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  • Por una vida más JUSTA: Tulum y el inicio de algo más grande

    Por una vida más JUSTA: Tulum y el inicio de algo más grande

    El pasado 18 de abril se llevó a cabo en el Colegio de Ingenieros y Arquitectos de Tulum, Quintana Roo, un ejercicio ciudadano que, visto con detenimiento, debería obligarnos a replantear cómo entendemos la justicia en México. No fue una reforma, no fue una resolución judicial, no fue un acto institucional. Fue algo más simple y, al mismo tiempo, más incómodo: escuchar directamente a quienes intentan acceder al sistema y no siempre lo logran.

    Ese punto de partida cambia la conversación. Durante años, la justicia se ha explicado desde arriba, desde normas, instituciones y discursos que buscan ordenar el sistema. Pero pocas veces se ha construido desde abajo, desde donde se vive una denuncia que no avanza, un despojo que no se corrige, un proceso que se detiene aun cuando existen elementos suficientes. Lo que se escuchó en Tulum no fueron excepciones. Fue la evidencia de un patrón.

    Se habló de fiscalías que no reciben denuncias, de ministerios públicos que funcionan como filtro, de personas que, aun teniendo la razón, no logran avanzar porque no saben cómo iniciar correctamente un proceso. En términos claros, muchas mexicanas y mexicanos no pierden su caso por falta de razón, sino por falta de orientación. La falla no está únicamente en la resolución. Está en el acceso. Y ahí es donde se pierde la justicia.

    Por eso Tulum importa. Porque representa algo más que un encuentro. Marca el inicio de una lógica distinta: llevar la conversación al territorio, no esperar a que el territorio llegue a las instituciones. Durante décadas, el acceso a la justicia ha estado condicionado por la geografía. Mientras más lejos del centro, más difícil resulta acceder a información, acompañamiento y, muchas veces, a la posibilidad real de incidir.

    Lo ocurrido el 18 de abril no puede leerse como un hecho aislado. Es el primer paso de una etapa. JUSTA, que puede consultarse en justamx.com, nació en el contexto de la reforma judicial y del proceso electoral de 2025 con un objetivo claro: informar y vincular. Hoy enfrenta un reto mayor. Crecer a nivel nacional no implicaría solo expandirse, sino asumir una responsabilidad más profunda: convertirse en un puente real entre la ciudadanía y quienes imparten justicia.

    Ese puente hoy no existe con claridad.

    Y donde no hay puente, hay abandono.

    El valor del ejercicio en Tulum también radica en quienes lo hicieron posible. La participación de Claudia Romo y Lorenzo Miranda no fue circunstancial. Fue determinante. No solo ayudaron a convocar, ayudaron a sostener el espacio, a darle sentido y legitimidad. Su respaldo deja una lección clara: las causas públicas no se construyen desde el discurso, se sostienen desde el territorio.

    Pero escuchar, por sí mismo, no transforma nada. Ese es el punto de quiebre. La ciudadanía no está pidiendo espacios de expresión, está pidiendo respuestas. Y eso implica algo más complejo: convertir lo escuchado en acción. Dar seguimiento a los casos, orientar con claridad, acompañar procesos y, cuando sea necesario, generar presión institucional.

    Ahí se juega todo.

    Por eso el siguiente paso no es opcional. Este esfuerzo necesita crecer. Y crecer implica estructura. Implica sumar a más personas, especialmente a jóvenes abogadas y abogados que entiendan que el derecho no se limita a los tribunales, sino que también se construye desde el acompañamiento. JUSTA no puede consolidarse como plataforma nacional si no desarrolla capacidad real para estar donde hoy el sistema no está llegando.

    No es solo una invitación. Es una causa.

    Lo ocurrido en Tulum no resolvió el problema de fondo. Pero sí dejó algo claro: la transformación de la justicia en México no va a comenzar en los tribunales, ni en las reformas, ni en los discursos.

    Va a comenzar cuando logre cerrar la distancia entre lo que promete y lo que las personas viven.

    Y ese proceso ya empezó.

    No desde arriba.

    Sino exactamente ahí, donde durante años nadie estuvo.

  • De que se puede, se puede… pero el fondo es otro

    De que se puede, se puede… pero el fondo es otro

    En la política contemporánea, la percepción pública es tan determinante como los hechos. En México, bajo el marco de la llamada Cuarta Transformación (4T), el discurso de austeridad republicana se ha convertido en uno de los pilares éticos del movimiento. Sin embargo, los casos recientes que han captado la atención mediática como los señalamientos en torno al entorno familiar de Marcelo Ebrard han reabierto un debate que trasciende nombres y partidos: la congruencia entre discurso y práctica.

    Medios internacionales como BBC News, The New York Times y Financial Times han documentado en distintos momentos cómo el escrutinio sobre las élites políticas mexicanas se ha intensificado en los últimos años, particularmente cuando se trata de estilos de vida, patrimonio y uso de recursos vinculados al poder. No es un fenómeno exclusivo de México, pero sí adquiere una dimensión especial cuando el eje narrativo del gobierno es precisamente la austeridad.

    El punto central no es si “se puede” o no. Porque, en efecto, hay políticos que provienen de familias con riqueza generacional, empresarios que incursionan en la vida pública, intelectuales que generan ingresos por conferencias, libros o consultorías. Todo eso es perfectamente posible dentro de la legalidad. El problema y aquí es donde la discusión se vuelve relevante es la expectativa que el propio proyecto político ha generado.

    Cuando un movimiento se presenta como una ruptura con los excesos del pasado, automáticamente eleva el estándar de conducta para quienes lo integran. No se trata únicamente de legalidad, sino de coherencia simbólica. En palabras que reflejan el análisis de centros de pensamiento como Brookings Institution, la legitimidad política moderna depende cada vez más de la percepción de integridad y consistencia entre narrativa y acción.

    Además, en un entorno global hiperconectado, donde la vigilancia mediática, empresarial e incluso geopolítica es constante, cada acción de figuras públicas y de sus círculos cercanos se amplifica. Hoy, cualquier señal de exceso, lujo o privilegio puede ser interpretada como contradicción directa al discurso oficial. Y en política, la contradicción cuesta.

    Por ello, más allá de juicios personales, el mensaje es claro: si el objetivo es sostener un proyecto basado en austeridad y cercanía con el pueblo, el ejemplo debe comenzar desde dentro. No porque no se pueda, sino porque el contexto exige mucho más cuidado.

    En otro tono, y demostrando que la política también puede y debe sostener la cordialidad, enviamos un saludo respetuoso a la familia Murillo, en especial a Gerardo Saade, esposa e hijos, así como nuestros mejores deseos para la pronta recuperación de Don Jesús Murillo Karam. La civilidad sigue siendo un valor indispensable en cualquier sistema democrático.

    Finalmente, cabe señalar el contexto internacional en el que se mueve México. La reciente recepción de la presidenta Claudia Sheinbaum en España fue ampliamente cubierta por medios europeos como El País, destacando el respaldo de comunidades mexicanas en el extranjero. A pesar de las críticas internas, el posicionamiento internacional del país continúa siendo un indicador relevante que contrasta, en ocasiones, con la narrativa doméstica.

    México avanza en medio de tensiones, debates y contrastes. Como siempre, la historia no la define una sola versión, sino la suma de realidades.

    Ánimo

  • MC sin identidad

    MC sin identidad

    Se ratifica cuando un grupo, partido o persona dice que no es de izquierda ni de derecha, que es eminentemente conservador.

    Sin duda Movimiento Ciudadano tiene crecientes problemas de identidad, sus líderes llegaron a hacerse viejos diciendo que sostenían una política joven, llegaron a argumentar que eran de centro izquierda y de pronto, le abren la puerta a la ultraderecha y no sólo eso, subsidian sus actividades con dinero del pueblo.

    Luego de una serie de descalabros antipopulares del gobernador emecista Pablo Lemus, quien desde que llegó al poder hubo dudas sobre su triunfo, consideró que sería una buena idea subsidiar a los herederos del padre Marcial Maciel, los admiradores de Trump, y los acólitos de VOX, en un evento en Tlaquepaque, aportando dinero para la realización de su evento anual.

    Con el patrocinio de los gobiernos emecistas de Jalisco, Guadalajara y Zapopan, además de instituciones integrantes de la iglesia católica, se anunció el “Congreso de Masculinidad más Grande de Latinoamérica”, en el Santuario de los Mártires, en Tlaquepaque.

    Entre los logotipos de los organizadores el gobierno del estado, colocó su escudo junto al rostro del actor de ultraderecha Eduardo Verástegui, quien tratara de crear su partido político en México y ni siquiera logró la mitad de los requisitos mínimos para obtener el registro condicionado.

    Los conferencistas impulsan la religión, a pesar de que el Estado debe ser laico, pero el subsidio para su realización, fue entregado sin consultar a nadie.

    Mientras en Nuevo León, Movimiento Ciudadano promueve la candidatura de Martha Herrera para la presidencia municipal de Monterrey, actual secretaria de Diversidad en el gobierno de Samuel García. Herrera se caracterizó por despedir a todos los hombres de la oficina de Relaciones Públicas de Cemex, que encabezaba, porque sólo quería estar rodeada de mujeres, aunque no cubrieran el perfil.

    Es decir, la diversidad, la pluralidad y las preferencias también se convierten en una contradicción interna en este partido para extraviar, a la vista de todos, su origen e ideología.

    El Congreso de Masculinidad mostró no sólo discriminación, sino machismo, y misoginia, según los discursos de los participantes quienes deberían ser objeto de estudio psiquiátrico.

    Los boletos para el Congreso en Tlaquepaque tuvieron un costo 7 mil 490, se vendieron todos.

    El video que promocionó el evento tiene contenidos como éste: “Las mujeres no fantasean con hombres domesticados. Fantasean con un hombre libre, fuerte y peligroso que aún así las elige a ellas. ¿Qué tipo de hombre quieres ser?”.

    El gobernador Pablo Lemus, se declaró abiertamente contra el cambio de género de los menores de edad, a pesar de que sus padres estuvieran de acuerdo.

    El Congreso de Masculinidades congregó la crema y nata de la ultraderecha, con la consabida exaltación supremacía del varón, incluso, se condicionaba la presencia de mujeres, pero eran aceptadas para que conociera y comprendieran mejor el corazón de los hombres.

    Militantes de Movimiento Ciudadano han sido sancionados por violencia política de género, y acoso sexual, incluso dentro de sus propias filas.

    Este partido no puede darse el lujo de tener diferencias internas de tal dimensión, la falta de cuadros, y la identidad extraviada puede desaparecerlos del mapa por falta de votos.

  • Ni una más. Un eco de dolor…

    Ni una más. Un eco de dolor…

    Una historia que se repite al infinito. Eso sentimos como si el tiempo en un eterno retorno (Nietzsche) nos condenara a escuchar la misma historia.

    Una réplica constante que se apodera del cuerpo femenino, lo cosifica, y lo desvaloriza de su dignidad humana. Y las Autoridades de las Agencias del Ministerio Público a pesar de los discursos de nuestros políticos/cas siguen prácticamente igual. ¡Los cambios se quedan en el papel!

    Tratar cada desaparición con el respeto y la rapidez: sigue sin hacerse. A nadie de los que están para procurar la justicia parece realmente importarles.

    Las carpetas de investigación son un remedo de análisis profesional. La obligación de atender con perspectiva de género es letra muerta, igual que las mujeres que sufren la violencia de género.

    ¿Por qué las matan? Porque pueden, porque a ninguna autoridad parece realmente importarle. Porque los feminicidas, los tratantes, los que se apropian de una mujer. Están en todas partes, porque están dentro de las mismas autoridades que debieran proteger a los ciudadanos/nas. Porque forman parte de un sistema patriarcal donde la mujer es un satélite que gira en torno a otros. Hoy es un nombre de mujer, mañana otro, pasado mañana otro y otro. 

    Ayer fue Chihuahua, Ciudad Juárez. Las maquiladoras. Todo parece que es propicio. Un trabajo: una oferta laboral. Pasado mañana el novio, el esposo, el ex, el jefe, enojado, furioso porque jamás podrá apoderarse de la individualidad de una mujer.

    Todavía en este siglo existen quiénes nos siguen considerando una propiedad; una mula de trabajo. Y nos despojan de nuestra humanidad. También puede ser un tratante que nos ve como una posesión, como un negocio. El eco de dolor se repite en cada confín del planeta. ¡Ni una más! 

    Como una herida que desgarra a cada familia que lo vive. Sucede en todo el mundo: sí. Pero me atrevo a decir que es un catalizador: la pobreza, la vulnerabilidad educativa, la corrupción.

    Necesitamos no sólo leyes, sino impartición de justicia que las haga valer. No caer en ese juego verbal profundamente superficial. Que dice también antes desaparecían. Y que cae en un círculo de injusticia que invisibiliza a las madres buscadoras, y que las señala y revictimiza ahora como mujeres que quieren lucrar con su dolor y acusar a un gobierno. Y esta forma de ver el asunto, claro que se queda en la periferia y no ahonda, ¡no ayuda! Por favor. No se trata de atacar o defender a un gobierno X.

    Se trata de abrir la mente, si no se puede el corazón. Y hacer que se cumpla la ley. ¿Cómo? Para empezar atender rápido, en serio. 

    Sin desestimar una sola desaparición. Y capacitar al personal (profesionalizarlo) que atienda los reportes. Tener drones que peinen las zonas. Es un gran trabajo – claro – pero qué harías tú si piensas en que mañana puede ser alguien de tu familia. Hasta cuándo el dolor de los demás realmente podremos sentirlo como propio…

  • DIGNIDAD PROGRESISTA

    DIGNIDAD PROGRESISTA

    La guerra provocada una vez más por la ambición natural del gobierno gringo para hacerse de la riqueza de otras naciones, que se da ahora en contra del pueblo iraní nos da muestra de como durante décadas se ha manipulado la conciencia de la población a nivel mundial, utilizando el control de los medios corporativos que también forman parte de la mafia del poder político y económico global, todo esto con la finalidad de “convencer” a la población de que el gobierno de la todavía primer potencia económica es también la mejor opción como garante de la paz mundial, aunque esto solo pase en las películas hollywoodenses dónde los gringos salvan al mundo mediante la intervención de sus super héroes pero que esto en la realidad no existen más que el la mente de los guionista y productores de las super producciones cinematográficas.

    La información que se difunde en los medios corporativos y ahora también en la mayoría de las redes sociales mediante contratos con “influencers” busca continuar con la manipulación a la que durante décadas hemos sido expuestos. El costo de esta estrategia es por demás insultante ya que existen evidencias de la inversión millonaria por parte de los grupos de interés económico mundial.

    En este sentido es lógico que se haya convocado en Barcelona España a la cumbre de gobiernos progresistas dónde las posturas de los mandatari@s señalan de manera directa a los verdaderos responsables de la actual crisis humanitaria, que son los de siempre, los que sueñan con invadir para robar los recursos, los fascistas asesinos de gente pobre e indefensa, incluyendo menores inocentes, los que solo piensan en acumular riqueza sin darle un sentido de beneficios para su pueblo. En fin, los que se sienten iluminados y dueños del mundo pero no son capaces de compartir ni dar felicidad a su entorno más cercano. Los que sufren de una soledad profunda, los que no son capaces de disfrutar de lo más importante en la vida y a la que todos tenemos acceso.

    Cómo bien lo menciono nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, si los países que invierten en la guerra aportaran un pequeño porcentaje de su gasto en beneficio del entorno ambiental, el beneficio impactaría de manera beneficia a toda la humanidad, cómo ya se ha demostrado en nuestro país.

    Las discursos de l@s mandatari@s progresistas han impactado en todo el mundo como un sola voz en contra de la guerra y a favor de la vida.

    Sheinbaum, Petro, Sánchez y Lula están demostrando que la dignidad y el respeto a la vida son derechos que se plasman en todas las construcciones, pero que al poder económico no le interesa, la acumulación de riqueza solo les genera sufrimiento, que es su pretexto para agredir y generar violencia. La ambición por el poder y la riqueza es lo que detonó la guerra.

  • Es una mujer maravillosa

    Es una mujer maravillosa

    Las expresiones del presidente Donald Trump sobre la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, no se hicieron esperar. Y es natural: cuando una nación comienza a levantar la voz con dignidad, cuando una mujer con carácter, preparación e identidad nacional representa a su pueblo con firmeza, incomoda a muchos. Más aún cuando se trata de México, un país que durante siglos ha sido observado por potencias extranjeras como territorio estratégico, como botín político o como pieza de presión geopolítica. Pero esos tiempos tienen que quedar atrás.

    En su participación internacional, la presidenta Claudia Sheinbaum dio un discurso que, sin exagerar, marca una diferencia histórica. No fue una exposición hueca ni un mensaje diplomático reciclado. Fue una intervención con contenido, con memoria, con raíces y con sentido de nación. Habló de democracia, sí, pero también habló de historia, de soberanía, de dignidad y de la resistencia de un pueblo que nunca ha dejado de luchar por su independencia, por su identidad y por su derecho a construir su propio destino.

    México no es cualquier país. México es una nación forjada en invasiones, en saqueos, en intentos de sometimiento y en traiciones internas, pero también en valentía, en patriotismo y en una enorme capacidad de resistir. Fuimos deseados por imperios europeos, fuimos observados por intereses extranjeros, fuimos presionados por potencias de este continente, y aun así seguimos de pie. Eso no lo logra un país débil. Eso lo logra un pueblo grande.

    Por eso cuando la presidenta habla de México con orgullo, cuando recuerda las bases históricas de nuestra democracia y cuando coloca en el centro a la gente como esencia del país, no está haciendo solo política: está haciendo patria.

    Porque México, por encima de todo, es su pueblo. Es la señora que se levanta de madrugada a trabajar. Es el joven que estudia y sueña con un mejor futuro. Es el campesino que siembra la tierra. Es el obrero, el comerciante, el chofer, el maestro, el pescador, el soldado, la enfermera, el albañil. Es también el niño que corre por una calle de barrio, la familia que espera el camión, el trabajador que va en bicicleta, el ciudadano que en medio de las dificultades no pierde la esperanza. Ese es el verdadero rostro de México.

    Muchos quieren reducir al país a sus problemas. Quieren repetir hasta el cansancio que todo está mal, que no hay avance, que la gente no quiere trabajar, que la nación está perdida. Pero esa narrativa, además de injusta, es profundamente ofensiva para millones de mexicanos que todos los días sacan adelante este país con sus manos, con su esfuerzo y con su fe.

    La realidad es otra. México avanza. Tal vez no al ritmo que todos quisiéramos. Tal vez todavía con muchas deudas pendientes en seguridad, educación o desarrollo económico. Pero avanza. Y lo hace con una visión social que durante años fue despreciada por quienes gobernaban de espaldas al pueblo.

    Hoy existen programas que llegan directamente a la gente. La pensión para adultos mayores, las becas para jóvenes, Sembrando Vida, los apoyos para vivienda y el fortalecimiento del IMSS-Bienestar son parte de una política que entiende algo fundamental: cuando se apoya al pueblo, no solo se hace justicia social, también se mueve la economía nacional. El dinero que recibe una familia no se va al extranjero ni se queda congelado en grandes fondos; se gasta en México, en la tienda, en el mercado, en la farmacia, en el transporte, en la ropa, en la comida. Es dinero que circula, que respira dentro del país, que fortalece el consumo interno y que sostiene a miles de pequeños negocios.

    Eso antes no se veía con esa claridad. Antes se hablaba de crecimiento, pero no llegaba abajo. Hoy la ayuda social tiene un doble propósito: dignificar al hogar y activar la economía popular. Y eso, aunque a muchos les moleste, también es nación.

    La presidenta Sheinbaum dio un discurso sin soberbia, sin egocentrismo y sin excesos. Dijo lo que tenía que decir. Lo hizo con fundamento histórico y con sensibilidad política. Pero sobre todo lo hizo reconociendo lo más valioso que tiene México: su gente. Y ahí radica la grandeza de su mensaje.

    México no se está quedando atrás. México está caminando. No de rodillas, no sometido, no avergonzado de sí mismo. Está caminando de pie, con firmeza, con conciencia histórica y con una nueva generación de liderazgo que entiende que amar a México no es un discurso vacío, sino un compromiso real con su pueblo.

    Y sí, hay que decirlo con claridad: quien afirma que México no puede aspirar a ser mejor, más justo, más fuerte y más digno, en el fondo no cree en esta tierra. Porque solo alguien que no quiere a México se atrevería a negar la capacidad de nuestro pueblo para levantarse, avanzar y construir un país más grande.

    Claudia Sheinbaum hoy representa, para millones, esa esperanza de continuidad con conciencia social, con memoria histórica y con amor a la patria. Y por eso, más allá de la política y más allá de las críticas de siempre, hay que reconocerlo: es una mujer maravillosa.

    Muchas felicidades, presidenta, y que nunca se pierda esa convicción de hablarle al pueblo con la verdad, con respeto y con profundo orgullo de ser mexicana.

  • Capitalismo y tragedia: nuevas perspectivas en México

    Capitalismo y tragedia: nuevas perspectivas en México

    Hay una verdad incómoda que el poder global se niega a pronunciar en voz alta: el capitalismo neoliberal no está en crisis, está en su fase terminal. Lo que observamos hoy, las guerras que arrasan poblaciones enteras, la caída sostenida de la natalidad en los países más “desarrollados”, la pauperización de las clases medias, la epidemia silenciosa de soledad y depresión, la migración masiva y desesperada, no son accidentes del sistema ni efectos secundarios tolerables. Son el sistema mismo funcionando exactamente como fue diseñado. Y el rostro más obsceno de ese diseño tiene hoy un nombre y un sombrero rojo.

    Donald Trump no es una anomalía de la democracia estadounidense. Es su destilado más puro. Es el producto lógico de una civilización que durante décadas convirtió el egoísmo en virtud, el individualismo en filosofía de vida y la acumulación en el único horizonte de sentido.

    Cuando una sociedad pasa generaciones adorando al mercado como si fuera un dios y despreciando todo aquello que no pueda medirse en dólares, el resultado inevitable es un líder que miente sin pudor, que desprecia a los débiles, que convierte la crueldad en espectáculo y que gobierna para los accionistas mientras habla en nombre del pueblo. Trump no es la causa de la decadencia imperial. Es su síntoma más elocuente.

    Ese mismo sistema que celebra a Trump celebra también a Javier Milei en Argentina, a Isabel Díaz Ayuso en España, a Daniel Noboa en Ecuador. Políticos que se presentan como rebeldes antisistema mientras sirven con fidelidad de perros guardianes a los mismos capitales de siempre. Su función histórica es clara: convencer a los de abajo de que sus verdugos son sus salvadores, de que desmantelar lo público es libertad, de que la precariedad es mérito y la riqueza ajena es inspiración. Son las mascotas ideológicas del capital financiero internacional, entrenadas para ladrar contra los pobres y menear la cola frente a los ricos.

    La migración es quizás el ejemplo más brutal de la hipocresía estructural del sistema. Los países del norte global, enriquecidos durante siglos mediante el saqueo colonial y la explotación neocolonial, que diseñaron deliberadamente las condiciones para que el sur global permaneciera como proveedor barato de materias primas y mano de obra, ahora levantan muros y criminalizan a quienes huyen de la devastación que ellos mismos provocaron.

    No permitieron el desarrollo soberano de nuestros países, financiaron golpes de Estado contra gobiernos que intentaban industrializarse, impusieron tratados comerciales que destruyeron economías locales, y hoy tienen la desvergüenza de hablar de “invasión”. La migración no es un problema de culturas incompatibles. Es la factura presentada por siglos de imperialismo.

    Frente a todo esto, la posición de México adquiere una dimensión histórica que muchos se niegan a reconocer porque les resulta incómoda. Mientras el norte construye muros físicos y simbólicos, México ha sostenido una política exterior anclada en principios como la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de controversias. Claudia Sheinbaum ha mantenido con dignidad una relación de firmeza ante las presiones de Washington, negándose a convertir al país en el gendarme migratorio de los Estados Unidos y rechazando las lógicas del sometimiento que tanto trabajo costó a generaciones anteriores superar. No es una postura menor. En un continente donde varios gobiernos se apresuran a arrodillarse ante el poder imperial, México se planta.

    Y esa postura no es solo diplomática. Es filosófica. Apunta hacia algo más profundo que las relaciones internacionales. Apunta hacia la recuperación de lo comunitario, de lo social, de los lazos que el neoliberalismo ha destruido metódicamente. Los pueblos originarios de México llevan siglos demostrando que es posible organizar la vida alrededor del bien común, de la reciprocidad, del cuidado de la naturaleza, del ser colectivo por encima del tener individual. No es nostalgia romántica. Es una alternativa civilizatoria concreta frente a un modelo que nos enferma, nos aísla y nos conduce al abismo.

    Votar, pensar y vivir desde una perspectiva humanista no es ingenuidad. Es el acto más radical posible en un mundo que ha convertido la inhumanidad en sentido común. El capitalismo decadente nos ofrece más tecnología, más velocidad, más mercancías. Y también más soledad, más guerra, más tierra arrasada.

    México no tiene todas las respuestas. Ningún país las tiene. Pero sí tiene la valentía de hacer la pregunta correcta: ¿para qué y para quién estamos construyendo el mundo?

  • Envejecemos… y no nos ha caído el veinte

    Envejecemos… y no nos ha caído el veinte

    La semana pasada comentaba que, según los resultados apenas dados a conocer hace unos días de la ENASEM, en México las personas de 50 años y más, digamos, los más experimentados, ya somos un montonal: 1 de cada 4 habitantes del país.

    Lo que ahora vale la pena poner sobre la mesa es que este envejecimiento acelerado no debe quedarse en curiosidad demográfica: el envejecimiento poblacional es, sobre todo, un cambio estructural que está ya redefiniendo nuestra vida cotidiana, la economía, las prioridades del Estado en los próximos años, las urgencias… Porque cuando decimos que México envejece, solemos pensar en pensiones y hospitales. Pero el fenómeno tiene un impacto mucho más amplio —y más incómodo— que eso.

    Primero, el tema de los cuidados. En un país donde históricamente el cuidado ha recaído en las familias —y dentro de ellas, en las mujeres—, el aumento de la población mayor implica una presión creciente sobre redes familiares que ya vienen debilitadas. Familias más pequeñas, menos hijos, mayor dispersión geográfica. Es decir: menos gente para cuidar a más personas durante más tiempo. El desequilibrio que se nos viene encima no es menor. Es, de hecho, uno de los puntos más frágiles de toda la transición demográfica.

    Segundo, el mercado laboral. México envejece con altos niveles de informalidad. Eso significa que millones de personas están llegando y llegarán a la vejez sin pensión contributiva, dependiendo de transferencias públicas directas —los programas sociales— o del apoyo familiar. Y aquí hay que decirlo sin rodeos: ¿habrá suficiente base contributiva para sostener a esa población en el largo plazo si no cambia la estructura del empleo? Ojo: los cambios que estamos experimentando no se quedan en lo demográfico: el impacto de la Inteligencia Artificial en la configuración del mundo laboral y en general de la economía será en breve seguramente mucho más drástico que el que en su momento ocasionó la Revolución Industrial.

    Tercero, la salud. No se trata únicamente de vivir más años, sino de cómo se viven esos años. Y me refiero a dolencias, a movilidad, a desamparo, a capacidades reducidas… El aumento en enfermedades crónicas —diabetes, hipertensión, padecimientos cardiovasculares— implica una demanda sostenida y creciente sobre un sistema de salud que ya opera con limitaciones. Y a diferencia de otros momentos de la historia, no estamos frente a epidemias que vienen y se van; estamos comenzando a vivir en condiciones que perdurarán durante décadas.

    Y hay un punto más que suele pasarse por alto: el entorno espacial. Las ciudades, tal como están diseñadas hoy, no están pensadas para una población envejecida. Banquetas rotas, transporte público poco accesible, espacios urbanos hostiles para quien tiene movilidad limitada. ¡Faltan un montón de rampas, de pasillos con pasamanos! Envejecer no ocurre en lo abstracto; ocurre en calles concretas, en viviendas específicas, en entornos que pueden facilitar o dificultar la vida diaria. El suelo, el piso, será cada día un riesgo mayor para más mexicanos y mexicanas.

    Todo esto ocurre, además, con una velocidad que nos da poco margen para la complacencia. Y hablo de margen de acción sí gubernamental, institucional, pero también familiar, personal… Ya no estamos en el terreno de las proyecciones lejanas. Está pasando ahora. México se está arrugando ahora.

    Cuando se habla de envejecimiento el error más común es tratarlo como un problema del futuro. No lo es. Es un proceso en curso que ya está reconfigurando al país. Así que conviene aceptar algo: México todavía piensa como un país joven, pero ya no lo es. O dicho con un anacronismo de baby boomer: no nos ha caído el veinte. Debemos dejar de diseñar políticas públicas, ciudades y sistemas laborales bajo esa inercia. Seguimos actuando como si hubiera tiempo. No lo hay. Porque si algo deja claro todo esto es que el envejecimiento no es, en sí mismo, el problema. El problema es llegar tarde a entenderlo. Ya nos llovió. Apenas caen las primeras gotas… y en nada estaremos empapados.

  • Contra la misoginia de grada y el machismo de escritorio

    Contra la misoginia de grada y el machismo de escritorio

    Todavía hoy, en los abismos de las redes sociales y en las gradas, se intenta sostener por la fuerza el eco rancio de que “el fútbol es un deporte de hombres”. Esta narrativa está secuestrada por dos frentes cobardes.

    Por un lado, la misoginia de la tribuna y el teclado; hombres que, desde la inmovilidad de su sofá, intentan denigrar a las mujeres que hoy reclaman la cancha.

    Son el retrato vivo de la genial cumbia de Grupo G: “Te pasas todo el día viendo la televisión / Comiendo lo que sea mientras empieza el futbol… Eres revoltoso cuando estás en las tribunas / Pero ya en la cancha casi siempre no das una”. Un himno al cinismo que remata con una verdad lapidaria: “Tan criticón, pero te falta destreza / No cabe duda que lo tuyo es la cerveza”. Esa es la furia del sedentarismo intentando dictarle las reglas a una atleta de clase mundial.

    Pero hay un segundo frente, aún más cínico: los “opinólogos” de élite. Esos analistas de traje y escritorio que comparten el mismo machismo del “viejo panzón”, pero aderezado con un profundo clasismo. Desprecian a la mujer en la cancha y, al mismo tiempo, desprecian a la sociedad que paga sus salarios; a esos aficionados de a pie que gastan gran parte de sus ingresos para subir hasta donde se posan las águilas en el Estadio Azteca, consumiendo sus cervezas y comida chatarra, víctimas del bombardeo implacable de sus marcas comerciales.

    La hipocresía de este sistema quedó al descubierto recientemente en el duelo entre Pumas y Mazatlán. Un sector de la crítica quiso centrar el debate en una decisión calificada de errónea, pero la trampa era utilizar un pretexto técnico para descalificar su presencia como mujer y como tomadora de decisiones en el terreno de juego. El machismo no descansa; día tras día, Katia Itzel se enfrenta a una violencia de género asfixiante en las redes, en los medios, en la cancha y con los directivos. Sin embargo, su respuesta no es el repliegue. Ella es el claro ejemplo de la perseverancia absoluta y abandera en primera línea la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Su presencia en el centro de la cancha es un liderazgo inigualable que neutraliza toda frustración machista; no está pidiendo permiso, está conquistando el último gran bastión del patriarcado en México.

    La trascendencia de su figura va mucho más allá de las líneas de cal. Su presencia se alinea perfectamente con el momento sísmico que vive nuestro país. Hoy, el temple y el éxito de Katia en el ojo público la convierten en un referente irrefutable para las niñas y mujeres del mundo entero. Como bien lo sentenció nuestra Presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum: “Podemos ser lo que queramos ser y cumplir nuestros sueños, sin prejuicios. Las mujeres podemos ser ingenieras, doctoras, científicas, deportistas o presidentas de la República”. Katia es ese espejo en el que hoy se mira el futuro.

    Frente a esta violencia sistemática, el silencio institucional es complicidad. La FIFA debe asumir, de una vez por todas, una posición irrestricta de respeto a los derechos humanos y de defensa hacia nuestra árbitra. El fútbol mexicano ya vivió el rigor de las sanciones cuando, por el grito homofóbico, se castigó a la élite directiva jugando a puerta cerrada. Hoy, la misoginia exige sanciones igual de ejemplares.

    El tablero político nacional ha cambiado para siempre. En la Ciudad de México de Clara Brugada, el “Tiempo de Mujeres” es una realidad innegable: tenemos Presidenta, tenemos Jefa de Gobierno, y tenemos a una gran “Árbitra” con “A”, como lo exige la historia. Por ello, la llegada del Mundial 2026 no puede ser solo una fiesta comercial. El Estado debe ejercer la reparación del daño histórico levantando un mural monumental a las puertas del Estadio Azteca en honor a Katia Itzel y a las pioneras del deporte. Un recordatorio visual, permanente e imborrable, de que el territorio también les pertenece a ellas.

  • NO al fracking

    NO al fracking

    Desde FUDEMAH sostenemos una convicción que no debería escandalizar a nadie: respaldar a la presidenta Claudia Sheinbaum no significa renunciar al pensamiento crítico. Al contrario, quienes creemos en un gobierno democrático, popular y transformador, estamos seguros de que la pluralidad no puede reducirse al consentimiento automático y menos para un gobierno emanado de la lucha popular. Por eso, frente a la reapertura del debate sobre el fracking en México, nuestra postura es clara: no estamos de acuerdo con esa ruta por más que se le agregue el adjetivo calificativo de “sustentable”. 

    Aquí el problema de fondo es que el llamado “fracking sustentable” merece ser puesto bajo sospecha porque al igual que otras voces verdaderamente críticas, nosotros sostenemos que el solo hecho de fracturar la roca, inyectar fluidos a presión y gestionar residuos tóxicos sigue entrañando riesgos ambientales, sanitarios y territoriales de enorme magnitud.

    En Mendoza, Argentina, el discurso dominante presentó al fracking como una necesidad inexorable del desarrollo y a toda resistencia social como irracionalidad o atraso, sin embargo, un estudio publicado en Perfiles Latinoamericanos resultó revelador porque exhibió cómo, en estos casos, el lenguaje del progreso terminó funcionando como dispositivo de presión política en el que se trató como enemigos del bienestar colectivos a quienes cuestionaron los costos sociales, ambientales o territoriales de esa práctica.

    Hay que decirlo con claridad: por donde se mire no existe el “fracking responsable”, baste con recurrir a la literatura crítica sobre la geopolítica del fracking que ha documentado la presión severa que ejerce esta práctica sobre abastos locales de agua, los riesgos de contaminación por químicos peligrosos y efluentes tóxicos, así como una huella climática que no puede minimizarse de ninguna manera como no pueden minimizarse los trastornos reproductivos vinculados a exposición a compuestos del fracking. Hagamos una analogía sencilla: El fracking “sustentable” es tanto como querer sanar un cuerpo humano perforándole órganos vitales con la promesa de que ahora la aguja es más fina. Aquí el problema no desaparece porque el instrumento sea más sofisticado pues si se fuerza al organismo, si se le inyectan sustancias agresivas, si se alteran sus equilibrios internos y después se le obliga a procesar desechos peligrosos, el cuerpo termina resintiendo el procedimiento, aunque el médico jure que esta vez la técnica es de última generación. Lo mismo sucede con la tierra, pues también tiene venas, presiones, fluidos, ciclos y límites y cuando se rompen sus equilibrios, el daño no se queda abajo del suelo, sube al agua, al aire, a la salud y a la vida comunitaria. 

    Ahora bien, sostenemos que es acertado que la UNAM, la UAM y el IPN trabajen de manera coordinada para revisar costos y beneficios pues nadie sensato podría estar en contra del conocimiento científico serio, pero también hay que ser conscientes que dicho esfuerzo sólo será valioso si se apega al rigor, a la independencia y a la honestidad intelectual y no termina por convertirse en un instrumento técnico de legitimación pues eso no va, de ninguna manera acorde a lo que representa este gobierno.

    Por otra parte, estamos de acuerdo con el argumento de fondo pues México consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos diarios de gas natural y produce apenas una fracción, por lo que depende fuertemente de importaciones, sobre todo de Estados Unidos. El dato es real y el problema estratégico existe. Pero precisamente por eso hay que discutirlo con seriedad: sustituir una dependencia externa por una dependencia tecnológica, hídrica, territorial y climática también atenta contra la soberanía. Si para producir más gas comprometemos acuíferos, exponemos comunidades, extendemos la vida de los combustibles fósiles y aplazamos la transición energética, lo que se fortalece no es la soberanía, sino una lógica extractiva que termina subordinando la política energética al corto plazo.  

    • Luis Tovar
      Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH