Terminó el Mundial 2026, un evento que unió corazones y nos dejó grandes lecciones

Por: Frank Alvarado

La Copa del Mundo 2026 concluyó con España como campeona y dejó para México un legado de unidad, orgullo e históricos momentos deportivos; pero también cuestionamientos sobre la FIFA, la politización del torneo y los desafíos que aún enfrenta el país. 

Con España como campeona del mundo concluyó el Mundial 2026, una edición histórica celebrada en Estados Unidos, Canadá y México. En donde nuestro país que por tercera ocasión fue sede de la máxima justa futbolística. Durante un mes, millones de personas vivieron una fiesta deportiva que mostró al mundo la capacidad organizativa, la hospitalidad y la riqueza cultural de México.

Foto: Cuartoscuro

La Copa del Mundo llenó al país de vida. Familias enteras se reunieron para seguir los partidos y miles de personas salieron a celebrar, incluso quienes habitualmente no siguen el fútbol se sumaron al ambiente mundialista. La Selección Mexicana quedó eliminada en los octavos de final tras caer 3-2 frente a Inglaterra, pero firmó una de sus actuaciones más destacadas en años al mantenerse invicta durante sus primeros cuatro encuentros: venció 2-0 a Sudáfrica en el partido inaugural, 1-0 a Corea del Sur y 3-0 a Chequia en la fase de grupos, además de derrotar 2-0 a Ecuador en los dieciseisavos de final.

El torneo también dejó momentos que marcaron a la afición mexicana. Raúl Jiménez anotó su primer gol en un Mundial tras haber superado una fractura de cráneo que puso en riesgo su carrera; Guillermo Ochoa disputó su última Copa del Mundo con una emotiva despedida en el Estadio Azteca; Gilberto Mora confirmó, con apenas 17 años, que el futuro del fútbol nacional está en buenas manos; y Julián Quiñones, con cuatro anotaciones, demostró que un mexicano puede nacer en cualquier lugar.

Foto: Luis Garduño

La ilusión del “¿Y si sí?” volvió a unir al país. Miles de aficionados celebraron los triunfos del Tricolor en el Ángel de la Independencia y en plazas públicas de todo México, generando imágenes que dieron la vuelta al mundo. Pero no se quedó ahí, ya que al finalizar el torneo, la Selección Mexicana se consolidó en el décimo lugar del ranking mundial de la FIFA, mientras que Julián Quiñones apareció en el noveno puesto entre los mejores jugadores ofensivos del campeonato y Roberto “El Piojo” Alvarado ocupó la misma posición en la categoría de creatividad.

Las sedes mexicanas: Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco,vivieron jornadas que quedarán grabadas en la memoria colectiva. Además de los estadios, restaurantes, hoteles, pequeños comercios y espacios públicos recibieron visitantes de todos los continentes. La gastronomía, la música, las tradiciones, la hospitalidad mexicana y un pato vestido del conjunto tricolor conquistaron a miles de aficionados, incluidos ciudadanos y futbolistas iraníes que encontraron en México una bienvenida cálida en medio de las tensiones por las políticas de Estados Unidos.

Foto: Araceli López

En el plano deportivo, el Mundial también dejó momentos históricos para el fútbol internacional. Lionel Messi rompió el récord de más partidos ganados por un jugador en Copas Mundiales, con 21 victorias; mientras que Cristiano Ronaldo se convirtió en el primer futbolista en marcar en seis Mundiales distintos. Para ambos, al igual que para Luka Modrić y Neymar, la edición 2026 representó su última participación en una Copa del Mundo. Esto mientras, talentos jóvenes empiezan a marcar hitos, como  Kylian Mbappé, que se convirtió en el jugador con más goles anotados en Copas del Mundo, con 22 tantos.

Foto: Roberto Schmidt

El torneo también trajo consigo grandes sorpresas. Paraguay eliminó a Alemania, cuando pocos apostaban a ello; Egipto llevó al límite a Argentina en un duelo memorable; y Curazao debutó en un Mundial anotándole un gol a Alemania, demostrando que las selecciones consideradas pequeñas pueden competir de igual a igual con las grandes potencias.

Como suele ocurrir tras la eliminación del Tricolor, la afición mexicana adoptó nuevas causas mundialistas. Cabo Verde, un pequeño archipiélago africano de poco más de medio millón de habitantes, se ganó el cariño de millones de mexicanos por su desempeño frente a selecciones como España y Argentina. La figura de su portero, Vozinha, se convirtió en una de las favoritas del torneo. También Noruega despertó simpatías gracias al carisma y la capacidad goleadora de Erling Haaland, por lo que muchos remaron como verdaderos vikingos.

Foto: HQpcrt

Sin embargo, el Mundial 2026 también dejó asuntos que invitan a la reflexión. Mucho se dice que el deporte y el fútbol no deben ser políticos; sin embargo, la realidad demuestra lo contrario. No podemos dejar de cuestionar que Estados Unidos fue anfitrión de un torneo que promueve la paz mientras mantiene el bombardeo a Irán y el respaldo a Israel en medio del genocidio en Gaza.

A ello se sumó la entrega de un supuesto Premio de la Paz por parte del presidente del organismo, Gianni Infantino, a Donald Trump, así como el uso de más de 65 mil voluntarios sin remuneración para operar un evento que produjo ganancias multimillonarias. Tampoco faltaron las controversias arbitrales y las decisiones que numerosos aficionados consideraron favorables para determinadas selecciones.

A estos cuestionamientos se sumaron diversos hechos de violencia registrados durante la competencia, incluidas las cuatro personas que perdieron la vida durante los festejos por el triunfo de la Selección Mexicana en Reforma. También quedaron evidenciados problemas como la reventa de boletos a sobreprecio, las estafas que afectaron a miles de aficionados y los retos que aún persisten en materia de seguridad en el país. Lejos de ocultarlos, el Mundial nos enseña que aún queda mucho por hacer. Se deben asumir estos retos como oportunidades para mejorar y evitar que estas manchas opaquen momentos que son motivo de orgullo.

Foto: Cuartoscuro

Disfrutar del deporte, celebrar a una selección o emocionarse con un partido no implica respaldar las decisiones políticas de la FIFA, de Estados Unidos o de cualquier otro gobierno. Ambas dimensiones pueden coexistir: es posible vivir la pasión del fútbol sin dejar de cuestionar aquello que ocurre dentro y fuera de la cancha.

El Mundial terminó, pero el sentimiento permanece. México volvió a demostrar que su mayor fortaleza no reside únicamente en sus estadios o en su capacidad para organizar un evento de talla internacional, sino en la calidez de su gente. Ese será, quizá, el trofeo más valioso que dejó la Copa del Mundo 2026: la certeza de que, cuando el fútbol logra unir corazones, las fronteras desaparecen y los recuerdos permanecen para siempre.

Foto: Araceli López
Foto: @SEFutbol

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