Etiqueta: opinión

  • La izquierda se impone en Perú y frena el regreso del fujimorismo

    La izquierda se impone en Perú y frena el regreso del fujimorismo

    La segunda vuelta presidencial de Perú de 2026 volvió a mostrar la profunda polarización política que vive el país. En una elección sumamente cerrada, el candidato de izquierda Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, consiguió una ligera ventaja sobre Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, consolidando un resultado que fue interpretado por amplios sectores sociales como un rechazo al retorno del fujimorismo al poder y una apuesta por un proyecto político orientado hacia mayores transformaciones sociales.

    Con más del 95 por ciento de las actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Roberto Sánchez mantenía una ventaja mínima sobre Fujimori, en una de las contiendas más disputadas de la historia reciente peruana. El respaldo al candidato de izquierda se concentró principalmente en las regiones rurales y en los sectores populares, mientras que la ex primera dama encontró sus principales apoyos en Lima y entre los votantes residentes en el extranjero.

    La victoria de la izquierda representó para millones de peruanos la posibilidad de impulsar cambios estructurales en un país marcado por la desigualdad, la inestabilidad política y el descontento con las élites tradicionales. Roberto Sánchez centró su campaña en propuestas para fortalecer los programas sociales, promover una mayor participación del Estado en la economía y abrir el debate sobre una reforma constitucional que permita responder a las demandas de los sectores históricamente excluidos.

    El resultado electoral también significó un nuevo revés para Keiko Fujimori, quien llegó a esta elección con el peso de un apellido que continúa generando fuertes divisiones en la sociedad peruana. Hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado por corrupción y violaciones a los derechos humanos, la líder de Fuerza Popular enfrentó nuevamente un elevado rechazo entre los votantes, quienes asociaron su candidatura con prácticas autoritarias y con una clase política señalada por escándalos de corrupción.

    Más allá del estrecho margen, la ventaja obtenida por Roberto Sánchez fue vista por sus simpatizantes como una victoria popular y un mensaje de rechazo al retorno del fujimorismo. La elección de 2026 volvió a demostrar que el apellido Fujimori continúa siendo uno de los factores más polarizantes de la política peruana.

  • El país que encontró el Mundial 2026

    El país que encontró el Mundial 2026

    A unos días de la inauguración de la Copa Mundial FIFA 2026, México vuelve a convertirse en el centro de atención del planeta. El Estadio Azteca abrirá por tercera ocasión una Copa del Mundo, un hecho sin precedentes en la historia del fútbol. Sin embargo, detrás de la cuenta regresiva, las ceremonias y la expectativa deportiva, emerge una pregunta más interesante que cualquier pronóstico: ¿qué país encontró el Mundial cuando llegó a México en 2026?

    La respuesta comienza con una mezcla de orgullo y contraste. México llega a esta cita global con ciudades modernizadas, experiencia organizativa y una enorme expectativa económica. Al mismo tiempo, llega acompañado de debates que reflejan la realidad nacional. Los boletos para algunos partidos han sido percibidos como inaccesibles para amplios sectores de la población, mientras que completar el tradicional álbum Panini puede representar varios miles de pesos para una familia. El fútbol sigue siendo el deporte más popular del país, pero la experiencia mundialista parece cada vez más distante para quienes históricamente le dieron vida en las calles, los barrios y las canchas.

    Ese contraste no se limita al ámbito económico. Las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación han coincidido con la recta final de los preparativos y han colocado nuevamente el debate social bajo los reflectores. Aunque sus demandas tienen origen propio, su aparición en vísperas del torneo recuerda un patrón recurrente de la historia mexicana. Ocurrió antes de los Juegos Olímpicos de 1968 y volvió a manifestarse en los Mundiales de 1970 y 1986. Cuando México se convierte en escaparate internacional, distintos sectores buscan aprovechar esa visibilidad para colocar sus causas en la conversación pública. Más que una excepción, parece una constante de nuestra vida política.

    Las ciudades sede también muestran otra cara de esta fotografía nacional. En la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey continúan obras de movilidad, rehabilitación urbana e infraestructura asociadas al torneo. Algunas responden a rezagos acumulados durante años; otras buscan garantizar que el país llegue listo a la cita mundialista. Como ha ocurrido en otros eventos de esta magnitud, la discusión gira alrededor de una pregunta sencilla: si las inversiones realizadas para recibir visitantes terminarán mejorando la vida cotidiana de quienes habitan permanentemente esas ciudades.

    La expectativa económica es igualmente significativa. Diversas estimaciones proyectan una derrama de entre 1,800 y 3,000 millones de dólares, con escenarios más optimistas que incluso superan esa cifra. Millones de visitantes, ocupación hotelera, actividad comercial y promoción internacional alimentan la esperanza de que el torneo deje beneficios duraderos. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que el verdadero legado de un Mundial rara vez se mide durante los partidos. Se mide años después, cuando se evalúa si la infraestructura, la inversión y la atención global lograron convertirse en desarrollo sostenido.

    En la cancha, el optimismo también convive con la prudencia. Analistas deportivos coinciden en que avanzar de la fase de grupos parece el escenario más probable para la Selección Mexicana y que alcanzar nuevamente los cuartos de final representaría un resultado destacado. Más allá de los números, una actuación sólida del Tri podría convertirse en un factor de cohesión emocional para millones de mexicanas y mexicanos que vivirán el torneo como anfitriones.

    Pero quizá el activo más importante de México no aparezca en ningún presupuesto, proyección económica o análisis deportivo. En un Mundial compartido con Estados Unidos y Canadá, nuestro país aporta algo que no puede construirse con inversión pública ni comprarse en el mercado: una cultura futbolera profundamente arraigada. La hospitalidad, la gastronomía, la música, la capacidad de celebrar colectivamente y la pasión por el fútbol siguen siendo ventajas competitivas que distinguen a México ante el mundo. Si existe un corazón emocional para este Mundial, probablemente latirá de este lado de la frontera.

    Algún día, cuando México aspire a organizar una cuarta Copa del Mundo, volveremos inevitablemente a mirar hacia 2026. Entonces comprenderemos que el legado más importante de aquel torneo no estuvo únicamente en los goles, las obras o la derrama económica. Estuvo en la oportunidad de observarnos como nación. Porque los Mundiales funcionan como espejos: revelan lo que somos, exhiben lo que aún debemos resolver y muestran aquello que queremos llegar a ser. Y cuando las futuras generaciones busquen entender cómo era México en este momento de su historia, probablemente no encontrarán la respuesta en una tabla de posiciones. La encontrarán en el país que recibió al mundo y que, durante unas semanas, también se vio reflejado en él.

  • Mundial 2026: cuando la pelota se convierte en mercancía

    Mundial 2026: cuando la pelota se convierte en mercancía

    El reloj avanza y la cuenta regresiva ya comenzó. Dentro de poco, México volverá a ser sede de una Copa del Mundo junto con Estados Unidos y Canadá. Los anuncios se multiplican, las marcas afinan sus campañas publicitarias y los gobiernos preparan eventos para recibir una de las industrias más lucrativas del planeta.

    Porque sí, aunque nos guste romantizarlo, el Mundial ya no es solamente futbol. Es negocio. Y uno enorme.

    Desde hace décadas, la FIFA ha perfeccionado un modelo donde la pasión de millones de personas se convierte en una mercancía global. Cada partido, cada camiseta, cada transmisión, cada patrocinio y cada fotografía termina formando parte de una maquinaria económica que mueve miles de millones de dólares.

    El futbol sigue siendo del pueblo, pero el Mundial hace mucho tiempo que dejó de pertenecerle.

    Los boletos son cada vez más inaccesibles para las clases populares. Los paquetes turísticos se diseñan para quienes pueden pagar miles de dólares. Los estadios se convierten en espacios donde el aficionado tradicional es desplazado por consumidores de alto poder adquisitivo.

    Paradójicamente, el deporte más popular del planeta se ha convertido en uno de los espectáculos deportivos más elitizados del mundo. Lo que alguna vez fue la celebración de barrios, colonias y comunidades termina subordinado a intereses corporativos que poco tienen que ver con el juego.

    En estos meses hemos visto cómo empresas privadas, cadenas televisivas, marcas internacionales y grupos económicos han intentado apropiarse del discurso mundialista. Nos dicen que todos somos parte de la fiesta, aunque para millones de personas el acceso real a esa fiesta sea prácticamente imposible.

    Sin embargo, la crítica no debe dirigirse al futbol. Sería un error enorme.

    Porque el futbol también es una expresión cultural profundamente popular. Es el partido en la cancha de tierra. Es el torneo del barrio. Es la cascarita después de la escuela. Es la familia reunida frente a una televisión para celebrar un gol.

    El problema no es el futbol. El problema es cuando el mercado transforma una pasión colectiva en un producto exclusivo. Desde la izquierda, la aspiración no es eliminar el futbol ni despreciarlo como hacen ciertas élites intelectuales. Todo lo contrario.

    La aspiración es recuperar su dimensión social. Hablar de un futbol accesible para todas y todos. De espacios deportivos públicos dignos. De canchas en las colonias populares. De actividades físicas como herramientas de salud, convivencia y prevención de la violencia.

    Por eso resulta interesante que, paralelamente a la organización del Mundial, existan planteamientos desde los gobiernos de la Cuarta Transformación para impulsar actividades comunitarias, torneos barriales, recuperación de espacios públicos y programas de activación física vinculados al evento.

    La verdadera herencia de un Mundial no debería medirse únicamente en derrama económica o en estadísticas turísticas. Debería medirse en cuántos niños encontraron una cancha donde jugar. En cuántas comunidades recuperaron espacios deportivos. En cuántos jóvenes encontraron una alternativa frente a la violencia. En cuántas personas pudieron ejercer su derecho al deporte.

    Porque cuando las luces del espectáculo se apaguen y los patrocinadores se marchen, eso será lo que realmente quede. El Mundial pasará. Las ganancias cambiarán de manos. Los contratos terminarán. Pero el futbol seguirá siendo del pueblo.

    La pregunta es si tendremos la capacidad de arrebatárselo, al menos un poco, a quienes llevan años intentando convertirlo únicamente en una mercancía.

    Redes sociales

  • El Caso Thomas Crown

    El Caso Thomas Crown

    Si alguien tuvo la oportunidad de ver la película El Caso Thomas Crown, recordará la historia de un hombre inmensamente rico que no necesitaba robar. Lo hacía por el desafío, por el placer de demostrar que podía hacerlo, por la satisfacción de ejecutar una operación perfecta aun cuando no existía necesidad alguna. Guardando toda proporción, algo parecido me vino a la mente al observar lo ocurrido en Coahuila.

    Estamos hablando de un estado que durante años ha destacado por mantener niveles de seguridad superiores al promedio nacional, atraer inversión, desarrollar infraestructura y conservar una estabilidad política que pocos pueden negar. Independientemente de las preferencias partidistas de cada quien, resulta difícil ignorar que Coahuila ha mantenido indicadores positivos en distintos rubros y que buena parte de la ciudadanía reconoce avances importantes en la entidad.

    Por eso llama la atención el debate que surgió después de la reciente jornada electoral. Diversos actores políticos denunciaron presuntas irregularidades, compra de votos y operaciones electorales indebidas. Las acusaciones existen y forman parte de la discusión pública. Sin embargo, también es importante recordar que en un Estado de derecho las responsabilidades no se determinan desde las redes sociales, los medios de comunicación o las tribunas políticas. Corresponde a las autoridades electorales, a las fiscalías especializadas y a los tribunales hacer su trabajo y determinar si existieron o no conductas ilegales.

    Personalmente me cuesta trabajo creer que una operación de esa naturaleza haya surgido directamente de Manolo Jiménez. Un político que llega con niveles importantes de aceptación ciudadana, resultados visibles de gobierno y una estructura política consolidada simplemente no necesitaba recurrir a prácticas que pudieran poner en duda una victoria que parecía estar ampliamente encaminada.

    Si existió alguna irregularidad, si alguien decidió cruzar líneas que no debían cruzarse o si hubo operadores que actuaron fuera de la legalidad, serán las autoridades quienes deban determinarlo. Pero tampoco sería la primera vez en la historia política de México que dirigentes partidistas, operadores electorales o personajes que buscan demostrar lealtad a sus liderazgos terminan tomando decisiones por cuenta propia, generando más problemas de los que pretenden resolver.

    Porque muchas veces el problema no está en quien aparece en la boleta o en quien gobierna un estado. El problema suele estar en quienes desde las estructuras políticas creen que ganar no es suficiente y buscan obtener resultados aplastantes para fortalecer proyectos personales o partidistas. Son esas conductas las que, de comprobarse, terminan dañando la credibilidad de procesos que pudieron haber sido perfectamente legítimos.

    Y ahí es donde aparece la analogía con Thomas Crown. Cuando alguien tiene la victoria prácticamente asegurada, cuando tiene reconocimiento público, resultados de gobierno y respaldo ciudadano, el exceso deja de ser una necesidad y se convierte en un riesgo. La diferencia entre una victoria histórica y una victoria cuestionada muchas veces depende de quienes rodean al poder y de las decisiones que toman creyendo que le hacen un favor a sus líderes.

    Por eso resulta indispensable que las instituciones hagan su trabajo. Si no hubo irregularidades, que se aclare y se cierre el debate. Y si las hubo, que se sancione a los responsables sin importar su cargo, partido político o nivel de influencia. Lo que México necesita no son especulaciones permanentes, sino certeza jurídica y confianza en sus procesos democráticos.

    Mientras tanto, en otro frente, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó uno de los proyectos tecnológicos más interesantes de los últimos meses: el desarrollo de un automóvil eléctrico mexicano. Más allá de simpatías o diferencias políticas, resulta positivo que México busque participar en una industria que marcará buena parte de la economía mundial durante las próximas décadas. La transición energética ya no es una discusión del futuro; es una realidad que está transformando mercados, industrias y formas de movilidad en todo el planeta.

    Sin embargo, también existen desafíos cotidianos que requieren atención. Basta recorrer la Ciudad de México para observar el crecimiento acelerado del uso de motocicletas. Son prácticas, económicas y representan una alternativa de transporte para millones de personas, pero también han traído nuevos retos en materia de seguridad vial.

    No es raro observar motocicletas transportando tres o incluso cuatro personas, incluidos menores de edad. Muchas familias lo hacen por necesidad y sería injusto ignorar esa realidad. Cuando el ingreso apenas alcanza para cubrir los gastos básicos, cualquier ahorro en transporte representa una diferencia importante. Pero la necesidad tampoco elimina los riesgos.

    Probablemente uno de los empresarios que mejor entendió este fenómeno fue Ricardo Salinas Pliego. Durante años, las motocicletas comercializadas a través de sistemas de financiamiento accesibles encontraron un mercado enorme en México. Seguramente alguien observó lo que ocurría en países como India y entendió que existía una oportunidad comercial importante. Los resultados están a la vista.

    Lo interesante es que buena parte de esas motocicletas forman hoy parte de la economía cotidiana de miles de familias trabajadoras. Muchas veces los pagos salen de hogares donde también llegan becas, apoyos sociales o pensiones para adultos mayores. Las abuelas ayudan a los nietos, los padres apoyan a los hijos y las familias hacen lo posible por salir adelante. Esa es la realidad del México popular.

    Sin embargo, también es frecuente escuchar críticas sobre los métodos de cobranza y las altas tasas de interés asociadas a ciertos productos financieros. Es un tema que aparece constantemente cuando uno conversa con taxistas, comerciantes o trabajadores. Las opiniones son diversas, pero existe una percepción recurrente de que algunas prácticas de cobranza pueden resultar excesivamente agresivas para sectores económicamente vulnerables.

    Gobernar un país es muy distinto a dirigir una empresa. Una empresa tiene como prioridad generar utilidades. Un gobierno tiene la obligación de equilibrar crecimiento económico con bienestar social. Son responsabilidades distintas y requieren sensibilidades distintas.

    Y es precisamente ahí donde muchas veces se marca la diferencia entre quienes conocen el país desde una oficina y quienes lo recorren caminando. México no se entiende desde un helicóptero. México se entiende recorriendo calles, visitando colonias, escuchando a las personas y comprendiendo las dificultades que enfrentan diariamente millones de familias.

    Recientemente también llamó la atención una reunión organizada por la American Society en la que participaron empresarios, figuras políticas de oposición y representantes de distintos sectores económicos. El encuentro generó debate porque evidenció algo que ya resulta evidente: existe una parte importante de la élite económica y política mexicana que no comparte la visión de gobierno impulsada por la actual administración.

    Eso no significa necesariamente conspiraciones ni acuerdos ocultos. Significa simplemente que existen intereses distintos y visiones diferentes sobre cómo debe administrarse el país. Algunos consideran que el modelo actual fortalece a los sectores históricamente olvidados. Otros sostienen que genera incertidumbre para ciertos sectores económicos.

    La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿Qué país queremos construir? ¿Uno donde el crecimiento económico beneficie únicamente a quienes ya tienen ventajas o uno donde el desarrollo alcance también a quienes durante décadas permanecieron excluidos de muchas oportunidades?

    Lo cierto es que México de 2026 es muy diferente al México de hace veinte o treinta años. El viejo sistema político que dominó durante décadas ya no existe en la misma forma. Los actores cambiaron, las reglas cambiaron y la ciudadanía cambió. Hoy existe una sociedad mucho más informada, más participativa y más crítica.

    Eso no significa que los problemas hayan desaparecido. La corrupción sigue existiendo. Los abusos de poder siguen apareciendo. Los intereses económicos siguen presionando. Y los partidos políticos continúan cometiendo errores. Pero también es cierto que hoy existen más herramientas para fiscalizar, denunciar y exigir rendición de cuentas.

    Por eso resulta indispensable fortalecer auditorías, órganos de fiscalización, unidades de investigación financiera y todas aquellas instituciones capaces de detectar irregularidades antes de que se conviertan en escándalos mayores. La transparencia no debe depender de la buena voluntad de los funcionarios, sino de instituciones sólidas capaces de supervisar el ejercicio del poder.

    Nos queda un largo camino por recorrer. Todavía existen enormes desafíos en materia de seguridad, salud, educación y desarrollo económico. Pero también es cierto que México continúa avanzando y aprendiendo de sus propios errores.

    Los tiempos cambian. La política cambia. Las generaciones cambian. Y la obligación de vigilar al poder, sin importar quién lo ejerza, debe seguir siendo exactamente la misma.

    Porque al final, como en la historia de Thomas Crown, la verdadera pregunta nunca es quién ganó. La verdadera pregunta es si alguien creyó que demostrar poder era más importante que preservar la confianza de los ciudadanos. Y esa es una pregunta que solamente las instituciones, la ley y el tiempo podrán responder.

  • De presupuestos y simulaciones

    De presupuestos y simulaciones

    El Poli y la UPN

    Estudiantes de muchas escuelas del Instituto Politécnico Nacional presentaron un pliego petitorio que llevaría a una profunda reforma de la institución. La respuesta institucional tiene el mismo estilo que la que recibieron los jóvenes de la UPN. Una taza con atole y el dedo batido en ofrecimiento; nada y eso es lo mismo. 

    Todo para intentar que la coyuntura del mundial no sea aprovechada para entrarle a estos asuntos con responsabilidad política y valentía para continuar con fuerza con lo que se inició el sexenio pasado, la Cuarta Transformación, que ahora, bajo los intereses del capital representados por Altagracia Gómez metida hasta el tuétano en la conciencia del Gobierno Federal y de MORENA, especialmente en la persona de quien estudiara bajo las alas del Centro Wilson que es financiado por la CIA, se muere de inanición, ignorada y llena de simulaciones y gastos que se vuelven negocios de algunos, léase programa de vivienda.

    La CNTE

    Llenos de provocadores, golpeados, vilipendiados por todos lados, difamados y desestimados hasta la burla desde el poder, los Maestros más dignos del país, combaten en favor de un futuro mejor y contra la acumulación de capitales provenientes de las aportaciones obreras que enriquecen a los dueños de las AFORES, que “no tienen llenadera”. Presupuesto y dinero hay, pero está enriqueciendo a unos cuantos privados.

    Si la SEP, la SHCP, el ISSSTE y demás dicen que carecen de los recursos necesarios para derogar la ley que el neoliberalismo impuso a los Trabajadores del Estado y anteriormente, en 1997 al resto de la Fuerza Laboral “formal” de este país, sería buen momento para recuperar, por la fuerza del Estado y con todo el apoyo de esa misma Fuerza, todos los recursos con que se enriquecen esos entes privado a quienes el neoliberalismo entregó las pensiones que condenan a una vejez en precariedad a quienes movemos a la Nación Mexicana y tristemente, a quienes dedican su vida a formar y educar a las futuras generaciones.

    Aquí vale la pena tocar el asunto de la NEM (Nueva Escuela Mexicana), a la que han satanizado y no dejan avanzar porque despierta conciencias y propicia el pensamiento profundo y el cuestionamiento de las estructuras y relaciones laborales que solo favorecen al capitalismo, al que evidentemente la cuarta simulación favorece con descaro e incongruencia con el discurso dizque revolucionario con que inició el sexenio de CSP. 

    La 4T ha muerto y sus personeros pretenden que creamos que el Humanismo Mexicano es la base teórica de su accionar, pero está claro que es una renovación del neoliberalismo y la protección del capitalismo salvaje asociado con los peores intereses del mundo, aclaro que no hablo del crimen organizado, llámese narcotráfico o extorsión o lo que sea, sino del fascismo que está invadiendo a Palestina, que secuestró al Presidente Maduro, que quiere ahogar en la miseria a Cuba, que se adueñó de la valentía del Pueblo Argentino y se queda con sus recursos, que pretende conservar a Ucrania y a Venezuela y Colombia, para saquear sus recursos. Esa que no ha podido contra el Heroico pueblo Boliviano y tampoco podrá contra el Pueblo Peruano, ni contra los Hermanos Nicaragüenses.

    La acción decidida de los Compañeros Maestros de la CNTE debe ser respaldada por todos los trabajadores de México y soportada por todos los colectivos que combaten desde su propia trinchera social y política para formar una nueva organización política nacional que sí represente una alternativa de izquierda para gobernar con verdadero AMOR por el Pueblo a nuestro país y sea capaz de aliarse con todos los trabajadores de Norteamérica para evitar los ataques del imperialismo. Eso, en verdad sería una Cuarta Transformación de la República. La lucha sigue y sigue.

    Las Pensiones del IMSS

    A pesar de las mejoras, todavía insuficientes en el IMSS y de la generosa y humana atención de la inmensa mayoría de sus Trabajadores, Médicas, Médicos, Asistentes, Técnicos, Personal de Administración, Farmacéuticos, etc., pero especialmente de quienes se ocupan de las áreas de Atención a Derechohabientes, al menos en Tabasco y Yucatán, hay que consignar que las Pensiones del IMSS han perdido mucho valor adquisitivo, pues se incrementan solamente con el porcentaje de inflación que declaran el INEGI y el Banco de México, que sólo contemplan una parcialidad de productos necesarios, pero no toman en cuenta todo lo que una persona necesita, desde calzones, hasta artículos para el mantenimiento y conservación de sus viviendas. Uno sabe dónde vive un pensionado porque el deterioro de su casa es cada vez mayor y tiene que buscar trabajo dónde no ponga en riesgo perder su pingüe pensión, a pesar de enfermedades, avanzada edad, falta de fuerzas y con menor motivación interior cada día, producto de sus propias condiciones. 

    México será un país de viejos en muy poco tiempo y viviremos en condiciones cada vez más precarias, o el sistema de salud nos dejará morir pronto porque “no hay dinero”. Esa excusa define qué tan neoliberal es el actual Gobierno de la República. No son prianistas, pero los imitan a la perfección.

  • Soberanía o subordinación: ¿México soberano y patriota, o México condicionado?

    Soberanía o subordinación: ¿México soberano y patriota, o México condicionado?

    Hay momentos en la historia de las naciones en los que se debe elegir entre la dignidad y la sumisión, entre la independencia y la subordinación. México vive hoy uno de esos momentos. Mientras algunos defienden el derecho del país a tomar sus propias decisiones y construir su futuro con autonomía, otros parecen aceptar, e incluso promover, la idea de que nuestro destino debe estar condicionado por los intereses y las determinaciones de potencias extranjeras.

    El debate no es menor. No se trata únicamente de política exterior ni de diferencias ideológicas; se trata de definir qué tipo de país queremos ser: un México soberano, capaz de defender sus intereses nacionales y de actuar con base en la voluntad democrática de su pueblo, o un México subordinado a presiones externas que limitan su capacidad de decidir libremente su rumbo.

    Por ello, hablar de soberanía no es un ejercicio retórico, ni tampoco un recurso discursivo. Es hablar de la dignidad de un pueblo que, a lo largo de su historia, ha luchado una y otra vez por decidir su propio destino. No se trata de un concepto abstracto ni de letra muerta en la Constitución; es el derecho de las mexicanas y los mexicanos a construir su futuro sin imposiciones externas y a defender los intereses de la nación por encima de cualquier presión extranjera.

    Sin embargo, hoy existen quienes, desde una visión marcada por el individualismo y el malinchismo, parecen aspirar a un México subordinado, sumiso y condicionado a las decisiones de los Estados Unidos. Esa postura suele sustentarse en el miedo a Estados Unidos, en la falta de confianza en las capacidades del Estado mexicano, en la inconformidad con el actual gobierno de izquierda o en la pérdida de privilegios que durante años beneficiaron a ciertos sectores. Todo ello los lleva a buscar cualquier alternativa que les permita conservar esos beneficios, incluso cuando ello implique traicionar al Pueblo de México.

    La defensa de la soberanía ha sido una bandera histórica para quienes creen en la justicia social, la autodeterminación de los pueblos y el respeto entre las naciones. Y hoy el pueblo de México más que nunca, no está dispuesto a soportar que ninguna fuerza extranjera por poderosa que sea, venga a controlar o manipular a nuestra nación. Y aun cuando el actual gobierno de la Presidenta Claudia Sheimbaun, procure una relación de colaboración, respeto y ayuda mutua, no significa que van a permitir que exista alguna vulneración o ataque a nuestra soberanía. 

    En el contexto actual, la relación con Estados Unidos es indispensable, ya que compartimos una extensa frontera, profundos vínculos económicos y desafíos comunes, como la migración y la seguridad. No obstante, la cooperación jamás debe confundirse con subordinación. La amistad entre naciones solo puede construirse sobre la base del respeto mutuo y el reconocimiento de la soberanía de cada país.

    México tiene el derecho inalienable de tomar sus propias decisiones y de resolver sus asuntos internos de acuerdo con la voluntad democrática de su pueblo. Para quienes defienden una visión progresista y comprometida con la justicia social, la soberanía también implica preservar la capacidad del Estado para impulsar políticas públicas que beneficien a las mayorías, reduzcan las desigualdades y fortalezcan los derechos de la población.

    Defender la soberanía no significa promover el aislamiento ni la confrontación como cree la oposición. México necesita cooperar con el mundo, dialogar con otras naciones y construir acuerdos que favorezcan el desarrollo común. Sin embargo, esos acuerdos deben alcanzarse desde una posición de igualdad y respeto, nunca desde la imposición. Ninguna nación, por poderosa que sea, puede atribuirse el derecho de decidir el rumbo de otra.

    Defender la soberanía mexicana es honrar a quienes lucharon por la Independencia, a quienes resistieron las intervenciones extranjeras y a quienes han trabajado incansablemente por un país más libre, más justo y democrático. Es reconocer que el destino de México pertenece exclusivamente a su pueblo.

    México no necesita tutelas ni imposiciones. Necesita unidad, confianza en sus instituciones y compromiso con su gente. La defensa de la soberanía nacional es, en esencia, la defensa de la dignidad colectiva de un pueblo que ha demostrado una y otra vez su capacidad para resistir, transformar su realidad y mantener viva la esperanza de un país más justo, más democrático y verdaderamente libre.

    La pregunta sigue abierta: ¿queremos un México soberano, dueño de su destino y fiel a su historia, o un México condicionado por intereses externos y ajenos al mandato de su pueblo?

    La respuesta definirá no solo el rumbo político del país, sino también la profundidad de nuestro compromiso con la independencia, la democracia y la dignidad nacional. Porque las naciones que renuncian a su soberanía terminan perdiendo mucho más que capacidad de decisión: terminan perdiendo una parte de su identidad. Y México, por su historia, por su pueblo y por su futuro, merece seguir siendo una nación libre, soberana y orgullosa de sí misma.

    Jueza Amarande Riojas Orozco

  • CNTE, en busca de la represión perdida

    CNTE, en busca de la represión perdida

    El verdadero enemigo de México es la ultraderecha que viene de visita a injertar conceptos que la propia monarquía rechazaría para su país. Sin embargo, esos productos de exportación de la que son asiduos consumidores los conservadores ahora llegaron envueltos en un discurso que intentó ser incendiario y se redujo a los anecdótico.

    Las acciones de la ultraderecha en México no se limitan a la capital del país y sus alrededores, están donde consideran que está la atención de los medios que ellos mismos mueven, capitaneados por Ricardo Salinas Pliego, a quien le sale más barato un golpe de Estado, que pagar al fisco lo que debe.

    A los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educción ya se les olvidó cómo se imparten clases. Cuando nace, el 7 de diciembre de 1979, surge como grupo de ultraizquierda, en el periodo de López Portillo, ahora de ultraderecha. Además, es la punta de lanza de un golpe de Estado.

    Los líderes son quienes negocian con los patrocinadores del golpe de Estado. Las mesas de diálogo están abiertas, hay propuestas coherentes y novedosas que deben aprovechar, pero quiere represión para poder abrir las puertas de la intervención.

    Los grupos con integrantes y peticiones individualistas siguen el juego a los supuestos profesores de la CNTE, jubilados con pensiones millonarias, transportistas manejados por el PAN y el PRI, una parte minoritaria de madres buscadoras, entre otros grupos disidentes de sus grupos originales. Es decir, son minorías de minoría.

    La complicidad de los medios desenmascara el origen derechista de las protestas, al afirmar que a ese movimiento lo apoyan 50 organizaciones, pero los investigadores del periodismo chayotero no han nombrado ninguna del medio centenar que dicen integrarse.

    Su mecenas, Salinas Pliego, dice que si no hay cambios en las urnas en 2027 será por la fuerza, considera que la suma de minorías hace una mayoría, apoyando la posibilidad de un golpe.

    Pareciera que buscar la represión es un objetivo de los dueños de los movimientos innecesarios de estos grupos, ninguno de ellos ha quedado al margen de negociaciones, mesas de pláticas y sus exigencias absurdas.

    Las peticiones de la CNTE quedaron atascadas desde sus propias bases, los líderes parecieran radicalizarse ante un gremio que muestra mesura, conducta que los dirigentes califican de tibia, porque son quienes reciben dinero por mantener viva la protesta para que la derecha tenga argumentos de tender puentes hacia la invasión que la derecha segura es imaginaria, para descarrilar al gobierno de Morena.

    Si en realidad la CNTE fuera reivindicadora de los derechos de los profesores porque no ha luchado por afiliar al magisterio que trabaja en escuelas particulares, a quienes les pagan una miseria y carecen de contrato, sin prestaciones y cobran por recibo de honorarios y, por si fuera poco, ellos tienen que pagar los impuestos que le corresponden a los patrones.

    Hay muchas trincheras que podrían, en realidad, adoptar, si de verdad estuvieran dispuestos a defender los derechos laborales del magisterio, pero su lucha no es para reivindicar la dignidad de quienes imparten clases, su lucha es política y lo que es peor, mercenaria.

  • La gran estrategia

    La gran estrategia

    La organización de la pequeña parte de la Copa del Mundo que se celebrará en México ha traído consigo diversas postales, algunas inolvidables y otras vergonzosas. En primera, debemos recordar que la sede compartida con Estados Unidos y Canadá se pactó en junio de 2018, cuando Peña Nieto aún estaba en la presidencia y Miguel Ángel Mancera gobernaba la Ciudad de México. Como era de esperarse por parte de los neoliberales, le otorgaron a la FIFA multitud de contratos y facilidades garantizadas, y dentro de todo ello, por supuesto, la clásica exención de impuestos.

    Ni Andrés Manuel López Obrador ni Claudia Sheinbaum iban a cancelar el mundial, ya que el costo por el incumplimiento de los contratos hubiera sido catastrófico. Lo que se decidió para este 2026 por parte del gobierno de Sheinbaum fue implementar el llamado Mundial Social, que consistió en una importante inversión en rehabilitación y construcción de espacios deportivos. Asimismo, se implementaron torneos para incluir en la práctica del fútbol a segmentos de la población que quedan fuera de él por no ser de interés comercial, es decir; niñas y adultos mayores. Dentro de la misma iniciativa se lanzó la canción La niña futbolista, cantada por Julieta Venegas. Y las reacciones de repudio visceral por parte de ese sector machista y consumidor voraz de fútbol llamado ‘los fifas’, no se hicieron esperar.

    Por otro lado, Clara Brugada tuvo que lidiar con el cumplimiento de los contratos sobre vías de acceso al estadio Azteca. Tomó la decisión de ‘ajolotizar’ muchos espacios públicos de la ciudad, repintarlos de color morado e incluir ajolotes como sello distintivo. Hasta presentó un ajolote mascota bastante tierno. Sin embargo, al provenir todo esto de un gobierno de izquierda, hemos tenido a los usuarios de redes sociales, esos casuales que comentan las tendencias políticas en automático y desprovistos de toda base ideológica; batiéndose en desigual combate metafísico contra un color.

    A pocos días de la inauguración, en redes como Instagram, Facebook y X (ésta con una marcada metástasis de células fachas), comienzan a proliferar mensajes de franco odio y desprecio hacia el gobierno, culpando a Morena de que a la gente ya no le entusiasme el mundial y no se levante el mismo fervor de antaño por apoyar a la selección mexicana. Puede que sea verdad, pero no es en absoluto algo negativo. Algunos con menos luces creen que el gobierno es quien auspicia u organiza el torneo, se refieren a él con desprecio, otra vez en osada alteración de la semántica, como ‘mundial del bienestar’. Insertar aquí emoji de carcajada.

    Al politizarse el grueso de la población, fue descubriendo que las empresas privadas, siempre amparadas por los gobiernos neoliberales, no tenían por qué seguir gobernando sus vidas. Televisa, la selección de fútbol, la liga y demás entidades, son privadas y no públicas. Un gobierno de izquierda, por definición, no tiene por qué promoverlos ni inyectarles recursos. Cuando se quedaron sin este apoyo, muchos dejaron de considerar al representativo de la liga y los intereses de Televisa como ese falso símbolo patrio por el cual el marketing nos instaba a dar la vida.

    El sector conservador, muy ruidoso, pero poco representativo en las urnas, ha puesto a circular una campaña que tiene como buque insignia un video generado por IA. En él aparecen hipotéticos mexicanos con gestos de odio espeluznantes, que instan a la población a mostrar un pañuelo blanco en partidos y todos los eventos masivos referentes al mundial para, según ellos, “sacar a Morena”.

    Si quieren que sea una campaña política de alcance doméstico, dudo que haya un cambio en las tendencias; las propias encuestadoras lo mostrarán inmediatamente después del mundial. Si lo que buscan es que “nos rescate” una potencia extranjera, tampoco creo que la FIFA se preste para darles difusión. Aun así, que tengan cuidado con lo que desean. Porque hay entre esa masa desorientada trabajadores del Estado. ¿Qué creen que pasaría con sus prestaciones si estas iniciativas tienen éxito, genios?

    Sigamos atentos al devenir de la situación. Los intentos de desestabilizar serán inocuos y eso se constatará a la postre en las urnas. Mi pronóstico para el mundial: va a perder la derecha mexicana.

  • Datismo / Magnifica Humanitas II

    Datismo / Magnifica Humanitas II

    En nuestra entrega anterior, comentaba la “intemperie espiritual” que el Papa León XIV diagnostica al inicio de su encíclica Magnifica Humanitas. Planteba que el pontífice, más que como un líder religioso, habla como un observador atento a la fractura antropológica que está ocurriendo en nuestros tiempos. La Introducción del documento nos situaba ante el abismo de la mutación. Los primeros tres capítulos de la encíclica diseccionan la anatomía de este nuevo (des)orden, aparentemente tan organizado. León XIV despliega un análisis que, más que tecnofóbico, es profundamente humanista: acertadamente, bautiza a nuestra época con el nombre de Datismo, una suerte de religión secular para la cual lo que no es medible parece no tener derecho a la existencia: todo tiene que caber hoy en una hoja de cálculo infinita.

    La desmesura de los algoritmos

    El primer capítulo, “La desmesura de los algoritmos”, es un lúcido análisis de la naturaleza del poder contemporáneo. León XIV no ataca la matemática ni la lógica computacional; critica, en cambio, la pretensión de reducir la experiencia humana en un flujo continuo de datos procesables. El Papa advierte contra la “ilusión de la omnisciencia”: esa soberbia intelectual que nos hace creer que, si acumulamos suficiente información sobre una persona, podemos predecir, gestionar y, en última instancia, sustituir su libertad. La arrogancia se ha colocado como virtud cultural.

    El pontífice describe la algoritmización como un proceso que reduce la existencia a una “coincidencia estadística”. Lo que se sale de la media es aberrante. Lo que el Papa denuncia es la falacia de que la incertidumbre ha sido erradicada de nuestro mundo por obra y magia de los datos, y sin incertidumbre la libertad resulta impensable. Si un algoritmo predice con exactitud qué voy a comprar, por quién voy a votar o qué voy a sentir, ¿sigo siendo yo el dueño de mis decisiones? León XIV es radical al señalar que la desmesura no radica en la potencia de la máquina, sino en nuestra claudicación ante el embrujo computacional. Convertir el misterio de la persona en un crisol de datos es, para el Papa, una forma moderna de idolatría. El exceso de datos que satura nuestra capacidad de juicio no es un efecto secundario de la tecnología, sino su objetivo deliberado para mantenernos en un estado de parálisis reflexiva.

    La tentación de Babel

    El horizonte de la encíclica se expande hacia la dimensión social y comunitaria. León XIV utiliza la arquitectura de la historia bíblica para explicar la hiperconectividad globalizada. La Torre de Babel no es, en la interpretación papal, solo un monumento a la altivez humana, sino la metáfora perfecta de la fragmentación. Hoy, la tecnología que prometía conectar al mundo ha terminado por encerrarnos en pequeñas jaulas de barrotes de cristal: las “cámaras de eco” algorítmicas que, lejos de acercarnos a los demás, nos encierran en un narcisismo digital desde el cual nada más vemos reflejadas nuestras propias opiniones.

    El Papa es contundente: el algoritmo no busca el encuentro, busca la optimización del tiempo de atención. La “tentación de Babel” es la tentación de un lenguaje único, prefabricado por la máquina, que elimina los matices, la contradicción y el debate real. León XIV observa que, al automatizar nuestras relaciones, hemos sustituido la caritas (la entrega gratuita al otro) por la utilitas (la búsqueda del beneficio mutuo inmediato). Cuando los algoritmos deciden qué debemos ver, con quién debemos relacionarnos y qué debemos pensar, estamos erosionando el tejido social. El Papa nos recuerda que una sociedad que no cultiva el encuentro físico y la capacidad de entender al diferente sin la mediación de un filtro digital, es una sociedad que está construyendo su propio colapso.

    El trabajo, la dignidad y el silencio

    León XIV se aleja de las abstracciones digitales para mirar el rostro de los trabajadores. El Papa no se limita a lamentar el desempleo técnico provocado por la inteligencia artificial (IA); va mucho más allá al cuestionar el sentido mismo del trabajo en un mundo donde la eficiencia se ha convertido en el único criterio de valor.

    El líder religioso de los católicos hace una defensa del “derecho a la ineficiencia humana”. En un sistema que prioriza la velocidad y el rendimiento algorítmico, el ser humano, con su lentitud, sus dudas y su necesidad de descanso, se vuelve un “obstáculo” para la productividad. León XIV invierte esta lógica: la dignidad del trabajo radica precisamente en lo que la máquina no puede replicar: el sentido, el propósito y el cuidado. El Papa propone el concepto del “descanso inteligente” como un acto de resistencia política y espiritual. Frente al imperativo de la “conectividad 24/7”, el silencio se presenta como una virtud subversiva. El silencio es el espacio donde el individuo recupera la propiedad de su conciencia, lejos del escrutinio de los datos. “Sólo quien sabe callar puede escuchar el llamado de la verdad”, señala el pontífice, recordándonos que la alienación más profunda no es la pérdida del empleo ante una máquina, sino la pérdida de nuestra capacidad de asombro ante la realidad.

    Hacia una síntesis necesaria

    Resulta evidente que Magnifica Humanitas es mucho más que una carta pastoral; es un manifiesto de resistencia cultural. León XIV logra articular una crítica coherente contra el Datismo: una estructura de poder que, bajo la máscara del progreso, busca disciplinar la conducta humana y rentabilizar la experiencia vital.

    El desafío que el Papa plantea es colosal. No se trata de destruir los servidores ni de renunciar a la IA, sino de recuperar la soberanía sobre nuestras propias vidas. Si la IA es el nuevo techné de la humanidad, el Papa nos recuerda que el telos —el propósito final— sigue siendo la dignidad de la persona. ¿Somos todavía sujetos de nuestra historia, o nos hemos convertido simplemente en los generadores de los datos necesarios para que otros sigan escribiendo la suya? La respuesta, como sugiere León XIV, comienza con un acto tan sencillo como radical: apagar el dispositivo y, en el silencio, recuperar la mirada sobre el otro.

  • La reaparición de AMLO y más

    La reaparición de AMLO y más

    Y nuevamente salió AMLO a dar una “palmadita” a la actual presidenta. Aparte de decirle que es “eficiente”, también volvió a decir que saldría si alguien invadiera México o lo traicionara. Pareciera que el obradorismo, que alguien de Palacio Nacional y sus empleados de comunicación odian tanto, tuvo que salir para que la 4T siga con el apoyo del pueblo. Esperemos que el gobierno de México no esté perdiendo el apoyo del pueblo. Digo, porque a alguien de Palacio Nacional parece que, a veces, le importa más lo que digan y piensen de ella; que está más preocupada por las encuestas, donde siempre la favorecen, que por su forma de gobernar realmente.

    Pero a alguien no le gustó mucho la aparición de AMLO, aunque los fans más aferrados digan que ya sabían que resurgiría en las redes sociales, que fue como el remate, porque previamente ya había salido en una foto con su hijo.

    Y es aquí donde todos los nuevos propagandistas, los nuevos chayoteros del dichoso segundo piso de la 4T, caen en lo que tanto criticaban de los propagandistas del régimen prianista: creer que están en ese círculo tan cerrado de poder.

    La oposición se la pasa pidiendo que AMLO dé la cara; se la pasa diciendo que su opinión no importa, que es intrascendente lo que diga o escriba; pero reaparece y a la oposición se le acaba el mundo si no habla de él, incluyendo a los antiguos chayoteros.

    Y hablando de los prianistas, ¿quién andará patrocinando a la CNTE para que haga destrozos en la Ciudad de México y la paralice? ¿Serán los priistas de nuevo? ¿Serán los panistas? ¿Serán los mismos que patrocinan a los alumnos del IPN y andan tomando el Canal 11?

    Si bien los gobiernos locales no deben reprimir las manifestaciones de la CNTE, tienen que limitar su violencia. Esa destrucción descontrolada no sirve de nada, digo yo; solo hace que pierdan el poco apoyo del pueblo que aún tienen. Además, ya es fastidioso que cada año salgan a destruir, como algunas en el 8M, exigiendo cosas que ya rayan en lo absurdo.

    Pasando a otro tema, ¿por qué tendrían que sacrificar a un perrito por simplemente defenderse después de que un niño prácticamente lo atacara o molestara (jalándole las orejas)? ¿Por darle gusto a la familia del chamaco latoso e irrespetuoso? ¿Por qué los padres del chamaco no le inculcan que no debe tocar a ningún perro sin previo permiso del dueño? Parece que estamos hace 100 años y que las costumbres imbéciles de antes regresaron a esta sociedad.

    Y nuevamente, nadie habla de la planta de amoniaco que se pretende construir; nadie habla de que ahora Perfect Day ya puso la mirada en Cozumel para hacer su parque acuático y sigue insistiendo en Mahahual; y, por supuesto, nadie habla del porqué las policías de México portan armas de origen israelí, quién autorizó y quién compró esas armas a los genocidas. Ya ni digamos que el gobierno genocida de Israel cada vez se mete más en México o que ya no les importa darse a notar. ¿Será coincidencia o qué carambas pasa?

    Y todos tildaron de loco a un analista político amigo de AMLO, y el tiempo le está dando la razón en todos sus dichos…

    Palestina libre.

    No se les olvide: este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    Gracias.

    BLOG: https://chimpando.blogspot.com/