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La verdadera reforma debe transformar las Fiscalías
La idea de que cambiar el mecanismo de selección de las personas juzgadoras, mediante su elección por voto popular, terminaría por sí mismo con la impunidad y la corrupción en México parte de un diagnóstico equivocado del funcionamiento de la justicia penal. La corrupción y la impunidad no se originan únicamente en la forma en que se designa a quienes juzgan. El sistema penal involucra a policías, fiscalías, peritos, defensores, autoridades penitenciarias y, por supuesto, órganos jurisdiccionales. Si las redes de corrupción pueden operar desde la investigación de un delito, manipular una carpeta, fabricar una imputación o utilizar indebidamente las facultades del Estado, cambiar únicamente el mecanismo de selección de los juzgadores no resuelve las causas que permiten que esas prácticas ocurran y, mucho menos, garantiza por sí mismo que desaparezcan.
Cualquiera que haya caminado por los pasillos de una agencia del Ministerio Público, que conozca cómo funcionan las fiscalías, sabe con absoluta certeza dónde se vende el destino de las víctimas y cómo el pobre es aquel que no encuentra justicia y, en muchos casos, siendo inocente, termina en prisión. El juez no sale a perseguir criminales a la calle ni levanta casquillos en la madrugada; el juez resuelve con el expediente que le llevan a la mesa, con lo que las partes ponen a su vista. Y es precisamente en ese primer eslabón, en los escritorios grises de las fiscalías locales y federales, donde la justicia en este país no solo se detiene: se vende, se negocia o se pudre.
Las cifras oficiales no alcanzan a retratar la tragedia humana, pero exhiben la dimensión del engaño. De acuerdo con el INEGI, más del 93 % de los delitos que se cometen en México ni siquiera se denuncian. La gente no deja de ir por flojera o indiferencia; no va porque sabe que entrar a una fiscalía es someterse a una segunda victimización, a horas de maltrato, a pedir favores y a toparse con servidores públicos que miran el reloj esperando dinero para mover una sola hoja. Y de ese raquítico porcentaje que sí se atreve a denunciar, la inmensa mayoría de las carpetas van a dar a un cajón en el olvido. La efectividad real del sistema no llega ni al 2 %. ¿De qué sirve transformar juzgados si la materia prima que llega a ellos está podrida desde el origen?
La corrupción y la falta de vocación ministerial operan con dos rostros descarados. Por un lado, la desprotección más miserable hacia los vulnerables. Y lo viví como abogada postulante de forma recurrente: mujeres víctimas de violencia extrema, delitos sexuales o agresiones intrafamiliares, víctimas que tienen que mendigar medidas de protección; madres que deben pagar de su propia bolsa la gasolina de la patrulla para que vaya a notificar, o que tienen que conseguir por sus propios medios las grabaciones de las cámaras de seguridad antes de que se borren, porque el agente del Ministerio Público a cargo «no tiene personal», o hubo una «falla técnica y se borraron». Si la víctima o el imputado es pobre, su carpeta está muerta o tarda años en judicializarse. Esa indolencia no es falta de presupuesto ni cansancio burocrático: es una forma perversa de violencia institucional y de un negocio que tiene atrapados a los ministerios públicos.
Por otro lado, opera una justicia a la carta para los ricos y los influyentes. Mientras una fiscalía puede mantener congelada la denuncia de una mujer violentada, aun cuando existen pruebas, también puede fabricar en cuestión de días una investigación penal para obtener una orden de aprehensión al servicio de un despacho influyente o de intereses políticos. Se inventan delitos patrimoniales para cobrar venganzas comerciales, se convierten controversias civiles en supuestos fraudes penales y se utiliza la amenaza de la cárcel como instrumento de extorsión. Y cuando un juez, con rigor constitucional, frena esos atropellos, como ocurre frente a detenciones ilegales sustentadas en informes falsos de supuesta flagrancia elaborados desde un escritorio, las redes de corrupción reaccionan utilizando el dolor de las víctimas y su desconocimiento jurídico para linchar mediáticamente al juzgador y ocultar su propia responsabilidad.
Sería injusto, sin embargo, desconocer que también existen agentes del Ministerio Público que trabajan con honestidad, que se esfuerzan por hacer justicia y que genuinamente buscan ayudar a las personas. El problema es que, en determinadas instituciones, las redes de corrupción son tan profundas que terminan por involucrar, someter o convertir en instrumentos de sus intereses incluso a quienes inicialmente no forman parte de ellas. Hay quienes participan directamente y quienes, bajo presiones, instrucciones o amenazas de sus propios compañeros o superiores, terminan ejecutando actos que nunca debieron ocurrir. El resultado es el mismo para quien enfrenta un proceso penal: investigaciones manipuladas, detenciones ilegales, informes falsos de supuesta flagrancia elaborados desde un escritorio y decisiones que pueden destruir una vida. Cuando un juez, con rigor constitucional, frena esos atropellos, esas mismas redes pueden utilizar el dolor de las víctimas y su desconocimiento jurídico para desacreditar públicamente al juzgador, mientras ocultan su propia responsabilidad.
Hablemos claro: la autonomía de las fiscalías se convirtió en un cheque en blanco para el compadrazgo y la impunidad interna. Se autonombraron intocables, pero siguen subordinadas al poder político en turno y a los intereses fácticos de sus titulares. Adentro no asciende quien investiga con rigor científico, ética o perspectiva de derechos humanos; asciende quien obedece consignas, quien cuida las espaldas a los mandos y quien sabe qué expedientes no deben tocarse jamás. Sus órganos de control interno y sus visitadurías son simples figuras de adorno, diseñadas para tapar los delitos de casa y castigar únicamente al que no se alinea a la red.
La ciudadanía tiene que mirar de frente la raíz del problema. No habrá paz, verdad ni reparación del daño mientras existan fiscalías en las que la discrecionalidad, la opacidad y la corrupción permitan que una denuncia no sea debidamente investigada, que una investigación se utilice para favorecer intereses particulares o que una persona sea sometida a un proceso penal por razones ajenas a la justicia.
La reforma que realmente puede cambiarle la vida al ciudadano no consiste únicamente en modificar estructuras, cambiar nombres o mover funcionarios de una oficina a otra; exige instituciones capaces de investigar con independencia, de rendir cuentas sobre la actuación de sus agentes y sobre las determinaciones que adoptan en cada investigación, de explicar y justificar sus decisiones conforme a la ley y, sobre todo, de investigar y sancionar a quienes utilizan las facultades del Estado para cometer abusos. También implica proteger a los agentes del Ministerio Público que hacen correctamente su trabajo, para que no sean presionados, utilizados o silenciados por quienes pretenden convertir la procuración de justicia en un espacio de intereses particulares.
La justicia penal no comienza con la sentencia de un juez. Comienza mucho antes: en el momento en que una persona herida, asustada o vulnerada cruza la puerta de una fiscalía buscando ser escuchada y encontrar protección. Ahí empieza también la responsabilidad del Estado. Si esa persona encuentra indiferencia, corrupción, influyentismo, violencia o impunidad, el daño no termina en una carpeta mal integrada: se rompe su confianza en las instituciones y se debilita el Estado de derecho.
Por eso, combatir la corrupción en las fiscalías no es una cuestión administrativa ni un asunto interno de las instituciones; es una obligación frente a cada persona que deposita en ellas su libertad, su patrimonio, su seguridad y, muchas veces, la esperanza de obtener justicia.
Porque cuando el poder de investigar deja de estar al servicio de la justicia, puede convertirse en una de las formas más peligrosas de injusticia.

Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.
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Grecia Quiroz acusa una conspiración para sacarla del cargo en Uruapan
La alcaldesa asegura que quieren encarcelarla para “saquear” el municipio, aunque en su mensaje no presentó pruebas de una orden de aprehensión ni de un proceso para retirarla del cargo.
La presidenta municipal de Uruapan, Grecia Quiroz, volvió a colocar sobre la mesa una acusación de alto calibre: aseguró que hay quienes buscan meterla a la cárcel y quitarla del cargo para, según su versión, regresar a controlar los recursos del municipio.
Con un mensaje difundido en redes sociales, Quiroz afirmó que desde hace 10 meses enfrenta una supuesta campaña para desacreditarla y acusó a “los mismos corruptos de siempre” de estar detrás de una estrategia para desplazarla. Sin embargo, en el mensaje difundido por la alcaldesa no presentó pruebas públicas que acrediten una orden de aprehensión o un procedimiento para destituirla.

La presidenta municipal también habló de una presunta “guerra sucia” y señaló que incluso podrían utilizarse fiscalías para intentar sacarla del cargo. “Quieren meterme a la cárcel”, insistió, mientras aseguró que continuará denunciando presuntos actos de corrupción cometidos en administraciones anteriores.
El discurso de Quiroz convirtió las redes sociales en escenario de una nueva denuncia política, pues la alcaldesa presentó el supuesto intento de encarcelamiento como parte de una disputa por el control de Uruapan y sus recursos. Hasta el momento, las acusaciones sobre una operación para retirarla del cargo corresponden a su propia versión y no se acompañaron de documentación pública en el mensaje citado.
Quiroz sostuvo además que no teme a las campañas de desprestigio y afirmó que defenderá su honor, el de su familia y el de los habitantes de Uruapan. Mientras tanto, sus señalamientos colocan nuevamente a la alcaldesa en el centro de la polémica, ahora con una advertencia política que, por el momento, ella misma es quien sostiene.
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Grecia Quiroz busca amparo para no entregar celulares de Manzo: Yesenia Méndez
Yesenia Méndez sostiene que los teléfonos del alcalde asesinado podrían aportar información clave para esclarecer sus últimos días y las posibles conexiones alrededor del crimen.
La exsecretaria particular de Carlos Manzo, Yesenia Méndez, acusó a la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, de presuntamente buscar un amparo para evitar entregar los celulares del edil asesinado en noviembre de 2025 a la Fiscalía General del Estado de Michoacán (FGE).
Méndez acudió nuevamente ante la FGE de Michoacán para ampliar su declaración sobre el asesinato y pidió que se investigue la relación laboral y personal entre Quiroz y Samuel “N”, señalado como uno de los implicados en el crimen. Según la exfuncionaria, la alcaldesa estaría intentando frenar mediante la vía legal el requerimiento del Ministerio Público para realizar peritajes a los dispositivos.

“Tengo entendido que anda buscando una manera de ampararse para no tener la necesidad de entregarlos”, declaró Méndez ante medios. La excolaboradora de Manzo insistió en que el contenido de los teléfonos podría ser relevante para reconstruir conversaciones previas al atentado y esclarecer posibles vínculos dentro del entorno municipal.
Méndez también lanzó un llamado directo a Quiroz para entregar los aparatos: “El que nada debe, nada teme”, sostuvo, al señalar que incluso debería entregarse el teléfono de la propia alcaldesa para que las autoridades realicen las investigaciones correspondientes.
La exsecretaria particular además denunció que, tras su salida del Ayuntamiento de Uruapan, alrededor de 150 trabajadores habrían sido despedidos, entre policías, agentes de Tránsito, personal de confianza y empleados de la administración anterior. Afirmó que su despido y el de su esposo ocurrieron después de acudir ante la Fiscalía a declarar, por lo que consideró que se trató de una posible represalia.
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Cerimedo, tras las rejas: la Justicia boliviana ordena su ingreso a Palmasola
Un juez de Santa Cruz de la Sierra dispuso prisión preventiva por seis meses contra el consultor político argentino Fernando Cerimedo, acusado de intento de femicidio.
La resolución llegó este viernes tras una audiencia maratónica de casi seis horas en el Palacio de Justicia boliviano. El magistrado Wilson Espada avaló el pedido fiscal y ordenó el traslado de Cerimedo al penal de Palmasola. Ahí permanecerá mientras avanza la causa por el ataque armado contra su pareja, la abogada y activista Nadia Beller.
El fiscal había pedido inicialmente la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro, en La Paz. El juez optó finalmente por Palmasola, ubicada en Santa Cruz.
Un ataque planeado con precisión
Beller fue interceptada el lunes frente a un hotel de Santa Cruz de la Sierra. Dos hombres disfrazados de repartidores participaron del ataque. La mujer sobrevivió y permanece internada tras una cirugía.
Durante la audiencia, participó de forma virtual desde la clínica donde se recupera. Publicó fotografías con lesiones visibles en brazos y clavícula. Junto a las imágenes, escribió un mensaje directo: pidió que Dios perdonara a Cerimedo.
Su representación legal está a cargo del abogado Jerjes Justiniano. Según explicó, el alta médica de Beller todavía depende de nuevas evaluaciones.
Las comunicaciones bajo la lupa
La investigación se apoya en un elemento clave: las llamadas y los chats de WhatsApp del teléfono de Cerimedo. El propio consultor entregó el dispositivo a las autoridades tras su detención.
Medios bolivianos difundieron un informe fiscal con intercambios entre Cerimedo, Beller y un tercer hombre identificado solo con las siglas EGC. Beller también publicó parte de esas conversaciones en su cuenta de Facebook, antes de que comenzara la audiencia.
Ahora la Justicia deberá establecer qué relación guardan esos mensajes con el ataque. La clave es determinar si existen pruebas suficientes para sostener que Cerimedo ordenó o planificó el intento de asesinato.
La defensa busca revertir la detención
Los abogados Ernesto Giraldes y Margarita Arce presentaron varios recursos de nulidad durante la audiencia. Cuestionaron las condiciones del arresto, ocurrido el miércoles por la noche cuando Cerimedo llegaba al aeropuerto rumbo a la clínica.
También reclamaron por la demora en presentarlo ante la Justicia. Sumaron objeciones sobre la imputación, la difusión de sus conversaciones privadas y la falta de aviso a las autoridades diplomáticas argentinas.
Cerimedo negó ante la prensa haber planeado el ataque. Se declaró inocente. Al llegar al tribunal, rompió en llanto y pidió ver a sus hijos.
Con la decisión judicial ya firme, el consultor pasará los próximos seis meses detenido en Palmasola. La Fiscalía continúa reuniendo pruebas para definir su responsabilidad final en el caso.

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Fiscalía de Coahuila buscará pena máxima contra mujer que mató al perrito “Rocky”
La muerte del can agravó el proceso penal por maltrato animal y la imputada podría enfrentar hasta ocho años de prisión.
La Fiscalía General del Estado de Coahuila informó que solicitará la pena máxima contra Liliana “N”, luego de que esta arrastrara y atropellara a su perro “Rocky” en calles de Saltillo, luego de que el animal muriera a consecuencia de las graves lesiones sufridas durante la agresión.
“Rocky”, un perro de raza Gran Pirineo de 14 años, falleció por un trauma medular agudo que le provocó daños neurológicos irreversibles. El caso se hizo público tras la difusión de un video en el que se observa al can siendo arrastrado por una camioneta y posteriormente atropellado en varias ocasiones.
La mujer fue vinculada a proceso y permanece en prisión preventiva justificada en el Reclusorio Femenil de Saltillo. Inicialmente enfrentaba cargos por maltrato animal con lesiones, pero la muerte del perro modificó la gravedad del delito y permitió a la Fiscalía buscar una sanción más severa.
De acuerdo con el Código Penal de Coahuila, el delito de crueldad y violencia contra los seres sintientes contempla penas de dos a cuatro años de prisión, pero cuando las agresiones ocasionan la muerte del animal o daños de mayor gravedad, las sanciones pueden incrementarse. En caso de ser declarada culpable, Liliana “N” podría recibir hasta ocho años de cárcel.

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Bolivia: represión y estado de excepción
La policía boliviana detuvo a 36 personas e hirió a decenas más durante las marchas del jueves en La Paz. El presidente Rodrigo Paz advierte que puede decretar el estado de excepción en cualquier momento.
Cuarenta y dos días de protestas llegaron este jueves a un punto de quiebre en La Paz. La policía boliviana arremetió contra los manifestantes de la Central Obrera Boliviana (COB), que habían logrado llegar al centro de la capital tras dos semanas de bloqueo. El saldo: 36 detenidos y decenas de heridos.
Testigos y participantes de la marcha denunciaron golpes, gas y detenciones arbitrarias. Para blindar esas acciones, el Comando de la Policía pidió a periodistas y comunicadores que se alejaran de los operativos. La medida no busca proteger a los reporteros, sino evitar que las cámaras documenten lo que ocurre en las calles.
Lo que nació el 1 de mayo como un reclamo laboral de más de 70 sindicatos ha crecido hasta convertirse en una exigencia masiva: que Rodrigo Paz renuncie a la presidencia. El Ejecutivo nunca respondió el pliego de peticiones, y esa omisión encendió la mecha.
Paz, por su parte, tomó otro camino. El lunes promulgó la Ley 1740, que habilita a las Fuerzas Armadas y a la policía a actuar juntas contra los más de 90 bloqueos carreteros en todo el país. La norma también amplía las facultades de la Fiscalía y reduce las garantías constitucionales de los ciudadanos. El presidente ya cuenta con el aval de la Asamblea Legislativa para decretar el estado de excepción cuando lo decida.
Ante esa amenaza, la Iglesia Católica y la Defensoría del Pueblo actuaron este jueves. Emitieron un comunicado de urgencia conjunto y convocaron a las principales organizaciones de La Paz y El Alto a un pacto departamental. El objetivo es frenar la escalada y encontrar una salida negociada.
Mientras tanto, la vida cotidiana se deteriora. Los bloqueos cortan el suministro de alimentos y combustibles en La Paz y El Alto. La canasta básica subió de precio y la gasolina ya se consigue hasta cinco veces más cara en el mercado negro. Las familias enfrentan escasez, miedo y la incertidumbre de no saber qué ocurrirá si se aplica el estado de excepción.

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Capturan en CDMX a segundo implicado en el asesinato de familia de intérpretes en Michoacán
El detenido es señalado por secuestro exprés agravado y homicidio; el crimen conmocionó a la comunidad sorda tras el hallazgo de los cuerpos calcinados en Zinapécuaro.
Autoridades detuvieron en la Ciudad de México a Dilan Kaled “N”, segundo presunto implicado en el homicidio de una familia de intérpretes de lengua de señas mexicana ocurrido en enero pasado en Michoacán, informó la Fiscalía General del Estado (FGE).
La captura se realizó en la colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc, en cumplimiento de una orden de aprehensión por los delitos de secuestro exprés agravado y homicidio en agravio de Anayeli “N”, Víctor Manuel “N” y su hija adolescente. En el operativo participaron la Subsecretaría de Investigación Especializada, la Secretaría de Seguridad Pública estatal, la Fiscalía capitalina y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

El detenido fue puesto a disposición de la autoridad judicial correspondiente. Este arresto se suma al de Alfredo “N”, aprehendido el 17 de enero en Morelos y ya vinculado a proceso por su probable participación en el triple homicidio; se informó que era familiar de las víctimas.
Los cuerpos de la familia fueron hallados calcinados a un costado de la autopista de Occidente (México-Morelia-Guadalajara), en la localidad de Ucareo, municipio de Zinapécuaro. La identificación oficial se logró días después mediante pruebas de ADN.
El caso generó profunda indignación en la comunidad sorda de Michoacán, ya que Víctor Manuel y Anayeli eran reconocidos por su labor como intérpretes en sesiones del Congreso estatal y en eventos públicos, donde contribuyeron a garantizar el acceso a la información para personas con discapacidad auditiva.
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Gertz Manero, nuevo embajador de México en Gran Bretaña, confirma Sheinbaum
El ex fiscal general dejó el cargo en noviembre y ahora será representante diplomático en Londres, tras una gestión marcada por cuestionamientos y polémicas.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo confirmó que Alejandro Gertz Manero, ex titular de la Fiscalía General de la República (FGR), será designado embajador de México en Gran Bretaña, una vez que concluya el trámite de presentación de cartas credenciales ante el gobierno británico.
El anuncio se da luego de que Gertz Manero renunciara a la FGR el pasado 27 de noviembre, decisión que notificó mediante una carta enviada al Senado de la República. En ese documento, el ex fiscal explicó que la Presidenta le propuso asumir una representación diplomática en un país al que calificó como “amigo”, motivo por el cual formalizó su salida del organismo autónomo.
La designación ocurre tras un periodo en el que la gestión de Gertz Manero al frente de la Fiscalía estuvo rodeada de señalamientos por el manejo de casos de alto perfil, críticas por la falta de resultados en investigaciones emblemáticas y cuestionamientos sobre el uso político de la institución. Su salida, en ese contexto, marca el cierre de una etapa controvertida dentro de la procuración de justicia en México.
Sheinbaum se limitó a confirmar el cambio de función, subrayando que el proceso se realiza conforme a los canales institucionales y diplomáticos, sin que ello implique respaldo o deslinde sobre la actuación previa del ex fiscal.
El envío de Gertz Manero a Londres se da en medio de un reacomodo en áreas clave del Estado mexicano, mientras la nueva administración busca redefinir su relación con organismos autónomos y proyectar estabilidad en el ámbito internacional.
El nombramiento deberá ser formalizado conforme a la normativa diplomática, aunque ya genera debate por tratarse de un ex funcionario cuya gestión dejó más dudas que consensos en materia de justicia.

