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  • ¿Por qué la verdadera justicia solo puede ser de izquierda?

    ¿Por qué la verdadera justicia solo puede ser de izquierda?

    Después de muchos años dedicada al derecho penal y hoy desde mi responsabilidad como jueza penal federal, he llegado a una convicción que, estoy segura, provocará debate: los expedientes penales también cuentan la historia de un país. No hablan de partidos políticos ni de campañas electorales, pero sí revelan cómo viven las personas, cuáles fueron sus oportunidades y, muchas veces, qué tan cerca o qué tan lejos estuvo el Estado cuando más lo necesitaban.

    Detrás de una carpeta de investigación existen víctimas que esperan justicia, personas imputadas que enfrentan el poder punitivo del Estado y familias enteras cuya vida cambia a partir de una resolución judicial. Con el paso de los años he aprendido que un expediente rara vez trata únicamente sobre un delito. También refleja desigualdad, abandono, abuso de poder o, en el otro extremo, privilegios que permiten enfrentar el sistema de justicia en condiciones muy distintas. Esa realidad alimenta lo que muchas personas identifican como un derecho selectivo, uno de los mayores desafíos para la credibilidad de nuestras instituciones.

    La Constitución establece que todas las personas somos iguales ante la ley. Como jueza, ese principio guía cada una de mis decisiones y no admite excepciones. Sin embargo, la propia Constitución también reconoce que la igualdad no puede quedarse en una declaración escrita. Al proteger la dignidad humana, los derechos sociales y el principio de igualdad sustantiva, nos recuerda que la justicia no consiste únicamente en aplicar una norma, sino en garantizar que todas las personas puedan ejercer realmente los derechos que esa norma reconoce.

    Esa diferencia entre igualdad formal e igualdad real se aprecia todos los días en materia penal. No enfrenta un proceso en las mismas condiciones quien puede contratar una defensa altamente especializada, ofrecer peritajes privados y sostener un litigio durante años, que quien depende exclusivamente de una defensoría pública con una enorme carga de trabajo o incluso llega a una audiencia sin comprender plenamente el procedimiento que enfrenta. La ley es la misma para ambos; las condiciones para ejercer sus derechos, no.

    Quienes trabajamos todos los días en un juzgado penal terminamos advirtiendo una realidad incómoda: el delito no surge en el vacío. Con frecuencia aparece en contextos marcados por la pobreza, la desintegración familiar, el abandono escolar, las adicciones o la ausencia de oportunidades. Reconocer esa realidad no significa justificar la conducta delictiva ni desconocer el derecho de las víctimas a obtener justicia. Quien comete un delito debe responder conforme a la ley. Pero si el Estado únicamente interviene cuando el delito ya ocurrió y no analiza las condiciones que favorecieron su aparición, difícilmente podrá construir una justicia completa. Cuando la ciudadanía percibe que la justicia responde dependiendo del poder económico o político de quienes son investigados, la confianza en el Estado de derecho se debilita.

    La experiencia dentro de un juzgado deja una enseñanza difícil de ignorar: la pobreza no constituye un delito, pero la desigualdad aparece una y otra vez en los expedientes. Esto no significa que las personas con menos recursos sean más propensas a delinquir, ni que quienes cuentan con mayores posibilidades económicas estén al margen de la ley. Significa que las condiciones sociales también influyen en la manera en que las personas llegan al sistema de justicia y en los recursos con los que cuentan para enfrentarlo.

    Por eso considero insuficiente entender la justicia únicamente como la aplicación idéntica de una norma. Nadie elige el lugar donde nace, la educación que recibe, el entorno en el que crece o las oportunidades que tendrá para desarrollar su proyecto de vida. Ignorar esas diferencias puede conducir a una igualdad meramente formal, incapaz de responder a las profundas brechas que todavía existen en nuestro país.

    En materia penal, esta visión constitucional se refleja en principios como la presunción de inocencia, el debido proceso, el derecho a una defensa adecuada y la proporcionalidad de las penas. Ninguno de ellos existe para favorecer la impunidad. Existen para recordar que el poder del Estado también debe tener límites y que la justicia pierde legitimidad cuando olvida la dignidad de las personas.

    En estos primeros meses impartiendo justicia, estoy convencida de que un juez no sólo debe conocer la ley; también debe comprender la realidad sobre la que esa ley actúa. La imparcialidad no consiste en ignorar el contexto, sino en aplicar el derecho con objetividad, teniendo siempre presente que detrás de cada expediente hay personas, no estadísticas.

    Una justicia auténticamente transformadora busca reducir desigualdades, ampliar el acceso a los derechos y colocar la dignidad humana en el centro de toda decisión pública. Si esos principios han sido históricamente identificados con una visión progresista o de izquierda, no es porque pertenezcan exclusivamente a una ideología, sino porque expresan una convicción profundamente constitucional: que el derecho debe servir para proteger a las personas y construir una sociedad más igualitaria, no únicamente para administrar las diferencias existentes.

    En el ámbito penal, la presunción de inocencia, el derecho a un debido proceso y el juicio justo no fueron creados para proteger delincuentes; fueron establecidos para impedir que el Estado utilice su poder de manera arbitraria contra cualquier persona. El respeto a estas garantías no protege al delito: protege a la ciudadanía frente al abuso de autoridad.

    Como jueza penal federal jamás dictaré una sentencia basada en ideologías. Mis decisiones se fundamentan y se fundamentarán siempre en la Constitución, los tratados internacionales y la ley. Pero mi trabajo también me ha enseñado que para impartir justicia es necesario mantener los ojos abiertos frente a la realidad social. Ignorar la desigualdad no vuelve imparcial a un juez; simplemente limita su capacidad para comprender el contexto en el que aplica el derecho.

    La verdadera justicia no consiste en aplicar la ley de manera automática sin observar las consecuencias humanas de las decisiones. Consiste en construir un país donde la libertad no sea un privilegio, donde la igualdad deje de ser una aspiración y donde la dignidad humana tenga más valor que el dinero o las influencias.

    La justicia deja de ser justa cuando se limita a tratar como iguales a quienes la vida ha colocado en condiciones profundamente desiguales. La verdadera justicia no puede ser una simple operación mecánica de aplicar normas; debe tener la capacidad de mirar la realidad, reconocer las brechas existentes y actuar para que los derechos dejen de ser privilegios reservados para unos cuantos.

    Porque una sociedad no se mide únicamente por la fuerza con la que castiga a quien infringe la ley, sino por la capacidad que tiene para proteger a quienes históricamente han quedado atrás, para limitar los abusos del poder y para garantizar que la dignidad humana esté por encima del dinero, los privilegios o las influencias.

    Como jueza penal federal sé que la justicia no puede tener partido, pero también sé que la Constitución mexicana nació de una profunda convicción social: que el Estado no puede ser indiferente frente a la desigualdad. Que la libertad sin igualdad real puede convertirse en una promesa vacía. Que los derechos sólo tienen sentido cuando alcanzan a todas las personas, especialmente a quienes durante décadas han tenido menos oportunidades para hacerlos valer.

    Por eso, cuando hablamos de una justicia verdaderamente transformadora, hablamos de una justicia que no administra las desigualdades, sino que busca superarlas; que no protege privilegios, sino derechos; que no observa la injusticia desde la distancia, sino que trabaja para corregirla.

    Por ello sostengo que la verdadera justicia siempre camina hacia la izquierda: porque en su esencia más profunda no busca conservar las diferencias que existen, sino construir las condiciones para que todas las personas puedan vivir con la misma dignidad.

  • El Bart y el profesor de matemáticas

    El Bart y el profesor de matemáticas

    Hace poco más de un año, millones de personas escucharon en un pódcast la voz de “El Bart”, condenado por su participación en el atentado contra el periodista Ciro Gómez Leyva. Sus palabras provocaron indignación porque hablaban de la violencia con una frialdad difícil de comprender y sin mostrar arrepentimiento. La entrevista volvió a colocar al sistema penitenciario en el centro de la conversación pública. Sin embargo, detrás de esos mismos muros existe otra historia que casi nadie conoce y que, probablemente, resulte mucho más importante para el futuro de la seguridad pública en México: la de un profesor de matemáticas que también cumple una condena y decidió dedicar su tiempo a que otros internos concluyeran su educación básica.

    El pasado 15 de julio visité la Plaza Comunitaria del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), ubicada en el Centro Varonil de Reinserción Social Preventiva Norte de la Ciudad de México. Tras cruzar los controles de acceso esperaba encontrar un entorno definido únicamente por el encierro. En cambio, descubrí un espacio donde existe un genuino interés por concluir la educación básica, continuar con estudios de nivel medio superior e incluso abrir camino hacia la educación universitaria. Aquella percepción contrastaba con la imagen que normalmente construimos desde el exterior y me recordó que, aun detrás de los muros, las personas siguen construyendo proyectos de vida cuando encuentran una oportunidad para hacerlo.

    Durante la visita conocí la historia de un interno con formación profesional en matemáticas que decidió incorporarse como asesor voluntario. Su experiencia ha permitido apoyar a compañeros que enfrentaban mayores dificultades para acreditar uno de los módulos más complejos del modelo educativo del INEA. Lo más valioso no radica únicamente en compartir sus conocimientos, sino en la decisión de ponerlos al servicio de los demás. En un entorno donde con frecuencia se habla de influencias negativas, él eligió convertirse en un referente para que otros avanzaran en su proceso educativo. Detrás de los muros también existen historias que rara vez alcanzan los titulares.

    La responsable de la Plaza Comunitaria compartió un dato que merece mayor atención pública: durante 2026, treinta y seis personas privadas de la libertad obtuvieron su certificado de educación básica en ese centro. Ese esfuerzo forma parte del convenio que mantienen, desde mayo de 2021, el INEA y la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México. Hoy esa colaboración no sólo impulsa programas de alfabetización, primaria y secundaria; también busca ampliar las oportunidades para continuar con estudios de nivel medio superior, fortalecer proyectos que acerquen la educación superior a los centros penitenciarios e impulsar nuevas formas de participación de las personas privadas de la libertad. Más que impartir clases, representa una apuesta por construir condiciones reales para la reinserción social.

    Con frecuencia evaluamos al sistema penitenciario por su capacidad para detener, procesar y sancionar a quienes cometen un delito. Esa función resulta indispensable para preservar el Estado de derecho. Pero quizá ha llegado el momento de preguntarnos qué ocurre durante los años que una persona permanece privada de la libertad. El tiempo transcurre para todos por igual; lo que cambia son las oportunidades para aprovecharlo. Algunas personas fortalecen la lógica que las condujo hasta prisión. Otras descubren que aprender, enseñar o concluir un nivel educativo puede representar el primer paso para construir un futuro distinto. La prisión impone una condena; la educación ofrece la posibilidad de decidir qué hacer con ella.

    El caso de “El Bart” seguirá ocupando un lugar en la memoria colectiva porque simboliza una de las expresiones más dolorosas de la violencia que enfrenta nuestro país. Pero sería un error pensar que esa es la única historia que nace dentro de una prisión. Mientras unos utilizan el tiempo para justificar el camino que los llevó hasta ahí, otros deciden emplearlo para enseñar, aprender y prepararse para el día en que vuelvan a vivir en libertad. Quizá la verdadera discusión sobre el sistema penitenciario mexicano no debería comenzar preguntando cuántos años dura una sentencia, sino qué somos capaces de construir durante cada uno de esos días. Porque la reinserción social no empieza cuando una persona recupera su libertad; comienza mucho antes, el día en que encuentra una razón para que su futuro no se parezca a su pasado.

  • La educación mexicana amenazada, pero la conciencia crece

    La educación mexicana amenazada, pero la conciencia crece

    “…rondando el aula ando
    por pasillos fatuos y volátiles
    siguen su curso
    para vencer la muerte
    en vida consciente
    mis niños, mis niñas
    creando amorosos estoy…”

    A. Castellanos L. 2018

      Entre los ataques de la derecha y las pifias intencionales de Mario Delgado y secuaces contra la UPN, el IPN, la CNTE y la inmensa mayoría de la docencia activa en México, además de los golpes sistemáticos y dolorosos contra la autoridad de cada persona docente en el aula, la educación va perdiendo valor porque en la actualidad no basta con tener un título de nivel licenciatura, de maestría o de doctorado para recibir un salario digno y suficiente para vivir en la medianía a la que se refirió el Presidente Benito Juárez García.

      Los salarios mínimos se incrementan, pero el costo de la vivienda y el sustento general se incrementan muy por encima de la inflación declarada, ya sea por la Secretaría de Hacienda, por el Banco de México o por el INEGI. Hay demasiados bienes y servicios que no son contemplados por ese resultado estadístico.

      En regiones del trópico húmedo es necesario impermeabilizar, repintar y restaurar las viviendas al menos dos veces al año para que el deterioro no convierta ese mantenimiento en impagable para, incluso, la clase media ilustrada. La única solución es abusar del crédito, que después se convierte en una carga imposible de llevar y se convierte en una terrible bola de nieve que termina en avalancha que arrasa con la economía de las familias, lo que redunda en una inestabilidad emocional que no hay sicólogo o siquiatra que resuelvan.

      Se trata de un signo del abuso sobre la gente provocado por un sistema económico y político que degrada a la persona y la concibe solamente como fuerza de trabajo y como mercancía barata, porque siempre habrá quien puede venderla por un menor precio, por eso la pobreza le conviene al capital.

      La lucha de las personas que se emplean en el gobierno o en las empresas, siempre será vista como subversiva y por ende se criminalizará, tal como ocurrió con el EZLN en el pasado, o con los líderes indígenas en la actualidad, estos que acusan a los tres niveles del gobierno por complicidad con Los Ardillos en Guerrero en su camino a exigir demandas comunitarias y obras de infraestructura en una reunión prevista con autoridades estatales. Así funciona el Estado en defensa del capitalismo.

      Si la educación puede generar una conciencia de clase colectiva, como es el intento de la Nueva Escuela Mexicana a través de los Libros de Texto Gratuitos, la derecha y los neoliberales que siguen enquistados en el Gobierno Federal, harán todo cuánto puedan para detener cada intento, pero los avances se irán reflejando en la conciencia popular, que empezó a despertar poco antes de los comicios de 2018 y que ahora tratan de dormir en complicidad con los medios tradicional y algunos de los supuestamente alternativos, pero que ha despertado y empieza a escampar e irá consiguiendo cada vez más victorias, aunque el “Norte Cruel”, como llamado así por José Martí a los Estados Unidos de América, haga berrinche anaranjado. El ejemplo cubano debe ser muestra para todos y la lucha petrista en Colombia también.

      La amenaza contra la Nueva Escuela Mexicana y la concientización del Pueblo desde el aula, no se va a detener, bien dijo Andrés Manuel López Obrador, esto ya nadie lo detiene. La lucha sigue y sigue, ahí están la CNTE, el Frente Nacional por las 40 Horas, el Frente Anti Gentrificación en la CDMX, el Frente Antiimperialista Mexicano y otros.

      Continúo con la siguiente fracción del texto de Joaquín Ortega Arenas.

      LA SILENCIADA HISTORIA DEL MOVIMIENTO MAGISTERIAL-POPULAR QUE INICIÓ LA CNTE. 3ª y Última parte.

      En 1988, llegó a la Presidencia de la República un criminal sujeto que sirvió perfectamente a los intereses de Estados Unidos en México, al negociar secretamente e imponer a todos los mexicanos un Tratado de Libre Comercio que significó el desmantelamiento de las cadenas productivas, la quiebra de cientos de miles de empresas nacionales y el desempleo de millones de trabajadores. Tras un escandaloso fraude electoral y asesinar a cientos de opositores, el señor Salinas de Gortari quiso aplacar la inconformidad, la resistencia y la dignidad de los maestros colocando en la secretaría general del SNTE a la cínica y corrupta lideresa Elba Esther Gordillo Morales, en sustitución del anterior cacique sindical. La señora Gordillo llegó con la promesa de “dignificar y democratizar al sindicato y al gremio magisterial”.

      Salinas había asesinado a la sirvienta de su casa cuando niño (ver noticia en Internet, Excélsior 1951), durante su campaña por la Presidencia fueron asesinados más de 500 opositores, así como los dos principales asesores electorales de Cuauhtémoc Cárdenas, el candidato que iba ganando antes de que el secretario de gobernación anunciara la “caída del sistema de cómputo”. Así que Salinas estaba interesado en limpiar su imagen: sustituyó al cacique Carlos Jongitud Barrios por Elba Esther Gordillo en 1989; el mismo año sustituyó al corrupto líder petrolero Joaquín Hernández Galicia por otros líderes corruptos; luego continuó pagando millones de pesos en publicidad a periodistas de prensa, radio y televisión para que atacaran con rabia a los movimientos de maestros, choferes y obreros independientes. Al terminar su negro sexenio ordenaría asesinar al candidato a la Presidencia de la República por su propio cartel-partido (el PRI), Luis Donaldo Colosio, y a su cuñado y secretario general del mismo grupo, Francisco Ruiz Massieu.

      Pero pese a que andaba con la cola entre las patas y hasta en huelga de hambre se puso por el encarcelamiento de su hermano Raúl durante el gobierno de Zedillo, nada se procedió en su contra pues fue tal la riqueza que concentró en favor del capital transnacional y en unas pocas manos de corruptos nacionales que pudo más la capacidad de corromper. A tal grado que, con el tiempo y la labor de los medios y la intelectualidad mediocre y servil al sistema, pasó de ser uno de los presidentes más despreciables que ha tenido México, para convertirse en “uno de los hombre más inteligentes y emprendedores”, según algunos intelectuales mediocres.

      La putrefacción del sistema político se tragó con mucha facilidad a todos los partidos buscadores de registro y de puestos públicos, particularmente los de la claudicante “izquierda” que renegó a todos los principios que decía defender al caerse los gobiernos estatistas del bloque soviético que los alentaban. El propio señor Cárdenas dejó pronto de denunciar los fraudes y crímenes de Salinas a cambio de cargos en el gobierno del DF y, tras querer convertirse en candidato eterno a la Presidencia de la República, terminó como empleado de quinta en los gobiernos capitalinos del PRD. Dogmáticos, incapaces de asimilar, analizar y dar proyección a los acontecimientos, pero, sobre todo, corrompidos con los millones que el gobierno les otorgó con el único fin de embaucar a la población votantes con la simulación de la democracia burguesa, estos partidos paraestatales hoy día no se distinguen en absoluto de ninguno de los partidos del sistema capitalista. Degenerados, vulgares, cínicos, corruptos, han reducido su lucha a quitar a unos gobernantes para poder a otros, reproduciendo todos los vicios del sistema.

      Las crisis y fraudes que ya se han hecho permanentes, los robos de los recursos públicos, y la extraordinaria pobreza de la mayoría de la población, hicieron surgir coordinadoras y fuertes movimientos gestionarios radicales de campesinos, colonos y comerciantes como una efímera esperanza para resolver los problemas de México, sobre todo, después de los sismos de 1985. Pero pronto el pueblo se desencantó de tales procesos pues, salvo excepciones respetables, en su mayoría fueron absorbidos por el sistema que todo lo corrompe. Y aunque estos movimientos ayudaron a resolver algunas necesidades sociales urgentes para evitar la degradación social total, la mayoría de ellos pronto quedaron reducidos a grupos de presión para obtener prebendas y puestos en el gobierno y en los prostituidos cargos de “elección popular”, alquilando sus franquicias a un partido o a otro y utilizando a sus afiliados como fuente de ingresos y de venta de votos para el mejor postor. ¡triste destino para estos movimientos y para los dirigentes que se han dejado vencer; gran experiencia para los que se sostienen como bastiones de la lucha obrera, magisterial y popular independiente!

      Para la primera década del siglo XXI, el movimiento magisterial pudo consolidar la conquista de importantes secciones sindicales democráticas en Distrito Federal, Chiapas, Guerrero y Michoacán, a base de medidas de presión como paros, manifestaciones multitudinarias, plantones, bloqueos de vías de comunicación y de oficinas públicas, entre otros, colocándose a la vanguardia de las protestas y de las acciones sociales más importantes que se han registrado en México.

    1. Votos y el agua

      Votos y el agua

      Primero algunos antecedentes, por decirlo así: en EUA, la ultraderecha tuvo la brillante, novedosa y democrática idea de quitarle el voto a la mujer (parte del movimiento tradwife), con el pretexto de que ahora sea un voto por familia; corte a: en México, la que es profesora de derecho constitucional (no importa de qué universidad), que se ha hecho, digamos, “famosa”, externó otra idea totalmente democrática: “para poder votar hay que estudiar”, o sea, convertir el derecho del voto, que lo da la propia Constitución, en un privilegio; sí, privilegio, porque para algunos mexicanos estudiar es un privilegio.

      Para que después Javier Albarrán, panista –obviamente–, proponga que ahora sea un voto por cada familia, para que, según la ultraderecha, casi seguro que toda la derecha, el voto sea más racional, siguiendo la misma línea de la supuesta profesora de derecho constitucional, y por si no fuera poco, esta sujeta aclaró que prefiere una dictadura a la democracia mexicana.

      Lo que nos lleva a las sig. inquietudes:

      • Desde que ganó AMLO en 2018, según la derecha/oposición/prianistas, estábamos en una dictadura, entonces no era cierto…
      • AMLO, la 4T, Morena, los chairos querían quitar el derecho del voto y el derecho a la democracia, para que ahora los supuestos defensores de la misma sean los que realmente quieren terminar con ella.
      • ¿Dónde andan las feministas, que no protestado por estas ideas tan “democráticas”, o será que siempre han sido grupos pagados desde la derecha…?

      Y estos dichos totalmente antidemocráticos se vienen antes de la cumbre antiultraizquierda que organiza el copetes naranjoso o Trump, que un nombre más adecuado sería la cumbre de la ultraderecha, que, por cierto, el Borolas, que aún cree que es presidente de México, estará en la reunión de retrógradas; seguramente estará también #laperritadetrump y demás fauna proultraderecha de México.

      Esta cumbre será organizada en las sombras por el bloque sionista ultraderechista/neonazi (el mismo que gobierna Israel) y que puso a Trump como representante (con eso de que parece que es el empleado de los sionistas).

      Y ya que hablamos de los sionistas, judíos, Israel, ¿qué carajos pasa con el Gobierno federal que no toma acción en el asunto del agua en Chihuahua? ¿Cómo la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, prácticamente entregó el agua a los israelíes, y el Gobierno federal no hace nada?

      ¿O se necesita que el caso se haga viral, para que la presidenta voltee y empiece a ver qué hará? Porque con eso de que los casos graves de México se tienen que hacer “virales”, para que la presidenta empiece a tomar cartas en esos asuntos.

      Por mientras, y para que el caso se haga más viral, el 1 de agosto se harán marchas, a partir de las 9:30 a. m., para defender el agua mexicana, a ver si así reacciona el Gobierno federal y empieza a actuar. Aunque hay antecedentes de la ahora presidenta, en sus tiempos de jefa de Gobierno de la Ciudad de México y de cuando era delegada/alcaldesa de Tlalpan, de sus varios intentos por “privatizar el vital líquido”, solo que en todas esas veces fue parada en seco por AMLO. Si esto llegara a suceder, nos tocará al pueblo recordarle que el agua mexicana no se vende y que la soberanía se defiende.

      Y por supuesto no podemos dejar que avance la idea de un voto racional o un voto por hogar; el voto es un derecho individual y constitucional de cada mexicano (en este caso, mayor de edad).

      Y menos podemos permitir que sujetos como Pedro Sola sigan difundiendo sus comentarios llenos de odio y promoviendo la violencia sin que tenga alguna repercusión para él y para sus empleadores.

      Sigamos haciendo que el hashtag #laperritadetrump siga vigente.

      No se les olvide, este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

      Gracias.

    2. Preguntas infelices

      Preguntas infelices

      Debo aprender a contentarme con ser más feliz de lo que merezco.
      Jane Austen, Orgullo y prejuicio.

      Si el país se está cayendo a pedazos, como chillan y chillan el chisguete rosa y el prianismo en pleno, ¿por qué será que las mexicanas y los mexicanos somos cada vez más felices? ¿Por qué será que en 2021, cuando le preguntaron a la gente qué tan satisfecha(o) se encuentra actualmente con su vida, en promedio se autocalificó con 8.45, de por sí alto, y cuatro años después, en 2025, con un 8.62, que se acerca más a 9 que a 8? ¿Por qué será que los hombres siguen declarando que se sienten un poquito más satisfechos con su propia vida que las mujeres? Porque, efectivamente, resulta que según los más recientes resultados de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE), levantada por el INEGI en julio del año pasado, mientras que el 59.8% de las mujeres se dijeron totalmente satisfechas con su vida, en el caso de los hombres fue el 61%.

      Ahora, ¿quiénes se sienten más plenos, los jóvenes, los adultos o la gente ya entrada en los últimos tramos de su existencia? Si usted responde que la cosa va proporcional, que entre más viejo mayor satisfacción con la vida… o menor…, pues no tanto. Del grupo de los más jóvenes, quienes andan entre los 18 y los 29 años de edad, 61.3% se dijeron totalmente satisfechos con su vida actual, un nivel muy alto, cierto, pero menor que los adultos jóvenes (de 30 a 44 años): 62% de ellas y ellos dijeron experimentar una satisfacción total con su vida. Luego, desafortunadamente, o la mayoría de las personas se vuelve más autocrítica o exigente o ya no le va tan bien: del grupo de edad de 45 a 59, quienes afirman sentirse plenos son ya solamente el 58.1%, mientras que para el caso de los más experimentados, de 60 y más, el porcentaje baja a 56.6 puntos. Ahora, tampoco es para ponerse muy ansiosos por lo que la vejez nos deparará: únicamente 2.2% de la gente de 50 años y más se dijo nada satisfecha con su vida.

      ¿Y en qué filas se encuentra más gente satisfecha con su vida, entre los solteros o entre los casados? La diferencia no es menor: mientras que de los solteros y solteras el 56.5% contestó sentirse totalmente satisfechos con su vida, la proporción entre los casados sube a 63.4% Claro, los separados, divorciados y viudos no están mejor: 51.8%

      ¿Y qué, tiene caso estudiar? Una tendencia se mantiene: estudiar puede que no necesariamente sirva para amasar más dinero, pero de que ayuda a andar más satisfechos por la vida, ayuda, sin duda. Dicho en corto, a mayor escolaridad, mayor satisfacción total con la vida: nivel básico, 57.9%; nivel medio superior, 59.9%, y nivel superior, 62.7%

      Ahora un dato para quitarle un poco tanta carga romántica al asunto: la estadística comprueba lo que el sentido común dicta: ¿quiénes reportan mayores niveles de satisfacción con la vida, los hombres y las mujeres que tienen algún tipo de discapacidad o quienes no la tienen? 62.9% de quienes no la padecen se reportan totalmente satisfechos con su vida, en tanto que apenas 43.7% de quienes sí la presentan contestaron lo mismo.

      Curioso. ¿En qué entidades de la República se encuentra la gente más satisfecha con su vida? Ni en la más urbanas ni en las más rurales, ni en las más pobres ni en las más ricas. Los estados de México en donde se reportaron los promedios más altos de satisfacción con la vida en 2025 fueron norteños: Coahuila (8.85), Tamaulipas (8.79) y Durango (8.78), mientras que del otro lado, encontramos a tres estados costeros: Michoacán (8.48), Tabasco (8.37) y Oaxaca (8.32).

      Pregunta de Perogrullo: ¿la soledad y la sensación de satisfacción con la vida son condiciones aparejadas? Obviamente: De cada 10 personas que reportaron nunca haber sentido soledad en el mes previo a la encuesta, 7 se dijeron totalmente satisfechas con su vida.

      ¿En qué ámbitos personales se reportaron los promedios más altos de satisfacción? Pues aquí tenemos malas noticias para las tías panistas que juran que en México vivimos en una dictadura: la gente calificó con casi 9 la “Libertad para decidir sobre su vida” (8.9). Las relaciones familiares siguen siendo un factor crucial tanto para el tejido social de este país como para la felicidad de las personas: con 8.8 calificamos nuestros lazos familiares. ¿Y cuál fue el ámbito peor calificado? Claro, el nivel económico…, sin embargo, la calificación es aprobatoria: 7.45 en el caso de las mujeres, 7.55 en el de los hombres. Por cierto, en los ámbitos personales en los que se observa mayores diferencias entre la satisfacción que se reportan por sexo son “Salud mental o emocional” y “Situación o relación afectiva”, con 8.54 para varones y 8.15 para las féminas, y 8.21 y 7.82, respectivamente.

      A final de cuentas y promedios, estas cifras funcionan como un espejo incómodo para quienes han hecho del catastrofismo su principal herramienta política. ¡Sigan siendo infelices porque México está contento! Mientras el ruido constante intenta convencernos de que todo se desmorona, la realidad reportada por los propios mexicanos cuenta una historia de resiliencia y, sobre todo, de satisfacción cotidiana. Quizás la pregunta infeliz no sea la que se hace el ciudadano sobre su bienestar, sino la que deberían plantearse aquellos que, ante la evidencia de un país que se siente satisfecho, insisten en negarlo porque no tienen otra cosa que gritar.

    3. Aguas

      Aguas

      En los últimos días ha dado mucho de qué hablar la polémica en torno a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, luego de la difusión de audios relacionados con presuntos contactos con personas que se presentaban como intermediarios de autoridades estadounidenses. La propia mandataria reconoció la autenticidad de las conversaciones, aunque sostiene que fue víctima de un engaño organizado por terceros y que nunca tuvo intención de comprometer información sensible ni de actuar fuera de los cauces institucionales.

      El tema ha provocado un intenso debate político. Por un lado, existe quien considera que cualquier acercamiento con agencias estadounidenses constituye un acto cuestionable. Por el otro, también existe una realidad que pocas veces se explica con claridad: la cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad no es nueva ni extraordinaria. Desde hace décadas ambos países mantienen mecanismos permanentes de intercambio de inteligencia para combatir el narcotráfico, el tráfico de armas, el lavado de dinero, el tráfico de personas y el terrorismo. Esa coordinación forma parte de la relación bilateral y está respaldada por acuerdos entre ambos gobiernos.

      Conviene hacer un paréntesis importante. Desde 2025 la gobernadora y su entonces esposo, Carlos Torres, hicieron pública la cancelación de sus visas estadounidenses. Estados Unidos nunca informó oficialmente las razones de esa decisión, mientras que ambos han sostenido públicamente que no existe una acusación formal en su contra y han negado cualquier conducta ilícita.

      Al mismo tiempo, en el espacio público han circulado diversas versiones sobre presuntas investigaciones financieras, propiedades en Estados Unidos y posibles indagatorias relacionadas con el entorno del exesposo de la gobernadora. Sin embargo, hasta este momento muchas de esas afirmaciones no han sido confirmadas oficialmente por autoridades estadounidenses ni mexicanas, por lo que deben entenderse como versiones y no como hechos acreditados.

      Y aquí es donde, desde mi punto de vista, vale la pena hacer una reflexión.

      Si una autoridad de otro país solicita una entrevista, una declaración o un intercambio de información dentro del marco legal, ¿realmente eso convierte automáticamente a una persona en culpable?

      La respuesta debería ser no.

      En Estados Unidos, particularmente agencias como el FBI, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), la DEA o el Departamento de Justicia, realizan miles de entrevistas durante investigaciones que jamás terminan en una acusación penal. Formar parte de una investigación no equivale a ser declarado responsable. La investigación existe precisamente para determinar si existen o no elementos suficientes.

      Por ello me parece equivocado que algunos pretendan convertir una reunión, una llamada telefónica o una entrevista en una sentencia anticipada. El debido proceso existe precisamente para evitar que una persona sea condenada únicamente por la opinión pública.

      Si alguien tiene la certeza de su inocencia, comparecer acompañado de su abogado no debería representar un problema. Al contrario, es la oportunidad para aclarar cualquier duda y cerrar cualquier investigación con transparencia.

      Naturalmente, si en algún momento existieran pruebas contundentes sobre la comisión de un delito, entonces corresponderá a las autoridades actuar conforme al derecho. Pero mientras eso no ocurra, tampoco resulta correcto construir culpabilidades únicamente sobre rumores, filtraciones o especulaciones.

      Un tema distinto, aunque relacionado, es la cooperación judicial entre ambos países.

      Recientemente la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a mencionar el caso del exgobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, cuya situación jurídica continúa siendo objeto de controversia entre México y Estados Unidos. Independientemente de ese caso en particular, también vale la pena preguntarse si la cooperación bilateral debería extenderse para revisar la situación de otros personajes vinculados históricamente con organizaciones criminales que hoy permanecen en territorio estadounidense bajo distintas figuras legales, incluyendo algunos testigos colaboradores.

      Los acuerdos de colaboración con fiscales federales estadounidenses han sido una herramienta importante para desmantelar organizaciones criminales. Sin embargo, también generan cuestionamientos cuando algunos de esos colaboradores recuperan su libertad o continúan manteniendo influencia sobre estructuras delictivas desde el extranjero, según han documentado distintos procesos judiciales y reportajes de investigación.

      La cooperación internacional no puede convertirse en un mecanismo selectivo. Si el objetivo común es combatir al crimen organizado, entonces la colaboración debe alcanzar tanto a funcionarios públicos eventualmente investigados como a integrantes de organizaciones criminales que continúan representando un riesgo para ambos países.

      La justicia no debe distinguir entre colores partidistas, cargos públicos o antecedentes criminales. Debe distinguir únicamente entre pruebas y ausencia de pruebas.

      Al final, ni toda investigación significa culpabilidad, ni toda cercanía con autoridades extranjeras constituye una traición. Lo verdaderamente importante es que las investigaciones se conduzcan con profesionalismo, respeto al debido proceso y absoluta transparencia.

      Porque cuando la justicia se convierte en espectáculo político, pierde la sociedad. Pero cuando la justicia trabaja con evidencia, sin importar el nombre, el cargo o el partido, entonces gana el Estado de derecho.

    4. Dos nuevos partidos

      Dos nuevos partidos

      Durante meses, la discusión giró en torno a qué organizaciones lograrían convertirse en nuevos partidos políticos nacionales. Hoy esa etapa ha quedado atrás después de que el INE otorgó el registro a PAZ y a Somos México, con lo que nuestro sistema de partidos suma dos nuevos actores rumbo a las elecciones de 2027. Aquí la cuestión de fondo es si alguno será capaz de romper con la lógica que durante décadas terminó alejando a la ciudadanía de la política.

      Los datos son contundentes: en la elección presidencial de 2024 participó el 61.04 % de la lista nominal, es decir, cerca de cuatro de cada diez mexicanos decidieron mantenerse al margen del proceso electoral. Por eso resultaría simplista concluir que todo abstencionista rechaza la democracia; más bien, esa abstención refleja la realidad del ciudadano que ha dejado de creer que los partidos representan sus preocupaciones cotidianas. Ahí radica el verdadero desafío de las nuevas fuerzas políticas.

      En este contexto habría que ser claros, pues las dos organizaciones llegan con historias muy distintas. Por un lado, PAZ no aparece de la nada, su origen se encuentra en experiencias partidistas anteriores, particularmente en la trayectoria del Partido Encuentro Social y, posteriormente, del Partido Encuentro Solidario. Esa experiencia organizativa, independientemente de la valoración que cada quien haga de ella, le permitió construir una estructura territorial, celebrar asambleas, cumplir, (incluso rebasar) los requisitos legales para recuperar su presencia nacional. Como he sostenido en entregas anteriores, más allá de las siglas, hoy el verdadero reto para PAZ consiste en demostrar que esa experiencia acumulada puede traducirse en una propuesta política renovada y no únicamente en la reedición de un proyecto conocido. El caso de Somos México es diferente. Buena parte de sus dirigentes provienen de otros partidos políticos y diversas figuras públicas vinculadas al proyecto cuentan con antecedentes en instituciones electorales y en la denominada “Marea Rosa”. Ese origen, visto de manera objetiva, no constituye, por sí mismo, un defecto ni una virtud, siempre y cuando sus dirigentes demuestren que representan algo más que una nueva denominación para los mismos liderazgos que durante años participaron en el sistema de partidos que hoy la propia ciudadanía cuestiona. Pero, en ambos casos, existe una prueba inevitable, toda vez que, durante décadas, los partidos mexicanos perfeccionaron una maquinaria burocrática extraordinariamente eficiente para administrar candidaturas, prerrogativas y cuotas internas, por encima del compromiso de escuchar de manera permanente a la sociedad organizada. Quizá por eso el ciudadano ya no busca solamente plataformas ideológicas, sino resultados concretos y, sobre todo, que los representantes permanezcan en las comunidades cuando terminan las campañas y privilegien las causas sociales más allá de los calendarios electorales.

      Los actores políticos hoy deben comprender que la democracia mexicana cambió profundamente desde 2018; la ciudadanía dispone de mayor información, participa con intensidad en el debate público y exige respuestas inmediatas frente a problemas concretos. Por lo tanto, esa transformación obliga a los partidos a evolucionar, pues mantener la ruta de reproducir estructuras verticales, centralizadas y burocráticas no es otra cosa más que ignorar el cambio cultural que vive el país. Por ello, el éxito de las dos nuevas fuerzas, con todo y sus procedencias, tendrá que ir más allá del punto de vista cuantitativo para 2027 y requerirá de lo cualitativo, es decir, demostrar que aprendieron las lecciones que llevaron al desgaste del sistema partidista mexicano. La cuestión es muy simple: un partido verdaderamente tiene que definirse por su forma de ejercer la política, y eso pasa por abandonar las viejas prácticas del reparto de posiciones, del oportunismo electoral o de las dirigencias alejadas de la sociedad. Sólo así podrán aprovechar la oportunidad histórica que se les presenta.

      Hoy se requiere construir una organización donde las causas sociales pesen más que las cuotas internas, donde la ciudadanía participe más allá de las elecciones y donde el diálogo sustituya a la burocracia partidista, pues ha llegado la hora ineludible de cambiar la forma de hacer política en México.

      • Luis Tovar
        Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMA A.C.
    5. ¿Quién le pone un alto a Estados Unidos?

      ¿Quién le pone un alto a Estados Unidos?

      Esa es la pregunta que cada vez más personas nos hacemos. ¿Hasta cuándo se seguirá tolerando la política de Estados Unidos que deriva en abusos, arbitrariedades y, en la muerte de migrantes?

      ¿Hasta cuándo las acciones de ICE seguirán acumulando denuncias de abusos, sin que haya investigaciones transparentes y responsabilidades claras?

      No estamos hablando de cifras estamos hablando de hombres y mujeres que salieron a trabajar, no a declarar una guerra, de seres humanos que durante décadas han contribuido a la economía estadounidense y que merecen no ser perseguidos y asesinados.

      Hay que exigir responsabilidades, utilizar todos los instrumentos diplomáticos y legales disponibles, denunciar las violaciónes a los derechos humanos y dejar claro que la vida de un mexicano no puede tratarse como desechable.

      Ha llegado el momento de que la defensa de nuestros paisanos deje de ser un discurso y se convierta en una prioridad permanente del Estado mexicano, porque guardar silencio frente a la injusticia nunca ha sido una opción digna.

      Frente a ello, la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido la correcta, no guardar silencio, demandar investigaciones cuando un connacional pierde la vida y recordar que la protección de nuestros migrantes no es un favor que se le pide a otro país, sino una obligación irrenunciable de nuestro gobierno.

      A la memoria de nuestros paisanos, mi respeto, a sus familias, mi abrazo, y a México, el compromiso de no guardar silencio hasta que la vida de nuestros migrantes sea respetada y la justicia deje de tener fronteras.

      Les mando un abrazo fraterno

    6. Veracruz, el arte desdeñado

      Veracruz, el arte desdeñado

      Un hábito en los gobiernos de la 4T que se convirtió en vicio: ampararse sólo en la cultura de los pueblos originarios y negar el resto de las expresiones artísticas.

      Nadie niega la trascendencia de dichas obras y verdaderos monumentos al arte nacional, aportaciones invaluables al mundo, pero hay estados que se olvidan de promocionar las expresiones de quienes fuera de ese ámbito exaltan con lucidez y talento la cultura de su estado.

      Una de las razones por las cuales existe esta simulación es la de esconder la ignorancia de os funcionarios responsables, que no saben distinguir ni en las artes plásticas ni en la música lo que tiene calidad y lo que carece de ella.

      El arte y la cultura es donde se hace más evidente la falta de conocimientos que cumplan con los requisitos mínimos de educación cultural de alto nivel y que esté a la altura de las expresiones artísticas de jóvenes talentos de cada entidad.

      Veracruz es un claro ejemplo de esto. Pocas entidades cuentan con un gabinete de gobierno tan mal preparado como el de Rocío Nahle.
      En cuanto al arte y la cultura se repiten una y otra vez conciertos, concursos, exposiciones de bolero, danzón, sones, zapateado y una serie de manifestaciones tradicionales de la entidad; sin embargo, la Universidad Veracruzana, que es pública, cuenta con una directora General del Área Académica de las Artes, con un Coordinador del Centro de Estudios del Jazz, con un Director de Proyectos. De ahí surgen verdaderos talentos de la música, que deben tener en el gobierno estatal un apoyo oportuno.

      Funcionarios públicos defienden esta postura asegurando que ese tipo de eventos carece de un público numeroso, pero si no lo difunden cómo puede haber gente que asista. No hace falta gran talento para encontrar espectáculos de los jóvenes valores veracruzanos que terminan por abandonar el estado en busca del reconocimiento que sus autoridades no saben que poseen.

      El danzón y el bolero tienen su público, es respetable, pero no pueden sustituir a las nuevas expresiones musicales sino que se complementan pero como nunca escuchan lo que en el presente existe, desconocen si hay calidad en los jóvenes que ven que sus autoridades no les tienen confianza, lo que pasa es que no tienen la preparación suficiente para identificar la calidad.

      Los eventos culturales no son mítines para llenar las plazas, pero son parte esencial de la política que suma a quienes están fuera, y es esto lo que le hace falta, ahora más que nunca, a la 4T.

      Parecería que la difusión de las grandes obras de los artistas de pueblos originarios se recicla antes de otorgar espacios a las expresiones contemporáneas del arte en México. No se reemplaza nada, se adiciona porque México está vivo en el pasado con la historia, en el presente con sus creadores hoy y en el futuro con la esperanza de un gran proyecto político, al que involuntariamente golpean con su ignorancia.

    7. México ganó mucho más que partidos

      México ganó mucho más que partidos

      Hay acontecimientos que trascienden el momento en que ocurren. La Copa Mundial de la FIFA 2026 no solo dejó partidos memorables en territorio mexicano; dejó una demostración de que el país tiene la capacidad institucional, la infraestructura y el talento para organizar con éxito un evento de alcance global.

      Desde mi perspectiva, uno de los mayores aciertos fue que las sedes mexicanas proyectaron una imagen de orden, hospitalidad y convivencia. En tiempos donde la conversación pública suele centrarse en los problemas de seguridad, el Mundial permitió mostrar un México distinto: uno abierto al mundo, capaz de recibir a miles de visitantes en un ambiente de celebración.

      El mayor legado, sin embargo, no está en los estadios. Está en las obras que permanecerán durante décadas: mejoras en movilidad, rehabilitación de espacios públicos, infraestructura deportiva y renovación urbana. Ese tipo de inversiones fortalecen la competitividad de las ciudades y benefician a la población mucho después del torneo.

      Es cierto que toda inversión pública debe ser evaluada con rigor. Pero también es cierto que los grandes eventos pueden acelerar proyectos estratégicos que de otra manera tardarían años en concretarse. Cuando el resultado son ciudades mejor conectadas, espacios públicos recuperados y una mejor proyección internacional, el beneficio trasciende lo deportivo.

      México hizo historia al convertirse en el primer país en albergar tres Copas del Mundo masculinas. Esa condición implica prestigio, pero también responsabilidad. A mi juicio, las sedes mexicanas estuvieron a la altura y demostraron que el país puede competir con cualquier nación en la organización de eventos internacionales.

      El Mundial no resolverá por sí solo los desafíos nacionales. Sin embargo, sí deja una enseñanza clara: cuando existe coordinación institucional, planeación y visión de largo plazo, los grandes proyectos pueden traducirse en bienestar, desarrollo económico y orgullo nacional. Ese será, probablemente, el verdadero triunfo de México cuando el torneo sea recordado dentro de varios años.