Etiqueta: columna

  • Soberanía o subordinación: ¿México soberano y patriota, o México condicionado?

    Soberanía o subordinación: ¿México soberano y patriota, o México condicionado?

    Hay momentos en la historia de las naciones en los que se debe elegir entre la dignidad y la sumisión, entre la independencia y la subordinación. México vive hoy uno de esos momentos. Mientras algunos defienden el derecho del país a tomar sus propias decisiones y construir su futuro con autonomía, otros parecen aceptar, e incluso promover, la idea de que nuestro destino debe estar condicionado por los intereses y las determinaciones de potencias extranjeras.

    El debate no es menor. No se trata únicamente de política exterior ni de diferencias ideológicas; se trata de definir qué tipo de país queremos ser: un México soberano, capaz de defender sus intereses nacionales y de actuar con base en la voluntad democrática de su pueblo, o un México subordinado a presiones externas que limitan su capacidad de decidir libremente su rumbo.

    Por ello, hablar de soberanía no es un ejercicio retórico, ni tampoco un recurso discursivo. Es hablar de la dignidad de un pueblo que, a lo largo de su historia, ha luchado una y otra vez por decidir su propio destino. No se trata de un concepto abstracto ni de letra muerta en la Constitución; es el derecho de las mexicanas y los mexicanos a construir su futuro sin imposiciones externas y a defender los intereses de la nación por encima de cualquier presión extranjera.

    Sin embargo, hoy existen quienes, desde una visión marcada por el individualismo y el malinchismo, parecen aspirar a un México subordinado, sumiso y condicionado a las decisiones de los Estados Unidos. Esa postura suele sustentarse en el miedo a Estados Unidos, en la falta de confianza en las capacidades del Estado mexicano, en la inconformidad con el actual gobierno de izquierda o en la pérdida de privilegios que durante años beneficiaron a ciertos sectores. Todo ello los lleva a buscar cualquier alternativa que les permita conservar esos beneficios, incluso cuando ello implique traicionar al Pueblo de México.

    La defensa de la soberanía ha sido una bandera histórica para quienes creen en la justicia social, la autodeterminación de los pueblos y el respeto entre las naciones. Y hoy el pueblo de México más que nunca, no está dispuesto a soportar que ninguna fuerza extranjera por poderosa que sea, venga a controlar o manipular a nuestra nación. Y aun cuando el actual gobierno de la Presidenta Claudia Sheimbaun, procure una relación de colaboración, respeto y ayuda mutua, no significa que van a permitir que exista alguna vulneración o ataque a nuestra soberanía. 

    En el contexto actual, la relación con Estados Unidos es indispensable, ya que compartimos una extensa frontera, profundos vínculos económicos y desafíos comunes, como la migración y la seguridad. No obstante, la cooperación jamás debe confundirse con subordinación. La amistad entre naciones solo puede construirse sobre la base del respeto mutuo y el reconocimiento de la soberanía de cada país.

    México tiene el derecho inalienable de tomar sus propias decisiones y de resolver sus asuntos internos de acuerdo con la voluntad democrática de su pueblo. Para quienes defienden una visión progresista y comprometida con la justicia social, la soberanía también implica preservar la capacidad del Estado para impulsar políticas públicas que beneficien a las mayorías, reduzcan las desigualdades y fortalezcan los derechos de la población.

    Defender la soberanía no significa promover el aislamiento ni la confrontación como cree la oposición. México necesita cooperar con el mundo, dialogar con otras naciones y construir acuerdos que favorezcan el desarrollo común. Sin embargo, esos acuerdos deben alcanzarse desde una posición de igualdad y respeto, nunca desde la imposición. Ninguna nación, por poderosa que sea, puede atribuirse el derecho de decidir el rumbo de otra.

    Defender la soberanía mexicana es honrar a quienes lucharon por la Independencia, a quienes resistieron las intervenciones extranjeras y a quienes han trabajado incansablemente por un país más libre, más justo y democrático. Es reconocer que el destino de México pertenece exclusivamente a su pueblo.

    México no necesita tutelas ni imposiciones. Necesita unidad, confianza en sus instituciones y compromiso con su gente. La defensa de la soberanía nacional es, en esencia, la defensa de la dignidad colectiva de un pueblo que ha demostrado una y otra vez su capacidad para resistir, transformar su realidad y mantener viva la esperanza de un país más justo, más democrático y verdaderamente libre.

    La pregunta sigue abierta: ¿queremos un México soberano, dueño de su destino y fiel a su historia, o un México condicionado por intereses externos y ajenos al mandato de su pueblo?

    La respuesta definirá no solo el rumbo político del país, sino también la profundidad de nuestro compromiso con la independencia, la democracia y la dignidad nacional. Porque las naciones que renuncian a su soberanía terminan perdiendo mucho más que capacidad de decisión: terminan perdiendo una parte de su identidad. Y México, por su historia, por su pueblo y por su futuro, merece seguir siendo una nación libre, soberana y orgullosa de sí misma.

    Jueza Amarande Riojas Orozco

  • CNTE, en busca de la represión perdida

    CNTE, en busca de la represión perdida

    El verdadero enemigo de México es la ultraderecha que viene de visita a injertar conceptos que la propia monarquía rechazaría para su país. Sin embargo, esos productos de exportación de la que son asiduos consumidores los conservadores ahora llegaron envueltos en un discurso que intentó ser incendiario y se redujo a los anecdótico.

    Las acciones de la ultraderecha en México no se limitan a la capital del país y sus alrededores, están donde consideran que está la atención de los medios que ellos mismos mueven, capitaneados por Ricardo Salinas Pliego, a quien le sale más barato un golpe de Estado, que pagar al fisco lo que debe.

    A los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educción ya se les olvidó cómo se imparten clases. Cuando nace, el 7 de diciembre de 1979, surge como grupo de ultraizquierda, en el periodo de López Portillo, ahora de ultraderecha. Además, es la punta de lanza de un golpe de Estado.

    Los líderes son quienes negocian con los patrocinadores del golpe de Estado. Las mesas de diálogo están abiertas, hay propuestas coherentes y novedosas que deben aprovechar, pero quiere represión para poder abrir las puertas de la intervención.

    Los grupos con integrantes y peticiones individualistas siguen el juego a los supuestos profesores de la CNTE, jubilados con pensiones millonarias, transportistas manejados por el PAN y el PRI, una parte minoritaria de madres buscadoras, entre otros grupos disidentes de sus grupos originales. Es decir, son minorías de minoría.

    La complicidad de los medios desenmascara el origen derechista de las protestas, al afirmar que a ese movimiento lo apoyan 50 organizaciones, pero los investigadores del periodismo chayotero no han nombrado ninguna del medio centenar que dicen integrarse.

    Su mecenas, Salinas Pliego, dice que si no hay cambios en las urnas en 2027 será por la fuerza, considera que la suma de minorías hace una mayoría, apoyando la posibilidad de un golpe.

    Pareciera que buscar la represión es un objetivo de los dueños de los movimientos innecesarios de estos grupos, ninguno de ellos ha quedado al margen de negociaciones, mesas de pláticas y sus exigencias absurdas.

    Las peticiones de la CNTE quedaron atascadas desde sus propias bases, los líderes parecieran radicalizarse ante un gremio que muestra mesura, conducta que los dirigentes califican de tibia, porque son quienes reciben dinero por mantener viva la protesta para que la derecha tenga argumentos de tender puentes hacia la invasión que la derecha segura es imaginaria, para descarrilar al gobierno de Morena.

    Si en realidad la CNTE fuera reivindicadora de los derechos de los profesores porque no ha luchado por afiliar al magisterio que trabaja en escuelas particulares, a quienes les pagan una miseria y carecen de contrato, sin prestaciones y cobran por recibo de honorarios y, por si fuera poco, ellos tienen que pagar los impuestos que le corresponden a los patrones.

    Hay muchas trincheras que podrían, en realidad, adoptar, si de verdad estuvieran dispuestos a defender los derechos laborales del magisterio, pero su lucha no es para reivindicar la dignidad de quienes imparten clases, su lucha es política y lo que es peor, mercenaria.

  • La gran estrategia

    La gran estrategia

    La organización de la pequeña parte de la Copa del Mundo que se celebrará en México ha traído consigo diversas postales, algunas inolvidables y otras vergonzosas. En primera, debemos recordar que la sede compartida con Estados Unidos y Canadá se pactó en junio de 2018, cuando Peña Nieto aún estaba en la presidencia y Miguel Ángel Mancera gobernaba la Ciudad de México. Como era de esperarse por parte de los neoliberales, le otorgaron a la FIFA multitud de contratos y facilidades garantizadas, y dentro de todo ello, por supuesto, la clásica exención de impuestos.

    Ni Andrés Manuel López Obrador ni Claudia Sheinbaum iban a cancelar el mundial, ya que el costo por el incumplimiento de los contratos hubiera sido catastrófico. Lo que se decidió para este 2026 por parte del gobierno de Sheinbaum fue implementar el llamado Mundial Social, que consistió en una importante inversión en rehabilitación y construcción de espacios deportivos. Asimismo, se implementaron torneos para incluir en la práctica del fútbol a segmentos de la población que quedan fuera de él por no ser de interés comercial, es decir; niñas y adultos mayores. Dentro de la misma iniciativa se lanzó la canción La niña futbolista, cantada por Julieta Venegas. Y las reacciones de repudio visceral por parte de ese sector machista y consumidor voraz de fútbol llamado ‘los fifas’, no se hicieron esperar.

    Por otro lado, Clara Brugada tuvo que lidiar con el cumplimiento de los contratos sobre vías de acceso al estadio Azteca. Tomó la decisión de ‘ajolotizar’ muchos espacios públicos de la ciudad, repintarlos de color morado e incluir ajolotes como sello distintivo. Hasta presentó un ajolote mascota bastante tierno. Sin embargo, al provenir todo esto de un gobierno de izquierda, hemos tenido a los usuarios de redes sociales, esos casuales que comentan las tendencias políticas en automático y desprovistos de toda base ideológica; batiéndose en desigual combate metafísico contra un color.

    A pocos días de la inauguración, en redes como Instagram, Facebook y X (ésta con una marcada metástasis de células fachas), comienzan a proliferar mensajes de franco odio y desprecio hacia el gobierno, culpando a Morena de que a la gente ya no le entusiasme el mundial y no se levante el mismo fervor de antaño por apoyar a la selección mexicana. Puede que sea verdad, pero no es en absoluto algo negativo. Algunos con menos luces creen que el gobierno es quien auspicia u organiza el torneo, se refieren a él con desprecio, otra vez en osada alteración de la semántica, como ‘mundial del bienestar’. Insertar aquí emoji de carcajada.

    Al politizarse el grueso de la población, fue descubriendo que las empresas privadas, siempre amparadas por los gobiernos neoliberales, no tenían por qué seguir gobernando sus vidas. Televisa, la selección de fútbol, la liga y demás entidades, son privadas y no públicas. Un gobierno de izquierda, por definición, no tiene por qué promoverlos ni inyectarles recursos. Cuando se quedaron sin este apoyo, muchos dejaron de considerar al representativo de la liga y los intereses de Televisa como ese falso símbolo patrio por el cual el marketing nos instaba a dar la vida.

    El sector conservador, muy ruidoso, pero poco representativo en las urnas, ha puesto a circular una campaña que tiene como buque insignia un video generado por IA. En él aparecen hipotéticos mexicanos con gestos de odio espeluznantes, que instan a la población a mostrar un pañuelo blanco en partidos y todos los eventos masivos referentes al mundial para, según ellos, “sacar a Morena”.

    Si quieren que sea una campaña política de alcance doméstico, dudo que haya un cambio en las tendencias; las propias encuestadoras lo mostrarán inmediatamente después del mundial. Si lo que buscan es que “nos rescate” una potencia extranjera, tampoco creo que la FIFA se preste para darles difusión. Aun así, que tengan cuidado con lo que desean. Porque hay entre esa masa desorientada trabajadores del Estado. ¿Qué creen que pasaría con sus prestaciones si estas iniciativas tienen éxito, genios?

    Sigamos atentos al devenir de la situación. Los intentos de desestabilizar serán inocuos y eso se constatará a la postre en las urnas. Mi pronóstico para el mundial: va a perder la derecha mexicana.

  • Datismo / Magnifica Humanitas II

    Datismo / Magnifica Humanitas II

    En nuestra entrega anterior, comentaba la “intemperie espiritual” que el Papa León XIV diagnostica al inicio de su encíclica Magnifica Humanitas. Planteba que el pontífice, más que como un líder religioso, habla como un observador atento a la fractura antropológica que está ocurriendo en nuestros tiempos. La Introducción del documento nos situaba ante el abismo de la mutación. Los primeros tres capítulos de la encíclica diseccionan la anatomía de este nuevo (des)orden, aparentemente tan organizado. León XIV despliega un análisis que, más que tecnofóbico, es profundamente humanista: acertadamente, bautiza a nuestra época con el nombre de Datismo, una suerte de religión secular para la cual lo que no es medible parece no tener derecho a la existencia: todo tiene que caber hoy en una hoja de cálculo infinita.

    La desmesura de los algoritmos

    El primer capítulo, “La desmesura de los algoritmos”, es un lúcido análisis de la naturaleza del poder contemporáneo. León XIV no ataca la matemática ni la lógica computacional; critica, en cambio, la pretensión de reducir la experiencia humana en un flujo continuo de datos procesables. El Papa advierte contra la “ilusión de la omnisciencia”: esa soberbia intelectual que nos hace creer que, si acumulamos suficiente información sobre una persona, podemos predecir, gestionar y, en última instancia, sustituir su libertad. La arrogancia se ha colocado como virtud cultural.

    El pontífice describe la algoritmización como un proceso que reduce la existencia a una “coincidencia estadística”. Lo que se sale de la media es aberrante. Lo que el Papa denuncia es la falacia de que la incertidumbre ha sido erradicada de nuestro mundo por obra y magia de los datos, y sin incertidumbre la libertad resulta impensable. Si un algoritmo predice con exactitud qué voy a comprar, por quién voy a votar o qué voy a sentir, ¿sigo siendo yo el dueño de mis decisiones? León XIV es radical al señalar que la desmesura no radica en la potencia de la máquina, sino en nuestra claudicación ante el embrujo computacional. Convertir el misterio de la persona en un crisol de datos es, para el Papa, una forma moderna de idolatría. El exceso de datos que satura nuestra capacidad de juicio no es un efecto secundario de la tecnología, sino su objetivo deliberado para mantenernos en un estado de parálisis reflexiva.

    La tentación de Babel

    El horizonte de la encíclica se expande hacia la dimensión social y comunitaria. León XIV utiliza la arquitectura de la historia bíblica para explicar la hiperconectividad globalizada. La Torre de Babel no es, en la interpretación papal, solo un monumento a la altivez humana, sino la metáfora perfecta de la fragmentación. Hoy, la tecnología que prometía conectar al mundo ha terminado por encerrarnos en pequeñas jaulas de barrotes de cristal: las “cámaras de eco” algorítmicas que, lejos de acercarnos a los demás, nos encierran en un narcisismo digital desde el cual nada más vemos reflejadas nuestras propias opiniones.

    El Papa es contundente: el algoritmo no busca el encuentro, busca la optimización del tiempo de atención. La “tentación de Babel” es la tentación de un lenguaje único, prefabricado por la máquina, que elimina los matices, la contradicción y el debate real. León XIV observa que, al automatizar nuestras relaciones, hemos sustituido la caritas (la entrega gratuita al otro) por la utilitas (la búsqueda del beneficio mutuo inmediato). Cuando los algoritmos deciden qué debemos ver, con quién debemos relacionarnos y qué debemos pensar, estamos erosionando el tejido social. El Papa nos recuerda que una sociedad que no cultiva el encuentro físico y la capacidad de entender al diferente sin la mediación de un filtro digital, es una sociedad que está construyendo su propio colapso.

    El trabajo, la dignidad y el silencio

    León XIV se aleja de las abstracciones digitales para mirar el rostro de los trabajadores. El Papa no se limita a lamentar el desempleo técnico provocado por la inteligencia artificial (IA); va mucho más allá al cuestionar el sentido mismo del trabajo en un mundo donde la eficiencia se ha convertido en el único criterio de valor.

    El líder religioso de los católicos hace una defensa del “derecho a la ineficiencia humana”. En un sistema que prioriza la velocidad y el rendimiento algorítmico, el ser humano, con su lentitud, sus dudas y su necesidad de descanso, se vuelve un “obstáculo” para la productividad. León XIV invierte esta lógica: la dignidad del trabajo radica precisamente en lo que la máquina no puede replicar: el sentido, el propósito y el cuidado. El Papa propone el concepto del “descanso inteligente” como un acto de resistencia política y espiritual. Frente al imperativo de la “conectividad 24/7”, el silencio se presenta como una virtud subversiva. El silencio es el espacio donde el individuo recupera la propiedad de su conciencia, lejos del escrutinio de los datos. “Sólo quien sabe callar puede escuchar el llamado de la verdad”, señala el pontífice, recordándonos que la alienación más profunda no es la pérdida del empleo ante una máquina, sino la pérdida de nuestra capacidad de asombro ante la realidad.

    Hacia una síntesis necesaria

    Resulta evidente que Magnifica Humanitas es mucho más que una carta pastoral; es un manifiesto de resistencia cultural. León XIV logra articular una crítica coherente contra el Datismo: una estructura de poder que, bajo la máscara del progreso, busca disciplinar la conducta humana y rentabilizar la experiencia vital.

    El desafío que el Papa plantea es colosal. No se trata de destruir los servidores ni de renunciar a la IA, sino de recuperar la soberanía sobre nuestras propias vidas. Si la IA es el nuevo techné de la humanidad, el Papa nos recuerda que el telos —el propósito final— sigue siendo la dignidad de la persona. ¿Somos todavía sujetos de nuestra historia, o nos hemos convertido simplemente en los generadores de los datos necesarios para que otros sigan escribiendo la suya? La respuesta, como sugiere León XIV, comienza con un acto tan sencillo como radical: apagar el dispositivo y, en el silencio, recuperar la mirada sobre el otro.

  • La reaparición de AMLO y más

    La reaparición de AMLO y más

    Y nuevamente salió AMLO a dar una “palmadita” a la actual presidenta. Aparte de decirle que es “eficiente”, también volvió a decir que saldría si alguien invadiera México o lo traicionara. Pareciera que el obradorismo, que alguien de Palacio Nacional y sus empleados de comunicación odian tanto, tuvo que salir para que la 4T siga con el apoyo del pueblo. Esperemos que el gobierno de México no esté perdiendo el apoyo del pueblo. Digo, porque a alguien de Palacio Nacional parece que, a veces, le importa más lo que digan y piensen de ella; que está más preocupada por las encuestas, donde siempre la favorecen, que por su forma de gobernar realmente.

    Pero a alguien no le gustó mucho la aparición de AMLO, aunque los fans más aferrados digan que ya sabían que resurgiría en las redes sociales, que fue como el remate, porque previamente ya había salido en una foto con su hijo.

    Y es aquí donde todos los nuevos propagandistas, los nuevos chayoteros del dichoso segundo piso de la 4T, caen en lo que tanto criticaban de los propagandistas del régimen prianista: creer que están en ese círculo tan cerrado de poder.

    La oposición se la pasa pidiendo que AMLO dé la cara; se la pasa diciendo que su opinión no importa, que es intrascendente lo que diga o escriba; pero reaparece y a la oposición se le acaba el mundo si no habla de él, incluyendo a los antiguos chayoteros.

    Y hablando de los prianistas, ¿quién andará patrocinando a la CNTE para que haga destrozos en la Ciudad de México y la paralice? ¿Serán los priistas de nuevo? ¿Serán los panistas? ¿Serán los mismos que patrocinan a los alumnos del IPN y andan tomando el Canal 11?

    Si bien los gobiernos locales no deben reprimir las manifestaciones de la CNTE, tienen que limitar su violencia. Esa destrucción descontrolada no sirve de nada, digo yo; solo hace que pierdan el poco apoyo del pueblo que aún tienen. Además, ya es fastidioso que cada año salgan a destruir, como algunas en el 8M, exigiendo cosas que ya rayan en lo absurdo.

    Pasando a otro tema, ¿por qué tendrían que sacrificar a un perrito por simplemente defenderse después de que un niño prácticamente lo atacara o molestara (jalándole las orejas)? ¿Por darle gusto a la familia del chamaco latoso e irrespetuoso? ¿Por qué los padres del chamaco no le inculcan que no debe tocar a ningún perro sin previo permiso del dueño? Parece que estamos hace 100 años y que las costumbres imbéciles de antes regresaron a esta sociedad.

    Y nuevamente, nadie habla de la planta de amoniaco que se pretende construir; nadie habla de que ahora Perfect Day ya puso la mirada en Cozumel para hacer su parque acuático y sigue insistiendo en Mahahual; y, por supuesto, nadie habla del porqué las policías de México portan armas de origen israelí, quién autorizó y quién compró esas armas a los genocidas. Ya ni digamos que el gobierno genocida de Israel cada vez se mete más en México o que ya no les importa darse a notar. ¿Será coincidencia o qué carambas pasa?

    Y todos tildaron de loco a un analista político amigo de AMLO, y el tiempo le está dando la razón en todos sus dichos…

    Palestina libre.

    No se les olvide: este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    Gracias.

    BLOG: https://chimpando.blogspot.com/

  • Pulp Ficción: México en Acción

    Pulp Ficción: México en Acción

    En México hemos llegado a un punto donde la realidad política parece escrita como guion de película: declaraciones públicas, acusaciones cruzadas, expedientes en cortes de Estados Unidos, nombres que se repiten, personajes que se victimizan y una sociedad que, por momentos, finge sorpresa ante lo que todos han sabido durante años.

    Si algo tiene el sistema americano es que cree en la palabra rendida ante una autoridad. Cuando un político, un testigo, un acusado o un operador declara ante fiscales, agencias o tribunales, esas palabras no se quedan en el aire. Se integran a carpetas, investigaciones, acuerdos de cooperación, acusaciones formales y procesos judiciales. Por eso no es casualidad que muchos casos de narcotráfico terminen revelando no solamente rutas, cargamentos y capos, sino también redes de protección, omisión y complicidad política.

    El problema no nació ayer. Tampoco se puede reducir a Trump, a López Obrador, a Claudia Sheinbaum o a cualquier figura del momento. La raíz viene de más atrás: de los años en que se permitió que el crimen organizado creciera hasta volverse una estructura social, económica y política. México no solo enfrenta narcotráfico; enfrenta una permeabilidad criminal que entró por los negocios, las policías, los gobiernos locales, las campañas, los restaurantes, los conciertos, los permisos, las aduanas, los puertos y hasta las fiestas familiares.

    Seamos realistas: cualquier autoridad policiaca en México sabe dónde comen, dónde duermen, dónde se pasean, qué negocios tienen, con quién conviven y quiénes son los amigos visibles de muchos operadores criminales. Lo mismo ocurre en Estados Unidos. La diferencia es que allá, muchas veces, esperan el momento procesal para detenerlos; en México, demasiadas veces, parece que se espera el momento político para no tocarlos.

    No hace falta ser agente del FBI, de la DEA o de la FGR para entender ciertas señales. En Culiacán, en Veracruz, en Cancún o en cualquier ciudad donde el dinero ilícito se exhibe sin pudor, la sociedad ve lo que la autoridad dice no ver: deportivos imposibles de justificar, fiestas de cientos de miles de pesos, grupos musicales carísimos, invitados sospechosos, consumo abierto de drogas, escoltas improvisados, ropa de firma usada como uniforme de poder y una cultura que romantiza al delincuente como si fuera personaje de corrido.

    Entonces la pregunta no es si se sabe. La pregunta es: ¿por qué los dejan?

    ¿Por qué siguen viviendo con impunidad? ¿Por qué siguen operando negocios? ¿Por qué siguen apareciendo en eventos públicos? ¿Por qué un político no teme tomarse una fotografía con alguien de reputación criminal, sabiendo que esa imagen puede terminar mañana en manos de sus opositores, de periodistas o de agencias estadounidenses?

    Ahí está la falla central: México no necesita más diagnósticos; necesita voluntad real. Porque cuando una gobernadora declara públicamente que antes había gobiernos que se coludían con el narco pero “lo controlaban”, el país debería detenerse a pensar en la gravedad de esa frase. ¿Desde cuándo aceptar una colusión “controlada” puede presentarse como orden? ¿Dónde quedó la autoridad? ¿Dónde quedó el respeto a la ley? ¿Dónde quedó la frontera entre gobernar y administrar criminales?

    Estados Unidos tampoco actúa siempre de la forma correcta. Su presión, sus intereses y sus tiempos no siempre coinciden con la soberanía ni con la justicia mexicana. Pero México tampoco puede esconderse detrás del discurso nacionalista para no limpiar su propia casa. Si las cortes estadounidenses han logrado sentencias contra exfuncionarios mexicanos de altísimo nivel, el mensaje es brutal: lo que México no quiso, no pudo o no se atrevió a procesar, terminó procesándose afuera.

    El caso de Genaro García Luna es el símbolo más duro de esa contradicción. Un hombre que fue presentado como arquitecto de la seguridad mexicana terminó condenado en Estados Unidos por proteger al Cártel de Sinaloa. No se trató de un rumor de sobremesa, sino de un juicio, una condena y una sentencia superior a 38 años. Ese caso no solo mancha a una persona; obliga a revisar una época completa, una estrategia completa y una clase política que hoy prefiere mirar hacia otro lado.

    Y mientras tanto, la vida cotidiana sigue atrapada entre miedo e impunidad. La extorsión crece, los homicidios no se castigan en su mayoría, los desaparecidos se acumulan y los periodistas siguen pagando con amenazas o con la vida el costo de contar lo que muchos prefieren ocultar.

    La ficción está en pretender que nadie sabe. La realidad está en que todos saben demasiado.

    Sinaloa, por ejemplo, no puede explicarse solamente como un problema de seguridad. Es una cultura de tolerancia construida durante décadas. Un estado marcado por vínculos históricos con el narcotráfico, donde ciertos usos, fiestas, lenguajes, símbolos y formas de presumir riqueza funcionan como señales sociales. No todos son criminales, por supuesto, y sería injusto generalizar. Pero tampoco se puede negar que hay códigos visibles que han normalizado la cercanía con el dinero sucio.

    Lo mismo ocurre en muchas regiones de México. El crimen no crece solo porque haya delincuentes; crece porque encuentra quien le venda, quien le rente, quien le cante, quien le lave, quien le avise, quien le cobre, quien le perdone, quien lo invite y quien lo salude de abrazo en un evento público.

    Ahí empieza la verdadera permeabilidad: en el mexicano que permite, tolera, presume, calla o se beneficia. En el empresario que acepta dinero sin preguntar. En el político que busca estructura electoral. En el policía que cobra cuota. En el funcionario que firma permisos. En el ciudadano que admira al delincuente porque “le fue bien”.

    Por eso esta historia no es de un solo partido ni de un solo sexenio. Es una película larga, con demasiados capítulos, demasiados actores y demasiados silencios. Una película donde todos acusan a todos, pero pocos aceptan que el problema se volvió nacional porque durante años se le permitió entrar a la vida pública, privada y cultural del país.

    México no necesita otra temporada de Pulp Ficción política. Necesita dejar de actuar sorprendido y empezar a desmontar, desde la raíz, la estructura social que protege al crimen.

    Porque el narco no solamente se combate con operativos.

    Se combate dejando de admirarlo.

    Se combate dejando de invitarlo.

    Se combate dejando de justificarlo.

    Se combate cuando la autoridad deja de fingir que no ve lo que todos vemos.

  • Terrorismo callejero…

    Terrorismo callejero…

    México es una democracia, y en una democracia la protesta social es un derecho, lo que no es un derecho es el chantaje, la destrucción, la amenaza y la toma de rehenes, sí, millones de ciudadanos que nada tienen que ver con los conflictos de un grupo determinado.

    Cuando una manifestación se transforma en vandalismo, cuando se dañan negocios, monumentos, instalaciones públicas o propiedad privada, deja de ser una expresión legítima de inconformidad para convertirse en una agresión contra la sociedad. Quien rompe, incendia, saquea o amenaza con boicotear eventos internacionales no está luchando por una causa, está haciendo derroche de su ostracismo mental, imponiendo su voluntad mediante la fuerza.

    Resulta inadmisible que algunos grupos como la CNTE crean que pueden paralizar ciudades enteras, afectar el trabajo de miles de familias, ahuyentar inversiones, poner en riesgo la imagen internacional del país y después exigir que se les aplauda por ello. La protesta merece respeto el vandalismo merece consecuencias.

    Amenazar con boicotear eventos de talla mundial, como una Copa del Mundo, no es una muestra de conciencia social, es una demostración de desprecio hacia millones de mexicanos que desean que el país avance, genere empleos, atraiga turismo, el problema es que durante años se ha enviado un mensaje peligroso, destruir sale barato, bloquear, causar daños, secuestrar espacios públicos y afectar a terceros parece no tener consecuencias reales. Y cuando la impunidad se vuelve costumbre, el desorden termina disfrazándose de activismo.

    La autoridad tiene la obligación de escuchar demandas legítimas, pero también tiene la obligación de hacer cumplir la ley. No puede existir diálogo auténtico cuando una de las partes sostiene la conversación con amenazas, no puede existir justicia cuando los caprichos de unos se ejercen aplastando los derechos de todos los mexicanos .
    La CNTE y demás grupos pagados por los PRIANISTAS deberían entender algo, la indignación ciudadana también crece, el hartazgo también se acumula, cuando la sociedad exige orden, legalidad y respeto para los derechos de todos, ningún grupo puede asumir que tendrá un cheque en blanco para actuar impunemente.

    Les mando un abrazo fraterno

  • El engaño de ser oposición

    El engaño de ser oposición

    La oposición, tradicionalmente apegada a la religión, busca en las administraciones púbicas que no gobierna, no sólo perfección en las acciones, sino santidad en la burocracia y milagros en el tiempo de resultados.

    Santidad, a través de la pureza en la administración pública, ahí exige que las obras dejen de tener la etiqueta de 4T, porque, de no ser así, interpretan clientelismo electoral, como se hiciera en el pasado.

    Autoridades de todos los niveles reiteran diariamente ante la población, que lo otorgado a través de programas sociales son derechos, es la oposición la que paraliza parte de la convicción popular. Un derecho tiene destinatario, pero no remitente. Los derechos se ganan, no se otorgan.

    En cuanto a la santidad que los conservadores desean que impere en la administración pública, representa la intención de la existencia de un estado ideal que en el pasado estuvo más alejado que ahora de la honestidad. No sólo por la cantidad de hechos, que ha disminuido, sino por la cantidad de dinero que inflaba los niveles de corrupción.

    La desarticulación de conductas corruptos tiene un proceso, se trata de un fenómeno social, no de una máquina que deja de funcionar apretando un botón. Si hay un grupo de médicos egresados de las universidades, con conocimientos nuevos, modernos, actualizados, los cambios empezarán a permear en el sector salud varios años después, lo cual sucede en cualquier actividad.

    De esta manera, si el propósito es combatir la corrupción, arraigada en la mayoría de los rincones de la administración púbica no puede tener efectos positivos de la noche a la mañana, sería un milagro; sin embargo, en la cosmogonía de los conservadores, se da por un hecho que nada ha cambiado, que todo sigue igual, para que, de esta manera, convertirse en organizamos competitivos electoralmente hablando, que contiendan en las urnas entre iguales, a pesar de haber sido desenmascarados.

    Hacer creer que nada cambia, contradice la trayectoria de la especia humana, pero, sobre todo imponer el criterio de que todos los partidos son iguales, los políticos y las políticas también. Ellos quieren convencer de que no hay esperanza de cambio y menos hay lugar para una transformación auténtica, tienen a sus pies a un grupo de medios incondicionales que se esfuerzan en convencer que la luna es de queso y hay quienes le creen.

    Así, decir que el contrincante es tan ratero como ellos, no les resta responsabilidad pero sí desgastan al enemigo para mostrar igualdad de circunstancias y hacer de la lucha electoral una pelea entre iguales, aunque en los hechos, sean ellos quienes irrumpan en la supuesta equidad de fuerzas con su trayectoria sucia y su presente lleno de montajes y delirios.

    La oposición asesina la esperanza de un país mejor, para así ocupar un lugar en el espacio electoral y aparecer como la continuidad de gobiernos que son lo mismo, sin diferencias y con el mismo peso moral todos, pero afirmando sin sonrojarse. “Antes estábamos mejor”, “Nosotros sí sabemos gobernar”, “Somos mejores”.

    Los opositores consideran que, restando méritos al partido en el poder, puede hacerse de algunos atributos, los desenmascara la memoria del pueblo.

  • Colombia: entre las urnas y la desconfianza

    Colombia: entre las urnas y la desconfianza

    La primera vuelta presidencial en Colombia dejó mucho más que un resultado electoral. También abrió una discusión que ha cobrado fuerza en los últimos días: la confianza de los ciudadanos en las instituciones encargadas de organizar y vigilar las elecciones.

    Mientras los candidatos que avanzaron a la segunda vuelta comenzaron a preparar sus campañas finales, distintos actores políticos pusieron sobre la mesa dudas sobre el proceso electoral. Las acusaciones giran principalmente en torno al manejo de los sistemas informáticos, los registros de votantes y algunas inconsistencias detectadas durante el conteo preliminar de los sufragios.

    Aunque las denuncias han generado preocupación entre diversos sectores de la sociedad, es importante entender que una sospecha no equivale a una prueba. En cualquier democracia sólida, las irregularidades deben investigarse con seriedad y transparencia, pero también con responsabilidad para evitar conclusiones apresuradas que puedan afectar la estabilidad institucional.

    La polémica surge en un contexto de fuerte polarización política. Colombia atraviesa una etapa en la que las diferencias ideológicas se han profundizado y donde cada elección parece representar mucho más que una disputa entre candidatos. Para millones de ciudadanos, el resultado de los comicios se relaciona directamente con el futuro económico, social y de seguridad del país.

    En este escenario, cualquier error administrativo o falla técnica adquiere una dimensión mayor. Lo que en otras circunstancias podría interpretarse como una inconsistencia corregible, hoy se convierte rápidamente en motivo de sospecha y debate nacional.

    Uno de los puntos centrales de la discusión tiene que ver con la diferencia entre el conteo preliminar y el escrutinio oficial. El primero tiene una función informativa y permite conocer tendencias durante la noche electoral. El segundo, en cambio, es el procedimiento legal mediante el cual se revisan las actas, se corrigen posibles errores y se validan los resultados definitivos.

    Por ello, las discrepancias que puedan aparecer en los reportes iniciales no necesariamente implican una alteración deliberada de la voluntad popular. Sin embargo, sí evidencian la necesidad de fortalecer los mecanismos de supervisión y garantizar que todas las etapas del proceso sean completamente verificables.

    Más allá de la discusión técnica, el verdadero desafío para Colombia es político. La legitimidad de una elección no depende únicamente de que los votos sean correctamente contados; también requiere que la ciudadanía tenga confianza en que el proceso fue limpio y transparente.

    Cuando una parte importante de la población comienza a cuestionar la credibilidad de las autoridades electorales, se genera un problema que va más allá de los números. La desconfianza puede convertirse en un factor de inestabilidad y alimentar narrativas de confrontación que terminan debilitando a las instituciones democráticas.

    Por esa razón, resulta indispensable que las autoridades electorales respondan con apertura a cada una de las inquietudes planteadas. La transparencia no debe verse como una concesión política, sino como una obligación permanente. Cuanta más información exista sobre los procedimientos utilizados, menor será el espacio para la especulación.

    Al mismo tiempo, los actores políticos tienen una responsabilidad fundamental. Las denuncias deben sustentarse con evidencia verificable y seguir los cauces legales establecidos. Convertir las sospechas en afirmaciones categóricas sin pruebas suficientes puede generar un clima de incertidumbre que termine afectando la confianza pública.

    La segunda vuelta presidencial se desarrollará bajo una atención nacional e internacional aún más intensa. Cada decisión de las autoridades, cada reporte y cada resultado serán observados con detalle por una sociedad que exige certeza sobre el funcionamiento de su democracia.

    Hasta ahora, no existen elementos que permitan afirmar de manera concluyente que hubo un fraude electoral generalizado. Lo que sí existe es una serie de cuestionamientos que deberán ser aclarados para evitar que las dudas persistan después de concluido el proceso.

    La fortaleza de una democracia no se mide por la ausencia de controversias, sino por su capacidad para resolverlas mediante instituciones confiables, reglas claras y mecanismos transparentes. Colombia enfrenta hoy ese desafío. Lo que ocurra en las próximas semanas no solo definirá quién gobernará el país, sino también el nivel de confianza que los ciudadanos depositarán en su sistema electoral durante los próximos años.

  • El círculo virtuoso del bienestar: el desafío del segundo piso

    El círculo virtuoso del bienestar: el desafío del segundo piso

    Un billón de pesos podría convertirse en una de las decisiones políticas más importantes del México contemporáneo. No solo por su magnitud, sino por la pregunta que inevitablemente plantea. Dos años después de la victoria electoral de Claudia Sheinbaum, el país parece entrar en una nueva etapa de la transformación. Durante el informe realizado en el Monumento a la Revolución, la Presidenta recordó que los recursos del pueblo regresan al pueblo a través de los Programas de Bienestar. La afirmación encuentra respaldo en los hechos: más de 42 millones de mexicanas y mexicanos serían beneficiarios de estos programas durante 2026 mediante una inversión superior a un billón de pesos. Sin embargo, detrás de ese logro surge una interrogante que podría definir la próxima década: ¿Qué tendría que ocurrir para que esta inversión social se transformara también en una plataforma permanente de desarrollo?

    Más de 42 millones de mexicanas y mexicanos recibirían algún Programa de Bienestar durante 2026. La inversión proyectada supera el billón de pesos y representa casi el diez por ciento del presupuesto federal. Más allá de cualquier debate político, estamos frente a una de las mayores apuestas de redistribución social de la historia reciente del país.

    Pero el contexto ya no es el mismo que en 2024. La próxima revisión del T-MEC, la competencia global por atraer inversiones, las tensiones con Estados Unidos y la exigencia ciudadana de mejores resultados en seguridad configuran un escenario más complejo. Gobernar el segundo piso implicaría demostrar que los avances alcanzados pueden sostenerse en el tiempo.

    Tal vez la discusión pública tampoco sea la misma. Durante años debatimos cuánto debía gastar el Estado en política social. Hoy la pregunta podría ser distinta: ¿Cómo lograr que cada peso invertido en bienestar genere nuevas capacidades para las personas y mayor fortaleza para la nación? No se trataría de sustituir la redistribución ni de reducir apoyos, sino de evolucionar hacia un modelo donde el bienestar también produzca desarrollo.

    El círculo virtuoso del bienestar parte de una idea simple: los recursos públicos financian programas sociales; los programas generan capacidades; las capacidades producen productividad; la productividad fortalece la economía; y una economía más fuerte permite sostener más bienestar. El objetivo ya no sería únicamente distribuir riqueza, sino lograr que esa riqueza se multiplique.

    Bajo esta visión, programas como Jóvenes Construyendo el Futuro podrían convertirse en laboratorios estratégicos del segundo piso. Si la capacitación se vinculara cada vez más con certificaciones reconocidas, industrias de alto valor agregado, sectores asociados al nearshoring y rutas reales de inserción laboral, el beneficio comenzaría a medirse por el valor económico generado. El bienestar dejaría de ser visto como un gasto y comenzaría a consolidarse como una inversión en capital humano.

    La misma lógica podría extenderse gradualmente hacia una nueva generación de Programas de Bienestar. Sin necesidad de incrementar indefinidamente los montos, podrían fortalecerse beneficios en especie y servicios estratégicos como trámites gratuitos, acceso a internet, capacitación digital, atención preventiva en salud, rehabilitación para personas con discapacidad, formación técnica especializada y apoyos para proyectos productivos. La meta no consistiría en entregar más recursos cada año, sino en lograr que los recursos existentes generen más oportunidades, mayor productividad y una mejor calidad de vida.

    Esta propuesta también abre una discusión sobre soberanía. Con frecuencia se entiende la soberanía únicamente como una posición política frente a actores externos. Sin embargo, en una economía global interdependiente, la verdadera autonomía también depende de la capacidad de generar talento, innovación, infraestructura, productividad y crecimiento. La soberanía económica no se construiría únicamente en los discursos o en las negociaciones internacionales; se construiría en las aulas, en los centros de capacitación, en las empresas y en cada oportunidad que permita a una persona transformar un apoyo en una trayectoria de desarrollo.

    Dos años después de aquella victoria electoral, surge una pregunta inevitable: ¿Cómo lograr que el bienestar de hoy financie el bienestar de mañana? La mejor defensa de la soberanía mexicana no sería únicamente política ni diplomática; sería la capacidad de transformar el bienestar social en desarrollo productivo. Porque los recursos del pueblo regresan al pueblo; el siguiente paso consistiría en lograr que ese bienestar regrese a la nación convertido en prosperidad.