décadas. Recuerdo perfectamente la llegada de Vicente Fox. Nos vendieron “el cambio”. Fox se presentaba como un hombre diferente a los políticos tradicionales: las botas, la hebilla, el rancho, el lenguaje coloquial y la imagen de un hombre aparentemente alejado de los protocolos del viejo sistema. Millones de mexicanos de buena fe creyeron en aquello. Yo no. Nunca simpaticé particularmente con su proyecto político, aunque respeto a quienes sí lo hicieron.

    Lo cuento también desde mi propia historia. Nosotros veníamos de una formación esencialmente priista, no necesariamente por una cuestión doctrinaria, sino por la cercanía que durante muchos años tuvimos con funcionarios y personajes políticos del estado y de distintos municipios. Después llegaron los cambios, el PRI comenzó a hacerse pequeño, muchos amigos terminaron en el PAN y hoy muchos de ellos están en Morena. Así es la política mexicana. Algún día les contaré esas historias porque precisamente fue durante aquellos años, por ahí de los noventa y siendo yo todavía muy joven, cuando empecé a interesarme verdaderamente por la política.

    Pero volvamos al presente. Hoy vemos cosas que hace veinte o treinta años habrían parecido imposibles: Vicente Fox coincidiendo políticamente con el PRI y con personajes como Alejandro Moreno frente a un adversario común llamado Morena. La política mexicana tiene esas ironías. El hombre que llegó a Los Pinos representando la derrota histórica del PRI aparece décadas después compartiendo causas políticas con ese mismo partido. Hasta dónde hemos llegado en la política mexicana que aquello que antes parecía un chiste hoy aparece frente a nosotros como una fotografía perfectamente posible.

    Y no es solamente una anécdota. La oposición enfrenta una realidad electoral complicada y necesita encontrar discursos, personajes y estrategias capaces de disputar la conversación pública. Por eso considero que la verdadera elección de 2027 ya comenzó, y una parte fundamental de esa elección no se está disputando todavía en las urnas, sino en las pantallas, en los teléfonos, en las mañaneras, en los noticieros, en las columnas, en TikTok, Facebook, YouTube y X.

    Cada escándalo cuenta, cada error cuenta, cada fotografía cuenta, cada viaje cuenta, cada propiedad cuenta, cada declaración cuenta y también cada silencio cuenta. Por supuesto que resulta legítimo investigar el huachicol, la corrupción, la inseguridad, los contratos públicos, los posibles conflictos de interés y cualquier señalamiento contra funcionarios o familiares de políticos. Eso no solamente es válido, es indispensable. Pero el mismo rigor debería existir para contar lo que sí funciona.

    Cuando se inaugura un hospital, una carretera, un puente o una obra importante, cuando existe un resultado verificable en salud, infraestructura, empleo o seguridad, también es noticia. No porque deba hacerse propaganda al gobierno, sino porque informar significa presentar la realidad completa. Si un noticiero dedica diez minutos a un escándalo y apenas unos segundos a una obra pública importante está ejerciendo, por supuesto, su libertad editorial, pero también está construyendo una jerarquía informativa y las audiencias tienen derecho a preguntarse por qué.

    Del otro lado, el gobierno tampoco puede caer en la tentación de considerar enemigo a todo periodista que publique algo incómodo. Una democracia necesita prensa crítica y México, además, continúa enfrentando una realidad particularmente grave respecto a la seguridad de quienes ejercen el periodismo. Eso obliga a defender la libertad de expresión incluso cuando lo publicado nos moleste, porque una cosa es cuestionar la línea editorial de un medio y otra completamente distinta intimidar al periodista.

    Y aquí llegamos a la parte política. Presidenta Claudia Sheinbaum: creo que a su gobierno le hace falta fortalecer todavía más la operación política. No estoy hablando de comunicación social, estoy hablando de política. De aquella política que permite sentarse con adversarios, negociar sin rendirse, construir acuerdos, apagar incendios, abrir canales de comunicación y hacer respetar las instituciones aun frente a quienes piensan completamente distinto.

    México necesita en la Secretaría de Gobernación un enorme peso político. Lo digo sin demeritar la capacidad de la actual secretaria ni de quienes desempeñan responsabilidades dentro de su administración, pero considero que el momento exige operadores de muchísimo oficio, personajes capaces de hablar con aliados y adversarios y que conozcan perfectamente las entrañas del sistema político mexicano.

    Y voy a mencionar un nombre que seguramente provocará inmediatamente reacciones: Miguel Ángel Yunes Linares.

    Sí, Yunes.

    Sé perfectamente lo que representa ese apellido en Veracruz, conozco las controversias que lo han acompañado y sé que una propuesta de esta naturaleza recibiría ataques desde distintos frentes. Pero también conozco su trayectoria y una cosa no cancela la otra. Yunes Linares ha sido secretario general de Gobierno de Veracruz, funcionario de la Secretaría de Gobernación, director general de Prevención y Readaptación Social, subsecretario federal, secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, director general del ISSSTE y gobernador de Veracruz.

    Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con él, pero difícilmente puede argumentarse que desconoce cómo funciona el poder político mexicano. Conoce al PRI, conoce al PAN, conoce al gobierno federal, conoce al Congreso, conoce Veracruz, conoce los temas de seguridad y conoce personalmente a muchos de quienes hoy participan en la confrontación política contra el gobierno.

    ¿Sería necesariamente la persona indicada? Eso solamente podría decidirlo la presidenta. Yo simplemente lo planteo como una reflexión y una sugerencia política. Quizá ha llegado el momento de recuperar aquellos perfiles capaces de sentarse frente al adversario y decirle que podemos pensar diferente, podemos enfrentarnos electoralmente y podemos cuestionar al gobierno todos los días, pero existen instituciones e investiduras que deben respetarse.

    Criticar a Claudia Sheinbaum es absolutamente legítimo. Cuestionar sus políticas es democracia. Pero el insulto y la descalificación personal no mejoran a la oposición ni fortalecen al país. Cuando personajes como Alejandro Moreno o el propio Vicente Fox elevan el tono hasta convertir la discusión política en espectáculo, terminamos empobreciendo un debate nacional que debería estar concentrado en problemas muchísimo más importantes.

    He visto antes momentos políticamente complicados y regreso inevitablemente a Veracruz. Recuerdo perfectamente cuando Miguel Ángel Yunes Linares dejó las filas del PRI en medio del proceso político que llevaría a Fidel Herrera Beltrán hacia la candidatura al gobierno de Veracruz. Recuerdo incluso una conversación personal con él en el Hotel Fiesta Americana. Me dijo algo que nunca olvidé: “Vienen cosas difíciles para Veracruz”.

    Lo recuerdo bien.

    Pasaron los años y Veracruz efectivamente atravesó tiempos muy difíciles. Particularmente durante el gobierno de Javier Duarte, el estado vivió una profunda crisis de inseguridad, corrupción y violencia, incluyendo una etapa especialmente dolorosa para el periodismo veracruzano. Son heridas que todavía forman parte de nuestra historia reciente y que tampoco debemos olvidar cuando hablamos de la relación entre medios y poder.

    Por eso esta confrontación entre gobierno, oposición y algunos medios debe observarse con muchísimo cuidado. México está políticamente polarizado. La oposición necesita reconstruirse, Morena necesita evitar la soberbia que históricamente termina acompañando a los partidos dominantes, el gobierno necesita aceptar la crítica y los medios necesitan distinguir investigación de militancia. Y nosotros, los ciudadanos, necesitamos aprender a distinguir información de propaganda, venga de donde venga.

    Porque en esta nueva época existe algo quizá todavía más poderoso que el llamado cuarto poder: la capacidad individual de decidir qué creemos.

    Hoy millones de mexicanos tienen acceso inmediato a distintas versiones de una misma historia y, aunque algunos piensen lo contrario, eso cambia completamente las reglas del juego. Nuestros dedos índices quizá ya estén desarrollando musculatura de tanto mover Facebook, TikTok e Instagram de arriba hacia abajo, pero ojalá también estemos desarrollando algo muchísimo más importante: criterio.

    La democracia no consiste en creerle siempre al gobierno, pero tampoco consiste en creerle siempre al periodista que más grita. Consiste en escuchar, comparar, investigar, pensar y después decidir.

    La guerra política rumbo a 2027 ya comenzó y esta vez quizá la batalla más importante no se libre solamente entre Morena, PAN, PRI o Movimiento Ciudadano. Se librará por algo muchísimo más valioso: la credibilidad.

    Y ahí, señoras y señores, absolutamente todos tendrán que demostrar de qué lado están.

    No del gobierno ni de la oposición.

    De México y de la verdad.

  • Colosio, vivir del erario

    Colosio, vivir del erario

    Las especulaciones acompañan a la política mexicana desde hace años. Los priistas cuando eran criticados calificaban a sus contrincantes de “agoreros del desastre” y el desastre, junto con el destino terminó por alcanzarlos.

    Sin embargo, las conjeturas que suelen no tener lógica llegan a convertirse en mitos. Basado sólo en supuestos a veces intentan de cambiar la historia, como es el hecho de considerar, desde la perspectiva conservadora y poco lógica que el malogrado candidato del PRI a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio, hubiera sido el mejor presidente de la historia, o que era de izquierda, o que tenía un ideario político ejemplar, cuando, en realidad nunca escribió ni un artículo periodístico ni un ensayo político ni un libro.

    Lo único que puede recuperarse como ideas políticas del sonorense fue el discurso al que le atribuyen no sólo lucidez política sino la causa de su muerte. Es decir, el discurso del aniversario de su partido de un lejano 4 de marzo, sirve para todo y finalmente tiene la intención de crear un mito a partir de una sola frase, que la candidata, su correligionaria Xóchitl Gálvez, distorsionó convirtiendo la tragedia en comedia sobre el hambre y la sed de los mexicanos.

    Luis Donaldo Colosio Murrieta, afiliado al PRI desde 1979, ni siquiera heredó a su hijo la posibilidad de que haya especulación a partir de sus palabras porque son de pena ajena como afirmar que Morena concentró el poder en 27 estados y el Congreso por voluntad propia, cuando en resultado de la votación popular que parece desconocer, es decir, todavía no tiene clara la realidad del país, ya sea por problemas producto de sus vicios o por ignorancia personal sobre un tema del que parece no ser un estudioso. Su padre, Colosio Murrieta fue cómplice del fraude electoral de 1988, como jefe de campaña de Carlos salinas de Gortari, cargo que muchos quieren hacer que el pueblo de México olvide.

    Cuando la especulación intenta formar parte de un mito se llega a excesos en las interpretaciones políticas, por ejemplo, creer que puede ganar las elecciones por el simple hecho de poseer un apellido que para algunos es ilustre. Sonora, en realidad, es su punto más frágil. Los jóvenes no lo conocen y los mayores le conocen demasiado. Es mejor conocido en Nuevo León, y por esa razón no tiene candidatura alguna en esa entidad.

    Quienes tenían derecho a voto en aquel 1994, en 2027 tendrán poco más de 53 años. Productores de series y películas se han preocupado más por mantener viva la memoria de Colosio Murrieta que su propio partido o su familia.

    Debe recordarse la evidente traición del padre de Colosio, Luis Colosio Fernández, presidente municipal de Magdalena de Kino de 1982 a 1985, que en el momento del homicidio era senador, y a pesar de los fuertes rumores de que el PRI había orquestado el crimen, se pronunció a favor de ese partido y nunca lo dejó.

    Colosio Fernández vivió del presupuesto desde 1958 hasta el día de su muerte, afiliado al PRI, desde 1949,un siglo de priismo en la familia.

  • Tecnofascismo: la nueva batalla por la libertad humana

    Tecnofascismo: la nueva batalla por la libertad humana

    Hay batallas que comienzan sin que nadie declare la guerra.

    No siempre llegan con tanques a las calles, soldados en las esquinas o discursos que anuncian abiertamente la supresión de las libertades. Algunas comienzan de manera mucho más silenciosa: con una aplicación que registra nuestros movimientos, un algoritmo que decide que información veremos, una cámara que identifica nuestro rostro o una inteligencia artificial capaz de fabricar una realidad que nunca ocurrió.

    La pregunta que debemos hacernos como sociedad no es si la tecnología es buena o mala. La pregunta es mucho más incómoda:

    ¿Quién controla la tecnología, para qué la utiliza y qué ocurre cuando ese poder deja de tener límites? Ahí comienza la discusión sobre el tecnofascismo. El concepto no debería emplearse como una simple consigna política ni como sinónimo de cualquier gobierno que utilice tecnología, concentración de poder, vigilancia, propaganda, manipulación de la información y debilitamiento de las libertades civiles-

    El fascismo del siglo XX necesitó controlar el territorio y los cuerpos. El poder contemporáneo puede aspirar a algo todavía más profundo: controlar la información que recibimos, los estímulos que determinan nuestras emociones y, eventualmente, anticipar nuestro comportamiento.

    La nueva frontera del autoritarismo puede no estar frente a nuestros ojos. Puede estar dentro de nuestros dispositivos.

    El poder ya no necesita tocar la puerta

    Durante décadas, las sociedades democráticas construyeron mecanismos para proteger al ciudadano frente al poder: constituciones, división de poderes, tribunales, elecciones, libertad de prensa y derecho a la privacidad. Pero la revolución digital modificó  la relación entre individuo y poder. Hoy producimos información constantemente. Cuando buscamos algo en internet, cuando nos desplazamos con un teléfono, cuando compramos, cuando publicamos una opinión o cuando interactuamos con una plataforma, dejamos rastros digitales. Individualmente pueden parecer insignificantes. Juntos pueden construir un mapa  extraordinariamente preciso de nuestra vida. Nuestros hábitos, preferencias, relaciones, intereses y comportamientos que pueden convertirse en datos susceptibles de ser analizados y utilizados para predecir conductas.

    Y cuando una sociedad comienza a clasificar a sus ciudadanos como objeto de medición, y a verlos como: confiables, sospechosos, útiles, inconvenientes. La tecnología deja de ser solamente una herramienta y se convierte en una infraestructura del poder. Y lo más peligroso en una vigilancia que aceptamos voluntariamente, tan sofisticada que la aceptamos hasta con gusto porque no parece control parece interés genuino por beneficiarnos.

    Nadie nos obliga a dar nuestros datos (no nos ponen una pistola y poco a poco, casi sin sentirlo bajamos aplicaciones, aceptamos términos y condiciones que rara vez leemos, descargamos una y otra vez app. Activamos permisos, compartimos fotos, ubicaciones, opiniones. Alimentando cada día sistemas capaces de aprender de nosotros. Nos ofrece velocidad, entretenimiento, conexión y personalización a cambio de información. El problema comienza cuando dejamos de preguntarnos cuánto estamos entregando y quién puede utilizarlo.

    El nuevo campo de batalla: nuestra mente

    A las plataformas digitales les hemos dicho qué nos interesa, qué nos indigna, qué nos provoca miedo y qué temas nos mantienen conectados. La información puede entonces convertirse en un instrumento de influencia extraordinariamente preciso.

    La inteligencia artificial profundiza el desafío. Un video falso puede parecer auténtico. Una voz puede ser clonada. Una fotografía puede ser fabricada…

    Las grandes plataformas digitales poseen datos, infraestructura, capacidad de comunicación y enormes cantidades de información sobre la población.

    La pregunta es ¿cómo evitamos que cualquier actor (políticos, empresas) acumulen un poder tan grande que pueda escapar de la supervisión democrática? Por otro lado la tecnología ha permitido documentar abusos, conectar comunidades, democratizar conocimientos y dar voz a personas que no tenían acceso a los grandes medios. Una cámara de teléfono puede convertirse en evidencia.

    La tecnología por si misma no tiene ideología.

    El problema no es la herramienta es la forma de utilizarla. Y el tecnofascismo se refiere a una forma de utilizar la inteligencia artificial que quiere controlar primero que nada nuestro pensamiento en aras del poder, y no es nuevo, solo cada vez más sofisticado.

    No vendamos nuestro pensamiento. Cuestionemos todo el tiempo, qué puede existir detrás, para qué y por qué.     

  • De gritos, sombrerazos, mentiras y otras chuladas

    De gritos, sombrerazos, mentiras y otras chuladas

    Si es violencia mentir y simular inteligencia para engañar sin escrúpulos buscando solamente la comodidad personal que puede provenir de complicidades, que de comprobarse serían terriblemente escandalosas.

    Por los gritos

    Un conocido periodista, del ala alternativa, a quien considero un amigo honrado y recto, preguntó en uno de esos videos que a veces atiendo en alguna red social en la que prefiero seguir a mis exalumnos, pero en la que también, a veces, lo veo a él.

    Decía que este compañero preguntaba cuál sería la razón por la que el diputado Monreal habrá ralentizado el proceso de desafuero del indeseable nuevo amigo del decrépito Fox Quezada; tengo mi teoría, que parte de una pregunta interesante que me quiero formular y que me gustaría tener la fuerza física para salir a buscar la respuesta; ¿Qué le sabe Alito a Monreal? Ahí la dejo.

    Por los sombrerazos

    Desde un altavoz, de esos que suenan horrible y a los que casi no se les entiende nada, alguien pegó de gritos durante la presentación del Informe que rendía la Presidenta Dra. Claudia Sheinbaum Pardo allá en Colima. La persona en cuestión intentó ser candidata de Morena, pero perdió la encuesta. Su ansia y hambre de poder, la hizo después buscar candidaturas en sendos partidos políticos chiquitos, con chance una pluri o alguna migajita así. Ahora se la vincula con el movimiento del sombrero, cuya filiación es abiertamente derechista y proto fascista.

    La del megáfono gritón y lastimero, podría estar buscando agregarse adeptos a partir de parecer valiente y arrojada. Todo pinta para que su estrategia le haya salido al revés, porque la Dra. Sheinbaum ofreció dialogar al terminar aquella reunión, pero la del escándalo no aceptó y entonces fue denunciada desde la mismísima Presidencia de la República como prianista o algo así. La escandalosa consiguió el repudio popular porque el grito de ¡Fuera, fuera, fuera! La gente la rechazó. Vaya numerito tan ridículo.

    De mentiras

    En búsqueda de una supuesta unidad frente a los retos que tenemos que enfrentar como país, especialmente esos venidos del Norte Cruel (cito a José Martí), Monreal calla y no procede, se estaciona y mira de soslayo los daños que, con relación a esas mismas condiciones creadas por el imperialismo, su ahora amigo de unidad, el infame Alito, le ha hecho al propio país al irle a chillar a Washington para que le quiten visas a no se cuántos mexicanos, en especial a los que pertenecen a los grupos más fuertes de la 4T, nomás eso faltaba, que un líder cameral de MORENA proteja a los que van a quejarse con el Gobierno de Estados Unidos en contra de nuestro país y del movimiento, que ni es tan de izquierda, que actualmente tiene el poder en México y lo tiene como producto de un respaldo popular que se manifestó en las urnas y que, además, es patente en cada encuesta de popularidad en las que se sigue mostrando una amplia preferencia electoral por MORENA y un respaldo de aprobación que promedia 70% para la Presidenta Sheinbaum.

    Valdría la pena investigar ¿Qué le sabe Alito a Monreal?

    Hasta hoy, no sé de ninguna empresa que ya esté funcionando con la Jornada de 40 horas y no parece haber instancia que las obligue a ello, por demás hay que aclarar que esto no ha garantizado lo que se daba como obvio, 2 días de descanso semanal y el abaratamiento de las horas extras, tampoco ha sido debidamente aclarado. Antes de la reforma, 3 horas en exceso de la jornada eran pagadas dobles hasta sumar 9 al final de 3 jornadas en una semana, a partir de la 10ª el pago obligado era triple. Ahora son 4 horas en exceso de la jornada que se pagan dobles y es hasta la 13ª que se pagarán triples y peor aún, el trabajador ya no puede negarse a trabajarlas, ¿Esclavitud moderna?

    Otras chuladas

    En Tabasco tenemos una crisis con el suministro de agua potable en muchas zonas de casi todos los municipios. Parte de ellas es por falta de suficientes plantas potabilizadoras y las fallas en la red eléctrica para dichas plantas. ¿No habrá recursos para que esas instalaciones tuvieran su propia capacidad de generación y no dependieran de la red de CFE que a duras penas, sus trabajadores logran mantener funcional en un estado en el que las tormentas eléctricas, a la par de trombas y vientos fuertes la mantienen en jaque?

    Los habitantes de Tabasco sufrimos inundaciones año con año, aunque no nos afecten directamente, el agua lo problematiza todo porque se encharcan calles y avenidas, a lo que en otras ciudades le llaman inundación, acá lo vemos como encharcamientos, porque sabemos lo que es tener tres cuartas partes del Estado bajo el agua por más de un mes y saber que muchísima gente lo ha perdido todo, aunque después se les entreguen algunos enseres que sirven para volver a empezar, en lo que llega la próxima inundación.

    Tiene que violentar a la población que se sufra esto y al mismo tiempo no haya agua en casa ni para limpiar el escusado, ya no digamos para beber, porque esa, hay que comprarla aparte. A ver quién es el guapo que se atreve a tomar el riesgo de beber la de algún pozo o de la llave.

    Para Javier May, Gobernador de Tabasco, tendría que ser prioritario echar a andar proyectos para que a nadie en el estado le falte el agua realmente potable en su casa, en vez de construir un nuevo centro de convenciones que solo ayudará a los grandes ricos del estado a incrementar sus fortunas y no necesariamente beneficiará a la gente, lo que en cambio, si ocurriría incrementando las plantas potabilizadoras y las plantas de tratamiento de aguas residuales, digo, para ir saneando los cuerpos de agua de este territorio.

    Quizás en vez de hacer puentes nuevos y pasos a desnivel para los autos, podría ocupar recursos en construir un nuevo hospital con instalaciones para alta especialidad y que lo opere el IMSS, ya con la unificación de los servicios de salud, beneficiará a todos, porque los hospitales en Tabasco, están todos completamente saturados y la salud de la gente parece ser un asunto que no es tan importante.

    Digo, yo nomás digo, diría el ilustre Tomás Mojarro. Valga de opinión,