TRIAGE: Se estrena en el Teatro Emilliere “El huésped”

Un thriller doméstico que bien puede ser una metáfora de la desaparición y del silencio La dramaturgia y dirección de Emanuel Ureña no operan bajo el régimen de la sorpresa, propio del “jump scare” del teatro comercial de terror, si no bajo el régimen del suspense como información compartida.

Por: Alexandro Guerrero

En este sorprendente texto, el espectador conoce la existencia de la norma doméstica y su consecuencia punitiva antes que la víctima la transgreda como motor fundamental de la trama y la progresión de la historia. La duración de la escena se convierte en el significante principal, se genera una ocularización interna secundaria: el público ve más que el personaje, y esa asimetría de saber produce angustia, no susto. La focalización espectatorial superior acontece y con trabajo sumamente comprometido del elenco, nos brinda una experiencia muy intensa.

La instalación del dispositivo voyeurista en El huésped nos convierte en cómplices actantes. Algo cercano a lo que hoy testificamos con la vigencia de programas y contenidos que se especializan en situaciones de violencia , delincuenciales
e historias de violencia estructural cotidiana.
El dispositivo escénico de esta pieza a estrenarse en el Teatro Emilliere, opera como cámara de vigilancia muda e inútil. El espectador es posicionado como voyeur involuntario de la intimidad y las consecuencias extremas en este devenir de la existencia doméstica en un lugar recóndito.

El Huésped no es un agente externo que invade, sino una presencia endógena latente. Se subvierte el tópico de la invasión del hogar (home invasion): el monstruo es cohabitante y posee legitimidad contractual dentro de la diégesis.Hay transferencia de culpa y construcción del vértigo espacial.

La víctima internaliza la responsabilidad de la violencia como cuando en narrativas que conocemos de hace décadas quién desaparece es así mismo culpable de no ser encontrado: la falta no es del agresor por agredir, sino de quienes infringido la norma del control o de romper el silencio. Sempiterno plantea su estética en el significante de la vigilancia mesa las llaves ,el orden, la precisión amenazante de un mal riguroso casi quirúrgico como clausura perversa.

El horror no es la ruptura, es la revelación a renormalizar.
Estructuralmente y hasta las últimas consecuencias, la estructura que planeta Ureña es la permanencia. Su protagonista ejecuta el ritual doméstico de forma impecable después del castigo. Un cierre en falso qué ha sido cíclico es el imaginario donde la diégesis se restablece para que el espectador quede expulsado de esa normalidad y reconstruyendo hechos que ya no son aislados. Es lo que Wood denomina “el retorno de lo reprimido normalizado”, no obstante desde el terror psicológico ya podemos ver la serialidad del mal completada.

En esta puesta en escena, las “reglas de la casa” implican un vacío semántico. Su contenido específico es irrelevante para la trama. Su función es puramente estructural: es el pretexto que activa el dispositivo punitivo pues permite desplazar el foco de qué se prohíbe, a quién y lo más notable. El cuestionamiento por el atributo de desde dónde y porqué se tiene el poder de prohibir.

La contención expresiva El terror se produce por disonancia entre la pulcritud externa y el colapso interno. La actriz no gritará por ser inducida al sopor qu es torturante; el espectador guarda el eco, y los sumará hasta verlo desbordarse.

Vale la pena mencionar que el principio de mise-en-scène aquí, consiste en nunca iluminar el objeto de la angustia si no iluminar el umbral.” El huésped “ debe permanecer mayormente fuera de campo visual y en campo sonoro acusmático. Es el espectador quien proyecta su propio huésped en esa sombra. La dirección acierta en su eficacia en cuanto a economía de medios, dando así, máxima eficacia semiótica.

“El huésped ” no pertenece al género del terror sobrenatural, sino al del thriller doméstico de suspense psicológico. Su estructura no busca la catarsis aristotélica por purga, sino la incomodidad por reconocimiento. El dispositivo final no ocurriría en el Teatro Emilliere, sino en el domicilio del espectador cuando, al volver, verifica “quizá” si su propia casa también tiene reglas, muchas no dichas.

En entrevista exclusiva con el creador de la obra de la Cía. Sempiterno Artes Escénicas para Los Reporteros MX. Emanuel Ureña refiere que la pregunta más difícil acerca de este su proceso fue el cómo delinear dramatúrgicamente a el mal.

“Como dramaturgo y amante del terror, el mal es una palabra dificil. En las peliculas es muy obvio, es el villano. Pero el mal verdadero es cuando se hacen cosas destructivas fisicas, mentales, emocionales teniendo TODA la conciencia de ello y que no afecte en nada o no nazca de nada. El mal común es hasta infantil, el del villano con traumas que lucha contra un sistema. El mal verdadero es cuando una persona, una compañía, un ente busca con paciencia, hasta con un cierto disfrute, destruir sin correr. Un asesino en serie que solo busca eliminar por necesidad, un gobierno que busca llenarse su ego con destrucciones obvias, un ser que quiere mantener su ego, estatus, poder porque es su única forma de sentir. En nuestra realidad no existen super héroes que puedan luchar contra eso, y la humanidad está dormida por la comodidad. El mal sabe usar el universal “divide y vencerás”.
¿De qué autores te alimentaste para escribir EL HUÉSPED?

Harlan Ellison “No tengo boca y debo gritar” (1967): Ciencia ficción oscura donde una IA llamada AM toma conciencia, odia a la humanidad por crearla y extermina a todos, dejando vivos a cinco humanos con inmortalidad para torturarlos por miles de años hasta que intentan matarse entre ellos. El último queda convertido en una babosa humana que se arrastra para siempre.

“Siempre quise escribir algo con esa idea por lo inhumano y lo cruel. Al inicio la obra sería en un cuarto donde varias personas se llevarían a la locura sin saber por qué estaban ahí, hasta que se dan cuenta que hay una persona manejándolos como títeres y viendo al público”.

Excelente paráfrasis a setenta años de la obra de Amparo Dávila escrita en 1956, un cuento en primera persona que situa a una ama de casa infeliz que vive con su marido, hijos y sirvienta en un pueblo abandonado. El marido lleva un ente ( el huésped, que nunca se especifica si es hombre, animal o ser), que todos ven como peligro menos él.

“Yo me río con el terror, lo disfruto desde lo más profundo, me da una sensación de poder por analizar las emociones que genera. No busco usar referencias, leo y releo el guión como si yo fuera todos los personajes, hasta que siento esa sensación”.

¿Cómo fue tu proceso de dramaturgia?

“Quería generar una sensación de desolación al perder la esperanza. Noté que la cabaña como encierro abierto, el patriarca dominante asesino, la mujer con poder pero empequeñecida eran la solución, pero no servirían sin un catalizador. Así nacieron la hermana, la amiga, el esposo y la esposa. Para darle mayor poder, una representación de lo que quería decir, que representa a una IA, nació la sirvienta, que aunque no dice mucho, mueve toda la historia y da profundidad al patriarca. Por último nace la hija, que vive su propia lucha por ser joven”.

“Investigué cada personaje desde lo psicológico: El narcisista, Vínculo traumático, Síndrome de Estocolmo, Disonancia Cognitiva, hipervigilancia y cohesión extrema. Después creé la imagen completa, todas las escenas, y empecé a trabajar escena por escena sin que los personajes se rompieran”.

Ureña cuenta con dos adaptaciones y dos obras de autoría que fueron clave para llegar a este próximo estreno.

Adaptaciones:“El suicidio perfecto”, de “75 Puñaladas” de Martín Ginner, comedia fantástica sobre un espía en escena de suicidio, adaptada a un México con agencia de espionaje mundial. Y “Las Costureras”, de “El censo” de Emilio Carballido, versión más oscura y trágica sobre dos costureras con taller clandestino en 1945.

Autoría: “Amor, Guerra y Clown”, en un México inexistente en 1940 donde un vagabundo y una enfermera encuentran el amor antes de la guerra, y “La Princesa y la Pirata”, comedia infantil sobre equidad donde una princesa y una pirata vencen a su dragón para ser libres.

“Con La Princesa y la Pirata quiero contar que la libertad está en nuestra decisión. Con Amor, Guerra y Clown quiero expresar lo que significa el amor sincero sin prejuicios, inexistente hoy pero no inalcanzable”.

¿Buscas provocar políticamente al espectador?

“No. Dionisio Leiva, gran actor y dramaturgo costarricense, me dijo: escribe lo que quieras contar, luego piensas en lo que significa y eso hice. Mis metáforas son inconscientes porque mi superyó quiere hablar. No quiero enfocarme en cambiar a las personas. Si soy fiel a lo que quiero expresar, el público sentirá y reflexionará desde su mundo”.

“Con El Huésped busco decirles que tenemos el poder de cambiar las cosas malas. TODOS entendemos la realidad pero hacemos la vista gorda hasta que es demasiado tarde y ahí radica el verdadero terror, no en un monstruo, en lo desconocido, sino en nuestro interior, en que sabemos la verdad de todo pero miramos al otro lado por miedo a sentir”.

EL HUÉSPED
Dramaturgia y dirección: Emanuel Ureña
Compañía: Sempiterno Artes Escénicas / Acarus-Art Producciones
Elenco:
Korey Rivera, Mayr, Ely Rodríguez, Yaretth Dávila, Roma, Denisse García
Música original:
Adair Mendoza

Temporada: 3, 10, 17, 24 y 31 de octubre de 2026 – 18:00 h
Sede: Teatro Emilliere. Unión postal #171. Alcaldía B.J. Ciudad de México.
Boletos: http://elhuespedterror.boletopolis.com

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